Los cheblinos

#Mitologíasfragolinas

De la serie Mis micros

A mí me gustaba escaparme de casa y llegar hasta Las Cheblas. Allí los niños se pasaban todo el día correteando por las calles. Con ellos aprendí a pescar renacuajos y a acorralar a los escorpiones en un círculo de fuego hasta que se suicidaban. Nos gustaba ver cómo se clavaban el aguijón de su veneno en la nuca. No querían morir asados. No querían ser el manjar de unos niños crueles. Estas y otras correrías se nos acabaron el día que los del Gobierno obligaron a los cheblinos a llevar a sus hijos a la escuela. Los padres los mandaron por miedo  a las amenazas y a multas.

Pero esto también se acabó el día que se juntaron los labradores en la plaza. Iban armados con horcas y hoces y acusaron a los del Gobierno de traicionar sus costumbres ancestrales. Les dijeron que no pagarían más multas ni mandarían a sus hijos a la escuela. Querían que fueran labradores como ellos. Es más, acusaron a los maestros de corruptos. Con sus soflamas convencían a los jóvenes, que desertaban de las tareas del campo. De repente oímos un vozarrón:

—Nuestros hijos no huirán del arado, como ha dicho el representante del Gobierno.

Ese día me fui de La Cheblas con la cabeza baja. Ya no volvería a corretear por las calles ni pescaría barbos en el río. Además sabía que mis padres sí que me obligarían a ir a la escuela.

Poco a poco me fui olvidando de las ranas y de sus renacuajos. Salí a estudiar a la ciudad. Al cabo de unos años, un día que volví a mi casa, me senté a leer en una piedra del camino que llevaba a Las Cheblas. Debajo vivía un escorpión. Y, sin darme tiempo a reaccionar, me clavó su aguijón en el tobillo. Yo me hice un torniquete con un pañuelo y él se puso a tomar el sol entre las peñas. Los dos nos quedamos muy quietos y nos miramos como dos viejos enemigos.

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Carmen Romeo Pemán

10 comentarios en “Los cheblinos

    • Carmen Romeo Pemán dijo:

      Margarita, pues lo mejor tus comentarios. Cada quincena abro los comentarios con impaciencia. ¿A ver qué me regala hoy Margarita? Un abrazo grande.

      Me gusta

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