PIDO LA PALABRA

Si quieres escribir y no sabes dónde hacerlo, pide la palabra. En Mocade te ofrecemos este espacio.

Nuestro Letras desde Mocade nació como una plataforma donde las autoras, que nos conocimos haciendo cursos de escritura por Internet, decidimos continuar juntas ese aprendizaje compartido, pero sin fecha de caducidad.

Mocade es nuestro rincón ficticio, nuestro universo literario, el patio de recreo al que nos asomamos para disfrutar. Es un asteroide más que aterrizó en la galaxia de la escritura hace apenas un mes, pero que está creciendo a la velocidad de la luz.

La presentación de nuestro blog acababa así:

Y, por último, conocer a todas aquellas personas que quieren leer cosas nuevas, compartir sus historias y aprender juntos.

Personas que aún no lo saben pero que son habitantes de Mocade.

¡Bienvenidos!”  

https://wordpress.com/post/letrasdesdemocade.wordpress.com/6

Pues bien, nos hemos dado cuenta de que, para invitar a alguien a nuestra casa, debemos procurar que se sienta cómodo, así que hemos pensado preparar un sillón desde el que nuestros amigos se puedan expresar. Un sitio acogedor para que quien nos visite pueda pedir la palabra. Y ese lugar es “Pido la palabra”.

¿Quieres participar con nosotras desde este lado de la pantalla? ¿Te apetece compartir algo con nuestra comunidad? Escríbenos. Mándanos tu artículo, tu relato, y hablamos delante de un café (virtual, claro está). Danos permiso para revisarlo, porque mimamos mucho a nuestro Mocade, y a todos se nos puede colar una errata. Y, una vez revisado, y si estás de acuerdo con las correcciones (en caso de que las haya), podrás verte aquí, en este apartado de “Pido la palabra” que hemos creado para hacer que Letras desde Mocade sea un poco más de todos y para todos.

Empezaremos con una publicación al mes; tenemos un calendario programado ya que pensamos que es importante la regularidad y la seriedad. Al principio hay que mantener las manos lejos del teclado porque la primera idea es lanzarnos al espacio y publicar, publicar y publicar. Pero no se puede gastar el sueldo de un año en solo un mes, así que preferimos garantizar la continuidad de este precioso proyecto. El primer viernes de cada mes tendrás en nuestro Letras desde Mocade un folio en blanco a tu disposición.

Tampoco podemos dar cabida a obras con una extensión similar a la del Quijote en nuestro blog. Mocade es todavía un bebé de pecho, y darle de comer un solomillo podría resultar hasta indigesto. En principio aspiramos más a calidad que a cantidad. Así que, como aperitivo, vamos a ensayar con escritos limitados a un máximo de mil palabras.

De momento, esto es todo. Si alguna vez quieres hablar (escribir), además de escuchar (leer), ya lo sabes: Pide la palabra, que nosotras te ofrecemos el escenario y el micrófono virtual. Comenta en este post o envíanos un mail a letrasdesdemocade@gmail.com. ¡Bienvenido!

Adela Castañón

Imagen: Unsplash

De la receta a la mesa

Si te estás planteando escribir, estás en el lugar adecuado. Llevo un par de años tomándome en serio esto de la escritura. Mi interés y mi dedicación han ido aumentando de modo exponencial. Hasta ahora iba paseando cuesta arriba, disfrutando del paisaje, pero de pronto he llegado a una pared y me he puesto a hacer escalada libre hacia la cumbre.  Y es que me he dado cuenta de que, si quiero dejar de leer sobre aprender a escribir, lo que tengo que hacer es pasar a la acción, arremangarme, y coger la pluma (o el ordenador).

En mi afán de aprender me he convertido en “blog-adicta”, “Facebook-adicta”, o algo similar. No sé si los términos están inventados, o existen otros que no conozco para llamar a lo que me ocurre. Pero, para calmar el hambre de aprender que hace rugir a mis neuronas, no hago más que pasearme y saltar, como en el juego de la oca de mi infancia, de blog a blog, de página a página, buscando consejos, orientaciones, recetas mágicas que me ayuden a cocinar esa gran NOVELA que todos estamos convencidos de que vamos a escribir algún día.

He encontrado muchas entradas sobre diversos aspectos de este tema, pero aquí os dejo el enlace a uno que me ha parecido práctico e interesante: http://ateneoliterario.es/dudas-de-escritor/ . Porque está muy bien que, antes de invitar a comer a nuestros mejores amigos, demos un vistazo al libro de recetas de Arguiñano. Pero una cosa está clara: si en algún momento no cerramos el libro y nos metemos en la cocina con el delantal y los ingredientes, al final nos quedaremos todos con hambre.

Por eso, he dejado el libro y he venido aquí, a mi cocina particular. ¿Qué os estoy ofreciendo un bocadillo de mortadela? Vale. Lo admito. Pero por algún sitio tenía que empezar. Y como lo mejor es predicar con el ejemplo, y ya os he dejado una receta magistral con ese enlace, espero que, al menos, la degustéis si mi modesto aperitivo os ha abierto el apetito.

¿A qué esperáis? Venga, dejad de leer un ratito, y haced vuestra aportación a la merienda. ¡Escribid, aunque solo sean veinte líneas diarias! ¡Buen provecho!

Adela Castañón

Imagen: Unsplash

Construcción del personaje – La Mary Sue y el Gary Stu

A través del Facebook de Gabriella literaria, llegué al artículo de Víctor Selles que habla de cinco errores rarísimos que un escritor jamás debe cometer. En el punto número uno trata de los personajes Mary Sue o Gary Stu.

Sí, sí, yo también puse esa cara.

Y eso que a mi el nombre de Mary Sue me suena de un blog sobre ciencia ficción y fantasía en inglés que sigo desde hace tiempo cuya visita os recomiendo.Pero más allá de eso, fue leer la descripción de una Mary Sue y darme cuenta de que la protagonista de una de mis incipientes novelas tenía un potencial Mary-Suístico que daba miedo. Y vergüenza. Mucha. Como para meterme en un sitio húmedo y oscuro y no salir nunca.

La Mary Sue

Primero, adentrémonos un poco en la historia. En los años 70, Paula Smith publicó en un fanzine una historia en la que la protagonista era Mary Sue, un personaje que parodia los fanfictions de Star Trek, hechos por adolescentes, y que rezumaba irrealidad y perfección hasta por la Enterprise. Y es que todo el mundo sabe que gran parte de los adolescentes, cuando se ponen a escribir, crean un personaje exactamente igual que ellos pero mejor. Ojo, mejor según su punto de vista: sin granos, sin vello, posiblemente sin gallos en la voz.

De ahí, cada vez que una historia tiene un personaje que se nota, hasta para despistados como yo, que es un alter ego chachi guay del escritor, se le llama Gary Stu o Mary Sue, dependiendo de si es hombre o mujer. Molón, ¿eh?

¿Cómo puedo saber que mi personaje es una Mary Sue o un Gary Stu?

Pues mira, si intentas imaginarte tomando algo con tu personaje y resulta que los dos estáis callados, tú mirando apasionadamente cómo se arremolina el café alrededor de tu cucharilla y tu personaje mirándote todo expectación con una sonrisa de animalito de Disney, es un Mary Sue. Pero no solo eso. Según los links que he leído (gracias, Wikipedia), si tu personaje es plano, sin ningún defecto, jovencísimo y tiene un rasgo distintivo (una lengua de gato o la apetencia por la pizza con piña, además de superpoderes que lo hacen admirado por todo el mundo), ahí lo tienes. Un/a Gary Stu/Mary Sue de manual.

Pero, además, puedes pasarle un test en este link para saber cuán pluscuamperfecto (y aburrido y poco creíble) es. Eso sí, está en inglés. Y es largo como una procesión de hormigas. Pero ahora veréis por qué este link es tan interesante.

Mary Sue o Gary Stu en la Ciencia ficción y/o la fantasía

Alguien me dirá: a ver, en un mundo donde hay dragones que escupen cieno ardiente y llueven diamantes, no es tan extraño que mi protagonista tenga un ojo color musgo y otro que parezca un ascua bien aireada (hola, Atenea*). No, no es extraño, y no tiene por qué ser execrable siempre y cuando tenga una razón de ser. Algo más allá del antojo del autor en hacer especial al personaje y que se vea a simple vista.

El problema es que en un mundo donde las leyes de la termodinámica son meros consejos, podemos caer en la tentación de crear ESE personaje. El elegido. The Chosen One. La hostia en patinete, y que se tira pedos que no huelen a coliflor. Algo que no es realista. Y sí, no estaremos escribiendo un texto ambientado en el Madrid de principios de siglo, pero no por eso nuestros personajes deben de ser tan fantasiosos que no tengan ni un ápice de humanidad.

Por eso es tan importante este test. Para descubrir qué elementos fantásticos son oportunos en la historia y cuáles no. Incluso, qué comportamientos son inconcebibles, pero llevados por la magia o el espíritu de la historia, no somos conscientes. Por ejemplo (pregunta 63 del test):

  • Si tu personaje comete un error grave, ¿es rápida y fácilmente perdonado sin tener mayores consecuencias? Si es que sí, súmate un punto y contesta:
    • ¿Esa equivocación ha resultado en la destrucción de un elemento u objeto importante?
    • ¿Esa equivocación ha resultado en el daño o puesta en peligro de personas?
    • ¿Esa equivocación ha resultado en la muerte de personas?

Si tu respuesta es que sí a todas, súmate cuatro puntos. Es probable que tengas una Mary Sue entre manos. Y si me contestas que eso no pasa, porque tu personaje no se equivoca nunca, súmate 5 puntos y contéstame a esto:

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  • ¿Tu personaje ha sido capaz de salvar el día sin ayuda y más a menudo que el resto de personajes? Si es que sí, súmate un punto y contesta:
    • ¿Más que todas las veces que lo han hecho el resto de personajes?
    • ¿Incluso cuando no hay ninguna razón para que otro personaje no lo consiguiera?
    • ¿Con un poder o habilidad desconocida?
    • ¿Ha estado a punto de morir en el proceso?
    • ¿HA MUERTO durante el proceso? (nada desagradable ni irreversible como acabar hecho pedacitos a nivel subatómico –y si es que sí, yo sumaría tres puntos-: ser enviado a una dimensión de la que es imposible –je- escapar también cuenta)
    • ¿Todo el mundo lamenta la muerte de tu personaje?
    • ¿Es revivido o ha sido traído de vuelta?

Os he puesto dos ejemplos de distintas temáticas que pueden ser válidos en cualquier novela (excepto lo de la dimensión), para que veáis el nivel de profundidad que tiene este test. Y me estoy pensando pedirle a la página si se lo puedo traducir al español y que lo cuelgue, para que sea de más fácil acceso para todos. Mientras tanto, os recomiendo que lo paséis. Con cada pregunta contestada tendréis una puntuación, y con esta sabréis si vuestro personaje cae en este error. No me digáis que no es interesante. Porque nadie quiere tener un Mary Sue/Gary Stu en su vida. ¿Os imagináis? Posiblemente, una vez te acabaras tu café, tanta perfección insulsa haría que quisieras hacer guacamole con su cabeza.

Si finalmente os animáis a hacer el test, por favor, compartid conmigo los resultados. No me dejéis llorar sola.

Carla Campos

@CarlaCamposBlog

* Sep, Atenea es mi personaje bochornoso.

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Imagen de Neill Kumar