No todo es prosa: poema de otoño

Cuando dejo volar mi imaginación, escribo relatos.

Cuando hago trabajar a mi razón, redacto artículos.

Pero a veces dejo aflorar sentimientos y entonces escribo poemas como este poema de otoño.

Otoño,
caen las hojas,
siento penumbra en mi alma.

Hoy la naturaleza, complaciente,
ha vuelto a regalarme cobre y oro.
Unas hojas caídas, el ruido color sepia
que producen mis pies en los senderos,
cuando bajo mis dedos siento el suelo
alfombrado con esas hojas secas,
hojas tristes,
esas hojas sin vida,
desgajadas del tronco
que las alimentaba con su savia.
Savia que, generosa,
las vestía con una capa verde.

Ahora son solo restos en el suelo
que anuncian la llegada del otoño.

Y mi alma, desgajada como las hojas muertas,
le pone falta al sol, a ese sol que no llega,
que no logra atravesar ese muro de nubes
para darme el calor que yo quisiera.

Se me ha caído una lágrima dorada,
de polvo de hojas secas
que va dejando un surco en mi mejilla,
un surco que se llena de más lágrimas
y huellas de tristeza.

El chasquido de un ave haciendo nido
me hace elevar los ojos hacia el cielo.
Pero el niño verano ya se ha ido
y yo lo añoro triste, aquí, en el suelo
Porque su vuelo
nunca supe seguirlo.

Otoño traicionero, viejo, triste,
Otoño que te llevas mis quimeras,
Dime, ¿por qué viniste?

Adela Castañón

Imagen: Pixabay