La primera novela mocadiana: “Dame mi nombre” de Adela Castañón

El día 9 de julio, en el Casino de Marbella, se presentó Dame mi nombre, la primera novela de Adela Castañón Baquera. A los merecidos elogios que le dedicó Francisco Jiménez Vargas-Machuca, Curro para los que somos sus amigos, hoy quiero añadir un análisis más académico de esta primera novela MOCADIANA.

En Dame mi nombre oímos y reconocemos la voz característica de Adela Castañón. Esa voz con la que los lectores de Mocade estamos familiarizados. En nuestros cinco años de existencia, Adela no ha faltado ni un día a la cita con relatos, poemas y artículos. Hoy da un paso a un género mayor. En las páginas de esta novela escuchamos cómo esa voz ahora madura y segura, da vida a un universo literario nuevo y complejo. ¡Ahora, sí que tenemos escritora de verdad!

Dame mi nombre es mucho más de lo que hasta ahora había escrito Adela. Se nota que ha aquilatado el estilo con los relatos y que da un paso de gigante en la composición literaria. Aquí los personajes, muy sólidos, y con muchos matices en su personalidad, viven situaciones extremas y todos buscan su identidad, como si ese conocimiento fuera a liberarlos de sus fantasmas interiores.

Dame mi nombre lleva un título con connotaciones religiosas. Oímos la voz del Pablo que, como San Pablo, se cayó del caballo el día que lo llevaron a curar una herida al hospital. Y la oímos como si estuviera rezando. En el danos hoy nuestro pan de cada día del padrenuestro pedimos que un ser Creador nos conceda solo lo que necesitamos, y Pablo también pide solo lo que necesita; su nombre, es decir, su verdadera identidad, sus verdaderas raíces.

Él sabe que alguien tiene la clave de su identidad. Y la buscará, como si se tratara de un asunto policiaco, hasta conocer al Creador que posee la esencia de su ser.

Además de este conflicto, suficiente para afirmar que se trata de una novela psicológica, la intriga pivota sobre la búsqueda de perdón de Ana, la madre de Pablo. Una mujer rota que se confiesa y sufre un proceso de catarsis a lo largo de más de trescientas páginas

En ese proceso, que avanza despacio, como si de un parto se tratara, Adela le concede a Ana el tiempo que necesita para sacar a la luz el tormento que la devora. Y en torno al drama de esa Ana-madre, giran todos los personajes, tan rotos como ella. Adela, como una maga, busca y encuentra recursos literarios con los que bucear en las aguas más negras de sus personajes. El resultado es un profundo análisis psicológico con el que el lector se siente muy identificado.

Argumento. Más que sinopsis                                                

Se ha puesto de moda hablar de spoiler, pero es una palabra moderna del mundo de los best sellers. En literatura no podemos hacer un análisis preciso si no conocemos los hechos sobre los que se asienta una obra. Así lo entendían los autores clásicos. Al principio de una obra teatral salía un personaje a contar el argumento con la intención de que los espectadores, desprovistos del interés de la intriga, se centraran en otros elementos literarios. Y a esa misma finalidad obedecía la costumbre de publicar al comienzo de las novelas su argumento para que los lectores, libres del pathos, estuvieran atentos a los elementos literarios.

Booktrailer de presentación de Dame mi nombre.

Pues bien, siguiendo la línea de los clásicos, comenzaré por el contenido de la novela y seguiré con los elementos literarios que la avalan como una pieza clásica.

La novela comienza en 1999, cuando Ana, una chica de clase burguesa acomodada, no consigue que Víctor, su novio, le pida matrimonio. Ella fuerza las relaciones y hasta deja de tomar la píldora para quedarse embarazada. Ante tamaño fracaso, recurre a una inseminación artificial de un donante anónimo. Intenta presionar a Víctor, pero él la abandona porque tiene hecha la vasectomía y ese niño no es suyo.

A partir de este comienzo, la historia avanza unos dieciséis años, al principio en dos tramas paralelas y después se entrelazan en una sola. Aquí un hilo rojo, o azar, va uniendo las vidas de unos personajes que hasta entonces eran ajenas.

Por un lado, está Ana, que rechaza la idea del aborto y decide criar a Pablo. Conoce a Andrés, su marido, cuando Pablo tiene un año. Pronto se establece una excelente relación entre los dos y las dos nuevas hijas del matrimonio. En esta familia feliz, Ana, como una Madame Bovary, tiene un secreto que la atormenta. Y cobra más fuerza cuando su hijo Pablo se accidenta, por casualidad. En el hospital, Pablo se entera del grupo sanguíneo de su padre y, tras muchas dudas, llega a la conclusión de que Andrés no puede ser su padre biológico. En ese momento comienza una búsqueda desesperada de sus orígenes. Cuando Pablo le pregunta a su madre, ella le miente y despierta al monstruo dormido: el tormento psicológico de los dos.

En paralelo, está la vida de Juan Luis, un policía, y Verónica, la tutora de Pablo. La novela insiste en el pasado desestructurado de Juan Luis y en los deseos de maternidad de Verónica. Es obra del azar que uno de sus alumnos sea el retrato de su marido y que ese alumno dé un vuelco a sus vidas.

Los hechos, con varios giros de la trama, se complican hasta tal punto que las relaciones matrimoniales de las parejas están en juego.

La novela se cierra cuando todos cuentan la verdad. En el fondo, todo ha sido una lección moral, una oportunidad para que los personajes maduren a pesar de lo que ha sucedido en sus vidas. Al final, la autora entona una especie de canto de esperanza, pero la nueva felicidad es solo aparente. Ahora que ya se han desatado todas las pasiones, las aguas nunca volverán a su cauce.

El espacio

Como en las novelas psicológicas de don Miguel de Unamuno, el espacio casi desaparece. Esta es una técnica calculada y muy eficaz. Los personajes tensan sus pasiones como en A puerta cerrada de Jean-Paul Sartre. Los interiores un poco desdibujados nos obligan a entrar directamente en los conflictos, a través de expresiones y gesticulaciones muy repetidas: los movimientos de la cara se convierten en esos tics tan humanos que sugieren y callan lo que sufre un alma atormentada.

El tiempo

Está medido con una precisión de relojero. Es un elemento importante en el desarrollo de la intriga. Para conocer la edad de Pablo, tenemos que echar cuentas desde su concepción, y seguir los pasos de su evolución. A los diecisiete años, este adolescente, por un accidente casual, se plantea el tema de su identidad, existencial y real. Llega a dudar de que su padre sea el padre biológico y emprende una búsqueda, casi policial, de pruebas, en las que el tiempo pasado será su aliado.

No es una progresión lineal. Los flashbacks, muy oportunos y bien señalados con frases bisagras, nos ayudan a recomponer el gran puzle que es esta novela.

Los personajes

Cinco personajes principales llevan el peso de la trama. Los cinco, de clase media acomodada, ven cómo se complican sus vidas y todos dudan de todos. Sus conflictos nos atraen y sus intensas vivencias nos enganchan. Un adolescente y dos matrimonios que ponen en tela de juicio sus relaciones y sus mundos se tambalean.

Por un lado, Pablo y su familia. Su madre, Ana, la verdadera protagonista. Andrés, su padre adoptivo, que sirve de contrapunto. Como complemento, las hijas de Ana y Andrés, y Sara, la novia de Pablo.

Por otro, Juan Luis Medina, un policía de un pasado oscuro, y su mujer, Verónica, atormentada, como Yerma, por una maternidad que nunca llega. En este bloque, actúan de personajes secundarios, Argüelles, un policía veterano, amigo de Juan Luis; y Rosa, amiga de Verónica. Estos personajes secundarios son meros soportes para provocar conversaciones que nos ayuden a conocer mejor el interior de los principales.

Me detendré en Ana. En ella tiene origen la tragedia que, de repente, envuelve a otras vidas. Los demás personajes, incluso Pablo, el protagonista, se liberan y llegan a la catarsis, cuando ella confiesa.

Ana. La madre de Pablo es una mujer rota por los múltiples errores que va cometiendo. Este personaje de tragedia griega avanza desde la inseguridad del principio hasta la seguridad que le da la confesión.

Ana olvidó las mil frases que había ensayado por el camino. Se soltó de las manos de su novio, sacó el sobre del bolso y, con un pequeño temblor, se lo dio. Se arrepintió una vez más de lo que había hecho, pero ya no tenía remedio. Colocó las manos sobre las rodillas, las escondió debajo del mantel y se sujetó una con otra para evitar que temblaran. El miedo a un tercer fracaso sentimental se le subió a la espalda y tuvo que esforzarse para mantener una postura erguida. Seguía sin saber por qué sus dos novios anteriores la habían dejado, cuando ella había puesto todo de su parte y se había plegado siempre a sus deseos, sin pensar que ese podía ser el problema. Pero con Víctor parecía ir todo sobre ruedas, si se exceptuaba el punto muerto en el que se encontraba su relación, estancada desde hacía meses.

El conflicto

Pablo descubre que Andrés no puede ser su padre, que tiene que haberlo adoptado, pero nadie le cuenta la verdad. Sus intentos de conocer sus orígenes chocan con las mentiras de su madre, atrapada entre su hijo y su marido. Las investigaciones de Pablo desencadenan los acontecimientos que ponen en jaque a toda su familia y a la familia de Verónica, su tutora, que no se puede imaginar cómo va a cambiar su vida.

¿Qué podemos hacer cuando nuestros recuerdos se asientan sobre mentiras? ¿Hasta dónde seríamos capaces de llegar para conocer nuestros orígenes?

Adela pone en tela de juicio principios claves de nuestra ética. En esta novela se tambalean los valores tradicionales como el amor, la paternidad, la maternidad y la familia. Es decir, aunque el título, Dame mi nombre, apunta a la búsqueda de la identidad de Pablo como conflicto dominante, hay otros que le disputan la categoría.

Precisamente la tensión de conflictos muy potentes es uno de los grandes aciertos de esta novela. Y el protagonismo de Pablo queda en entredicho cuando lo enfrentamos a la confesión de su madre, que, sin quererlo, se convierte en antagonista.

La trama

Está muy bien tejida y calculada. Ni un cabo suelto. Desde el principio, como en Cinco horas con Mario de Delibes, conocemos el motivo de la culpabilidad de Ana, pero la historia se complica y se explica con abundantes prolepsis y analepsis. Las frases bisagra con las que entra y sale en los flashback y foreshadowing aclaran el fino entretejido de este tapiz. Por ejemplo, la culpabilidad, su vieja amiga, se sentó a su lado y comenzó a atormentarla es una frase que da entrada a un largo monólogo de Ana.

Con este entramado, el lector no se pierde en ningún momento gracias a la organización de la materia narrativa. Si Pedro Salinas dijo que hacer literatura consistía en hacer arquitectura, yo os digo que Adela es una de nuestras mejores arquitectas.

En la primera parte, los capítulos alternan entre el mundo de Pablo, y el de Juan Luis, el policía y padre biológico, ajeno a todo lo que sucede. Cuando ya tenemos el ambiente de las dos familias, las vidas comienzan a cruzarse y la tensión narrativa crece por momentos.

El azar

Funciona como el fatum de las tragedias clásicas. Va salpicando las páginas, aparece cuando menos lo esperamos. Con él aumentan las expectativas y la tensión. Como en la Historia de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez, comenzamos con el núcleo del problema, con una anticipación de una parte del final, pero nos falta lo más interesante: los motivos y los episodios que nos han conducido a ese final.

«Todo va a salir bien», pensó Ana. Sujetó el paraguas con una mano y con la otra apretó el bolso de piel contra su pecho, como si el sobre pudiera salir volando. La inseminación había sido un éxito. Respiró hondo y sonrió satisfecha porque, por primera vez en su vida, había tomado una decisión valiente.

Este arranque de novela nos atrapa desde la primera línea. A partir de aquí, sabemos que nos espera una aventura apasionante que nos impedirá abandonar la lectura.

Unas líneas más adelante, sabemos que Ana intentó atrapara a Víctor, su tercer novio, con un embarazo. El conflicto estalla cuando él le contesta que es imposible: Hace años que me hice la vasectomía. Inmediatamente nos enteramos del engaño: Ana había recurrido a la inseminación para atraparlo. Estos recursos que hace unos años nos habrían parecido de ciencia ficción son los que le dan un toque de modernidad. Son conductas de la clase media que hoy están a la orden del día.

A partir de la ruptura de este noviazgo y del nacimiento de Pablo comienza la aventura.

Andrés, el nuevo marido de Ana, no le había pedido nunca explicaciones, y a ella le hubiera avergonzado confesarle que Pablo fue fruto de una inseminación disparatada para atrapar a otro hombre. Y ahora, si su hijo empezaba a querer saber más sobre su origen…

Y los lectores, desde el momento que conocemos esta situación tan inesperada, acompañamos con placer el arco evolutivo de los personajes modulado por una serie de sobresaltos. El azar se convierte en el tema principal que se apodera de los personajes y los transforma en sus marionetas.

Los diálogos

Constituyen la parte más brillante de la novela. Adela, gran conversadora, traslada con acierto la oralidad del lenguaje. Llenos de imágenes vivas y chispeantes son el principal vehículo de caracterización de los personajes. Salpicados de acotaciones en las que una mirada de soslayo, un fruncir de ceño, una subida de cejas o unos dedos nerviosos traducen los dramas interiores y la claustrofobia que todos sufren. En realidad, los personajes hablan mucho, pero hasta el final no se confiesan con franqueza.

La portada.

La ilustración de Esther Cuesta (@Mentiradeloro) es muy simbólica y refleja con mucha fidelidad el núcleo de la historia. El chico de la imagen no tiene la identidad muy definida y se abraza las piernas de tal manera que quedan entre sus brazos los dos lados de un corazón. En uno vemos la silueta de una mujer con un niño de la mano, un guiño a la vida de Pablo con su madre antes de que se casara con Andrés. En el otro lado, en un plano más lejano, el hombre que camina en solitario nos sugiere un Juan Luis ajeno a todas las consecuencias de su donación atolondrada, anónima y solitaria.

Las letras del título están formadas por un hilo rojo que une en sus extremos las figuras insinuadas. Como el hilo rojo que une las escenas de la película De tu ventana a la mía, de Paula Ortiz,  hace referencia a un mito japonés, según el cual las personas unidas por ese hilo están predestinadas a encontrarse en la vida y a vivir historias importantes. Este hilo es la versión oriental del fatum greco latino.

Para terminar

Ya conocíamos la capacidad narrativa de Adela por sus relatos, pero en esta novela se nos ha manifestado como una hechicera de la lengua y una gran conocedora de los problemas psicológicos que atormentan al corazón humano.

Sabe dar un punto de modernidad a los temas clásicos. Nos presenta la vieja crisis de paternidad unida a las modernas vasectomías y donación anónima de semen. Los anhelos de maternidad se resuelven en inseminación artificial y propósitos de adopción. Su lección es que las alternativas de la posmodernidad ni son nuevas ni son la panacea.

En esta novela, lo cotidiano y la oralidad envuelven refinadas y premeditadas técnicas literarias, todo con el tono amable y la visión optimista de su autora.

Adela Castañón Baquera es una gran promesa para nuestras letras. Yo, que tuve el privilegio de asistir al nacimiento del primer embrión de Dame mi nombre, os puedo decir que con el proceso de escritura se ha convertido en una verdadera obra de arte.

¡Larga vida para Dame mi nombre!

Currículum

Adela Castañón Baquera, (Málaga, 1957),  es licenciada en Medicina por la Universidad de Murcia. Amante de la lectura desde pequeña, siempre le ha gustado inventar historias, y hace unos años se empezó a formar como escritora con cursos y talleres literarios.

Desde 2016 compagina su trabajo de médica de familia en el Centro de Salud Leganitos, de Marbella, con la publicación de relatos y poemas en el blog Letras desde Mocade (https://letrasdesdemocade.com/).

Es coautora del libro El niño pequeño con autismo, editado por APNA Madrid, y traductora de la obra Habla signada para alumnos no verbales, de B. Schaeffer y otros, en Alianza Editorial.

Figura, como autora, en doce antologías de relatos y en una de poesía, publicadas por Escuela de Escritores. Ha participado en el Taller de Escritura Creativa de Carmen y Gervasio Posadas, en Literautas, en el Grupo Editorial 33 y en la Delegación de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Marbella.

Dame mi nombre es su primera novela. Y ya está trabajando en el borrador de una nueva, un proyecto antiguo que tiene muy madurado.

Carmen Romeo Pemán

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