Los otros héroes del coronavirus

En estos días en los que la palabra coronavirus es sinónimo de saturación, he pensado mucho si escribir o no este artículo. Y ha ganado el sí porque voy a tratar un aspecto que, quizá, se ha dejado un poco de lado.

No creáis que voy a hablar de los sanitarios, aunque lo haré solo un poquito, por la parte que me afecta. Y también pasaré de puntillas sobre otros colectivos, aunque también les rendiré mi pequeño homenaje. Mi artículo quiere ser un aplauso para quienes, como mi hijo, encuentran motivo de superación en cualquier experiencia de vida. Aunque se llame coronavirus.

He pensado mucho el título, y la palabra héroes me vino enseguida a la mente. No cabe duda de que, después de los enfermos, los sanitarios hemos sido los segundos protagonistas. La actitud de todo el mundo, esos aplausos que nos regalan desde los balcones, la respuesta de los ciudadanos a ese lema de #YoMeQuedoEnCasa son, para nosotros, el mejor de los regalos. Ni todos los salarios del mundo valen lo que vale sentirnos apoyados por la gente de a pie, que no por los responsables políticos, ni por su gestión, ni por la escasez de mascarillas, ni por… pero he dicho que no iba a hablar de eso, así que mejor me quedo en el aplauso que os quiero dedicar, en nombre de mis compañeros y mío, porque, para nosotros, que estamos en primera línea en la trinchera, vosotros sois nuestro gran refuerzo en la retaguardia.

Y después de los sanitarios quiero agradecer la labor de muchos otros, aunque seguro que alguno se me olvida, por lo que me disculpo de antemano. Me refiero a las fuerzas de seguridad, a todos los que trabajan en cualquier campo de la industria de la alimentación, desde el agricultor o el ganadero hasta el que nos atiende, armado de valor, guantes y mascarilla, en la carnicería o en el súper, guardando la distancia de seguridad. Pasando, claro está, por transportistas, distribuidores, etc. A los equipos de limpieza, a los empleados de las funerarias, a los cuidadores de personas dependientes, a los voluntarios que se ofrecen para hacer recados, comprar medicinas, a los que atienden las gasolineras. A los profesionales que atienden a mi hijo y a otros como él que, sin tener obligación, le envían un video para saludarlo, le envían fichas para hacer en el ordenador y que se las devuelva por correo, o le piden una foto como la que cierra este artículo para juntarla con otras fotos de otros compañeros y formar todos una piña que difunda ese mensaje tan importante para ganar esta lucha.

Y ahora voy con esos otros héroes que me han inspirado este artículo y que, en mi caso, están representados a la perfección por mi hijo.

Los que me conocen saben que soy madre de un joven con TEA (Trastorno de Espectro Autista) que ha roto todas las estadísticas. Su pronóstico era desolador, pero nos pusimos el mundo por montera y hoy es un chico feliz, un habitante del mundo con pleno derecho, porque hemos peleado como leones y nos hemos ganado a pulso todo lo que tenemos. Y, en esta crisis del coronavirus, hemos tenido dos momentos puntuales que lo convierten, a mi parecer, en un héroe. A él, y a los que son como él. El primero que os voy a contar es más anecdótico, pero servirá como pincelada para que quienes no conocen bien las características del autismo se hagan una idea. Y el segundo… bueno, ese es otra historia. Pero vamos por partes.

Cuando se declaró el estado de alarma, Javi, que todos los días tiende su albornoz después de la ducha, me preguntó:

–Mamá, ¿tiendo el albornoz dentro, en el lavadero?

Yo miré por la ventana. Hacía sol, no vi nubes por ningún sitio, y, al pronto, no comprendí la razón de su pregunta. Debéis saber que las personas con autismo son muy literales, no entienden de dobles sentidos, ni cosas así, pero estoy tan compenetrada con Javi que a veces se me olvida y me pilla despistada, así que le respondí con otra pregunta:

–¿Por qué ibas a tender dentro de casa, Javi? Hace buen día y no creo que llueva.

–Pues para mantener el confinamiento, mamá.

Por poco me derrito allí mismo de ternura. Le expliqué que el confinamiento se refería a no salir de casa, pero que podía subir a la terraza cuantas veces quisiera, a mirar el mar. A Javi le encanta caminar, damos paseos de dos horas varias veces a la semana, y adora todo lo relacionado con la playa, el paseo marítimo, el viento, el clima, etc. Por suerte vivo cerca de la playa y desde nuestra terraza puede ver el mar. Ya podréis imaginar lo contento que se puso.

Bueno, pues hasta ahí, esa es la primera noticia, que da paso a la siguiente, que se produjo hace solo dos días.

El escenario es muy parecido: todos en casa, llevamos ya varios días de confinamiento, yo estoy con el ordenador y él viene a mi despacho.

–Mamá.

–Dime, Javi.

–He escuchado en la tele una noticia muy interesante.

–¿Ah, sí? –Tampoco le hago excesivo caso. Al fin y al cabo hablamos mucho todos los días y le encanta conversar de todo, de modo que estoy acostumbrada a interacciones variadas–. ¿Y qué han dicho?

–Que quien tenga autismo puede salir a dar paseos acompañado de un familiar si lleva su certificado.

Él sabe que es una persona con autismo. Lo tiene tan asumido como yo, por ejemplo, sé que soy una persona habladora, o que su abuela sonríe a todas horas. Y su lenguaje es siempre muy formal y correcto, como saben quienes lo conocen, y más cuando se trata de comentar noticias o acontecimientos. Le hemos trabajado mucho la comunicación, y le encanta y nos encanta que se exprese a su manera, tan personal y “académica”, por llamarlo de algún modo. Así que su comentario no me extraña, pero sé que espera una respuesta por mi parte y se la doy en forma de otra pregunta:

–¿Y tú, qué opinas de eso?

En el fondo espero que me diga algo como “¡qué bien!” o “entonces podemos salir a dar paseítos” o algo así, pero su respuesta me desarma por completo.

–Pues me parece muy bien, pero yo creo que eso debe servir para niños pequeños que se pongan nerviosos si se quedan en casa, como me pasaba a mí cuando era pequeño, o para los que no entiendan bien lo que está pasando. Pero yo estoy muy bien informado y además estamos haciendo estiramientos en casa y me asomo a la terraza muchas veces al día, así que creo que es mejor que no salgamos y nos quedemos en casa para dar ejemplo y ayudar a que todos hagan lo correcto.

A ver, ¿es, o no es para comérselo a besos?

Por eso, porque hay gestos como el suyo en miles de hogares, porque hay personas que no salen en las noticias pero que aportan su grano de arena, he querido hoy rendir un homenaje a esos héroes silenciosos.

Por eso hoy aplaudo yo también. Por todos nosotros, por los sanos y por los enfermos, por vosotros que estáis regalándome vuestro tiempo al leer esto, y por ellos, por todos ellos, que, en la lucha contra el coronavirus, están también hombro a hombro, a nuestro lado.

Gracias.

Adela Castañón

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La tornaboda de Bárbara de Farasdués

#leyendasaragonesas

Compairón. 2, Recortada

Detalle de un compairón o manta de lana que se ponía debajo de la silla de la novia el día de la tornboda, o viaje de la novia a su futuro hogar, la casa del novio.  Museo Ángel Orenanz y Artes del Serrablo.

—¿Qué hace la señora Bárbara a sus sesenta y ocho años vestida de novia a la antigua usanza? —pensé la primera vez que vi la foto—. ¿Adónde va montada en un burro aparejado con silla de novia y un compairón?

No podía dejar de dar vueltas a esas preguntas. De repente me di una palmada en la frente y pensé: “Está clarísimo”. Todo se relacionaba con el viaje de las tornabodas.

Este no es un relato fantástico, no. Es la transcripción casi literal de unas costumbres aragonesas. Unas costumbres que tenían mucho que ver con los matrimonios entre las personas de las casas ricas y con la dote que aportaba la novia en una boda concertada por los padres, a través de un aponderador, que exageraba los bienes y las virtudes de la novia. Es que las hijas eran una carga para la familia y había que casarlas cuanto antes. Pero casarlas bien.

Seguramente nada de esto le pasó a la señora Bárbara de Farasdués. Es posible que en su treintena, moza vieja ya, se apañara con un pastor cinco años más joven y que se fueran a vivir a una de esas casas pobres de la Peñeta. Es posible que se hubieran casado en una misa antes del amanecer sin invitados ni ceremonias. Es posible que, cada vez que viera una boda con la comitiva de la tornaboda, o vuelta a casa del novio, se imaginara a sí misma como la reina de aquella ceremonia que tanto había deseado.

Y también es posible que ella no quisiera morirse sin que alguien la retratara como a las grandes novias, aunque fuera en un burro viejo y no en una yegua.

Los primeros contactos

Y la señora Bárbara no tuvo a nadie que la presentara, ni que la aponderara. Un día que iba a lavar se encontró en el camino con Fulgencio que iba a soltar el rebaño.

—Oye, Barbara, ya va siendo hora de que nos recojamos.

—Pues cuando quieras.

Y así estuvieron unos meses, con encuentros en el camino, en los que se contentaban con una mirada. Un día Fulgencio apoyó la barbilla en la vara con la que dirigía a las ovejas, y sin rodeos le dijo:

—Tendríamos que hablar con el cura para que nos amonestara.

—Lo que tú digas, Fulgencio.

Pero las cosas no se hacían así. Si ella hubiera sido de buena familia, sus padres habrían hecho un contrato con una casa de posibles y con un heredero. Y, si no hubiera habido en el pueblo, habrían hablado con los tratantes y arrieros que todos los días pasaban hacia Ayerbe por el camino de los Trajineros.

Es más, si hubiera hecho falta, habrían ido a la romería de la Virgen de la Sierra de Biel, que allí se concertaban buenas y ricas bodas entre casas en las que el heredero era el rey. Pero seguía viviendo con sus padres y con sus hermanos solteros, los tiones, que trabajaban por la cama y por la comida. A poco más tenía derecho un solterón.

La comitiva

Los novios de esas familias celebraban la boda en la casa de la novia. Unas veces en el mismo pueblo. Otras en un pueblo cercano. Y pocas veces en tierras lejanas. Que así reza el refrán: “El que lejos va a casar o va engañado o lo engañan”.

Pocas comitivas han hecho largas distancias. Algunas fueron notables, como la que fue desde Barcelona hasta un pueblo del Pirineo, en el Valle de la Garcipollera, cerca de Canfranc. En estas distancias, la comitiva se retrasaba hasta el día siguiente de madrugada.

Comitiva desde Barcelona

Comitiva de una boda a su llegada a los Pirineos. Venían desde Barcelona. A pesar del largo viaje, siguen con los caballos enjalbegados y las personas con las ropas de la boda del día anterior. Publicada en Fotos Antiguas de Aragón.

Si eran de pueblos distintos, el novio tenía que pagar la manta a los mozos del pueblo de su novia por haberles robado a una moza. Y, si se negaba, comenzaban las bromas, las cencerrada, o esquilada. Desde el anochecer hasta la madrugada sonaban los cencerros y las esquilas del pueblo en la puerta de la recién casada.

En todos los casos se formaba un largo cortejo, con hombres y mujeres montados en caballerías de gala y ataviados de fiesta. A la llegada recibían a la novia con más festejos. Así la nueva vida de la recién desposada comenzaba como en un cuento de hadas.

A caballo en una yegua engalanada

Y eso es lo que añoraban la mirada triste y el gesto adusto de la señora Bárbara. Pero Fulgencio vivía en una especie de cueva. Para la cama bastarían unas pieles de cabra por el suelo. Y ella llevaría sayas de estameña y una toca negra en la cabeza.

Le habría gustado ser una novia engalanada en una cabalgadura elegante y no conformarse con el viejo burro que con tantos apuros compraron en la feria de Ayerbe.

Le habría gustado lucir un compairón debajo de la silla de la novia y presumir de una manta de lana blanca, tejida en forma de sarga, adornada con gallos, guirnaldas y otros símbolos que aludían la fertilidad que se deseaba para la novia. La futura descendencia aseguraba la continuidad de la casa. Pero eso era un privilegio de las grandes haciendas. La gran aspiración del heredero, conseguir una buena hembra paridora.

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En el compairón nunca faltaba el gallo. En Aragón era el símbolo de la dedicación de la mujer al hogar. Museo Ángel Orenanz y Artes del Serrablo.

Pero el compairón y la silla no estaban al alcance de todos. Entre los ricos se prestaban estos arreos, que era caros para lucirlos solo un día. Lo malo era que todos sabían a quién pertenecían. A veces llevaban la marca de la casa, como los aperos de labranza, las talegas y los ganados.

La silla se encargaba a un buen ebanista. Lo más seguro es que la tallara con el tronco de unos nogales que guardaban para la ocasión. Podría estar pintada de colores y adornada con ramos en forma de corazones. Todo estaba pensado para trasladar a la novia a la casa del que ya era su marido.

Silla de nogal. Recortada

Silla de novia. Museo Ángel Orensanz y Artes del Serrablo.

La señora Bárbara se imaginaba que la ayudaba a subir a una yegua blanca un joven elegido entre los amigos de su novio. Por primera vez en su vida montaba en una silla, a la mujeriegas, y no a escarramanchón, como le había tocado ir siempre encima de una albarda.

A la señora Bárbara no la seguía una comitiva, no. En la foto se ve a unas niñas que miran asombradas, como si estuvieran en las fiestas de Carnaval.

—Marchad todas de aquí —gritó—. Y no me espantéis al caballo que viene detrás con el baúl con mi dote. O con mi pliega, o como la queráis llamar. Que lo importante es lo que lleva dentro.

En ese momento alguien disparó la foto. Y quedó inmortalizada como un fantoche. Pero a sus años la vista le fallaba y la guardó en el fondo de un arca como un tesoro.

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Foto de la entrada sin recortar.

Novia de Farasdués

Publicada por Fernando Ciudad Lacima el 27 de diciembre de 2019, en el grupo de FB, Fotos Antiguas de Aragón, del que soy miembro. Se la cedió José Luis Mincholé Alastuey, de Farasdués. El fotógrafo fue Elias Año Alastuey, un gran aficionado a la fotografía, tío abuelo de Pilar Campos Fornell.

Esta foto, y sus comentarios,  me inspiraron  este artículo. Desde aquí os doy las gracias a todos los del grupo por vuestras extraordinarias colaboraciones.

1929, Farasdués. Comarca de las Cinco Villas. (Zaragoza). Ese año Bárbara Fernández Garcés tenía 68 años. Su marido, Fulgencio Melero Pardo, de profesión pastor, era cinco años más joven. Vivían en la calle Ramón y Cajal, número 8.

Carmen Romeo Pemán

Don Juan Lanzarote, maestro de Alagón

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Un día hablando con Inma Callén en la Biblioteca de Alagón, después de la presentación de un libro, nos dimos cuenta de la cantidad de personas conocidas que teníamos en común, algunas de las cuales habían tenido durante muchos años una gran influencia en la vida de Alagón. Además, Inma conocía mi libro De las escuelas de El Frago y me preguntó sobre él.

—Carmen, ¿cómo es que has escrito un libro sobre las escuelas de El Frago?

—Pues verás, mi padre era de El Frago y mi madre de Biel. Mis abuelos y mis padres fueron maestros de Biel, Mis padres acabaron en El Frago, y yo fui con ellos a la escuela. Por eso me interesaba tanto y recopilé mucha información para ese libro. Pero no la he agotado. Lo de Biel lo tengo sin tocar. Esa es una de mis deudas pendientes.

—Pues mira, Carmen, también en Alagón hubo un maestro que era de Biel, don Juan Lanzarote. Mi padre fue alumno suyo y siempre le he oído hablar con mucho cariño de él. La gente lo recuerda porque fue muchos años maestro aquí e incluso una de las calles de nuestro pueblo lleva su nombre desde hace más de cuarenta años.

—¡Nada! De ese maestro no tengo noticia —le contesté—. Pero es una grata coincidencia. Estoy segura de que esta casualidad es una llamada de don Juan. Entre las dos tenemos que hacer algo por recuperar su figura y su memoria.

—Espera. Aún no lo sabes todo. La salud de nuestro pueblo también estuvo durante muchos años en manos de dos médicos de Biel: don Luis Marco Bueno, sobrino de don Juan, y don Octavio Lanzarote Marco, su hijo. Eran los dos médicos de mi infancia. Aún recuerdo cuando íbamos a la consulta, o cuando venían a casa de visita si estábamos malitos en la cama.

—Pues más a mi favor. Estoy segura de que fue una figura clave en el pueblo.

—¡Claro que sí! —me respondió Inma.

—¿Te animas? —le contesté yo

—¿Buscamos? —me dijo ella.

—Buscamos —le respondí.

Y hasta aquí hemos llegado hoy con lo que hemos podido rescatar. Nos hemos servido de las memorias de los que conocieron los hechos, de las fotos guardadas en los fondos de los baúles, de las notas de prensa amarillentas y de los documentos de los Ayuntamientos de Biel y Alagón. Hemos buscado los expedientes de los alumnos de la Universidad de Zaragoza, los de la Escuela de Magisterio de Huesca, los boletines de educación y las noticias de la prensa histórica, local y nacional. Pero sobre todo, hemos llegado a los documentos y fotografías que la familia de don Juan, representada por su nieta Peña Lanzarote, conserva en su casa de Biel.

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Calle D. Juan Lanzarote.

Como no podía ser de otra manera, este artículo-homenaje está escrito con cuatro manos. Mejor dicho, con seis. Con las de Inmaculada Callén Romero, con las de Peña Lanzarote Subías y con las mías. Y usaré un narrador en primera persona del plural que nos incluya a las tres.

Inma Callén, la bibliotecaria de Alagón, me sugirió el trabajo, me dio el empuje que necesitaba y me ha acompañado en todo el proceso. Inma ha contactado con las instituciones de Alagón, ha entrevistado a los alumnos de don Juan y ha redactado parte de sus notas y recuerdos. De su mano se han llenado de vida estas páginas.

Peña Lanzarote, una de las nietas de don Juan, se ha esforzado en sus aportaciones exhaustivas y generosas. Sin su colaboración este trabajo carecería de verdadera entidad. Peña, como buena historiadora, es la fiel guardiana de los documentos, de la historia y de las esencias de la familia. Lo tiene todo. Ha sido un gozo disponer de su documentación rigurosa y ordenada.  Nos ha aportado casi todas las fotos y, además, ha escrito de su puño y letra las biografías de los tres hijos de don Juan. ¡Gracias, Peña!

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1965. Don Juan Lanzarote Pemán

Don Juan llegó a Alagón el año 1933, cuando estaba en expansión la nueva línea educativa de la II República, que se basaba en los principios de la Institución Libre de Enseñanza (ILE).

Una muestra del nuevo clima en las escuelas de Alagón lo recoge el siguiente artículo de la Voz de Aragón.

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Escuelas Viejas de Alagón.

Alagón. Exposiciones escolares

Lector: no por mi modesto relato, sino porque sé que eres amante de la niñez, porque anhelas que España salga del marasmo cultural y educacional en que estaba remansada, hazme acreedor de coser tu amistad por estas líneas en las que pretendo aportar mi grano de arena al homenaje popular que merecen unos maestros y unos niños que aplican sus conocimientos y su voluntad férrea a su formación en la pedagógica moderna.

Un homenaje a unos maestros y niños que aplican su interés a la elevación del nivel cultural de un pueblo que hasta hace muy pocos años era casi yermo. A 25 km de Zaragoza existe una importante villa, cuyo nombre será el Edén conocido de mis lectores: Alagón.

Está situado en el corazón de la provincia. Regado por el Ebro, el Jalón y el Canal Imperial, con cuyas aguas hacen feracísimas sus tierras. Además de sus excelentes medios de comunicación, existen una fábrica azucarera y otra harinera que asimilan y que aprovechan los productos que rinde esta hermosa vega que, asociada al rigor y a la laboriosidad de sus habitantes, constituye una gran riqueza agrícola.

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Las Escuelas Viejas ocuparon el antiguo Seminario Menor de la Compañía de Jesús, incautado por Carlos III. Todavía se conserva el escudo de la Compañía.

En esta hermosa y populosa villa existen dos grupos de escuelas. Unas unitarias y otras graduadas. En estas escuelas hay unos niños que quieren a sus maestros, y unos maestros que quieren a sus niños y que se complacen en prepararlos para pasar por el borde de la vida sin caer en los vicios que los acechan. Y unas maestras que enseñan a las niñas a mirar más allá de su tocador.

Pues, bien, en estas escuelas se han expuesto durante los días 8 y 9 del corriente mes los trabajos realizados durante el curso 1933 a 1934. Dos días inolvidables para el vecindario, que ha concurrido en pleno a contemplar una exposición, en la que hemos admirado las limpias planas de escritura, los complicados cálculos de matemáticas, las intrincadas artísticas y útiles labores, un verdadero torbellino de preciosos objetos de uso doméstico diario. Y junto a ellos irreprochables adornos.

Estas muestras son fruto de una forma de enseñanza puramente intuitiva, en la que se hace dificilísimo el olvido.

La colaboración y solidaridad humana, ejercitada por estos maestros en los futuros hombres y mujeres alagoneses, nos ha sacado de los recovecos de la rutina. Enseñan al niño a ver, a observar y a concentrar su atención ante las cosas complicadas-

Consiguen unas mentes cultivadas. En pocas horas aprenden más y mejor que durante muchos días de estudios doctrinales.

La entrega del premio a Pascual Sayos se celebrará coincidiendo con uno de los días de las fiestas de septiembre. Y, con este motivo, quiero hacer una observación a nuestro Ayuntamiento: ¿No hay personas que en una u otra forma han contribuido a la consecución de este feliz resultado? ¡No hay duda!

Hay quienes, como nuestro ilustre paisano residente en Barcelona, demuestran que los años de ausencia no mitigan el amor a su pueblo. Y además está el complemento en el celo y entusiasmo que los maestros ponen en la educación de nuestros pequeños.

Y, siendo así, ¿por qué no un homenaje popular que evidencie el agradecimiento y el amor que los alagoneses sentimos por quiénes contribuyen a elevar nuestra vida al nivel de pueblo culto y civilizado?

Vaya mi modesta felicitación, desde estas columnas de la Voz de Aragón, para las maestras doña Paciencia Villacampa, doña Pilar Usón, doña Paquita Zuaza, doña Adelaida Abad, doña Guadalupe Loscos, doña Carmen, doña Amelia N y doña Dolores Serraller. Y para los maestros, don Vicente Orpi, don Francisco Villa, don Mariano Cortés, don Pedro López, don Juan Lanzarote y don Julio Ricarte.

Al Ayuntamiento, a los señores que integran el Consejo Local de Primera Enseñanza y a todos, mi modesto aliento para que sigan con el mismo empeño por el cambio emprendido, que es el camino recto de la noble causa para llegar la redención de nuestra querida España. EL CORRESPONSAL. 14 de julio de 1934.

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Pascual Sayos, Zaragoza, 1869-Alagón, 1948.

 Pascual Sayos Cantín fue un filántropo aragonés que demostró gran amor a su tierra. Recibió la Medalla de Oro de Zaragoza, Alagón lo nombró hijo adoptivo y predilecto, y puso su nombre a una plaza, la antigua plaza del Paredor.

En 1909, don Pascual fundó el Centro Aragonés en Barcelona. En 1934, con 6000 pesetas, creó en Alagón una fundación, para premiar a los niños que se distinguieran durante el curso. En las fiestas de 1934, se repartieron entre los niños de la escuela veinticuatro cartillas de ahorro, con 10 pesetas cada una, producto de los intereses de la fundación. Correspondieron a los siguientes niños: Manuel Jarabo, Antonio Lacámara, Manuel López, Justo Álvarez, Ricardo Sánchez, Luis Laserrada, Hilario Sánchez, Eugenio Roy, Enrique Latorre, José Aparicio, Mariano Pablo, Antonio González, Josefa Ade, María Pascual, Luisa Sobreviela, Margarita Álvarez, Josefina Barca, Josefina Yela, Lucía Bona, Ángela Pascual, Carmen Laserrada y Fernanda Zamora.

Testimonios de sus alumnos

Este ambiente educativo fue el acicate que empujó a don Juan a sacar lo mejor de sí mismo y entregarlo a sus alumnos. Esa, y no otra, es la razón por la que todavía los que fueron sus alumnos lo recuerdan y nos deleitan con anécdotas enternecedoras.

Todos aquellos con los que hemos contactado hablan de él como un maestro serio, recto y con mucho interés por sus alumnos.

Los balcones de la última planta eran los de la clase de don Juan. Mientras visitamos el edificio, oímos una voz que dice: “cuando don Juan subía las escaleras de dos en dos, ese día no se oía una mosca en clase”.

Julio Callén Mora solo estuvo en su clase un curso. Don Juan le encomendó la tarea de preparar la leche en polvo que enviaban los americanos. Cada día echaba en una cuba el agua y la leche en polvo y removía mientras se calentaba. Luego la colaban para quitar los grumos. Al salir al recreo repartían la leche y la mantequilla entre los alumnos y “qué rica nos sabía”, dice él.

Don Juan era maestro en las escuelas viejas, situadas en la plaza de San Antonio, en lo que hoy es la casa de Cultura. Su clase estaba en la tercera planta, y los balcones daban al patio del recreo. Eran clases separadas por sexos. Los niños y las niñas no se mezclaban. Don Juan era maestro de niños de seis a catorce años. También impartía clases de repaso para ampliar estudios y preparar a algunos de sus alumnos para hacer estudios superiores. Eran clases muy numerosas, entre cincuenta y sesenta alumnos, en las que había niños de distintas edades.

Mi padre estuvo con él como maestro de 1950 a 1953. Las clases eran de lunes a sábado, de 9 a 12 de la mañana y de 2 a 4 de la tarde, menos los jueves, que por la tarde había fiesta. También iba a repaso después de clase, donde se hacían problemas y se recitaba poesía en voz alta. Se pagaban 30 pesetas al mes. Recuerdo la sorpresa cuando descubrí que mi padre conocía muchos poemas de memoria, como la “Canción del pirata” de Espronceda, que se había aprendido en su época de colegio y que aún recordaba.

Con otros profesores se salía a la plaza a cantar el “Cara el sol”, pero con él no. 

Escaleras de casa de don Juan

Escaleras de la escuela de don Juan, con una pintura de Goya.

Roberto Casbas, otro de sus alumnos, vivía en la misma plaza que don Juan, justo enfrente, en el Paradero. Un día por la mañana, desde su casa, don Juan vio salir a Roberto. Supuso que iba hacia el colegio, pero aquel día Roberto había decidido hacer pimienta y no asistir a clase. Don Juan, al ver que no había ido a clase, mandó aviso a la madre con algún alumno. Cuando Roberto llegó a casa su madre lo estaba esperando, conocedora de todo. Nunca más faltó a clase.

Ángel Luis Abós Santabárbara también nos cuenta sus recuerdos de la época en que fue alumno suyo:

De los dos cursos, 1949 a 1951, en que asistí a la clase de don Juan, guardo un grato recuerdo de él. Mi memoria lejana está todavía fresca por lo que me resulta fácil exponer la mayor parte de lo acontecido. Comenzaré por pergeñar algunas consideraciones que permitan hacernos una idea de cómo era la educación primaria en ese periodo en el que a don Juan le tocó enseñar.

A grandes rasgos todavía estaba en vigor la Ley Moyano que en 1857 había impulsado la enseñanza primaria obligatoria de los seis a los nueve años con un programa  que comprendía: leer, escribir, contar. Las llamadas cuatro reglas: sumar, restar, multiplicar y dividir. Y rezar. En los años treinta del siglo XX se amplió hasta los doce años y en Alagón ya funcionaban los llamados parvularios mixtos, chicos y chicas, de cuatro a siete años en que se pasaban a los cursos preceptivos con estricta separación de sexos. A petición de los padres los alumnos podían alargar su educación hasta los catorce años.

Escuelas Viejas Reformadas

Las Escuelas Viejas, hoy restauradas. Los balcones de la última planta eran los de la clase de don Juan.

Existían dos escuelas públicas: las “nuevas” o graduadas de la época de Primo de Rivera y las “viejas” ubicadas en el antiguo seminario menor de la Compañía de Jesús incautado por Carlos III que curiosamente lo había patrocinado, como muestra el escudo de la portada. Una línea imaginaria, atravesando la calle Mayor, iba desde la antigua fábrica de tejidos a la Portalada, señalando qué alumnos debían asistir a unas o a otras.

Las Escuelas Viejas estaban estructuradas en tres aulas de párvulos, en la planta baja, y seis, tres de chicas y tres de chicos, en las dos plantas superiores. Unas daban al recreo y otras a la plaza de la Alhóndiga. En esos años no se hacía ningún acto de homenaje a la bandera en las Escuelas Viejas por la sencilla razón de que no teníamos. En cambio se salía de clase en fila entonado canciones patrióticas como “Montañas nevadas, banderas al viento”, “Juventud española descendiente de Fernando e Isabel” o su preferida, “Es tan hermoso ser cadete de nuestra Patria”. Sin embargo, jamás escuché en los labios de don Juan el  “Cara al Sol”, himno de la Falange Española.

La distribución del horario era casi prusiana: de las nueve de la mañana hasta las doce, lloviera, nevara o acantaleara. La rosada y un viento helador en invierno nos ponían las piernas moradas pues llevábamos pantalones cortos de pana. Por la tarde, de dos a cuatro. Por la mañana, las asignaturas más fuertes y por la tarde, Historia Sagrada, catecismo, dibujo y lecturas históricas. El jueves por la tarde era festivo, pero en cambio, el sábado era lectivo incluso por la tarde, que se dedicaba a explicar el Evangelio que después copiábamos de la pizarra en la que don Juan lo había escrito con una esmerada caligrafía. Recuerdo cómo despertó nuestros sentimientos al narrar la parábola del hijo pródigo que dilapidó la herencia y tuvo que comer las bellotas dadas a los cerdos como porquerizo.

El dibujo era una de las actividades que más apreciaba. De su clase salieron excelentes dibujantes que ganaron premios en competiciones escolares.  En aquellos años no había exámenes escritos. O, mejor dicho, el examen era diario pues don Juan preguntaba la lección, corregía las cuentas, la caligrafía, el dibujo y los cuadernos de clase recorriendo los excelentes pupitres bipersonales donados por los hermanos Sayos, verdaderos mecenas del pueblo, cuya placa en la plaza “El Paradero” fue sustituida por la de “Fernando el Católico” en un acto de ingratitud tan corriente en nuestra sociedad.

El sistema que nos motivaba al conocimiento era el puesto que se ocupaba después de la rueda de preguntas. Si uno fallaba pasaba al siguiente que esperaba ansioso por adelantar a su compañero  con una sonrisa malévola. Si faltabas a clase te ponías a la cola. La clase de don Juan funcionaba como una unitaria. Tenía alumnos entre siete y catorce años, en tres secciones. Cada una llevaba una enciclopedia editada por Dalmau Carles Pla: grado Preparatorio, Medio y Superior. Las hojas poco mejor que el papel de estraza y unos dibujos negruzcos y horrorosos.

A la lectura comprensiva y en voz alta formando corro se daba siempre un tiempo importante. Don Juan se acercaba de vez en cuando y hacía preguntas sobre lo leído. A veces enviaba a alguno de los mayores. Los libros de lectura eran muy interesantes. Tenían siempre un sentido moralizante. Fábulas de Esopo, de Tomás Iriarte y de Félix María de Samaniego. Recuerdo uno de la editorial Ezequiel Solana titulado “Lecturas y dibujos”, en el que aparecía una conversación entre un chico mentiroso, Melitón, y su compañero. El diálogo más o menos era el siguiente:

—Mi tío ha cultivado en su huerto una col enorme. Ha utilizado abono y ha crecido tanto que tiene una altura como la ermita de la plaza.

—Es posible, le contestó su amigo. Pues yo este verano he visto en una fundición de los altos hornos fabricar una caldera de acero tan grande que cabe la iglesia y la casa del cura juntas.

—¡Qué barbaridad! Eso no me lo creo. ¿Y para qué iban a querer una caldera tan grande?

—Pues para cocer la col de tu tío.

Recuerdo a don Juan Lanzarote frisando los cincuenta. Debió tomar posesión de su plaza como docente hacia los primeros años treinta ya que presidió la mesa electoral en la que mi padre actuó como secretario en 1933. Elegante, espigado, enjuto, cano, solía subir las escaleras de la clase de dos en dos. Nada más abrir la puerta se hacía un silencio que se podía cortar. Vestía chaleco con corbata y americana. En clase, se enfundaba en una bata grisácea, a modo de guardapolvos. Una alianza de oro siempre reluciente era su única joya en unas manos fibrosas y huesudas.

Una de las anécdotas que me quedó grabada estaba relacionada con un libro de lecturas. Estábamos leyendo en corro, como siempre, en el lateral de la clase en cuyo muro colgaba un gran reloj visible desde el último rincón. En aquellos años teníamos la risa fácil. Cualquier cosa nos hacía soltar la carcajada pero en clase procurábamos contenernos, sobre todo si don Juan lanzaba su penetrante mirada. Todavía estaba vigente el racionamiento del pan, aceite y alimentos de primera necesidad. Alagón disfrutaba de una red de acequias que fecundaba una rica huerta proporcionando abundancia de verduras, frutas y hortalizas. Muchas casas tenían su propio huerto.

Pues bien, en segundo año de primaria estábamos leyendo una poesía titulada “La tentación”. Un canto al respeto por la propiedad privada muy en consonancia con el décimo mandamiento del Decálogo o Tablas de la Ley Mosaica: “no codiciarás los bienes ajenos”. Si no recuerdo mal decía así:

“Qué linda en la rama la fruta se ve./ Si lanzo una piedra tendrá que caer./ No es mío ese huerto. No es mío lo sé./ Mas yo de esa fruta quisiera comer./ Más no, no me atrevo. Yo no sé por qué. / Parece que siempre sus ojos me ven. / Papá no querría besarme otra vez /Mamá lloraría de pena /Mis buenos maestros dirían tal vez / Que niño tan malo, no jueguen con él. / No, no me atrevo yo nunca lo he de hacer./ Llegando a mi casa sonrisas tendré, abrazos y besos y frutas también”.

Unos días antes habíamos echado la habitual “barda”, es decir, saltar los setos de los huertos para comer fruta. Esta vez entramos en el “huerto del cura” y nos arrastramos por un desvío de la acequia del “Cascajo” para hurtar unos olorosos y amarillentos membrillos. La lectura de aquellos versos provocó en mi compañero de aventuras una risa desternillante que terminó por contagiarse al resto del corro. La algarabía atrajo a don Juan que nos obligó a contarle los hechos mientras él mismo esbozaba una sonrisa indulgente. Eso sí, tras el correspondiente reniego y la promesa de que no volveríamos a perpetrar tan abominable crimen. 

Antonio Higueras García nos trae una fotografía de su época de estudiante con don Juan, y su libro de escolaridad, escrito y firmado por el maestro.

Antonio Higueras GarcíaCartila de escolaridad. 1 hojaCartilla de escolaridad de Antonio Huigueras

Cartilla de escolaridad. Notas

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¿Quién era y de dónde venía don Juan Lanzarote?

08. 1902 Los lanzarote

Algunos de los hermanos Lanzarote Pemán en Zaragoza en 1902. Don Juan, abajo a la izquierda de la fotografía, con sus padres: Francisco Lanzarote Artieda, (Biel, 1852-1912), casado en 1882 con Felicia Pemán Navarro, (Biel, 1862-1926). De pie y con toca negra, “el ama seca” de casa el Moreno.

Juan Lanzarote Pemán, natural de Biel, en 1933, llegó de maestro a Alagón con el empuje de su juventud y con una familia recién creada. En 1929, estando de maestro en Pradilla de Ebro, se casó con Isabel Marco Sampietro, la hija de su maestro.

06. 1958 circa album Juan e Isabel

Juan Lanzarote Pemán, (Biel, 1895-Alagón, 1992) y su mujer Isabel Marco Sampietro, (Biel, 1895-Alagón, 1974).

Juan Lanzarote Pemán

En la villa de Biel a las once de la mañana del día 22 de junio de 1895 ante don  Fernando Sánchez, juez municipal, y don Felipe Coiduras, secretario, compareció don Francisco Lanzarote Artieda, natural y vecino de esta villa, casado, de oficio Comerciante, y que vive en la Calle del Burgo nº. 4.

07. 1902 Frco Lanzarote Artieda

Francisco Lanzarote Artieda, (Biel, 1852-1912). Zaragoza, 1902.

Presentándose con el objeto de hacer la inscripción en el Registro Civil de un niño y al objeto, como padre del mismo, declaró: Que dicho niño nació en la casa del declarante el día 22 del corriente mes a las 11 de la mañana. Que es hijo legítimo del declarante y de su mujer doña Felicia Pemán. Que es nieto por línea paterna de los ya difuntos don Mariano Lanzarote Piteus y María Artieda, esta natural que fue de Isuerre y vecina de esta Villa, de oficio pelaires que fueron. Y por línea materna de Mauricio Pemán y de Rosa Navarro. Que al expresado niño se le había puesto el nombre de Juan sin que haya expresado otras circunstancias. Todo lo cual presenciaron como testigos Celedonio Arenaz y Francisco Navarro de este domicilio. Leída la presente acta, e invitadas las personas a que la leyesen por sí mismas, deben suscribirla si así lo estimaban por conveniente. Se estampó en ella el sello del juzgado municipal y la firmaron el señor Juan, declarante, y los testigos de todo ello. Como Secretario, certifico. (Archivo del Ayuntamiento de Biel).

Estudios y destinos

Realizó los estudios primarios en Biel con don Manuel Marco Bonaluque, un maestro que tanto iba a significar en su  vida profesional y familiar.

23. Manuel Marco Bonaluque

Manuel Marco Bonaluque, maestro de maestros, (El Frago, 1858-Biel, 1927).

Don Juan estudió Magisterio en la Escuela de Maestros de Zaragoza. Ingresó en 1909 y obtuvo el título de Maestro Superior en 1917. Ese mismo año fue de interino a Fanlo, Huesca. Al año siguiente, 1918, aprobó oposiciones en Huesca. Y, como era la norma,  en 1919 lo nombraron interino por un año y lo mandaron a Ceresuela, Huesca. Al año siguiente le dieron el destino definitivo en Alforque, donde estuvo cuatro años.

En 1923 llegó por traslado a Remolinos, allí ejerció cinco años, hasta que consiguió una permuta a Pradilla de Ebro.

Desde 1927  hasta 1933, cinco años en Pradilla.

09. 1927. Alumnos Pradilla 1927_1933

1927. Don Juan con los alumnos de Pradilla de Ebro.

Se aprueban las permutas de cargos entre Juan Lanzarote, maestro de Remolinos, y don Timoteo Mustiones, de Pradilla de Ebro, Zaragoza. (El Sol. 29/4/1927).

PARTIDA DE MATRIMONIO. AÑO 1929. El 17 de junio, Juan Lanzarote Pemán, maestro, de 33 años, domiciliado en Pradilla de Ebro, hijo de  Francisco y Felicia, comerciantes, se casó con Isabel Marco Sampietro, de 34 años, hija de Manuel Marco Bonaluque, natural de El Frago, maestro propietario de Biel, y doña Isabel Sampietro Gállego, vecinos de esta localidad. (Cfr. Archivo del Ayuntamiento de Biel).

10. Libro de familia

La Voz de Aragón también recogía la noticia.

Han contraído matrimonial enlace en Biel, el culto maestro nacional, don Juan Lanzarote Pemán, con la bellísima señorita, Isabel Marco. Por el reciente luto de la familia de la novia, la boda se celebró en la intimidad. Los recién casados salieron de viaje de novios para Zaragoza, Madrid, Barcelona y París. (18/06/1929).

11, 1929. Boda de Juan e Isabel

Foto de novios.

La novia estaba de luto porque el 13 de febrero de 1927 había muerto su padre, Manuel Marco Bonaluque, y el 19 de septiembre del mismo año su hermano Marino Marco Sampietro. Lucía un vestido de crep de seda negro. Se lo hizo su amiga Ramona Longás, conocida como Montxa, (Biel, 1900-Barcelona 1985). Ramona se colocó de modista en Barcelona y, en 1938, se casó con el arquitecto Josep Luis Sert. Sus nietos conservan el vestido de su abuela como una auténtica pieza de museo.

1933-1955. Veintidós años de maestro en Alagón

13. Casa de don Juan en Alagó

Postal  antigua de Alagón. Cuando llegaron, don Juan y su familia se instalaron en la segunda casa, la de los balcones. Después se mudaron varias veces: a la Avenida de Zaragoza 3, a una casa encima del bar Avenida y, finalmente, al 23 de la misma calle.

De Pradilla a Alagón. Don Juan Lanzarote Pemán que ocupaba el grupo C, desde el 19 de mayo de 1927, fue destinado a Alagón, a la escuela unitaria número 3, serie B. (El magisterio español: junio de 1933).

Ha tomado posesión de la escuela de Alagón don Juan Lanzarote. (La Voz de Aragón: 22/09/1933).

12. Escuelas viejas. Don Juan

Al crecer el pueblo se dividieron las escuelas en dos grupos escolares: las escuelas nuevas y las viejas. Y don Juan se quedó en las viejas.

Desde 1955 hasta 1962: once años maestro en Zaragoza

Cuando su hijo Octavio iba a comenzar la carrera de Medicina, don Juan solicitó el traslado a Zaragoza, pero no se lo concedieron hasta que ya la había terminado. Lo destinaron al grupo Alférez Rojas, una sección dependiente del de Juan José Lorente, la escuela del Barrio Oliver.

A su sobrino Luis Marco le tocó la lotería

12. Luis Marco Bueno 1962 el 6 de Enero Lotería_2

Don Juan, su mujer y su hija Carmen, junto con otros familiares de Biel, acudieron a la celebración del evento y pasaron allí unos días de las vacaciones de Navidad.

13, Luis Marco con su 600

El coche del médico.

En 1965 le llegó la jubilación

Un año antes, el 27 de noviembre de 1964, Día del Maestro, recibió la Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio.

Y en 1965 se jubiló en el grupo escolar Alférez Rojas, una sección del grupo Juan José Lorente. Como premio a su trayectoria educativa, recibió el diploma de Maestro Distinguido, dotado con un premio de 10.000 pesetas. (BOE, 31/08/1965).

14. 1965 jubilacion restaurante Eliseos Zaragoza

En la comida de jubilación. Don Juan y su esposa en el restaurante Elíseos de Zaragoza.

En este punto, la familia Lanzarote nos ha facilitado un documento excepcional, que no podemos transcribir de forma completa por razones de espacio.

Se trata de una carta personal que Marino le escribió a su hermana Carmen, que no pudo asistir a los actos. En esos momentos se estaba formando para monja en Instituto Misionero Secular, en la casa de Vitoria.

La carta da noticias por lo menudo de los actos de la jubilación. Comienza con las actividades de los alumnos en el colegio. Reseña la misa en la que el cura comparó a don Juan con la figura del Evangelio. También da cuenta del vermú, en el Club Radio Zaragoza, donde se juntaron con otros maestros. Son sabrosos y originales los detalles de  la comida en el Restaurante Elíseos. ¡Hasta la disposición de los comensales!

Resulta muy jugosa la síntesis de los discursos. Don Juan fue piropeado por todos los que tomaron la palabra. El director llegó a decir que preferiría no seguir de director a no tener a don Juan. El concejal, como buen político, anduvo por las ramas.

Sus palabras fueron totalmente ególatras. No hizo más que elogiarse a sí mismo como libertador de los maestros del Barrio Oliver, que los sacó del inmundo grupo que tenían y que, gracias a él, se habían hecho tantas y tantas cosas en las escuelas de Zaragoza.

El discurso certero lo llevaba en sus labios el inspector, que conocía bien a los dos maestros sobresalientes de Biel: a don Juan y a don Constantino Pemán Otal (Biel, 1881-1968), mi abuelo materno.

El broche lo dio el señor Marín, inspector y director del grupo Escolar Gascón y Marín. Un señor extraordinario que habló poco, pero nos llegó a todos muy profundo. Lo comparó con don Constantino.

En fin, todo terminó allí, con las despedidas de rigor y las emociones por parte de todos.

Juan Lanzarote. Tarjeta comprador 1955 Zaragoza

Siguieron viviendo en Zaragoza hasta que en 1970 fijaron su residencia con su hijo Octavio, médico de Alagón, donde pasaron los últimos años.

En los veintiún años de Zaragoza, cambiaron varias veces de domicilio. Mientras trabajó vivieron cerca de la escuela. Primero en la Avenida de Madrid 116 y luego en la avenida Navarra 36. Cuando jubiló pasaron algunas temporadas intermitentes entre   Sagasta 78 y Alagón.

De nuevo en Alagón

Ya estaban jubilados, pero volvieron a vivir a Alagón con Octavio, a la Avenida de Zaragoza 3. El mismo año que murió Isabel, 1974, Octavio se casó con Olga Borges y se cambiaron a un nuevo piso, donde don Juan vivió los últimos años de su vida.

02. Placa de la calle. 2

En 1973, en la sesión celebrada en el Ayuntamiento de Alagón el día 13 de febrero, se leyó un escrito firmado por numerosos vecinos de la localidad en el que solicitaban que se le dedicara una calle a don Juan Lanzarote Pemán: En atención a los numerosísimos méritos a que se hizo acreedor durante los años que prestó sus servicios.

El merecido descanso en Biel

Cementerio de Biel

Cementerio de Biel  A la derecha las Lezas y a la izquierda, abajo, el cauce del Arba.

Cuando falleció don Juan, exhumaron el cadáver de su  mujer, que estaba enterrada en Alagón, y los llevaron al cementerio de Biel. Desde allí, con sus tres hijos, escuchan el rumor del agua del Arba y contemplan las Lezas, cerca de la casa que conserva vivos sus recuerdos.

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El entramado familiar. Hermanos, cuñados, sobrinos y sus tres hijos

A finales del siglo XIX, los padres de don Juan construyeron una casa en la calle El Burgo, 4, conocida como casa Lanzarote. Cuando la heredó su hija Julia, casada con Victorino Mallén, un veterinario destinado en Biel, pasó a llamarse casa el Veterinario, como la conocemos hoy.

Como ya hemos dicho, era hijo de Francisco Lanzarote Artieda, confitero, y de Felicia Pemán Navarro, de casa Mauricio, una familia de clase emergente.

Los hermanos

18, Casa el Veterinario. Rebajada

Aquí nacieron don Juan y sus hermanos.

De los doce hermanos solo sobrevivieron ocho. El año 1911, en el libro del Cumplimiento Pascual de Biel, podemos leer una relación de los padres y de los hermanos supervivientes.

Francisco Lanzarote 59, casado. Felicia Pemán 48, casada. María Lanzarote 29. Enrique Lanzarote 23. Mariano Lanzarote 21. Julia Lanzarote 18. Juan Lanzarote 15. Francisco Lanzarote 12. Encarnación Lanzarote 10. Valentín Lanzarote 6.

María Candelaria (1883-1884), murió al año de nacer.

María Anunciación (1884-1886), vivió dos años.

09. 1930. Biel. Lanzarote, María y Marco, Isabel. 5 de julio

 

María Magdalena (Biel, 1885-1974), se casó en 1913 con Celedonio García Alvarado (Biel, 1874-1950), secretario del Ayuntamiento. Fueron los padres de Manuel García Lanzarote (Biel, 1914-1946), un químico con un puesto importante en Bilbao.

Biel, 1930. Las cuñadas. Detrás, de pie, María, la hermana de don Juan. Delante, sentada, Isabelita, su esposa. Viste de negro porque año anterior se habían muerto su padre y su hermano.

Pedro Enrique (Biel, 1887-Argentina). Emigró y no volvió.

Mariano (Biel, 1888-Buenos Aires, cementerio de las Chacaritas, 1955).

Francisco (Biel, 1890-1891). Murió al año. Después, para recordarlo, según la costumbre, llamaron Francisco a otro de sus hijos.

Esquela Julia Lanzarote 1982

Julia (Biel, 1892-1982). Se casó con Victorino Mallén Moreno (Murillo de Gállego, 1892-Biel, 1959), un veterinario destinado en Biel.

Fueron los abuelos de los hermanos Duque Mallén. Desde aquí mi recuerdo a las que fueron mis alumnas en el instituto Goya de Zaragoza.

Antonia Moreno, de Mallen

Antonia Moreno (Alagón, 1868-Murilo de Gállego, 1929), Madre de Victorino.

 

 

Gracias a Ricardo López Mallén, sabemos que la madre y la abuela de Vitorino Mallén, cuñado de don Juan, fueron maestras en ejercicio y nacieron en Alagón.

Victorino Mallén. Cuadro recortado

 

Juan (Biel, 1895-Alagón, 1992). Maestro. Se casó con Isabel Marco Sampietro (Biel, 1894-Alagón, 1974).

31. 1925 Juan y Francisco Lanzarote. Victorino Mallén y otro.

 

Biel. 1925, En el centro está don Juan con su hermano Francisco y con su cuñado Victorino a la derecha. No reconocemos a los otros de la foto.

 

 

 

Francisco, “don Paco”, (Biel, 1898-Huesca, 1996). Se casó con Josefina Lasheras Navarro (Biel, 1907-1990), de casa Manolete. Tuvieron tres hijos: Francisco, María Pilar y Rosario. Estuvo de maestro en Biel en dos ocasiones. En su última etapa sustituyó a Constantino Pemán Otal cuando se jubiló.

Esquela Francisco (Paco) Lanzarote

Ana Felicia (Biel, 1900-Zaragoza, 1901). Murió al año.

Encarnación (Zaragoza, 1902-Biel, 1919), murió soltera.

Valentín (Biel, 1903-¿?), falleció en el Seminario de Jaca, donde estaba estudiando.

La casa de Manuel Marco

En 1898 Manuel Marco Bonaluque  le compró una casa a Daniel Dieste Morlans, de casa Perico Matías, en la calle Mayor, 24. La tiró y construyó una nueva. Así nació la casa de Manuel Marco, en su momento una de las más altas de Biel.

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Casa de Manuel Marco, 1898. Entre el balcón de casa Caudevilla que atraviesa la calle y la carnicería vieja

Después, en 1909, su hijo Marino, con motivo de su matrimonio, la amplío con la carnicería. Y así la he conocido yo siempre. En esta casa de la calle Mayor, 24, nacieron los tres hijos de don Juan.

22. 1912 JManuel Marco 1912 circa

Casa de Manuel Marco. Calle Mayor 24, Biel.

La familia de su mujer: Isabel Marco Sampietro

20. 1930. Isabelita Marco

Isabelita en 1930.

 

Era hija de Manuel Marco Bonaluque (El Frago, 1858-Biel, 1927), maestro, recaudador de impuestos y juez de paz, y de  Isabel Sampietro Gállego, (Biel, 1863-1938).

De los nueve hijos de Manuel Marco Bonaluque, solo sobrevivieron Marino e Isabel Manuela Pabla.

En 1884, ya casada y residente en Fuencalderas, se matriculó en la Escuela de Maestras de Huesca. Ese mismo año nació su primogénito, Marino, y abandonó los estudios.

Cuñados y sobrinos

Marino Marco Sampietro se casó con Delfina Bueno Garza maestra titular de Biel y fueron padres de sus cinco sobrinos:

Rosario (Biel, 1911-Alagón, 1966), Teresa (Biel, 1913-Madrid, 1977), José Manuel (Biel, 1916-Sabadell, 1978), Marino (Biel, 1918-Zaragoza, 1973) y Luis (Biel, 1919 -1982).

24. 1910 Marino y Delfina 1910 Boda

Boda de Marino Marco Sampietro (Biel, 1884-Biel, 1927) y Delfina Bueno Garza (Agüero,1882-Alagón, 1963).

25. Delfina y sus cinco hijos

Biel, 1923. Doña Delfina con sus cinco hijos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El pequeño, casado con Escolástica Marco Marco (Biel, 1922-Alcañiz, 2005), ejerció de médico en Alagón desde 1944 hasta que falleció a los 62 años.

Escolástica y sus amigas de Alagón

Escolástica, con abrigo blanco, y un grupo de amigas de Alagón.

Luis Marco Marco, el hijo de Luis Marco Bueno, nos comentaba:

Mi padre estuvo en Ansó y se trasladó a Alagón porque mi tío Juan le dijo que allí había mucho trabajo y se ganaba bien. Todavía no existía la Seguridad Social. Lo importante eran  las “igualas” y la actividad privada. Me acuerdo perfectamente de nuestro tío Juan rellenando los recibos que se cobraban a las familias según su poder adquisitivo.  El que más pagaba, 25 pesetas al mes, era un tal “Santos el Gitano”, tratante de ganado, porque eran muchos de familia. Estas cosas se las oía comentar a mi padre con mi tío Juan, mientras yo ponía un sello con la firma de mi padre.

Los tres descendientes de don Juan

Sus tres hijos nacieron en Biel, atendidos por Amado Mínguez Biel, (Sos, 1897-Biel, 1984). Llegó de médico en 1923 y en 1926 se casó con Luisa Pemán Coiduras (Zaragoza, 1905-Biel, 1981), de casa Mauricio, es decir, con una prima hermana de don Juan.

Este es un buen momento para recordar a la saga de parteras de Biel, todas bien experimentadas, que acompañaban, o sustituían, a los médicos en los partos. Eran las que inscribían a los expósitos y a los hijos de padres desconocidos en el registro civil. En 1898, a los ochenta años, falleció la primera de la que tenemos noticia, María Salias Gastón, hija de los maestros Francisco Salias, natural de Jaca, y Ramona Gastón, de Ansó. En 1892 su hija Dionisia Muñoz Salías ya aparece en algunos partos como sustituta de su madre. Y en los años cuarenta, una de las últimas fue Melchora de Matiero.

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Octavio (Biel, 1930-Zaragoza, 1992), Marino (Biel, 1932-Zaragoza, 1999) y Carmen (Biel, 1935-Barcelona, 2015). Foto de 1940.

Octavio Lanzarote Marco nació en la casa de sus abuelos maternos. En la partida de nacimiento consta así:

Hijo de don Juan Lanzarote Pemán y doña Isabel Marco Sampietro de 35 años ambos de edad. Él Maestro Nacional y ella dedicada a sus labores, naturales de esta villa y vecinos de Pradilla de Ebro (Archivo del Ayuntamiento de Biel, nacimientos de 1930).

Estudió Medicina, entre 1947 y 1953. Se casó en 1974 con Olga Borges Barreto (Máguez, Lanzarote, 1939), una joven que había sido la madrina en la Inauguración del Campo Fútbol Máguez, una aldea de Haria, en el norte de la isla de Lanzarote. En 1972, Olga vino de excursión a la Península, conoció a Octavio en Zaragoza, en la plaza de la Seo. Se casaron en Las Palmas de Gran Canaria y fijaron su residencia en Alagón.

La historia laboral de Octavio resultó un poco movida. En 1954, comenzó en el Hospital Militar de Melilla. Pero al año siguiente, 1955, ya estaba en Torres de Berrellén.

30. 1959 Octavio Lanzarote en la consulta Castejon de Valdejasa

1959, Octavio Lanzarote Marco (Biel, 1930-Zaragoza, 1992), en la consulta de Castejón de Valdejasa.

En 1957 aprobó las oposiciones a Médico Titular y estuvo dos años en el Sanatorio de Agramonte, donde ejerció de forma privada. En 1959 lo nombraron Médico Titular de Castejón de Valdejasa.

Diez años después ejerció en Pradilla de Ebro, como su padre, y durante muchos años, hasta que murió su primo Luis, compartieron la consulta la Avenida de Zaragoza de Alagón.

En 1979 le concedieron la titularidad de Alagón. Y durante un tiempo tuvo agregado Cabañas de Ebro.

Marino Lanzarote Marco. También nació en la casa de sus abuelos maternos. En 1952, aprobó el grado de Perito Mercantil en la Escuela Profesional de Comercio de Zaragoza. Desde 1944 su padre lo preparó en casa y se examinó como alumno libre.

A la vez que estudiaba comenzó a trabajar de recadista en la La Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza, Aragón y Rioja (CAZAR) de Alagón. En 1949 ingresó de auxiliar, por oposición, en el Cuerpo de Empleados de la CAZAR. De los 138 candidatos, y de los 15 aprobados, obtuvo el número uno.

En 1954 se licenció del servicio militar y lo nombraron comisionado para aclarar la campaña de remolacha. Por su buena gestión, lo eligieron delegado de la sucursal de nueva creación en Fuentes de Ebro. En 1958 se trasladó a Graus, Huesca, como delegado de comarca. Allí se casó con María Peña Subías Borgoñó y fueron los padres de: Peña, Isabel, Pilar, Marino y Javier Lanzarote Subías

35, 1960. Marino y Peña

Marino Lanzarote Marco (Biel, 1932-Zaragoza, 1999) y María Peña Subías Borgoñó (Graus, 1939).

En 1969 ascendió a jefe de la Cuarta y lo trasladaron a Calatayud. Allí fue director de la sucursal de Calatayud y zona.

En 1972 pasó a la sucursal de la Plaza de La Seo de Zaragoza. Precisamente allí conoció a su futura cuñada Olga Borges.

Y posteriormente a la Avenida de Madrid donde su hija Isabel, siguiendo sus pasos, encontró a muchas personas que lo recordaban con mucho cariño

En 1992, se jubiló en la Central de la Plaza de Basilio Paraíso.

Carmen Lanzarote Marco (Biel, 1935-Barcelona, 2015). Maestra Nacional y Guía Turística de Mallorca.

33, 1941 Comunion de Carmita

1941. Primera Comunión de Carmen, conocida como “Carmita”.

En marzo de 1957 aprobó las oposiciones en Huesca y en septiembre de 1958 se incorporó a la escuela de Biscarrués. En 1959 estuvo en Aladrén y en 1960 en Alcubierre.

En 1962 solicitó una excedencia de tres meses para estudiar Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca. Volvió a acabar el curso a su escuela y solicitó una excedencia voluntaria para incorporarse al Instituto de Misioneras Seculares (IMS). Desde 1963 hasta 1965 siguió estudiando en el Centro de Cultura Religiosa de Vitoria y obtuvo el título de profesora de Religión Católica.

En 1966 la admitieron a participar en el examen de Guías de la provincia de Mallorca, con la condición de que presentara el título de Maestra Nacional y que el Consejo Nacional de Educación equiparara dicho título al de Bachiller elemental.

Desde 1969 hasta 1974 en el Patronato de Villacarlos, Baleares. En mayo de 1969 reingresó en los Patronatos Diocesanos. A través del Centro Fernando el Católico de Zaragoza, se incorporó en el Patronato de Villacarlos, donde estuvo hasta 1973. Ese año la destinaron a un patronato de Manacor, también en Baleares, sin consumir la plaza. Así que su destino seguía siendo Villacarlos hasta agosto de 1974

11. Carmita. La segunda. Lleva las trenzas

Carmen, la segunda por la derecha, lleva coletas.

Como su madre se encontraba muy débil, intentó acercarse a Zaragoza. En 1974, siempre con el Patronato, consiguió colegio nacional “Onésimo Redondo”, actualmente CP Gaudí, de Barcelona. Y en enero de 1979 ganó la plaza por concurso.

Para complementar su carrera, estudió catalán y francés. Realizó algunos cursos oficiales con la Generalitat y obtuvo el Certificado de Nivel que le permitía dar clases en catalán en asignaturas de primaria. Además, había cursado hasta tercero de francés en la Escuela Oficial de Idiomas.

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Hoja de servicios de Carmen Lanzarote.

En 1995 se jubiló. Pero su vida siguió con una actividad frenética. Trabajó como voluntaria social en las cárceles de mujeres de Barcelona y en la casa de acogida Lligam, destinada a las mujeres maltratadas y a las presas para reinserción.

Jubilación de Carmita en Biel

Jubilación de Carmen en la sala del piano de su casa de Biel. Junto a ella, sus compañeras de piso Justa y Covadonga, su hermano Marino, su cuñada Olga y la familia. Biel, 1995.

Y, sin desaliento, se siguió formando para obtener todos los requisitos que exigía su nueva labor. Al mismo tiempo, se involucró en la vida de su barrio de La Sagrera. Entre otras cosas, asistía a la coral de padres que tenía la escuela del barrio.

1940 Juan Lanzarote_0003 Tres hijos Escuela 1940

Los hermanos Lanzarote Marco  fueron a las escuelas públicas de Alagón.

Para terminar

Don Juan llegó a Alagón en plena efervescencia de una educación influida por el modelo de la Institución Libre de Enseñanza (ILE) y supo conjugar los principios educativos institucionistas con su preocupación social y su bondad natural. Era un hombre machadiano, “en el buen sentido de la palabra bueno”.

Nunca olvidó sus raíces rurales ni la buena preparación que recibió en la escuela de Biel. Y quiso repetir, de forma renovada, el modelo de su maestro, don Manuel Marco Bonaluque, de quien fueron dos alumnos destacados él y su buen amigo, Constantino Pemán Otal. Precisamente los dos juntos fueron recordados y elogiados por el inspector en la jubilación de don Juan.

Además de un buen maestro, ejerció de mentor, dio clases particulares y preparó a muchos de sus alumnos para que obtuvieran el premio Pascual Sayos y a otros para que salieran a estudiar fuera. Incluso preparó a su hijo Marino en los estudios de Perito Mercantil, que los realizó como alumno libre desde Alagón.

Su última etapa la dedicó a alfabetizar el Barrio Oliver, y recibió el diploma de Maestro Distinguido.

Junto con otros maestros contribuyó a elevar el nivel cultural de Alagón. Sus ideas calaron muy hondo. Hoy los hijos de sus alumnos, al calor de Inma Callén, hija de Jesus Callén Bazán, un alumno de don Juan, han hecho un nido de gran altura humana y cultural en la Biblioteca de Alagón.

Carmen Romeo Pemán

 

Nota sobre la foto del comienzo. 1934. Don Juan Lanzarote con sus alumnos de Alagón.

Japón en mi mirada

Conocer Japón era una de las ilusiones de mi hija Marta. Y en noviembre de 2019 esa ilusión se cumplió. Os confieso que me encanta viajar y cuando tropecé en Facebook con la oferta de Savitur decidí que era un buen momento para romper la hucha. Fue una decisión de la que cada día me alegro más. Y no solo porque mi hija hizo realidad su deseo, sino porque resultó ser una experiencia maravillosa y, desde que volvimos, le tengo ganas a contar algo sobre el tema.

Primero pensé en traerme alguna leyenda local, ya sabéis, lo mío son los relatos y los cuentos, pero luego se me ocurrió que era una buena ocasión para tocar otros registros de escritura y que sería interesante recopilar costumbres, anécdotas, información y cosas así. Sin embargo, tampoco eso me acababa de convencer. Y de tanto darle vueltas al asunto vi que se me escapaba el tiempo entre los dedos y todo quedaría en agua de borrajas. Así que hoy he decidido que ya toca ponerme a la tarea. Este escrito no será un relato, ni un artículo en sentido estricto, ni un diario de viaje. Será todo eso y nada, así que no sé bien cómo llamarlo. Hablemos, si queréis, de reflexiones que quiero compartir mientras os cuento un poquito por encima lo que viví, sentí y pensé del 2 al 12 de noviembre. Voy a ilustrar mi texto con un montón de fotos preciosas, y solo por verlas vale la pena seguir adelante. Porque, para colmo de bienes, tuvimos un tiempo magnífico que nos permitió a todos los del grupo traernos unas imágenes que siempre serán el recuerdo imborrable de una preciosa experiencia.

Y, dicho todo eso, voy al lío. Estáis invitados a subir a bordo.

Día 1

Si a alguien le echa para atrás lo de las horas de vuelo, os aseguro que no es para tanto. De Málaga a Estambul son algo más de cuatro horas, que tampoco resulta disparatado. Conozco ya unas cuantas compañías y mi experiencia con Turkish Airlines ha sido muy satisfactoria. Hicimos con ellos los cuatro vuelos de ida y vuelta, y solo puedo hablar bien de los viajes. De Estambul a Tokyo es cierto que se tarda más de once horas, pero hay cantidad de factores a favor: los asientos son confortables, hay un buen surtido de películas y entretenimiento, te dan auriculares de los cómodos, no de esos de pinganillo que martirizan a cualquiera cuando se lleva un rato con ellos, las comidas, dentro de lo que son las comidas de los vuelos, son bastante sabrosas, te proporcionan también una manta, almohada, una bolsita de aseo con un antifaz, calcetines y zapatillas de viaje… Si pensamos en todo eso me creeréis cuando os diga que los viajes no se me hicieron nada pesadicos, como diría mi querida amiga Carmen Romeo. A la ida, me iba relamiendo cuando soñaba con todo lo que me esperaba al aterrizar. Y la vuelta estuvo repleta de los buenos recuerdos y experiencias, así que os animo a que, si tenéis ocasión, no dejéis de conocer Japón.

Vale. Ya estamos allí. En el aeropuerto de Narita. Y aunque arrancamos perdiendo a uno del grupo, la oveja perdida regresó pronto al redil. Todo quedó en una anécdota simpática que no estropeó para nada el buen ambiente del grupo. Y eso que éramos cuarenta y una personas. Pero a pesar de los numerosos participantes en ningún momento Mónica Espinosa, nuestra guía, perdió la sonrisa ni la calma. Porque eso, hacer el viaje en compañía de profesionales, sí que os lo aconsejo, y más en destinos tan lejanos. Yo he viajado por mi cuenta, y en grupo. Y, para viajes como el que nos ocupa, me consta que yendo por mi cuenta no habría disfrutado ni aprovechado ni la cuarta parte de lo que me he traído de vuelta al ir con todo organizado por Savitur. Pero me voy por las ramas. ¿Dónde estábamos? ¡Ah, sí! En el aeropuerto de Narita. Pues nada, con ayuda de Yuki, nuestra guía local, subimos al autobús que nos llevó al hotel donde pasaríamos nuestra primera noche en Japón. La recepción y distribución de habitaciones se hizo en un momento, tanto ese día como en el resto del viaje. Daba gusto llegar a los hoteles y encontrarnos en los cuartos en un abrir y cerrar de ojos. Y, además, con el detalle añadido de que las habitaciones de los que íbamos en grupos solían estar contiguas o en la misma planta. Esas menudencias son las que marcan muchas veces la diferencia en cuanto a sentirte más o menos atendido, ¿no os parece?

Después de tantas horas de vuelo caí en la cama rendida. Ni siquiera me asomé a la ventana. Pero cuando sonó el despertador y me levanté, descorrí las cortinas y me encontré con esta imagen un poco onírica donde la noche y el día se daban la mano.

Amanece en el hotel de Tokyo

Amanece en el hotel de Tokyo

A lo lejos, el sol queriendo asomar entre nubes y miles de puntitos brillantes llenos de promesas. Y, a mis pies, un escenario atemporal con un jardín entre luces y sombras donde podría ocurrir cualquier historia en cualquier momento y a cualquier persona. Sonreí antes de cerrar las cortinas y me sentí feliz al pensar que empezaba nuestra primera jornada y que estaría repleta de descubrimientos.

A la hora del desayuno todos presentábamos un aspecto bastante descansado. Las habitaciones de ese hotel y de todos los que visitamos a lo largo del viaje estaban impecables. La limpieza en Japón es ejemplar, y no lo digo solo por los hoteles. En las calles apenas hay papeleras, porque la gente es muy cuidadosa con la basura y, por ejemplo, si se toman algo en un puesto de comidas de la calle, esperan hasta terminar y dejan el papel, o los palillos o lo que sea en las papeleras del puesto.

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Después de probar esto he estado a punto de pedirle matrimonio al w.c.

Y, hablando de limpieza, os confieso que no he visto en mi vida unos baños más inmaculados, y os voy a contar una anécdota sobre eso. A lo largo del viaje colgué algunas cosas en mi Facebook, sobre todo fotos, aunque no demasiadas. No quería que las redes sociales me hicieran perderme nada. Pero la primera que colgué os la tengo que poner aquí porque arrancó carcajadas a más de uno, y viene a cuento por aquello de la limpieza. Lo que veis no es un montaje de Photoshop. Y el pie de la foto de ese primer día de vacaciones en Japón son las palabras textuales que puse como comentario en Facebook y que me procuraron bastantes reacciones, sobre todo, como no, las del emoticón de la risa del “me divierte”. Sobran más explicaciones, y con eso dejo cerrado el capítulo de la limpieza.

Vamos ahora al apartado de gastronomía, que es también digno de aplausos. Y esto es solo el aperitivo, que luego os contaré algo más. De momento, que os sirva para abrir boca.

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Mi preciosa familia. Desayuno con alegría

Mirad qué variedad de desayuno, y así os presento de paso a parte de mi familia: mi hija Marta, esa pelirroja tan guapa por fuera como por dentro. Su novio, Juanda, al que después de este viaje quiero como a un hijo más por lo buena persona que es. Y mi hijo, Javi. Una persona especial, y eso lo saben todos los que lo conocen. Si hubo alguien en este viaje que brillara por méritos propios fueron él y Pedro Casasola, otro integrante del grupo que nos dejó a todos asombrados y enamorados de su alegría y de su fuerza interior… ¡y exterior! Que Javi y él casi le podrían haber quitado el puesto a nuestras guías por lo atentos que estaban a la hora de no perderlas de vista y se seguir sus explicaciones. Nuestros dos jabatos fueron un ejemplo para el resto de nuestro grupo.

Un autobús nos dejó en la estación de trenes. Allí subimos por primera vez al tren bala y partimos con destino a Osaka. Japón es un archipiélago formado, si sumamos los pequeños islotes, nada menos que por 6.852 islas. Ahí es nada. El territorio se organiza en 47 prefecturas. La prefectura de Osaka tiene como capital a la ciudad del mismo nombre, que es la tercera ciudad más grande, después de Tokyo y Yokohama. Es una ciudad moderna, cosmopolita. Sus gentes tienen un carácter distinto al de los pobladores de otras urbes de Japón. Yuki, nuestra guía, es un ejemplo perfecto. Durante los dos días en los que nos acompañó, la sonrisa no se borraba de su boca y pronto nos acostumbramos a sus espontáneas carcajadas ante cualquier comentario que hiciéramos, por poca gracia que tuviera. Nos explicó que Osaka es como la hermana pequeña de Tokyo, más desinhibida, con más sentido del humor y mucho más caótica e impredecible que la capital. Y eso no es algo negativo, sino que le aporta esa personalidad especial, difícil de encontrar en otras partes de Japón.

En esa primera escala de viaje pudimos comprobar algo que se repitió a lo largo de los días que siguieron: podíamos ir caminando por una ciudad del siglo XXI y, a la vuelta de cualquier esquina, toparnos de bruces con un templo budista, o sintoísta, que nos dejaba con la boca abierta en una admiración muda. Ya veréis que sitios de ensueño llegamos a descubrir.

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Castillo de Osaka

En el caso de Osaka la primera visita fue a su castillo. A ver qué os parece la foto de turno. ¿Y qué me decís del cielo? ¡Ni una nube! Y es que el viaje fue mágico hasta por la climatología. El castillo, igual que algunos castillos europeos, está rodeado por un foso con agua. Cruzamos un puente y franqueamos el portón de su muralla para encontrarnos con el edificio principal que veis en la imagen. Visitamos sus ocho pisos y, desde el más alto, disfrutamos una vista panorámica preciosa. Ya en ese primer día pudimos empezar a disfrutar con el contraste entre lo antiguo y lo moderno. Parece mentira que un lugar así, tan cargado de historia, se encuentre en una ciudad cosmopolita como la que se puede ver desde la altura del último piso.

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Ciudad de Osaka vista desde lo alto del Castillo de Osaka

El día terminó con la visita al edificio Umeda Sky. Son dos torres conectadas en la parte superior por una plataforma en la que hay un mirador circular al aire libre. Por supuesto subimos los treinta y cinco pisos para disfrutar de una vista panorámica de 360 grados de la ciudad. El último tramo de subida son esas dos escaleras mecánicas que, como una “V” gigante, podéis ver en la foto. El túnel es de cristal, y la panorámica, de vértigo. ¡No en vano estamos a más de 150 metros de altura!

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Edificio Umeda Sky. Imagen de guiadejapon.es

Nosotros subimos bien entrada la tarde y estuvimos disfrutando del paisaje hasta que anocheció. Si de día era bonito, mirad de noche, qué regalo para los ojos.

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Así se ve Osaka desde lo alto del Edificio Umeda Sky por la noche

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Wall of hope

Kibo No Kabe

Y en la calle, junto a la entrada del edificio, hay un enorme muro, todo hecho de vegetación. El arte y la arquitectura conjugan así materiales de construcción con otros de la naturaleza.

Con eso acabó nuestra estancia en Osaka. Volvimos al hotel a descansar y al día siguiente partimos en autocar hacia Nara, nuestro siguiente destino.

Día 2

Para abrir boca empezamos el día en el templo Todaiji, al que se accede por la puerta Nandaimon. El camino hasta llegar a ella está lleno de ciervos en libertad, porque se les considera mensajeros de los dioses del sintoísmo. Por ese motivo, en ese parque, son animales sagrados.

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Puerta Nandaimon para entrar al templo Todaiji en el parque de Nara

Los ciervos no son peligrosos, aunque si creen que llevas comida en algún sitio se vuelven muy atrevidos. ¡A mí me mordisquearon el bolsillo de la cazadora en un descuido, pero con mucha suavidad! Y es que en el parque venden unas galletas especiales para ellos, y están acostumbrados a que los visitantes los invitemos. Son muy inteligentes, y si les enseñas las manos vacías para que vean que no tienes nada, te dejan en paz. Pero si ven que tienes galletitas… bueno, ¡a Marta le faltaban manos para convidar a sus amigos! También son inteligentes y muy educados. ¡Cuando les das galletas, muchos de ellos te responden con una graciosa reverencia!

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Mi hija reparte galletas y su chico inmortaliza el momento con un video

El parque de Nara es inmenso y tiene una parte de cesped, muy amplia y despejada, y otra con más arboleda y caminos preciosos adornados por muchos farolillos de piedra. Y ciervos. Muchos ciervos, como ya he comentado. Pero no nos cansábamos de disfrutar con ellos y de acariciarlos.

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Precioso ejemplar de ciervo en el parque de Nara

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Paseo adornado por farolillos de piedra

Después de disfrutar de los ciervos y del recorrido por el parque, caminamos hasta la zona donde se encuentra el gran salón de Buda, que alberga al Gran Buda “Daibutsu”. Y aprovechando el magnífico sol nos hicimos una de las fotos de grupo para el recuerdo.

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¡Mirad qué grupo tan chulo! ¿Cómo no íbamos a pasarlo genial con tan buenas personas?

Lo de “Gran Buda” no lo dicen por decir, palabra de honor.  El Daibutsu es una estatua gigante de un Buda sentado, que “solo” mide 15 metros de alto y “solo” pesa 500 toneladas. Es de bronce y está flanqueado por dos Bodhisattvas dorados que le sirven de guardianes.

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Gran Buda Daibutsu

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El Gran Buda y un “escolta”

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Imagen de Absolut Viajes

 

 

 

 

 

En el templo hay un pilar de madera que en su base tiene un agujero del tamaño del orificio de la nariz del Gran Buda. Algunos valientes de nuestro grupo, entre ellos Marta, se atrevieron a atravesarlo. ¡No fue fácil, pero lo consiguieron! ¡Da buena suerte!

Nos despedimos del Gran Buda y de Nara y nuestro autobús nos llevó a una nueva prefectura: Kyoto. Allí visitamos Fushimi Inari Taisha, uno de los templos sintoístas más antiguos de Japón, que está cerca de la ciudad de Kyoto. Si en Nara es costumbre donar linternas, aquí son puertas lo que se donan. Hay un pasillo de puertas naranjas en el que se rodó una de las escenas de la película “Memorias de una geisha”. ¡Fue emocionante recorrer ese camino! Yo había leído el libro, pero no había visto la película. Y sí. Acertáis. A mi regreso a casa no tardé nada en disfrutarla. Y lo mismo ocurrió con otras dos pelis, pero no adelantemos acontecimientos. Ya os desvelaré dentro de poco cuáles son. De momento saboread la imagen del pasillo de los torys, que así es como llaman a las puertas.

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¡Por aquí corría la protagonista de “Memorias de una geisha”!

Y hablando de las geishas, nuestra guía nos contó que su trabajo no es el que mucha gente piensa cuando las confunde con concubinas, sino que son mujeres cultas y preparadas que dominan varias artes como la conversación, la música, la actualidad, y que trabajan como acompañantes culturales. Las maiko son las aprendices de geisha, y si van por la calle se las distingue de ellas por sus kimonos y por otros detalles que aquí serían muy largos de nombrar.

Para rematar la jornada dimos un paseo a pie por las calles de Gion, uno de los lugares que mejor conserva el aspecto tradicional de Japón, famoso por ser el barrio de las geishas. Las luces son suaves y de farolillos, las paredes de madera, algunas ventanas de papel, y a la vuelta de cualquier esquina puedes encontrar un canal como el de la foto, que parece sacado de un cuento de hadas.

¿Y qué decir de la cena? En un restaurante tradicional saboreamos ternera de Kobe que preparamos siguiendo las instrucciones que nos dieron. Y sopa de verdura. Y entrantes. Y sushi. Y… mejor lo dejo aquí, ¿no? Que seguro que os hacéis perfectamente a la idea.

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¡Aquí, pasando hambre, vamos…!

Día 3

Para abrir boca nos dieron un paseo panorámico por la ciudad y luego nos detuvimos para visitar en primer lugar el templo Kiyomizu, o templo del agua pura. Está en lo alto de una colina o ofrece unas vistas impresionantes de Kyoto.

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Vista de Kyoto desde el templo Kiyomizu

Para llegar a lo alto subimos por una cuesta llena de pequeños comercios de artesanía, y nos adentramos en el templo después de coronar la escalinata de acceso.

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Escaleras de acceso a los edificios del templo Kiyomizu

La parte posterior tiene unas vistas maravillosas. Desde la altura se pueden ver bastante abajo unas fuentes donde realizar la ceremonia de purificación con el agua. Y el templo es un muestrario de paletas de colores diferentes en cada estación del año. En una pared de la entrada hay colgados cuadros que yo inmortalicé para tener un recuerdo más. Aquí tenéis las fotos de las cuatro estaciones, a cual más linda.

Desde la zona de terrazas que veis en los cuadros, si se mira hacia abajo se contemplan las fuentes que os dije. Y el agua y la luz del sol nos regalan esas imágenes maravillosas.

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En la esquina inferior derecha están las fuentes de purificación que veis abajo con más detalle.

Después del templo del agua, nos llevaron al Castillo Nijo. ¿Recordáis que os hablé de lugares de rodaje de algunas pelis? ¡Bingo! En uno de los salones de este castillo se rodaron escenas de “El último samurai”. Y, sí. Volvéis a acertar. Es otra de las películas que vi pocos días después de regresar de Japón. ¡Es que da mucho gustito ver lugares en los que una ha estado en carne y hueso!

La superficie total del castillo es de 275.000 metros cuadrados, de los cuales 8.000 metros cuadrados están ocupados por diversos edificios construidos en madera de cedro, así que lo visitamos descalzos. No se pueden hacer fotos en el interior y por eso os dejo fotos del exterior solamente. Pero si veis la película y a Tom Cruise en el salón del castillo, os haréis una idea de lo magnífico que es y de lo bien conservado que está.

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Nuestro maravilloso grupo en el portón de entrada al recinto del Castillo Nijo

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Como no se podían hacer fotos, busqué la imagen en internet: fuente  viajesdeark.com

Los edificios del castillo están rodeados de unos jardines que son una obra de arte. Mirad si no las imágenes que os dejo aquí.

Del castillo nos fuimos al mercado de Nishiki, el más popular de Kyoto, con unas 130 tiendas. Casi nada. O mejor dicho, ¡casi todo! Comida, ropa, recuerdos… Y un ambiente de lo más animado. Mirad las fotos y estaréis de acuerdo conmigo, ¿a que sí?

Tras patear el mercado y reponer fuerzas comiendo, nos llevaron a un sitio de ensueño, el Templo Kinkakuji, cuya foto elegí para la cabecera de esta crónica. Allí se encuentra el famoso Pabellón Dorado. Si miráis las imágenes entenderéis por qué se llama así. El día, para variar, era perfecto, y tanto Mónica, nuestra guía de Savitur, como Keiko, la guía local que tuvimos hasta fin de viaje, eligieron con acierto la hora más apropiada, en la que el sol se refleja en todo el pabellón y lograron que todos quedásemos asombrados y hechizados.

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Pabellón dorado. Sin palabras

La jornada finalizó con la visita a un templo zen, el templo Ryoanji, en cuyo interior existe uno de los jardines secos más curiosos del mundo. Es un espacio rectangular que contiene arena rastrillada y rocas, y cuyo significado permanece oculto porque su creador no dio ninguna explicación. En uno de los laterales hay largos bancos corridos de madera donde es fácil sumirse en la meditación. Junto a él se puede disfrutar de otro pequeño jardín, pero de musgo en lugar de arena.

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Jardín de arena rastrillada y rocas. Unas visibles, y otras ocultas

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Jardín de musgo del templo Ryoanji

Con la visita al templo zen dimos por concluida la jornada. ¡Vaya día aprovechado!

Día 4

Nuestro hotel quedaba justo frente a la estación de tren de Kyoto, así que solo tuvimos que cruzar la calle para abordar el tren bala rumbo a Nagoya. Es la cuarta ciudad más grande de Japón, muy moderna, y allí subimos a un autobús para empezar la parte de nuestro viaje nos mostraría el interior de Japón, la zona más montañosa. Más de uno dio una cabezada durante la ruta. Yo me mantuve despierta aunque me podía el sueño, porque las vistas valían la pena. Desde el bus pude ver un enorme mirador que hay en Nagoya y disfrutar del cambio de paisaje conforme íbamos ascendiendo hacia el interior del país.

Nuestro autobús se detuvo en Shirikawago, una localidad llena de encanto, famosa por sus casas Gassho-zukuri. Son casas que tienen un tejado triangular, hecho de paja y muy inclinado para soportar el peso de la abundante nieve que cae en esta zona en invierno. Toda esta parte del país conserva mucho más las tradiciones y costumbres antiguas ya que, dada la crudeza del invierno, los pueblos quedaban muchas veces totalmente aislados del resto del país. ¡No era fácil que así llegaran allí las novedades de la moderna civilización! Durante el trayecto Keiko, nuestra amable guía, nos pasó un folleto donde se explicaba la construcción de estas casas y donde había fotos del pueblo en invierno, cubierto de nieve como si fuera un lugar de Suiza o algo así.

Para acceder a la aldea propiamente dicha tuvimos que cruzar un puente colgante que oscilaba un poco bajo nuestros pies. ¡A Shirikawago casi no llega ni un coche!

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¡Nuestra valiente expedición cruzando el puente para visitar Shirikawago!

Disfrutamos de tiempo libre para dar un paseo por el pueblo, comprar algunos recuerdos típicos y hacernos las consabidas fotos para el recuerdo. ¡Todo bien abrigados, que allí la temperatura no era la de la zona costera! Las casas tienen tres pisos y están muy bien conservadas.

Tras visitar el pueblo, con ese frío y el paseo, el hambre apretaba un poco. Y nos encontramos con la maravillosa sorpresa de un almuerzo tradicional japonés en un restaurante con suelo de madera. Daba gusto descalzarse, porque el piso estaba calentito. Entre otros muchos manjares nos sirvieron de nuevo una ternera exquisita que se preparaba poniéndola sobre una hoja de nenúfar seca que reposaba sobre una vela de cerámica. ¡No os podéis imaginar lo riquísima que estaba!

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Almuerzo tradicional japonés en Shirikawago para reponer fuerzas. ¡Exquisito!

Después de satisfacer el hambre dejamos Shirikawago y nos dirigimos en el autobús a Takayama. Allí paseamos por una calle muy típica, la calle Kami-Sannomachi, que, con sus tradicionales casas de madera, nos trasladó en el tiempo al Japón tradicional. Los farolillos, la construcción, todo nos hacía sentir como si nos hubiéramos trasladado al pasado.

Y al llegar al final de la calle disfrutamos de una puesta de sol espectacular para poner la guinda a un día perfecto.

Día 5

Después de desayunar el autobús nos llevó hasta Tsumago, un antiguo pueblo que en la época feudal de los Samurais era lugar de paso. En este pueblo de posta visitamos el Museo Magome Waki-Honjin, una antigua hospedería donde se detenían los samurais a pernoctar. Tuvimos la suerte de que el tiempo siguiera siendo increíblemente bueno y la visita coincidió con la hora del día en la que los rayos de sol juegan con la orientación de las ventanas. Mirad qué maravilla de imágenes.

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Entrada al museo-hospedería. Ahí dejamos todos nuestros zapatos

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Zona principal de la hospedería Waki Honjin, en el pueblo de Tsumago

Una señora muy amable fue dando toda clase de explicaciones en japonés, pero ahí teníamos a Keiko para traducir y contarnos todo acerca de la distribución de los comensales alrededor del fuego del hogar, la arquitectura tradicional, la disposición de las habitaciones, etc. Fue toda una lección de historia. La hospedería invitaba al descanso, tanto en sus salones…

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Una de las “habitaciones” de la hospedería / museo

… como en sus jardines…

A la salida del museo tuvimos tiempo libre para pasear por la calle de Tsumago, porque el pueblo es tan pequeñito que prácticamente se limita a esa calle central.

Tras la visita a esa zona interior montañosa regresamos a Nagoya para salir en tren hacia Mishima y, de allí, a Hakone. Llegamos de noche y cansados, y no pudimos apreciar las maravillas del paisaje hasta la mañana siguiente. El hotel respeta mucho el entorno y está edificado en plano, no hay alturas. Dormimos de maravilla en unas habitaciones inmensas, que más parecían un estudio que una habitación de hotel.

Día 6

Al día siguiente, desde el amplio comedor, mientras desayunábamos, pudimos darnos cuenta de que seguíamos estando en un lugar de ensueño.

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Desayuno en el hotel de Hakone mientras un rayo de sol se pasea por las montañas

Nuestra sexta jornada se anunciaba interesante. Visitaríamos el Parque Nacional de Hakone, que tiene muchas cosas magníficas. Comenzamos con un mini crucero por el lago Ashi. Ese día el cielo estaba algo nublado, pero la suerte nos siguió sonriendo con el clima. El día, en vez de irse estropeando, empezó a despejar poco a poco a lo largo de las horas. Y durante el crucero pudimos contemplar por primera vez un atisbo de la impresionante silueta del monte Fuji.

Mientras esperábamos la llegada del barco nos entretuvo la visión de un galeón de época en el otro extremo del lago. Parecía sacado de una película de piratas. Embarcamos, y a poco de zarpar, detrás de una montaña, asomó majestuosa la cumbre del monte Fuji.

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Nuestra primera imagen del monte Fuji, durante el crucero por el lago Ashi

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En el grupo el ambiente fue genial. ¡Fotos para el recuerdo!

Junto al muelle se encuentra el teleférico, y nada más desembarcar subimos en él hasta el Monte Komagate. ¡Allí arriba sí que pudimos disfrutar de las vistas del Fuji!

Eso sí: desde el teleférico tuvimos que subir hasta la cima de una colina por un caminito alfombrado de escaleras en varias zonas, ¡pero valió la pena!

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Casi todos le echamos valor a la caminata, y nos alegramos. ¡Menudas vistas!

Las vistas durante el descenso en el teleférico también eran dignas de admiración.

Almorzamos y el autobús nos trasladó a Hakone, situado en la prefectura de Kanagawa, a menos de 100 km. de Tokio. Es un importante centro turístico, tanto por sus baños termales naturales como por su espectacular belleza que forma parte del parque nacional de Fuji-Hakone-Izu. Es uno de los lugares desde los que se puede disfrutar en días claros de preciosas vistas del monte Fuji. Y nosotros, como habéis visto en las fotos, fuimos afortunados.

Empezamos visitando el Santuario Hakone. Si ya nos sorprendía en las ciudades tropezar a la vuelta de una esquina con templos y edificaciones que parecían como traídas de otro tiempo, imaginad ahora lo que sentimos al descubrir en plena naturaleza los edificios que forman el santuario. Personalmente creo que Hakone es uno de los lugares que merecería más de un día de visita. Nosotros tuvimos menos tiempo, pero gracias a la eficacia de Mónica, de Keiko, y a la estupenda planificación de Savitur, pudimos saborear toda su esencia.

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Zona de edificios del santuario Hakone

Toda esa zona está considerada como uno de los lugares espirituales más famosos de Japón, especialmente alrededor del lago Ashi. Desde tiempos remotos se dice que existen allí numerosos dioses que están consagrados en los muchos santuarios que allí hay. Muchos de nosotros seguimos las instrucciones de Keiko y llevamos a cabo un pequeño ritual, igual que hicimos con la purificación por agua en el templo Kiyomizu.

Allí también pudimos admirar varios toris. Uno de ellos, bastante famoso, tiene su base dentro del agua.

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Tori dentro del agua en uno de los lagos de Hakone

Ese tori es tan espectacular que había cola para hacerse la foto típica delante de él, así que nos conformamos con verlo desde la altura y desde la orilla, pero eso sí, no nos dio tiempo de la foto clásica, jeje. Sin embargo lo que importa es que estuvimos allí.

20191109_125144Intentamos hacer la cola para la foto, pero los turistas no tenían prisa y cuando íbamos por la mitad decidimos abandonar la cola y conformarnos con un reportaje desde los lados. ¡Había tanto que ver que no dábamos abasto!

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En Hakone dimos fin a la visita del interior montañoso de Japón. Ya en el autobús, de regreso a Tokyo, donde comenzó este viaje alucinante, no pude resistir la tentación de hacer algunas fotos sobre la marcha. Eran mi particular despedida a ese territorio del interior, montañoso y mágico, antes de volver al mundo urbanita de la capital.

¡Adios a las montañas! Pero nos espera Tokyo, cosmopolita y hechicera…

Nuestro autobús nos llevó de nuevo a Tokyo donde cenamos y descansamos en un magnífico hotel.

Los dos días que nos quedaban de este viaje tan maravilloso los dedicaríamos a conocer lo mejor de la capital de Japón, y empezamos esa misma noche dando un paseo con una guía de excepción: Mónica se movía por el centro de Japón como si toda la vida hubiera vivido allí. Nuestro hotel, además, estaba muy bien situado, así que pudimos caminar y estirar las piernas después del viaje por carretera.

El contraste entre la serenidad de la naturaleza en las visitas de la mañana y el bullicio y la vida nocturna en las calles de Tokyo nos hizo sentirnos afortunados al haber tenido la oportunidad de hacer este viaje. Los recuerdos serán inolvidables. ¡Mirad abajo qué diferencia entre estas fotos y las de los últimos días! Cada una en su estilo, tiene su propio encanto.

A pesar de que solo fue un paseo nocturno, aprovechamos el tiempo al máximo. Vimos a Godzilla, atisbando desde lo alto de un edificio…

Nos hicimos la foto típica con un robot futurista como guardaespaldas…

Nos perdimos en callejones con encanto, que nadie hubiera creído que podrían encontrarse en medio de tantas luces y modernidades…

Y, finalmente, cansados pero felices, regresamos a nuestro hotel. El ayuntamiento de Tokyo está en la calle paralela, y aprovechamos para hacer algunas fotos antes de irnos a dormir. El hotel, igual que el resto de los hoteles a lo largo del viaje, era una maravilla en cuanto a comodidades, limpieza, atención, etc. Nos trataron como a reyes todos y cada uno de los días que duró este maravilloso periplo. El edificio claro es nuestro hotel. El de las dos torres es el ayuntamiento. Mónica nos dijo que en una de las torres había un mirador con vistas de la ciudad de Tokyo impresionantes, y nos propusimos visitarlo al día siguiente aprovechando que todavía nos alojaríamos en el hotel. Esa noche tocaba reponer fuerzas después de un día tan intenso y lleno de contrastes preciosos.

Día 7

Nuestro penúltimo día en Japón lo empezamos con una visita panorámica de la ciudad en la que fuimos haciendo paradas. La primera escala fue el Museo Nacional de Tokyo, que se aloja en un conjunto de edificios separados entre ellos: La Galería Honkan, la Galería Asiática, Hyokeikan, Heiseikan, la Galería de Tesoros Horyuji, el Centro de Investigación e Información y varios restaurantes y tiendas. Tuvimos tiempo de entrar en dos de los pabellones y de hacer fotos tanto del exterior como del interior.

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Fachada del edificio principal del Museo Nacional de Tokyo

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Otro de los edificios, que hace esquina con la fachada principal

El interior del museo alberga toda clase de tesoros: artesanía, kimonos, pergaminos, estatuas y toda clase de obras de arte. Os dejo aquí un pequeño muestrario.

Tras visitar el Museo fuimos a disfrutar del Templo de Asakusa Sensoji, uno de los más antiguos de la ciudad. Caminamos por una calle bastante larga y atravesamos la puerta Kaminarimon, que tiene en el centro un gran farolillo rojo, y a los dos lados a las dos deidades que guardan la entrada el templo: Fujin, el dios del viento y Rajin, el dios del trueno.

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Puerta Kaminarimon, en el Templo Asakusa Sensoji

Además de ver una preciosa pagoda de varios pisos y los edificios del templo, pudimos recorrer una calle repleta de tiendas y de actividad. ¡No es de extrañar! Japón no ha dejado de maravillarnos.

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Al final de la calle vemos la puerta Kiminarimon

Y, después del templo, volvimos a esos contrastes tan sorprendentes de Japón al pasear por el barrio de Akihabara, donde se encuentran muchas cosas de lo más “friki” y las últimas novedades en cámaras digitales, videojuegos y todo tipo de tecnologías modernas.

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Una de las calles del barrio de Akihabara

Al regresar al hotel tuvimos tiempo de hacer una escapada antes de cenar para cruzar la calle y subir al mirador de una de las torres del Ayuntamiento. Nos tocó correr un poco, pero seguro que estaréis de acuerdo en que las vista de Tokyo por la noche desde esa altura valían la pena.

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Tokyo visto desde el mirador de una de las torres del Ayuntamiento

Día 8

Nuestro último día comenzó con una visita panorámica de la Plaza del Palacio Imperial de Tokyo, que está situado en los terrenos del antiguo castillo de Edo. Al palacio no se puede acceder, porque es la residencia oficial de la familia imperial japones, pero sí que se disfruta de magníficas vistas desde la gran explanada que lo circunda. Para llegar al punto más cercano desde el que tomar fotos, recorrimos unos preciosos jardines donde una estatua de samurai monta guardia.

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Palacio Imperial de Tokyo

Después de almorzar el autobús nos llevó al barrio Harajuku, lugar donde coexisten los personajes más frikis de Tokyo con tiendas que son el centro neurálgico de la moda.

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Bifurcación de calles en el barrio Harajuku

Tuvimos tiempo para hacer algunas compras antes de ir a otro barrio, el de Shibuya, famoso porque en él se encuentra el cruce más transitado del mundo. ¡Ni que decir tiene que todos cruzamos por uno de sus muchos pasos de cebra, siguiendo la banderita roja de Keiko, que nos acompañó todo el tiempo!

En Shibuya hay una estación de tren en la que se puede ver la estatua de Hachi, un perro que hizo historia en la ciudad porque acudía cada día a la puerta de la estación a esperar a su dueño. Y cuando el hombre falleció, Hachi siguió acudiendo allí durante años. 

La tercera película que vi al volver de Japón ha sido una donde los protagonistas son Richard Gere y un perro. La película se llama Hachiko. No necesitáis más pistas, ¿verdad? Me emocioné al ver en la pantalla al perro que hacía el papel de Hachi esperando cada día en el lugar donde nos hicimos esta foto para el recuerdo.

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Posando delante de la estatua de Hachi, en la puerta de la estación de Shibuya

El final de nuestro viaje se aproximaba, pero aún tuvimos tiempo de disfrutar de una última visita: la del santuario sintoista Meiji Jingu, dedicado a los espíritus del Emperador Meiji y su mujer, la Emperatriz Shoken. Tiene una superficie inmensa y los edificios están rodeados por un bosque con miles de árboles de diferentes especies. A pesar de estar en pleno centro de Tokio, es un lugar de descanso y relax ideal.

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Entrada al santuario Meiji Jingu

Allí nos hicimos la última foto de grupo para el recuerdo. El viaje resultó una experiencia preciosa no solo por los paisajes y los lugares, sino también por el maravilloso clima que reinó durante todos esos días entre los que formábamos la expedición. ¡Volvimos de allí con estupendos amigos!

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¡Nuestro maravilloso grupo posa para una foto de recuerdo!

El santuario Meiji fue nuestra última visita. De allí nos trasladamos al aeropuerto para embarcar de nuevo en vuelo regular de Turkish con destino a Estambul, haciendo noche a bordo. Y de Estambul, a Málaga, a casita.

Queridos amigos y lectores, ojalá todos hubieseis podido estar allí y compartir mi alegría y mis descubrimientos. Pero como no estaba en mi mano he querido reunir una pequeña muestra de lo que vi para que tengáis una idea de lo mucho que puede ofrecer Japón. Al menos puedo hacer eso: obsequiaros con el trocito de Japón que me traje en mi mirada.

Solo me resta dar las gracias a los que hicieron posible un viaje tan mágico. A Savitur, a Toon Espinosa por organizar el viaje y por darme la información, a su hermana Mónica, que nos acompañó y nos mimó con el mismo cariño y profesionalidad que su hermano en otros viajes que he hecho con ellos, a Yuki y Keiko, nuestras guías, y a todos mis compañeros de viaje, con una mención especial a Pedro y a Javi. Porque son dos campeones que con su ejemplo nos han demostrado que no tienen por qué existir en el mundo barreras para las personas que tienen diversidad funcional. ¡Que llegaran a Japón y que lo disfrutaran exactamente igual que el resto del grupo lo demuestra sin duda!

¡Japón! No te llevo solo en mi mirada. También te has quedado para siempre en mi corazón.

Adela Castañón

Imágenes: casi todas de la autora, unas cuantas tomadas por compañeros de viaje que las compartieron con el grupo, y  algunas tomadas de internet, en las que se indica la fuente a pie de foto.

 

 

 

Regalos de Año Nuevo

Sería bonito que pudiésemos reinventar el calendario y conseguir que todos los días fueran como el primero de año. Me gustaría por el significado y las posibilidades que esa fecha tiene para muchos de nosotros. De eso quiero hablaros hoy.

La Navidad y el Año Nuevo vienen cargados de tradiciones y de regalos. Los tiempos cambian, la comunicación evoluciona, y entre los muchos whatsapps que he recibido en estas fiestas me gustó uno en el que aparecía un cantaor con una guitarra y decía, medio recitando y medio cantando, algo así:

Cada vez que acaba el año

el tiempo va y te regala

una pizarra y esponja

p’a que esta noche tú cojas

y borres las cosas malas.

Y entre copas y sonrisas

enero llega corriendo

y te regala una tiza

p’a que sigas escribiendo

La coplilla viene cargada de razón. Y por eso me gustaría que cada mañana, al abrir los ojos, pudiéramos sentirnos dueños de algo así.

Estas palabras se quedaron dando vueltas en mi mente y me llevaron a reflexionar sobre el valor simbólico de esos objetos que son, ni más ni menos, que la maravillosa capacidad que tenemos las personas para poder elegir, y la libertad de usarla según queramos.

Adoro las metáforas. Eso es tanto un inconveniente, como cariñosamente me señalan mis compañeros y profesores en los cursos de escritura, como una ventaja. La metáfora es un arma poderosa para transmitir información de modo creativo. Así que hoy, por ser las fechas que son, me voy a permitir tirar de ella. Ya que hablo de regalos, me merezco ese.

Hasta ahora no he sido consciente de que en mi vida han existido muchos más “primeros de año” que los que corresponden a mi edad. Darme cuenta de eso hace que me sienta afortunada. Cuando miro atrás, veo que he sabido encontrar a mi alrededor obsequios como esa esponja y esa tiza. Y aún hay más: como he dicho antes, los tiempos cambian, las personas evolucionamos, y lo que en mi adolescencia o en mi juventud eran una pizarra, una tiza y un borrador, se han convertido ahora en herramientas mucho más potentes, en verdaderos procesadores de texto.

En mi adolescencia solo cabía el blanco y negro. Las cosas, muchas veces, no tenían término medio. Descubrir el amor ofrecía dos alternativas: que el chico que me gustaba se fijara en mí, o pensar cada día que moriría de pena al llegar la noche porque nadie puede sobrevivir al sufrimiento de no ser correspondida. No morí, claro está, o no estaríais leyendo esto. Pero mi memoria no me engaña y en aquellos lejanos años mi vida era como una clase de matemáticas sencillas donde las ecuaciones o los problemas tenían dos o tres alternativas como mucho. A, B o, a lo sumo, C.

Cuando me convertí en madre la cosa empezó a cambiar. La relación con mi hija, por ejemplo, era un arcoíris de colores y posibilidades. Todavía me tiemblan los dientes cuando recuerdo su adolescencia, sus dudas, su querer presumir de ir de vuelta de todo, cuando en realidad todavía estaba empezando a saber poco de nada. Mis propias dudas también, mi inseguridad, mi falta de tiempo, robándole siempre a ella los minutos que necesitaba para pelear contra la hidra de siete cabezas que era entonces el autismo de su hermano. Mis momentos de felicidad, cuando acabó la relación con su primer noviete y acudió a mi hombro para llorar su pena. Creo que ya entonces, no sé si por sabiduría o por puro azar, empecé a manejar con más soltura mi borrador y mi tiza. Ya no escribía cosas sencillas, no, pero cada borrón y cada línea me convertían en una persona un poco mejor, o eso quiero creer.

Y, si me paro a recordar el milagro de mi Javi, descubro que lo mío ya no ha sido esa escritura sencilla de escuela de primaria. Ni mucho menos. Porque con siete años mi hijo no hablaba, se autolesionaba, apenas masticaba, no llegaba al percentil cinco de peso y tenía alteraciones severas en el patrón de sueño entre otros muchos problemas. A Javi le debo mucho, porque con él, gracias a él, sí que aprendí a base de bien. Tuvimos que borrar muchos errores y reescribir muchas cosas los dos juntos. Pero lo hicimos. Y hoy habrá pocas madres tan felices como yo y pocos hijos tan felices como él. Es una persona integrada en el mundo, un chico satisfecho de tener amigos y de su participación en el programa Cualifícame de preparación laboral.

Y conste que no todos los regalos tienen que ser así de contundentes, aunque los míos me encantan. Hay más, muchos más. Como que reaparezcan en mi vida amigos de la infancia, incluso aquel primer amor que no llegó ni a serlo y que ahora es amistad, y que, por obra y gracia de las redes sociales, me haya podido reencontrar con esas personas a las que quiero, y que vuelven a ser parte de mi historia. O que, de pronto, mis hijos sean mayores y a mí me quede tiempo para volver a ser un poquito yo misma, y se me ocurra apuntarme a cursos de escritura que me han traído nuevas amistades y hasta un blog donde escribir.

Y todo eso que os he contado me hace sentirme viva. Y día a día comprendo que tengo en mis manos la potestad de borrar y de escribir en cada página de mi historia lo que más me apetezca. Y eso hago.

Así que ojalá este año esté para vosotros lleno de primeros de enero. Y si algo no se puede corregir, si hay manchurrones de tinta imposibles de borrar, terminaré con otra frase que no es mía pero que me hizo reflexionar bastante, aunque desconozco el autor: Lo que no se soluciona pasando página, se soluciona cambiando de libro. A veces es así, y no pasa nada. Un libro nuevo está lleno de promesas, de hojas en blanco para rellenar.

Feliz escritura en vuestra vida.

Adela Castañón

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Imagen cabecera: George Dolgikh en Pixabay

Imagen final: Thanks for your Like • donations welcome en Pixabay

Don Bruno y doña Angelita. Los maestros de nuestros padres

 

Los recuerdos son eslabones de una larga cadena que une el pasado con el presente y tienden un puente de plata por el que gustamos andar con el mayor desembarazo hasta confundir las dos orillas…

Bruno Gracia Sieso, Maestro de El Frago, “Recuerdos”, 1933.

Cartel de la Historia que nos une

Lo que os voy a contar ya lo conocen los fragolinos que lo vivieron y otros que me han ayudado a preparar estas notas. ¡Gracias a todos por esta colaboración tan entusiasta! Y es que en El Frago se hacen las cosas así. Hacen falta unas escuelas, pues las haremos entre todos. Si Carmen prepara algo, pues todos le ayudaremos.

Recuperar los casi 175 años de vida de las escuelas supone desempolvar las vidas de todos los maestros y maestras que pasaron por sus aulas. Todos se dejaron la piel y una parte importante de sus vidas a los niños de El Frago.

En este artículo me centraré en Bruno Gracia Sieso y Ángela García Alegre, don Bruno y doña Angelita, como siempre los oí nombrar en mi casa. En 1926, este matrimonio logró embarcar a todo el pueblo en los gastos de la construcción de unas escuelas hechas “a vecinal”, crowdfunding diríamos hoy. Con motivo de la inauguración del edificio don Bruno pronunció una charla: “El niño, la escuela, el maestro y los padres de familia”; y doña Angelita otra: “La enseñanza de la mujer”. Hoy solo conservamos los títulos, pero su espíritu moderno nos llega con los testimonios orales de los que fueron sus alumnos.

Además de conseguir escuelas con viviendas para los maestros, elevaron el nivel cultural del pueblo. Estimularon a muchas familias a que sacaran a sus hijos a estudiar y potenciaron la enseñanza de adultos. Y, además, nos dejaron una significativa obra literaria escrita desde, o sobre, El Frago.

Doña Angelita García Alegre

Doña Angelita fue la maestra de nuestras madres, es decir, de las niñas nacidas entre 1909 y 1924; y don Bruno de los niños nacidos entre 1912 y 1926. Entre otros, de mi padre.

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1933. Calatayud. Ángela Garía Alegre. Foto de Gregorio Romeo Berges

Zaragoza, 1894–Ronda, Málaga, 1971. Era hija de Carlos, empleado de Correos y Telégrafos, y de Ángela, natural de Gurrea de Gállego. En unos tiempos en los que no era habitual que las mujeres estudiaran, convenció a sus padres y comenzó Magisterio a los 19 años. En 1918 aprobó las oposiciones en Huesca. Estuvo un año en Casbas y al año siguiente llegó a El Frago.

Maestra de El Frago: 1919–1929

Entre 1921 y 1935 nacieron sus hijos: Angelina, María Rosa, Blanca, Gabriel, Ana María, Carlos, Miguel Ángel y María del Carmen.

Maestra de Calatayud: 1929-1935. Y de Ronda: 1935–1964

En 1929 murieron su hermana Carmen, de una hernia inguinal, y su hijo Gabriel, de difteria. Estas muertes trágicas, unidas a la deficiente atención médica de El Frago, influyeron en su decisión de abandonar el pueblo. Se presentó a unas oposiciones y le dieron Calatayud. Su marido no consiguió traslado y siguió en El Frago dos cursos más.

Cuando ella se despidió de El Frago, don Bruno le dejó al alcalde varias fotografías y algunas tarjetas postales del pueblo con la siguiente nota.

Querido amigo Manuel: ahí le mando una colección de las fotografías obtenidas para que el Ayuntamiento haga con ellas el uso que estime oportuno. Las restantes, menos otra colección que nos quedamos nosotros, las he mandado al Heraldo, a una revista madrileña y a otra zaragozana. Saludos de su buen amigo, B. G. Sieso Hoy 19-X –929.

Desde 1935 hasta 1964 ejerció en Ronda, donde había sido destinado su marido en 1931.

Don Bruno Gracia Sieso

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1933. Calatayud. Bruno Gracia Sieso. Foto de Gregorio Romeo Berges

Zaragoza, 1893–Ronda, Málaga, 1968. Este hombre, paciente, tolerante y “en el buen sentido de la palabra bueno”, era hijo de Francisco y Carmen, un matrimonio de clase media. Su hermana Pilar lo emparentó con las familias de importantes científicos aragoneses, con los Loscos y con los Pardo Sastrón.

Su primer trabajo: dependiente de sederías

Su padre lo destinó al floreciente mundo del comercio zaragozano y lo colocó en la Sedería de Santiago Sorrosal en la calle Torrenueva. Después estuvo en la de Monreal en la calle Pignatelli.

Estudios y destinos. Berrioplano, Gallipienzo, Las Fraguas y El Frago

En 1910 empezó Magisterio en Zaragoza. En 1914 obtuvo plaza en Berrioplano Navarra; de allí pasó a Gallipienzo, Navarra. En 1923 ya estaba en Las Fraguas, Soria, y en 1925 se trasladó a El Frago por el turno de consortes. Allí ejerció seis años, hasta que en 1931 le dieron traslado a Ronda (Málaga).

En 1930 obtuvo un premio del Patronato de Mutualidades de Aragón por su labor educativa.

De la larga y fructífera etapa de Ronda resaltaré su colaboración con la Institución Libre de Enseñanza (ILE). En 1934, participo en las Misiones Pedagógicas y ese mismo año realizó un viaje de ampliación de estudios con otros compañeros de las Misiones.

Maestros escritores

Titulo Maestra Ángela García Alegre - Anverso

Sin romper los estereotipos que la crítica literaria había impuesto a las mujeres, consiguió una voz literaria propia. Así lo recordaba su hija Blanca:

En Calatayud, mi madre se forjó una gran personalidad como escritora y como conferenciante. Era la única mujer que daba conferencias con los Académicos de la Lengua en la Biblioteca Gracián de Calatayud.

Obra y premios de Ángela García Alegre

Publicó abundantes relatos en periódicos, ganó un accésit y dos premios literarios, y colaboró en La novela de viaje aragonesa.

Destacamos los relatos: Blanca (1924), Isabel (1930), La tía Julia (1930), España, flor (1931), De fino encaje (1934), Entereza (1934).

En 1924, recibió un premio por el relato “Blanca” en un certamen literario de Calatayud. Ese mismo año otro premio en Zaragoza, cuyo nombre no figura en la estatuilla que conserva su familia. En 1926, un premio por “Gabrielín” (inédito). En 1935, accésit a “Y por enseñar a otros niños perdí a mi niño”, en el Certamen Pedagógico Nacional. En 1947, un premio de 5000 pesetas por “Consejo de amor”.

Publicaciones de Bruno Gracia Sieso

Trabajos literarios de Don Bruno

Trabajos literarios de don Bruno

Fue un versificador precoz. En Zaragoza se relacionó con los escritores y periodistas del círculo de: Luis López Allué, el patriarca de la literatura regionalista, Manolo Casanova, Fernando Castán Palomar, Arturo Gil Losilla, Tomás Royo Barandiarán, Anselmo Gascón de Gotor Giménez, Pedro Galán Bergua, Ramón Lacadena Brualla y Ramón Celma Bernal.

Más de ciento cincuenta artículos en varios periódicos

Divulgó con entusiasmo la Novela de viaje aragonesa, de la que fue co-fundador. Colaboró de forma habitual en: El Heraldo de Aragón, El Avisador Numantino, El Heraldo de Madrid, La Tierra de Huesca, El Diario de Almería, El Diario de Córdoba y de El Noticiero Gaditano.

Aunque fue contemporáneo del Novecentismo y de la Generación del 27, su prosa lleva el sello postmodernista. En ese momento las vanguardistas intentaban abrirse paso entre un modernismo que había arraigado con fuerza en medio de unos gustos regionalistas que renacían.

En 1927 le dedicó elocuentes palabras a Arturo Gil Losilla, en un homenaje en el Casino Mercantil, cuyo testimonio fotográfico recogió la revista Blanco y Negro. Además, presidió el homenaje al escritor Luis Franco de Espés, barón de Mora.

En 1929 fue reportero de la inauguración del grupo escolar Costa de Zaragoza. En 1928 con el artículo, “Goya. En torno a un centenario”, estimulaba a estudiar a sus alumnos recreando los orígenes rurales de Goya.

Se reveló como un perspicaz lector, muy atento a las novedades literarias aragonesas. De la fama y prestigio de don Bruno dan fe las caricaturas que de él se hicieron en la prensa

Un idilio en Cesárea, en colaboración con Arturo Gil Losilla

En 1927 publicaron Un idilio en Cesárea, una novela ambientada en “Cesárea”, el nombre literario de Zaragoza, a la manera de los realistas del siglo XIX.

En una trama de novela rosa iban incardinando acontecimientos épicos del pasado zaragozano y personajes célebres de la Zaragoza contemporánea.

Para terminar

Hará unos cien años, llegaron a El Frago los Reyes Magos, disfrazados de maestros. Y se hicieron realidad las ilusiones muchos niños. Esos que hoy son nuestros padres y abuelos.

El año 2007, el pregonero de la Feria de Ronda se enorgullecía de haber tenido como primer maestro a don Bruno. Y los fragolinos nos enorgullecemos de que don Bruno y doña Angelita fueran los maestros de nuestros padres. Gracias a ellos las generaciones siguientes nos hemos beneficiado de sus semillas.

No para desmerecer su labor, sino para entender mejor su calado, quiero resaltar encontraron un terreno abonado. Simona Paúles y Pedro Uhalte, también matrimonio, fueron maestros de El Frago desde 1884 hasta 1913 y alfabetizaron a nuestros abuelos. Mi propia abuela, sólo con lo que aprendió en la escuela, y no asistía regularmente porque desde niña trabajaba como pastora, tenía una letra primorosa –con faltas de ortografía, claro- y llevaba las cuentas de la casa en sus “cuadernos de apuntaciones”.

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Cuaderno de Antonia Berges Beamonte (El Frago, 1885-1951)

Fuentes documentales

Archivo del Ayuntamiento de El Frago.

Archivo de la familia Gracia García.

Prensa histórica local y nacional.

Carmen Romeo Pemán, Los maestros de nuestros padres. Conferencia impartida en el Ayuntamiento de El Frago, el 9 de noviembre de 2013.

Carmen Romeo Pemán, De las escuelas de El Frago, IFC, Zaragoza, 2014. Presentado en El Frago, el 24 de enero de 2015.

Javier Arenzana Romeo, De ronda por las escuelas de El Frago. En instinto lógico, el 1 de febrero de 2015.

Carmen Romeo Pemán, A todas las maestras. A las 35 que pasaron por El Frago. En Letras desde Mocade.

Carmen Romeo Pemán, A todos los maestros. A los 25 que pasaron por El Frago. En Letras desde Mocade.

Fuentes orales

Conversaciones y entrevistas con los alumnos de don Bruno y las alumnas de doña Angelita. Anécdotas de estos maestros que se han mitificado en el pueblo.

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Carmen Romeo Pemán

 

 

Laurentina Frías. Una alcaldesa de la que todos se olvidaron

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Laurentina con sus alumnas. De Sandra Abad Orós

Laurentina Frías Gil con sus alumnas. Alforque, 1928. Foto cedida por Sandra Abad Orós.

A finales de enero de 1933 cesaron a todos los integrantes de los viejos ayuntamientos, de aquellos que habían sido elegidos por el artículo 29 de la Ley Maura, que todavía estaba vigente. En España afectó a 2500 pueblos y en la provincia de Zaragoza a 129. Uno de ellos, Alforque.

A principios de febrero se nombraron unas comisiones gestoras, que durarían solo dos meses y medio, hasta las elecciones de abril de 1933. Con la intención de preparar unas elecciones limpias y transparentes.

En esas gestoras, en la provincia de Zaragoza, entraron 18 alcaldesas y 34 concejalas.

De la elección de 17 alcaldesas se dio noticia en todos los periódicos locales y en muchos nacionales. Se habló del recibimiento que les hizo el gobernador y del banquete que les ofreció. Pero por alguna razón, de Laurentina Frías Gil, la alcaldesa de Alforque no se habló en ningún momento.

Yo la encontré por casualidad cuando estaba rastreando las comisiones de todos los pueblos. En realidad buscaba a las concejalas, de las que nadie se había ocupado. Y de repente la vi. Allí estaba ella, presidiendo una gestora.

La comisión Gestora y el nuevo ayuntamiento de Alforque

Presidente, Laurentina Frías Gil, de 49 años, calle Horno 4. Vocales, José Tesán García, de 27 años, carpintero, calle Mayor, y Agustín Lucea Lanuza, de 24 años, labrador, calle Barriete.

Como alcaldesa cumplió con rigor la principal función para la que fue nombrada: lograr que las elecciones de abril de 1933 fueran limpias y transparentes. Y así recogía su actuación La Voz de Aragón:

Presidió las elecciones y estuvo en la constitución del nuevo ayuntamiento. Después de unas elecciones tranquilas y dignas, con las formalidades de rigor previas, fueron posesionados de los cargos de concejales los señores siguientes:

Mariano Lucea García, 45 años, labrador, calle Barriete; Miguel Clavero Giménez, 60 años, retirado, calle Mayor; Martín Tesán García, 27 años, carbonero, calle Mayor; Julián Clavero Jiménez, 46 años, herrero, calle Mayor; Francisco Artal Giménez, 59 años, del campo, calle Alta; y Bernardino Pertusa Artal, 31 años, jornalero, calle Barriete;. Mediante elección se nombró alcalde a Mariano Lucea. (Cfr. La Voz de Aragón, 08/06/1933).

Laurentina Frías Gil

Monteagudo de las Vicarías, Soria, 3/2/1884-Alforque, 28/1/1952

Recordarotio Laurentina

Tenemos pocas noticias de su familia. Algunos datos sueltos, que nos van apareciendo aquí y allá.

En 1890, Afrodisia Gil Beltrán, quizá una hermana de su madre, vivía en Monteagudo, Soria, de donde procedían los Gil Beltrán, y falleció en Zaragoza el 30/10/1962. Su hermana María Frías Gil (Monteagudo, 1893-Zaragoza, 20/10/1968), se casó con Valeriano Pascual Condado, (¿?-Zaragoza, 28/12/1950.) un guarda de seguridad, y vivían en la calle López Toral 12, de Zaragoza. Su hermano Antonio A. Frías Gil fue secretario de varios pueblos de Soria. En 1929 estaba destinado en Moral de Calatrava, Ciudad Real, y pertenecía a la Unión Patriótica de Primo de Rivera.

Estudios y primeros destinos en Soria

Laurentina, hija de Pedro y Juliana, cursó Magisterio en la Escuela de Maestras de Soria. Acabó a los 18 años y comenzó su carrera profesional en tierras sorianas.

En 1902 la nombraron maestra interina de Villaciervitos. En 1904 seguía en Villaciervitos, con un sueldo de 200 pesetas, y solicitó entrar en las listas maestras del Rectorado de Valladolid, pero la excluyeron por ser menor de 21 años. En 1905 estaba en la escuela mixta de Mazarovel. Desde 1906 hasta 1908, en Vilviestre de los Nabos, un pueblo de 110 habitantes, agregado a Orteruelos.

1907 le habían dado por concurso de traslado Santa Cruz de Moncayo, Zaragoza. Pero María Yerobi Olaechea, con el número 94 de la clasificación general, reclamó su derecho a la escuela de Santa Cruz de Moncayo. Y Laurentina, con el número 101, tuvo que continuar un año más en Vilviestre.

Destino definitivo: Alforque: desde 1908 hasta 1952

En marzo de 1908, por concurso único, consiguió Alforque, Zaragoza. En este traslado le cambió su vida para siempre.

Ha quedado vacante la escuela de Vilviestre de los Navos por haberse posesionado doña Laurentina Frías en la de Alforque, en la provincia de Zaragoza. (El defensor escolar, 21 de marzo de 1908)

Al poco tiempo de llegar se casó con Mariano Giménez Cristóbal (Alforque, 02/06/1877-Ídem, 14/02/1947), un labrador emparentado con casi todo el pueblo. Su hermano Cristóbal Giménez Cristóbal era el carpintero de la calle Mayor, 36. Y en el expediente de responsabilidades políticas contra Gabriel Sena Lucea (Alforque, 21/03/ 1909-Ídem, 14/02/1984). se le  acusa  de haber ayudado a Mariano Giménez a salir de la cárcel. (Cfr. Responsabilidades políticas de la provincia de Zaragoza. Expediente, 4562, contra Gabriel Sena Lucea de Alforque)

Laurentina y Mariano fueron los padres de:

Recordartorio Mariano, su Marido

Manuel (Alforque, 11/03/ 1912-Zaragoza, 20/01/1981). Siguiendo una costumbre aragonesa, al primer hijo que nació después de su muerte le pusieron su nombre.

Afrodisio (Alforque, 11/03/ 1912-Zaragoza, 20/01/1981), cuyo nombre se lo debía a su familia materna. Se casó con Carmen, era contable, aunque en el censo de 1934, figuraba como jornalero. Según los datos que  Manuel Ballarín Aured obtuvo en el AHGC de Salamanca y de la Causa General.

Afrodisio Giménez Frías fue secretario general de la UGT en 1937. Se afilió al PCE el 1-8-1937 y fue secretario general del PCE en 1937 y primeros de 1938. Al parecer, no fue asesinado por los rebeldes, ya que, según la Causa General, “se encontraba en el Ejército”.

Herminio Lafoz Rabaza también recoge el dato de la UGT en la Fundación Bernardo Aladrén.

Manuel, (Alforque, 14/10/1916-Zaragoza, 28/01/1932). Está en cementerio de Torrero, en el mismo nicho de su hermano Afrodisio.

José Luis, (Alforque, 31/12/1921-Zaragoza, 22/01/2005). Licenciado en Químicas, trabajó en el Servicio Comercial de Urruzola. Se casó con Amparo Pérez Plo (Zaragoza, ¿?-Madrid, 4/10/1986) y no tuvieron hijos. Amparo está enterrada en el cementerio de Torrero de Zaragoza, con sus hermanas Julia y María Pilar.

Maestra de Alforque

En los 44 años que ejerció allí, pasaron varias generaciones de niñas. Sabemos que profesionalmente era muy activa y que recibió felicitaciones de la inspección. A continuación, de unas notas ordenadas cronológicamente, que son como la punta de un iceberg, se desprende su talante activo y comprometido.

  1. La Asociación de maestros del partido de Pina decidió admitirla entre sus miembros (Cfr. El magisterio español, 8/8/1914).
  2. Laurentina y Manuela Blasco Pardillos, la futura alcaldesa de Torrellas, solicitaron participar en unas oposiciones restringidas. Estas oposiciones servían para ascender en el escalafón y aumentar el sueldo.
  3. Las niñas de la escuela y su maestra hicieron sendos donativos para las obras del templo del Pilar.
  4. Se dio de alta en la Confederación Nacional de Maestros, en la Sección de Socorros.
  5. Recibió alabanzas del inspector que visitó su escuela.

Visita de inspección. El 26 del pasado mes, realizó la visita reglamentaria el culto señor inspector de la zona, don Emilio Moreno Calvete, a las escuelas nacionales de niños y niñas, desempeñadas por los competentes profesores de Primera Enseñanza, don Generoso Hernando Borreguero y doña Laurentina Frías Gil, quedando altamente satisfecho del estado de la cultura que poseen los niños y las niñas, alentándolos para que sigan ampliando sus conocimiento a fin de ser mañana hombres útiles al pueblo y a la patria que los vio nacer.

Rogó a las autoridades, maestros y niños que procuren poner de su parte para que la asistencia sea más normal, inculcando en los padres los perjuicios que originarán a sus hijos al retenerlos en casa en lugar de enviarlos a las escuelas, según la ley y su conciencia les ordenan. (La Voz de Aragón, 08/06/1933).

1952. Falleció antes de jubilarse y en su necrológica ya solo figuraban dos de sus cuatro hijos Afrodisio y José Luis.

Compromiso político

Dos hechos nos sirven para hacernos una idea de sus inquietudes.

El 28 de enero de 1938 se afilió a la FETE (Cfr. Herminio Lafoz Rabaza).

En 1939 estaba en una lista con 93 maestros de la provincia de Zaragoza, propuestos para ser depurados. Junto a ella figuraban: José María Velilla Membrado, maestro de Alforque, Rosa Arilla Albar, maestra de Gelsa, que había sido concejala de Quinto de Ebro, e Isabel Pemán Cardesa, parvulista de La Almolda, que, en 1933, había sido alcaldesa de Magallón. El 7 de mayo de 1938, Segundo Año de la Victoria. El presidente de la comisión de depuración, Miguel Allué Salvador. (Boletín Oficial de la Provincia de Zaragoza, 10/05/1938).

A la vez que Laurentina, ocuparon la escuela de niños, entre otros: Tarsicio Vega, que había llegado de interino en 1907. Joaquín García Miguel, en 1931, se trasladó a Carballiño (Orense). Ese mismo año llegó Generoso Hernando Borreguero, procedente de Caniego de Mena (Burgos), un activo asociacionista de la prensa de Magisterio. En 1935 Generoso permutó con José María Velilla Membrado (Castelserás, Teruel, 26/2/1871-Zaragoza, (5/12/1962), que estaba en Juslibol. Y en 1938, estando en Alforque, lo depuraron.

Para terminar

Laurentina Frías fue una brillante maestra de Soria, pasó la mayor parte de su vida en Alforque, donde se casó con un labrador, y se comprometió con los ideales de la II República. Fue alcaldesa en 1933, en 1938 se afilió a la FETE, y ese mismo año fue depurada.

Con este artículo he querido rescatar la memoria de esta mujer valiente. Sacar a la luz la figura de una alcaldesa republicana de la que se olvidaron hasta los periódicos de su época.

En la recuperación de los datos de Alforque he contado la inestimable colaboración de Sandra Abad Orós, gran conocedora de los archivos y de la vida del pueblo.

Estoy segura de que, con su vida humilde y con su gran vocación por la enseñanza, entregó lo mejor de sí misma a las niñas de Alforque. Y también estoy segura de que algunas lograrían hacer estudios superiores gracias al empuje y al modelo de su maestra. De esto tendrían que hablarnos las que fueron sus alumnas.

Carmen Romeo Pemán

Letra de médico. La ilusión de un relato publicado

¿Sabéis aquello que se siente cuando se tienen quince años y el chico que te gusta te mira a los ojos y te dice que estás muy guapa? ¿O cuando un test de embarazo da positivo después de meses de intentar tener un hijo? ¿O si un décimo de lotería resulta premiado con el gordo? Yo sí lo sé. Al menos las dos primeras cosas, que la tercera es pura ficción, aunque todas las Navidades lo siga intentando. Y, a pesar de que sea una frase tópica, he vuelto a sentir esas mariposas en el estómago que siempre desprenden felicidad cuando se ponen a mover sus alas. Y os voy a contar por qué.

Leo desde que tengo memoria. No recuerdo una época de mi vida en la que no haya estado leyendo algo, lo que fuera. Y escribo desde hace unos cuantos años, aunque el gusanillo me estuviera mordiendo mucho tiempo antes. Pero lo de escribir siempre lo conjugaba en futuro, ya se sabe, lo típico de “algún día escribiré”. Sin embargo, gracias a mi amigo Curro, al que nunca se lo agradeceré lo bastante, comencé a escribir como quien no quiere la cosa. Todo empezó al intercambiar emails sobre distintas cuestiones, tanto médicas como legales. Yo soy su médico y él es mi abogado, pero pronto esa relación profesional se convirtió en una amistad sincera. En cierto momento, cuando le escribí algo humorístico en alguno de nuestros correos, empezó a preguntarme que por qué no me decidía a escribir. Le dije que era uno de mis proyectos, y en nuestros correos, o mejor dicho en los suyos, empezó a aparecer siempre una graciosa coletilla de despedida: “¡Escribe, leches! ¡Escribe!” Medio en serio, medio en broma, no dejó de chincharme y pincharme hasta que le hice caso y empecé a hacer pinitos y a tontear con la literatura. Me matriculé en un curso on line de escritura, y ahí me perdí. O, mejor dicho, ahí me gané a mí misma la partida contra mis aplazamientos. El gusanillo logró, por fin, hincarme los dientes y la escritura se hizo un hueco en mi vida.

A ese primer curso siguieron otros. Tengo que mencionar con especial cariño los que he realizado con la Escuela de Escritores, donde conocí a tres amigas, Carmen, Carla y Mónica, con las que comparto el blog, “Letras desde Mocade”, que creamos para mantenernos en contacto y seguir avanzando juntas en nuestro hacer como escritoras. Allí compartí también aprendizaje con más compañeros y compañeras y estoy segura de que en algún curso futuro volveremos a coincidir. Dos de ellas, Mila e Iciar, ya han hecho realidad sus novelas, y yo estoy trabajando en la corrección del borrador de mi primer proyecto largo. Mientras tanto he acumulado un buen montón de relatos, cuentos, artículos y poesías que he ido publicando en Letras desde Mocade.

La Escuela de Escritores realiza todos los años un encuentro de fin de curso y publica anualmente un libro con la recopilación de relatos de los alumnos. Yo he participado ya en cinco, además de haber resultado finalista en algún concurso y de tener en los libros de otras escuelas mi rinconcito de gloria, como los demás compañeros. También me siento orgullosa de haber traducido el libro “Habla signada para alumnos no verbales”, publicado por Alianza Editorial.

¿Y por qué os cuento todo esto? Pues muy sencillo: porque acabo de recibir los ejemplares de cortesía de un libro, “Letra de médico”, en el que también colaboro como autora de un relato. Y este libro es especial porque, por primera vez, me llamaron para pedirme que colaborase con un escrito mío. Un compañero médico que me sigue y me lee en el blog me pidió permiso para darle mi teléfono a otro médico jubilado que escribe y que ha sido el promotor del libro. Y este médico, el Dr. Ángel Rodríguez Cabezas, me llamó y me pidió que le enviara algunos relatos para ver si daba el perfil y lo incluían en la obra. Lo hice así, y el resultado ha sido que una de mis historias sea parte de este libro recopilatorio de relatos escritos por médicos que, como yo, aman la literatura.

Una cosa, bien linda por cierto, es tener en mi biblioteca varios libros en los que figuro como una de las autoras. Pero que, por primera vez, me hayan venido a buscar para un proyecto literario, ha conseguido que vuelva a sentir en el estómago esas mariposillas de emoción que os mencionaba al principio al ver ese proyecto convertido en realidad. El próximo 26 de noviembre tendrá lugar la presentación de la obra en el Colegio de Médicos de Málaga, y me siento feliz y emocionada al asistir por primera vez a un acto así como protagonista junto a los demás autores.

Y como me gusta compartir mi felicidad siempre que puedo, he querido dedicar hoy mi publicación en el blog a contaros esa buena noticia. Abrir el paquete y ver la obra impresa es leña que aviva la hoguera de mi deseo de seguir creando historias. Continuaré escribiendo más relatos, mi novela, más poesías… Y todo lo que escriba será siempre un homenaje y un agradecimiento a vosotros, lectores.

Os dejo el enlace al relato incluido en Letra de Médico, La mirada equivocada, puesto que es uno de los que publiqué en su día en Letras desde Mocade. Y espero que lo disfrutéis como lo he hecho yo al poder saborearlo en letra impresa, aunque sea bastante más legible que la tradicional letra de médico.

Así que aprovecharé también para daros a todos las gracias. Porque la escritura no sería lo que es si no contara con lectores. Y en ese sentido me considero afortunada porque he tenido el apoyo de todos vosotros, los que me leéis o me comentáis, desde el principio de mi andadura. No estaría aquí sin eso, de modo que sois parte de mi éxito y de mi satisfacción de hoy al ver publicado este libro.

Y, cómo no, agradecer también al Grupo Editorial 33, y a todos los que han hecho posible que el libro Letra de Médico sea una realidad, por haber querido contar conmigo para este precioso proyecto.

A todos, gracias. Os quiero.

Adela Castañón

 

 

 

Imágenes tomadas por la autora

El sabor metálico de Eva

En junio de 2019, como otros años, me paseaba por la Feria del Libro en la plaza del Pilar de Zaragoza. De repente, vi a una chica, para mi joven, que corría y daba vueltas de una caseta a otra. Me la quedé mirando. Sí era ella, Eva Pardos. La misma que corría de un aula a otra en las clases del Pabellón Sur del Instituto Goya, cuando yo hacía todas las guardias allí. Aquel año de mis guardias, ella estaba en primero de BUP. Era dicharachera, alegre y contagiaba con su risa.

Museo Van Gogh, 1993. Recortada

Eva Pardos en Amsterdam, en el museo de Van Gogh.

Seguí viéndola dos años por los pasillos del instituto. Era amiga de algunos de mis alumnos.

En tercero fuimos juntas al Viaje de Estudios a los Países Bajos. En Amsterdam visitamos una exposición monográfica de Van Gogh. Volví a verla correr por los pasillos. No se quería perder ni una sola obra. Yo la miraba cómo se relamía y cómo sentía la adicción que produce el sabor de la belleza estética.

No la tuve en el aula hasta COU. Ese año la disfruté. Que eso es lo que le sucede a un profesor cuando contagia el amor de su asignatura a un alumno. Eva fue una de esas alumnas que nunca pasan desapercibidas. Tenía la misma mirada inquisitiva con la que también ella me reconoció en la plaza del Pilar.

—Hola, Carmen, ¿te acuerdas de mí?

—¿Cómo te voy a olvidar, Eva Pardos Viartola? —El nombre y los dos apellidos de mis alumnos se me salen de golpe. Se me quedaron grabados a fuerza de pasar lista todos los días—. ¿Qué haces por aquí con esas carreras?

—Pues que firmo dos libros. En dos casetas.

—¿Cómo?¿Dos?

—Sí. Un libro de relatos, Sabor metálico. Y participo en una antología: Mujeres a la orilla del Ebro.

La acompañé a las dos casetas. Compré sus dos libros y comenzamos a charlar del pasado, del paso del tiempo, del presente y de sus ilusiones de futuro. Y a partir de ese día hemos mantenido una relación fluida.

Me invitó a que le presentara Sabor metálico en Madrid, pero me resultó imposible. Y le prometí que se lo presentaría aquí, en Letras desde Mocade.

Eva, espero no defraudarte.

Sabor metálico. Presentación en Zg

En Sabor metálico reúne diecisiete relatos, diecisiete ventanas abiertas a mundos nuevos. El afán de novedad en temas y técnicas le da un toque de juventud. Pero su prosa ya es madura y experimentada.

El sabor de cada relato

En una especie del cuaderno de bitácora saboreé cada uno de los relatos, acompañada por su autora, que de vez en cuando me apostillaba para aclarar mis dudas.

Estas notas se pueden leer de forma parcelada. Antes o después de cada relato. Son pequeñas contraportadas que pretenden ayudar a desentrañar el sentido profundo de los textos y animar a su lectura.

No están pensadas para leerlas de tirón, sino para acompañar a una lectura pausada, como se suelen leer los libros de relatos y de poemas.

Sabor metálico y una cerveza. Recortada

Vanesa y los juguetes

Aquel día salió al jardín, apiló sus juguetes y los quemó. Mientras ardían pensó: “Ya sé por qué el hombre necesita medir el tiempo”.

El tic-tac y los juguetes evocan algo muy profundo. Con historia de Vanesa, con un tránsito a la vida adulta y su decisión de quemar la nostalgia, Eva recrea el ubi sunt de Manrique y la obsesión machadiana del tiempo. Ese tiempo garcilasista que seguirá cambiándolo todo, “por no hacer mudanza en su costumbre”.

La incertidumbre del tiempo está muy bien reflejada en el final abierto del relato.

Cuando Eva me dijo:

—Carmen, es el primer relato que escribí.

No pude por menos que contestarle:

—Yo no te contagié el amor por la literatura. Solo te ayudé a reconocer unos instintos que llevabas dentro y que tardaron unos años en despertar. En este relato ya está todo tú mundo, así que es un buen comienzo. Me atrevería a llamarlo un relato-prólogo.

La Tierra dejaba de girar

Esta distopía, en la que un suceso extraordinario nos invitar a pensar en la pérdida de la normalidad cotidiana, me ha recordado El año de la inmortalidad de escritora aragonesa Ángeles de Irisarri.

La Tierra que poco a poco va dejando de girar es una señal apocalíptica en la van entrando elementos fantásticos.

El primero un Profeta paradójico, “la premonición del pasado”. Como Mínimo, un personaje de El estrellero de San Juan de la Peña de Ángeles de Irisarri, camina hacia atrás en el tiempo en busca de su pasado.

“La que huye sin saber adónde” personifica un sentido trascendente nihilista.

Y el Grupo, cada vez más numeroso, me hace pensar en una humanidad que ha perdido el norte. Al final se produce el choque inevitable y la Tierra deja de girar.

La gran habilidad de Eva consiste en que dota de acción y movimiento a una fábula trascendente. Nos muestra lo maravilloso y sus efectos sin necesidad de explicarlos.

El sofá

—¿Y este relato tan diferente? Yo veo una serie de acciones casi vertiginosas, pero sin una trama bien definida, como sin nos quedáramos en el regusto de sumar anécdotas sucias —le dije.

—¡Jajaja! Me encanta que lo hayas visto —me contestó—. Es un pequeño homenaje a la “generación beat” y al “realismo sucio americano”. Lo escribí a partir de un relato largo y luego fui quitando hasta dejar el armazón. Si te das cuenta, al final el ritmo frenético, acelerado por las frases cortas, da paso a una situación relajada.

—Pues, Eva, solo puedo rendirme a tus pies. Supongo que será muy del gusto de la gente de tu edad, de los que os pasabais los días escuchando a Barricada en el patio del instituto.

Sol mudo

Como profesora de literatura, antes de entrar en el relato, me fijo en la sinestesia del título, del más puro estilo gongorino. Y antes de comenzar a leer ya me enamora.

En el primer párrafo aparece ese Doscastillos que me lleva a tu pueblo de origen, en el corazón mismo de las Cinco Villas. A Uncastillo,  que fue un núcleo importante del republicanismo español:

Aparecieron en el pueblo unos hombres con camisas azules e insignias rojas. Solo recuerdo que mataron a los perros y pasaron a ser ellos quienes se reunían cada mañana en la plaza.

Y me permito el lujo de copiar la descripción inicial del paisaje:

La carretera, angosta, como el cauce seco de un río. Un carro tirado por dos bueyes me llevaba a mi destino.

Y esa síntesis con la que nos sumerges en la España Vacía:

No había ni un alma. Después de mucho tiempo recordaría con tristeza ese pensamiento de aquella primera tarde calurosa, porque nunca encontré ni un alma en Doscastillos.

Con gran habilidad mezcla lo natural con lo fantástico. En un pueblo calcinado, donde los hombres no hablan, nos encontramos con una asamblea de perros que deciden las leyes no escritas. Este momento es uno de los mejores del relato, es como una síntesis en forma de fábula clásica. A partir de aquí el mensaje se extiende a toda la narración en olas concéntricas:

Perros que ni envejecían ni enfermaban, que jamás llegaron a mi consulta. Habían estado siempre allí como si la muerte se hubiera olvidado de ellos.

El simbolismo es como el de la Parábola de un náufrago de Miguel Delibes: una sátira contra la deshumanización que producen los fanatismos. En la obra de Delibes, don Genaro, un funcionario sumiso, se convierte en un perro.

La atmósfera asfixiante y las descripciones escuetas ayudan a crear una sensación de desasosiego en el lector.

Chowder

Chowder, “sopa de pescado” en alemán, es un breve diálogo entre un abuelo y su nieto Samuel. Recrea una situación que inspira mucha ternura y que sirve de contrapunto a la dureza del tema.

En el fondo, nuestras lecturas son diálogos con el texto y con otros textos que nos trae a la memoria. Pues bien, desde sus primeras líneas, este relato me reenviaba a La sonrisa etrusca de José Luis Sampedro. Tanto que tuve que interrumpir y releer a Sampedro. No tienen nada que ver en el contenido, pero sí en el punto de vista y en el tratamiento del narrador.

El abuelo, un emigrante checo, en 1934 era un cocinero de un restaurante de moda en Berlín. Después de ganarse el favor de Hitler, los nazis descubrieron su verdadera identidad. Al final, la historia se cierra con una vuelta a los orígenes.

Cuando le comenté que había sentido el cierre un poco precipitado, me respondió con ojillos de complicidad.

—Quería hacer algo histórico con los alemanes y la Segunda Guerra Mundial. Este relato fue la primera chispa, pero creo que será más largo. O quién sabe, igual lo incluyo en una novela.

—Pues ya que me has revelado un secreto, esperaré con impaciencia esa novela. Y ahora, si te parece, pasamos al siguiente.

Lágrimas en los abetos

Cuenta la reacción que el suicidio de Anelka provoca en su hermano Mijail Novikov. El narrador nos lleva de la mano y, poco a poco, acabamos aceptando cómo el dinero disuelve los deseos de venganza.

—¿Y este giro en tu narrativa? —le pregunté.

—Pues es que soy una enamorada de la literatura rusa y de Chejov. Es un cuento muy clásico, lo sé. Pero me gusta experimentar.

—En el fondo es una denuncia irónica del maltrato de las mujeres.

Eva sonrió. Pero yo sabía que aprovechaba sus gustos literarios para reivindicar  los derechos de las mujeres.

Por cierto, Lágrimas en los abetos me hizo  pensar en Lágrimas en los tejados de Sandra Araguás, otra joven escritora aragonesa.

Canícula

Un relato de apariencia sencilla en el que las palabras tejen con delicadeza una historia castellana, en la línea de las de los noventayochistas, Delibes o Cela.

El viajero que abandona el pueblo quiere guardar en su pupila todo lo que alcanza su vista:

A la izquierda, el campo de mi abuelo, terreno baldío, ya no hay nada que pueda hacer allí, demasiado joven para quedarse. A la derecha los melocotoneros de su padre, su padre que ya no está. La agonía ha venido y recorrerá el camino que no tendrá retorno.

En estos relatos, con mucha frecuencia, nos encontramos con el fantasma de la España Vacía que tan bien definió Sergio del Molino: un camino sin retorno que solo vive en la nostalgia.

La casa se llenará de risas

Es una historia muy valiente, el negativo del mito del príncipe destronado. Los celos pueden convertir a un niño en un gran malvado. El buen tono de Amelia, la narradora-niña, me recuerda al tono de El príncipe destronado de Miguel Delibes.

Lo novedoso es el juego irónico de contrastes: entre el título y el tema que articula la trama, entre los paisajes soleados y lo sórdido de la historia. Un relato que no nos deja indiferentes.

¡Fuera de aquí todas!

Es uno de los relatos que más me ha impactado. Un texto metaliterario que dialoga con la obra de la que pretende ser un apéndice.

Es una forma ingeniosa de dar salida a Pepe el Romano, el novio de Angustias en La casa de Bernarda Alba de Lorca.

—Eva, ¿cómo se te ocurrió esta genialidad?

—Pues muy fácil, Carmen. Desde la primera vez que leí La casa de Bernarda Alba, se me quedó rondando una pregunta: ¿Qué pasó con Pepe el Romano, un personaje tan grande y tan pequeño en la obra?

Efectivamente, este relato da vida a lo que sucede cuando Bernarda dispara. En ese momento el gran ausente toma la palabra.

Ciénaga de ceniza. En She was so bad

Ciénaga de ceniza

Cuando comencé a leerlo, me vi traspuesta al mundo de El perseguidor de Julio Cortázar. A esas noches insomnes a ritmo de jazz.

Pero las técnicas y el contexto son muy modernos. Aquí nos vemos involucrados en “la ciénaga del cenicero que teníamos debajo de la cama”.

Como un enfant terrible, la narradora con un ritmo poético trepidante nos conduce a la locura de las noches de saxo y sexo.

—Este cuento fue una auténtica prueba de estilo. Yo lo llamo un relato circular.  Cuando lo releo me da la sensación de dar giros. Es el relato más “loco” de todo el libro. Me inspiré en el colombiano Rafael Chaparro —Eva dixit.

Sabor metálico

Este relato  da título a todo el libro. Está contado con una verosimilitud a prueba de fuego. Está tejido con la misma minuciosidad con la que el oficinista, que está de baja por ansiedad, reconstruye la vida de Julia, su nueva vecina. Todo encaja como en una gran labor de orfebrería. Una historia de tomo y lomo: con mucha intriga y con una gran sorpresa final.

El sabor metálico de estas páginas es una metonimia de sabor ácido que impregna todo el libro. No entro en análisis más profundos, diré simplemente que es magistral.

Quince días para la jubilación

Los quince días marcan la edad de la narradora, Eva Dospar, un heterónimo de la autora. Una trama limpia y clásica encierra un mundo musical moderno para hacerlo eterno.

En las dos partes que sirven de marco, la primera y la tercera, la narradora decide escribir un artículo sobre el recién fallecido Paco de Lucía. Y la segunda parte, el recuerdo de sus tiempos universitarios gira en torno a la música de Led Zeppelin: “El grupo que escuché mientras lo escribía”, me comentó Eva.

Curso de escritura

La narradora parece un alter ego de la autora y el texto un ejemplo de autoficción. Pero, a medida que avanza su conversación con el profesor de escritura, va ganando el punto de vista ficcional. Al final, di un respingo en el sillón. El amable profesor resultó ser un coleccionista de amantes asesinadas.

Me quedé sin respiración. Todo me sabía a poco. La historia solo estaba esbozada, sugerida.

Hotel Miguel Ángel

La maleta se convierte en una metáfora de situación que tensa el ambiente. Mi imaginación, como la de la narradora, iba al cien por hora. Al final, como en el soneto con estrambote de Cervantes: “caló el chapeo, requirió la espada, miró al soslayo, fuese y no hubo nada”. Y me entró la risa. ¡Qué humor tan fino!

Vecinas

Muy buena historia. Después de acabarla me seguí desternillando un buen rato. Cuando hablé con Eva de todos y cada uno de sus relatos le dije:

—¡Eres la bomba! No cambiarás nunca. Pero me encanta le aire fresco de tus páginas.

—Pues esta historia me sucedió de verdad. Es una de esas veces en las que la realidad supera la ficción. En las que lo más real parece inverosímil.

Cafetería

La narradora, de un aspecto normal, parte de un aquí y un ahora:  la cafetería de la plaza del Pilar de Zaragoza donde se está tomando un café. Y, de repente, le pica la cicatriz del brazo. Esa anécdota, también normal, la convierte en un personaje extremadamente sensible.

A partir de ese momento el relato avanza en dos planos. El real y el evocado. La madurez se contrapone a la infancia.

Cuando el lector funde los dos planos, adivina todo lo extraordinario que evocan nuestros rituales. El resultado es un relato entrañable, con una prosa madura.

De una a dos

El relato más complejo del libro. Como la maquinaria de un reloj de precisión y a la manera de H.P. Lovecraft, el maestro de terror, va desarrollando una compleja historia sucedida en Zaragoza. En lugar de hacer spoiler, dejaré hablar a su autora.

—Es uno de mis favoritos. Ante de sentarme a escribir me leí los cuentos completos de H.P. Lovecraft y muchas crónicas de los periódicos de los años 60. Y después le dediqué mucho tiempo al diseño de la estructura.  Quería sintetizar las vidas de cuatro personajes y de tres generaciones. Me encantó escribirlo cuando ya lo tenía el puzle montado.

Para terminar

Sabor metálico, como la mente inquieta de Eva Pardos, es un libro poliédrico. Es un libro joven, que juega con la experimentación. Cada relato apunta hacia un camino literario diferente.

Y eso requiere una lectura en tiempos diferentes. Esa concepción nos obliga a leer y a sentarnos al borde del camino antes de pasar al siguiente. Nos obliga a reflexionar y a releer.

Es uno de esos libros en los que el sabor metálico inicial, con las sucesivas lecturas, se va convirtiendo en agridulce. Y en la última nos deja el agradable sabor de una literatura que nos atrapa.

Eva, tú no me has defraudado.

Sabor metálico. Presentación en Madrid

Presentación en Madrid

 

Eva Pardos Viartola (Zaragoza 1974). En 1993 acabó el Bachillerato, entonces BUP y COU, en el Instituto Goya. En la Universidad de Zaragoza cursó Biblioteconomía y Documentación, estudios que le ayudaron a que su amor por los libros siguiera creciendo. Actualmente ejerce como docente en “MasterD”, una empresa de formación. Y combina su trabajo con la dedicación a la escritura. El curso 2018, volvió a la Universidad y realizó el Máster del Profesorado.

De su vocación literaria

En el Instituto Goya, mi profesora Carmen Romeo, me transmitió su pasión por la literatura. Pero mi vocación por la escritura me llegó un poco tarde, cuando ya tenía 40 años. Como todas las cosas importantes de la vida, entró de puntillas, casi por casualidad. Mi pasión literaria me llevó a uno de los talleres de escritura creativa que entonces proliferaban en Zaragoza. Allí comenzó de una forma muy gratificante mi afición por la escritura. Esta afición me llevó a los talleres de Mario de los Santos, Óscar Sipán, Julio Espinosa e Irene Achón. Con los relatos de esos cursos comencé a publicar en las antologías: “Buscando los orígenes de aquello”, “She was so bad” y quedé finalista en un concurso de la Unión Europea.

Compartí mi pasión con otros colegas y formamos el grupo “La Flama”, al que pertenezco desde 2016. Hoy nos dirige Ángel Gracia, escritor y poeta. Allí vamos desarrollando nuestra propia voz y buscamos la manera de seguir mejorando nuestro quehacer literario.

Quiero aprovechar estas charlas para darles las gracias a Reyes y David, de Pregunta Ediciones. Ellos me han apoyado siempre y me animaron a recopilar todos los cuentos y a publicarlos en un volumen. De su empeño nació “Sabor metálico”.

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Obras

Buscando los orígenes de aquello. Antología de relatos. Pregunta Ediciones, 2014.

Mujer ni más ni menos. Concurso de micro-relatos, día de la mujer. Quedó finalista con Horizontes. Parlamento Europeo, 2015.

She was so bad. Antología de relatos pulp. Editorial Aloha, 2016.

Salvajes. Relato. En Ecléctica, Revista de fotografía, mayo de 2017.

Mujeres a la orilla del Ebro. Antología de escritoras aragonesas. Coordinación, Ana Vivancos. Prólogo de Julia Duce. Editorial Apache, 2019.

Sabor metálico. Pregunta Ediciones, 2019. Su primer libro de relatos.

Mujeres a la orilla del Ebro. Presentación

Mujeres a la orilla del Ebro

Aunque no es el objetivo principal de este estudio, me gustaría presentaros a las compañeras de Eva en esta antología de voces jóvenes zaragozanas. Para que no se pierda su memoria, voy a nombrarlas: Lucía Arca, Laura Bordonada Plou, Irene Cisneros, Esther García, Sylvia Marx, Teresa Palomo, Pepa Pardos, Eva Pardos Viartola, Rosa Vidal y Ana Vivancos.

Me habría gustado citarlas a todas con el apellido materno, porque nuestras genealogías femeninas son importantes, pero por alguna razón que no alcanzo a adivinar, solo aparecen con el apellido paterno.

Como ellas dicen: “No importa de dónde venimos, pero sí adónde vamos. Los beneficios de este libro son para Armanixer, una asociación que ayuda a mujeres con discapacidad”.

Recomiendo a los lectores que se acerquen a estas páginas llenas de energía y de prosa novedosa. Estas mujeres rompedoras son la voz de nuestro futuro.

Carmen Romeo Pemàn

Con otras autoras de la antología

De izquierda a derecha: Laura Bordonada, Teresa Palomo, Eva Pardos y Ana Vivancos

Patrocinio Castanera y el Colegio de Señoritas de Huesca

El año 1901, el mismo que nació el Ministerio de Educación, Patrocinio Castanera Plasencia creó en Huesca un Colegio de Señoritas. Hasta entonces, la educación de las niñas no estaba bien sistematizada ni se consideraba importante. Pero las familias acomodadas querían educar a sus hijas: inculcarles buenos modales sociales y prepararlas para elegir marido. Así nacieron las Escuelas de Señoritas en el siglo XIX.

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Diario de Huesca, 1901

En realidad estas familias buscaban un buen matrimonio para sus hijas, aunque fuera de conveniencia, que asegurara, o aumentara, el patrimonio familiar.

En el siglo XIX en toda Europa se crearon Escuelas de Señoritas, en las que las niñas aprendían a escribir, las reglas de matemáticas, un poco de historia y literatura y algún idioma. Pero, sobre todo, aprendían a hablar, a sentarse, a bordar y a tocar el piano. Estas escuelas se extendieron pronto en España con gran éxito. Y se hicieron famosas, precisamente fueron un antecedente de la que creó María de Maeztu, en 1915, para estudiantes universitarias en Madrid.

Patrocinio, una brillante maestra de una prestigiosa familia de Huesca, recién casada con un comerciante catalán, se animó a crear un Colegio de Señoritas en Huesca. Desde el primer momento encontró apoyo en Vicenta Coronas Marconel, una joven maestra que en 1900 había acabado los estudios de piano en la Escuela de Música de Zaragoza.

Pero, cuando fundó su Escuela, no contaba con la dura competencia de las escuelas públicas, impulsadas por el nuevo ministerio de Educación. Así que, a los pocos años, Patrocinio abandonó el negocio y comenzó un itinerario por las escuelas rurales, donde realizó una notable labor.

En 1933, durante la II República, cuando estaba de maestra en Chodes (Zaragoza), llego a ser una de las 34 concejalas que se nombraron en las Comisiones Gestoras de la provincia de Zaragoza.

1899. Patrocinio. CaligrafíaPatrocinio Castanera Plasencia

A María Patrocinio Castanera Plasencia (Huesca, 11 de noviembre de 1872-Zaragoza, 9 de febrero de 1947), la bautizaron en la parroquia de San Lorenzo, como a sus hermanos Mariano, Gregorio y Cipriano. Eran hijos de Mariano Castanera de Binéfar, y de Juana Plasencia, de Huesca. Los abuelos paternos, también de Binéfar, eran Domingo Castanera y Melchora Alegre. Y los maternos, de Huesca, Mariano Plasencia y Pascuala Sieso.

He creído oportuno aclarar los orígenes familiares de Patrocinio, oscurecidos por algunas biografías de su hermano Mariano Castanera Plasencia, fundador de La Crónica, un diario de avisos de Huesca, que se casó con una heredera de la imprenta Larumbe.

Patrocinio estudió Magisterio en la Escuela de Maestras de Huesca. En 1889 sacó sobresaliente en el título de Maestra Elemental y en 1890 obtuvo el título de Maestra Superior.

En 1897 la prensa de Tarragona recogió la noticia de su boda con Vicente Sugrañés Bardají (Tarragona, 1864-Zaragoza, 1941), hijo de Vicente Sugrañés Viñe y Francisca Bardají Lafarga, de Monzón. Un hermano de Vicente,  Francisco Sugrañés Bardají (1866-1937) fue un destacado médico con importantes contribuciones a la lucha antituberculosa.

Ayer tuvo lugar el matrimonio de la bella y virtuosa oscense, señorita Patrocinio Castanera, con don Vicente Sugrañés Bardají, de Tarragona, inteligente y laborioso almacenista de vinos en esta ciudad. Fueron apadrinados por la distinguida señora babastrense doña Teresa Tremusa de Alcarazo (sic), tía de la novia, y Mr. J. Carlos, hermano político del contrayente. El acto religioso tuvo lugar en la catedral del Salvador. (Cfr. La Voz de la provincia, Tarragona, 11/02/1897).

A principios del siglo XX, el matrimonio se instaló en Huesca. Vicente abrió un establecimiento de vinos y aguardientes y Patrocinio fundó una Escuela de Señoritas.

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Diario de Huesca, 1902

LA PARRA. Nuevo establecimiento de vinos y aguardientes de V.Sugrañés. Huesca. El dueño de este establecimiento, situado en la calle del Coso Alto núm. 42, ofrece al público los siguientes artículos: Vino tinto superior a 0’20 pesetas el litro. Vino clarete (especialidad) a 0’85. Anisados legítimos de vino, clases dulce, medio dulce y seco a l’50 pesetas litro. Los géneros todos de esta casa quedan garantizados. (Cfr. Diario de Huesca, 30/01/1902)

El Colegio de Señoritas

No es de extrañar que el Diario de Huesca se hiciera eco de un centro que respondía a la moda del momento. Con el colegio de Patrocinio Castanera, Huesca entraba en la vanguardia de la formación de señoritas.

Estas señoritas, como Flora, la protagonista de la novela de Pilar Sanjuán, La educación de una niña, comenzaban la instrucción en su tierna infancia y sus maestras las llevarían de la mano hasta dejarlas bien casadas. Pero algunas no se conformaban con imitar a Flora y a La perfecta casada de Fray Luis de León, querían parecerse a su maestra. Y no pocas maestras posteriores de Huesca siguieron los pasos de Patrocinio y de Vicenta, su más estrecha colaboradora.

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Diario de Huesca, 1913

Vicenta Coronas Marconel (Huesca, ¿?-1958) hija de Eusebio Coronas Lacasa (Huesca, 1851-1923) y de Tomasa Marconel Solá (Huesca, ¿?-1931), pertenecía a la familia Los Coronas. Su padre fue profesor de música de la Escuela Normal de Maestros entre 1899 y 1923. La saga musical de Los Coronas comenzó con sus abuelos, Raimundo Coronas y Ramona Lacasa, cuyos hijos, Nicolás, Enrique, Eusebio y Alejandro fueron piezas clave para el desarrollo de la música en Huesca. A los pocos años Vicenta entró de Profesora de Música a la Escuela de Maestras de Huesca.

No podía comenzar el nuevo colegio de señoritas con mejores madrinas. Sobre el papel, era una iniciativa brillante llamada a tener un gran porvenir.

Nuevo Colegio de señoritas. Hemos recibido una circular en la que la Sra. Doña María del Patrocinio Castanera anuncia la apertura, desde el día uno de septiembre próximo, de un Centro de Enseñanza para Señoritas, en la casa antigua de Abadías, Azara núm. 2. La Directora se propone establecer además de la enseñanza elemental y superior, otras especiales de bordados y corte, dibujo y música, estando la enseñanza de piano a cargo de la muy competente profesora señorita doña Vicenta Coronas. (Cfr. Diario de Huesca, 23/08/1901).

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En este rincón debió estar el Colegio de Señoritas de Patrocinio

El uno de septiembre de 1901 se abrió el Colegio de Señoritas “Nuestra Señora del Carmen”, en la calle Azara, 5. En los repetidos anuncios de la prensa se leía:

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Clases de Instrucción primaria Y elemental ampliada, 3 pesetas: ídem superior, 5 pesetas. Especialidades, de bordados y corte, de adornos; dibujo, música y piano. Precios convencionales.

En esta escuela, como en las de otras provincias, se impartían clases de Instrucción primaria elemental ampliada y superior, y especiales de bordados, corte, dibujo, música y piano.

 

Este nuevo centro de enseñanza para señoritas está siendo objeto, por parte de las muchas personas que lo visitan, de elogios muy cumplidos por su organización, lo moderno de su material, y el conjunto estético que presenta. Reúnen, además, sus locales, condiciones especialísimas para escuela; hay allí luz abundante, ventilación inmejorable, perspectiva alegre, vistas a jardines; condiciones muy necesarias para la higiene de las educandas y lo que contribuye poderosamente a despertar en las jóvenes alumnas disposición al estudio. Con respecto a la enseñanza, la muy competente ilustrada profesora Doña María del Patrocinio Castañera, ha tenido el buen acuerdo de adoptar el sistema cíclico progresivo de la moderna Pedagogía, que desarrolla con el acierto propio de su cultura y competencia. Sois ya varias las familias las que envían a sus hijas al colegio de “Nuestra Señora del Carmen” y no resulta aventurado asegurar que, en plazo no largo, este centro docente ha de ser de los más concurridos de la localidad, sobre todo cuando sean más conocidos los excelentes resultados que ya va produciendo en la instrucción y educación de las señoritas que en él concurren. (Cfr. Diario de Huesca, 11/10/1901).

Para terminar

Los deseos de la prensa no se cumplieron. A los cuatro años, Patrocinio solicitó plaza como maestra de escuelas rurales. Entre otros destinos estuvo: en 1905 en Tierz (Huesca); en 1907 en Bandaliés (Huesca); en 1908 en Sasé y Ginnabel (Huesca); en 1909 en Asín de Broto (Huesca); en 1911 en Oseja (Zaragoza), en 1929 en Villanueva de Jalón, (Zaragoza) y en 1933, en Chodes (Zaragoza), donde fue concejala.

Cuando Patrocinio solicitó escuelas en la provincia de Zaragoza, su marido estableció su negocio en Zaragoza. En el censo de 1934, ella seguía en Chodes, y, en la calle Pignatelli 75 de Zaragoza, residían su marido, de profesión comisionista, y sus hijos: Francisco, sastre, de 36 años; Carmen, de 28, y Josefina, de 26, dedicadas a sus labores.

Patrocinio con la fundación de la Escuela de Señoritas, con su deambular por las escuelas rurales y con su cargo de concejala, fue una de las maestras que contribuyó al cambio de la escuela española.

Tanto ella como las maestras de su generación eran mujeres con una identidad propia: eran autónomas, abrían negocios, viajaban a los pueblos sin su familia, ocupaban cargos públicos y escribían en revistas profesionales. Además convencieron a los padres de muchas de sus alumnas para que las sacaran a estudiar fuera de los pueblos.

1887. Patrocinio. Solicita ingreso

Carmen Romeo Pemán

Imagen principal. Residencia de Señoritas de Lasierra Pambley, Palencia.