1933. Alcaldesas y concejalas en Zaragoza

A Gloria Álvarez Roche, Cristina Baselga Mantecó, Concha Gaudó Gaudó e Inocencia Torres Martínez, que me inspiraron este proyecto.

Banquete Alcaldesas. 1.1

La Voz de Aragón

Mucho se ha hablado de las alcaldesas de 1933, pero poco de las concejalas que estuvieron en las mismas comisiones gestoras. En un acontecimiento sin precedentes, los pueblos de España se llenaron de alcaldesas y concejalas.

En este artículo trataré solo de las de Zaragoza. Completaré las vidas de las 17 alcaldesas, que ya han aparecido en otras publicaciones.  Y, como novedad, presentaré a Laurentina Frías, una alcaldesa que no figuraba en las listas anteriores, y  a las 34 concejalas de la provincia, hasta ahora desconocidas.

Estuvieron poco tiempo en sus cargos, dos meses y medio. Y solo en los pueblos en los que se tenían que celebrar las elecciones, es decir, en 129 municipios de Zaragoza, y en 2500 de España. A finales de enero de 1933, cesaron a todos los integrantes de los viejos ayuntamientos y nombraron unas comisiones gestoras que ejercieron sus funciones hasta las elecciones de abril de 1933.

¿En qué pueblos?

En los que en las elecciones de 1932 se había aplicado el artículo 29 de la Ley electoral de 1907, conocida como Ley Maura, que era la que estaba vigente.

¿Qué decía el artículo 29?

Que no era necesario celebrar elecciones si el número de concejales que había que elegir coincidía con el número de personas que se presentaban. En ese caso se nombraba directamente a los que se postulaban, sin pasar por las urnas.

¿Por qué la nuevas gestoras?

Para garantizar que las elecciones del 23 de abril de 1933 fueran limpias y transparentes.

¿Cómo se constituyeron?

Con las normas claras y sencillas que se dieron en un decreto de 1932. Cada gestora tendría tres miembros. Un presidente, o alcalde, y dos vocales, o concejales. Uno de ellos representaría a los contribuyentes, o propietarios; otro a los trabajadores; y otro al Estado, a través de los funcionarios. Y una vez seleccionados los tres miembros, se decidía cuál de ellos iba a ser el alcalde.

Para ilustrar el proceso de forma práctica, he incluido cómo se hizo la elección en Fuendetodos, porque resulta clarificador y paradigmático.

¿Por qué tantas maestras?

Todas, menos tres. Porque solían ser las más jóvenes de los funcionarios o, en el caso de las escuelas mixtas, las únicas que podían representar al Estado.

¿Qué sabemos de ellas?

Que estaban acostumbradas a gestionar asuntos públicos de forma transparente y que todas cumplieron su función con eficacia.

En cambio, de sus vidas sabemos muy poco, en muchos casos ni las fechas de nacimiento y muerte.

Pero todas, cuando tuvieron el título debajo del brazo, comenzaron una larga peregrinación por la España rural para enseñar a los niños. Muchas estuvieron en escuelas mixtas y se anticiparon a los modelos de coeducación actuales.

Aquí he intentado acompañarlas en sus recorridos siguiendo sus pasos con los boletines de educación. Pero las noticias son sueltas y asistemáticas. Y en ningún caso he llegado a reconstruir sus hojas de servicios.

No incluyo a María Domínguez, que presidió una gestora en Gallur desde 1932 hasta 1933, porque fue destituida cuando se nombró en Gallur la nueva gestora de 1933. Y en esa no había ninguna mujer.

Las 18 alcaldesas

19330305. Rev. Crónica. Alacaldesas Zg.

Antorán Martínez, Elvira. Villanueva de Huerva

Aprobó las oposiciones que se convocaron en 1928, se realizaron en 1929 y sacaron las listas en 1930. Hasta 1934 recorrió varias escuelas: Gascón y Marín de Zargoza, El Pino, Valencia de Alcántara (Cáceres) y Villanueva de Huerva (Zaragoza).

Se casó con Silvestre Gracia Martínez, también maestro. En 1934 se trasladaron a Irún, como consortes. En 1936 falleció Silvestre en Zaragoza. Unos años más tarde, el Juzgado de Daroca le abrió un expediente de responsabilidades políticas, como residente en Villanueva de Huerva, aunque ellos ya no constaban en el censo de 1934.

Después de la muerte de su marido, Elvira publicó algunos artículos en los que exaltaba su adhesión al nuevo régimen.

La mujer de la nueva España. Por Elvira Antorán, maestra nacional.

La Patria va quedar muy quebrantada ¡mucho! Tanto, que sólo voluntades firmes enérgicas pueden sacarla del sopor e inmundicia en que sus malos hijos han querido sumirla ¡Adelante, mujer española! Y tú, por tu condición de aragonesa, estás obligada ser digna sucesora de la Madre Rafols, de la Condesa de Bureta, de Agustina de Aragón y de tantas y tanta mujeres que hicieron célebre la historia.

Tus armas son las propias tuyas, las que nunca debiste olvidar, las que todo él feminismo cursi de cátedra no debió nunca de arrancar de ti, mareándote con sus aires de igualdad independencia. Cfr. Por España, Zaragoza, 1937.

Bilbao Nieto, Clementina. Lituénigo

Comisión Gestora. Presidente, Clementina Bilbao Nieto, de 53 años, domiciliada en la Plaza. Vocales, Filiberto Florencio Hernández Domínguez, de 23 años, jornalero, calle Rincón, 11, y Doroteo Gil Giménez, de 29 años, del campo, calle República, 11.

Clementina Bilbao (Palencia, 1880), en 1896 residía en Santander con su familia.

Ha regresado de Valladolid, después de haberse examinado de las asignaturas de Maestra Superior, la señorita Clementina Bilbao, a quien felicitamos, lo mismo que a sus profesores doña Adelaida y don Juan Camino. (Cfr. La Atalaya, Santander, 1896).

Llegó a Lituénigo en 1929. Antes y después, estuvo en varios pueblos de Cataluña. En 1939, en Bigues i Riells, un tribunal militar de responsabilidades políticas la inhabilitó seis meses de empleo y sueldo. Está considerada como una de las víctimas del franquismo.

Blasco Pardillos, Manuela. Torrellas

Manuela Blasco con sus alumnos. Libro de las comarcas.

Manuela Blasco con sus alumnas. Foto del Libro de las Comarcas.

En Torrellas se eligieron dos comisiones gestoras. Una el día 2 de febrero y otra el 9 de febrero que rectificó a la anterior.

En la primera era presidente Gregorio León Gimeno, practicante. En la segunda, se nombró a Manuela Blasco Pardilas, maestra, de 61 años, San Antón, 36. Y se mantuvieron los vocales: Ángel García Pérez, contribuyente, y Félix García Ledesma, de 24 años, jornalero.

El Ayuntamiento de Torrellas le ha dedicado una calle y un estudio, con una foto con sus alumnas, donde se dice que estuvo en Torrellas entre 1927 y 1937.

Manuela Blasco

Begoña Manuela Blasco Pardillos (1866) era Maestra Superior. En 1899 se casó en Bilbao con el viudo Miguel Francisco de Ymaz Urdangarín (Ataun, Guipuzcoa, 1866-Torrellas, 1929), de los ascendientes del general Zumalacárregui. Miguel había estado casado, en primeras nupcias, con Josefa Brígida Garramiola Susaeta y, en segundas, con María Juana de Barainca Deustua.

Manuela, antes de llegar a Torrellas, ejerció en varios pueblos del norte: Riensena, Llanes, Negradas, Riobarba, Carayes, Peranzanes, Audrín, Fontella, Bezares (Logroño), Berasategui (Guipúcoa).

Bosque Barberán, Antonia. Ardisa

Antonia Bosque (Calanda, 1907-Barcelona, 1983), era hija de Pascual Bosque Coder, apodado “El Codé” por su segundo apellido. Aprobó los cursillos del Magisterio de 1932 y la destinaron a Ardisa.

En 1934 y 1935 estuvo en la escuela graduada de Ejea de los Caballeros. Después se trasladó a Barcelona, donde aprobó las oposiciones a directora escolar. Sus sobrinos la llevaron a enterrar a Calanda.

Cereza Puyol, Victoria. Gelsa

Comisión gestora. Presidente, Victoria Cereza Puyol, maestra, 33 años, calle República 8. Vocales, Pablo Aznar Lobera, jornalero, 30 años, calle Manuel Lorenzo Pardo, 38, y Daniel Falcón García, jornalero, 30 años, calle M. Domingo, 6.

Victoria Cereza Puyol (Zaragoza, 1900) se presentó a las oposiciones de 1923 en Zaragoza y en 1924 le llegó el nombramiento de maestra nacional. En 1926 la destinaron a Molinos (Teruel), pero como era propietaria provisional, tenía que concursar a los dos años. En 1928 pasó de Molinos a Gelsa, como propietaria definitiva.

En Gelsa, en 1930, se organizaron exposiciones escolares en las Escuelas Nacionales y en el colegio de Religiosas Clarisas.

En las Escuelas Nacionales, clases de mayores, situadas en el palacio del conde de Peñaranda, los cultísimos maestros doña Victoria Cereza y don José Velilla nos presentaron a sus alumnos como escolares modelos. Vimos labores hermosas en las niñas. Mapas, hojas, flores y frutos en relieve, obra de los niños. Figuras geométricas, mapas mudos, etc. Y contestaron a las preguntas más difíciles, y nos admiraron los ejercicios de cálculo mental, que acreditaron a tan distinguidos profesores como verdaderos modelos del Magisterio Español, y a los alumnos, todos, pero en especial a Catalán, Emperador y Morellón. ¡Bien por las Escuelas y el Colegio de Gelsa! Así, señores, así se hace Patria, educando e instruyendo a la niñez que después ha de ser la familia de nuestra famosa y antiquísima Xelsa, hoy, Gelsa. El alcalde don Francisco Castillón felicitó a todos. (Cfr. La Voz de Aragón, 25/07/1930).

Victoria, en 1935, dirigió el festival con el que se amenizó el homenaje a la vejez. Ese año se trasladó a Zaragoza a la escuela “Venecia”, por el turno de consortes.

Conde Álvarez, Josefina. Clares de Ribota

Josefina Conde (Cantavieja, Teruel) era hija de Enriqueta Álvarez Lázaro (Blesa, 1880-Zaragoza, 1961) y de Marcos Conde Oliete (Blesa, 1882-Zaragoza, 1939), médico de Alarcón, Parras de Castellote, Cantavieja y Codos.

Según el censo, en 1934 vivían en Codos: su padre, de 52 años, su madre de 54 y su hermana Delia de 25.

Josefina Conde aprobó los cursillos de 1932 y la destinaron a Clares de Ribota. En septiembre de 1933 pasó a Tabuenca. Pero en el censo de 1934 en Tabuenca no figuraba ella, ya estaba Anisia Purificación Ortín Bellido, de 35 años.

En la enseñanza fue muy conocido su tío Santos Conde Oliete que estudió Magisterio en Zaragoza. Fue alcalde republicano de Ciempozuelos, presidente de Primera Enseñanza de la Izquierda Republicana de Madrid y acabo exiliado en Francia.

Cortadé Romeo, Concepción. Alpartir

Concepción Cortadé (Zaragoza, 1887) en 1910 obtuvo el título de Maestra Elemental y la destinaron a Remolinos. En 1915 le dieron Albartir, donde ejerció hasta 1933, cuando se crearon dos escuelas provisionales, una de niñas y otra de niños.

De Concepción Cortadé, hasta ahora, solo sabemos que en 1941 seguía prestando sus servicios en la provincia de Zaragoza. En cambio tenemos datos de sus familia.

Era hija de José Cortadé Angós  (1862-Zaragoza, 1959), un hojalatero, hoy fontanero, del distrito del Pilar. Su hermana María (Zaragoza, 1871), que se había casado con Santiago Torres Gascón (Alpartir, 1868), un propietario de tierras de labranza, seguía viviendo en Alpartir. Su otra hermana, Felisa (Zaragoza, 1878-Zaragoza, 1958), vivía en Calatayud, y su hermano José (Zaragoza, 1897-1941) en el barrio de San Pablo de Zaragoza

Elizondo Inda, Felipa. Tierga

Felipa Elizondo Inda (Pamplona, 1910-1988) era hija de Bartolomé Elizondo Zoroquiain (Pamplona, 1870-1949) y de Estefanía Inda Monaut (Oroz Betelu, Navarra, 1869-Pamplona, 1949).

En 1932 la nombraron maestra de Tierga, pero en 1934 ya no figuraba en el censo. En 1938 se trasladó de Irún a Pamplona, donde se jubiló.

Frías Gil, Laurentina. Alforque

Comisión Gestora. Presidente, Laurentina Frías Gil, de 49 años, calle Horno. Vocales, José Tesán García, de 27 años, carbonero, calle Mayor, y Agustín Lucea Lanuza, de 24 años, labrador, calle Barriete.  Laurentina Frías no constaba en la lista de alcaldesas que publicaron los periódicos.

Laurentina Frías Gil (Soria, 1885-Alforque, 1952) Maestra Elemental. En 1908 llegó a la escuela unitaria Alforque y allí ejerció hasta que falleció. Era viuda de Mariano Giménez Cristóbal (Alforque, 1878), un propietario de Alforque. En la necrológica de Escuela Española constaba como madre de Afrodisio (Alforque, 1912–Zaragoza, 1981), jornalero, que fue secretario de la UGT, y de José Luis (Alforque, ¿?-Zaragoza, 2005), Licenciado en Químicas. En 1938 Florentina estaba afiliada a la UGT.

García Pérez, Estrella. El Frasno

Comisión Gestora. Presidente, Estrella de las Nieves García Pérez, maestra, de 28 años, calle G. Rodríguez, 17. Vocales, Manuel Moreno Gasca, herrero, de 30 años, calle S. Guerra, 10, y José Carnicer  Álvaro, jornalero, de 55, calle Unamuno, 3.

María Estrella de las Nieves García (Teruel, 1905). En 1923 se examinó de oposiciones en Valencia y la destinaron a Tortuera (Guadalajara). Ese mismo año pasó a Ródenas (Teruel) y a Torre Baja (Valencia).

En 1929 se casó con Luis Martín Esquiu (Teruel, 1899-¿?):

En la iglesia de San Andrés se ha celebrado el matrimonio de Luis Martín Esquiu, maestro nacional de Fortanete, desde 1926, con Estrella García Pérez, maestra nacional de Torre Baja, Valencia. Son hijos de dos familias bien relacionadas de esta capital. Cfr. La Voz de Teruel.

En julio de 1930 llegaron los dos a El Frasno por el turno de consortes.

Tenemos pocas noticias de sus destinos posteriores. En 1933 Estrella firmó las oposiciones a inspección. Y en 1966 se trasladó de Játiva de Churriana (Málaga).

Gil Martínez, María. Tiermas

María Gil Martínez (Tiermas, 1910) era hija de José Gil Fantova (1876) y de Adelaida Martínez Iriarte (1880). Según el censo de 1934, tenía 24 años y vivía en la calle Herrería 38, con su padre, José Gil Fantova, de 58 años, comerciante, y con su madre Adelaida Martínez Iriarte, de 54, sus labores. Sucedió a su padre en la alcaldía. El año 2004 vivía en Jaca.

La votaron los propietarios en un momento en que tenían pleitos con la Confederación Hidrográfica del Ebro por la expropiación de las tierras para el pantano de Yesa.

Hernández García, Julia. Rueda de Jalón

Comisión Gestora. Presidente, Julia Hernández García, maestra, de 41 años, Barranco, 42. Vocales, Mariano Hernández Morales, jornalero, de 26 años, Mayor 11, y León Perulán Gracia, jornalero, de 29 años, Barranco 90.

Julia Hernández (Vizcaya, 1891-Zaragoza, 1985) obtuvo el título de Maestra Elemental en la Escuela Normal de Soria. 1923 llegó por traslado a Rueda de Jalón.

Latre Cañada, Cecilia. Bureta

Comisión Gestora. Presidente, Cecilia Latre Cañada, soltera, de 25 años, Ramón y Cajal, 8. Vocales Manuel Borobia Alcega, labrador, de 29 años, Mayor, 49, y Mariano García Sánchez, del campo, de 27 años, calle Nueva, 7.

Cecilia Latre Cañada (¿?, 1906-Zaragoza, 1998), aprobó los cursillos de 1932 y la destinaron a Bureta. Después estuvo en Sofuentes, Albadalejo (Ciudad Real) y Maella, donde pasó la Guerra Civil. En1936, pertenecía al PC y a las Mujeres antifascistas. En 1938, estando en la escuela graduada de Maella, en el noveno mes de embarazo, le concedieron una licencia para alumbramiento, con obligación de dejar atendida la escuela por su cuenta.

Laguía Bernal, Francisca. Novillas

Comisión Gestora. Presidente, Francisca Laguía Bernal, maestra, de 35 años, Ramón y Cajal, 15. Vocales, Macario Lázaro Sancho, labrador, de 31 años, G. Hernández 3, y Jesús Cabestré Villanueva, jornalero, de 27 años, Lorente, 26.

Francisca de Paula Laguía (Zaragoza, 1898-1975) cursó Magisterio en Zaragoza, aprobó las oposiciones de 1928 y la destinaron a Duruelo de la Sierra (Soria). De allí pasó Novillas

Muñoz Foved, Adelina. Lobera de Onsella

Comisión Gestora. Presidente, Adelina Muñoz Fober (sic), maestra, de 34 años. Vocales, Pascual Pernante Glaría, de 27 años, jornalero, Peñas, 16, y Celedonio Plano Chaverri, de 57 años, propietario.

Adelina Muñoz Foved (Villar del Salz, Teruel, 1899-Huesca, 2011), estudió Magisterio en Teruel. Estuvo en varios en pueblos de Teruel, en Lobera de Onsella y en Castejón de Valdejasa. En 1933 se presentó a los cursillos en Zaragoza.

Villar del Salz. Día de campo. Haciendo honor a la joven Marujita Fober (sic) pasaron el día en la chopera que la Sociedad de Montes dispone en el Soto, distinguidas familias de este pueblo. Mientras las señoras prepararon el menú, las señoritas bailaron con una gramola. En este baile participaron Adelina Muñoz, maestra nacional de Castejón de Valdejasa, Luisita Domingo, la agasajada Marujita Fober (sic), Adelina González y Amalia Urquiza. (Cfr. La Voz de Aragón, 1934)

En 1940 se casó con Virgilio Valenzuela Foved (Blancas, 1908-Huesca 1970), en 1941 se trasladaron a Huesca y Adelina dejó de ejercer de maestra. Tuvieron dos hijas, María José y Adelina.

El apellido Foved ha sufrido errores ortotipográficos, que han dificultado la identificación de Avelina Muñoz.

Pemán Cardesa, Isabel Conrada. Magallón

Comisión Gestora. Presidente, Isabel Pemán Cardesa, maestra, de 23 años, Ramón y Cajal 13. Vocales, Ildefonso Salvador Barrios, labrador, de 31 años, Giles, 38; y Pedro Domínguez Ruberte, jornalero, de 31 años, G. Hernández, 8.

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Isabel Conrada (Biel, 1909), conocida en Biel como Isabel de Francisquín, era la primogénita de Francisco Pemán y Manuela Cardesa.

En la Villa de Biel a las 2 de la tarde del día 19 de febrero de 1909, ante don Mauricio Pemán Palacio, juez municipal, y don Felipe Coyduras, secretario, compareció Francisco Pemán Navarro, natural de esta villa, de 27 años, de profesión comerciante, estado casado, para  inscribir en el Registro civil una niña que nació el 19 de febrero en la calle La Cárcel número 10. Hija del declarante y de Manuela Cardesa Lanzarote de 25 años. Abuelos paternos: Mauricio Pemán Palacio, comerciante y propietario, y Rosa Navarro Jiménez, ya difunta. Abuelos maternos: Juan José Cardesa Aguas, labrador, y Bibiana Lanzarote Bueno. Fueron testigos, Celedonio Arenzaz, pelaire, y Francisco Narravrro, alguacil. (Cfr. Partida de nacimiento, Ayuntamiento de Biel).

Desde 1925 y hasta 1930 estudió Magisterio en Zaragoza. En 1931 estaba en las listas de interinas. En 1932 la destinaron a Magallón y en 1934 a Ojos Negros.

Rodríguez Suils, Emilia. Almochuel

Comisión Gestora. Presidente, Emilia Rodríguez Suils, maestra, de 28 años, Horno, 1. Vocales, José Ainsa Clavero, labrador, de 25 años, Mayor 14, y Rafael Gascón Moliner, pastor, de 33 años, Mayor.

Emilia Rodríguez Suils (Logroño, 1905-Zaragoza, 1983). Por línea materna pertenecía a la conocida familia de origen altoaragonés, asentada en Logroño. En 1923 la nombraron maestra de la escuela de niñas de Brieva (La Rioja). En 1933 estaba en Almochuel

En 1934 se trasladó a Magallón. En 1939 era secretaria de la comisión local de  Pelegrina (Guadalajara) de subsidio al combatiente. Otros destinos fueron; Castejón de Valdejasa y Pinillos (La Rioja).

Sebastián Cebrián, Jerónima Agustina. Balconchán

Jerónima Agustina Sebastián (Alarba, Zaragoza, 1885) era hija de Joaquín Sebastián Abad y Plácida Cebrián Alejandre, una familia de propietarios Alarba. En 1901 fallecieron sus padres y quedaron varios hijos

Su título de Maestra Elemental llegó a la Universidad de Zaragoza en 1907, cuando ya llevaba un año de maestra interina en la provincia de Teruel. Estuvo en Singra y Segura (Teruel), en Cangas de Onís (Asturias), en Escobosa de Almazán (Soria) en Zardón (Asturias)


Banquete Alcaldesas. 2

Comida en honor de las alcaldesas. Zaragoza. Foto de La Voz de Aragón.

Las 34 concejalas

Adell Roig, María. Botorrita.

Comisión Gestora. Presidente, León López Comín. Jornalero, de 35 años, Plaza, 20. Vocales, María T. Adell Roig, maestra, de 68 años, calle Frontón, y Santos Rodríguez Agustín, jornalero, de 29 años, calle Olmo 5.

María Tarsila Adell Roig (Sierra de Engarcerán, 1864-¿?)

Tarsilia Adell. Botorrita

En 1901, ella y Vicenta Vallés Borrás, las dos de la Sierra de Engarcerán, fueron alumnas del primer curso de la recién creada Escuela Normal de Maestras de Catellón.

Desde que acabó Magisterio estuvo en numerosos pueblos de interina. En 1927, ocupaba la escuela de Abejuela (Teruel) y pidió la excedencia. Reingresó en 1930 en Botorrita, donde la nombraron concejala en 1933. A los dos años se jubiló.

 

 

Campé Martín, Manuela. Pleitas de Jalón

Comisión Gestora. Presidente, Tomás Trébol Lorés, propietario, 70 años, calle Baja, 5. Vocales, Ángel González Romeo, del campo, 30 años, calle Baja, 3, y Manuela Campé Martín, maestra, de 58 años, P. República, 4.

Manuela Campé Marín (¿?-1875-Zaragoza, 1956), en 1892 aprobó la reválida de Maestra Superior en la Escuela Normal de Zaragoza y comenzó un peregrinaje de maestra interina por Las Pedrosas, Cubel, Maleján, Talamantes, Castejón de Tornos, Loscos y la Puebla de San Miguel, entre otros. Después de varios años en Alconchel y Plenas, llegó a Pleitas.

En Pleitas la recuerdan como una maestra muy activa, que participó en muchas actividades con sus alumnos. Cuando fue concejala solicitó un local para la escuela, que entonces lo compartía con el Ayuntamiento y tenía que suspender la clase cada vez que había un pleno o una reunión.

Casaus Bernal, Salomé. Lechón

Comisión Gestora. Presidente, Eleuterio Señalada Gracia, de 54 años, labrador, calle Mayor 14. Vocales José María Señalada Herrero, de 25 años, pastor, con domicilio en Extramuros, y Salomé Casaus Bernal, maestra, de 50 años, calle Daroca 15.

Salomé Casaus (1883-¿?), era Maestra Elemental. En 1905 llegó a Lechón como maestra propietaria, se casó con Ruperto Gómez Beltrán (1886-¿?), labrador, y allí ejerció hasta su jubilación.

Castanera Plasencia, Patrocinio. Chodes

Comisión Gestora. Presidente, Justo Polo Yus, del campo, de 57 años, calle Molino. Vocales, Juan Borriquel Jimeno, del campo, de 21 años, con domicilio en la Plaza, y Patrocinio Castanera Plasencia maestra, de 56 años, con domicilio en la Plaza.

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María Patrocinio Castanera Plasencia (Huesca, 1872-Zaragoza, 1947), en 1890 obtuvo el título de Maestra Superior en Huesca. En 1897 se casó con Vicente Sugrañés Bardají (Tarragona, 1864-Zaragoza, 1941), propietario de un almacén de vinos de Huesca. En 1901 Patrocinio fundó el colegio de señoritas “Nuestra Señora del Carmen” y a los pocos años, comenzó su itinerario por las escuelas rurales.

Era hermana de Mariano Castanera Plasencia, propietario de una imprenta y fundador, en 1884, de La Crónica, un diario de avisos de Huesca.

Cebollada Bespín, María de la Asunción. Orera de Calatayud

Comisión Gestora. Presidente, Modesto Guallar Uriel, del campo, de 30 años, la Plaza, 10. Vocales, Juan Cuartero Asensio, del campo, de 28 años, Paja, 10, y Asunción Cebollada Bespín, que ya no figuraba en el censo de 1934.

Asunción era hija de Andrés Cebollada Bello y Joaquina Bespín Casanova, unos maestros de la provincia de Teruel. En 1878 su madre era la maestra de Josa y en 1907 se jubiló por edad en Martín del Río. En 1920 fallecieron sus padres y a ella le concedieron una pensión de orfandad por la muerte de su padre, Andrés Cebollada, que había sido maestro de Luco de Jiloca.

Después de Orera de Calatayud, a final de 1933, la destinaron a Osera de Ebro y en 1934 aprobó los cursillos de Magisterio en Zaragoza. A año siguiente ya estaba de maestra en Cuevas de Cañart.

Cebollada Cartagena, Luisa. Torrehermosa

Comisión Gestora. Presidente, Rafael García Gutiérrez, labrador, de 27 años, calle Lafuente 10. Vocales, Cecilio Martínez Delgado, jornalero, de 25 años, Cantarranas 39, y Luisa Cebollada Cartagena, maestra, que ya no estaba en 1934.

En 1914 llego al Magisterio de Gerona el título de Luisa Cebollada Cartagena (Zaragoza, 1896-¿?). Fue maestra de Alins del Monte (Huesca), de Purroy, de Añón y en 1931 llegó a Torrehermosa. Después estuvo en Balones (Alicante) y en Castillonroy (Huesca), entre otros. En 1937 se afilió a la FETE en Barbastro.

Díaz López, Carmen. Los Fayos

Comisión Gestora. Presidente, Raimundo Jesús Daniel Pérez y Pérez, estudiante, de 24 años, Enmedio 20. Vocales Carmen Díaz López, maestra, de 29 años, calle Felipe IV 10, y Juan Bautista Vidorreta Calabia, labrador, de 29 años, Costanilla 9.

Carmen Díaz López aprobó los cursillos de 1933 y fue destinada a Los Fayos, donde la precedió Pilar Monge Marco, una hermana de doña Manolita, la carismática maestra del barrio de Juslibol de Zaragoza. Carmen Díaz, en 1934, se incorporó a la escuela mixta de Bescós de la Garcipollera (Huesca) y después a la de Grovieras (Soria).

Fernández Quintano, María Alejandra Concepción. Acered

Comisión Gestora. Presidente, Sandalio Maluenda Gil, carpintero, de 26 años, Alta 12. Vocales, Vicente Fernández Morata, jornalero, de 28 años, Mochales 21, y María Concepción Fernández Quintano, que ya no estaba en 1934.

María Alejandra Concepción Fernández Quintano, en 1933, recibió el nombramiento de maestra provisional para Acered. En 1934 estaba en Cervera del Río Alhama (Logroño) y solicitó permiso para examinarse para una plaza de la escuela aneja de la Normal de Logroño.

Fuentes Abadía, Francisca. Villadoz

Comisión Gestora. Presidente, Antonio Lacasa del Val, jornalero, de 28 años, la Plaza. Vocales, Francisca Fuentes Abadía, maestra, que ya no estaba en 1934, y Narciso Gaudioso López, labrador, de 27 años, en la Plaza.

En 1913, Francisca Fuentes figuraba en las listas de maestras aspirantes a escuelas interinas. El 8 de junio de 1919 le adjudicaron la escuela de Villarroya del Campo, Ayuntamiento de Villadoz, que se había quedado vacante el 30 de octubre de 1918. En 1933 solicitó la excedencia. Reingresó en agosto de 1934 y la destinaron a Alcalá de Moncayo.

Galindo Monterde, María Josefa. Asín.

Comisión Gestora. Presidente, Sotero Ezquerra Lalanza, labrador, de 29 años, Iglesia 11. Vocales, María Josefa Galindo Monterde, maestra, de 39 años, Iglesia 10, y José Pérez Idoipe, panadero, de 29, Mayor 39.

Josefa Galindo Monterde (Camarillas, Teruel-¿?), en 1913 aspiraba ser maestra interina en la provincia de Teruel. En 1919 estaba en Teruel y en 1921 la nombraron maestra de Camarillas, su pueblo natal. Se casó con Lorenzo Villa Cortés (1894-¿?) y fueron los padres de Lucio Villa Galindo (Teruel,1919. Zaragoza en 1995)

En 1934, siendo maestra de Asín, se le adjudicó el primer escalafón. Pero el alcalde la acusó de ser socialista y de ser la mujer de Lorenzo Villa, un propagandista de la UGT, que estuvo en el frente con el Tercio de Santiago. Como consecuencia, la suspendieron de empleo y suelo por un año y la obligaron a trasladarse fuera de la provincia de Zaragoza durante cinco años.

En el censo de 1934 Josefa y Lorenzo seguían viviendo en Asín, en la calle la Iglesia 40. Su marido constaba de profesión “ninguna” y ella de profesión “villa”. Como estaba suspendida de empleo y sueldo, nombraron maestra de Asín a Elena Sanz Compaired, de 23 años.

En 1941 Josefa figuraba en la plantilla de Oviedo, y en 1957 ascendió de categoría.

García Martínez, Bienvenida. Jaraba

Comisión Gestora. Presidente, Valentín Cebolla Cebolla, labrador, de 27 años, Collado 3. Vocales, Vicente Cebolla Escolano, labrador, de 26 años, Medio 8, y Bienvenida García Martínez, maestra, de 25 años, Afán de la Ribera 22.

Bienvenida García llegó a Jaraba en 1932, procedente de la provincia de Soria. En 1934 se trasladó a Monóvar (Alicante). En 1965 recibió un diploma de “Maestra Distinguida” por su labor pedagógica. Y en 1968, cuando estaba en el Colegio Nacional “Cervantes” de Alicante, le perdemos las pistas.

García Martínez, María de las Nieves. Calmarza

Comisión Gestora. Presidente, Tomás Ruiz Escolano, jornalero, de 28 años, Castillo 3. Vocales, María de las Nieves García Martínez, maestra, de 58 años, Castillo 1, y Gabino Renales Mateo, herrero, de 29 años, Rúa 11.

Nieves García solicitó ser admitida en las oposiciones de 1912, que se celebraron en 1914, en Zaragoza. Sabemos que en 1919 estuvo de maestra en Oter, Ayuntamiento de Carrascosa del Tajo (Guadalajara). Después en Foradada (Lérida), en Ródenas y Orrios (Teruel), en Espejón (Soria), en Frías (Burgos). Y en Calmarza. En 1934 estaba en Villafranca del Campo (Teruel).

García Pardo, Casimira. Pozuelo de Aragón

Comisión Gestora. Presidente, Julio Jarreta Gil, labrador, de 36 años, Cuesta 7. Vocales, Casimira García Pardo, ya no estaba en 1934, y Marcos Aranda Vera, jornalero, de 30 años, Balsón 2.

Casimira García Pardo (Zaragoza, ¿?-1986). En 1923 se examinó de oposiciones en Zaragoza y en 1926, cuando la destinaron a Quireza-Cerdero (Pontevedra), presentó una reclamación en la que se quejaba de que las escuelas que había solicitado se habían adjudicado a opositoras con peor número que ella. En 1927 consiguió la escuela de Pozuelo de Aragón.

En 1933 llegó a Zaragoza, a la escuela unitaria de “San José”, como consorte de Luis González Peiro (¿?-Zaragoza, 1977), maestro de una escuela en la calle Palafox. En 1934 ella pasó al grupo “Cervantes” de Zaragoza.

Gomollón Estaje, Rafaela. Monterde

Comisión Gestora. Presidente, Saturnino López Corella, jornalero, de 28 años, Herrería 4. Vocales, José Benedí Revuelto, labrador, de 26 años, Rúa 13, y Rafaela Gomollón Estaje, maestra, de 26 años, Llumes.

Rafaela Gomollón Estaje (Zaragoza, 1907-1994). En 1930, en Aranda de Moncayo, celebraron una fiesta en la Virgen de la Sierra para homenajear a Rafaela por sus brillantes notas en las oposiciones. En 1933 se incorporó su primer destino, la escuela de Llumes, del Ayuntamiento de Monterde. Al año siguiente la mandaron a Arroyo-Albanchez-Cantoria (Almería) pero solo estuvo un curso y volvió a Aragón, a Ballobar (Huesca). Recorrió varios pueblos y en 1960 pasó de Ricla al barrio de Montañana de Zaragoza.

González Bravo, María Pilar. María de Huerva

Comisión Gestora. Presidente, Ángel Burillo Espié, herrero, de 29 años, Galán 25. Vocales, María Pilar González Bravo, ya no estaba en 1934, y Cecilio Julián García, jornalero, de 28 años, Costa, 12.

En 1931 firmó los cursillos del Magisterio en Zaragoza. Fue maestra de Santo Domingo de la Calzada, Ejea de los Caballeros, María de Huerva, Bustillo del Páramo  y San Martín del Zar (Burgos), entre otros.

Grijalba Delgado, Leonor. La Puebla de Alfindén

Comisión Gestora. Presidente, Santiago Moliné Meseguer, labrador, de 30 años, Mayor 36. Vocales, Julián Gascón Belloc, jornalero, de 29 años, calle Alta 9, y doña Leonor Grijalba Delgado, que ya no estaba en 1934.

Leonor Gijalba Delgado (¿?, 1879-Zaragoza, 1966) era Maestra Superior, en 1895, cursaba los estudios de Magisterio en la Rioja y era compañera de Isabel Lejárraga. Se casó con Rogelio Dílla Pajares (Sagides, Soria, 1873-Zaragoza, 1942) que también era maestro.

En 1898 se estrenó dando clase en Jodra del Cardo. En 1903 estaba en Valmadrid y en 1907 en María de Huerva con su marido. En la ceremonia de los exámenes de los alumnos, Leonor pronunció la conferencia “La educación de la mujer y su relación con el hogar paterno”. Posteriormente los dos fueron maestros de La Puebla de Alfindén.

En 1932, Leonor se trasladó de La Puebla al grupo escolar “Joaquín Costa” de Zaragoza, donde se jubiló en 1949. Y en 1935, su marido consiguió el traslado, por el turno de consortes, al barrio de Montañana de Zaragoza.

En 1941 los dos fueron expedientados por el Juez Instructor de Responsabilidades Políticas. (Cfr. BOE, 29 de marzo de 1941).

Hoyo Fernández, Patrocinio del. Olvés

Comisión Gestora. Presidente, Pascual Clemente Aranda, labrador, de 32 años, Plaza, 9. Vocales, Joaquín Millán López, labrador, de 27 años, Plaza 6, y Patrocinio del Hoyo Fernández, maestra, de 40 años, Mayor 10.

Patrocinio del Hoyo Fernández, maestra nacional jubilada, falleció en Burgos, el 29 de enero de 1979 a los 86 años. Era viuda de Santiago Domínguez Guzmán y madre de Milagros y José.

Desde 1913 hasta 1915 fue maestra de Revilla del Pomar, la Huéspeda y Tolbaños de Abajo, en Burgos. En 1919 aspiraba a una interinidad en Palencia. En 1928, cuando estaba en Villasayas (Soria), le concedieron cuarenta días de licencia por alumbramiento. Y en 1930, por el turno de consortes, llegó a Olvés (Zaragoza) junto con su marido, también maestro.

Lafuente Pardos, María. Carenas

Comisión Gestora. Presidente, Miguel Arguedas Gimeno, labrador, ya no figuraba en 1934. Vocales, Juan Ignacio Cortés Bueno, labrador, 68 años, Layret 23, y María Lafuente Pardos, que ya no estaba en 1934.

En 1931 estaba de maestra en Zaragoza-Valimaña y en 1933 en Carenas, el mismo año que se examinó de los cursillos de Magisterio. En 1934 la nombraron sustituta, primero en Escatrón y después en Casetas. Se afilió a la FETE en 1938.

Martí Gascón, Pilar. Embid de la Ribera

Comisión Gestora. Presidente, Antonio Lázaro Berdejo, no constaba en el censo de 1934. Vocales Esteban Martínez Delrío, herrero, de 32 años, San Martín, 9, y Pilar Martí Gascón, ya no estaba en 1934.

Pilar Martí Gascón (Zaragoza, 1898-¿?), aprobó sin plaza las oposiciones de 1920. Y se convirtió en portavoz de los que seguían siendo interinos.

Para los interinos. Con el fin de gestionar cuanto antes nuestras aspiraciones, se ruega a los que tengan menos de cinco años de interinos, oposiciones aprobadas fuera de plaza y la carrera terminada para doce años o más, que dirijan sus adhesiones a la señorita Natividad Herrero de Santa María del Río (León) o bien a Pilar Martí Gascón en Ariza (Zaragoza). (Cfr. Magisterio Español, 18 de abril de 1931).

En 1931 pasó de Ariza a Alhama de Aragón y en 1932 a Embid de la Ribera. En 1934, con los cursillos aprobados, la destinaron a Monreal de Ariza.

Martínez Blasco, María del Carmen. Anento

Comisión Gestora. Presidente, don Andrés Latorre Teller, jornalero, de 30 años, Olmo 1 Vocales, don Juan Ferreruela Traid, jornalero, de 30 años, Plaza 3, y doña María del Carmen Martínez Blasco, maestra, de 35 años, Iglesia, 5.

En 1929 estuvo en la escuela del Valle de Bardají (Huesca). Después de varios destinos llegó a Anento y en 1934 se trasladó a Alfamén.

Mendoza Chandia, Natividad. Abanto

Comisión Gestora. Presidente, Pablo Martínez Marco, jornalero, de 40 años, calle Castil-Rubio. Vocales, Mamés Duce Tornos, labrador, de 30 años, calle Empedrada, y Natividad Mendoza Chandia, maestra, que ya no estaba en 1934.

Natividad Mendoza Chandia, el 22 de enero de 1932 fue propuesta como maestra provisional para la escuela de Abanto, Zaragoza. El 11 de febrero de 1933 la trasladaron a Castejón. En 1958, cuando la subieron en el escalafón, servía en Navarra.

Nuez García, María. Agon

Comisión Gestora. Presidente, Mario León Torres, labrador, de 32 años, Razón, 2. Vocales, Cándido Lara Ruberte, jornalero, de 28 años, Portillo 5, y María Nuez García, maestra, de 27 años, Portillo, 5.

María Nuez García (Teruel, 1906-Zaragoza, 2006). En 1931 figuraba en las listas de interinas de Zaragoza y en 1932 le adjudicaron la escuela de Agón. Fue la última maestra de Aguilar (Huesca), hoy un despoblado.

Pérez Jiménez, Avelina. Bijuesca

Comisión Gestora. Presidente, Saturnino Vela Salas, jornalero, de 26 años, Risca 2. Vocales, Avelina Pérez Jiménez, ya no estaba en 1934, y Toribio Gómez Serrano, labrador, de 30 años, Perperuela 1.

Avelina Pérez Jiménez (Logroño, 1906) llegó destinada a Brijuesca en 1932 y en 1934 se trasladó a Fitero (Navarra), donde fue directora del grupo escolar

Pérez Verdú, Purificación. Nombrevilla

Comisión Gestora. Presidente, Domingo Arnal Arnal, jornalero, de 39 años, Pilar, 41. Vocales, Purificación Pérez Verdú, maestra, de 55 años, Pilar 8, y Evaristo Vicente Polo, jornalero, de 30 años, Mayor, 4.

Antonio Pérez Verdú. Hermano maestra Nombrevilla.

Antonio Pérez Verdú, hermano de la maestras de Nombrevilla.

Purificación Pérez Verdú (Alcoy, Valencia, 1878) era hija de Francisco Pérez Jordá, tejedor, y de Pura Verdú Sempere, domiciliados en la calle Santa Bárbara, 20. Y hermana del músico Antonio Pérez Verdú (1875-1932) un músico famoso.

En 1905 llegó su título de Maestra Superior a la secretaría de la Universidad de Valencia y a la Escuela Normal de Alicante. En 1909 tomó posesión de la escuela de Patró (Vall de la Gallinera, Alicante). En 1910 la destinaron a Penáguila y ese mismo año solicitó entrar en las listas de interinas del distrito de Zaragoza. En 1923 llegó a Nombrevilla, donde se jubiló en 1948. Allí se casó con Macario Catalán Sancho (Nombrevilla, 1856).

 

Posat Pérez, Josefa. Fuencalderas.

Comisión Gestora. Presidente, Mariano Gimeno Duarte, maestro, ya no figuraba en 1934. Vocales, Valero Castán Izuel, jornalero, y Josefa Posat Pérez, de profesión sus labores, de 26 años, calle Cantera 11.

Josefa Posat vivía con sus padres, Mariano Posat Castán, agricultor, de 53 años, y Amalia Pérez Lagoma, de profesión sus labores, de 55 años. En la gestora fue votada por los propietarios.

Ramos Rodrigálvarez, Petra. Y Bartolomé Marín, Carmen. Zuera

Primera comisión Gestora. Presidente, Luis Pérez Gimeno, jornalero, de 25 años, calle Ensanche. Vocales, José María Lera, maestro, y Antonio Lanuza Susín, que ya no figuraba en el censo de 1934.

Segunda comisión gestora. Se anuló la que se había formado un mes antes. Presidente, Luis Pérez Gimeno, jornalero, de 25 años, calle Ensanche. Vocales, Petra Ramos Rodigálvarez, maestra interina, que ya no estaba en 1934, y Antonio Aurensanz Aso, propietario, que tampoco figuraba en censo de 1934. Se anunciaba que Petra Ramos, podría ser sustituida por Carmen Bartolomé.

Petra Pilar Ramos Rodigálvarez (Zaragoza, 1911-1982) hija de Pedro y de Agustina. Y hermana de Agustina, Concepción, Pedro e Ignacio. En 1929 obtuvo el título de Magisterio en Zaragoza. Se jubiló en Barcelona en 1981. Está enterrada en el cementerio de Torrero.

Carmen Bartolomé Marín (Zaragoza, 1907). En 1932 fue destinada a Zuera y en 1934 a la sección especial de la escuela graduada de niñas de Ateca. Ese mismo año se le impuso el brazal de Dama Enfermera de la Cruz Roja. .En 1966 estaba en Sádaba.

Royo Gil, Petra. Fuendetodos

Comisión Gestora. Presidente, Pascual Salueña Valero, jornalero, de 28 años, Sepulcro 7. Vocales, Petra Royo Gil, maestra, de 45 años, Alta 4, y Joaquín Gascón Baquero, jornalero, de 28 años, Alta 28.

Fuendetodos. Cese del Ayuntamiento y constitución de la Gestora. Vista la ley de 30 de diciembre que ordena el cese de los ayuntamientos elegidos por el artículo 29 de la ley electoral, siguiendo las órdenes recibidas de la superioridad. Se personó en la casa consistorial este pueblo el delegado gubernativo nombrado al efecto, don Pablo González, secretario municipal de Jaulín y se procedió al sorteo de contribuyentes y obreros, comprendidos en la edad reglamentaria, resultando agraciados don Pascual Salueña Valero, como contribuyente, y don Joaquín Gascón Baquero como obrero. Como funcionario le ha correspondido a doña Petra Royo Gil, maestra nacional, por ser empleado público de menor edad de los existentes en la localidad, a partir de los 23 años de edad. (Cfr. La Voz de Aragón, 1 de febrero de 1933).

Petra Royo Gil (¿?,1888-Zaragoza, 1973) aprobó las oposiciones de 1912. En 1915 dejó Cubilla (Soria) y pasó a Carenas (Zaragoza). En 1918 se incorporó a Samper de Calanda (Teruel), pero ese mismo año permutó y llegó a Fuendetodos.

Ha sido aprobada la permuta entre doña Petra Royo Gil, maestra de Samper de Calanda, y doña Edelvina Fariña, maestra de Fuendetodos.

En 1934 le dieron el traslado a la escuela “Miguel de Unamuno” de Madrid y al año siguiente volvía a permutar con Margarita Mazariegos Alegre, de Zaragoza.

Ruiz García, Consuelo. Pinseque

Comisión Gestora. Presidente, Alejandro Andrés Sangrós, propietario, de 25 años, Libertad 22. Vocales, Consuelo Ruiz García, maestra, ya no figuraba en 1934. Es el único pueblo de la provincia en el que no se nombró al representante de los trabajadores.

En 1936, Consuelo Ruiz, maestra de Pinseque, solicitaba que, a efectos de concurso de traslado, se le consideraran continuados los servicios de Mequinenza, adonde llegó por oposición el 12 de julio de 1926 y los Pinseque, adonde llegó en 1929 por traslado forzoso, debido a que ese año la escuela unitaria de Mequinenza se convirtió en graduada.

Salcedo Ramón, María. Las Pedrosas

Comisión Gestora. Presidente, Jesús Bosque Til, jornalero, de 29 años, calle Curta 2. Vocales, Isidro Baquero Andreu, maestro, de 51 años, calle A. San Roque, y María Salcedo Ramón, de profesión sus labores, de 35 años, calle San Roque 10.

María Salcedo estaba casada con el comerciante Francisco Trullenque Nadal, de 40 años, que en 1938 era Alcalde Presidente del Ayuntamiento de Las Pedrosas.

Sanz Cabanes, Demetria. Bardallur

Comisión Gestora. Presidente, Manuel Nogueras Jaca, jornalero, de 27 años, Cuevas 165. Vocales, Alfredo González Fauro, jornalero, de 25 años, B. Verde 33, y Demetria Sanz Cabanes, maestra, de 62 años, calle Baja 14.

1889. Demetria. Caligrafía

Demetria San Cabanes (Huesca, 1871) estudió Magisterio en Huesca y, desde 1890, ejerció en Guetadar (Navarra), Calderuela, Rabanera del Campo, Cabanillas (Soria), Sofuentes y Castejón de Alarba y Bardallur (Zaragoza). Estando en la provincia de Soria recibió un voto de gracia por su buen trabajo.

Se casó con Juan Manuel Castillo Bielsa (1871) propietario de Bardallur. Tuvieron varios hijos, entre otros: Asunción (Bardallur, 1925-Guadalajara, 2012), Ramiro (Bardallur, 1928-Barcelona, 2018), Isabel (Bardallur, 1931-Sigüenza, 2019), José Luis (Bardallur -Madrid, 2018).

Serrano Lon, María. Castejón de Alarba

Comisión Gestora. Presidente, Mariano Baquedano Peiro, labrador, de 28 años, Cantarranas 5, Vocales, Quintín Santos Cobeta Peiro, jornalero, de 28 años, Horno 13, y María Serrano Lon, maestra, viuda, de 69 años, Saliente 6.

En 1934, en la calle Saliente 6, vivían con ella: su cuñado, Manuel Gil Santed,  hermano de su marido, sacerdote, de 63 años; y su sobrina, Martires Gil Sicilia, sus labores, de 30 años.

María Serrano (Teruel, 3/10/1862) era Maestra Superior y ejerció en: Osonilla, Villafeliche, Laranueva, Torralbilla, Boninches, Escorihuela, Torrevelilla, Santa Cruz de Grío, Monreal de Ariza.

En 1917 se trasladó de Murero a Castejón de Alarba, donde conoció al turolense Sotero Gil Santed, que había llegado de maestro en 1913.

Soler Caballero, Teresa. Viver de la Sierra

Presidente, Joaquín Melús Giménez, labrador, de 26 años, Cañuelo 11. Vocales, Teresa Soler Caballero, maestra, de 65 años, Eras 1, y Sebastián Joven Melús, labrador, de 25 años, Somero 5.

En 1934, en la calle Eras 1, vivían: Felipe Marín Jiménez, labrador, de 39 años. Dolores Gil Soler, sus labores, de 36 años. Y Teresa Soler Caballero, de 66 años, que estaba allí de patrona.

Teresa Soler, Maestra Superior, era hija de Vicente Soler y de Filomena Caballero. En 1902 solicitaba ser interina en Alicante. Estuvo en Bañeras, Miralflor (Alicante). Iniéstola del Ayuntamiento de Anguita (Alicante). En 1919 llegó por traslado a Viver de la Sierra.

En 1928 el alcalde de Viver de la Sierra y varios vecinos le incoaron un expediente. Sostenían que los alumnos llevaban mucho retraso, a causa de una afección en la vista que padecía la maestra y pedían que la jubilaran. El expediente no progresó porque muchos vecinos y la inspección declararon que la enseñanza no era mala y que el defecto físico se podía corregir con lentes. (Cfr. Suplemento a la escuela moderna, 1928).

Zabal Pérez, Mónica. Urriés

Comisión Gestora. Presidente, Babil Zalba Larripa, jornalero, de 28 años, calle  Oscura 20. Vocales, Victorino Zalba Lacosta, jornalero, de 29 años, Horno 3, y Mónica Zabal Pérez, maestra.

Mónica Zabal Pérez (Zaragoza, 1908-1991) aprobó los cursillos de Magisterio en 1935.

Era hija de Roberto Zabal Gómez, obrero, y de Ignacia Pérez Crespo, maestra nacional, natural de Teruel. En 1934 residía en Zaragoza, en la calle Jesús 24, con su padre y su hermana Anita. Su madre aún no se había jubilado y sus hermanos se habían casado. Su hermana Carmen se casó con un industrial de la puebla de Híjar y su hermano Roberto, médico, con Luisa Orensanz, la hija del presidente de la Diputación de Zaragoza.

Mónica Zabal. Q

Mónica Zabal y sus hermanas en la boca de su hermano Roberto. Foto de La Voz de Aragón.

Para terminar

El cese de los miembros de los ayuntamientos que se habían nombrado por el artículo 29 de la Ley Maura fue la circunstancia histórica que produjo una entrada masiva de mujeres en los ayuntamientos de España.

Las comisiones gestoras de 1933 solo duraron dos meses y medio, pero constituyeron un fenómeno insólito. Ni antes ni después han entrado, a la vez, tantas mujeres en los ayuntamientos. En la provincia de Zaragoza hubo una mujer en 52 municipios, de los 109 que he consultado.

Es posible que en un futuro encontremos más, porque me faltan los datos de 21 pueblos. En su día no se publicaron sus comisiones gestoras, por distintos motivos, y ahora el acceso a los archivos de unos ayuntamientos desaparecidos se vuelve casi imposible.

Los datos de los censos me han resultado una herramienta muy preciada para identificar a las personas. Además, el contraste entre distintas fuentes documentales me ha permitido corregir algunas erratas en los nombres y en los apellidos.

He seguido las trayectorias profesionales de las maestras con los boletines de educación, con la prensa histórica y con los fondos de los archivos de algunos ayuntamientos y escuelas normales. Y me han resultado muy útiles algunas páginas de genealogías familiares.

Espero que este trabajo abra el camino a otras provincias. Si algún día tuviéramos las listas de toda España, nos quedaríamos sorprendidos de la presencia y visibilidad que gozaron las maestras españolas en 1933.

También espero que alguien convierta estas semblanzas en las verdaderas biografías que todas ellas están reclamando.

Carmen Romeo Pemán

María Domínguez-1

1932. María Domínguez, alcaldesa de Gallur, almorzando en su casa. Foto de la revista Crónica.

ADENDA

LISTA DE ALCALDESAS Y CONCEJALAS EN ZARAGOZA

Las 18 alcaldesas de 1933

Antorán Martínez, Elvira. Villanueva de Huerva

Bilbao Nieto, Clementina. Lituénigo

Blasco Pardillas, María. Torrellas.

Bosque Barberán, Antonia. Ardisa

Cereza Puyol, Victoria. Gelsa

Conde Álvarez, Delia Juana. Clares de Ribota

Cortadé Romeo, Concepción. Alpartir

Elizondo Inda, Felipa. Tierg.

Frías Gil, Laurentina. Alforque

García Pérez, Estrella. El Frasno

Gil Martínez, María. Tiermas

Hernández García, Julia. Rueda de Jalón

Latre Cañada, Cecilia. Bureta

Laguía Bernal, Francisca de Paula. Novillas

Muñoz Foved, Adelina. Lobera de Onsella.

Pemán Cardesa, Isabel Conrada. Magallón

Rodríguez Suils, Emilia. Almochuel

Sebastián Cebrián, Jerónima Agustina. Balconchán

Las 34 concejalas de 1933

Adell Roig, María. Botorrita

Bartolomé Marín, Carmen. Zuera

Campé Marín, Manuela. Pleitas

Casaus Bernad, Salomé. Lechón

Castanera Plasencia, Patrocinio. Chodes.

Cebollada Bespín, Asunción. Orera de Calatayud

Cebollada Cartagena, Luisa. Torrehermosa

Días López, Carmen. Los Fayos

Fernández Quintano, María Alejandra Concpeción. Acered

Fuentes Abadía, Francisca. Villafoz

Galindo Monterde, María Josefa. Asín

García Martínez, Bienvenida. Jaraba

García Martínez, María de las Nieves. Calmarza

García Pardo, Casimira. Pozuelo de Aragón

Gomollón Estaje, Rafaela. Monterde

González Bravo, María Pilar. María de Huerva

Grijalba Delgado, Leonor. La Puebla de Alfindén

Hoyo Fernández, Patrocinio del. Olvés

Lafuente Pardos, María. Carenas

Martí Gascón, Pilar. Embid de la Ribera

Martínez Blasco, María del Carmen. Anento

Mendoza Chandía, Natividad. Abanto

Nuez Torres, María. Agón

Pérez Jiménez, Avelina. Bijuesca

Pérez Verdú, Purificación. Nombrevilla

Posat Pérez, Josefa. Fuencalderas

Ramos Rodrigálvarez,Petra. Zuera

Royo Gil, Petra. Fuendetodos

Ruiz García, Consuelo. Pinseque

Salcedo Ramón, María. Las Pedrosas

Sanz Cabanez, Demetria. Bardallur

Serrano Plou, María. Castejón de Alarba

Soler Caballero, Teresa. Viver de la Sierra

Zabal Pérez, Mónica. Urriés

La mejor elección

A veces, en la vida, llegamos a encrucijadas en las que hay que elegir. Y se me ocurrió imaginar un poema sobre una posible decisión que podría ser, o no…

La mejor elección

Mejor llenarme el alma con ese aire de vida

que consigue que las ramas de un árbol

susurren mil historias,

a dejar que mi boca se llene

de tierra de sepulcro que me asfixie.

 

Mejor buscar el verde de las hojas,

a dejar que me ahoguen los recuerdos

que, aunque son mis raíces,

ya están en el pasado,

y el pasado está muerto.

 

Mejor buscar valor en el futuro

y aprovechar mi vida,

que empeñarme en buscar en el ayer

a un fantasma que surge de la rabia

y del dolor de una ilusión perdida.

 

Pues tú abriste la puerta de esta historia

y dejaste que entraran en mi alma

primero, la esperanza,

y luego, la añoranza y la tristeza,

sin importarte mucho que me hirieran.

 

Y por eso te digo, aunque me duela,

que la historia y la puerta

hoy las cerraré yo.

Y lo mejor será que, desde ahora,

nos digamos adiós.

 

Adela Castañón

 

Imagen: Pixabay

Jacinta del Esquilador

De las fragolinas de mis ayeres

Por las tardes Ramón trababa las caballerías en la arboleda de la fuente y se sentaba en la orilla del Arba hasta que oía las risas de Jacinta. La veía cómo escondía el cántaro entre los juncos y se acercaba hasta él dando saltos. Entonces se acariciaban hasta el anochecer. Cuando asomaba Venus, el lucero de la tarde lo llamaban ellos, Jacinta se arreglaba los pelos y llenaba el cántaro. Ramón se remetía la camisa, soltaba las patas de los animales y los abrevaba en el río. Después emprendían la subida al pueblo entre miradas furtivas y algún beso de escapadizo que Ramón le robaba. Se gustaban desde niños y no recordaban cuándo habían comenzado sus escarceos. Jacinta echaba cuentas: “Si ahora tengo veinte años, seguro que llevamos más de cinco”.

—¿Se puede saber qué te pasa hoy? —Preguntó Jacinta. Ramón miró al suelo y no le contestó.

—Pues, chico, te noto muy raro. —Siguió unos pasos en silencio—. Mira, hoy no me has hecho ni una caricia. Ni siquiera me has cogido de la mano.

—Anda, déjalo —le contestó sin levantar la mirada.

—¿Cómo quieres que lo deje? —Con voz entrecortada

Intentó besarlo en la mejilla, pero él apartó la cara. Y, al cabo de un rato, le contestó:

—Te he dicho que lo dejes. —Tiró del ronzal de la yegua que andaba rezagada—. Y no le des vueltas, por favor. Será que me ha atontado el aire de la tormenta que asoma por San Jorge. Que las tronadas de agosto son las peores.

—Mira, Ramón, no solo no lo voy a dejar, sino que quiero que me expliques algunas cosas que va contando la gente.

—¿Qué dices ahora? No entiendo nada. De verdad.

—¡Eres un cínico! Eso es lo que eres. Y además un mentiroso.

—Jacinta, por favor.

—Ni por favor, ni por nada. Vas a desembuchar todo ahora mismo. Ya sé que me la has pegado con otras, pero esta vez te estás pasando de la raya.

Ramón bajó aún más la cabeza. Jacinta dio un traspié, se le cayó el cántaro y se remojó entera.

—Bueno, pues con esta mojadura me tengo que ir corriendo no vaya a pillar una pulmonía. —Lo cogió por el brazo para darle un beso, pero él la apartó con un movimiento brusco.

Esa noche Jacinta no pegó ojo. Soñaba que lo tenía entre sus brazos, que se reían, que hablaban del futuro, que se casarían y tendrían hijos. Sabía que Ramón había tenido algún desliz con otras chicas. Eso no le importaba, estaba muy segura de que a ninguna le daba los besos como a ella. Que con ninguna le temblaban las entrañas. Pero esa tarde lo había notado arisco, como si se hubiera tragado un solimán.

Los días siguientes Ramón ya no volvió a abrevar las caballerías y Jacinta subía de la fuente por un atajo, así se alejaba las habladurías de las mozas y no tenía que dar explicaciones.

Antes de la sanmiguelada, el primer domingo de septiembre, los que fueron a la misa mayor oyeron las amonestaciones. Cuando el cura dejo de hablar se hizo un silencio general. La gente se acababa de enterar de que Ramón se casaba con la hija de Rocaforte, el cacique más poderoso de la redolada. Y todo había sucedido de la noche a la mañana.

Pero Jacinta no se enteró, que ese día había ido a la misa a las seis de la mañana. Así le dio tiempo a soltar el rebaño. Además, desde última vez que estuvo con Ramón, no quería encontrarse con nadie.

Por la tarde, cuando volvía al pueblo, una vecina que estaba mirando al río, se volvió y se hizo se hizo la encontradiza.

—Seguro que eres la única del pueblo que no se ha enterado —le dijo a bocajarro.

—Mala pécora, no me vengas a revolver las tripas.

Jacinta intentó deshacerse de ella y se arrimó a la pared, pero la vecina se le cruzó delante.

—Es que lo tienes que saber, Jacinta. No se habla de otra cosa en el pueblo.

—Pues no me interesan las habladurías de las chismosas como tú.

—Pero esto es una campanada muy gorda. Esta mañana han amonestado a Ramón.

Jacinta la miró con un rictus severo y aceleró el paso. Entonces la vecina la siguió y, levantando la voz cada vez más, le decía:

—Mira, es que estabas muy ciega. Tú dale que te pego con mi Ramón. Y se notaba mucho que él buscaba algo más. Has de saber que tú no eres de casa rica ni tienes las carnes prietas.

—¡Alcahuetaaaaa! —Jacinta se metió en su casa, dio un portazo y echó la tranca.

—Pues entérate de una vez. No es lo mismo ser Jacinta del Esquilador que la heredera de casa Rocaforte —gritó la vecina. Y el eco se fue metiendo en todas las cocinas.

A la mañana siguiente Jacinta del Esquilador se levantó temprano y, en lugar de coger el camino del corral de Vadarrey, donde encerraba las cabras, se fue andando por los ruejos del río. Y emprendió el camino Arba arriba.

Las noches serenas de agosto, cuando se esconde el lucero de la tarde, llega el eco de un canto hasta el Terrao. Dicen que baja por el Arba desde la fuente de Vallangosta, mientras Ramón abreva a las mulas.

Carmen Romeo Pemán

Historias encadenadas

Bárbara Gil, mi profesora del curso de Relato Breve en la Escuela de Escritores, me propuso el reto de enlazar tres microrrelatos que entregué en uno de los ejercicios. Acepté su propuesta y escribí este relato breve en el que mezclé esas tres historias con alguna cosa más. Y el resultado han sido mis Historias Encadenadas: 

No sabes con quién has dormido esta noche. He vivido a tu lado treinta años, pero solo he estado viva el último mes. Desde el día que entró el otoño. Desde el último día de vacaciones. Desde que partió tu tren y descubrí que me habías engañado. Desde que lloré por última vez.

Y desde que conocí al hombre de mi vida, aunque todavía no sé su nombre.

Mañana te despertarás al lado de este cuerpo que tanto te gusta, con su piel cuidada y su pelo teñido. Y entonces descubrirás que el alma que vivía encerrada en su interior, llena de costurones mal cicatrizados, ha alzado el vuelo y, esta vez, es para siempre. Porque hoy es el primer día del resto de mi vida y me marcharé de casa al anochecer.

***

Me marcho de casa al anochecer. Porque, por fin, he reunido el valor suficiente para seguir al hombre de mi historia. Camino detrás de él, a una distancia prudente, hasta la boca de metro. Dejo que se interpongan más viajeros trasnochadores para que no me descubra.

Cuando voy a acceder al andén, el torniquete de paso se bloquea.

Él sube al tren, las puertas se cierran, y veo cómo se aleja mi historia dentro del vagón.

***

Dentro del vagón del siguiente tren, mi cuerpo se desplaza persiguiendo mi sueño, pero la distancia entre nosotros no se acorta. Sin moverme del asiento, mi mente se pone en marcha y mis dedos emprenden una ruta de kilómetros de tinta mientras escribo esta historia en un cuadernillo ajado que siempre llevo encima.

***

En el cuadernillo ajado que siempre llevo encima dejo salir mi pena. Al vagón sube una mujer de pelo verde y, en la parada siguiente, una niña de la mano de un hombre. La niña mira el pelo, sonríe y le hace una pregunta a la mujer:

–¿Por qué tienes el pelo de color verde?

La mujer solo lo piensa dos segundos antes de responder:

–Porque soy medio elfa.

Y yo, que he dejado de lado mi dolor, empiezo una hoja nueva del cuadernillo. Allí, sobre el papel, la mujer del pelo verde se sentará frente a un ordenador y empezará a escribir una historia maravillosa sobre una tal Zoila, una chica medio humana y medio elfa.

***

El metro llega a final de trayecto. Cierro el cuadernillo y me bajo. Ahora mi dolor y mis historias pertenecerán a otro día y a otro vagón.

***

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A veces salen historias sorprendentes cuando se mezcla la realidad con la ficción. Mi relato de hoy es ficticio salvo en un pequeño detalle: la mujer de pelo verde existe. Se llama Chiki Fabregat, es profesora de la Escuela de Escritores y ha escrito una trilogía preciosa cuya protagonista es Zoila, una muchacha medio humana y medio elfa. Os la recomiendo. 

Adela Castañón

 

Imagen de Manuel Alvarez en Pixabay

Todo sea por el amor

La noche que Diandra conoció a Ismael vio en sus labios carnosos y piel canela la personificación del amor. El amor medía uno con ochenta, tenía el cabello lacio y la barba tupida. Olía a colonia de Hugo Boss y se escuchaba como Vicente Fernández.

Como todos los viernes en la noche, Diandra se sentó en la barra del bar que frecuentaba desde hacía tres meses. Le pidió al barman un shot de tequila con limón y, como acostumbraba, observó con detenimiento a todas las almas que ocupaban el recinto. Esa noche había secretarias con sus jefes acariciándose bajo las mesas, compañeros que calmaban el estrés de una larga jornada de trabajo con jarras de cerveza. Amigos, novios, esposos, parejas que podían compartir sus miserias. Y ella. La única mujer solitaria en el bar, tomando tequila y preguntándose dónde estaría su media naranja, el príncipe azul del que hablaban los cuentos de hadas de su infancia. Mientras se tomaba el segundo shot de un solo trago, sintió que algo le rozaba la punta de los dedos. La respuesta a su pregunta estaba frente a ella, vestía una camisa blanca y pantalón de paño gris.

—Hola. Me gustaría invitarte a la próxima ronda. ¿Puedo? —dijo Ismael y se sentó en la silla que estaba desocupada junto a ella.

Diandra se quedó en silencio por unos instantes en un intento de procesar lo que estaba sucediendo. El amor quería pagarle el siguiente trago. ¿Podría ser verdad? Tantos años de espera y, ahora, por fin, estaba ahí, a unos cuantos centímetros y la miraba con deseo. Aunque Diandra no encontraba las palabras, asintió con una sonrisa y, en ese momento, Ismael le pidió al barman que sirviera los tragos.

Con los shots servidos sobre la barra intercambiaron algunas palabras. Cuando estuvo muy cerca de Ismael y pudo sentir la calidez que cubría toda su fisionomía, entonces supo que haría todo, todo lo que fuera necesario para tenerlo. “Así son las cosas del amor”, pensó, “entregarse por completo”. Si tenía que darle su vida entera servida con aderezo de almendras lo haría sin titubeos, dejaría que saboreara cada pedazo de su existencia, cada parte de su cuerpo. Para Diandra, entregarse por completo no sería un precio tan alto si así podía disfrutar de la compañía de Ismael y dejar de estar sola.

Desde aquella noche de septiembre se reunieron todos los fines de semana en el bar. Ocupaban las mismas sillas de la barra y se tomaban varias rondas de tequila. Los besos iban y venían, las caricias, las palabras susurradas al oído, el sexo. La mejor parte de todo fue cuando llegó el sexo, cuando pudo sentir la lengua de Ismael tocándole algo más que la boca.

Después de un mes de te amos y no puedo vivir sin ti, Ismael se fue a vivir con Diandra. ¡Qué días tan maravillosos! Cocinaban juntos, comían desnudos en la cama mientras veían películas de las novelas de Nicholas Sparks, se daban largos besos de despedida en la puerta. Diandra dormía con la camisa de Ismael y respiraba su aroma hasta quedarse dormida. Se esmeraba todos los días en ser la mujer perfecta, en tener el hogar ideal para vivir eternamente con el hombre ideal. La magia del amor inundaba cada rincón del nido que había construido con su príncipe.

—Diandra, necesito pedirte algo importante —dijo Ismael mientras jugaba con las manos de su amada.

—Puedes pedirme lo que sea, Ismael, sabes que haría cualquier cosa por ti.

—Diandra, sabes que te amo como eres, ¿verdad?

—Por supuesto. Lo sé, amor. Dime qué pasa —preguntó Diandra mientras le acariciaba la barba.

—Hermosa, es que —Ismael hizo una pausa, inhaló profundamente, se armó de valor y continuó—: Es que no soporto ver el dedo pequeño de tu pie, ¡es horrible! Es la parte más horrible de tu cuerpo, siento nauseas cuando lo veo. Si te lo quitaras serías aún más perfecta.

Diandra se quedó mirándolo perpleja. Era una petición bastante peculiar, pero podía hacerlo. Podía entregarle cada parte de su cuerpo si era necesario para hacerlo feliz. El amor requiere sacrificios y mutilarse no sería un problema.

—Claro, Ismael. Eres mi vida. Si no te gusta mi dedo, mañana mismo buscaré un cirujano.

Ismael sonrió complacido.

La mañana siguiente, Diandra se puso en la tarea de buscar el cirujano que le amputaría el dedo del pie. No sería una tarea fácil, no había muchos cirujanos en Medellín que estuvieran dispuestos a mutilar partes del cuerpo por simple capricho, pero por dinero siempre había alguien dispuesto a hacer cualquier cosa, lo que fuera, y ella encontraría a esa persona. Y así fue, después de varias citas con especialistas, que le insinuaban que acudiera a terapia, encontró al cirujano que le cumpliría el sueño de ser perfecta para Ismael. Aunque tuvo que usar sandalias para poder caminar y sentía un dolor intenso que serpenteaba por su pierna adormecida, el esfuerzo valió la pena, había cumplido los deseos de su hombre.

Ismael la esperaba en la puerta mientras ella se acercaba renqueante con una sonrisa que le atravesaba el rostro. La cadencia de su cojera hizo que Ismael se lanzará a los brazos de Diandra a toda prisa. La sujetó con fuerza y luego se arrodilló para besar el vendaje ensangrentado. Estaba pletórico porque su amada había cumplido con sus demandas, pero al ver que solo se había cortado el dedo de un pie sintió una desilusión que lo dejó helado.

—Y, ¿el otro? ¿Por qué no te cortaste también el otro? —Preguntó Ismael con la voz crispada.

Diandra sintió un vacío en la boca del estómago. ¿Cómo había sido tan estúpida? Era obvio que tenía que cortarse los dos.

—¡Mañana! —dijo de repente, sin pensar en la procedencia de sus justificaciones—. El cirujano dijo que mañana, porque no podía cortarme los dos dedos el mismo día.

—Bueno —dijo Ismael aliviado y se puso la mano en el pecho. Recuperó el ritmo de la respiración y añadió—: Por un momento pensé que solo te habías cortado el del pie derecho.

Ismael se levantó y la abrazó de nuevo. Caminaron de la mano hasta la habitación y se recostaron en la cama. Se quedaron mirándose por horas, diciendo cuánto se amaban.

Al día siguiente, ella se cortó el dedo pequeño del pie izquierdo.

Pasaron los días y Diandra pudo quitarse las vendas. No estaba tan mal, en realidad esos dedos no cumplían ninguna función en sus pies y si hacía feliz a su hombre que no existieran ¿qué más podía pedir? Felices por siempre a cambio de unos dedos no era gran cosa.

—Diandra

—Dime, Ismael.

—¿Harías otra cosa por mí?

—Claro mi vida, lo que quieras, sabes que haría lo que fuera por ti, por verte feliz —contestó Diandra y se aferró al cuerpo sudoroso de Ismael.

—Es que… Es que cuando dormimos en cucharita, y tú eres la que me abraza, me estorba mucho tu brazo derecho. Sabes cuánto me gusta dormir así. ¿Podrías hablar con el cirujano para que te lo quite también? —Ismael se incorporó en la cama para expresar con mayor elocuencia lo maravillosa de su idea—. Podrías ponerte una prótesis para los quehaceres y en la noche te la quitarías y dormiríamos más cómodos, estaríamos más cerca y, además, serías aún más perfecta.

Diandra se quedó mirándolo por un instante y luego asintió varias veces con la cabeza. Lo abrazó con las lágrimas empapándole el cuello y le susurró al oído:

—Puedo darte un brazo, una pierna, la cabeza si eso te hace feliz. Pídeme lo que quieras.

Diandra no tuvo ningún reparo en las peticiones de Ismael. Estaba dispuesta a hacer cualquier cosa por él, para que siempre estuviera a su lado, porque para ella eso era el amor, hacer todo por el ser amado y eso incluía quitarse cualquier parte inservible de su cuerpo.

Después de un año, cuando Diandra había mutilado más partes de su cuerpo y no quedaba mucho para cercenar, Ismael se fue de viaje y no regresó.

Mónica Solano

 

Imagen de Free-Photos

Escuelas dedicadas a maestras

 

#nuestrasmaestras

A Gloria Álvarez Roche, Cristina Baselga Mantecón, Concha Gaudó Gaudó e Inocencia Torres Matínez. Mucho más que amigas. A ellas les debo parte de este y de otros trabajos.

Entrega Premios.1

El caso de Zaragoza

En el siglo XIX y principios del XX las escuelas recibían el nombre de la calle que las acogía. Así la escuela de la calle de las Armas, angular con la calle de la Golondrina, se llamó Escuela de las Armas, y también de la Golondrina, y a sus alumnas las golondrinas. Y lo mismo ocurría con la del Buen Pastor, en la calle del mismo nombre, y con la del Castillo, en un espacio que había pertenecido al Castillo de Palomar.

En Zaragoza, esta costumbre empezó a cambiar con el nacimiento de los grupos escolares de enseñanza graduada y la desaparición de las escuelas unitarias.

En 1914 el Ayuntamiento condecoró a Eulogia Lafuente, a Rosa Arjó y a Marcelino Lopez Ornat, y acordó poner sus nombres a tres grupos escolares de la ciudad. En 1919, a propuesta del concejal señor Faci, eligieron el nombre de dos maestras, Andresa Recarte y María Díaz, para dos escuelas.

A lo largo de un siglo se han ido bautizando los grupos escolares de la ciudad, pero solo siete han llevado el nombre de una maestra. A las anteriores les siguieron Ana Mayayo en 1969, Gloria Arenillas en 1981 y Patrocinio Ojuel en 2019.

En la mayoría de los centros optaron por nombres de maestros, como Cándido Domingo o Joaquín Soler, o por nombres de hombres célebres como Gascón y Marín, Joaquín Costa o Miguel de Cervantes.

A continuación expongo las semblanzas de las siete maestras que merecieron las placas en las puertas de las escuelas. La historia de estas mujeres, destacadas en su tiempo, se ha ido diluyendo con los años y, por eso, hoy nos cuesta recuperar las trayectorias de sus vidas y la memoria de sus trabajos.

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Gloria Arenillas Galán (Zaragoza, 18 de noviembre de 1910-Zaragoza, 25 de febrero de 2005).

Gloria Arenillas.

El periódico La Voz de Aragón se hacía eco del triunfo obtenido por la asilada señorita Arenillas en los Cursillos de Magisterio de 1932. El presidente daba cuenta de su  éxito en las oposiciones, fue el número uno, y proponía que se le concediera el derecho a ocupar la primera vacante que se produjera en el Hospicio, cuando se renovara la enseñanza en el centro. (La Voz de Aragón, 18/12/1932).

En 1948 estaba destinada en la escuela de San Juan de Mozarrifar, cuando se adscribió al barrio del Cascajo. Posteriormente fue directora del Colegio Cándido Domingo, en el Arrabal, hasta que se jubiló.

En 1974 el Ministerio le concedió el ingreso en la orden de Alfonso X, en atención a los servicios de mérito extraordinario prestados como maestra nacional.

Colegio Gloria Arenillas

Gloria Arenillas en la Antigua Azucarera.

El actual Colegio Gloria Arenillas se construyó a finales de los años 70 en los terrenos de la Azucarera del Gállego, en el Arrabal. Al principio se llamó Colegio Nacional Mixto Urbanización Ríos de Aragón. En 1981, según Ángel López Folgar, que fue director del centro. se le puso el nombre de Gloria Arenillas, en recuerdo de la que fue directora del colegio Cándido Domingo, el otro grupo escolar del barrio. (Cfr. BOE, 7/10/1981)

Placa. Foto buena

Foto realizada en septiembre de 2019. Propiedad de Esther Carbó Carbonel, profesora del colegio Gloria Arenillas.

En 1919 las viejas escuelas del Arrabal, convertidas en un grupo escolar graduado, recibieron el nombre de Cándido Domingo, un célebre maestro.

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Rosa Arjó Pérez (Huesca, 1876-Zaragoza, 1918)

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Doña Eulogia Lafuente nos habla de las satisfacciones que le ha dado la enseñanza. El día 6 de abril de 1914 le impusieron la Medalla de la Ciudad. En aquel acto le impusieron la Cruz de la Beneficencia a una discípula suya llamada Rosa Arjó, malograda en plena juventud, por su comportamiento heroico con unas niñas atacadas de tifus, entre las que se encontraba una hermana del actual jefe de la Guardia Municipal, señor Lloré. (Cfr. A. Ruiz Castillo, “Figuras zaragozanas. Entrevista a Eulogia Lafuente”. La Voz de Aragón, 03/09/1930)

Rosa Arjó Pérez era hija de Esteban Arjó Fraguas, un militar nacido en 1846, y de Amalia Pérez Mayo, nacida en 1852. Su hermano Esteban cursó el bachillerato en el Instituto Ramón y Cajal de Huesca, estudió Medicina en Zaragoza y fue médico titular de Alcampel, (Huesca). En 1934. Amalia Pérez, su madre de 82 años, María Arjó, una hermana de 56 años y profesión sus labores; y María Josefa, otra hermana, maestra nacional de 53 años, vivían en Zaragoza, en la calle Sobrarbe, 59.

Rosa estudió Magisterio en Zaragoza y comenzó a trabajar como auxiliar con Patrocinio Ojuel, la parvulista que introdujo el método Montessori en Zaragoza. En 1906, con la carrera recién acabada, la destinaron a Almazán (Soria), en 1907 aprobó las oposiciones y en 1908 llegó a la escuela El Castillo en el barrio de las Delicias, donde era directora cuando murió a los 32 años, víctima de la gripe.

En 1914 se casó con Julio Gargallo un contratista de obras de San Sebastián, que, en 1913, junto con Arturo Nicolás, llevó a cabo la construcción del edificio de la Caja de Ahorros de la calle San Jorge. El proyecto era de los arquitectos Ramón Cortázar y Luis Elizalde, también de San Sebastián. Julio Gargallo, además, era copropietario y consejero La Voz de Guipúzcoa, un periódico que vivió desde 1885 hasta 1928.

En 1915 nació su hija Ignacia. Y la niña aún no había cumplido tres años cuando murió su madre. Ignacia Gargallo Arjó se casó con Mateo Lacarte Álvarez, de una conocida familia de industriales zaragozanos. En 1933 Julio Gargallo residía accidentalmente en Zaragoza en casa de su hija.

Don Julio Gargallo está enfermo en casa de sus hijos los señores Lacarte Gargallo. (Cfr. La Voz de Aragón, 04/01/1933)

Rosa Arjó y las colonias escolares de verano

Desde 1912 tenemos noticias de su participación en las colonias escolares de verano. Ese año estuvo de directora de las de Biescas, y con ella fue de auxiliar su hermana Pilar Arjó, (Cfr. Gaceta de instrucción pública y bellas artes, 28/8/1912).

En 1913 fue a las de Segura de Baños (Teruel) con 30 niñas. A los pocos días de llegar se declaró una epidemia de tifus. Se evacuaron las niñas no afectadas, pero Rosa se quedó en Segura con las enfermas. Durante todo el tiempo que estuvieron allí las cuidaba y todos los días mandaba una crónica al Heraldo de Aragón para mantener informados a sus padres.

En 1914 el Ayuntamiento de Zaragoza, en el mismo acto que otorgó la medalla de oro de la ciudad a Marcelino López Ornat y a Eulogia Lafuente Querejeta, le impuso a Rosa Arjó Pérez las insignias de la Cruz de Beneficencia por su comportamiento en Segura de Baños. Ese mismo año, el ministro Francisco Bergamín, que había asistido al acto de Zaragoza, les concedió a los tres la Cruz de Alfonso XII.

El Colegio Rosa Arjó

Colegio Rosa Arjó

En 1914 el Ayuntamiento puso el nombre de Rosa Arjó a la escuela del Castillo, donde ella estaba destinada.

Durante la II República se construyó una nueva escuela nacional mixta, llamada Pablo Iglesias, al final de la calle de San Antonio. Esta escuela, junto con la de Andrés Manjón, venía a sustituir a las antiguas escuelas del Castillo.

Al comenzar la Guerra Civil. se quitó el nombre de Pablo Iglesias y se recuperó el nombre de Rosa Arjó para el nuevo edificio.

El año 2000 se cerró el colegio por falta de alumnos, pero el edificio se siguió llamando Rosa Arjó.

Allí están ahora el Consejo Escolar de Aragón (CEA), el Centro Aragonés de Recursos para la educación inclusiva (CAREI) y la Prevención de Riesgos Laborales, Junta de Personal y Confederación San Jorge (FAPAR).

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María Díaz Lizardi (1856-¿?)

María, hija de Rafael Díaz y Narcisa Lizardi, era la mediana de seis hermanos. Pero, hasta ahora, he encontrado pocos datos sobre sus orígenes y su formación inicial.

María Díaz Lizardi. FOTO.1

Los comienzos profesionales

En 1890 estaba destinada de maestra en Zaragoza, con título superior, sueldo 2.000 pesetas, 8 años, 7 meses y 18 días de servicios, cuatro oposiciones. En 1891 iba la sexta en una lista de maestras propuestas para cubrir una vacante en una escuela de niñas de Madrid. Después estuvo destinada en Teruel, en Barcelona y en Tarragona, como maestra de la Escuela Normal.

1905-1926: veintiún años en la Escuela Normal de Zaragoza

En 1905 volvió a Zaragoza como Maestra de la Sección de Ciencias de la Escuela Normal de Maestras, donde ejerció veinte años, hasta que se jubiló en 1926.

Había asentado su vivienda en la plaza de Lanuza 20, cercana a la escuela del Buen Pastor, que lleva su nombre. Después de su jubilación mantuvo gran actividad en la Acción Católica de la Mujer de Zaragoza, donde figuraba como presidenta de la Sección de Magisterio.

Un incidente en 1908

No se sabe por qué motivo, en 1908 fue agredida por unas alumnas de la Escuela Normal. Y así se contaba en la Gaceta de Instrucción Pública:

SOBRE LA NORMAL DE ZARAGOZA Tenemos gusto en notificar a La Educación, nuestro estimado colega zaragozano, algún detalle de lo que ocurrió en la Normal de Maestras de Zaragoza en el mes de junio pasado. Doña María Guadalupe del Llano y Doña María Díaz Lizardi fueron dos profesoras agredidas. La primera en la calle al dirigirse a la Normal. La segunda dentro de la Escuela. Las citadas profesoras pueden informar a La educación, nuestro colega zaragozano, en lo relativo al nombre y número de las alumnas ofensoras. (Cfr. Gaceta de instrucción pública y bellas artes, 25/9/1908, p. 4).

Guadalupe del Llano Armengol, una profesora de la Escuela Normal de Maestras que, desde 1928 hasta 1931, fue directora de la Normal y jefe de la escuela de prácticas.

La Escuela María Díaz Lizardi

En 1919 se puso su nombre a la escuela de niñas de la calle el Buen Pastor. En una placa con su efigie aún podemos leer:

Homenaje de gratitud a la excelsa maestra que con gran abnegación guió a centenares de niñas hacia el bien y la instrucción. Sus discípulas perpetúan el nombre de quien les iluminó el corazón y la inteligencia con sus sabias enseñanzas y ejemplares virtudes. Zaragoza 21 de octubre de 1919. DOÑA MARÍA DIAZ LIZARDI

En 1929, se modificó el sexto grupo de la escuela nacional  María Díaz Lizardi. Hasta entonces tenía con cinco grupos grados. Y un sexto en régimen unitario.  Ese año pasó también al régimen graduado. (Cfr. La Voz de Aragón, 10 Marzo 1929)

En 1987 desaparecieron el colegio y el nombre. Hoy el edificio alberga el Centro de Formación de Profesores Juan de Lanuza.

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Eulogia Lafuente y Querejeta (Roncal, Navarra, 1863-Zaragoza, 1932)

1930. Eulogia Lafuente. 1

Figuras zaragozanas. Doña Eulogia Lafuente, la mujer que estuvo 47 años al servicio de la enseñanza.

—¿Dónde ha ejercido los 47 años de profesión?

—En Zaragoza, todos en Zaragoza. He sido directora del Colegio de la calle de las Armas y del grupo escolar Gascón y Marín. ¡La de niñas que han pasado ante mí! ¡La de mujeres a quienes he enseñado de niñas! ¡Qué satisfacción tan intensa me proporciona pensar en esto! En mis primeros años de maestra solo existían en Zaragoza cinco o seis escuelas unitarias de niñas y teníamos una matrícula que no descendía de 130 y 140 alumnas. Y en estas condiciones, poco se podía hacer. (Cfr. A. Ruiz Castillo, “Figuras zaragozanas. Entrevista a Eulogia Lafuente con motivo de su jubilación”. La Voz de Aragón, 03/09/1930. De esta entrevista voy desgranando más cita en las líneas de este artículo).

Eulogia Lafuente se casó con Pedro Gómez Cuartero (Tabuenca, Zaragoza, 1857-Zaragoza, 1943), también maestro condecorado con la Medalla de Oro de la ciudad. Era hijo de una familia de agricultores y tiene dedicada una calle en su pueblo natal.

Pedro y Eulogia establecieron su domicilio en la calle San Miguel 52 y fueron padres de tres hijos: Eulogia y Pedro, profesores de la Escuela Normal de Zaragoza, y Mariano, médico. Y abuelos de cuatro nietos.

El día 6 de abril de 1914 Eulogia recibió la Medalla de Oro de la ciudad por ser maestra ejemplar y, ese mismo año, la de Alfonso XII:

Aquel acto fue brillantísimo y emocionante. También impusieron la misma distinción a aquel maestro de maestros que se llamó Marcelino López Ornat. Y la cruz de la Beneficencia a Rosa Arjó.

En abril de 1919, La escuela moderna publicaba el siguiente artículo:

Doña Eulogia Lafuente Querejeta ocupa la dirección de la graduada “Las Armas”, con título de Maestra  Superior. Ingresó por oposición. Posee muchos votos de gracias y comunicaciones laudatorias; está propuesta por la Junta Provincial para una recompensa especial por sus brillantes servicios docentes. Ha obtenido Medalla y Diploma de primera clase en Exposiciones, y la Medalla de Oro de la ciudad de Zaragoza en recompensa a su excelente labor profesional. Tomó parte como vocal en oposiciones y coadyuvó en exposiciones, conferencias, fiestas escolares.

Se jubiló en 1930, a los 67 años, sin cumplir la edad reglamentaria, por motivos de salud. En ese momento era la directora del Gascón y Marín.

He cumplido 67 años y la gente dice: doña Eulogia, se conserva muy bien. Y es que muchos de los que me conocen creen que tengo bastantes más años. ¡Qué se le va a hacer!

Doña Eulogia. Por Juan Moneva

Juan Moneva y Puyol (1871-1951), catedrático de Derecho de la Universidad de Zaragoza, fue un escritor de prestigio. Si tenemos en cuenta que don Juan no se prodigaba en este tipo de alabanzas, debió ver grandes virtudes en doña Eulogia. Por razones de espacio, solo reproduzco algunos fragmentos y he omitido el signo convencional (…) de corte, para facilitar la lectura. En ningún caso los fragmentos quedan descontextualizados.

Mi primera memoria de maestras y maestros de la escuela pública de Zaragoza son doña Estefanía Castaños, aragonesa, notabilidad en su tiempo, pensionada por la Diputación. Don Epi- y doña Boni-, él –fanio y ella –facia, abnegada conyugia, que consumió su vida en educar párvulos. Doña Eugenia Azcoaga y Tellería, baska, creo que bergaresa, de faz sin pizca de hermosura, pero que se le iluminaba frecuentemente con una sonrisa de santidad y de una voz dulce, como acaso no he oído otra. La infeliz Paca Carnicer, si es infeliz quien muere joven, aunque muera piadosamente.

Doña Eulogia, si no de mis años, pues tenía algunos más que yo, era contemporánea mía. Del Roncal, su patria, en donde había usado el traje bello y rico, de las mujeres de allá, y el peinado de trenzas largas atadas al final con cintas de colores. Vino muy pronto a Zaragoza, maestra por oposición de una escuela pública. La señalaban como sobresaliente en su carrera. Desde las primeras veces que hablé con ella, noté que tenían razón.

No recuerdo dónde fue su primera escuela, ni cuándo se casó, sí cuándo tuvo cada crío, que hoy una es docente de Magisterio y otros dos son doctores. Ni me interesan esos datos del registro parroquial o civil. Voy a hablar aquí de cómo era, de cuerpo y alma. Pero, sobre todo, de aquello suyo que no perece, porque es inmortal.

Era alta, lo más que sirve para realzar la gallardía de una figura robusta en proporción. Erguida, de faz en óvalo prolongado, grandes ojos serenos, buen color, andar tranquilo, el decir como el andar, y una seguridad en los conceptos muy conforme a su andar y a su decir.

No era una purista del decir. Sabía hablar gratamente, correctamente, sin poner aristas vivas en las palabras esdrújulas, sin propender a los polisílabos eruditos, sin sacar el armario reservado de la Gramática los exotismos de algunos verbos irregulares. Y precisamente aquella señora era una especialista en Gramática.

Yo la traté mucho y en intimidad. Nunca la noté asustada por una osadía de concepto, ni deslumbrada por una frase brillante. Contestaba siempre tranquila, siempre a tono, cuando no con razones teóricas con atestados de experiencia.

Presencié su jubilación De aquella sesión recuerdo el discurso, todo emoción y afecto bondadoso de la inspectora Leonor Serrano.

Supe tiempo después, como el cuerpo de mi compañera y amiga era trabajado por una enfermedad horrible. (Cfr. La Voz de Aragón, 1932)

El Colegio Gómez Lafuente

En 1858, en la esquina con la antigua calle de la Golondrina se abrió la primera escuela de niñas del barrio, llamada de la Golondrina, dirigida por Antonina Vicente. Posteriormente la dirigió Eulogia Lafuente Querejeta (1863-1932), una eminente maestra que, junto a su marido Pedro Gómez Cuartero (1857-1943), dan nombre a la escuela desde 1933. Hablamos del centro de educación de personas adultas Gómez-Lafuente.

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Ana Mayayo Salvo, “Doña Anita” (Buenos Aires, 1880-Zaragoza, 1968)

Ana Mayayo

Era hija de Andrés Mayayo (Layana, 1835-1905) y Ana Salvo Aguerri (Sádaba, 1845-1914), que emigraron a .Argentina como muchos de las Cinco Villas. Se casó con Pablo Punsac Causi (1878-1933), un comerciante, delegado de La Ibérica, una firma de seguros de incendios, que en 1910 ya estaba instalado en Zaragoza, en la calle San Carlos.

Ana y Pablo vivieron en la calle Cinco de Marzo, 4, y tuvieron dos hijos: María Teresa (1915-1998) y Jesús (¿?-1975). Su hija Teresa desde 1941 hasta su jubilación fue bibliotecaria de la Universidad de Zaragoza. Teresa Punsac Mayayo, a los licenciados de mi generación, nos inculcó el amor a los libros y nos enseñó las sendas de la investigación.

Trayectoria profesional

Ana Mayayo obtuvo el título de Maestra Superior en la Escuela Normal de Maestras de Zaragoza a los diecisiete años. Desde 1902 hasta 1907 estuvo destinada en Zaragoza. En 1907 se trasladó a Madrid y en 1909 regresó a Zaragoza.

En esos años obtuvo el título en la Escuela de Estudios Superiores de Magisterio de Madrid, donde se formaban los profesores de las Escuelas Normales y los Inspectores. En 1913 la nombraron directora del grupo escolar Los Graneros, así llamado por ocupar el antiguo almudí de la ciudad. En ese edificio está hoy el centro de personas adultas Concepción Arenal.

En 1923 pasó a dirigir  la escuela aneja a la Normal de Maestras. En 1929 también le adjudicaron la de los chicos cuando se quedó vacante. Y fue directora de las dos anejas hasta su jubilación en 1950. Como reunía la doble condición, maestra nacional y profesora de Escuela Normal, demostró una extraordinaria valía como directora de las escuelas anejas, donde tenía que enseñar a los niños y formar a las maestras en prácticas.

Otros cargos

Formó parte de la Junta Municipal de Primera Enseñanza. Desde allí impulsó el ropero escolar, la cantina y las colonias escolares. Como presidenta de la Asociación de Huérfanos de Magisterio, en los años 40, consiguió la construcción del Colegio de Huérfanos de Nuestra Señora del Pilar, edificio en el que hoy está el Instituto Miguel Catalán.

Ana Mayayo fue la “Habilitada” de Magisterio para los partidos de Sos, Ejea y La Almunia. En su época la figura del habilitado era muy importante. El habilitado, un intermediario con la administración, pagaba las nóminas a los maestros en las cuestiones económicas. Además, el habilitado en clases pasivas asesoraba y tramitaba las pensiones. En esta cuestión, los maestros estaban organizados por distritos judiciales y cada distrito tenía su habilitado, que era un cargo electivo y requería una preparación específica. En 1957 Ana Mayayo fue destituida porque se retrasó en el pago a algunos maestros. (Cfr. BOE, 03/06/1957)

Colegio Ana Mayayo

Se llama así desde 1969 el grupo escolar del Parque Palomar. Es el primero que se construyó después de su muerte. En el obituario que le dedicó Pedro Orós solicitaba que se pusiera su nombre al primer Grupo escolar que se construyera en Zaragoza.

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Patrocinio Ojuel Pellejero (Zaragoza, 1877-1961)

Patrocinio Ojuel. 2

Mi abuela paterna, Patrocinio Ojuel, era maestra especializada en párvulos. Estudió en Francia y se trajo, entre otras cosas, el método Montessori. No te dabas cuenta de que estabas leyendo y a los tres años lo encontrabas tan natural como hablar, reír o llorar. (Cfr. Guillermo Fatás Cabeza, Pregón de la feria del libro de Zaragoza, 2013).

Guillermo y su yaya Patro

Mi abuela era una maestra fantástica. Ignoro cómo, pero había logrado estudiar en Nantes, de soltera. Nació en 1877 y en alguna foto que hay por casa parece que tendría como veinte años. Su padre, José Ojuel, era médico y no tuvo más que hijas de su mujer, Juana Pellejero. Imagino que intentó darles una buena educación, más allá de la consabida “cultura general” con la que se adornaba a las jovencitas de clase media. No sé cómo lo hizo, porque yo no tenía conciencia de estar aprendiendo nada, pero a los tres años me había enseñado a leer y a contar. Ella debía de tener unos setenta, era el colmo de la dulzura y de la paciencia. Tenía buen humor, hacía bromas, cantaba canciones muy graciosas y tocaba el piano. Ejerció muchos años como maestra especializada en párvulos, Insistía mucho en que se dotase a las aulas de mobiliario adecuado, móvil, para poder adaptarlo según momentos del día y del año, variar la disposición de los peques para que no se cansasen por la rutina, dar la clase en el exterior si hacía buen tiempo.

La Montessori era solo un poco mayor que mi abuela Patrocinio Ojuel, se llevaban unos siete años, así que la yaya Patro fue muy pionera, debió de enterarse enseguida de esa renovación. La Montessori empezó a ser famosa hacia 1910, o cosa así. Lo que no sé es dónde conectó la abuela con esas enseñanzas. (Entrevista a Guillermo Fatás Cabeza. Por Juan Domínguez Lasierra)

De su familia

José Ojuel Vela (1848-1908) médico y propietario y Juana Pellejero (¿?-1906) tuvieron varias hijas: Encarnación (¿?-1955), Pilar (¿?-1958) y Patrocinio (1877-1961). En 1874, don José ejercía en el hospital del Burgo de Osma, pero en 1892, ya estaba instalado en Zaragoza en la calle Cerdán, 10.

Patrocinio se casó con Guillermo Fatás Montes (1869-1940), también maestro. Vivieron en la calle Ramón y Cajal, 38. Precisamente en la escuela de esa calle ella ya era directora de la Escuela de Párvulos en 1908, es decir, antes de que aparecieran los grupos escolares. Y su marido fue director del grupo Escolar Ramón y Cajal desde 1913 hasta 1919, que pasó a dirigir el Gascón y Marín. Su hijo Guillermo (1919-1989) fue un destacado fotógrafo y director de cine, que en 1967 se quedó incapacitado por una operación quirúrgica. Su hija María, en 1941, como única heredera en este derecho, solicitaba la fianza que su padre prestó para garantizar su cargo de habilitado. (Cfr. BO, 02/11/1941)

De su profesión

En 1895 obtuvo el título de maestra en la Escuela Central de Maestros de Madrid. Además, se formó en Nantes donde aprendió el método Motessori.

En 1897 aprobó las oposiciones y le adjudicaron una escuela de Zaragoza. Justo al año siguiente también llegó a Zaragoza el que después sería su marido. En 1900, con menos de dos años de servicios, había aprobado dos oposiciones y tenía varios votos laudatorios.

Directora de la Escuela Maternal de Zaragoza

Este centro se había creado en 1896 en la plaza de la Libertad, donde había escuelas de primera enseñanza. Muchas maestras de las escuelas municipales se ofrecieron a dar clases gratuitas. Eran estudios de dos años. Desde el principio se encargó de dar las clases de francés Patrocinio Ojuel. María Díaz se ocupó de la caligrafía y dibujo. D. Dehesa, maestra de escuela privada, daba Régimen, gobierno y economía de la familia. Y la maestra Avelina Roque, costura, remiendo y bordado.

La directora de la Escuela Maternal de Zaragoza, doña Patrocinio Ojuel nos remite la siguiente nota: Queda abierta la matrícula de esta escuela en los locales de la de párvulos de Ramón y Cajal, todos los días laborables de 10 a 12 hasta el 22 del actual. Podrán ingresar como alumnas las jóvenes mayores de 12 años que posean los conocimientos de la primera enseñanza.

La tendencia de este centro es procurar la cultura necesaria a toda mujer, y muy especialmente a las madres, para dirigir la educación y la instrucción de los niños de 2 a 6 años. Serán pues objeto preferente de estudio la higiene infantil y demás enseñanzas, ya teóricas, ya prácticas, relacionados con la vida de los niños. Al terminar estos estudios las alumnas tendrán derecho a solicitar de la administración un certificado de aptitud que justificará su competencia para dedicarse al cuidado de la infancia. (Cfr. La Voz de Aragón, 15/12/1931).

La cantina de la Escuela Maternal

Ojuel. Cantina. 1

Hoy queda clausurada la cantina de la escuela maternal que funciona en el grupo de Ramón y Cajal. Ha sido servida con esmerado cariño por la bondadosa maestra señora Cruz y bajo la dirección de la cultísima y competente directora, doña Patrocinio Ojuel.

No puede pasar desapercibida esta escuela maternal y debe ayudarse a su directora con locales a propósito para que pueda desarrollar con menos esfuerzo todo su afán y todos sus desvelos que, en unión de sus jóvenes maestras, manifiesta para el bien de estas tiernas criaturas que algunas no han cumplido los cuatro años. (Cfr. La Voz de Aragón, 01/07/1931)

En 1932 doña Patrocinio dejó de ser la directora de la Escuela Maternal, que pasó a depender del grupo Joaquín Costa. La nueva directora fue Carmen Mayayo Borbón que, a su vez, era la directora de graduada de niñas y de la escuela de párvulos del Costa. Pedro Arnal Cavero dirigía la graduada de niños.

Parvulario de Santa Isabel; Patrocinio Ojuel

En mayo del año 2019 se puso el nombre de Patrocinio Ojuel al parvulario del barrio de Santa Isabel que pertenece al grupo escolar Guillermo Fatás Montes.

Se aprovechó la celebración del cincuenta aniversario del grupo escolar para unir los nombres de Guillermo Fatás Montes y Patrocinio Ojuel Pellejero, que a principios del siglo XX estuvieron juntos en las escuelas de la calle Ramón y Cajal, Guillermo como director del grupo escolar y Patrocinio como directora del parvulario, hasta que el año 1919 Guillermo pasó a dirigir el Gascón y Marín.

¡Al fin, como al principio!

rayaaaaa

Andresa Recarte y Amezqueta (Villafranca de Navarra, 1834-Madrid, 1923),

Doña Andresa Recarte, —Andresa, en habla de Aragón, como Miguela, solo aquí las hay—, figura un tanto apaisada por su mediana estatura, la falda amplia y el mantón poco ceñido de las señoras formales de su tiempo. Sentada producía la impresión y el respeto de una buena imagen de Santa Ana. Y hablando no desmerecía eso. (Cfr. Figuras zaragozanas. Por Juan Moneva y Puyol, 1932)

De su familia

Era hija de Esteban Recarte y Josefa Amezqueta. En 1875, durante la Tercera Guerra Carlista, su hermano Cándido y otros vecinos de Caparroso enviaron hilas para socorrer a los heridos. Era el año que Julio Lacambra, un reconocido carlista y  marido de Gregoria Brun, fue hecho prisionero.

Andresa Recarte casó con Santiago Díaz García (1844-1898) y establecieron su vivienda en la Plaza del Pueblo, 9, hoy Plaza del Carmen.

Ha fallecido en Zaragoza el digno empleado de la Diputación Provincial don Santiago Díaz y García esposo de nuestra distinguida amiga y compañera doña Andresa Recarte, regente de la escuela Normal de Maestras. Era auxiliar de contaduría y encargado del negociado de apremios. (Cfr. El Diario de Huesca, 21/07/1898. Y El Magisterio Español, 02/08/1898).

Andresa se jubiló por edad en 1904, cuando cumplió 70 años.

Con motivo de su defunción, el 13 de noviembre de 1923, el diario La provincia publicó una nota del Ayuntamiento de Zaragoza.

Recuerdo a una maestra. Pasado mañana se celebrará una misa en sufragio de doña Andresa Recarte, figura relevante del Magisterio zaragozano. El Ayuntamiento le dedica este recuerdo a tan benemérita maestra, a cuyo acto invitó  el alcalde a todos los profesores de Primera Enseñanza.

En 1896 su hija Luisa Díaz Recarte, natural de Villafranca (Navarra), aprobó las oposiciones en Zaragoza y fue nombrada maestra del patronato de beneficencia de Maquirriain. (Cfr. El Aralar, diario católico fuerista, 02/06/1896). En 1899 se trasladó a Escuela Normal Guadalajara y en 1900 a la de Gupúzcoa.

En 1912, su hijo Santiago Díaz Recarte era maestro de Tudela.

De su profesión

Obtuvo los títulos de Maestra Elemental y Superior en Pamplona. Comenzó de maestra en Falces y en 1876 estaba en Villafranca, su pueblo natal, cuando consiguió una plaza de maestra en Zaragoza. Ese mismo año, durante unos meses, sustituyó a Gregoria Brun Catarecha en el cargo de directora de la Escuela Normal.

En 1880 llegó a la escuela aneja de la Normal de Maestras de Zaragoza. En 1886 se presentó a las oposiciones para directora de la Escuela Normal de Zaragoza, pero las ganó Encarnación del Águila Sánchez.

Se han presentado a las oposiciones para directora de la Escuela Normal de Maestras de Zaragoza, doña Andresa Recarte, doña María del Remedio Torroella Prats, doña María Diáz y doña Encarnación del Águila. (Cfr. La unión. Periódico de Primera Enseñanza, 28/03/1886).

Andresa fue regente de la escuela de prácticas de la Normal desde 1880 hasta su jubilación en 1904.

La regente de la escuela de prácticas, Andresa Recarte, era la única persona con una formación y unas prácticas calificadas de innovadoras. (Cfr. Agulló Díaz, Carmen y Molina Beneyto, Pilar: Antonia Maymón, anarquista, maestra naturista, 2014, Virus Editorial, p. 18)

Además de ser regente de las escuelas anejas, dirigía una escuela en su propia casa:

Hoy a las diez de la mañana habrá finalizado el primer ejercicio práctico de la escuela pública de niñas que dirige doña Andresa Recarte, situada en la plaza del Pueblo. (Cfr. La Crónica, Huesca, 29/09/1892)

En 1892, era la única mujer en la Junta de las Conferencias Pedagógicas que organizó la Escuela Normal de Maestras de Zaragoza. Y su actuación fue muy aplaudida.

A las nueve y media disertará doña Andresa Recarte y, como es tan conocida y tan ilustrada maestra, puede asegurarse que la concurrencia será muy numerosa, no solo de profesores sino de las personas que se interesen por la educación de la niñez. La conferencia, que se referirá a las labores, llamará, sin duda alguna, la atención de las señoras. (Cfr. La Crónica, Huesca, 26/08/1892)

En 1898, el Ayuntamiento premió a Andresa Recarte Amezqueta, a don Marcelino López Ornat y a doña María Díaz Lizardi, tres maestros que se distinguieron por sus resultados en la enseñanza. Recibieron los premios en sus escuelas con la presencia de los alumnos.

De la escuela aneja Andresa Recarte al Colegio Recarte y Ornat

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El Colegio Recarte y Ornat se formó con la fusión de las dos escuelas anejas, en las que se hacían las prácticas de la Escuela de Magisterio. La escuela femenina se llamaba Andresa Recarte, que había sido regente. La escuela masculina se llamó Marcelino López Ornat (1848-1923), un maestro muy reconocido en la ciudad. Cuando se unificaron las dos escuelas anejas, conservaron los apellidos de estos dos maestros renovadores. Con el nuevo nombre se encubrieron las figuras de dos grandes figuras de la enseñanza zaragozana.

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En nuestro libro Paseos por la Zaragoza de las mujeres, damos cuenta de las maestras que han dejado alguna huella en nuestra ciudad. Allí y en La Zaragoza de las mujeres, recogemos once calles dedicadas a maestras. Están todas en los barrios, donde hasta fechas muy recientes seguían las escuelas unitarias. Es decir, todos los niveles en la misma aula y con un maestro o una maestras.

Con las placas de las calles los vecinos quisieron reconocer la labor de unas maestras que, además de enseñar a las niñas, dinamizaron la cultura y prepararon a muchas alumnas para que  pudieran acceder a estudios superiores.

A continuación, como un nuevo homenaje, las nombro a ellas y los barrios en los que están sus calles.

En el Actur, Pilar Cuartero Molinero. En el Arrabal, Matilde Sangüesa Castañosa, En Garrapinillos, Águeda Centenera Gómez. En Juslibol, Pilar Figueras Talamas y doña Manolita Marco Monge. En Montañana, María Teresa Giral Pérez, En Movera, Pilar Almenar Bases y Pilar Gea García. En el Picarral, María Sánchez Arbós. Y en Santa Isabel, Agustina Rodríguez Rodríguez y Avelina Tovar Andrade.

Este fenómeno no se repitió en el centro de la ciudad, donde en 1913 se pasó de las escuelas unitarias a las graduadas, es decir, se graduó la enseñanza.

En las unitarias los niños de todas las edades estaban juntos con un solo maestro o una sola maestra.  En las escuelas graduadas los alumnos, como ahora, se agrupaban por cursos o grados.

Había escuelas graduadas de niños, con un director, y escuelas graduadas de niñas, con una directora. Y comenzó la costumbre de bautizar a los grupos escolares con los nombres de los directores y de los hombres ilustres. Entre ellos, en cien años, solo siete directoras se han hecho un hueco en Zaragoza.

Eulogia Lafuente Querejeta, Rosa Arjó Pérez, Andresa Recarte.Amezqueta, María Díaz Lizardi, Ana Mayayo Salvo, Gloria Arenillas Galán y Patrocinio Ojuel Pellejero.

De esas siete, el nombre de María Díaz ha desaparecido. Y los de Eulogia Lafuente y Andresa Recarte están escondidos en su apellido. Es más, cuando nos referimos a los grupos Gómez Lafuente y Recarte y Ornat, muchos piensan que son los dos apellidos de un maestro.

El colegio de Rosa Arjó, a pesar de los avatares del edificio, mantiene su nombre.

La conclusión es demasiado evidente. Sabemos que el caso de Zaragoza no es único y que la enseñanza fue, y es, una profesión feminizada. Y que sobre las maestras pesó, y aún pesa, un grueso techo de cristal

Carmen Romeo Pemán

PS. La imagen principal: Patrocinio en la escuela de Párvulos Ramón y Cajal, la he tomado del Museo pedagógico de Aragón.

Cobardía

Hoy pensé en que no estamos obligados a ser héroes. Y por eso, porque no siempre el valor tiene que ser protagonista, escribí esta poesía. 

Qué fácil es hablar si no se sabe

de lo que se está hablando.

Y qué fácil juzgar cuando se es juez

en vez de condenado.

 

Tan fácil es, como esconder la pena

detrás de una careta sonriente,

para poder pensar que se está a salvo

del resto de la gente.

 

Y revestirse, a los ojos del mundo,

de una armadura falsa,

de una seguridad tan frágil

como una telaraña.

 

Intentar defenderse de ese modo

de algunos sentimientos

es algo así como querer parar

con las manos al viento.

 

Y entre ofrecer preguntas o respuestas

no es fácil la elección.

Y tampoco es sencillo cuando habla

el corazón en vez de la razón.

 

Y por eso, cuando alguien me pregunta,

me pongo la careta y la armadura,

porque a veces el dolor más intenso

tiene su origen en la emoción más pura.

 

No te valdrán de nada mis respuestas

si no aceptas la vida que he vivido.

Pero a pesar de todo sigo hablando

porque prefiero mi dolor a tu olvido.

Adela Castañón

Imagen de Lars_Nissen_Photoart en Pixabay

Nos conocimos en el Canfranero

#relatoaragonés

El frente avanzaba así que cualquier día me encontrarían. Era un puto desertor, no me perdonarían que me hubiera pasado a los rebeldes. La cabeza me daba tantas vueltas que me iba a estallar. Me esperaba un juicio por auxilio a la rebelión, por eso no quería echarme al monte, porque se había vuelto muy peligroso cruzar la frontera de Francia. A lo mejor era más fácil probar con los contactos de Zaragoza.

Una noche oí los bombardeos justo encima de Alerre, donde nos habíamos refugiado. Sabía que estaban cortando las comunicaciones y que a las tres de la mañana saldría el último Canfranero en dirección a Zaragoza. Así que esperé a que mi mujer y Julianín, nuestro hijo de dos años, se durmieran y me escapé corriendo campo a través. Llegué a Ayerbe con los pies desollados, pero conseguí subirme al tren de un salto, justo en el momento que arrancaba. Me senté en el suelo del vagón con la cabeza entre las manos y los codos en las rodillas. Pensé que igual me había metido en una ratonera. Tenía que saber quién iba en ese tren antes de que cogiera más velocidad.

Me levanté y recorrí los vagones. Todos vacíos. Cuando estaba llegando al final, oí los quejidos de una mujer en un departamento del último vagón de tercera. Me asomé y la vi tumbada en un asiento largo de madera, de esos que eran como los bancos de la escuela. Ella también me vio y me hizo una señal. Al acercarme resbalé en un líquido maloliente y viscoso.

—Acabo de romper aguas —se quejó.

Me quedé parado sin saber qué hacer. Cuando nació Julianín, mi mujer también estaba sola y le ayudó una vecina. Intenté sujetarle la barriga, para que no perdiera la criatura. Le dije que en el próximo pueblo la ayudaría a bajar. Que a ver si tenía suerte y encontraba a alguien que pudiera echarle una mano. Aunque lo que pensaba era quitármela de encima en la primera parada, simular un accidente o algo. Pero entonces el tren se paró en seco. El sonido de los bombardeos era aterrador, más que los quejidos de aquella parturienta. Ganas tenía de tirarla al tren.  “Puto desertor. Cobarde. No te acojones”, pensé, y también pensé que tenía que haberme quedado en el refugio de Alerre.

Un nuevo grito de la mujer me sacó de mi ensimismamiento. Me miró, tomó aliento y me dijo:

—¿No llevará una navaja? Es que viene de nalgas y por mucho que empuje no saldrá solo. Necesitamos un cuchillo o algo que corte.

—¿Qué es eso de que necesitamos? —protesté—. El problema es suyo. No sé cómo se le ocurrió subir al tren si estaba de parto.

—No, no estaba. Me he puesto con estos ajetreos y con el ruido de las bombas.

—¿Pero usted viaja sola?

Me agaché a mirar si había alguien debajo del asiento. Y por poco me desmayé con el tufo de aquel líquido que había mojado todo.

—Sí. —Respiró profundamente—: Es que estábamos en una partida en el monte cuando me vinieron los dolores. Como allí no me podían ayudar, me metieron en este tren pensando que me daría tiempo a llegar al hospital de Zaragoza.

—¿Y qué quiere que haga yo?

—Pues eso, rajarme y hacer más grande la salida.

Entonces sí que me temblaron las manos. Casi no acerté a abrir la navaja. Cuando comencé a abrirle las carnes, ella dio un chillido y de repente aparecieron las piernas del niño. A continuación salió un cuerpo envuelto en sangre, heces y orines. Me dio una arcada. Y mientas echaba hasta la bilis, la mujer, que se agitaba y no dejaba de gritar, expulsó un chinchorro largo y sanguinolento.

—No pare. Siga, siga. Aún no ha acabado.

No sabía qué hacer. Lo más fácil sería cortarle la yugular, dejarlos allí  y escapar otra vez campo a través. Pero vencí el instinto y obedecí a la mujer. Até con un cordel el cordón que salía de la tripa del niño y después lo corté por encima del nudo.

Cuando acabé y oí el llanto del niño, se me representaron todas las noches que había acunado a Julianin. Y, de golpe, me vinieron los comentarios de la señora Isabel,  la comadrona de mi pueblo. Decía que había que enterrar la placenta, que era mal augurio que se la comieran los animales. Entonces caí en la cuenta de que aquel emplasto que me había llenado de sangre era lo que ella llamaba la placenta. Sin pensármelo, abrí la ventanilla y se la eché a los perros que andaban merodeando por las vías.

Del cuerpo de la mujer salían riadas de sangre, como si una bomba le hubiera roto las entrañas. El niño lloraba cada vez con más fuerza. Entonces me quité la camisa, lo limpié y lo envolví en la toquilla negra de su madre, que estaba echando el último aliento. Después, cerré la navaja, bajé del tren con el niño en los brazos y comencé a contar las traviesas que nos separaban de Ayerbe. Nos iluminaban las luces de las pavas que cada vez volaban más bajas.

Carmen Romeo Pemán

Imagen Principal. El primer tren español que llegó a la estación internacional de Canfranca. Publicada en Fotos Antiguas de Aragón por Carlos Calavia Abadía.

La campana

No fue capaz de comerse todas las gachas que eran su cena de cada día. Llevaba unas semanas con el estómago revuelto. Le quedaba más de media escudilla y echó el resto en la lumbre. El crepitar de las llamas empezaba a menguar y ella se arrebujó un poco más en la toquilla. Miró hacia la cortina que separaba la habitación de una pequeña despensa donde almacenaba la leña, los calderos y el taburete que usaba para ordeñar a las vacas desde que algún vecino, aún más pobre que ella, entró de noche al establo y le robó el que tenía. Menos mal que Miguel, su Miguel, le había hecho otro poco antes de volver a embarcarse en el ballenero, hacía unos meses.

Dudó si echar otro leño al fuego, pero le pudieron la pereza y el cansancio. Sin quitarse la toquilla levantó la cobija de lana que cubría el jergón donde dormía junto a la lumbre y se sentó para quitarse los zuecos. A punto de sacarse el segundo, un ruido del exterior atrajo su atención. Una de las campañas de la iglesia había empezado a tañer. Supuso que debía ser la grande. Desde que ella había llegado al pueblo era la primera vez que la escuchaba.

Inquieta, removió el fuego con el atizador. Las llamas cobraron vida. Pero, en vez de calentarse, sintió el frio del suelo subir por sus piernas hasta asentarse en su vientre, donde las pocas gachas que había cenado se convirtieron en piedra.

Se puso de pie y se encaminó hacia la ventana. El crepitar de la lumbre se mezcló con el doliente tañido y elevó una plegaria silenciosa a la Virgen de Lourdes, patrona de los balleneros. Se tapó los oídos con las manos para concentrarse en su rezo, y, a pesar de que a mitad de la primera avemaría empezó a recitar en voz alta, cuando separó las manos del cuerpo los repiques, en lugar de detenerse, habían arreciado.

Ella no había escuchado nunca tocar a rebato, pero sus tripas le dijeron que lo que escuchaba era eso. Arrastró los pies por el piso. La suela del zueco derecho parecía quererse pegar a las losetas, mientras que el pie izquierdo, calzado solo con la media de lana, con el otro zueco olvidado junto al jergón, se empeñaba en avanzar. Se dio un golpe en el dedo meñique con la pata de la mesa, pero los tañidos y el rumor del fuego, convertido en un gruñido sordo, no dejaron que sintiera el dolor del golpe. En dos pasos alcanzó la ventana de la casucha.

Levantó la tranca que sujetaba las hojas de madera con las dos manos y a punto estuvo de darse otro golpe en el pie cuando la dejó caer al suelo sin miramientos. Apoyó la frente en el cristal, y alrededor de su boca el vidrio se empañó al instante. Quitó el vaho con el puño de su vestido e hizo visera con las manos a los lados de la frente para poder ver el exterior.

Donde esperaba oscuridad, había un resplandor que procedía de una de las playas del pueblo. Reinició su plegaria con voz temblorosa al comprender que los puntos de luz que confluían hacia ese punto eran los candiles de sus vecinos, alertados por el toque de arrebato. Y la luz más fuerte, la de la playa, no hacía sino aumentar. Ella cerró los ojos como si con eso pudiera hacer desaparecer la imagen de su cerebro. Sabía que era la playa de los muertos. La llamaban así porque casi todos los barcos que naufragaban acababan devolviendo en esa orilla sus despojos, sin importar que fueran cargamentos de aceite, de contrabando, o cuerpos de marineros destrozados por las rocas de las rompientes.

Las gachas en su estómago se removieron como el mar embravecido y el gruñido de sus tripas se mezcló con el del fuego, las campanas y los rezos. Miró al fondo del cuartucho. El zueco solitario parecía llamarla, pero se sentía incapaz de acercarse a la lumbre. Junto a la ventana, entre el resplandor del incendio de fuera y el estruendo de la lumbre de su chimenea, un fuego distinto, el de la bilis subiendo por su garganta, le provocó un escalofrío.

A punto de dar un paso escuchó unos golpes innecesarios. En el pueblo poca gente cerraba sus puertas, y una vecina entró, sin esperar respuesta, arrastrando con ella un revuelo de hojas y copos de nieve. Al ver a la joven parada junto a la ventana, se detuvo y cerró la puerta con el codo sin dejar de mirarla.

–Ay, Lucía, ay…

Se miraron en silencio unos segundos. Lucía quiso decirle que se callara, pero la bilis ocupaba el sitio donde debería haber estado su voz. La vecina se santiguó.

–Es el Princesa de Loreto, hija.

Lucía se tapó la boca con las manos. Maldijo el tañido de las campanas por no ahogar la frase de la pobre mujer, nombrando el barco de Miguel, como si por no escucharlo no hubiera ocurrido. Volvió a mirar afuera. El incendio en la playa había arreciado tanto que creyó que amanecía, aunque sabía que era imposible.

Las piernas se le volvieron agua. Apoyó la espalda en la pared y su cuerpo se deslizó hasta quedar sentada en el suelo donde permaneció varios minutos mientras oía hablar a la otra sin enterarse de lo que le decía. Vomitó sobre el delantal todo su dolor y su miedo, y eso hizo reaccionar a la vecina que acercó y la sujetó por las axilas para ayudarla a llegar al jergón.

Mientras la mujer trajinaba buscando un trapo con el que limpiarle la cara, Lucía notó algo caliente que le corría entre las piernas. Fijó la mirada en el sitio donde había estado sentada. En el suelo había hilillos de sangre mezclados con los restos de bilis.

Lucía puso las manos en su vientre y se echó a llorar. Había perdido lo único que le quedaba de Miguel.

Adela Castañón

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Imagen cabecera: Chris Barbalis on Unsplash

Imagen cierre: czu_czu_PL en Pixabay

Santa Isabel, el barrio con más calles de mujeres

A mediados de marzo Vanesa Rodríguez Pascual y Mar Hevia Díaz nos invitaron a presentar nuestro libro La Zaragoza de las mujeres en el club de lectura del Centro Cívico. Y allí fui con Inocencia Torres y Concha Gaudó. Pero no pudieron acompañarnos ni Gloria Álvarez ni Cristina Baselga, las otras dos autoras.

Mar Hevia, la bibliotecaria, nos guardaba una sorpresa. Nos esperaba con Pilar Almenar Bases, una maestra nacida en Santa Isabel, que tiene dedicada una calle en el cercano barrio de Movera. No podía comenzar nuestro encuentro con mejor augurio. De la mano de Mar y de Pilar, y con la animada participación de los tertulianos, hablamos y hablamos de las calles con nombres de mujeres y de mucho más. Sobre todo de la activa participación de las mujeres en la vida socio cultural, animadas por la Asociación de Mujeres Río Gállego, que desde el año 2010 tiene dedicada una calle.

El caso de Pilar Lapuente

La intensa y extensa conversación comenzó por nuestros primeros pasos hacia lo que acabó siendo La Zaragoza de las mujeres. Les contamos que empezamos haciendo una lista con las calles dedicadas a las mujeres y que nos parecía que esos inicios iban a ser pan comido, pero que enseguida surgieron las dificultades.

Los callejeros al uso escribían las iniciales en lugar de los nombres propios completos. Y nos surgían preguntas de este tipo: “¿Quién se esconde detrás de una P?” Pues nada más ilustrativo que el caso de Pilar Lapuente, una profesora universitaria, nacida en Santa Isabel.

Pilar Lapuente

Pilar Lapuente Mecadal, 1959.

En unos callejeros encontrábamos P. Lapuente y en otros Pedro Lapuente. Un día, por casualidad, alguien nos comentó que hacía unos años que le habían dedicado una calle a Pilar Lapuente. ¿Cómo era posible que en Zaragoza no se le hubiera ocurrido a nadie que detrás de una P había más Pilares que Pedros? Así comenzamos una búsqueda, casi policial, hasta que llegamos a Pilar. Cuando le contamos nuestras aventuras, nos respondió que ella tuvo que escribir varias veces al Ayuntamiento hasta que logró que apareciera su nombre.

Pilar Lapuente estuvo muy dispuesta a colaborar con nosotras y nos escribió su biografía, en la que resaltó que pertenecía a la familia de los Esquiladores. También hablaba de sus logros académicos y del orgullo que sintieron sus vecinos cuando le concedieron una medalla de joven investigadora. Tanto que insistieron en que le dedicaran una calle.

El magisterio de Agustina Rodríguez

Pilar Almenar se llenaba de gozo cada vez que hablaba de su maestra, Agustina Rodríguez, que había nacido en una familia de labradores de un pueblo de Zamora. Después de varios destinos, llegó a Santa Isabel donde se jubiló.

Agustina Rodríguez

Agustina Rodríguez, 1915.

En el año 1948 Agustina Rodríguez obtuvo el traslado a Santa Isabel. Cuando llegó no tenía local para dar clases ni tampoco vivienda. Construyó, con su marido, una casa escuela y la alquiló al Ayuntamiento. Dedicaron la planta baja a vivienda y usaron la primera como aula. Agustina fue un ejemplo más de los muchos maestros que dejaron lo mejor de sus vidas enseñando a los niños, aunque para ello tuvieran que realizar actos heroicos que nada tenían que ver con su profesión. Pero es que, además, la labor de Agustina dio grandes frutos. Desde su escuela unitaria preparó a muchas niñas para estudiar bachillerato. Con su buen hacer se convirtió en la maestra carismática del barrio.

El peso de la educación en Santa Isabel

Avelina Tovar

La semilla de Agustina germinó pronto y los vecinos quisieron rendir un homenaje a más maestras en sus calles. Entendieron lo importantes que son las genealogías para que la enseñanza cale en las gentes con buenos resultados. Por eso eligieron dos maestras de dos generaciones anteriores a Agustina.

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Concpeción Gimeno Gil, 1850

Concepción Gimeno Gil, nacida en Alcañiz en 1850, estudió Magisterio en Zaragoza. Ya era una periodista famosa cuando le dedicó un gran elogio a su maestra, doña Gregoria Brun.

Avelina Tovar, una maestra de maestras, nació en Pontevedra en 1878, pero pronto arraigó en Aragón. La labor de esta directora de la Escuela Normal de Huesca fue decisiva para las generaciones siguientes.

Mujeres de otros campos culturales

Ana Belén Fernández

Ana Belén Fernández, 1974

El barrio de Santa Isabel, volcado en la cultura, eligió mujeres significativas de varios campos.

Rosa María Aranda representa a las escritoras aragonesas y Pilar Delgado a las mujeres que se han dedicado al teatro.

Ana Belén Fernández, una joven judoca, es un modelo de deportividad y esfuerzo para los jóvenes del barrio.

La acción y el compromiso social

Rigoberta Menchú

Rigoberta Menchú, 1959

Santa Isabel, un barrio joven y dinámico, se caracteriza por su compromiso social y lo refleja en el nombre de dos de sus calles. Una dedicada a la pacifista Rigoberta Menchú, nacida en Guatemala en 1959,  y otra a la Asociación de mujeres del barrio.

Las santas

En los callejeros tradicionales no faltaban las santas, que eran excelentes modelos de comportamiento para las mujeres católicas. Sus biografías las escribieron varones cultos, casi siempre clérigos, con la intención de exaltar y salvaguardar los valores y las leyes del patriarcado.

Por eso, en La Zaragoza de las mujeres, hemos reescrito sus vidas desde un punto de vista no androcéntrico. Y hemos comprobado que sus modelos siguen siendo válidos, porque advierten de los excesos que se cometieron con ellas y que se siguen cometiendo, siempre por las mismas razones.

Nunilo y Alodia. S. Salvador. Leyre. Yesa. Navarra

Santa Alodia y Santa Nunila. Detalle del retablo de San Salvador. Leyre (Navarra)

Aquí, además de Santa Isabel de Aragón, tenemos a dos santas mudéjares: las hermanas Alodia y Nunila, hijas de un musulmán y una cristiana.

Santa Isabel, princesa de Aragón y reina de Portugal, es la santa por excelencia y el modelo para mujeres mediadoras y pacifistas. El barrio debe su nombre a la estancia que pasó en un palacio de la zona. También le han dedicado una avenida y una urbanización. Y una calle como Reina de Portugal.

Alodia y Nunila fueron dos santas oscenses, nacidas en Adahuesca y martirizadas en Alquézar. Como no aceptaron el matrimonio que les impusieron sus padres, las encerraron en una casa de prostitución, donde se mantuvieron vírgenes. Rechazaron la religión musulmana, que les imponía la ley, y las decapitaron por apostasía. Fueron víctimas de malos tratos y de la intolerancia religiosa. Las castigaron ejemplarmente para que otras mujeres no se rebelaran contra las leyes ni contra los pactos androcéntricos.

Para terminar

En estas líneas me he limitado a subrayar los valores de las moradoras en las placas de las calles de Santa Isabel. Sus biografías ocupan un largo capítulo en nuestro libro La Zaragoza de las mujeres.

Pilar Almenar

Pilar Almenar, 1953

Santa Isabel es el barrio periférico que tiene mayor número de calles con nombres femeninos.

La sensibilización con la cultura y la gran labor social de las mujeres hunde sus raíces en los tiempos de Agustina Rodríguez y creció con sus alumnas. Buen ejemplo es Pilar Almenar, una hija de agricultores, que, como su maestra y como Pilar Lapuente, se esforzó en sacar lo mejor de sí misma y entregarlo a sus alumnos.

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Santa Isabel, 08/06/2019

Como prometimos en nuestra visita de marzo, cuando salió nuestro libro Paseos por la Zaragoza de las mujeres volvimos a Santa Isabel. Ahora el encuentro con las mujeres iba a ser en las calles, haciendo un paseo por las huellas que las mujeres han dejado en los espacios públicos del barrio.

En la plaza de Serrano Berges nos esperaban Vanesa Rodríguez Pascual, de la Junta Municipal, y Mar Hevia Díaz, la bibliotecaria, acompañadas por sus compañeras del club de lectura. Me gustaría nombrarlas a todas, porque ellas fueron la clave del éxito del nuestro paseo, pero no tengo todos sus nombres. Por supuesto, no faltaron ni Pilar Almenar Bases ni Pilar Gea García, dos maestras que ya están inmortalizadas en el callejero.

Desde aquí les doy las gracias. Todas ellas hicieron posible el milagro, todas consiguieron que esa  mañana de junio fuera inolvidable y  entrañable.

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Poco a poco íbamos llegando a la plaza de Serrano Berges

Asistimos Cristina Baselga, Concha Gaudó, Carmen Romeo e Inocencia Torres. Por distintos motivos no pudieron acompañarnos ni  Gloria Álvarez ni Aurora Verón, las otras autoras del libro.

Con paso sosegado y hablar menudo, recorrimos todas las calles, disfrutamos de los olores de una naturaleza primaveral, y nos calentó un sol que ya anunciaba el  verano.

Concha Gaudó dirigía el recorrido. Las otras, es decir, las demás, escuchamos atentas sus explicaciones sobre los tipos de urbanismo que iban apareciendo y sobre la transformación de un barrio de origen rural.  Nos paramos delante de las placas dedicadas a mujeres. En esos momentos de descanso, unas a otras nos quitábamos la palabra en una animada charla de preguntas y respuestas.

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Santa Isabel, 17/06/2019

Y como dice el refrán: “no hay dos sin tres”. A los pocos días de presentar Los paseos por la Zaragoza de las mujeresTelevisión Aragón nos propuso participar en la serie La primera mujer, en el capítulo dedicado a las maestras. Y nosotras decidimos grabar nuestra colaboración con las maestras que tienen su protagonismo en Santa Isabel.

¿Por qué elegimos este barrio? Simplemente, porque es un caso paradigmático. En sus calles están representadas todas las generaciones de maestras.

Delante de la placa de Concepción Gimeno Gil (Alcañiz, 1850–Madrid, 1919), maestra, periodista y escritora, leímos un capítulo de su obra La mujer española (1877) en el que alababa a su primera maestra, Gregoria Brun Catarecha (1833-1885), que también fue la primera directora de la Escuela Normal de Maestras y la primera maestra que regentó una escuela del Ayuntamiento. Fue un momento oportuno para hablar de las primeras maestras.

A continuación nos dirigimos a la calle de Avelina Tovar y Andrade (Pontevedra, 1878-Huesca, 1973), una maestra gallega que tuvo gran peso en la formación de las maestras aragonesas. Fue directora de la Escuela Normal de Huesca y estuvo un tiempo en la de Zaragoza.

Y de allí, con paso sosegado, a la calle de Agustina Rodríguez Rodríguez (Quintana de Sanabria, pedanía de Coberos, Zamora, 1915-Barcelona, 2008), de la generación siguiente a la de Avelina. De la vida de Agustina y de su significado en el barrio nos habló Pilar Almenar. Ella y Pilar Gea nos acompañaron durante todo el recorrido.

Pilar Almenar Bases, nacida en Santa Isabel en 1953 y Pilar Gea García en Zaragoza, en 1953, son dos maestras que representan a las nuevas generaciones y que tienen dedicadas sendas calles en el barrio de Movera, muy cercano al de Santa Isabel.

Acabamos la grabación con una visita al parvulario que, desde mayo, lleva el nombre de Patrocinio Ojuel Pellejero (1876-1961), la primera parvulista que introdujo el método Montessori en Zaragoza. El parvulario pertenece al grupo escolar Guillermo Fatás Montes (Huesca 1869-Zaragoza, 1941), el que fue marido de Patrocinio y que que tiene dedicado el grupo escolar desde hace cincuenta años.

A medida que íbamos hablando de las maestras de Santa Isabel íbamos recordando a las de sus mismas generaciones. A otras que, como ellas, se habrían merecido placas en las calles y en las escuelas.

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De izquierda a derecha: Mar Hevia Díaz, Vanesa Rodríguez Pascual, Encarna Nuez García, Pilar Gea García, Concha Gaudó Gaudó, Carmen Romeo Pemán, Inocencia Torres Martínez, Cristina Baselga Mantecón y Lidia Pérez Oliveros.

Terminamos nuestra visita en la plaza de Serrano Berges, donde la habíamos comenzado, con las siguientes consideraciones.

En los barrios de Zaragoza se han dedicado once calles a maestras de escuelas unitarias. A unas maestras que además de enseñar a las niñas, prepararon a muchas jóvenes para que salieran a estudiar y animaron la vida cultural de los barrios.

En el centro de la ciudad no se han dedicado calles a las maestras, porque desde que en 1913 comenzaron a desaparecer las escuelas unitarias, las maestras pasaron a formar parte de los claustros de los grupos graduados, su función social cambió y perdieron el protagonismo.

Hasta 1914 las escuelas unitarias llevaban el nombre de la calle en la que se ubicaban. Pero ese año comenzó la costumbre de dar un nombre propio a los grupos escolares. Y se eligieron nombres de maestros famosos, como Marcelino Lopez Ornat o Cándido Domingo.  Otras veces se prefirió el nombre de algún personaje célebre, como Gascón y Marín.

Al lo largo de cien años, solo seis maestras, todas directoras, han merecido el nombre de un grupo escolar. Andresa Recarte Amezqueta, Eulogia Lafuente Querejeta, María Díaz Lizardi, Rosa Arjó Pérez, Ana Mayayo Salvo y Gloria Arenillas Galán. A ellas se suma desde este año Patrocinio Ojuel Pellejero.

Todas se merecen que hablemos de ellas con más detenimiento en una nueva ocasión.

Carmen Romeo Pemán

Enlace para entrar al capítulo “Las primeras maestras” de la serie “La primera mujer” en TVA.

http://alacarta.aragontelevision.es/programas/la-primera-mujer/cap-6-mujeres-maestras-14072019-1311