¿Es santa Águeda una santa feminista?

  • Sancta Agatha, ora pro nobis
  • Sancte Agatha et Apollonia, orate pro nobis
  • Sancte vos in mulieribus, orate pro nobis

No recuerdo desde cuándo. Yo diría que desde siempre. En la iglesia de El Frago rezábamos una novena con estas letanías a las más santas entre todas las mujeres, a nuestras abogadas: santa Águeda, el día cinco de febrero y santa Apolonia, el día nueve del mismo mes. La víspera, además de los rezos, las chicas encendíamos grandes hogueras en su honor en medio de la plaza mayor.

Este cinco de febrero, muchas mujeres acudirán a los lugares de culto y cantarán en español lo que antaño recitábamos en latín.

  • Santa Águeda, ruega por nosotros
  • Santa Águeda y santa Apolonia, rogad por nosotros
  • Vosotras, santas entre todas las mujeres, rogad por nosotros

Y yo, al compás de estos y aquellos rezos, voy a evocar una parte de esta historia. Porque santa Águeda y santa Apolonia fueron santas muy populares. Y porque las redes están viralizando la figura y los festejos de santa Águeda.

Antes de continuar, quiero deciros que si alguien me pregunta a bocajarro si santa Águeda es una santa feminista le contestaré que no. Que a Santa Águeda la han convertido en la patrona de las mujeres para salvaguardar las leyes del patriarcado. Que han hecho coincidir su fiesta con la de antiguos ritos paganos de inversión. Que interesaba cristianizar los pilares básicos de la sociedad patriarcal para fortalecerlos. Y que ella no tiene la culpa de que intenten sacar beneficios de sus virtudes y de su historia.

El nombre. Ágata, Ágeda, Águeda y Gadea

Santa Águeda, como muchas santas, fue bautizada con un nombre parlante o descriptivo. Estos nombres, igual que los apodos, sintetizan las virtudes o defectos de las personas que los llevan. Son frecuentes en la literatura tradicional y en los cuentos populares. Cuando oímos Trotaconventos, Blanca Nieves, Caperucita Roja o Barba Azul, nos hacemos una imagen muy clara del personaje. Y no es lo mismo llamarse Pipi Calzaslargas que Maléfica.

Agathe, la bondadosa o la virtuosa, era un apodo corriente para las chicas de la Grecia Clásica. Y se esperaba que estas virtudes las adornaran, como cantaba su nombre.

Santa Ágata fue muy popular en toda Europa: Agata, en latín e italiano; Agatha, en inglés y portugués; Agathe, en francés; Adega, en gallego.

En España fue tan popular que se adaptó fonéticamente y perdió el significado descriptivo. Desde fechas tempranas se convirtió en Ágeda, Águeda y Gadea.

  • En Santa Gadea de Burgos, do juran los fijosdalgo,
  • allí le toma las juras el Cid al rey castellano. (“La jura de Santa Gadea”, romance)

Alfonso VI desterró a don Rodrigo Díaz de Vivar y la santa, como se esperaba de sus virtudes, cuidó de doña Jimena y de sus hijas, que se quedaron en Cardeña.

Las vidas de santos

En la alta Edad Media se escribieron vidas de santos para que sirvieran de modelo a los cristianos. Tenían un fin pedagógico, no eran dogmas de fe y estaban escritas con el gusto literario de la época: elementos maravillosos y descripciones desgarradoras con las que era fácil despertar los sentimientos y llamar a la piedad. Se llegó a crear un patrón retórico muy elaborado.

Las biografías de las santas comparten muchos elementos y, salvo pequeños detalles, podríamos intercambiar algunas. La vida de Santa Águeda sigue uno de esos patrones y la santa comparte sufrimientos con otras mártires. La devoción a esta santa se propagó con rapidez porque se adaptaba bien a las exigencias patriarcales.

La historia de santa Águeda

Nació en Palermo y murió en Catania, Sicilia, el año 251, durante la persecución de Decio. El senador Quintiliano, atraído por la singular belleza de esta joven de familia distinguida, intentó poseerla. Pero ella, con un comportamiento virtuoso, como se esperaba de su nombre, le juró que se había comprometido con Jesucristo y lo rechazó. El senador, herido en su prepotencia masculina, ordenó que la condenaran, que le cortaran los pechos y que la arrojaran sobre unos carbones encendidos. Según la leyenda, el Etna entró en erupción el año de su tortura. Los habitantes de Catania imploraron su intercesión y la lava se detuvo en las puertas de la ciudad.

Una santa protectora

Los santos protegían a los hombres de sus temores y de las amenazas que se cernían sobre ellos. Los liberaban de las enfermedades, de las guerras y de las epidemias. Como se creía que estos males estaban provocados por la ira de los dioses, los santos eran unos intermediarios que intentaban aplacarla. Para conseguir sus favores, los hombres les hicieron estatuas, fundaron cofradías y erigieron santuarios, en los que se solicitaba su intercesión.

Junto a los rezos y ritos para conseguir la protección frente a las enfermedades también les pedían que favorecieran la fertilidad y la lactancia, porque en épocas de guerras y epidemias se llegó a temer por la desaparición de la raza humana. Estas costumbres se popularizaron en la Alta Edad Media a través de los caminos de los peregrinos.

Con la llegada del cristianismo, las antiguas divinidades paganas se consagraron a las nuevas advocaciones religiosas, sobre todo a la Virgen y a los santos. En este tránsito de lo pagano a lo cristiano, santa Águeda fue una de las santas con mayor fortuna.

Patrona de las casadas

Como muchas de sus compañeras de altar, estuvo relacionada con las enfermedades de las mujeres. Por los rasgos de su biografía se convirtió en la protectora de las casadas, de las enfermedades de los pechos, de la lactancia y de los partos difíciles. El carácter de sanadora que se le atribuyó en el País Vasco la llevó a ser la patrona de las enfermeras.

Santa Apolonia-1

Su papel era diferente al de su vecina santa Apolonia, patrona de las solteras y del dolor de muelas. Y compite con santa Bárbara en la protección contra los volcanes, los rayos y los incendios.

Abogada de la lactancia

Hasta mitad del siglo XX, las mujeres de clase alta dejaban la lactancia de sus hijos en los pechos de las nodrizas. Precisamente, para animarlas a que dieran de mamar, se crearon advocaciones de diosas y santas amamantando.

Esta costumbre venía de lejos. En Egipto la diosa Isis daba de mamar a su hijo. En las catacumbas la Virgen amamantaba al Niño. En el Renacimiento y en el Barroco abundaron las Vírgenes de la Buena Leche. La Virgen fue un modelo, pero hubo santas que también favorecieron la lactancia. Sobre todo, santa Brígida, festejada el uno de febrero, y santa Águeda, el cinco. Se eligieron fechas cercanas para reforzar el mensaje.

Origen ancestral

Esta fiesta tiene muchos elementos de origen pre cristiano. En España era frecuente mezclar los cultos celtas con los de importación romana. En la Edad Media, la Iglesia intentó suprimir las fiestas paganas. Pero, como era imposible desterrar unas costumbres muy arraigadas, las cristianizó y las llenó de un significado religioso.

En santa Águeda confluyeron tradiciones matriarcales celtas con romanas. Es decir, en sus festejos hay elementos folklóricos más antiguos que la propia santa.

Y, por si fuera poco este sincretismo de elementos arcaicos, hoy andan revueltas santa Águeda, patrona de las casadas, y santa Apolonia, de las solteras. Esto es, andan mezcladas la fiesta de inversión de las casadas con la de iniciación de las solteras.

El mundo al revés

Estas celebraciones que ponían el mundo patas arriba eran necesarias para respetar y fortalecer el orden social. Consistían en dar el poder a los subordinados un día al año, en permitirles que se desahogaran con expresiones satíricas y burlescas. Y debajo de la alegría desbordante, latía la condición tácita de que el resto del año volverían el orden y la subordinación.

En la Edad Media la Iglesia controló estas fiestas, las santificó y les adjudicó un patrón. En ese reparto, como acabamos de ver, a santa Águeda le correspondió la fiesta de las casadas. Para asegurar y reforzar el papel de superioridad de los varones, era importante que un día al año las mujeres desahogaran y anularan sus deseos de mando, de forma colectiva.

Las aguederas de Zamarramala conservan abundantes elementos paganos de la fiesta. Estas alcaldesas segovianas muy vivas en el folklore, han sido tema de obras literarias españolas.

Para terminar

Al principio santa Águeda era solo patrona de las casadas. Cuando se vaciaron los pueblos y se perdió la fiesta de santa Apolonia, patrona de las solteras, santa Águeda se quedó con todas. Y esto no fue bueno para las mujeres. Desde entonces resulta más fácil controlarnos juntas.

El día cinco de febrero se favorecen los juegos del mundo al revés. Ese día las mujeres recorremos las calles de las ciudades alardeando de una libertad colectiva. Aunque es una libertad bajo fianza. Porque, creyendo que hemos recuperado la libertad, hacemos el juego al patriarcado, que ha encontrado en este tipo de fiestas un sutil camino para su fortalecimiento.

Pero, mientras buscamos una mejor solución para agasajar a nuestra santa sin servir al androcentrismo, aprovecharemos esta grieta para gritar: ¡Viva, santa Águeda!

Carmen Romeo Pemán

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Imagen principal. Santa Águeda, Biel (Zaragoza), siglo XVII. Es el lienzo de la derecha del altar de san Roque de la iglesia parroquial de San Martín de Biel. En la parte inferior derecha, entre la corona del martirio y los dos senos, podemos leer Sª AGEDA.

Santa Águeda bendita, trialará-lará

Doña Pascuala hablaba con otra profesora en la puerta de un aula del Pabellón del Instituo Goya. Estaban esperando a que acabáramos de entrar todos. Y yo, que soy de natural cotilla, me quedé rezagada para escuchar. En ese momento oí que le contestaba:

–¡Cómo iba a pensar santa Águeda que su fiesta se iba a hacer tan famosa!

Mi nombre, Gadea, no me gustaba. Hasta ese día no lo había relacionado con  santa Águeda. Pero la fiesta de esta santa siempre me había caído simpática. Quizá porque en El Frago le hacíamos una hoguera muy grande y el panadero nos regalaba unos panecillos redondos para merendar. Las tetillas de santa Águeda que solo podíamos comer las chicas. Y los chicos, con aire picarón, reclamaban sus panecillos. Tanto me impresionaba la historia de la pobre santa a la que le cortaron las tetas que empecé a investigar por mi cuenta.

Así que ese día, después de lo que había oído en la puerta del aula, me atreví a preguntarle a doña Pascuala por la santa. ¡Menuda perorata nos soltó!

–Águeda en realidad se llamaba Ágata. Si pensáis bien en este segundo nombre podréis adivinar que llevaba un nombre parlante. Como muchas santas y muchos héroes –continuó, a la vez que se acercaba a mi mesa.

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Santa Águeda en las crónicas de Navarra

–¿Qué es eso de nombres parlantes, doña Pascuala? –le pregunté haciéndome la interesada.

En ese momento mis compañeros también comenzaron a atender. Y levantó la mano Teófilo, un chico que siempre estaba despistado.

–¡Vaya por Dios, Teófilo se ha despertado! Como el tuyo también es parlante te lo voy a explicar y nunca lo olvidarás. Mira, –siguió doña Pascuala apuntándole con el bolígrafo que llevaba en la mano–, se llaman así porque, cuando los oímos, nos imaginamos todas las virtudes y defectos del personaje. Es lo que nos pasa con Blancanieves, Caperucita o Supermán.

–Sí, sí, pero, no es lo mismo. Yo veo por qué llamaban así a Supermán. Pero lo de Ágata no lo adivino ni por el forro –a Teófilo se le ponían los carrillos rojos, a la vez que contestaba.

–Muy bien Teófilo –le contestó doña Pascuala acercándose hasta su mesa–. Tu nombre significa “el amado de Dios”.

–Pues, ¿quién lo diría? –contestó Amadeo, un chico pelirrojo que estaba detrás–. Si nunca va a misa.

–Vamos a ver –respondió doña Pascuala levantando la voz, como si no hubiera oído a Amadeo–. Lo importante es que entendáis que algunos nombres, con el tiempo, dejan de ser parlantes.

–¡Ah! Así a lo mejor lo entiendo un poco. Pero sigo sin ver lo de Ágata –insistió Teófilo.

–Por eso es importante que conozcáis la historia de los nombres –A la vez que se paseaba entre los pupitres iba subiendo la voz, dirigiéndose a todo el grupo– Y que atendáis en clase.

Nunca había pensado que mi nombre pudiera ser eso de parlante. Y me sentí orgullosa, aunque tampoco acababa de entenderlo bien. Así que me volví, les hice un gesto a mis compañeros para que dejaran de mandarse papelitos y me cogí la cara con las manos, como siempre que quiero escuchar sin que me molesten.

–Agathe era un adjetivo clásico. Cuando los griegos decían que una chica era agathe, todo el mundo sabía que era buena, bondadosa y virtuosa.

La cosa se ponía interesante y el griterío iba bajando de volumen.

–Ágata, en español, se convirtió Águeda. Pero como eso de La Águeda no sonaba muy bien, todo el mundo llamaba Gadeas a las Águedas. Como la santa Gadea del Cid. Total que, con tantos cambios, el nombre dejó de ser parlante.

Al oír eso se callaron los murmullos del fondo y todos me miraron a mí. Al cabo de unos minutos se montó un revuelo con lo de mi nombre y yo me puse colorada. Pero doña Pascuala no se dio por vencida y alargó su rollo.

–A los que se os den bien las lenguas, sabréis que en francés y en inglés se mantiene el nombre antiguo.

–¡Anda! Pues sí que es verdad–dijo Benito, un rubiales que se sentaba la primera fila–. La novia del chico francés con el que hago intercambio se llama Agathe.

–Y mi amiga inglesa se llama Agatha –le contestó el de atrás.

Entonces pensé que una cosa era que la santa me cayera simpática y otra que doña Pascuala se enrollara. Y, ni corta ni perezosa, para cortar con lo de los nombres, le pregunté por qué santa Águeda era la patrona de las mujeres. Entonces ella se puso muy seria y comenzó una explicación, como si estuviera hablando de La Celestina.

–Tenemos que empezar por entender que la celebración de muchas fiestas populares tiene su origen en ritos anteriores al cristianismo.

–¡Vaya tostón que nos espera! –dijo Valentina, que se sentaba a mi lado. Y yo le di un codazo para que se callara.

Pero doña Pascuala iba a lo suyo, como si no hubiera oído nada.

–En España unas fiestas venían desde los celtas y otras desde los romanos. En la Edad Media, la Iglesia cogió mucha fuerza y quiso suprimir las paganas. Pero las gentes seguían celebrándolas.

Valentina no paraba de moverse, como hacía con todos los profesores cuando se ponían a explicar. Y yo, como de costumbre, le di un pellizco para que se estuviera quieta, que aquello de la santa me interesaba más que lo de los nombres.

–Entonces, ¿qué pasó? Pues muy fácil, que les dio un significado cristiano –continúo, sin inmutarse–. Y eso es lo que hizo con santa Águeda. Parece que se celebra el día de la santa, pero, en realidad, se mantiene una fiesta pagana, de esas que ponen el mundo al revés. Un poco como en los carnavales.

Aunque ya faltaba poco para que tocara el timbre, no nos movíamos. La clase se estaba poniendo interesante. Y doña Pascuala se iba creciendo.

–Estas fiestas eran necesarias para respetar el orden. Se daba el poder a los subordinados, por un día. Ese día se les permitía hacer sátiras y burlas para que se desahogaran. La de santa Águeda era una de estas fiestas en las que la gente se liberaba y luego seguía sometida sin protestar. Las mujeres casadas cogían el mando. Pero los hombres insistían en que solo era por un día, que después todo volvía a la rutina.

–¿Por qué no hacemos un debate? –preguntó una chica de la última fila.

–Hoy no nos da tiempo, que va a tocar el timbre. El año que viene os explicaré cómo se unieron las fiestas de santa Águeda, patrona de las casadas, y la de santa Apolonia, patrona de las solteras. De momento basta con que entendáis que, al juntarse las dos santas en el mismo día, la fiesta se convirtió en la de todas las mujeres. Y que os quede bien claro, que nos dan el mando un día para tenernos contentas.

A los chicos esto de santa Águeda ni les iba ni les venía. Así que, antes de que tocara el timbre, ya habían cogido las carteras y salían de estampida, sin esperar a que el bedel viniera a decir que la clase había terminado.

En cambio, las chicas aplaudimos, porque nos gustaba tener una tarde de fiesta para nosotras solas. Mientras nos poníamos los abrigos, hablábamos de la chocolatada que doña Pascuala nos había preparado en el microbar del Goya. Y comenzamos a cantar eso de Santa Águeda Bendita, trialará-lará, patrona de las mujeres, trialará-lará.

Carmen Romeo Pemán

Imagen principal: Partitura del canto de Santa Águeda en el País Vasco.