Letra de médico. La ilusión de un relato publicado

¿Sabéis aquello que se siente cuando se tienen quince años y el chico que te gusta te mira a los ojos y te dice que estás muy guapa? ¿O cuando un test de embarazo da positivo después de meses de intentar tener un hijo? ¿O si un décimo de lotería resulta premiado con el gordo? Yo sí lo sé. Al menos las dos primeras cosas, que la tercera es pura ficción, aunque todas las Navidades lo siga intentando. Y, a pesar de que sea una frase tópica, he vuelto a sentir esas mariposas en el estómago que siempre desprenden felicidad cuando se ponen a mover sus alas. Y os voy a contar por qué.

Leo desde que tengo memoria. No recuerdo una época de mi vida en la que no haya estado leyendo algo, lo que fuera. Y escribo desde hace unos cuantos años, aunque el gusanillo me estuviera mordiendo mucho tiempo antes. Pero lo de escribir siempre lo conjugaba en futuro, ya se sabe, lo típico de “algún día escribiré”. Sin embargo, gracias a mi amigo Curro, al que nunca se lo agradeceré lo bastante, comencé a escribir como quien no quiere la cosa. Todo empezó al intercambiar emails sobre distintas cuestiones, tanto médicas como legales. Yo soy su médico y él es mi abogado, pero pronto esa relación profesional se convirtió en una amistad sincera. En cierto momento, cuando le escribí algo humorístico en alguno de nuestros correos, empezó a preguntarme que por qué no me decidía a escribir. Le dije que era uno de mis proyectos, y en nuestros correos, o mejor dicho en los suyos, empezó a aparecer siempre una graciosa coletilla de despedida: “¡Escribe, leches! ¡Escribe!” Medio en serio, medio en broma, no dejó de chincharme y pincharme hasta que le hice caso y empecé a hacer pinitos y a tontear con la literatura. Me matriculé en un curso on line de escritura, y ahí me perdí. O, mejor dicho, ahí me gané a mí misma la partida contra mis aplazamientos. El gusanillo logró, por fin, hincarme los dientes y la escritura se hizo un hueco en mi vida.

A ese primer curso siguieron otros. Tengo que mencionar con especial cariño los que he realizado con la Escuela de Escritores, donde conocí a tres amigas, Carmen, Carla y Mónica, con las que comparto el blog, “Letras desde Mocade”, que creamos para mantenernos en contacto y seguir avanzando juntas en nuestro hacer como escritoras. Allí compartí también aprendizaje con más compañeros y compañeras y estoy segura de que en algún curso futuro volveremos a coincidir. Dos de ellas, Mila e Iciar, ya han hecho realidad sus novelas, y yo estoy trabajando en la corrección del borrador de mi primer proyecto largo. Mientras tanto he acumulado un buen montón de relatos, cuentos, artículos y poesías que he ido publicando en Letras desde Mocade.

La Escuela de Escritores realiza todos los años un encuentro de fin de curso y publica anualmente un libro con la recopilación de relatos de los alumnos. Yo he participado ya en cinco, además de haber resultado finalista en algún concurso y de tener en los libros de otras escuelas mi rinconcito de gloria, como los demás compañeros. También me siento orgullosa de haber traducido el libro “Habla signada para alumnos no verbales”, publicado por Alianza Editorial.

¿Y por qué os cuento todo esto? Pues muy sencillo: porque acabo de recibir los ejemplares de cortesía de un libro, “Letra de médico”, en el que también colaboro como autora de un relato. Y este libro es especial porque, por primera vez, me llamaron para pedirme que colaborase con un escrito mío. Un compañero médico que me sigue y me lee en el blog me pidió permiso para darle mi teléfono a otro médico jubilado que escribe y que ha sido el promotor del libro. Y este médico, el Dr. Ángel Rodríguez Cabezas, me llamó y me pidió que le enviara algunos relatos para ver si daba el perfil y lo incluían en la obra. Lo hice así, y el resultado ha sido que una de mis historias sea parte de este libro recopilatorio de relatos escritos por médicos que, como yo, aman la literatura.

Una cosa, bien linda por cierto, es tener en mi biblioteca varios libros en los que figuro como una de las autoras. Pero que, por primera vez, me hayan venido a buscar para un proyecto literario, ha conseguido que vuelva a sentir en el estómago esas mariposillas de emoción que os mencionaba al principio al ver ese proyecto convertido en realidad. El próximo 26 de noviembre tendrá lugar la presentación de la obra en el Colegio de Médicos de Málaga, y me siento feliz y emocionada al asistir por primera vez a un acto así como protagonista junto a los demás autores.

Y como me gusta compartir mi felicidad siempre que puedo, he querido dedicar hoy mi publicación en el blog a contaros esa buena noticia. Abrir el paquete y ver la obra impresa es leña que aviva la hoguera de mi deseo de seguir creando historias. Continuaré escribiendo más relatos, mi novela, más poesías… Y todo lo que escriba será siempre un homenaje y un agradecimiento a vosotros, lectores.

Os dejo el enlace al relato incluido en Letra de Médico, La mirada equivocada, puesto que es uno de los que publiqué en su día en Letras desde Mocade. Y espero que lo disfrutéis como lo he hecho yo al poder saborearlo en letra impresa, aunque sea bastante más legible que la tradicional letra de médico.

Así que aprovecharé también para daros a todos las gracias. Porque la escritura no sería lo que es si no contara con lectores. Y en ese sentido me considero afortunada porque he tenido el apoyo de todos vosotros, los que me leéis o me comentáis, desde el principio de mi andadura. No estaría aquí sin eso, de modo que sois parte de mi éxito y de mi satisfacción de hoy al ver publicado este libro.

Y, cómo no, agradecer también al Grupo Editorial 33, y a todos los que han hecho posible que el libro Letra de Médico sea una realidad, por haber querido contar conmigo para este precioso proyecto.

A todos, gracias. Os quiero.

Adela Castañón

 

 

Imágenes tomadas por la autora

El sabor metálico de Eva

En junio de 2019, como otros años, me paseaba por la Feria del Libro en la plaza del Pilar de Zaragoza. De repente, vi a una chica, para mi joven, que corría y daba vueltas de una caseta a otra. Me la quedé mirando. Sí era ella, Eva Pardos. La misma que corría de un aula a otra en las clases del Pabellón Sur del Instituto Goya, cuando yo hacía todas las guardias allí. Aquel año de mis guardias, ella estaba en primero de BUP. Era dicharachera, alegre y contagiaba con su risa.

Museo Van Gogh, 1993. Recortada

Eva Pardos en Amsterdam, en el museo de Van Gogh.

Seguí viéndola dos años por los pasillos del instituto. Era amiga de algunos de mis alumnos.

En tercero fuimos juntas al Viaje de Estudios a los Países Bajos. En Amsterdam visitamos una exposición monográfica de Van Gogh. Volví a verla correr por los pasillos. No se quería perder ni una sola obra. Yo la miraba cómo se relamía y cómo sentía la adicción que produce el sabor de la belleza estética.

No la tuve en el aula hasta COU. Ese año la disfruté. Que eso es lo que le sucede a un profesor cuando contagia el amor de su asignatura a un alumno. Eva fue una de esas alumnas que nunca pasan desapercibidas. Tenía la misma mirada inquisitiva con la que también ella me reconoció en la plaza del Pilar.

—Hola, Carmen, ¿te acuerdas de mí?

—¿Cómo te voy a olvidar, Eva Pardos Viartola? —El nombre y los dos apellidos de mis alumnos se me salen de golpe. Se me quedaron grabados a fuerza de pasar lista todos los días—. ¿Qué haces por aquí con esas carreras?

—Pues que firmo dos libros. En dos casetas.

—¿Cómo?¿Dos?

—Sí. Un libro de relatos, Sabor metálico. Y participo en una antología: Mujeres a la orilla del Ebro.

La acompañé a las dos casetas. Compré sus dos libros y comenzamos a charlar del pasado, del paso del tiempo, del presente y de sus ilusiones de futuro. Y a partir de ese día hemos mantenido una relación fluida.

Me invitó a que le presentara Sabor metálico en Madrid, pero me resultó imposible. Y le prometí que se lo presentaría aquí, en Letras desde Mocade.

Eva, espero no defraudarte.

Sabor metálico. Presentación en Zg

En Sabor metálico reúne diecisiete relatos, diecisiete ventanas abiertas a mundos nuevos. El afán de novedad en temas y técnicas le da un toque de juventud. Pero su prosa ya es madura y experimentada.

El sabor de cada relato

En una especie del cuaderno de bitácora saboreé cada uno de los relatos, acompañada por su autora, que de vez en cuando me apostillaba para aclarar mis dudas.

Estas notas se pueden leer de forma parcelada. Antes o después de cada relato. Son pequeñas contraportadas que pretenden ayudar a desentrañar el sentido profundo de los textos y animar a su lectura.

No están pensadas para leerlas de tirón, sino para acompañar a una lectura pausada, como se suelen leer los libros de relatos y de poemas.

Sabor metálico y una cerveza. Recortada

Vanesa y los juguetes

Aquel día salió al jardín, apiló sus juguetes y los quemó. Mientras ardían pensó: “Ya sé por qué el hombre necesita medir el tiempo”.

El tic-tac y los juguetes evocan algo muy profundo. Con historia de Vanesa, con un tránsito a la vida adulta y su decisión de quemar la nostalgia, Eva recrea el ubi sunt de Manrique y la obsesión machadiana del tiempo. Ese tiempo garcilasista que seguirá cambiándolo todo, “por no hacer mudanza en su costumbre”.

La incertidumbre del tiempo está muy bien reflejada en el final abierto del relato.

Cuando Eva me dijo:

—Carmen, es el primer relato que escribí.

No pude por menos que contestarle:

—Yo no te contagié el amor por la literatura. Solo te ayudé a reconocer unos instintos que llevabas dentro y que tardaron unos años en despertar. En este relato ya está todo tú mundo, así que es un buen comienzo. Me atrevería a llamarlo un relato-prólogo.

La Tierra dejaba de girar

Esta distopía, en la que un suceso extraordinario nos invitar a pensar en la pérdida de la normalidad cotidiana, me ha recordado El año de la inmortalidad de escritora aragonesa Ángeles de Irisarri.

La Tierra que poco a poco va dejando de girar es una señal apocalíptica en la van entrando elementos fantásticos.

El primero un Profeta paradójico, “la premonición del pasado”. Como Mínimo, un personaje de El estrellero de San Juan de la Peña de Ángeles de Irisarri, camina hacia atrás en el tiempo en busca de su pasado.

“La que huye sin saber adónde” personifica un sentido trascendente nihilista.

Y el Grupo, cada vez más numeroso, me hace pensar en una humanidad que ha perdido el norte. Al final se produce el choque inevitable y la Tierra deja de girar.

La gran habilidad de Eva consiste en que dota de acción y movimiento a una fábula trascendente. Nos muestra lo maravilloso y sus efectos sin necesidad de explicarlos.

El sofá

—¿Y este relato tan diferente? Yo veo una serie de acciones casi vertiginosas, pero sin una trama bien definida, como sin nos quedáramos en el regusto de sumar anécdotas sucias —le dije.

—¡Jajaja! Me encanta que lo hayas visto —me contestó—. Es un pequeño homenaje a la “generación beat” y al “realismo sucio americano”. Lo escribí a partir de un relato largo y luego fui quitando hasta dejar el armazón. Si te das cuenta, al final el ritmo frenético, acelerado por las frases cortas, da paso a una situación relajada.

—Pues, Eva, solo puedo rendirme a tus pies. Supongo que será muy del gusto de la gente de tu edad, de los que os pasabais los días escuchando a Barricada en el patio del instituto.

Sol mudo

Como profesora de literatura, antes de entrar en el relato, me fijo en la sinestesia del título, del más puro estilo gongorino. Y antes de comenzar a leer ya me enamora.

En el primer párrafo aparece ese Doscastillos que me lleva a tu pueblo de origen, en el corazón mismo de las Cinco Villas. A Uncastillo,  que fue un núcleo importante del republicanismo español:

Aparecieron en el pueblo unos hombres con camisas azules e insignias rojas. Solo recuerdo que mataron a los perros y pasaron a ser ellos quienes se reunían cada mañana en la plaza.

Y me permito el lujo de copiar la descripción inicial del paisaje:

La carretera, angosta, como el cauce seco de un río. Un carro tirado por dos bueyes me llevaba a mi destino.

Y esa síntesis con la que nos sumerges en la España Vacía:

No había ni un alma. Después de mucho tiempo recordaría con tristeza ese pensamiento de aquella primera tarde calurosa, porque nunca encontré ni un alma en Doscastillos.

Con gran habilidad mezcla lo natural con lo fantástico. En un pueblo calcinado, donde los hombres no hablan, nos encontramos con una asamblea de perros que deciden las leyes no escritas. Este momento es uno de los mejores del relato, es como una síntesis en forma de fábula clásica. A partir de aquí el mensaje se extiende a toda la narración en olas concéntricas:

Perros que ni envejecían ni enfermaban, que jamás llegaron a mi consulta. Habían estado siempre allí como si la muerte se hubiera olvidado de ellos.

El simbolismo es como el de la Parábola de un náufrago de Miguel Delibes: una sátira contra la deshumanización que producen los fanatismos. En la obra de Delibes, don Genaro, un funcionario sumiso, se convierte en un perro.

La atmósfera asfixiante y las descripciones escuetas ayudan a crear una sensación de desasosiego en el lector.

Chowder

Chowder, “sopa de pescado” en alemán, es un breve diálogo entre un abuelo y su nieto Samuel. Recrea una situación que inspira mucha ternura y que sirve de contrapunto a la dureza del tema.

En el fondo, nuestras lecturas son diálogos con el texto y con otros textos que nos trae a la memoria. Pues bien, desde sus primeras líneas, este relato me reenviaba a La sonrisa etrusca de José Luis Sampedro. Tanto que tuve que interrumpir y releer a Sampedro. No tienen nada que ver en el contenido, pero sí en el punto de vista y en el tratamiento del narrador.

El abuelo, un emigrante checo, en 1934 era un cocinero de un restaurante de moda en Berlín. Después de ganarse el favor de Hitler, los nazis descubrieron su verdadera identidad. Al final, la historia se cierra con una vuelta a los orígenes.

Cuando le comenté que había sentido el cierre un poco precipitado, me respondió con ojillos de complicidad.

—Quería hacer algo histórico con los alemanes y la Segunda Guerra Mundial. Este relato fue la primera chispa, pero creo que será más largo. O quién sabe, igual lo incluyo en una novela.

—Pues ya que me has revelado un secreto, esperaré con impaciencia esa novela. Y ahora, si te parece, pasamos al siguiente.

Lágrimas en los abetos

Cuenta la reacción que el suicidio de Anelka provoca en su hermano Mijail Novikov. El narrador nos lleva de la mano y, poco a poco, acabamos aceptando cómo el dinero disuelve los deseos de venganza.

—¿Y este giro en tu narrativa? —le pregunté.

—Pues es que soy una enamorada de la literatura rusa y de Chejov. Es un cuento muy clásico, lo sé. Pero me gusta experimentar.

—En el fondo es una denuncia irónica del maltrato de las mujeres.

Eva sonrió. Pero yo sabía que aprovechaba sus gustos literarios para reivindicar  los derechos de las mujeres.

Por cierto, Lágrimas en los abetos me hizo  pensar en Lágrimas en los tejados de Sandra Araguás, otra joven escritora aragonesa.

Canícula

Un relato de apariencia sencilla en el que las palabras tejen con delicadeza una historia castellana, en la línea de las de los noventayochistas, Delibes o Cela.

El viajero que abandona el pueblo quiere guardar en su pupila todo lo que alcanza su vista:

A la izquierda, el campo de mi abuelo, terreno baldío, ya no hay nada que pueda hacer allí, demasiado joven para quedarse. A la derecha los melocotoneros de su padre, su padre que ya no está. La agonía ha venido y recorrerá el camino que no tendrá retorno.

En estos relatos, con mucha frecuencia, nos encontramos con el fantasma de la España Vacía que tan bien definió Sergio del Molino: un camino sin retorno que solo vive en la nostalgia.

La casa se llenará de risas

Es una historia muy valiente, el negativo del mito del príncipe destronado. Los celos pueden convertir a un niño en un gran malvado. El buen tono de Amelia, la narradora-niña, me recuerda al tono de El príncipe destronado de Miguel Delibes.

Lo novedoso es el juego irónico de contrastes: entre el título y el tema que articula la trama, entre los paisajes soleados y lo sórdido de la historia. Un relato que no nos deja indiferentes.

¡Fuera de aquí todas!

Es uno de los relatos que más me ha impactado. Un texto metaliterario que dialoga con la obra de la que pretende ser un apéndice.

Es una forma ingeniosa de dar salida a Pepe el Romano, el novio de Angustias en La casa de Bernarda Alba de Lorca.

—Eva, ¿cómo se te ocurrió esta genialidad?

—Pues muy fácil, Carmen. Desde la primera vez que leí La casa de Bernarda Alba, se me quedó rondando una pregunta: ¿Qué pasó con Pepe el Romano, un personaje tan grande y tan pequeño en la obra?

Efectivamente, este relato da vida a lo que sucede cuando Bernarda dispara. En ese momento el gran ausente toma la palabra.

Ciénaga de ceniza. En She was so bad

Ciénaga de ceniza

Cuando comencé a leerlo, me vi traspuesta al mundo de El perseguidor de Julio Cortázar. A esas noches insomnes a ritmo de jazz.

Pero las técnicas y el contexto son muy modernos. Aquí nos vemos involucrados en “la ciénaga del cenicero que teníamos debajo de la cama”.

Como un enfant terrible, la narradora con un ritmo poético trepidante nos conduce a la locura de las noches de saxo y sexo.

—Este cuento fue una auténtica prueba de estilo. Yo lo llamo un relato circular.  Cuando lo releo me da la sensación de dar giros. Es el relato más “loco” de todo el libro. Me inspiré en el colombiano Rafael Chaparro —Eva dixit.

Sabor metálico

Este relato  da título a todo el libro. Está contado con una verosimilitud a prueba de fuego. Está tejido con la misma minuciosidad con la que el oficinista, que está de baja por ansiedad, reconstruye la vida de Julia, su nueva vecina. Todo encaja como en una gran labor de orfebrería. Una historia de tomo y lomo: con mucha intriga y con una gran sorpresa final.

El sabor metálico de estas páginas es una metonimia de sabor ácido que impregna todo el libro. No entro en análisis más profundos, diré simplemente que es magistral.

Quince días para la jubilación

Los quince días marcan la edad de la narradora, Eva Dospar, un heterónimo de la autora. Una trama limpia y clásica encierra un mundo musical moderno para hacerlo eterno.

En las dos partes que sirven de marco, la primera y la tercera, la narradora decide escribir un artículo sobre el recién fallecido Paco de Lucía. Y la segunda parte, el recuerdo de sus tiempos universitarios gira en torno a la música de Led Zeppelin: “El grupo que escuché mientras lo escribía”, me comentó Eva.

Curso de escritura

La narradora parece un alter ego de la autora y el texto un ejemplo de autoficción. Pero, a medida que avanza su conversación con el profesor de escritura, va ganando el punto de vista ficcional. Al final, di un respingo en el sillón. El amable profesor resultó ser un coleccionista de amantes asesinadas.

Me quedé sin respiración. Todo me sabía a poco. La historia solo estaba esbozada, sugerida.

Hotel Miguel Ángel

La maleta se convierte en una metáfora de situación que tensa el ambiente. Mi imaginación, como la de la narradora, iba al cien por hora. Al final, como en el soneto con estrambote de Cervantes: “caló el chapeo, requirió la espada, miró al soslayo, fuese y no hubo nada”. Y me entró la risa. ¡Qué humor tan fino!

Vecinas

Muy buena historia. Después de acabarla me seguí desternillando un buen rato. Cuando hablé con Eva de todos y cada uno de sus relatos le dije:

—¡Eres la bomba! No cambiarás nunca. Pero me encanta le aire fresco de tus páginas.

—Pues esta historia me sucedió de verdad. Es una de esas veces en las que la realidad supera la ficción. En las que lo más real parece inverosímil.

Cafetería

La narradora, de un aspecto normal, parte de un aquí y un ahora:  la cafetería de la plaza del Pilar de Zaragoza donde se está tomando un café. Y, de repente, le pica la cicatriz del brazo. Esa anécdota, también normal, la convierte en un personaje extremadamente sensible.

A partir de ese momento el relato avanza en dos planos. El real y el evocado. La madurez se contrapone a la infancia.

Cuando el lector funde los dos planos, adivina todo lo extraordinario que evocan nuestros rituales. El resultado es un relato entrañable, con una prosa madura.

De una a dos

El relato más complejo del libro. Como la maquinaria de un reloj de precisión y a la manera de H.P. Lovecraft, el maestro de terror, va desarrollando una compleja historia sucedida en Zaragoza. En lugar de hacer spoiler, dejaré hablar a su autora.

—Es uno de mis favoritos. Ante de sentarme a escribir me leí los cuentos completos de H.P. Lovecraft y muchas crónicas de los periódicos de los años 60. Y después le dediqué mucho tiempo al diseño de la estructura.  Quería sintetizar las vidas de cuatro personajes y de tres generaciones. Me encantó escribirlo cuando ya lo tenía el puzle montado.

Para terminar

Sabor metálico, como la mente inquieta de Eva Pardos, es un libro poliédrico. Es un libro joven, que juega con la experimentación. Cada relato apunta hacia un camino literario diferente.

Y eso requiere una lectura en tiempos diferentes. Esa concepción nos obliga a leer y a sentarnos al borde del camino antes de pasar al siguiente. Nos obliga a reflexionar y a releer.

Es uno de esos libros en los que el sabor metálico inicial, con las sucesivas lecturas, se va convirtiendo en agridulce. Y en la última nos deja el agradable sabor de una literatura que nos atrapa.

Eva, tú no me has defraudado.

Sabor metálico. Presentación en Madrid

Presentación en Madrid

 

Eva Pardos Viartola (Zaragoza 1974). En 1993 acabó el Bachillerato, entonces BUP y COU, en el Instituto Goya. En la Universidad de Zaragoza cursó Biblioteconomía y Documentación, estudios que le ayudaron a que su amor por los libros siguiera creciendo. Actualmente ejerce como docente en “MasterD”, una empresa de formación. Y combina su trabajo con la dedicación a la escritura. El curso 2018, volvió a la Universidad y realizó el Máster del Profesorado.

De su vocación literaria

En el Instituto Goya, mi profesora Carmen Romeo, me transmitió su pasión por la literatura. Pero mi vocación por la escritura me llegó un poco tarde, cuando ya tenía 40 años. Como todas las cosas importantes de la vida, entró de puntillas, casi por casualidad. Mi pasión literaria me llevó a uno de los talleres de escritura creativa que entonces proliferaban en Zaragoza. Allí comenzó de una forma muy gratificante mi afición por la escritura. Esta afición me llevó a los talleres de Mario de los Santos, Óscar Sipán, Julio Espinosa e Irene Achón. Con los relatos de esos cursos comencé a publicar en las antologías: “Buscando los orígenes de aquello”, “She was so bad” y quedé finalista en un concurso de la Unión Europea.

Compartí mi pasión con otros colegas y formamos el grupo “La Flama”, al que pertenezco desde 2016. Hoy nos dirige Ángel Gracia, escritor y poeta. Allí vamos desarrollando nuestra propia voz y buscamos la manera de seguir mejorando nuestro quehacer literario.

Quiero aprovechar estas charlas para darles las gracias a Reyes y David, de Pregunta Ediciones. Ellos me han apoyado siempre y me animaron a recopilar todos los cuentos y a publicarlos en un volumen. De su empeño nació “Sabor metálico”.

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Obras

Buscando los orígenes de aquello. Antología de relatos. Pregunta Ediciones, 2014.

Mujer ni más ni menos. Concurso de micro-relatos, día de la mujer. Quedó finalista con Horizontes. Parlamento Europeo, 2015.

She was so bad. Antología de relatos pulp. Editorial Aloha, 2016.

Salvajes. Relato. En Ecléctica, Revista de fotografía, mayo de 2017.

Mujeres a la orilla del Ebro. Antología de escritoras aragonesas. Coordinación, Ana Vivancos. Prólogo de Julia Duce. Editorial Apache, 2019.

Sabor metálico. Pregunta Ediciones, 2019. Su primer libro de relatos.

Mujeres a la orilla del Ebro. Presentación

Mujeres a la orilla del Ebro

Aunque no es el objetivo principal de este estudio, me gustaría presentaros a las compañeras de Eva en esta antología de voces jóvenes zaragozanas. Para que no se pierda su memoria, voy a nombrarlas: Lucía Arca, Laura Bordonada Plou, Irene Cisneros, Esther García, Sylvia Marx, Teresa Palomo, Pepa Pardos, Eva Pardos Viartola, Rosa Vidal y Ana Vivancos.

Me habría gustado citarlas a todas con el apellido materno, porque nuestras genealogías femeninas son importantes, pero por alguna razón que no alcanzo a adivinar, solo aparecen con el apellido paterno.

Como ellas dicen: “No importa de dónde venimos, pero sí adónde vamos. Los beneficios de este libro son para Armanixer, una asociación que ayuda a mujeres con discapacidad”.

Recomiendo a los lectores que se acerquen a estas páginas llenas de energía y de prosa novedosa. Estas mujeres rompedoras son la voz de nuestro futuro.

Carmen Romeo Pemàn

Con otras autoras de la antología

De izquierda a derecha: Laura Bordonada, Teresa Palomo, Eva Pardos y Ana Vivancos

Patrocinio Castanera y el Colegio de Señoritas de Huesca

El año 1901, el mismo que nació el Ministerio de Educación, Patrocinio Castanera Plasencia creó en Huesca un Colegio de Señoritas. Hasta entonces, la educación de las niñas no estaba bien sistematizada ni se consideraba importante. Pero las familias acomodadas querían educar a sus hijas: inculcarles buenos modales sociales y prepararlas para elegir marido. Así nacieron las Escuelas de Señoritas en el siglo XIX.

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Diario de Huesca, 1901

En realidad estas familias buscaban un buen matrimonio para sus hijas, aunque fuera de conveniencia, que asegurara, o aumentara, el patrimonio familiar.

En el siglo XIX en toda Europa se crearon Escuelas de Señoritas, en las que las niñas aprendían a escribir, las reglas de matemáticas, un poco de historia y literatura y algún idioma. Pero, sobre todo, aprendían a hablar, a sentarse, a bordar y a tocar el piano. Estas escuelas se extendieron pronto en España con gran éxito. Y se hicieron famosas, precisamente fueron un antecedente de la que creó María de Maeztu, en 1915, para estudiantes universitarias en Madrid.

Patrocinio, una brillante maestra de una prestigiosa familia de Huesca, recién casada con un comerciante catalán, se animó a crear un Colegio de Señoritas en Huesca. Desde el primer momento encontró apoyo en Vicenta Coronas Marconel, una joven maestra que en 1900 había acabado los estudios de piano en la Escuela de Música de Zaragoza.

Pero, cuando fundó su Escuela, no contaba con la dura competencia de las escuelas públicas, impulsadas por el nuevo ministerio de Educación. Así que, a los pocos años, Patrocinio abandonó el negocio y comenzó un itinerario por las escuelas rurales, donde realizó una notable labor.

En 1933, durante la II República, cuando estaba de maestra en Chodes (Zaragoza), llego a ser una de las 34 concejalas que se nombraron en las Comisiones Gestoras de la provincia de Zaragoza.

1899. Patrocinio. CaligrafíaPatrocinio Castanera Plasencia

A María Patrocinio Castanera Plasencia (Huesca, 11 de noviembre de 1872-Zaragoza, 9 de febrero de 1947), la bautizaron en la parroquia de San Lorenzo, como a sus hermanos Mariano, Gregorio y Cipriano. Eran hijos de Mariano Castanera de Binéfar, y de Juana Plasencia, de Huesca. Los abuelos paternos, también de Binéfar, eran Domingo Castanera y Melchora Alegre. Y los maternos, de Huesca, Mariano Plasencia y Pascuala Sieso.

He creído oportuno aclarar los orígenes familiares de Patrocinio, oscurecidos por algunas biografías de su hermano Mariano Castanera Plasencia, fundador de La Crónica, un diario de avisos de Huesca, que se casó con una heredera de la imprenta Larumbe.

Patrocinio estudió Magisterio en la Escuela de Maestras de Huesca. En 1889 sacó sobresaliente en el título de Maestra Elemental y en 1890 obtuvo el título de Maestra Superior.

En 1897 la prensa de Tarragona recogió la noticia de su boda con Vicente Sugrañés Bardají (Tarragona, 1864-Zaragoza, 1941), hijo de Vicente Sugrañés Viñe y Francisca Bardají Lafarga, de Monzón. Un hermano de Vicente,  Francisco Sugrañés Bardají (1866-1937) fue un destacado médico con importantes contribuciones a la lucha antituberculosa.

Ayer tuvo lugar el matrimonio de la bella y virtuosa oscense, señorita Patrocinio Castanera, con don Vicente Sugrañés Bardají, de Tarragona, inteligente y laborioso almacenista de vinos en esta ciudad. Fueron apadrinados por la distinguida señora babastrense doña Teresa Tremusa de Alcarazo (sic), tía de la novia, y Mr. J. Carlos, hermano político del contrayente. El acto religioso tuvo lugar en la catedral del Salvador. (Cfr. La Voz de la provincia, Tarragona, 11/02/1897).

A principios del siglo XX, el matrimonio se instaló en Huesca. Vicente abrió un establecimiento de vinos y aguardientes y Patrocinio fundó una Escuela de Señoritas.

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Diario de Huesca, 1902

LA PARRA. Nuevo establecimiento de vinos y aguardientes de V.Sugrañés. Huesca. El dueño de este establecimiento, situado en la calle del Coso Alto núm. 42, ofrece al público los siguientes artículos: Vino tinto superior a 0’20 pesetas el litro. Vino clarete (especialidad) a 0’85. Anisados legítimos de vino, clases dulce, medio dulce y seco a l’50 pesetas litro. Los géneros todos de esta casa quedan garantizados. (Cfr. Diario de Huesca, 30/01/1902)

El Colegio de Señoritas

No es de extrañar que el Diario de Huesca se hiciera eco de un centro que respondía a la moda del momento. Con el colegio de Patrocinio Castanera, Huesca entraba en la vanguardia de la formación de señoritas.

Estas señoritas, como Flora, la protagonista de la novela de Pilar Sanjuán, La educación de una niña, comenzaban la instrucción en su tierna infancia y sus maestras las llevarían de la mano hasta dejarlas bien casadas. Pero algunas no se conformaban con imitar a Flora y a La perfecta casada de Fray Luis de León, querían parecerse a su maestra. Y no pocas maestras posteriores de Huesca siguieron los pasos de Patrocinio y de Vicenta, su más estrecha colaboradora.

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Diario de Huesca, 1913

Vicenta Coronas Marconel (Huesca, ¿?-1958) hija de Eusebio Coronas Lacasa (Huesca, 1851-1923) y de Tomasa Marconel Solá (Huesca, ¿?-1931), pertenecía a la familia Los Coronas. Su padre fue profesor de música de la Escuela Normal de Maestros entre 1899 y 1923. La saga musical de Los Coronas comenzó con sus abuelos, Raimundo Coronas y Ramona Lacasa, cuyos hijos, Nicolás, Enrique, Eusebio y Alejandro fueron piezas clave para el desarrollo de la música en Huesca. A los pocos años Vicenta entró de Profesora de Música a la Escuela de Maestras de Huesca.

No podía comenzar el nuevo colegio de señoritas con mejores madrinas. Sobre el papel, era una iniciativa brillante llamada a tener un gran porvenir.

Nuevo Colegio de señoritas. Hemos recibido una circular en la que la Sra. Doña María del Patrocinio Castanera anuncia la apertura, desde el día uno de septiembre próximo, de un Centro de Enseñanza para Señoritas, en la casa antigua de Abadías, Azara núm. 2. La Directora se propone establecer además de la enseñanza elemental y superior, otras especiales de bordados y corte, dibujo y música, estando la enseñanza de piano a cargo de la muy competente profesora señorita doña Vicenta Coronas. (Cfr. Diario de Huesca, 23/08/1901).

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En este rincón debió estar el Colegio de Señoritas de Patrocinio

El uno de septiembre de 1901 se abrió el Colegio de Señoritas “Nuestra Señora del Carmen”, en la calle Azara, 5. En los repetidos anuncios de la prensa se leía:

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Clases de Instrucción primaria Y elemental ampliada, 3 pesetas: ídem superior, 5 pesetas. Especialidades, de bordados y corte, de adornos; dibujo, música y piano. Precios convencionales.

En esta escuela, como en las de otras provincias, se impartían clases de Instrucción primaria elemental ampliada y superior, y especiales de bordados, corte, dibujo, música y piano.

 

Este nuevo centro de enseñanza para señoritas está siendo objeto, por parte de las muchas personas que lo visitan, de elogios muy cumplidos por su organización, lo moderno de su material, y el conjunto estético que presenta. Reúnen, además, sus locales, condiciones especialísimas para escuela; hay allí luz abundante, ventilación inmejorable, perspectiva alegre, vistas a jardines; condiciones muy necesarias para la higiene de las educandas y lo que contribuye poderosamente a despertar en las jóvenes alumnas disposición al estudio. Con respecto a la enseñanza, la muy competente ilustrada profesora Doña María del Patrocinio Castañera, ha tenido el buen acuerdo de adoptar el sistema cíclico progresivo de la moderna Pedagogía, que desarrolla con el acierto propio de su cultura y competencia. Sois ya varias las familias las que envían a sus hijas al colegio de “Nuestra Señora del Carmen” y no resulta aventurado asegurar que, en plazo no largo, este centro docente ha de ser de los más concurridos de la localidad, sobre todo cuando sean más conocidos los excelentes resultados que ya va produciendo en la instrucción y educación de las señoritas que en él concurren. (Cfr. Diario de Huesca, 11/10/1901).

Para terminar

Los deseos de la prensa no se cumplieron. A los cuatro años, Patrocinio solicitó plaza como maestra de escuelas rurales. Entre otros destinos estuvo: en 1905 en Tierz (Huesca); en 1907 en Bandaliés (Huesca); en 1908 en Sasé y Ginnabel (Huesca); en 1909 en Asín de Broto (Huesca); en 1911 en Oseja (Zaragoza), en 1929 en Villanueva de Jalón, (Zaragoza) y en 1933, en Chodes (Zaragoza), donde fue concejala.

Cuando Patrocinio solicitó escuelas en la provincia de Zaragoza, su marido estableció su negocio en Zaragoza. En el censo de 1934, ella seguía en Chodes, y, en la calle Pignatelli 75 de Zaragoza, residían su marido, de profesión comisionista, y sus hijos: Francisco, sastre, de 36 años; Carmen, de 28, y Josefina, de 26, dedicadas a sus labores.

Patrocinio con la fundación de la Escuela de Señoritas, con su deambular por las escuelas rurales y con su cargo de concejala, fue una de las maestras que contribuyó al cambio de la escuela española.

Tanto ella como las maestras de su generación eran mujeres con una identidad propia: eran autónomas, abrían negocios, viajaban a los pueblos sin su familia, ocupaban cargos públicos y escribían en revistas profesionales. Además convencieron a los padres de muchas de sus alumnas para que las sacaran a estudiar fuera de los pueblos.

1887. Patrocinio. Solicita ingreso

Carmen Romeo Pemán

Imagen principal. Residencia de Señoritas de Lasierra Pambley, Palencia.

1933. Alcaldesas y concejalas en Zaragoza

A Gloria Álvarez Roche, Cristina Baselga Mantecón, Concha Gaudó Gaudó e Inocencia Torres Martínez, que me inspiraron este proyecto.

Banquete Alcaldesas. 1.1

La Voz de Aragón

Mucho se ha hablado de las alcaldesas de 1933, pero poco de las concejalas que estuvieron en las mismas comisiones gestoras. En un acontecimiento sin precedentes, los pueblos de España se llenaron de alcaldesas y concejalas.

En este artículo trataré solo de las de Zaragoza. Completaré las vidas de las 17 alcaldesas, que ya han aparecido en otras publicaciones.  Y, como novedad, presentaré a Laurentina Frías, una alcaldesa que no figuraba en las listas anteriores, y  a las 34 concejalas de la provincia, hasta ahora desconocidas.

Estuvieron poco tiempo en sus cargos, dos meses y medio. Y solo en los pueblos en los que se tenían que celebrar las elecciones, es decir, en 129 municipios de Zaragoza, y en 2500 de España. A finales de enero de 1933, cesaron a todos los integrantes de los viejos ayuntamientos y nombraron unas comisiones gestoras que ejercieron sus funciones hasta las elecciones de abril de 1933.

¿En qué pueblos?

En los que en las elecciones de 1932 se había aplicado el artículo 29 de la Ley electoral de 1907, conocida como Ley Maura, que era la que estaba vigente.

¿Qué decía el artículo 29?

Que no era necesario celebrar elecciones si el número de concejales que había que elegir coincidía con el número de personas que se presentaban. En ese caso se nombraba directamente a los que se postulaban, sin pasar por las urnas.

¿Por qué la nuevas gestoras?

Para garantizar que las elecciones del 23 de abril de 1933 fueran limpias y transparentes.

¿Cómo se constituyeron?

Con las normas claras y sencillas que se dieron en un decreto de 1932. Cada gestora tendría tres miembros. Un presidente, o alcalde, y dos vocales, o concejales. Uno de ellos representaría a los contribuyentes, o propietarios; otro a los trabajadores; y otro al Estado, a través de los funcionarios. Y una vez seleccionados los tres miembros, se decidía cuál de ellos iba a ser el alcalde.

Para ilustrar el proceso de forma práctica, he incluido cómo se hizo la elección en Fuendetodos, porque resulta clarificador y paradigmático.

¿Por qué tantas maestras?

Todas, menos tres. Porque solían ser las más jóvenes de los funcionarios o, en el caso de las escuelas mixtas, las únicas que podían representar al Estado.

¿Qué sabemos de ellas?

Que estaban acostumbradas a gestionar asuntos públicos de forma transparente y que todas cumplieron su función con eficacia.

En cambio, de sus vidas sabemos muy poco, en muchos casos ni las fechas de nacimiento y muerte.

Pero todas, cuando tuvieron el título debajo del brazo, comenzaron una larga peregrinación por la España rural para enseñar a los niños. Muchas estuvieron en escuelas mixtas y se anticiparon a los modelos de coeducación actuales.

Aquí he intentado acompañarlas en sus recorridos siguiendo sus pasos con los boletines de educación. Pero las noticias son sueltas y asistemáticas. Y en ningún caso he llegado a reconstruir sus hojas de servicios.

No incluyo a María Domínguez, que presidió una gestora en Gallur desde 1932 hasta 1933, porque fue destituida cuando se nombró en Gallur la nueva gestora de 1933. Y en esa no había ninguna mujer.

Las 18 alcaldesas

19330305. Rev. Crónica. Alacaldesas Zg.

Antorán Martínez, Elvira. Villanueva de Huerva

Aprobó las oposiciones que se convocaron en 1928, se realizaron en 1929 y sacaron las listas en 1930. Hasta 1934 recorrió varias escuelas: Gascón y Marín de Zargoza, El Pino, Valencia de Alcántara (Cáceres) y Villanueva de Huerva (Zaragoza).

Se casó con Silvestre Gracia Martínez, también maestro. En 1934 se trasladaron a Irún, como consortes. En 1936 falleció Silvestre en Zaragoza. Unos años más tarde, el Juzgado de Daroca le abrió un expediente de responsabilidades políticas, como residente en Villanueva de Huerva, aunque ellos ya no constaban en el censo de 1934.

Después de la muerte de su marido, Elvira publicó algunos artículos en los que exaltaba su adhesión al nuevo régimen.

La mujer de la nueva España. Por Elvira Antorán, maestra nacional.

La Patria va quedar muy quebrantada ¡mucho! Tanto, que sólo voluntades firmes enérgicas pueden sacarla del sopor e inmundicia en que sus malos hijos han querido sumirla ¡Adelante, mujer española! Y tú, por tu condición de aragonesa, estás obligada ser digna sucesora de la Madre Rafols, de la Condesa de Bureta, de Agustina de Aragón y de tantas y tanta mujeres que hicieron célebre la historia.

Tus armas son las propias tuyas, las que nunca debiste olvidar, las que todo él feminismo cursi de cátedra no debió nunca de arrancar de ti, mareándote con sus aires de igualdad independencia. Cfr. Por España, Zaragoza, 1937.

En 1965 recibió el diploma de maestra distinguida. (BOE, 31/08/1965)

Bilbao Nieto, Clementina. Lituénigo

Comisión Gestora. Presidente, Clementina Bilbao Nieto, de 53 años, domiciliada en la Plaza. Vocales, Filiberto Florencio Hernández Domínguez, de 23 años, jornalero, calle Rincón, 11, y Doroteo Gil Giménez, de 29 años, del campo, calle República, 11.

Clementina Bilbao (Palencia, 1880), en 1896 residía en Santander con su familia.

Ha regresado de Valladolid, después de haberse examinado de las asignaturas de Maestra Superior, la señorita Clementina Bilbao, a quien felicitamos, lo mismo que a sus profesores doña Adelaida y don Juan Camino. (Cfr. La Atalaya, Santander, 1896).

Llegó a Lituénigo en 1929. Antes y después, estuvo en varios pueblos de Cataluña. En 1939, en Bigues i Riells, un tribunal militar de responsabilidades políticas la inhabilitó seis meses de empleo y sueldo. Está considerada como una de las víctimas del franquismo.

Blasco Pardillos, Manuela. Torrellas

Manuela Blasco con sus alumnos. Libro de las comarcas.

Manuela Blasco con sus alumnas. Foto del Libro de las Comarcas.

En Torrellas se eligieron dos comisiones gestoras. Una el día 2 de febrero y otra el 9 de febrero que rectificó a la anterior.

En la primera era presidente Gregorio León Gimeno, practicante. En la segunda, se nombró a Manuela Blasco Pardilas, maestra, de 61 años, San Antón, 36. Y se mantuvieron los vocales: Ángel García Pérez, contribuyente, y Félix García Ledesma, de 24 años, jornalero.

El Ayuntamiento de Torrellas le ha dedicado una calle y un estudio, con una foto con sus alumnas, donde se dice que estuvo en Torrellas entre 1927 y 1937.

Manuela Blasco

Begoña Manuela Blasco Pardillos (1866) era Maestra Superior. En 1899 se casó en Bilbao con el viudo Miguel Francisco de Ymaz Urdangarín (Ataun, Guipuzcoa, 1866-Torrellas, 1929), de los ascendientes del general Zumalacárregui. Miguel había estado casado, en primeras nupcias, con Josefa Brígida Garramiola Susaeta y, en segundas, con María Juana de Barainca Deustua.

Manuela, antes de llegar a Torrellas, ejerció en varios pueblos del norte: Riensena, Llanes, Negradas, Riobarba, Carayes, Peranzanes, Audrín, Fontella, Bezares (Logroño), Berasategui (Guipúcoa).

Bosque Barberán, Antonia. Ardisa

Antonia Bosque (Calanda, 1907-Barcelona, 1983), era hija de Pascual Bosque Coder, apodado “El Codé” por su segundo apellido. Aprobó los cursillos del Magisterio de 1932 y la destinaron a Ardisa.

En 1934 y 1935 estuvo en la escuela graduada de Ejea de los Caballeros. Después se trasladó a Barcelona, donde aprobó las oposiciones a directora escolar. Sus sobrinos la llevaron a enterrar a Calanda.

Cereza Puyol, Victoria. Gelsa

Comisión gestora. Presidente, Victoria Cereza Puyol, maestra, 33 años, calle República 8. Vocales, Pablo Aznar Lobera, jornalero, 30 años, calle Manuel Lorenzo Pardo, 38, y Daniel Falcón García, jornalero, 30 años, calle M. Domingo, 6.

Victoria Cereza Puyol (Provincia de Huesca, 1900) se presentó a las oposiciones de 1923 en Zaragoza y en 1924 le llegó el nombramiento de maestra nacional. En 1926 la destinaron a Molinos (Teruel), pero como era propietaria provisional, tenía que concursar a los dos años. En 1928 pasó de Molinos a Gelsa, como propietaria definitiva.

En Gelsa, en 1930, se organizaron exposiciones escolares en las Escuelas Nacionales y en el colegio de Religiosas Clarisas.

En las Escuelas Nacionales, clases de mayores, situadas en el palacio del conde de Peñaranda, los cultísimos maestros doña Victoria Cereza y don José Velilla nos presentaron a sus alumnos como escolares modelos. Vimos labores hermosas en las niñas. Mapas, hojas, flores y frutos en relieve, obra de los niños. Figuras geométricas, mapas mudos, etc. Y contestaron a las preguntas más difíciles, y nos admiraron los ejercicios de cálculo mental, que acreditaron a tan distinguidos profesores como verdaderos modelos del Magisterio Español, y a los alumnos, todos, pero en especial a Catalán, Emperador y Morellón. ¡Bien por las Escuelas y el Colegio de Gelsa! Así, señores, así se hace Patria, educando e instruyendo a la niñez que después ha de ser la familia de nuestra famosa y antiquísima Xelsa, hoy, Gelsa. El alcalde don Francisco Castillón felicitó a todos. (Cfr. La Voz de Aragón, 25/07/1930).

Victoria, en 1935, dirigió el festival con el que se amenizó el homenaje a la vejez. Ese año se trasladó a Zaragoza a la escuela “Venecia”, por el turno de consortes.

Conde Álvarez, Josefina. Clares de Ribota

Josefina Conde (Cantavieja, Teruel) era hija de Enriqueta Álvarez Lázaro (Blesa, 1880-Zaragoza, 1961) y de Marcos Conde Oliete (Blesa, 1882-Zaragoza, 1939), médico de Alarcón, Parras de Castellote, Cantavieja y Codos.

Según el censo, en 1934 vivían en Codos: su padre, de 52 años, su madre de 54 y su hermana Delia de 25.

Josefina Conde aprobó los cursillos de 1932 y la destinaron a Clares de Ribota. En septiembre de 1933 pasó a Tabuenca. Pero en el censo de 1934 en Tabuenca no figuraba ella, ya estaba Anisia Purificación Ortín Bellido, de 35 años.

En la enseñanza fue muy conocido su tío Santos Conde Oliete que estudió Magisterio en Zaragoza. Fue alcalde republicano de Ciempozuelos, presidente de Primera Enseñanza de la Izquierda Republicana de Madrid y acabo exiliado en Francia.

Cortadé Romeo, Concepción. Alpartir

Concepción Cortadé (Zaragoza, 1887) en 1910 obtuvo el título de Maestra Elemental y la destinaron a Remolinos. En 1915 le dieron Albartir, donde ejerció hasta 1933, cuando se crearon dos escuelas provisionales, una de niñas y otra de niños.

De Concepción Cortadé, hasta ahora, solo sabemos que en 1941 seguía prestando sus servicios en la provincia de Zaragoza. En cambio tenemos datos de sus familia.

Era hija de José Cortadé Angós  (1862-Zaragoza, 1959), un hojalatero, hoy fontanero, del distrito del Pilar. Su hermana María (Zaragoza, 1871), que se había casado con Santiago Torres Gascón (Alpartir, 1868), un propietario de tierras de labranza, seguía viviendo en Alpartir. Su otra hermana, Felisa (Zaragoza, 1878-Zaragoza, 1958), vivía en Calatayud, y su hermano José (Zaragoza, 1897-1941) en el barrio de San Pablo de Zaragoza

Elizondo Inda, Felipa. Tierga

Felipa Elizondo Inda (Pamplona, 1910-1988) era hija de Bartolomé Elizondo Zoroquiain (Pamplona, 1870-1949) y de Estefanía Inda Monaut (Oroz Betelu, Navarra, 1869-Pamplona, 1949).

En 1932 la nombraron maestra de Tierga, pero en 1934 ya no figuraba en el censo. En 1938 se trasladó de Irún a Pamplona, donde se jubiló.

Frías Gil, Laurentina. Alforque

Comisión Gestora. Presidente, Laurentina Frías Gil, de 49 años, calle Horno. Vocales, José Tesán García, de 27 años, carbonero, calle Mayor, y Agustín Lucea Lanuza, de 24 años, labrador, calle Barriete.  Laurentina Frías no constaba en la lista de alcaldesas que publicaron los periódicos.

Laurentina Frías Gil (Monteagudo de las Vicarías, Soria, 1884-Alforque, 1952) Maestra Elemental. En 1908 llegó a la escuela unitaria Alforque y allí ejerció hasta que falleció. Era viuda de Mariano Giménez Cristóbal (Alforque, 1878), un propietario de Alforque. En la necrológica de Escuela Española constaba como madre de Afrodisio (Alforque, 1912–Zaragoza, 1981), jornalero, que fue secretario de la UGT, y de José Luis (Alforque, ¿?-Zaragoza, 2005), Licenciado en Químicas. En 1938 Laurentina se afilió a la UGT. Y ese mismo año figuraba en una lista, junto a 93 maestros de la provincia de Zaragoza, propuesto para ser  depurada.

García Pérez, Estrella. El Frasno

Comisión Gestora. Presidente, Estrella de las Nieves García Pérez, maestra, de 28 años, calle G. Rodríguez, 17. Vocales, Manuel Moreno Gasca, herrero, de 30 años, calle S. Guerra, 10, y José Carnicer  Álvaro, jornalero, de 55, calle Unamuno, 3.

María Estrella de las Nieves García (Teruel, 1905). En 1923 se examinó de oposiciones en Valencia y la destinaron a Tortuera (Guadalajara). Ese mismo año pasó a Ródenas (Teruel) y a Torre Baja (Valencia).

En 1929 se casó con Luis Martín Esquiu (Teruel, 1899-¿?):

En la iglesia de San Andrés se ha celebrado el matrimonio de Luis Martín Esquiu, maestro nacional de Fortanete, desde 1926, con Estrella García Pérez, maestra nacional de Torre Baja, Valencia. Son hijos de dos familias bien relacionadas de esta capital. Cfr. La Voz de Teruel.

En julio de 1930 llegaron los dos a El Frasno por el turno de consortes.

Tenemos pocas noticias de sus destinos posteriores. En 1933 Estrella firmó las oposiciones a inspección. Y en 1966 se trasladó de Játiva de Churriana (Málaga).

Gil Martínez, María. Tiermas

María Gil Martínez (Tiermas, 1910) era hija de José Gil Fantova (1876) y de Adelaida Martínez Iriarte (1880). Según el censo de 1934, tenía 24 años y vivía en la calle Herrería 38, con su padre, José Gil Fantova, de 58 años, comerciante, y con su madre Adelaida Martínez Iriarte, de 54, sus labores. Sucedió a su padre en la alcaldía. El año 2004 vivía en Jaca.

La votaron los propietarios en un momento en que tenían pleitos con la Confederación Hidrográfica del Ebro por la expropiación de las tierras para el pantano de Yesa.

Hernández García, Julia. Rueda de Jalón

Comisión Gestora. Presidente, Julia Hernández García, maestra, de 41 años, Barranco, 42. Vocales, Mariano Hernández Morales, jornalero, de 26 años, Mayor 11, y León Perulán Gracia, jornalero, de 29 años, Barranco 90.

Julia Hernández (Vizcaya, 1891-Zaragoza, 1985) obtuvo el título de Maestra Elemental en la Escuela Normal de Soria. 1923 llegó por traslado a Rueda de Jalón.

Latre Cañada, Cecilia. Bureta

Comisión Gestora. Presidente, Cecilia Latre Cañada, soltera, de 25 años, Ramón y Cajal, 8. Vocales Manuel Borobia Alcega, labrador, de 29 años, Mayor, 49, y Mariano García Sánchez, del campo, de 27 años, calle Nueva, 7.

Cecilia Latre Cañada (¿?, 1906-Zaragoza, 1998), aprobó los cursillos de 1932 y la destinaron a Bureta. Después estuvo en Sofuentes, Albadalejo (Ciudad Real) y Maella, donde pasó la Guerra Civil. En1936, pertenecía al PC y a las Mujeres antifascistas. En 1938, estando en la escuela graduada de Maella, en el noveno mes de embarazo, le concedieron una licencia para alumbramiento, con obligación de dejar atendida la escuela por su cuenta.

Laguía Bernal, Francisca. Novillas

Comisión Gestora. Presidente, Francisca Laguía Bernal, maestra, de 35 años, Ramón y Cajal, 15. Vocales, Macario Lázaro Sancho, labrador, de 31 años, G. Hernández 3, y Jesús Cabestré Villanueva, jornalero, de 27 años, Lorente, 26.

Francisca de Paula Laguía (Zaragoza, 1898-1975) cursó Magisterio en Zaragoza, aprobó las oposiciones de 1928 y la destinaron a Duruelo de la Sierra (Soria). De allí pasó Novillas

Muñoz Foved, Adelina. Lobera de Onsella

Comisión Gestora. Presidente, Adelina Muñoz Fober (sic), maestra, de 34 años. Vocales, Pascual Pernante Glaría, de 27 años, jornalero, Peñas, 16, y Celedonio Plano Chaverri, de 57 años, propietario.

Adelina Muñoz Foved (Villar del Salz, Teruel, 1899-Huesca, 2011), estudió Magisterio en Teruel. Estuvo en varios en pueblos de Teruel, en Lobera de Onsella y en Castejón de Valdejasa. En 1933 se presentó a los cursillos en Zaragoza.

Villar del Salz. Día de campo. Haciendo honor a la joven Marujita Fober (sic) pasaron el día en la chopera que la Sociedad de Montes dispone en el Soto, distinguidas familias de este pueblo. Mientras las señoras prepararon el menú, las señoritas bailaron con una gramola. En este baile participaron Adelina Muñoz, maestra nacional de Castejón de Valdejasa, Luisita Domingo, la agasajada Marujita Fober (sic), Adelina González y Amalia Urquiza. (Cfr. La Voz de Aragón, 1934)

En 1940 se casó con Virgilio Valenzuela Foved (Blancas, 1908-Huesca 1970), en 1941 se trasladaron a Huesca y Adelina dejó de ejercer de maestra. Tuvieron dos hijas, María José y Adelina.

El apellido Foved ha sufrido errores ortotipográficos, que han dificultado la identificación de Avelina Muñoz.

Pemán Cardesa, Isabel Conrada. Magallón

Comisión Gestora. Presidente, Isabel Pemán Cardesa, maestra, de 23 años, Ramón y Cajal 13. Vocales, Ildefonso Salvador Barrios, labrador, de 31 años, Giles, 38; y Pedro Domínguez Ruberte, jornalero, de 31 años, G. Hernández, 8.

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Isabel Conrada (Biel, 1909), conocida en Biel como Isabel de Francisquín, era la primogénita de Francisco Pemán y Manuela Cardesa.

En la Villa de Biel a las 2 de la tarde del día 19 de febrero de 1909, ante don Mauricio Pemán Palacio, juez municipal, y don Felipe Coyduras, secretario, compareció Francisco Pemán Navarro, natural de esta villa, de 27 años, de profesión comerciante, estado casado, para  inscribir en el Registro civil una niña que nació el 19 de febrero en la calle La Cárcel número 10. Hija del declarante y de Manuela Cardesa Lanzarote de 25 años. Abuelos paternos: Mauricio Pemán Palacio, comerciante y propietario, y Rosa Navarro Jiménez, ya difunta. Abuelos maternos: Juan José Cardesa Aguas, labrador, y Bibiana Lanzarote Bueno. Fueron testigos, Celedonio Arenzaz, pelaire, y Francisco Narravrro, alguacil. (Cfr. Partida de nacimiento, Ayuntamiento de Biel).

Desde 1925 y hasta 1930 estudió Magisterio en Zaragoza. En 1931 estaba en las listas de interinas. En 1932 la destinaron a Magallón. En 1934 pasó de Ojos Negros (Teruel) a las recién ampliadas escuelas de La Almolda, con tres aulas de niños, tres de niñas y una de párvulos. En 1938 figuraba como maestra de La Almolda en una lista de 93 maestros que iban a ser depurados. Pero en 1942 estaba trabajando y ascendió en el escalafón del Magisterio.

Rodríguez Suils, Emilia. Almochuel

Comisión Gestora. Presidente, Emilia Rodríguez Suils, maestra, de 28 años, Horno, 1. Vocales, José Ainsa Clavero, labrador, de 25 años, Mayor 14, y Rafael Gascón Moliner, pastor, de 33 años, Mayor.

Emilia Rodríguez Suils (Logroño, 1905-Zaragoza, 1983). Por línea materna pertenecía a la conocida familia de origen altoaragonés, asentada en Logroño. En 1923 la nombraron maestra de la escuela de niñas de Brieva (La Rioja). En 1933 estaba en Almochuel

En 1934 se trasladó a Magallón. En 1939 era secretaria de la comisión local de  Pelegrina (Guadalajara) de subsidio al combatiente. Otros destinos fueron; Castejón de Valdejasa y Pinillos (La Rioja).

Sebastián Cebrián, Jerónima Agustina. Balconchán

Jerónima Agustina Sebastián (Alarba, Zaragoza, 1885) era hija de Joaquín Sebastián Abad y Plácida Cebrián Alejandre, una familia de propietarios Alarba. En 1901 fallecieron sus padres y quedaron varios hijos

Su título de Maestra Elemental llegó a la Universidad de Zaragoza en 1907, cuando ya llevaba un año de maestra interina en la provincia de Teruel. Estuvo en Singra y Segura (Teruel), en Cangas de Onís (Asturias), en Escobosa de Almazán (Soria) en Zardón (Asturias)


Banquete Alcaldesas. 2

Comida en honor de las alcaldesas. Zaragoza. Foto de La Voz de Aragón.

Las 34 concejalas

Adell Roig, María. Botorrita.

Comisión Gestora. Presidente, León López Comín. Jornalero, de 35 años, Plaza, 20. Vocales, María T. Adell Roig, maestra, de 68 años, calle Frontón, y Santos Rodríguez Agustín, jornalero, de 29 años, calle Olmo 5.

María Tarsila Adell Roig (Sierra de Engarcerán, 1864-¿?)

Tarsilia Adell. Botorrita

En 1901, ella y Vicenta Vallés Borrás, las dos de la Sierra de Engarcerán, fueron alumnas del primer curso de la recién creada Escuela Normal de Maestras de Catellón.

Desde que acabó Magisterio estuvo en numerosos pueblos de interina. En 1927, ocupaba la escuela de Abejuela (Teruel) y pidió la excedencia. Reingresó en 1930 en Botorrita, donde la nombraron concejala en 1933. A los dos años se jubiló.

 

 

Campé Martín, Manuela. Pleitas de Jalón

Comisión Gestora. Presidente, Tomás Trébol Lorés, propietario, 70 años, calle Baja, 5. Vocales, Ángel González Romeo, del campo, 30 años, calle Baja, 3, y Manuela Campé Martín, maestra, de 58 años, P. República, 4.

Manuela Campé Marín (¿?-1875-Zaragoza, 1956), en 1892 aprobó la reválida de Maestra Superior en la Escuela Normal de Zaragoza y comenzó un peregrinaje de maestra interina por Las Pedrosas, Cubel, Maleján, Talamantes, Castejón de Tornos, Loscos y la Puebla de San Miguel, entre otros. Después de varios años en Alconchel y Plenas, llegó a Pleitas.

En Pleitas la recuerdan como una maestra muy activa, que participó en muchas actividades con sus alumnos. Cuando fue concejala solicitó un local para la escuela, que entonces lo compartía con el Ayuntamiento y tenía que suspender la clase cada vez que había un pleno o una reunión.

Casaus Bernal, Salomé. Lechón

Comisión Gestora. Presidente, Eleuterio Señalada Gracia, de 54 años, labrador, calle Mayor 14. Vocales José María Señalada Herrero, de 25 años, pastor, con domicilio en Extramuros, y Salomé Casaus Bernal, maestra, de 50 años, calle Daroca 15.

Salomé Casaus (1883-¿?), era Maestra Elemental. En 1905 llegó a Lechón como maestra propietaria, se casó con Ruperto Gómez Beltrán (1886-¿?), labrador, y allí ejerció hasta su jubilación.

Castanera Plasencia, Patrocinio. Chodes

Comisión Gestora. Presidente, Justo Polo Yus, del campo, de 57 años, calle Molino. Vocales, Juan Borriquel Jimeno, del campo, de 21 años, con domicilio en la Plaza, y Patrocinio Castanera Plasencia maestra, de 56 años, con domicilio en la Plaza.

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María Patrocinio Castanera Plasencia (Huesca, 1872-Zaragoza, 1947), en 1890 obtuvo el título de Maestra Superior en Huesca. En 1897 se casó con Vicente Sugrañés Bardají (Tarragona, 1864-Zaragoza, 1941), propietario de un almacén de vinos de Huesca. En 1901 Patrocinio fundó el colegio de señoritas “Nuestra Señora del Carmen” y a los pocos años, comenzó su itinerario por las escuelas rurales.

Era hermana de Mariano Castanera Plasencia, propietario de una imprenta y fundador, en 1884, de La Crónica, un diario de avisos de Huesca.

Cebollada Bespín, María de la Asunción. Orera de Calatayud

Comisión Gestora. Presidente, Modesto Guallar Uriel, del campo, de 30 años, la Plaza, 10. Vocales, Juan Cuartero Asensio, del campo, de 28 años, Paja, 10, y Asunción Cebollada Bespín, que ya no figuraba en el censo de 1934.

Asunción era hija de Andrés Cebollada Bello y Joaquina Bespín Casanova, unos maestros de la provincia de Teruel. En 1878 su madre era la maestra de Josa y en 1907 se jubiló por edad en Martín del Río. En 1920 fallecieron sus padres y a ella le concedieron una pensión de orfandad por la muerte de su padre, Andrés Cebollada, que había sido maestro de Luco de Jiloca.

Después de Orera de Calatayud, a final de 1933, la destinaron a Osera de Ebro y en 1934 aprobó los cursillos de Magisterio en Zaragoza. A año siguiente ya estaba de maestra en Cuevas de Cañart.

Cebollada Cartagena, Luisa. Torrehermosa

Comisión Gestora. Presidente, Rafael García Gutiérrez, labrador, de 27 años, calle Lafuente 10. Vocales, Cecilio Martínez Delgado, jornalero, de 25 años, Cantarranas 39, y Luisa Cebollada Cartagena, maestra, que ya no estaba en 1934.

En 1914 llego al Magisterio de Gerona el título de Luisa Cebollada Cartagena (Zaragoza, 1896-¿?). Fue maestra de Alins del Monte (Huesca), de Purroy, de Añón y en 1931 llegó a Torrehermosa. Después estuvo en Balones (Alicante) y en Castillonroy (Huesca), entre otros. En 1937 se afilió a la FETE en Barbastro.

Díaz López, Carmen. Los Fayos

Comisión Gestora. Presidente, Raimundo Jesús Daniel Pérez y Pérez, estudiante, de 24 años, Enmedio 20. Vocales Carmen Díaz López, maestra, de 29 años, calle Felipe IV 10, y Juan Bautista Vidorreta Calabia, labrador, de 29 años, Costanilla 9.

Carmen Díaz López aprobó los cursillos de 1933 y fue destinada a Los Fayos, donde la precedió Pilar Monge Marco, una hermana de doña Manolita, la carismática maestra del barrio de Juslibol de Zaragoza. Carmen Díaz, en 1934, se incorporó a la escuela mixta de Bescós de la Garcipollera (Huesca) y después a la de Grovieras (Soria).

Fernández Quintano, María Alejandra Concepción. Acered

Comisión Gestora. Presidente, Sandalio Maluenda Gil, carpintero, de 26 años, Alta 12. Vocales, Vicente Fernández Morata, jornalero, de 28 años, Mochales 21, y María Concepción Fernández Quintano, que ya no estaba en 1934.

María Alejandra Concepción Fernández Quintano, en 1933, recibió el nombramiento de maestra provisional para Acered. En 1934 estaba en Cervera del Río Alhama (Logroño) y solicitó permiso para examinarse para una plaza de la escuela aneja de la Normal de Logroño.

Fuentes Abadía, Francisca. Villadoz

Comisión Gestora. Presidente, Antonio Lacasa del Val, jornalero, de 28 años, la Plaza. Vocales, Francisca Fuentes Abadía, maestra, que ya no estaba en 1934, y Narciso Gaudioso López, labrador, de 27 años, en la Plaza.

En 1913, Francisca Fuentes figuraba en las listas de maestras aspirantes a escuelas interinas. El 8 de junio de 1919 le adjudicaron la escuela de Villarroya del Campo, Ayuntamiento de Villadoz, que se había quedado vacante el 30 de octubre de 1918. En 1933 solicitó la excedencia. Reingresó en agosto de 1934 y la destinaron a Alcalá de Moncayo.

Galindo Monterde, María Josefa. Asín.

Comisión Gestora. Presidente, Sotero Ezquerra Lalanza, labrador, de 29 años, Iglesia 11. Vocales, María Josefa Galindo Monterde, maestra, de 39 años, Iglesia 10, y José Pérez Idoipe, panadero, de 29, Mayor 39.

Josefa Galindo Monterde (Camarillas, Teruel-¿?), en 1913 aspiraba ser maestra interina en la provincia de Teruel. En 1919 estaba en Teruel y en 1921 la nombraron maestra de Camarillas, su pueblo natal. Se casó con Lorenzo Villa Cortés (1894-¿?) y fueron los padres de Lucio Villa Galindo (Teruel,1919. Zaragoza en 1995)

En 1934, siendo maestra de Asín, se le adjudicó el primer escalafón. Pero el alcalde la acusó de ser socialista y de ser la mujer de Lorenzo Villa, un propagandista de la UGT, que estuvo en el frente con el Tercio de Santiago. Como consecuencia, la suspendieron de empleo y suelo por un año y la obligaron a trasladarse fuera de la provincia de Zaragoza durante cinco años.

En el censo de 1934 Josefa y Lorenzo seguían viviendo en Asín, en la calle la Iglesia 40. Su marido constaba de profesión “ninguna” y ella de profesión “villa”. Como estaba suspendida de empleo y sueldo, nombraron maestra de Asín a Elena Sanz Compaired, de 23 años.

En 1941 Josefa figuraba en la plantilla de Oviedo, y en 1957 ascendió de categoría.

García Martínez, Bienvenida. Jaraba

Comisión Gestora. Presidente, Valentín Cebolla Cebolla, labrador, de 27 años, Collado 3. Vocales, Vicente Cebolla Escolano, labrador, de 26 años, Medio 8, y Bienvenida García Martínez, maestra, de 25 años, Afán de la Ribera 22.

Bienvenida García llegó a Jaraba en 1932, procedente de la provincia de Soria. En 1934 se trasladó a Monóvar (Alicante). En 1965 recibió un diploma de “Maestra Distinguida” por su labor pedagógica. Y en 1968, cuando estaba en el Colegio Nacional “Cervantes” de Alicante, le perdemos las pistas.

García Martínez, María de las Nieves. Calmarza

Comisión Gestora. Presidente, Tomás Ruiz Escolano, jornalero, de 28 años, Castillo 3. Vocales, María de las Nieves García Martínez, maestra, de 58 años, Castillo 1, y Gabino Renales Mateo, herrero, de 29 años, Rúa 11.

Nieves García solicitó ser admitida en las oposiciones de 1912, que se celebraron en 1914, en Zaragoza. Sabemos que en 1919 estuvo de maestra en Oter, Ayuntamiento de Carrascosa del Tajo (Guadalajara). Después en Foradada (Lérida), en Ródenas y Orrios (Teruel), en Espejón (Soria), en Frías (Burgos). Y en Calmarza. En 1934 estaba en Villafranca del Campo (Teruel).

García Pardo, Casimira. Pozuelo de Aragón

Comisión Gestora. Presidente, Julio Jarreta Gil, labrador, de 36 años, Cuesta 7. Vocales, Casimira García Pardo, ya no estaba en 1934, y Marcos Aranda Vera, jornalero, de 30 años, Balsón 2.

Casimira García Pardo (Zaragoza, ¿?-1986). En 1923 se examinó de oposiciones en Zaragoza y en 1926, cuando la destinaron a Quireza-Cerdero (Pontevedra), presentó una reclamación en la que se quejaba de que las escuelas que había solicitado se habían adjudicado a opositoras con peor número que ella. En 1927 consiguió la escuela de Pozuelo de Aragón.

En 1933 llegó a Zaragoza, a la escuela unitaria de “San José”, como consorte de Luis González Peiro (¿?-Zaragoza, 1977), maestro de una escuela en la calle Palafox. En 1934 ella pasó al grupo “Cervantes” de Zaragoza.

Gomollón Estaje, Rafaela. Monterde

Comisión Gestora. Presidente, Saturnino López Corella, jornalero, de 28 años, Herrería 4. Vocales, José Benedí Revuelto, labrador, de 26 años, Rúa 13, y Rafaela Gomollón Estaje, maestra, de 26 años, Llumes.

Rafaela Gomollón Estaje (Zaragoza, 1907-1994). En 1930, en Aranda de Moncayo, celebraron una fiesta en la Virgen de la Sierra para homenajear a Rafaela por sus brillantes notas en las oposiciones. En 1933 se incorporó su primer destino, la escuela de Llumes, del Ayuntamiento de Monterde. Al año siguiente la mandaron a Arroyo-Albanchez-Cantoria (Almería) pero solo estuvo un curso y volvió a Aragón, a Ballobar (Huesca). Recorrió varios pueblos y en 1960 pasó de Ricla al barrio de Montañana de Zaragoza.

González Bravo, María Pilar. María de Huerva

Comisión Gestora. Presidente, Ángel Burillo Espié, herrero, de 29 años, Galán 25. Vocales, María Pilar González Bravo, ya no estaba en 1934, y Cecilio Julián García, jornalero, de 28 años, Costa, 12.

En 1931 firmó los cursillos del Magisterio en Zaragoza. Fue maestra de Santo Domingo de la Calzada, Ejea de los Caballeros, María de Huerva, Bustillo del Páramo  y San Martín del Zar (Burgos), entre otros.

Grijalba Delgado, Leonor. La Puebla de Alfindén

Comisión Gestora. Presidente, Santiago Moliné Meseguer, labrador, de 30 años, Mayor 36. Vocales, Julián Gascón Belloc, jornalero, de 29 años, calle Alta 9, y doña Leonor Grijalba Delgado, que ya no estaba en 1934.

Leonor Gijalba Delgado (¿?, 1879-Zaragoza, 1966) era Maestra Superior, en 1895, cursaba los estudios de Magisterio en la Rioja y era compañera de Isabel Lejárraga. Se casó con Rogelio Dílla Pajares (Sagides, Soria, 1873-Zaragoza, 1942) que también era maestro.

En 1898 se estrenó dando clase en Jodra del Cardo. En 1903 estaba en Valmadrid y en 1907 en María de Huerva con su marido. En la ceremonia de los exámenes de los alumnos, Leonor pronunció la conferencia “La educación de la mujer y su relación con el hogar paterno”. Posteriormente los dos fueron maestros de La Puebla de Alfindén.

En 1932, Leonor se trasladó de La Puebla al grupo escolar “Joaquín Costa” de Zaragoza, donde se jubiló en 1949. Y en 1935, su marido consiguió el traslado, por el turno de consortes, al barrio de Montañana de Zaragoza.

En 1941 los dos fueron expedientados por el Juez Instructor de Responsabilidades Políticas. (Cfr. BOE, 29 de marzo de 1941).

Hoyo Fernández, Patrocinio del. Olvés

Comisión Gestora. Presidente, Pascual Clemente Aranda, labrador, de 32 años, Plaza, 9. Vocales, Joaquín Millán López, labrador, de 27 años, Plaza 6, y Patrocinio del Hoyo Fernández, maestra, de 40 años, Mayor 10.

Patrocinio del Hoyo Fernández, maestra nacional jubilada, falleció en Burgos, el 29 de enero de 1979 a los 86 años. Era viuda de Santiago Domínguez Guzmán y madre de Milagros y José.

Desde 1913 hasta 1915 fue maestra de Revilla del Pomar, la Huéspeda y Tolbaños de Abajo, en Burgos. En 1919 aspiraba a una interinidad en Palencia. En 1928, cuando estaba en Villasayas (Soria), le concedieron cuarenta días de licencia por alumbramiento. Y en 1930, por el turno de consortes, llegó a Olvés (Zaragoza) junto con su marido, también maestro.

Lafuente Pardos, María. Carenas

Comisión Gestora. Presidente, Miguel Arguedas Gimeno, labrador, ya no figuraba en 1934. Vocales, Juan Ignacio Cortés Bueno, labrador, 68 años, Layret 23, y María Lafuente Pardos, que ya no estaba en 1934.

En 1931 estaba de maestra en Zaragoza-Valimaña y en 1933 en Carenas, el mismo año que se examinó de los cursillos de Magisterio. En 1934 la nombraron sustituta, primero en Escatrón y después en Casetas. Se afilió a la FETE en 1938.

Martí Gascón, Pilar. Embid de la Ribera

Comisión Gestora. Presidente, Antonio Lázaro Berdejo, no constaba en el censo de 1934. Vocales Esteban Martínez Delrío, herrero, de 32 años, San Martín, 9, y Pilar Martí Gascón, ya no estaba en 1934.

Pilar Martí Gascón (Zaragoza, 1898-¿?), aprobó sin plaza las oposiciones de 1920. Y se convirtió en portavoz de los que seguían siendo interinos.

Para los interinos. Con el fin de gestionar cuanto antes nuestras aspiraciones, se ruega a los que tengan menos de cinco años de interinos, oposiciones aprobadas fuera de plaza y la carrera terminada para doce años o más, que dirijan sus adhesiones a la señorita Natividad Herrero de Santa María del Río (León) o bien a Pilar Martí Gascón en Ariza (Zaragoza). (Cfr. Magisterio Español, 18 de abril de 1931).

En 1931 pasó de Ariza a Alhama de Aragón y en 1932 a Embid de la Ribera. En 1934, con los cursillos aprobados, la destinaron a Monreal de Ariza.

Martínez Blasco, María del Carmen. Anento

Comisión Gestora. Presidente, don Andrés Latorre Teller, jornalero, de 30 años, Olmo 1 Vocales, don Juan Ferreruela Traid, jornalero, de 30 años, Plaza 3, y doña María del Carmen Martínez Blasco, maestra, de 35 años, Iglesia, 5.

En 1929 estuvo en la escuela del Valle de Bardají (Huesca). Después de varios destinos llegó a Anento y en 1934 se trasladó a Alfamén.

Mendoza Chandia, Natividad. Abanto

Comisión Gestora. Presidente, Pablo Martínez Marco, jornalero, de 40 años, calle Castil-Rubio. Vocales, Mamés Duce Tornos, labrador, de 30 años, calle Empedrada, y Natividad Mendoza Chandia, maestra, que ya no estaba en 1934.

Natividad Mendoza Chandia, el 22 de enero de 1932 fue propuesta como maestra provisional para la escuela de Abanto, Zaragoza. El 11 de febrero de 1933 la trasladaron a Castejón. En 1958, cuando la subieron en el escalafón, servía en Navarra.

Nuez García, María. Agon

Comisión Gestora. Presidente, Mario León Torres, labrador, de 32 años, Razón, 2. Vocales, Cándido Lara Ruberte, jornalero, de 28 años, Portillo 5, y María Nuez García, maestra, de 27 años, Portillo, 5.

María Nuez García (Teruel, 1906-Zaragoza, 2006). En 1931 figuraba en las listas de interinas de Zaragoza y en 1932 le adjudicaron la escuela de Agón. Fue la última maestra de Aguilar (Huesca), hoy un despoblado.

Pérez Jiménez, Avelina. Bijuesca

Comisión Gestora. Presidente, Saturnino Vela Salas, jornalero, de 26 años, Risca 2. Vocales, Avelina Pérez Jiménez, ya no estaba en 1934, y Toribio Gómez Serrano, labrador, de 30 años, Perperuela 1.

Avelina Pérez Jiménez (Logroño, 1906) llegó destinada a Brijuesca en 1932 y en 1934 se trasladó a Fitero (Navarra), donde fue directora del grupo escolar

Pérez Verdú, Purificación. Nombrevilla

Comisión Gestora. Presidente, Domingo Arnal Arnal, jornalero, de 39 años, Pilar, 41. Vocales, Purificación Pérez Verdú, maestra, de 55 años, Pilar 8, y Evaristo Vicente Polo, jornalero, de 30 años, Mayor, 4.

Antonio Pérez Verdú. Hermano maestra Nombrevilla.

Antonio Pérez Verdú, hermano de la maestras de Nombrevilla.

Purificación Pérez Verdú (Alcoy, Valencia, 1878) era hija de Francisco Pérez Jordá, tejedor, y de Pura Verdú Sempere, domiciliados en la calle Santa Bárbara, 20. Y hermana del músico Antonio Pérez Verdú (1875-1932) un músico famoso.

En 1905 llegó su título de Maestra Superior a la secretaría de la Universidad de Valencia y a la Escuela Normal de Alicante. En 1909 tomó posesión de la escuela de Patró (Vall de la Gallinera, Alicante). En 1910 la destinaron a Penáguila y ese mismo año solicitó entrar en las listas de interinas del distrito de Zaragoza. En 1923 llegó a Nombrevilla, donde se jubiló en 1948. Allí se casó con Macario Catalán Sancho (Nombrevilla, 1856).

 

Posat Pérez, Josefa. Fuencalderas.

Comisión Gestora. Presidente, Mariano Gimeno Duarte, maestro, ya no figuraba en 1934. Vocales, Valero Castán Izuel, jornalero, y Josefa Posat Pérez, de profesión sus labores, de 26 años, calle Cantera 11.

Josefa Posat vivía con sus padres, Mariano Posat Castán, agricultor, de 53 años, y Amalia Pérez Lagoma, de profesión sus labores, de 55 años. En la gestora fue votada por los propietarios.

Ramos Rodrigálvarez, Petra. Y Bartolomé Marín, Carmen. Zuera

Primera comisión Gestora. Presidente, Luis Pérez Gimeno, jornalero, de 25 años, calle Ensanche. Vocales, José María Lera, maestro, y Antonio Lanuza Susín, que ya no figuraba en el censo de 1934.

Segunda comisión gestora. Se anuló la que se había formado un mes antes. Presidente, Luis Pérez Gimeno, jornalero, de 25 años, calle Ensanche. Vocales, Petra Ramos Rodigálvarez, maestra interina, que ya no estaba en 1934, y Antonio Aurensanz Aso, propietario, que tampoco figuraba en censo de 1934. Se anunciaba que Petra Ramos, podría ser sustituida por Carmen Bartolomé.

Petra Pilar Ramos Rodigálvarez (Zaragoza, 1911-1982) hija de Pedro y de Agustina. Y hermana de Agustina, Concepción, Pedro e Ignacio. En 1929 obtuvo el título de Magisterio en Zaragoza. Se jubiló en Barcelona en 1981. Está enterrada en el cementerio de Torrero.

Carmen Bartolomé Marín (Zaragoza, 1907). En 1932 fue destinada a Zuera y en 1934 a la sección especial de la escuela graduada de niñas de Ateca. Ese mismo año se le impuso el brazal de Dama Enfermera de la Cruz Roja. .En 1966 estaba en Sádaba.

Royo Gil, Petra. Fuendetodos

Comisión Gestora. Presidente, Pascual Salueña Valero, jornalero, de 28 años, Sepulcro 7. Vocales, Petra Royo Gil, maestra, de 45 años, Alta 4, y Joaquín Gascón Baquero, jornalero, de 28 años, Alta 28.

Fuendetodos. Cese del Ayuntamiento y constitución de la Gestora. Vista la ley de 30 de diciembre que ordena el cese de los ayuntamientos elegidos por el artículo 29 de la ley electoral, siguiendo las órdenes recibidas de la superioridad. Se personó en la casa consistorial este pueblo el delegado gubernativo nombrado al efecto, don Pablo González, secretario municipal de Jaulín y se procedió al sorteo de contribuyentes y obreros, comprendidos en la edad reglamentaria, resultando agraciados don Pascual Salueña Valero, como contribuyente, y don Joaquín Gascón Baquero como obrero. Como funcionario le ha correspondido a doña Petra Royo Gil, maestra nacional, por ser empleado público de menor edad de los existentes en la localidad, a partir de los 23 años de edad. (Cfr. La Voz de Aragón, 1 de febrero de 1933).

Petra Royo Gil (¿?,1888-Zaragoza, 1973) aprobó las oposiciones de 1912. En 1915 dejó Cubilla (Soria) y pasó a Carenas (Zaragoza). En 1918 se incorporó a Samper de Calanda (Teruel), pero ese mismo año permutó y llegó a Fuendetodos.

Ha sido aprobada la permuta entre doña Petra Royo Gil, maestra de Samper de Calanda, y doña Edelvina Fariña, maestra de Fuendetodos.

En 1934 le dieron el traslado a la escuela “Miguel de Unamuno” de Madrid y al año siguiente volvía a permutar con Margarita Mazariegos Alegre, de Zaragoza.

Ruiz García, Consuelo. Pinseque

Comisión Gestora. Presidente, Alejandro Andrés Sangrós, propietario, de 25 años, Libertad 22. Vocales, Consuelo Ruiz García, maestra, ya no figuraba en 1934. Es el único pueblo de la provincia en el que no se nombró al representante de los trabajadores.

En 1936, Consuelo Ruiz, maestra de Pinseque, solicitaba que, a efectos de concurso de traslado, se le consideraran continuados los servicios de Mequinenza, adonde llegó por oposición el 12 de julio de 1926 y los Pinseque, adonde llegó en 1929 por traslado forzoso, debido a que ese año la escuela unitaria de Mequinenza se convirtió en graduada.

Salcedo Ramón, María. Las Pedrosas

Comisión Gestora. Presidente, Jesús Bosque Til, jornalero, de 29 años, calle Curta 2. Vocales, Isidro Baquero Andreu, maestro, de 51 años, calle A. San Roque, y María Salcedo Ramón, de profesión sus labores, de 35 años, calle San Roque 10.

María Salcedo estaba casada con el comerciante Francisco Trullenque Nadal, de 40 años, que en 1938 era Alcalde Presidente del Ayuntamiento de Las Pedrosas.

Sanz Cabanes, Demetria. Bardallur

Comisión Gestora. Presidente, Manuel Nogueras Jaca, jornalero, de 27 años, Cuevas 165. Vocales, Alfredo González Fauro, jornalero, de 25 años, B. Verde 33, y Demetria Sanz Cabanes, maestra, de 62 años, calle Baja 14.

1889. Demetria. Caligrafía

Demetria San Cabanes (Huesca, 1871) estudió Magisterio en Huesca y, desde 1890, ejerció en Guetadar (Navarra), Calderuela, Rabanera del Campo, Cabanillas (Soria), Sofuentes y Castejón de Alarba y Bardallur (Zaragoza). Estando en la provincia de Soria recibió un voto de gracia por su buen trabajo.

Se casó con Juan Manuel Castillo Bielsa (1871) propietario de Bardallur. Tuvieron varios hijos, entre otros: Asunción (Bardallur, 1925-Guadalajara, 2012), Ramiro (Bardallur, 1928-Barcelona, 2018), Isabel (Bardallur, 1931-Sigüenza, 2019), José Luis (Bardallur -Madrid, 2018).

Serrano Lon, María. Castejón de Alarba

Comisión Gestora. Presidente, Mariano Baquedano Peiro, labrador, de 28 años, Cantarranas 5, Vocales, Quintín Santos Cobeta Peiro, jornalero, de 28 años, Horno 13, y María Serrano Lon, maestra, viuda, de 69 años, Saliente 6.

En 1934, en la calle Saliente 6, vivían con ella: su cuñado, Manuel Gil Santed,  hermano de su marido, sacerdote, de 63 años; y su sobrina, Martires Gil Sicilia, sus labores, de 30 años.

María Serrano (Teruel, 3/10/1862) era Maestra Superior y ejerció en: Osonilla, Villafeliche, Laranueva, Torralbilla, Boninches, Escorihuela, Torrevelilla, Santa Cruz de Grío, Monreal de Ariza.

En 1917 se trasladó de Murero a Castejón de Alarba, donde conoció al turolense Sotero Gil Santed, que había llegado de maestro en 1913.

Soler Caballero, Teresa. Viver de la Sierra

Presidente, Joaquín Melús Giménez, labrador, de 26 años, Cañuelo 11. Vocales, Teresa Soler Caballero, maestra, de 65 años, Eras 1, y Sebastián Joven Melús, labrador, de 25 años, Somero 5.

En 1934, en la calle Eras 1, vivían: Felipe Marín Jiménez, labrador, de 39 años. Dolores Gil Soler, sus labores, de 36 años. Y Teresa Soler Caballero, de 66 años, que estaba allí de patrona.

Teresa Soler, Maestra Superior, era hija de Vicente Soler y de Filomena Caballero. En 1902 solicitaba ser interina en Alicante. Estuvo en Bañeras, Miralflor (Alicante). Iniéstola del Ayuntamiento de Anguita (Alicante). En 1919 llegó por traslado a Viver de la Sierra.

En 1928 el alcalde de Viver de la Sierra y varios vecinos le incoaron un expediente. Sostenían que los alumnos llevaban mucho retraso, a causa de una afección en la vista que padecía la maestra y pedían que la jubilaran. El expediente no progresó porque muchos vecinos y la inspección declararon que la enseñanza no era mala y que el defecto físico se podía corregir con lentes. (Cfr. Suplemento a la escuela moderna, 1928).

Zabal Pérez, Mónica. Urriés

Comisión Gestora. Presidente, Babil Zalba Larripa, jornalero, de 28 años, calle  Oscura 20. Vocales, Victorino Zalba Lacosta, jornalero, de 29 años, Horno 3, y Mónica Zabal Pérez, maestra.

Mónica Zabal Pérez (Zaragoza, 1908-1991) aprobó los cursillos de Magisterio en 1935.

Era hija de Roberto Zabal Gómez, obrero, y de Ignacia Pérez Crespo, maestra nacional, natural de Teruel. En 1934 residía en Zaragoza, en la calle Jesús 24, con su padre y su hermana Anita. Su madre aún no se había jubilado y sus hermanos se habían casado. Su hermana Carmen se casó con un industrial de la puebla de Híjar y su hermano Roberto, médico, con Luisa Orensanz, la hija del presidente de la Diputación de Zaragoza.

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Mónica Zabal y sus hermanas en la boca de su hermano Roberto. Foto de La Voz de Aragón.

Para terminar

El cese de los miembros de los ayuntamientos que se habían nombrado por el artículo 29 de la Ley Maura fue la circunstancia histórica que produjo una entrada masiva de mujeres en los ayuntamientos de España.

Las comisiones gestoras de 1933 solo duraron dos meses y medio, pero constituyeron un fenómeno insólito. Ni antes ni después han entrado, a la vez, tantas mujeres en los ayuntamientos. En la provincia de Zaragoza hubo una mujer en 52 municipios, de los 109 que he consultado.

Es posible que en un futuro encontremos más, porque me faltan los datos de 21 pueblos. En su día no se publicaron sus comisiones gestoras, por distintos motivos, y ahora el acceso a los archivos de unos ayuntamientos desaparecidos se vuelve casi imposible.

Los datos de los censos me han resultado una herramienta muy preciada para identificar a las personas. Además, el contraste entre distintas fuentes documentales me ha permitido corregir algunas erratas en los nombres y en los apellidos.

He seguido las trayectorias profesionales de las maestras con los boletines de educación, con la prensa histórica y con los fondos de los archivos de algunos ayuntamientos y escuelas normales. Y me han resultado muy útiles algunas páginas de genealogías familiares.

Espero que este trabajo abra el camino a otras provincias. Si algún día tuviéramos las listas de toda España, nos quedaríamos sorprendidos de la presencia y visibilidad que gozaron las maestras españolas en 1933.

También espero que alguien convierta estas semblanzas en las verdaderas biografías que todas ellas están reclamando.

Carmen Romeo Pemán

María Domínguez-1

1932. María Domínguez, alcaldesa de Gallur, almorzando en su casa. Foto de la revista Crónica.

ADENDA

LISTA DE ALCALDESAS Y CONCEJALAS EN ZARAGOZA

Las 18 alcaldesas de 1933

Antorán Martínez, Elvira. Villanueva de Huerva

Bilbao Nieto, Clementina. Lituénigo

Blasco Pardillas, María. Torrellas.

Bosque Barberán, Antonia. Ardisa

Cereza Puyol, Victoria. Gelsa

Conde Álvarez, Delia Juana. Clares de Ribota

Cortadé Romeo, Concepción. Alpartir

Elizondo Inda, Felipa. Tierg.

Frías Gil, Laurentina. Alforque

García Pérez, Estrella. El Frasno

Gil Martínez, María. Tiermas

Hernández García, Julia. Rueda de Jalón

Latre Cañada, Cecilia. Bureta

Laguía Bernal, Francisca de Paula. Novillas

Muñoz Foved, Adelina. Lobera de Onsella.

Pemán Cardesa, Isabel Conrada. Magallón

Rodríguez Suils, Emilia. Almochuel

Sebastián Cebrián, Jerónima Agustina. Balconchán

Las 34 concejalas de 1933

Adell Roig, María. Botorrita

Bartolomé Marín, Carmen. Zuera

Campé Marín, Manuela. Pleitas

Casaus Bernad, Salomé. Lechón

Castanera Plasencia, Patrocinio. Chodes.

Cebollada Bespín, Asunción. Orera de Calatayud

Cebollada Cartagena, Luisa. Torrehermosa

Días López, Carmen. Los Fayos

Fernández Quintano, María Alejandra Concpeción. Acered

Fuentes Abadía, Francisca. Villafoz

Galindo Monterde, María Josefa. Asín

García Martínez, Bienvenida. Jaraba

García Martínez, María de las Nieves. Calmarza

García Pardo, Casimira. Pozuelo de Aragón

Gomollón Estaje, Rafaela. Monterde

González Bravo, María Pilar. María de Huerva

Grijalba Delgado, Leonor. La Puebla de Alfindén

Hoyo Fernández, Patrocinio del. Olvés

Lafuente Pardos, María. Carenas

Martí Gascón, Pilar. Embid de la Ribera

Martínez Blasco, María del Carmen. Anento

Mendoza Chandía, Natividad. Abanto

Nuez Torres, María. Agón

Pérez Jiménez, Avelina. Bijuesca

Pérez Verdú, Purificación. Nombrevilla

Posat Pérez, Josefa. Fuencalderas

Ramos Rodrigálvarez,Petra. Zuera

Royo Gil, Petra. Fuendetodos

Ruiz García, Consuelo. Pinseque

Salcedo Ramón, María. Las Pedrosas

Sanz Cabanez, Demetria. Bardallur

Serrano Plou, María. Castejón de Alarba

Soler Caballero, Teresa. Viver de la Sierra

Zabal Pérez, Mónica. Urriés

Escuelas dedicadas a maestras

 

#nuestrasmaestras

A Gloria Álvarez Roche, Cristina Baselga Mantecón, Concha Gaudó Gaudó e Inocencia Torres Matínez. Mucho más que amigas. A ellas les debo parte de este y de otros trabajos.

Entrega Premios.1

El caso de Zaragoza

En el siglo XIX y principios del XX las escuelas recibían el nombre de la calle que las acogía. Así la escuela de la calle de las Armas, angular con la calle de la Golondrina, se llamó Escuela de las Armas, y también de la Golondrina, y a sus alumnas las golondrinas. Y lo mismo ocurría con la del Buen Pastor, en la calle del mismo nombre, y con la del Castillo, en un espacio que había pertenecido al Castillo de Palomar.

En Zaragoza, esta costumbre empezó a cambiar con el nacimiento de los grupos escolares de enseñanza graduada y la desaparición de las escuelas unitarias.

En 1914 el Ayuntamiento condecoró a Eulogia Lafuente, a Rosa Arjó y a Marcelino Lopez Ornat, y acordó poner sus nombres a tres grupos escolares de la ciudad. En 1919, a propuesta del concejal señor Faci, eligieron el nombre de dos maestras, Andresa Recarte y María Díaz, para dos escuelas.

A lo largo de un siglo se han ido bautizando los grupos escolares de la ciudad, pero solo siete han llevado el nombre de una maestra. A las anteriores les siguieron Ana Mayayo en 1969, Gloria Arenillas en 1981 y Patrocinio Ojuel en 2019.

En la mayoría de los centros optaron por nombres de maestros, como Cándido Domingo o Joaquín Soler, o por nombres de hombres célebres como Gascón y Marín, Joaquín Costa o Miguel de Cervantes.

A continuación expongo las semblanzas de las siete maestras que merecieron las placas en las puertas de las escuelas. La historia de estas mujeres, destacadas en su tiempo, se ha ido diluyendo con los años y, por eso, hoy nos cuesta recuperar las trayectorias de sus vidas y la memoria de sus trabajos.

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Gloria Arenillas Galán (Zaragoza, 18 de noviembre de 1910-Zaragoza, 25 de febrero de 2005).

Gloria Arenillas.

El periódico La Voz de Aragón se hacía eco del triunfo obtenido por la asilada señorita Arenillas en los Cursillos de Magisterio de 1932. El presidente daba cuenta de su  éxito en las oposiciones, fue el número uno, y proponía que se le concediera el derecho a ocupar la primera vacante que se produjera en el Hospicio, cuando se renovara la enseñanza en el centro. (La Voz de Aragón, 18/12/1932).

En 1948 estaba destinada en la escuela de San Juan de Mozarrifar, cuando se adscribió al barrio del Cascajo. Posteriormente fue directora del Colegio Cándido Domingo, en el Arrabal, hasta que se jubiló.

En 1974 el Ministerio le concedió el ingreso en la orden de Alfonso X, en atención a los servicios de mérito extraordinario prestados como maestra nacional.

Colegio Gloria Arenillas

Gloria Arenillas en la Antigua Azucarera.

El actual Colegio Gloria Arenillas se construyó a finales de los años 70 en los terrenos de la Azucarera del Gállego, en el Arrabal. Al principio se llamó Colegio Nacional Mixto Urbanización Ríos de Aragón. En 1981, según Ángel López Folgar, que fue director del centro. se le puso el nombre de Gloria Arenillas, en recuerdo de la que fue directora del colegio Cándido Domingo, el otro grupo escolar del barrio. (Cfr. BOE, 7/10/1981)

Placa. Foto buena

Foto realizada en septiembre de 2019. Propiedad de Esther Carbó Carbonel, profesora del colegio Gloria Arenillas.

En 1919 las viejas escuelas del Arrabal, convertidas en un grupo escolar graduado, recibieron el nombre de Cándido Domingo, un célebre maestro.

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Rosa Arjó Pérez (Huesca, 1876-Zaragoza, 1918)

Rosa Arjó-1

Doña Eulogia Lafuente nos habla de las satisfacciones que le ha dado la enseñanza. El día 6 de abril de 1914 le impusieron la Medalla de la Ciudad. En aquel acto le impusieron la Cruz de la Beneficencia a una discípula suya llamada Rosa Arjó, malograda en plena juventud, por su comportamiento heroico con unas niñas atacadas de tifus, entre las que se encontraba una hermana del actual jefe de la Guardia Municipal, señor Lloré. (Cfr. A. Ruiz Castillo, “Figuras zaragozanas. Entrevista a Eulogia Lafuente”. La Voz de Aragón, 03/09/1930)

Rosa Arjó Pérez era hija de Esteban Arjó Fraguas, un militar nacido en 1846, y de Amalia Pérez Mayo, nacida en 1852. Su hermano Esteban cursó el bachillerato en el Instituto Ramón y Cajal de Huesca, estudió Medicina en Zaragoza y fue médico titular de Alcampel, (Huesca). En 1934. Amalia Pérez, su madre de 82 años, María Arjó, una hermana de 56 años y profesión sus labores; y María Josefa, otra hermana, maestra nacional de 53 años, vivían en Zaragoza, en la calle Sobrarbe, 59.

Rosa estudió Magisterio en Zaragoza y comenzó a trabajar como auxiliar con Patrocinio Ojuel, la parvulista que introdujo el método Montessori en Zaragoza. En 1906, con la carrera recién acabada, la destinaron a Almazán (Soria), en 1907 aprobó las oposiciones y en 1908 llegó a la escuela El Castillo en el barrio de las Delicias, donde era directora cuando murió a los 32 años, víctima de la gripe.

En 1914 se casó con Julio Gargallo un contratista de obras de San Sebastián, que, en 1913, junto con Arturo Nicolás, llevó a cabo la construcción del edificio de la Caja de Ahorros de la calle San Jorge. El proyecto era de los arquitectos Ramón Cortázar y Luis Elizalde, también de San Sebastián. Julio Gargallo, además, era copropietario y consejero La Voz de Guipúzcoa, un periódico que vivió desde 1885 hasta 1928.

En 1915 nació su hija Ignacia. Y la niña aún no había cumplido tres años cuando murió su madre. Ignacia Gargallo Arjó se casó con Mateo Lacarte Álvarez, de una conocida familia de industriales zaragozanos. En 1933 Julio Gargallo residía accidentalmente en Zaragoza en casa de su hija.

Don Julio Gargallo está enfermo en casa de sus hijos los señores Lacarte Gargallo. (Cfr. La Voz de Aragón, 04/01/1933)

Rosa Arjó y las colonias escolares de verano

Desde 1912 tenemos noticias de su participación en las colonias escolares de verano. Ese año estuvo de directora de las de Biescas, y con ella fue de auxiliar su hermana Pilar Arjó, (Cfr. Gaceta de instrucción pública y bellas artes, 28/8/1912).

En 1913 fue a las de Segura de Baños (Teruel) con 30 niñas. A los pocos días de llegar se declaró una epidemia de tifus. Se evacuaron las niñas no afectadas, pero Rosa se quedó en Segura con las enfermas. Durante todo el tiempo que estuvieron allí las cuidaba y todos los días mandaba una crónica al Heraldo de Aragón para mantener informados a sus padres.

En 1914 el Ayuntamiento de Zaragoza, en el mismo acto que otorgó la medalla de oro de la ciudad a Marcelino López Ornat y a Eulogia Lafuente Querejeta, le impuso a Rosa Arjó Pérez las insignias de la Cruz de Beneficencia por su comportamiento en Segura de Baños. Ese mismo año, el ministro Francisco Bergamín, que había asistido al acto de Zaragoza, les concedió a los tres la Cruz de Alfonso XII.

El Colegio Rosa Arjó

Colegio Rosa Arjó

En 1914 el Ayuntamiento puso el nombre de Rosa Arjó a la escuela del Castillo, donde ella estaba destinada.

Durante la II República se construyó una nueva escuela nacional mixta, llamada Pablo Iglesias, al final de la calle de San Antonio. Esta escuela, junto con la de Andrés Manjón, venía a sustituir a las antiguas escuelas del Castillo.

Al comenzar la Guerra Civil. se quitó el nombre de Pablo Iglesias y se recuperó el nombre de Rosa Arjó para el nuevo edificio.

El año 2000 se cerró el colegio por falta de alumnos, pero el edificio se siguió llamando Rosa Arjó.

Allí están ahora el Consejo Escolar de Aragón (CEA), el Centro Aragonés de Recursos para la educación inclusiva (CAREI) y la Prevención de Riesgos Laborales, Junta de Personal y Confederación San Jorge (FAPAR).

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María Díaz Lizardi (1856-¿?)

María, hija de Rafael Díaz y Narcisa Lizardi, era la mediana de seis hermanos. Pero, hasta ahora, he encontrado pocos datos sobre sus orígenes y su formación inicial.

María Díaz Lizardi. FOTO.1

Los comienzos profesionales

En 1890 estaba destinada de maestra en Zaragoza, con título superior, sueldo 2.000 pesetas, 8 años, 7 meses y 18 días de servicios, cuatro oposiciones. En 1891 iba la sexta en una lista de maestras propuestas para cubrir una vacante en una escuela de niñas de Madrid. Después estuvo destinada en Teruel, en Barcelona y en Tarragona, como maestra de la Escuela Normal.

1905-1926: veintiún años en la Escuela Normal de Zaragoza

En 1905 volvió a Zaragoza como Maestra de la Sección de Ciencias de la Escuela Normal de Maestras, donde ejerció veinte años, hasta que se jubiló en 1926.

Había asentado su vivienda en la plaza de Lanuza 20, cercana a la escuela del Buen Pastor, que lleva su nombre. Después de su jubilación mantuvo gran actividad en la Acción Católica de la Mujer de Zaragoza, donde figuraba como presidenta de la Sección de Magisterio.

Un incidente en 1908

No se sabe por qué motivo, en 1908 fue agredida por unas alumnas de la Escuela Normal. Y así se contaba en la Gaceta de Instrucción Pública:

SOBRE LA NORMAL DE ZARAGOZA Tenemos gusto en notificar a La Educación, nuestro estimado colega zaragozano, algún detalle de lo que ocurrió en la Normal de Maestras de Zaragoza en el mes de junio pasado. Doña María Guadalupe del Llano y Doña María Díaz Lizardi fueron dos profesoras agredidas. La primera en la calle al dirigirse a la Normal. La segunda dentro de la Escuela. Las citadas profesoras pueden informar a La educación, nuestro colega zaragozano, en lo relativo al nombre y número de las alumnas ofensoras. (Cfr. Gaceta de instrucción pública y bellas artes, 25/9/1908, p. 4).

Guadalupe del Llano Armengol, una profesora de la Escuela Normal de Maestras que, desde 1928 hasta 1931, fue directora de la Normal y jefe de la escuela de prácticas.

La Escuela María Díaz Lizardi

En 1919 se puso su nombre a la escuela de niñas de la calle el Buen Pastor. En una placa con su efigie aún podemos leer:

Homenaje de gratitud a la excelsa maestra que con gran abnegación guió a centenares de niñas hacia el bien y la instrucción. Sus discípulas perpetúan el nombre de quien les iluminó el corazón y la inteligencia con sus sabias enseñanzas y ejemplares virtudes. Zaragoza 21 de octubre de 1919. DOÑA MARÍA DIAZ LIZARDI

En 1929, se modificó el sexto grupo de la escuela nacional  María Díaz Lizardi. Hasta entonces tenía con cinco grupos grados. Y un sexto en régimen unitario.  Ese año pasó también al régimen graduado. (Cfr. La Voz de Aragón, 10 Marzo 1929)

En 1987 desaparecieron el colegio y el nombre. Hoy el edificio alberga el Centro de Formación de Profesores Juan de Lanuza.

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Eulogia Lafuente y Querejeta (Roncal, Navarra, 1863-Zaragoza, 1932)

1930. Eulogia Lafuente. 1

Figuras zaragozanas. Doña Eulogia Lafuente, la mujer que estuvo 47 años al servicio de la enseñanza.

—¿Dónde ha ejercido los 47 años de profesión?

—En Zaragoza, todos en Zaragoza. He sido directora del Colegio de la calle de las Armas y del grupo escolar Gascón y Marín. ¡La de niñas que han pasado ante mí! ¡La de mujeres a quienes he enseñado de niñas! ¡Qué satisfacción tan intensa me proporciona pensar en esto! En mis primeros años de maestra solo existían en Zaragoza cinco o seis escuelas unitarias de niñas y teníamos una matrícula que no descendía de 130 y 140 alumnas. Y en estas condiciones, poco se podía hacer. (Cfr. A. Ruiz Castillo, “Figuras zaragozanas. Entrevista a Eulogia Lafuente con motivo de su jubilación”. La Voz de Aragón, 03/09/1930. De esta entrevista voy desgranando más cita en las líneas de este artículo).

Eulogia Lafuente se casó con Pedro Gómez Cuartero (Tabuenca, Zaragoza, 1857-Zaragoza, 1943), también maestro condecorado con la Medalla de Oro de la ciudad. Era hijo de una familia de agricultores y tiene dedicada una calle en su pueblo natal.

Pedro y Eulogia establecieron su domicilio en la calle San Miguel 52 y fueron padres de tres hijos: Eulogia y Pedro, profesores de la Escuela Normal de Zaragoza, y Mariano, médico. Y abuelos de cuatro nietos.

El día 6 de abril de 1914 Eulogia recibió la Medalla de Oro de la ciudad por ser maestra ejemplar y, ese mismo año, la de Alfonso XII:

Aquel acto fue brillantísimo y emocionante. También impusieron la misma distinción a aquel maestro de maestros que se llamó Marcelino López Ornat. Y la cruz de la Beneficencia a Rosa Arjó.

En abril de 1919, La escuela moderna publicaba el siguiente artículo:

Doña Eulogia Lafuente Querejeta ocupa la dirección de la graduada “Las Armas”, con título de Maestra  Superior. Ingresó por oposición. Posee muchos votos de gracias y comunicaciones laudatorias; está propuesta por la Junta Provincial para una recompensa especial por sus brillantes servicios docentes. Ha obtenido Medalla y Diploma de primera clase en Exposiciones, y la Medalla de Oro de la ciudad de Zaragoza en recompensa a su excelente labor profesional. Tomó parte como vocal en oposiciones y coadyuvó en exposiciones, conferencias, fiestas escolares.

Se jubiló en 1930, a los 67 años, sin cumplir la edad reglamentaria, por motivos de salud. En ese momento era la directora del Gascón y Marín.

He cumplido 67 años y la gente dice: doña Eulogia, se conserva muy bien. Y es que muchos de los que me conocen creen que tengo bastantes más años. ¡Qué se le va a hacer!

Doña Eulogia. Por Juan Moneva

Juan Moneva y Puyol (1871-1951), catedrático de Derecho de la Universidad de Zaragoza, fue un escritor de prestigio. Si tenemos en cuenta que don Juan no se prodigaba en este tipo de alabanzas, debió ver grandes virtudes en doña Eulogia. Por razones de espacio, solo reproduzco algunos fragmentos y he omitido el signo convencional (…) de corte, para facilitar la lectura. En ningún caso los fragmentos quedan descontextualizados.

Mi primera memoria de maestras y maestros de la escuela pública de Zaragoza son doña Estefanía Castaños, aragonesa, notabilidad en su tiempo, pensionada por la Diputación. Don Epi- y doña Boni-, él –fanio y ella –facia, abnegada conyugia, que consumió su vida en educar párvulos. Doña Eugenia Azcoaga y Tellería, baska, creo que bergaresa, de faz sin pizca de hermosura, pero que se le iluminaba frecuentemente con una sonrisa de santidad y de una voz dulce, como acaso no he oído otra. La infeliz Paca Carnicer, si es infeliz quien muere joven, aunque muera piadosamente.

Doña Eulogia, si no de mis años, pues tenía algunos más que yo, era contemporánea mía. Del Roncal, su patria, en donde había usado el traje bello y rico, de las mujeres de allá, y el peinado de trenzas largas atadas al final con cintas de colores. Vino muy pronto a Zaragoza, maestra por oposición de una escuela pública. La señalaban como sobresaliente en su carrera. Desde las primeras veces que hablé con ella, noté que tenían razón.

No recuerdo dónde fue su primera escuela, ni cuándo se casó, sí cuándo tuvo cada crío, que hoy una es docente de Magisterio y otros dos son doctores. Ni me interesan esos datos del registro parroquial o civil. Voy a hablar aquí de cómo era, de cuerpo y alma. Pero, sobre todo, de aquello suyo que no perece, porque es inmortal.

Era alta, lo más que sirve para realzar la gallardía de una figura robusta en proporción. Erguida, de faz en óvalo prolongado, grandes ojos serenos, buen color, andar tranquilo, el decir como el andar, y una seguridad en los conceptos muy conforme a su andar y a su decir.

No era una purista del decir. Sabía hablar gratamente, correctamente, sin poner aristas vivas en las palabras esdrújulas, sin propender a los polisílabos eruditos, sin sacar el armario reservado de la Gramática los exotismos de algunos verbos irregulares. Y precisamente aquella señora era una especialista en Gramática.

Yo la traté mucho y en intimidad. Nunca la noté asustada por una osadía de concepto, ni deslumbrada por una frase brillante. Contestaba siempre tranquila, siempre a tono, cuando no con razones teóricas con atestados de experiencia.

Presencié su jubilación De aquella sesión recuerdo el discurso, todo emoción y afecto bondadoso de la inspectora Leonor Serrano.

Supe tiempo después, como el cuerpo de mi compañera y amiga era trabajado por una enfermedad horrible. (Cfr. La Voz de Aragón, 1932)

El Colegio Gómez Lafuente

En 1858, en la esquina con la antigua calle de la Golondrina se abrió la primera escuela de niñas del barrio, llamada de la Golondrina, dirigida por Antonina Vicente. Posteriormente la dirigió Eulogia Lafuente Querejeta (1863-1932), una eminente maestra que, junto a su marido Pedro Gómez Cuartero (1857-1943), dan nombre a la escuela desde 1933. Hablamos del centro de educación de personas adultas Gómez-Lafuente.

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Ana Mayayo Salvo, “Doña Anita” (Buenos Aires, 1880-Zaragoza, 1968)

Ana Mayayo

Era hija de Andrés Mayayo (Layana, 1835-1905) y Ana Salvo Aguerri (Sádaba, 1845-1914), que emigraron a .Argentina como muchos de las Cinco Villas. Se casó con Pablo Punsac Causi (1878-1933), un comerciante, delegado de La Ibérica, una firma de seguros de incendios, que en 1910 ya estaba instalado en Zaragoza, en la calle San Carlos.

Ana y Pablo vivieron en la calle Cinco de Marzo, 4, y tuvieron dos hijos: María Teresa (1915-1998) y Jesús (¿?-1975). Su hija Teresa desde 1941 hasta su jubilación fue bibliotecaria de la Universidad de Zaragoza. Teresa Punsac Mayayo, a los licenciados de mi generación, nos inculcó el amor a los libros y nos enseñó las sendas de la investigación.

Trayectoria profesional

Ana Mayayo obtuvo el título de Maestra Superior en la Escuela Normal de Maestras de Zaragoza a los diecisiete años. Desde 1902 hasta 1907 estuvo destinada en Zaragoza. En 1907 se trasladó a Madrid y en 1909 regresó a Zaragoza.

En esos años obtuvo el título en la Escuela de Estudios Superiores de Magisterio de Madrid, donde se formaban los profesores de las Escuelas Normales y los Inspectores. En 1913 la nombraron directora del grupo escolar Los Graneros, así llamado por ocupar el antiguo almudí de la ciudad. En ese edificio está hoy el centro de personas adultas Concepción Arenal.

En 1923 pasó a dirigir  la escuela aneja a la Normal de Maestras. En 1929 también le adjudicaron la de los chicos cuando se quedó vacante. Y fue directora de las dos anejas hasta su jubilación en 1950. Como reunía la doble condición, maestra nacional y profesora de Escuela Normal, demostró una extraordinaria valía como directora de las escuelas anejas, donde tenía que enseñar a los niños y formar a las maestras en prácticas.

Otros cargos

Formó parte de la Junta Municipal de Primera Enseñanza. Desde allí impulsó el ropero escolar, la cantina y las colonias escolares. Como presidenta de la Asociación de Huérfanos de Magisterio, en los años 40, consiguió la construcción del Colegio de Huérfanos de Nuestra Señora del Pilar, edificio en el que hoy está el Instituto Miguel Catalán.

Ana Mayayo fue la “Habilitada” de Magisterio para los partidos de Sos, Ejea y La Almunia. En su época la figura del habilitado era muy importante. El habilitado, un intermediario con la administración, pagaba las nóminas a los maestros en las cuestiones económicas. Además, el habilitado en clases pasivas asesoraba y tramitaba las pensiones. En esta cuestión, los maestros estaban organizados por distritos judiciales y cada distrito tenía su habilitado, que era un cargo electivo y requería una preparación específica. En 1957 Ana Mayayo fue destituida porque se retrasó en el pago a algunos maestros. (Cfr. BOE, 03/06/1957)

Colegio Ana Mayayo

Se llama así desde 1969 el grupo escolar del Parque Palomar. Es el primero que se construyó después de su muerte. En el obituario que le dedicó Pedro Orós solicitaba que se pusiera su nombre al primer Grupo escolar que se construyera en Zaragoza.

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Patrocinio Ojuel Pellejero (Zaragoza, 1877-1961)

Patrocinio Ojuel. 2

Mi abuela paterna, Patrocinio Ojuel, era maestra especializada en párvulos. Estudió en Francia y se trajo, entre otras cosas, el método Montessori. No te dabas cuenta de que estabas leyendo y a los tres años lo encontrabas tan natural como hablar, reír o llorar. (Cfr. Guillermo Fatás Cabeza, Pregón de la feria del libro de Zaragoza, 2013).

Guillermo y su yaya Patro

Mi abuela era una maestra fantástica. Ignoro cómo, pero había logrado estudiar en Nantes, de soltera. Nació en 1877 y en alguna foto que hay por casa parece que tendría como veinte años. Su padre, José Ojuel, era médico y no tuvo más que hijas de su mujer, Juana Pellejero. Imagino que intentó darles una buena educación, más allá de la consabida “cultura general” con la que se adornaba a las jovencitas de clase media. No sé cómo lo hizo, porque yo no tenía conciencia de estar aprendiendo nada, pero a los tres años me había enseñado a leer y a contar. Ella debía de tener unos setenta, era el colmo de la dulzura y de la paciencia. Tenía buen humor, hacía bromas, cantaba canciones muy graciosas y tocaba el piano. Ejerció muchos años como maestra especializada en párvulos, Insistía mucho en que se dotase a las aulas de mobiliario adecuado, móvil, para poder adaptarlo según momentos del día y del año, variar la disposición de los peques para que no se cansasen por la rutina, dar la clase en el exterior si hacía buen tiempo.

La Montessori era solo un poco mayor que mi abuela Patrocinio Ojuel, se llevaban unos siete años, así que la yaya Patro fue muy pionera, debió de enterarse enseguida de esa renovación. La Montessori empezó a ser famosa hacia 1910, o cosa así. Lo que no sé es dónde conectó la abuela con esas enseñanzas. (Entrevista a Guillermo Fatás Cabeza. Por Juan Domínguez Lasierra)

De su familia

José Ojuel Vela (1848-1908) médico y propietario y Juana Pellejero (¿?-1906) tuvieron varias hijas: Encarnación (¿?-1955), Pilar (¿?-1958) y Patrocinio (1877-1961). En 1874, don José ejercía en el hospital del Burgo de Osma, pero en 1892, ya estaba instalado en Zaragoza en la calle Cerdán, 10.

Patrocinio se casó con Guillermo Fatás Montes (1869-1940), también maestro. Vivieron en la calle Ramón y Cajal, 38. Precisamente en la escuela de esa calle ella ya era directora de la Escuela de Párvulos en 1908, es decir, antes de que aparecieran los grupos escolares. Y su marido fue director del grupo Escolar Ramón y Cajal desde 1913 hasta 1919, que pasó a dirigir el Gascón y Marín. Su hijo Guillermo (1919-1989) fue un destacado fotógrafo y director de cine, que en 1967 se quedó incapacitado por una operación quirúrgica. Su hija María, en 1941, como única heredera en este derecho, solicitaba la fianza que su padre prestó para garantizar su cargo de habilitado. (Cfr. BO, 02/11/1941)

De su profesión

En 1895 obtuvo el título de maestra en la Escuela Central de Maestros de Madrid. Además, se formó en Nantes donde aprendió el método Motessori.

En 1897 aprobó las oposiciones y le adjudicaron una escuela de Zaragoza. Justo al año siguiente también llegó a Zaragoza el que después sería su marido. En 1900, con menos de dos años de servicios, había aprobado dos oposiciones y tenía varios votos laudatorios.

Directora de la Escuela Maternal de Zaragoza

Este centro se había creado en 1896 en la plaza de la Libertad, donde había escuelas de primera enseñanza. Muchas maestras de las escuelas municipales se ofrecieron a dar clases gratuitas. Eran estudios de dos años. Desde el principio se encargó de dar las clases de francés Patrocinio Ojuel. María Díaz se ocupó de la caligrafía y dibujo. D. Dehesa, maestra de escuela privada, daba Régimen, gobierno y economía de la familia. Y la maestra Avelina Roque, costura, remiendo y bordado.

La directora de la Escuela Maternal de Zaragoza, doña Patrocinio Ojuel nos remite la siguiente nota: Queda abierta la matrícula de esta escuela en los locales de la de párvulos de Ramón y Cajal, todos los días laborables de 10 a 12 hasta el 22 del actual. Podrán ingresar como alumnas las jóvenes mayores de 12 años que posean los conocimientos de la primera enseñanza.

La tendencia de este centro es procurar la cultura necesaria a toda mujer, y muy especialmente a las madres, para dirigir la educación y la instrucción de los niños de 2 a 6 años. Serán pues objeto preferente de estudio la higiene infantil y demás enseñanzas, ya teóricas, ya prácticas, relacionados con la vida de los niños. Al terminar estos estudios las alumnas tendrán derecho a solicitar de la administración un certificado de aptitud que justificará su competencia para dedicarse al cuidado de la infancia. (Cfr. La Voz de Aragón, 15/12/1931).

La cantina de la Escuela Maternal

Ojuel. Cantina. 1

Hoy queda clausurada la cantina de la escuela maternal que funciona en el grupo de Ramón y Cajal. Ha sido servida con esmerado cariño por la bondadosa maestra señora Cruz y bajo la dirección de la cultísima y competente directora, doña Patrocinio Ojuel.

No puede pasar desapercibida esta escuela maternal y debe ayudarse a su directora con locales a propósito para que pueda desarrollar con menos esfuerzo todo su afán y todos sus desvelos que, en unión de sus jóvenes maestras, manifiesta para el bien de estas tiernas criaturas que algunas no han cumplido los cuatro años. (Cfr. La Voz de Aragón, 01/07/1931)

En 1932 doña Patrocinio dejó de ser la directora de la Escuela Maternal, que pasó a depender del grupo Joaquín Costa. La nueva directora fue Carmen Mayayo Borbón que, a su vez, era la directora de graduada de niñas y de la escuela de párvulos del Costa. Pedro Arnal Cavero dirigía la graduada de niños.

Parvulario de Santa Isabel; Patrocinio Ojuel

En mayo del año 2019 se puso el nombre de Patrocinio Ojuel al parvulario del barrio de Santa Isabel que pertenece al grupo escolar Guillermo Fatás Montes.

Se aprovechó la celebración del cincuenta aniversario del grupo escolar para unir los nombres de Guillermo Fatás Montes y Patrocinio Ojuel Pellejero, que a principios del siglo XX estuvieron juntos en las escuelas de la calle Ramón y Cajal, Guillermo como director del grupo escolar y Patrocinio como directora del parvulario, hasta que el año 1919 Guillermo pasó a dirigir el Gascón y Marín.

¡Al fin, como al principio!

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Andresa Recarte y Amezqueta (Villafranca de Navarra, 1834-Madrid, 1923),

Doña Andresa Recarte, —Andresa, en habla de Aragón, como Miguela, solo aquí las hay—, figura un tanto apaisada por su mediana estatura, la falda amplia y el mantón poco ceñido de las señoras formales de su tiempo. Sentada producía la impresión y el respeto de una buena imagen de Santa Ana. Y hablando no desmerecía eso. (Cfr. Figuras zaragozanas. Por Juan Moneva y Puyol, 1932)

De su familia

Era hija de Esteban Recarte y Josefa Amezqueta. En 1875, durante la Tercera Guerra Carlista, su hermano Cándido y otros vecinos de Caparroso enviaron hilas para socorrer a los heridos. Era el año que Julio Lacambra, un reconocido carlista y  marido de Gregoria Brun, fue hecho prisionero.

Andresa Recarte casó con Santiago Díaz García (1844-1898) y establecieron su vivienda en la Plaza del Pueblo, 9, hoy Plaza del Carmen.

Ha fallecido en Zaragoza el digno empleado de la Diputación Provincial don Santiago Díaz y García esposo de nuestra distinguida amiga y compañera doña Andresa Recarte, regente de la escuela Normal de Maestras. Era auxiliar de contaduría y encargado del negociado de apremios. (Cfr. El Diario de Huesca, 21/07/1898. Y El Magisterio Español, 02/08/1898).

Andresa se jubiló por edad en 1904, cuando cumplió 70 años.

Con motivo de su defunción, el 13 de noviembre de 1923, el diario La provincia publicó una nota del Ayuntamiento de Zaragoza.

Recuerdo a una maestra. Pasado mañana se celebrará una misa en sufragio de doña Andresa Recarte, figura relevante del Magisterio zaragozano. El Ayuntamiento le dedica este recuerdo a tan benemérita maestra, a cuyo acto invitó  el alcalde a todos los profesores de Primera Enseñanza.

En 1896 su hija Luisa Díaz Recarte, natural de Villafranca (Navarra), aprobó las oposiciones en Zaragoza y fue nombrada maestra del patronato de beneficencia de Maquirriain. (Cfr. El Aralar, diario católico fuerista, 02/06/1896). En 1899 se trasladó a Escuela Normal Guadalajara y en 1900 a la de Gupúzcoa.

En 1912, su hijo Santiago Díaz Recarte era maestro de Tudela.

De su profesión

Obtuvo los títulos de Maestra Elemental y Superior en Pamplona. Comenzó de maestra en Falces y en 1876 estaba en Villafranca, su pueblo natal, cuando consiguió una plaza de maestra en Zaragoza. Ese mismo año, durante unos meses, sustituyó a Gregoria Brun Catarecha en el cargo de directora de la Escuela Normal.

En 1880 llegó a la escuela aneja de la Normal de Maestras de Zaragoza. En 1886 se presentó a las oposiciones para directora de la Escuela Normal de Zaragoza, pero las ganó Encarnación del Águila Sánchez.

Se han presentado a las oposiciones para directora de la Escuela Normal de Maestras de Zaragoza, doña Andresa Recarte, doña María del Remedio Torroella Prats, doña María Diáz y doña Encarnación del Águila. (Cfr. La unión. Periódico de Primera Enseñanza, 28/03/1886).

Andresa fue regente de la escuela de prácticas de la Normal desde 1880 hasta su jubilación en 1904.

La regente de la escuela de prácticas, Andresa Recarte, era la única persona con una formación y unas prácticas calificadas de innovadoras. (Cfr. Agulló Díaz, Carmen y Molina Beneyto, Pilar: Antonia Maymón, anarquista, maestra naturista, 2014, Virus Editorial, p. 18)

Además de ser regente de las escuelas anejas, dirigía una escuela en su propia casa:

Hoy a las diez de la mañana habrá finalizado el primer ejercicio práctico de la escuela pública de niñas que dirige doña Andresa Recarte, situada en la plaza del Pueblo. (Cfr. La Crónica, Huesca, 29/09/1892)

En 1892, era la única mujer en la Junta de las Conferencias Pedagógicas que organizó la Escuela Normal de Maestras de Zaragoza. Y su actuación fue muy aplaudida.

A las nueve y media disertará doña Andresa Recarte y, como es tan conocida y tan ilustrada maestra, puede asegurarse que la concurrencia será muy numerosa, no solo de profesores sino de las personas que se interesen por la educación de la niñez. La conferencia, que se referirá a las labores, llamará, sin duda alguna, la atención de las señoras. (Cfr. La Crónica, Huesca, 26/08/1892)

En 1898, el Ayuntamiento premió a Andresa Recarte Amezqueta, a don Marcelino López Ornat y a doña María Díaz Lizardi, tres maestros que se distinguieron por sus resultados en la enseñanza. Recibieron los premios en sus escuelas con la presencia de los alumnos.

De la escuela aneja Andresa Recarte al Colegio Recarte y Ornat

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El Colegio Recarte y Ornat se formó con la fusión de las dos escuelas anejas, en las que se hacían las prácticas de la Escuela de Magisterio. La escuela femenina se llamaba Andresa Recarte, que había sido regente. La escuela masculina se llamó Marcelino López Ornat (1848-1923), un maestro muy reconocido en la ciudad. Cuando se unificaron las dos escuelas anejas, conservaron los apellidos de estos dos maestros renovadores. Con el nuevo nombre se encubrieron las figuras de dos grandes figuras de la enseñanza zaragozana.

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En nuestro libro Paseos por la Zaragoza de las mujeres, damos cuenta de las maestras que han dejado alguna huella en nuestra ciudad. Allí y en La Zaragoza de las mujeres, recogemos once calles dedicadas a maestras. Están todas en los barrios, donde hasta fechas muy recientes seguían las escuelas unitarias. Es decir, todos los niveles en la misma aula y con un maestro o una maestras.

Con las placas de las calles los vecinos quisieron reconocer la labor de unas maestras que, además de enseñar a las niñas, dinamizaron la cultura y prepararon a muchas alumnas para que  pudieran acceder a estudios superiores.

A continuación, como un nuevo homenaje, las nombro a ellas y los barrios en los que están sus calles.

En el Actur, Pilar Cuartero Molinero. En el Arrabal, Matilde Sangüesa Castañosa, En Garrapinillos, Águeda Centenera Gómez. En Juslibol, Pilar Figueras Talamas y doña Manolita Marco Monge. En Montañana, María Teresa Giral Pérez, En Movera, Pilar Almenar Bases y Pilar Gea García. En el Picarral, María Sánchez Arbós. Y en Santa Isabel, Agustina Rodríguez Rodríguez y Avelina Tovar Andrade.

Este fenómeno no se repitió en el centro de la ciudad, donde en 1913 se pasó de las escuelas unitarias a las graduadas, es decir, se graduó la enseñanza.

En las unitarias los niños de todas las edades estaban juntos con un solo maestro o una sola maestra.  En las escuelas graduadas los alumnos, como ahora, se agrupaban por cursos o grados.

Había escuelas graduadas de niños, con un director, y escuelas graduadas de niñas, con una directora. Y comenzó la costumbre de bautizar a los grupos escolares con los nombres de los directores y de los hombres ilustres. Entre ellos, en cien años, solo siete directoras se han hecho un hueco en Zaragoza.

Eulogia Lafuente Querejeta, Rosa Arjó Pérez, Andresa Recarte.Amezqueta, María Díaz Lizardi, Ana Mayayo Salvo, Gloria Arenillas Galán y Patrocinio Ojuel Pellejero.

De esas siete, el nombre de María Díaz ha desaparecido. Y los de Eulogia Lafuente y Andresa Recarte están escondidos en su apellido. Es más, cuando nos referimos a los grupos Gómez Lafuente y Recarte y Ornat, muchos piensan que son los dos apellidos de un maestro.

El colegio de Rosa Arjó, a pesar de los avatares del edificio, mantiene su nombre.

La conclusión es demasiado evidente. Sabemos que el caso de Zaragoza no es único y que la enseñanza fue, y es, una profesión feminizada. Y que sobre las maestras pesó, y aún pesa, un grueso techo de cristal

Carmen Romeo Pemán

PS. La imagen principal: Patrocinio en la escuela de Párvulos Ramón y Cajal, la he tomado del Museo pedagógico de Aragón.

Santa Isabel, el barrio con más calles de mujeres

A mediados de marzo Vanesa Rodríguez Pascual y Mar Hevia Díaz nos invitaron a presentar nuestro libro La Zaragoza de las mujeres en el club de lectura del Centro Cívico. Y allí fui con Inocencia Torres y Concha Gaudó. Pero no pudieron acompañarnos ni Gloria Álvarez ni Cristina Baselga, las otras dos autoras.

Mar Hevia, la bibliotecaria, nos guardaba una sorpresa. Nos esperaba con Pilar Almenar Bases, una maestra nacida en Santa Isabel, que tiene dedicada una calle en el cercano barrio de Movera. No podía comenzar nuestro encuentro con mejor augurio. De la mano de Mar y de Pilar, y con la animada participación de los tertulianos, hablamos y hablamos de las calles con nombres de mujeres y de mucho más. Sobre todo de la activa participación de las mujeres en la vida socio cultural, animadas por la Asociación de Mujeres Río Gállego, que desde el año 2010 tiene dedicada una calle.

El caso de Pilar Lapuente

La intensa y extensa conversación comenzó por nuestros primeros pasos hacia lo que acabó siendo La Zaragoza de las mujeres. Les contamos que empezamos haciendo una lista con las calles dedicadas a las mujeres y que nos parecía que esos inicios iban a ser pan comido, pero que enseguida surgieron las dificultades.

Los callejeros al uso escribían las iniciales en lugar de los nombres propios completos. Y nos surgían preguntas de este tipo: “¿Quién se esconde detrás de una P?” Pues nada más ilustrativo que el caso de Pilar Lapuente, una profesora universitaria, nacida en Santa Isabel.

Pilar Lapuente

Pilar Lapuente Mecadal, 1959.

En unos callejeros encontrábamos P. Lapuente y en otros Pedro Lapuente. Un día, por casualidad, alguien nos comentó que hacía unos años que le habían dedicado una calle a Pilar Lapuente. ¿Cómo era posible que en Zaragoza no se le hubiera ocurrido a nadie que detrás de una P había más Pilares que Pedros? Así comenzamos una búsqueda, casi policial, hasta que llegamos a Pilar. Cuando le contamos nuestras aventuras, nos respondió que ella tuvo que escribir varias veces al Ayuntamiento hasta que logró que apareciera su nombre.

Pilar Lapuente estuvo muy dispuesta a colaborar con nosotras y nos escribió su biografía, en la que resaltó que pertenecía a la familia de los Esquiladores. También hablaba de sus logros académicos y del orgullo que sintieron sus vecinos cuando le concedieron una medalla de joven investigadora. Tanto que insistieron en que le dedicaran una calle.

El magisterio de Agustina Rodríguez

Pilar Almenar se llenaba de gozo cada vez que hablaba de su maestra, Agustina Rodríguez, que había nacido en una familia de labradores de un pueblo de Zamora. Después de varios destinos, llegó a Santa Isabel donde se jubiló.

Agustina Rodríguez

Agustina Rodríguez, 1915.

En el año 1948 Agustina Rodríguez obtuvo el traslado a Santa Isabel. Cuando llegó no tenía local para dar clases ni tampoco vivienda. Construyó, con su marido, una casa escuela y la alquiló al Ayuntamiento. Dedicaron la planta baja a vivienda y usaron la primera como aula. Agustina fue un ejemplo más de los muchos maestros que dejaron lo mejor de sus vidas enseñando a los niños, aunque para ello tuvieran que realizar actos heroicos que nada tenían que ver con su profesión. Pero es que, además, la labor de Agustina dio grandes frutos. Desde su escuela unitaria preparó a muchas niñas para estudiar bachillerato. Con su buen hacer se convirtió en la maestra carismática del barrio.

El peso de la educación en Santa Isabel

Avelina Tovar

La semilla de Agustina germinó pronto y los vecinos quisieron rendir un homenaje a más maestras en sus calles. Entendieron lo importantes que son las genealogías para que la enseñanza cale en las gentes con buenos resultados. Por eso eligieron dos maestras de dos generaciones anteriores a Agustina.

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Concpeción Gimeno Gil, 1850

Concepción Gimeno Gil, nacida en Alcañiz en 1850, estudió Magisterio en Zaragoza. Ya era una periodista famosa cuando le dedicó un gran elogio a su maestra, doña Gregoria Brun.

Avelina Tovar, una maestra de maestras, nació en Pontevedra en 1878, pero pronto arraigó en Aragón. La labor de esta directora de la Escuela Normal de Huesca fue decisiva para las generaciones siguientes.

Mujeres de otros campos culturales

Ana Belén Fernández

Ana Belén Fernández, 1974

El barrio de Santa Isabel, volcado en la cultura, eligió mujeres significativas de varios campos.

Rosa María Aranda representa a las escritoras aragonesas y Pilar Delgado a las mujeres que se han dedicado al teatro.

Ana Belén Fernández, una joven judoca, es un modelo de deportividad y esfuerzo para los jóvenes del barrio.

La acción y el compromiso social

Rigoberta Menchú

Rigoberta Menchú, 1959

Santa Isabel, un barrio joven y dinámico, se caracteriza por su compromiso social y lo refleja en el nombre de dos de sus calles. Una dedicada a la pacifista Rigoberta Menchú, nacida en Guatemala en 1959,  y otra a la Asociación de mujeres del barrio.

Las santas

En los callejeros tradicionales no faltaban las santas, que eran excelentes modelos de comportamiento para las mujeres católicas. Sus biografías las escribieron varones cultos, casi siempre clérigos, con la intención de exaltar y salvaguardar los valores y las leyes del patriarcado.

Por eso, en La Zaragoza de las mujeres, hemos reescrito sus vidas desde un punto de vista no androcéntrico. Y hemos comprobado que sus modelos siguen siendo válidos, porque advierten de los excesos que se cometieron con ellas y que se siguen cometiendo, siempre por las mismas razones.

Nunilo y Alodia. S. Salvador. Leyre. Yesa. Navarra

Santa Alodia y Santa Nunila. Detalle del retablo de San Salvador. Leyre (Navarra)

Aquí, además de Santa Isabel de Aragón, tenemos a dos santas mudéjares: las hermanas Alodia y Nunila, hijas de un musulmán y una cristiana.

Santa Isabel, princesa de Aragón y reina de Portugal, es la santa por excelencia y el modelo para mujeres mediadoras y pacifistas. El barrio debe su nombre a la estancia que pasó en un palacio de la zona. También le han dedicado una avenida y una urbanización. Y una calle como Reina de Portugal.

Alodia y Nunila fueron dos santas oscenses, nacidas en Adahuesca y martirizadas en Alquézar. Como no aceptaron el matrimonio que les impusieron sus padres, las encerraron en una casa de prostitución, donde se mantuvieron vírgenes. Rechazaron la religión musulmana, que les imponía la ley, y las decapitaron por apostasía. Fueron víctimas de malos tratos y de la intolerancia religiosa. Las castigaron ejemplarmente para que otras mujeres no se rebelaran contra las leyes ni contra los pactos androcéntricos.

Para terminar

En estas líneas me he limitado a subrayar los valores de las moradoras en las placas de las calles de Santa Isabel. Sus biografías ocupan un largo capítulo en nuestro libro La Zaragoza de las mujeres.

Pilar Almenar

Pilar Almenar, 1953

Santa Isabel es el barrio periférico que tiene mayor número de calles con nombres femeninos.

La sensibilización con la cultura y la gran labor social de las mujeres hunde sus raíces en los tiempos de Agustina Rodríguez y creció con sus alumnas. Buen ejemplo es Pilar Almenar, una hija de agricultores, que, como su maestra y como Pilar Lapuente, se esforzó en sacar lo mejor de sí misma y entregarlo a sus alumnos.

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Santa Isabel, 08/06/2019

Como prometimos en nuestra visita de marzo, cuando salió nuestro libro Paseos por la Zaragoza de las mujeres volvimos a Santa Isabel. Ahora el encuentro con las mujeres iba a ser en las calles, haciendo un paseo por las huellas que las mujeres han dejado en los espacios públicos del barrio.

En la plaza de Serrano Berges nos esperaban Vanesa Rodríguez Pascual, de la Junta Municipal, y Mar Hevia Díaz, la bibliotecaria, acompañadas por sus compañeras del club de lectura. Me gustaría nombrarlas a todas, porque ellas fueron la clave del éxito del nuestro paseo, pero no tengo todos sus nombres. Por supuesto, no faltaron ni Pilar Almenar Bases ni Pilar Gea García, dos maestras que ya están inmortalizadas en el callejero.

Desde aquí les doy las gracias. Todas ellas hicieron posible el milagro, todas consiguieron que esa  mañana de junio fuera inolvidable y  entrañable.

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Poco a poco íbamos llegando a la plaza de Serrano Berges

Asistimos Cristina Baselga, Concha Gaudó, Carmen Romeo e Inocencia Torres. Por distintos motivos no pudieron acompañarnos ni  Gloria Álvarez ni Aurora Verón, las otras autoras del libro.

Con paso sosegado y hablar menudo, recorrimos todas las calles, disfrutamos de los olores de una naturaleza primaveral, y nos calentó un sol que ya anunciaba el  verano.

Concha Gaudó dirigía el recorrido. Las otras, es decir, las demás, escuchamos atentas sus explicaciones sobre los tipos de urbanismo que iban apareciendo y sobre la transformación de un barrio de origen rural.  Nos paramos delante de las placas dedicadas a mujeres. En esos momentos de descanso, unas a otras nos quitábamos la palabra en una animada charla de preguntas y respuestas.

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Santa Isabel, 17/06/2019

Y como dice el refrán: “no hay dos sin tres”. A los pocos días de presentar Los paseos por la Zaragoza de las mujeresTelevisión Aragón nos propuso participar en la serie La primera mujer, en el capítulo dedicado a las maestras. Y nosotras decidimos grabar nuestra colaboración con las maestras que tienen su protagonismo en Santa Isabel.

¿Por qué elegimos este barrio? Simplemente, porque es un caso paradigmático. En sus calles están representadas todas las generaciones de maestras.

Delante de la placa de Concepción Gimeno Gil (Alcañiz, 1850–Madrid, 1919), maestra, periodista y escritora, leímos un capítulo de su obra La mujer española (1877) en el que alababa a su primera maestra, Gregoria Brun Catarecha (1833-1885), que también fue la primera directora de la Escuela Normal de Maestras y la primera maestra que regentó una escuela del Ayuntamiento. Fue un momento oportuno para hablar de las primeras maestras.

A continuación nos dirigimos a la calle de Avelina Tovar y Andrade (Pontevedra, 1878-Huesca, 1973), una maestra gallega que tuvo gran peso en la formación de las maestras aragonesas. Fue directora de la Escuela Normal de Huesca y estuvo un tiempo en la de Zaragoza.

Y de allí, con paso sosegado, a la calle de Agustina Rodríguez Rodríguez (Quintana de Sanabria, pedanía de Coberos, Zamora, 1915-Barcelona, 2008), de la generación siguiente a la de Avelina. De la vida de Agustina y de su significado en el barrio nos habló Pilar Almenar. Ella y Pilar Gea nos acompañaron durante todo el recorrido.

Pilar Almenar Bases, nacida en Santa Isabel en 1953 y Pilar Gea García en Zaragoza, en 1953, son dos maestras que representan a las nuevas generaciones y que tienen dedicadas sendas calles en el barrio de Movera, muy cercano al de Santa Isabel.

Acabamos la grabación con una visita al parvulario que, desde mayo, lleva el nombre de Patrocinio Ojuel Pellejero (1876-1961), la primera parvulista que introdujo el método Montessori en Zaragoza. El parvulario pertenece al grupo escolar Guillermo Fatás Montes (Huesca 1869-Zaragoza, 1941), el que fue marido de Patrocinio y que que tiene dedicado el grupo escolar desde hace cincuenta años.

A medida que íbamos hablando de las maestras de Santa Isabel íbamos recordando a las de sus mismas generaciones. A otras que, como ellas, se habrían merecido placas en las calles y en las escuelas.

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De izquierda a derecha: Mar Hevia Díaz, Vanesa Rodríguez Pascual, Encarna Nuez García, Pilar Gea García, Concha Gaudó Gaudó, Carmen Romeo Pemán, Inocencia Torres Martínez, Cristina Baselga Mantecón y Lidia Pérez Oliveros.

Terminamos nuestra visita en la plaza de Serrano Berges, donde la habíamos comenzado, con las siguientes consideraciones.

En los barrios de Zaragoza se han dedicado once calles a maestras de escuelas unitarias. A unas maestras que además de enseñar a las niñas, prepararon a muchas jóvenes para que salieran a estudiar y animaron la vida cultural de los barrios.

En el centro de la ciudad no se han dedicado calles a las maestras, porque desde que en 1913 comenzaron a desaparecer las escuelas unitarias, las maestras pasaron a formar parte de los claustros de los grupos graduados, su función social cambió y perdieron el protagonismo.

Hasta 1914 las escuelas unitarias llevaban el nombre de la calle en la que se ubicaban. Pero ese año comenzó la costumbre de dar un nombre propio a los grupos escolares. Y se eligieron nombres de maestros famosos, como Marcelino Lopez Ornat o Cándido Domingo.  Otras veces se prefirió el nombre de algún personaje célebre, como Gascón y Marín.

Al lo largo de cien años, solo seis maestras, todas directoras, han merecido el nombre de un grupo escolar. Andresa Recarte Amezqueta, Eulogia Lafuente Querejeta, María Díaz Lizardi, Rosa Arjó Pérez, Ana Mayayo Salvo y Gloria Arenillas Galán. A ellas se suma desde este año Patrocinio Ojuel Pellejero.

Todas se merecen que hablemos de ellas con más detenimiento en una nueva ocasión.

Carmen Romeo Pemán

Enlace para entrar al capítulo “Las primeras maestras” de la serie “La primera mujer” en TVA.

http://alacarta.aragontelevision.es/programas/la-primera-mujer/cap-6-mujeres-maestras-14072019-1311

 

Doña Patro

A Natalia Sanmartín, una niña de la guerra

Todos los días me despertaba con la sirena que anunciaba la llegada de los obreros a la fábrica de maderas. Entonces acercaba la máquina de coser al balcón y abría las contraventanas. Sin dejar de darles a los pedales, respondía a los saludos de las vecinas.

—Hala, hala, Patro, que a ti no se te pegan las sábanas —me dijo un día la del piso de arriba.

—Es que corren malos tiempos y tengo tres bocas que alimentar.

Me levanté a cerrar el balcón y me pasé la mano por la frente, como para despejarme, pero en realidad necesitaba sacar fuera todo lo que me torturaba. Entonces acaricié la Singer de forma voluptuosa y comencé a hablarle, como si fuera mi marido.

¡Ay, mi Arturo! ¡Cuánto me ha costado levantar cabeza! Y todo por culpa de aquellos cabrones insaciables. Esos que se creían los dueños del pueblo y si hubieran podido nos habrían arrancado las entrañas. ¿Te puedes creer que a los cuatro años del chandrío seguían mandando malos informes de tu comportamiento como si estuvieras vivo? ¿Para qué? Al principio no me aclaraba, pero luego comprendí que lo que intentaban era destruir tu memoria y aniquilarnos a todos.

—¡Acabaremos con la semilla de Caín! —gritaban con voz engolada.

¿Qué sabían ellos de Caín? Si solo habían visto estampas pintarrajeadas en las que, como una mancha de carmín, yacía al lado de su hermano Abel. Ellos, como las aves carroñeras, lo único que querían era apoderarse de nuestros despojos.

Bueno, Arturo, que de una me voy a otra. Es que me cuesta mucho reconstruir los hechos y aún lo mezclo todo.

Cuando nos fuimos del pueblo se montó mucho alboroto. Lo sé porque un día vino a verme la mujer del alcalde, que también se quedó viuda en el treinta y seis. Unos decían que todos los vecinos confiaban en ti. Y otros que solo te relacionabas con los de la ugeté y que fuiste el verdadero apoyo del Frente Popular. Y que tu carácter reservado aún te hacía más sospechoso. Anda que decir eso. ¡Con lo famoso que eras en las rondas con tu violín!

Intentaba darle al pedal, pero no podía dejar de confesarme con Arturo. ¡Cuántas horas había pasado cosiendo a su lado mientras él preparaba trabajos para la escuela! La Singer era como una prolongación de su cara.

No sé si te conté que el otro día una de las alcahuetas del carasol se presentó en casa a darme el pésame y me dio un soponcio cuando escuché lo que me dijo. Óyelo bien, que no te lo vas a creer.

—Mira, Patro, acabemos de una vez. Tu marido se metió en muchos líos y de una manera tan secretuda que mereció que lo fusilaran.

Le contesté que no tenía entrañas y la puse de vuelta y media.

—¡Sois todos unos mentirosos! —Y la empujé para que saliera de nuestra casa—. Todos sabéis que a mi marido no lo fusilaron. Pero os calláis la verdad y decís que no sabéis nada. ¡Claro que sabéis!

—¡Zorra, eres una zorra! Así agradeces a los que te venimos a compadecer. —Bajaba las escaleras y de vez en cuando volvía la cabeza para escupirme.

Arturo, cuando se llevaron tu cadáver creí que sería para hacerte la autopsia. Pero, cuando tu cuerpo no apareció por ninguna parte, caí en la cuenta de que así serías un desaparecido. Que yo nunca sería tu viuda ni tus hijos huérfanos. Y después, vino la patraña de hacerte un expediente de responsabilidades políticas como si estuvieras vivo. Y todo el pueblo declaró en el juzgado. Unos no se atrevieron a defenderte. Solo dijeron que no sabían si estabas afiliado a la ugeté. Otros fueron más duros y te acusaron de llenar las paredes de la escuela con carteles de propaganda política y de no atender a los alumnos. ¡Menos mal que no te enteraste!

Pero lo que más revuelo montó fue la radio. Dale que te pego con que todos venían a casa a oír los mítines de Indalecio Prieto y las emisoras rojas.

El peor de todos fue el cura. Llamaron al párroco de Salcedo, que no nos conocía de nada. Y no quieras saber lo que largó. Que no aparecíamos por la iglesia y que incitábamos a la gente a que no fuera a misa. Es que me pongo mala, Arturo. Que en los libros parroquiales consta que bautizamos a nuestros tres hijos.

Y, después del proceso contra ti, arremetieron contra los que quedábamos. Como no me encontraron a mí, buscaron a tu madre, que ya se iba de la cabeza y no supo darles razones seguras. En cambio, ellos le dijeron que, al comienzo de la Guerra, nos habíamos escapado por la noche y nos dejamos la puerta abierta. Que por eso entraron los del pueblo y vaciaron la casa.

Pero se callaron lo principal. No le dijeron que a los pocos días de llegar del pueblo nos localizaron en Calcedonia.

Que derribaron la puerta con machetes y te acuchillaron por la espalda, delante de los niños. Yo me quedé alelada. Y tardé más de cuatro años en escribir esta carta:

Patrocinio Cañada, de 32 años, viuda del maestro Arturo Samper, ante el Tribunal de Responsabilidades Políticas, expongo:

Que el Alzamiento Nacional me sorprendió en Aguilar, donde residía con mi difunto esposo y mis hijos.

Que a los pocos días de morir mi marido me embargaron dos mesas y seis sillas, varias camas con los colchones, un violín, un gramófono, un aparato de radio Philips, una máquina de coser Singer y todos los utensilios de la casa.

Ruego que me devuelvan esas pertenencias, el único patrimonio que tienen mis hijos, que ahora se hallan en la indigencia.

Mira, Arturo, todo fue muy difícil. No sabes lo que tardé en recuperar esta máquina que nos regalaron tus padres el día de nuestra boda.

Carmen Romeo Pemán

Imagen principal. Una postal antigua.

El pregón de Irene Vallejo

 

Irene, tuve la suerte de escucharte en directo y en primera fila. No se me escapó ni una de tus palabras aladas, que volaban raudas en el corcel del cierzo zaragozano. Con tu mirada, tus gestos y tu discurso llegó la magia. De tu mano conocimos los entresijos de muchos libros relacionados con Zaragoza. Y volamos con Clavileño hasta mundos imposibles.

En todo momento nos sentimos cobijados por un manto de amor que ibas tejiendo con cada palabra. Porque amabas lo que decías y nos amabas a los que estábamos contigo. Nos cautivaste. Me cautivaste. Y me sentí como una madre anciana que se convierte en la hija de su hija más querida. Me sentí tu discípula. Te admiré como se admira a una gran maestra. Me emocionaste hasta la lágrima.

“No la toques más, que así es la rosa” es el consejo de nuestro bien amado Juan Ramón. No la voy a tocar. No seré yo quien se atreva. El mejor regalo son tus palabras. Así que aquí las dejo, amarradas a la tinta, para que no se las vuelva a llevar el viento. Así podré ir y venir a ellas. Me recrearé y las recrearé. Y, conmigo, otros lectores las disfrutarán y las atesorarán. Memorizaremos algunas y las difundiremos todas.

Irene. Hablando

Irene pregonando las venturas de los libros.

Buenas tardes. Bienvenidos todos y cada una.

Feliz feria, autoridades. Feliz feria, autores, autoras, autónomos, autoeditores, autodidactas, autoestopistas (un poco de todo eso somos las gentes del libro). Felices quienes estáis aquí porque los libros os llaman con sus voces silenciosas, con su invitación muda, con su bullicio inaudible.

A los libreros, editores, escritores e instituciones que han confiado en mí, quiero expresarles mi asombrada gratitud. Me hace inmensamente feliz pregonar la alegría de esta Fiesta en mi ciudad natal, junto al río Ebro y el río de libros que en estas casetas fluye y corre y serpentea.

El viejo nombre de Cesaraugusta incluye la palabra “gustar”. Zaragoza, la palabra “gozar”. No hace falta decir más: somos la ciudad de los placeres. Y eso incluye el gusto de leer y hacer libros.

Si, como dice el refrán, las palabras se las lleva el viento, aquí tenemos cierzo para todos los relatos del mundo.

Nuestra ciudad ha estado desde siempre en el atlas de las letras viajeras, de los encuentros aventureros, de los mestizajes literarios, de las posibilidades infinitas.

Abrid un antiguo libro y podréis beber vino añejo en la mesa del poeta Marcial, que hace un par de milenios inventó el epigrama junto al Moncayo, y se convirtió sin saberlo en el padre de todos los tuiteros de hoy.

Acompañaréis al viajero egipcio Al-Qalqasandí que describió Zaragoza (o, para ser exactos, Saraqusta) con palabras rebosantes de poesía: “La ciudad parece una motita blanca en el centro de una gran esmeralda –sus jardines– sobre la que se desliza el agua de cuatro ríos transformándola en un mosaico de piedras preciosas”.

Escucharéis por un momento los versos del rey poeta al-Muqtadir, el Poderoso, constructor de la Aljafería, a la que llamó “Palacio de la Alegría”.

Sentiréis que el suelo zaragozano vibra bajo el galope de los caballeros de laChanson de Roland y el caballo del Cid. Podréis espiar al Marqués de Santillana, cuando se fijó en una moza atractiva cerca de Trasmoz y quiso camelarla con versos. El poema nos cuenta cómo ella, chica recia, muchos siglos antes del Me Too, le amenazó con una pedrada si se propasaba.

Voces de otros tiempos os hablarán de esta tierra sedienta, tierra de río grande, de frontera, de puentes y pasarelas, de mestizos y traductores. La frontera es el lugar donde se escuchan las voces procedentes del otro lado, donde se forja el entendimiento, donde convive lo extranjero junto a lo propio. Somos el eco del musulmán Avempace; del judío Ibn Paquda –que tituló su libro Los deberes de los corazones–; de los traductores de Zaragoza y Tarazona: Hermán el Dálmata, Hugo de Santalla; de los artistas mudéjares, que crearon belleza en el umbral de dos civilizaciones.

Acariciad libros y os transportarán a aquella Zaragoza donde aterrizó la imprenta, una de las primeras capitales europeas en conocer el invento que cambiaría el mundo. Desembarcaron en la ciudad artesanos flamencos y alemanes, como Mateo Flandro y Jorge Cocci, que editó aquí algunos de los libros más bellos del siglo xvi. La fiebre de la letra impresa invadió el territorio. En el siglo xvii hubo 20 libreros y 63 impresores en Aragón, cifra asombrosa en España. Algunas maravillas de la literatura, como La Celestina de Rojas o el corrosivo Buscón de Quevedo, vinieron a nacer entre nosotros. Las imprentas zaragozanas publicaban libros prohibidos en Castilla, libros perseguidos, libros deslenguados, libros que ardían fácilmente. Los rebeldes, los inconformistas, lo tenían un poco más fácil aquí.

Quizá por eso Don Quijote puso rumbo a Zaragoza, y se miró en el Ebro, y soñó una ínsula, y soñó Sansueña. En Pedrola, el caballero y su escudero volaron hasta las estrellas a lomos de un caballo de madera con una clavija en la cabeza, y todo para auxiliar a unas doncellas barbudas. Es una de las aventuras más surrealistas del libro y, si no, que baje Buñuel y lo vea. Cervantes comprendió que la nuestra es una ciudad imaginaria, una ciudad que cabalga entre constelaciones, una ciudad soñada.

A estas tierras vino Quevedo para casarse a la tierna edad de 53 años. Poco duró el matrimonio pero no se puede decir que el escritor no conociese aquí una gran pasión. Se enamoró para siempre de las salchichas de Cetina; de ellas dijo que eran ‘celestiales’.

María de Zayas, la primera mujer que firmó una novela en nuestra lengua, vivió en Zaragoza y por sus calles imaginó un frenesí de pasiones terribles y oscuras. Aquí situó alguna de sus ficciones, como El jardín engañoso, que es un enloquecido menàge à quatre con posesiones diabólicas incluidas.

Nuestra montaña mágica podría ser el Moncayo, que acunó a Gracián, como a Marcial, y sedujo a Machado.

Hubo una vez un ilustrado polaco que imaginó el Manuscrito encontrado en Zaragoza, con sus sueños de la razón y sus monstruos. Y hubo también un seductor llamado Giacomo Casanova, que se decía descendiente de un tal Jacobo Casanova, zaragozano aventurero que ya apuntaba maneras, pues de él se cuenta que raptó a una monja de un convento y huyó con ella a Italia.

Y Goya, Bécquer, Verdi, Víctor Hugo, Galdós, Baroja.

Galdós nos dedicó varios episodios: el nacional patriótico y otro más erótico en la novela Fortunata y Jacinta, cuando imaginó a Jacinta y Juanito persiguiéndose para besarse en la boca por los rincones solitarios de una traviesa Zaragoza durante su viaje de novios.

También en su luna de miel, algún oculto magnetismo trajo a Virginia Woolf a una pensión zaragozana. Desde esa habitación (que no era propia) escribió una larga carta a una lejana amiga inglesa. Dijo que estaba leyendo con ferocidad. Más adelante diría a su biógrafo que la desnudez y la belleza del paisaje la dejaron atónita.

Cuántas veces pasearía por esta ribera la inolvidable María Moliner, bibliotecaria asombrosa, jardinera de palabras, discreta hortelana del idioma, que cultivó a solas un diccionario entero. Y en el párrafo final de su enorme obra, se despidió diciendo: “La autora siente la necesidad de declarar que ha trabajado honradamente”.

Cuántas veces se detendría aquí el cronista del alba, Sender, que nos contó la historia de la Quinta Julieta y de su primer amor, Valentina. Y así cartografió para la literatura Torrero y Tauste.

Y cuántas veces miraría esta perspectiva de cielo abierto Miguel Labordeta, que desde el Café Niké fundo la “Oficina poética internacional”, donde hizo famosas sus pipas y el carnet de ciudadano del mundo. Leemos en sus versos que quería agarrar la luna con las manos, que dudaba a menudo, que solo estaba seguro de llamarse Miguel y de no haber aprobado ninguna oposición honorable al Estado. Cincuenta años después de su muerte lo seguimos añorando, como él mismo dijo: con sus pelos difíciles, con su ternura polvorienta, con su piojoso corazón.

Todos ellos, también ellas, han tejido nuestros sueños. Y los escritores vivos, demasiados para nombrarlos uno a una, aún siguen imaginando historias que se adhieren a la ciudad como rocío, como los espejismos del sol o como la hierba esmeralda entre las grietas del cemento. Estad tranquilos, aquí siempre hay algún juntapalabras de guardia, para inventar mares y lejanías que ensanchen nuestros horizontes.

La risa de Marcial, Jorge imprimiendo belleza, Baltasar en su Moncayo mágico, María en su jardín de palabras, el poeta Miguel intentando abrazar la luna, y otros tantísimos, han demostrado que aquí los libros nos importan. Que se puede viajar al País de las Maravillas y al Fin de la Noche desde cualquier sitio, también desde la Plaza de los Sitios. Que las historias flotan a nuestro alrededor, son un cierzo que nos acaricia, nos revuelve el pelo y nos arrastra con su fuerza invisible.

Gracias a las palabras sobrevivimos al caos de vendavales que es el mundo. Aquí nos bebemos el viento, lo hacemos vibrar en las cuerdas vocales, lo acariciamos con la lengua, el paladar, los dientes o los labios: y de esa operación tan sensual nacen nuestras palabras. Los libros son nuestra manera de cabalgar huracanes.

En esta ciudad yo recibí el regalo del lenguaje y de los cuentos. No recuerdo la vida antes de que alguien me contase el primer cuento. Antes de que me enseñasen a bucear bajo la superficie del mundo, en las aguas de la fantasía. Durante esos años olvidados tuvo que ser duro –supongo– seguir una dieta tan estricta, solo realidad. El caso es que, cuando descubrí los libros, por fin pude tener doble, triple, séptuple personalidad. Y ahí empecé a ser yo misma.

Fui una niña a la que contaban cuentos antes de dormir. Mi madre o mi padre me leían todas las noches, sentado el uno o la otra en la orilla de mi cama. El lugar, la hora, los gestos y los silencios eran siempre los mismos: nuestra íntima liturgia. Aquel tiempo de lectura me parecía un paraíso pequeño y provisional –después he aprendido que todos los paraísos son así, humildes y transitorios.

Y yo me preguntaba ¿cómo caben tantas aventuras, tantos países, tantos amores, miedos y misterios en un fajo de páginas claras manchadas con rayas negras, con patas de araña, con hileras de hormigas? Leer era un hechizo, sí, hacer hablar a esos extraños insectos negros de los libros, que entonces me parecían enormes hormigueros de papel.

Después aprendí yo misma la magia de leer patas de araña. Qué maravilla entonces acompañar a mis padres a las librerías y elegir mis propios libros: flores de papel, cordilleras plegables, letras minúsculas, mares mayúsculos, planetas portátiles.

No había ya vuelta atrás. Desde entonces tengo que zambullirme a diario en el océano de las palabras, vagar por los anchos campos de la mente, escalar las montañas de la imaginación.

Como escribió Ana María Matute: “El mundo hay que fabricárselo uno mismo. Hay que crear peldaños que te saquen del pozo. Hay que inventar la vida porque acaba siendo de verdad”.

Los gatos, con sus famosas siete vidas, son solo principiantes, meros aprendices. Quien lee, tiene a su disposición cientos, miles de vidas. Varias en cada libro.

Esta feria del libro que hoy empieza quiere acogernos a todos (incluidas nuestras vidas paralelas en otras dimensiones). Acoger a la gran comunidad que formamos los viajeros y las exploradoras del universo mágico de las ficciones.

Acoger a las librerías, claro: las que resisten, las nuevas -también cobijar el recuerdo de las que han cerrado-.

Acoger por supuesto a la gente lectora. La que curiosea, la que colecciona marcapáginas, la que pregunta, la que pide una dedicatoria. La que se tiene que rascar el bolsillo y por eso compra libros de bolsillo. La gente menuda y grande que, además de bocadillos de jamón, merienda bocadillos de tebeo.

Sin olvidar a los hombres y mujeres (cada vez son más las mujeres) que vuelcan su talento en todos los oficios del libro: novelistas, poetas, ensayistas, editoras, traductoras, ilustradoras, maquetadoras, distribuidoras, libreras, críticas literarias, bibliotecarias, bibliófilas, cuentacuentos y narradoras orales, amigas de los clubs de lectura.

Acoger a los niños de todas las edades. A los zaragozanos de todo el mundo. A los que aquí nacen o pacen. A los viajeros que recalan en esta tierra de paisajes inhóspitos y gente hospitalaria. A las personas de palabra. A los ciudadanos de varios universos.

Disfrutad, cesaragustaos, zaragozad. Aquí encontraréis páginas donde bullen historias, versos, conocimiento, anécdotas, esperanzas, laberintos, desengaños, misterios, sueños. Es decir, placeres a nuestro alcance. Como escribió un poeta argentino, los libros se pulen como diamantes y se venden a precio de salchichón. O, como diría Quevedo, al precio de las celestiales salchichas de Cetina.

Y acabo ya, con unas últimas palabras y una memoria emocionada.

Es maravilloso encontrar los libros en la calle, los lunes y los martes y los viernes al sol. Durante muchos siglos permanecieron guardados en los palacios de los ricos, en los grandes conventos, en las mansiones más suntuosas, en los pisos principales de las casas nobles. Eran emblema de lujo y privilegio. Las bibliotecas solían ser estancias en mansiones con techos pintados y escudos heráldicos. Exigían un conjunto de accesorios básicos: muebles de madera con volutas y puertas acristaladas, escaleras de mano, atriles giratorios, enormes mapamundis, mayordomos con plumero.

Hoy hemos quitado los cerrojos a los libros y les hemos calzado zapatos cómodos. Los hemos traído a la plaza, donde nadie tiene negado el acceso.

Esto no ha sucedido por arte de magia. Es la cosecha de años de educación y transformaciones sociales. En escuelas. En institutos. En universidades. En bibliotecas ciudadanas y rurales. Desde las Misiones Pedagógicas a los clubs de lectura. Desde las instituciones públicas a los dormitorios donde los niños cierran los ojos acunados por un cuento de buenas noches. Ha sido un gran esfuerzo colectivo.

Tres de mis abuelos fueron maestros rurales. Conocieron una época en la que no todos aprendían a leer, y mucho menos podían tener libros.

Ellos, mis dos abuelos y mi abuela, se ganaron la vida humildemente enseñando las letras, las cuatro cuentas y muchos cuentos.

Quiero recordar a la gente de esa generación, que vivió los años duros de guerra y posguerra, y tuvo que trasplantar sus esperanzas a la vida de sus hijos y nietos.

Nos quisieron más listos, más libres, más sabios, más lectores, más viajeros, con más estudios que ellos. Nos enseñaron que la cultura no es adorno sino ancla. Se vieron obligados a podar sus ilusiones, pero regaron las nuestras. Nos animaron a crecer, a leer y a levantar el vuelo. Somos su sueño.

Por eso, por ellos, por nosotros, por el futuro, bienvenidos todos, bienllegadas todas, a la feria de las dobles y las triples vidas. A la feria de los libros y de los libres.

Gracias.

Irene. Ferial del Libro. 20190531

Irene paseando por las casetas.

¡Gracias a ti, Irene!

Después de agradecerte este magnífico pregón con el que tanto nos deleitaste, solo me queda decirte que cada día te superas a ti misma. Y que en ti permanecen los ojos de aquella niña asombrada a la que todo le interesaba. Aquellos ojos que volví a ver en  de la Plaza del Pilar en la mirada de un niño.

Carmen Romeo Pemán

rayaaaaa

Irene Vallejo Moreu (Zaragoza, 1979), una escritora aragonesa, joven y de gran calado, fue la pregonera de La Feria del Libro, que se alojó del 31 de mayo al 9 de junio de 2019 en la Plaza del Pilar.

Pregón de la feria del libro de Zaragoza 2019. Pronunciado el jueves 21 de mayo de 2019 a las ocho de la tarde. Editado el sábado 1 de mayo de 2019, por Aragón Cultura, en la página web de la Feria, con la entradilla: “La literatura, la vida y el talento femenino se juntan en un pregón tan personal como erudito”.

https://www.cartv.es/aragoncultura/nuestra-cultura/el-pregon-integro-de-irene-vallejo

 

Dando voz a la mujer rural

Banco-para-velas

Banco con el que las mujeres llevaban velas a la iglesia.

Con mis relatos sobre El Frago y las Cinco Villas quiero sumar mi voz a la de otras portavoces de nuestras antepasadas.

El año 2018, en Zaragoza, sin ir más lejos, Mercedes Bueno, Francisca Vilella y Mari Luz Hernández recrearon las vidas de muchas mujeres rurales. Gracias a ellas, y a otras como ellas, vamos recuperando la historia, las vivencias y los sentimientos de abundantes mujeres anónimas.

Desde que era niña conviven conmigo las que hoy llamo las fragolinas de mis ayeres. Unas mujeres sin voz, que fueron los pilares y el sostén de muchas familias. A casi todas las conocí en mi infancia y su trajín se me quedó adherido a mi memoria para siempre. A unas las recuerdo amasando en el horno. A otras lavando en el río o entrecavando en los huertos. Y me pasaba horas muertas contemplando a las que hilaban. Lo hacían con tanta pericia y tan deprisa que no les veía el huso en las manos.

Todas juntas llenaban la vida El Frago, y de todos los posibles “fragos” dispersos por una España hoy casi despoblada. Estas mujeres dieron vida a la España rural, a esa que Sergio del Molino llamó la España vacía.

Hace unos años decidí ponerles nombre y dejarlas hablar en mis relatos. Hoy se sienten tan a gusto que casi no las puedo hacer callar.

Mercedes Bueno Aladrén hace visible el trabajo femenino

Exposición de invisibilidad femenina.Mercedes Bueno puso en escena los aspectos más importantes del trabajo de las mujeres rurales con su exposición La invisibilidad del trabajo femenino en el mundo rural. Estuvo abierta al público en La Puebla de Alfindén, en la finca de La Alafranca, del Palacio de los Marqueses de Ayerbe, desde el 6 de octubre hasta el 14 de diciembre de 2018.

Mercedes las retrataba a través de los objetos que usaban en sus quehaceres domésticos. Como diría algún profesor de literatura, utilizaba una metonimia muy eficaz. Los objetos se completaban con un vídeo en el que muchas de ellas contaban sus experiencias. Sobre todo las de su trabajo en el campo y en la casa. Para todas fue muy importante el tiempo que dedicaron a preparar las conservas y al cuidado de los niños. Su tono y sus gestos transmitían las emociones y los sentimientos de unas vidas entregadas a los demás, sin pensar nunca en ellas mismas.

Francisca Vilella Vila rescata de las aguas objetos que usaban las mujeres

 

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Casa rural de Mequinenza

En una línea cercana a la de Mercedes, Francisca Vilella recuperó la vida de nuestros antepasados en su libro Objetos con historia, publicado en junio de 2018. La autora, con los objetos debajo del brazo y teniendo como referencia una casa de su Mequinenza natal, dibujó unas formas de vida que ya se fueron. De su mano conocemos el pasado del pueblo, con sus grandezas y sinsabores. Y, sobre todo, sentimos las prisas y los olvidos de la gente que tuvo que abandonar sus casas cuando comenzó a invadirlas el agua del pantano de Ribarroja, allá por el año 1971.

En el caso de Francisca, los objetos que yacen bajo las aguas llevan adheridas sus propias raíces. Y las nuestras, porque muchos de ellos también llenaron las casas de otros pueblos. En la mayoría de los pueblos no hizo falta un pantano, los objetos antiguos fueron desapareciendo en las llamas de los hogares o malvendidos como chatarra.

1930. Mequinenza. Archivo Reparaz.

Mequinenza, 1930. Archivo REPARAZ

Mari Luz Hernández Navarro reivindica el papel de las mujeres en los pueblos

El mensaje de Mari Luz Hernández, profesora de la Universidad de Zaragoza, con los cursos que imparte, con las tesis que dirige y con su presencia en los medios de comunicación, llega a muchas personas jóvenes y tiene una amplia difusión.

  • No ha habido políticas específicas para las mujeres del medio rural.

Con este título comenzaba una larga entrevista que concedió al diario.es, el 14 de octubre de 2018. Y seguían tres subtítulos igualmente reveladores.

  • La mayoría de los proyectos Leader emprendidos por mujeres son actividades relacionadas con el rol tradicional.
  • Las mujeres siempre han tenido un papel importante en las zonas rurales, pero ha sido muy silenciado.
  • Con la mecanización del campo, las mujeres se replegaron hacia lo doméstico.
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Cardas para cáñamo y lino.

Mari Luz reclamaba atención para estas mujeres siempre silenciosas y, casi siempre, olvidadas. Y lo realmente novedoso era que esa voz viniera de una cátedra universitaria:

  • Era un trabajo doble: fuera, en el campo hasta los años 60 o 70, y el trabajo doméstico, que era asumido casi en su totalidad por las mujeres. Con el tiempo ese papel fue cambiando.
  • La mecanización del campo expulsó a algunas mujeres fuera de las zonas rurales; coincidió con la época del éxodo rural, ya no hacía tanta falta la mano de obra femenina. Entonces, el papel de la mujer quedó relegado en la esfera extra doméstica y quedó más silenciado, oculto, metido dentro de casa. Las mujeres se replegaron hacia lo doméstico.

En el libro, Entre noche y día no hay pared, ocho científicas de diferentes universidades, entre las que está Mari Luz, recogen las ponencias de la Jornada del Día Internacional de la Mujer Rural.

En el título se condensa todo el trabajo que hacían estas mujeres de sol a sol. Además se ofrecen abundantes cifras que evidencian la realidad actual y transmiten lo importante que es mantener vivo el medio rural. Apuestan por la necesidad de eliminar los prejuicios negativos que han condicionado la vida de las mujeres.

Así se explicaba Mari Luz en ese libro:

  • Ahora, es un momento importante para las mujeres. Con el cambio de concepto que ha habido desde finales de los 80 y 90 y con España y Europa volviendo los ojos hacia qué está pasando en el medio rural, puede surgir una oportunidad para que el papel de las mujeres se reafirme no sólo dentro de las casas, sino también en el mundo extra doméstico. Por otra parte, una cuestión que me parece importante es que muchas veces las mujeres nos ponemos nuestros propios techos de cristal. Las mujeres tenemos un papel importante que cumplir y nosotras también tenemos que hacer el esfuerzo de estar dispuestas a defender nuestros argumentos, de asumir responsabilidades en la toma de decisiones. Es difícil porque a veces triplica el trabajo: el de fuera de casa, dentro de casa y el de participación. Pero si las mujeres no participamos para que se tengan en cuenta nuestras necesidades y nuestros intereses, no se hará.

En marzo de 2019, en los agradecimientos del nuevo libro que publicó con tres compañeros, subrayaba la importancia de la voz de estas mujeres.

  • Nuestro agradecimiento a las mujeres rurales, que nos han abierto las puertas de sus pueblos y de sus vidas para proporcionarnos información, transmitirnos necesidades, y ofrecer soluciones y propuestas.

Si os interesa el análisis detallado del estado de la mujer en los pueblos de Aragón y algunas propuestas para mejorar su situación actual, no os perdáis el libro titulado Estudio de la situación del mundo rural aragonés desde una perspectiva de género, 2028. María Luz Hernández Navarro, Alberto Serrano Andrés, Junniluz Méndez Sánchez y Carlos López Escolano. Departamento de Geografía y ordenación del territorio—Grupo de estudios en ordenación del territorio (GEOT) —IUCA. Universidad de Zaragoza.

Cuando lo hayáis consultado, comprenderéis por qué afirmo que la voz y los trabajos en los que participa María Luz Hernández se han convertido en un referente obligado, y en una esperanza, para todas las mujeres que procedemos de los pueblos aragoneses.

El horno. FB Lorien 2018

Foto publicada en 2016 por Lorién La Hoz en su página de Facebook-

Para terminar

He querido recoger la muestra de tres estudiosas aragonesas que me tocan de cerca. Pero sé hay más investigadoras en Aragón que están trabajando en esta dirección. Y también sé que este tipo de estudios está floreciendo en otras partes de España y del mundo.

Junto a Mereces Bueno y a Francisca Vilella, he resaltado la voz de Mari Luz Hernández porque me parece un ejemplo importante. Cuando se tratan estas cuestiones en las aulas universitarias, el nuevo discurso, investido por la autoridad académica, irrumpe con más fuerza y tiene mejores consecuencias para las mujeres.

Me he centrado en la mujer rural, porque mis orígenes son rurales. Pero las mujeres urbanas también están reclamando que alguien les preste su voz y las saque del anonimato. Aún nos queda mucho camino por recorrer-

Carmen Romeo Pemán

Imagen principal: Mari Luz Hernández Navarro.

 

Cuatro estaciones

Porque cada estación es distinta, también nuestro Mocade alberga escritos diferentes. Y entre artículos, reseñas y relatos se nos cuela de vez en cuando una poesía…

Cuatro estaciones

Ocurrió en el otoño.

Cuando la placidez era la norma,

cuando la edad madura

ya era algo asumido y aceptado,

y la tranquilidad, la mayor ambición.

Un paisaje perfecto,

tan sereno y calmado como un lago,

enmarcaba mi vida.

 

Pero los vientos otoñales

pasaron por mi casa.

Agitaron las ramas de los árboles,

y las hojas volaron.

Mi cielo se pintó de fuego y oro,

y en cada hoja flotante

apareció tu rostro.

Igual que en la Odisea,

yo era Ulises,

y tu voz era el canto de sirenas.

 

Pero las hojas dejaron de volar,

se cayeron al suelo,

y tú, no sé por qué motivo ni razón,

pisoteaste mis sueños.

Cada paso que dabas,

cada nuevo desprecio,

hacía crujir esa alfombra de hojas,

igual que cuando un hueso

se rompe sin remedio.

Viniste disfrazado. Me engañaste.

Te metiste en mi vida, no sé por qué motivo.

Tal vez aburrimiento, o tal vez como un juego.

Me trajiste un otoño de colores

para luego pintarlo en blanco y negro.

 

Y así, tras el otoño,

entró en mi vida el tiempo del invierno.

El arco iris murió.

Solo quedaron mil cuchillos de hielo

que, implacables, desgarraron mi alma,

segaron mis anhelos e ilusiones,

congelaron mi pecho,

me robaron el aire.

Me encarceló esa noche de los tiempos.

El dolor se hizo dueño de mi vida,

la desesperación gobernó mi universo,

derribó mis valores,

limitó mi horizonte,

vistió de soledad con un traje de luto

mis más hermosos sueños.

Le robaste la voz a mi esperanza.

Me cambiaste las alas por cadenas,

como se hace a los presos.

 

Y cuando todo parecía perdido,

tampoco sé el motivo, e ignoro la razón,

pasó la primavera por mi casa

y decidió quedarse.

Como una vieja amiga que viene de visita

en busca de hospedaje

se presentó en mi puerta.

Le abrí cuando llamó,

y le ofrecí posada.

Miró a su alrededor

y se adueñó de todo cuanto había.

Retiró las cortinas

y las sombras huyeron

cuando la luz del sol entró por la ventana.

Mis macetas, tan tristes y tan mustias,

volvieron a brotar, y vi crecer sus flores.

Y de pronto, un buen día,

me descubrí cantando.

Miré a mi alrededor.

Ya no hacía frío.

El aire que llenaba mis pulmones ya no era viento helado.

La sangre de mis venas otra vez era cálida.

La brisa, que besaba mis mejillas,

traía de nuevo aromas a mi casa.

 

¡Qué maravilla sentir la calidez!

¡Saberme otra vez viva!

Ahora mi corazón

tiene toda la fuerza del verano.

Por fin lo he conseguido:

ilusión y razón van de la mano,

y a ti, por si te importa, te he dejado

perdido en mi pasado.

Ya no tienes poder para dañarme.

Ya no tienes un lugar a mi lado.

Mi vida dejó de pertenecerte

Mi libertad es mía,

que la he reconquistado

por mucho que te pese.

 

Quizá tú te esperabas que dijese

cuánto me duele el haberte perdido.

Pero ahora mismo, si te lo dijera

te estaría regalando una mentira,

una migaja apenas,

de aquello que has tenido.

 

Si alguna vez te llegara el invierno

cargado de dolor,

si alguna vez, si en alguna ocasión,

sintieras frío,

no llames a mi puerta.

Porque, si llamas,

no encontrarás nada.

O como mucho, algo de compasión,

o, simplemente,

donde antes te esperaba un corazón,

ahora solo hallarás un espacio vacío.

Adela Castañón

Imagen: tomada de Internet