Reescribiendo la historia de las mujeres: la obra de Ángeles de Irisarri

 

Era un lunes de junio de 1967. Me iba a matricular de Filosofía y Letras en la Universidad de Zaragoza.

—Oye, ¿sabes dónde está la Secretaría? —le pregunté a una chica que empujaba la puerta de aquella casa con mucha seguridad.

—Allí voy yo. —Me sonrió—. Me voy a matricular.

—Y yo también —le contesté.

—Pues ven conmigo. Yo de primero de Letras, ¿y tú? —Me llamó la atención la calma con que hablaba.

—¡Qué casualidad! De lo mismo —Le contesté. Y la seguí comiéndome las uñas.

Nos matriculamos juntas. Me enteré de que se llamaba Ángeles de Irisarri y de que había nacido en Zaragoza en 1947. Nos hicimos amigas en la Facultad. Ella se especializó en Historia y yo en Románicas.

En aquellos años ya tenía vocación de narradora. Hoy es una reconocida escritora de novelas históricas en las que las mujeres llevan la voz cantante. Sus obras han alcanzado grandes éxitos de la crítica y del público. Muchas de ellas se han convertido en auténticos best-sellers. Y no exagero. Basta con que echéis una ojeada a Google y a muchos foros de internet.

rayaaaaa

Ángeles tiene una obra muy extensa y cada una de sus novelas está poblada por muchos personajes. En su mayoría son mujeres, que se le presentan en sueños pidiéndole que escriba sobre sus vidas.

—Nunca leo novela histórica. No quiero que se me pegue algo y luego digan que lo he copiado. Pero leo mucha historia y muchos documentos —me confesaba en una de nuestras charlas.

En sus obras, los sucesos políticos son pretextos para desarrollar el vivir, el sentir y hasta el respirar de los personajes. Es una maga y consigue que nos enganche la lectura desde la primera página.

Al cerrar El viaje de la reina seguimos seducidos con la reina Toda y con Andregoto de don Galán. En Ermessenda condesa de Barcelona queremos saber más de la vida de Ermessenda. Y lo mismo nos sucede con doña Uzea en Las damas del fin del mundo.

Durante muchos días llevé en mi cabeza las aventuras de la reina Urraca, las de Isabel la Católica y las de las cuatro monjas que van a descubrir América. Y paseando por calle Alfonso de Zaragoza me he encontrado con mil veces con Cósima y Rebeca, las gemelas de Romance de ciego. Sus personajes me asaltan en cualquier esquina.

Su universo literario

Ángeles escribe con tesón y continuidad. Solo así se puede llevar en la cabeza un universo tan amplio y de forma tan coherente. Además, todas sus novelas están interrelacionadas, como si fueran partes de una mega novela. Los personajes de una obra reaparecen en otras y los motivos recurrentes se repiten. Por ejemplo, “Mínimo”, un personaje clave para entender toda su obra, se asoma por primera vez en El estrellero de San Juan de la Peña, después se aclaran sus orígenes en Ermesenda condesa de Barcelona, y en Las damas del fin del mundo continúa la aventura que había iniciado en El estrellero.

Una nueva novela histórica

No se limita a evocar y reconstruir una época remota. En sus novelas pinta y analiza los conflictos del pasado a través de la mirada y de la voz de sus narradoras. Sus escritos son partes de un rico universo literario poblado por muchas mujeres que necesitan contar sus vidas.

Sus protagonistas femeninas quieren contar la historia como nunca se ha contado. Quieren hacer visible la cara oculta en la que a ellas les tocó vivir, la que se quedó marginada en la tradición oral.

El humor y la vena fantástica

Junto a esa historia que no se escribió, y en íntima conexión con ella, brota la veta fantástica de la autora. En sus páginas encontramos fábulas inverosímiles, cuentos de hadas, historias de brujas, supersticiones, sueños,  alucinaciones…

De esta forma, lo histórico se convierte en maravilloso y lo maravilloso en cotidiano. El mundo de lo maravilloso funciona como un espejo en el que se refleja, y a la vez es reflejado, el acontecer histórico.

En las novelas históricas, sobre todo en las de la Edad Media, conviven los personajes ficticios con los históricos y los acontecimientos maravillosos se combinan con los reales. Y todo muy bien documentado, como no podía ser menos en la pluma de una buena historiadora.

Sus obras. Mi propuesta de clasificación

No me ha resultado fácil encasillar unas obras procedentes de un universo narrativo amplio y cohesionado.

No sé si con acierto o no, me he basado en los elementos formales, y en algunos de contenido, que marcan las relaciones y los contrastes entre ellas. Por lo tanto, no sigo el orden cronológico de las publicaciones.

  1. Colecciones de cuentos, relatos y novelas cortas

Lisa-Gioconda y otros cuentos

  1. Lisa-Gioconda. 2. Causa y razón de la Venus del Espejo. 3. El Estrellero de San Juan de la Peña. 4. ¿Fue ansí, señor Don Diego? 5. Isabel e Isabel. 6. El predicador de los tres credos. 7. La reina fea. 8. El remedio de las Indias. 9. Suceso en ambos mundos.Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 1991. Premio Isabel de Portugal 1991.

Trece días de invierno y otros cuentos

  1. Trece días de invierno. 2. La Santa Cena. 3. Las tres reinas. 4. Manía matemática. 5. El ingenio volador. 6. Oro imaginario. 7. Gente de arriba, gente de abajo. 8. La aprendiza de eremita. 9. El pilar de la Virgen. 10. Galería interior. 11. El comisario del Santo Oficio. 12. Argenta.Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 1993. Premio Isabel de Portugal 1993.

Siete cuentos históricos y siete que no lo son

  1. Calentura de conciencia. 2. Las abadesas de las siete casas. 3. La visita del Príncipe de Gales. 4. Lección de estrategia. 5. El hijo de María. 6. Cama con dosel. 7. La Chamaquita. 8. Lisa-Gioconda. 9. Argenta. 10. Cuatro personajes. 11. Suburbanas. 12. Para Lola. 13. XXV aniversario. 14. Estrafalaria compañía. Zaragoza: Zócalo, 1995.

Historias de brujas medievales

  1. La cacería maldita. 2. Entre Dios y el diablo. 3. El aquelarre. 4. La meiga. 5. El collar del dragón. 6. Dalanda, la santiguadora. Barcelona: Ediciones de Bolsillo, Col. Enigmas y secretos, 1996. Anteriormente editadas en seis volúmenes en Barcelona: Bestselia, 1999.

Diez relatos de Goya y su tiempo

  1. Goya-duquesa/ Duquesa-Goya. 2. Banderillas en el campo. 3. El duro aprendizaje del francés. 4. El conde H. 5. La condesa de Chinchón. 6. La familia de Carlos IV. 7. La guerra de las Naranjas. 8. El entierro de la sardina. 9. La hoja del diario de doña Leocadia. 10. Alto secreto o la lechera de Burdeos. Zaragoza: Publicaciones del Gobierno de Aragón, Col Crónicas del Alba, 1997. Premio Baltasar Gracián, 1997.

Moras y cristianas.Venturas y desventuras de la mujer en un sorprendente fresco de la España medieval. Barcelona: Emecé, 1998. Coautora con Magdalena Lasala. Reeditada en Barcelona: Salamandra, 2000.

Gentes de las tres religiones. Retazos de la historia de España desde 711 hasta 1492. Barcelona: Martínez Roca, 2007.

  1. Una novela contemporánea

El año de la inmortalidad. Zaragoza: Mira Editores, 1993.

  1. Novelas históricas

Siglos X-XI: unidas por personajes y por motivos recurrentes

Doña Toda, reina de Navarra. (Aconteceres de un viaje a Córdoba en el Año Mil). Iruña (Navarra): Editorial Mintzoa, 1991. Finalista del Premio Herralde de Novela 1990. Reeditada como El viaje de la reina. Barcelona: Emecé, 1997.

El estrellero de San Juan de la Peña. Zaragoza: Mira Editores, 1992.

Ermessenda, condesa de Barcelona. Barcelona: Lumen, 1994. Premio Femenino Singular 1994.

Las damas del fin del mundo. Barcelona: Grijalbo, 1999.

Siglos XII-XIII: dos novelas independientes del resto

La reina Urraca. La agitada vida de una mujer en el fascinante mundo de la Edad Media. Madrid: Temas de Hoy, 2001.

La cajita de lágrima. (De cómo la condesa de Haro y un caballero del Languedoc unieron sus destinos en la batalla de las Navas de Tolosa). Barcelona: Salamandra, 1999.

Siglos XV-XVI: la trilogía de la Reina Isabel y un epílogo: América

Isabel, la reina. Las hijas de la media luna. Vol. I. El tiempo de la siembra. Vol. II. El sabor de las cerezas. Vol. III. Barcelona: Mondadori, 2001

América. La aventura de cuatro mujeres en el Nuevo Mundo. Barcelona: Mondadori, 2002.

Siglo XIX: dos novelas zaragozanas

Romance de ciego. Barcelona: Martínez Roca, 2005. Premio Alfonso X el Sabio 2005.

La artillera. Una lucha de España por la libertad. Santillana: Suma de Letras, 2008.

Siglo XX:una novela epistolar. Época de Primo de Rivera

Te lo digo por escrito. Una historia de amor imposible en la España de los años veinte. Barcelona: Martínez Roca, 2006

rayaaaaa

Para terminar

La obra de Ángeles de Irisarri se caracteriza por la singularidad de los recursos literarios. Y por la enérgica protesta, en clave de humor, contra los abusos a que han sido sometidas las mujeres a lo largo de la historia.

En este artículo he querido destacar su gran acierto en la elección de las narradoras. Cuando acabamos las lecturas siguen zumbando en nuestros oídos la voz de mando de la reina Toda, el soniquete de la condesa de Barcelona y los gritos de protesta de la reina Urraca.

Llama la atención el discurso a doble voz de Isabel la Católica y las voces enérgicas de la abadesa de las Clarisas y la de la madre Rafols. Y nos sorprenden las expresiones castizas de Casta Álvarez y las conversaciones íntimas de Agustina de Aragón y su hermana Quimeta.

En cambio, cuando el narrador es un varón, el tono se neutraliza. Por eso no recordamos con tanta nitidez la voz del protagonista de El estrellero de San Juan de la Peña ni la de La cajita de lágrima.

Sus narradoras cuentan historias por el mero placer de dejar por escrito un testimonio que se ajuste mejor a lo que fue la historia de las mujeres.

En estas historias del pasado vemos anticipados muchos problemas de nuestro presente. Y la lección es clara. No podemos vivir al margen de nuestra propia historia y, las mujeres, como Mínimo en El estrellero de San Juan de la Peña, tenemos que escribir “nuestros ayeres” para que sea mejor nuestro presente.

Carmen Romeo Pemán.

Imagen principal. Libros de Ángeles de Irisarri. Foto: Carmen Romeo Pemán.

Y las niñas en una cocina

De las fragolinas de mis ayeres

Como en El Frago no había ningún local disponible para la escuela de las niñas, doña Simona, que se alojaba en casa de la señora María del Socarrau, le pidió que le dejara dar las clases en la cocina.

—Bueno, pero los padres tendrán que traer la leña del fuego, que cada vez tengo menos fuerza. —Se ajustó bien la toca por detrás de las orejas—. Mire, ya no puedo venir del monte con un fajo en la cabeza y otro en las costillas.

—De acuerdo, hablaré con los padres y haremos el cambio cuanto antes, que en la Herrería Vieja estamos pasando mucho frío —le dijo doña Simona.

—¿A quién se le ocurriría meter a las niñas en la Herrería? —Se santiguó como siempre que le venía un mal pensamiento—. ¡Vamos, ni al que asó la manteca!

—Bien, pues mañana vendremos aquí.

Entre las dos movieron las cadieras que rodeaban el hogar para hacer más sitio. Pusieron la mesa de comer debajo de la ventana. Colgaron el crucifijo detrás de la puerta, así no se ahumaría. Y el retrato de la Reina Madre encima de la fregadera.

Doña Simona se quedó mirando el esplendoroso vestido blanco y la corona de brillantes de la Regente. Pensó que era buena señal que gobernara una mujer. La austriaca María Cristina había sabido hacerse un hueco en el corazón de Alfonso XII, a pesar de que toda su vida siguió llorando a Merceditas. Al menos así se lo cantaban las niñas de El Frago cuando jugaban al corro en la hora del recreo:

—¿Dónde vas Alfonso XII, dónde vas triste de ti?—Voy en busca de Mercedes que ayer tarde no la vi.

rayaaaaa

Al día siguiente la casa se llenó con el bullicio de las niñas. Cada una llevó su banquico y les costó un buen rato acomodarlos en una cocina tan pequeña.

Aquellas clases alrededor del fuego se llenaron de magia, sobre todo para Victoria de casa Melchor.

Se quedó alelada cuando una mula le abrió la cabeza de una coz. Pero le gustaba que, por las tardes, la llevaran a la escuela. Escuchaba los cuentos de doña Simona mientras intentaba bordar flores de cruceta en los trapos viejos que le daba su madre. Y se excitaba con el revuelo que se montaba cuando la maestra leía cuentos de amores.

Qué griterío se armaba por saber si Casilda había hecho bien o mal al rechazar a Ramón. Y qué lloros por el cantarico que había roto la caprichosa Lucía. Victoria deseaba que sus tías se parecieran a la cariñosa tía Julia. Y quería ser inteligente y fuerte, como la niña de Isabel, la protagonista de uno de sus cuentos preferidos.

Sus ojos se llenaban de lágrimas cuando doña Simona acababa el cuento “España, flor” con aquello de “que nos quede en medio de tanto barro y de tanto dolor, un recuerdo amable, por lo menos un trocico del Edén”. Porque Victoria, que ya sabía mucho del dolor, también sabía que ese trocico del Edén lo encontraba al lado de su maestra.

El día de la coz los ojos se le quedaron muy abiertos y casi no se le entendía lo que decía.

—¿Estás enferma?—le preguntó su madre un día que la vio cerrar los ojos.

Y ella, con un balbuceo casi inaudible, le dijo que no, que los cerraba para ver mejor los recuerdos que guardaba escondidos. Además, así podía volver a escribir todos los cuentos con unas alas de ensueño que le había regalado su maestra.

Doña Simona se pasaba las tardes escribiendo historias para sus alumnas. Antes de ir a dormir se las leía a la señora María. Un día al acabar su casera le dijo:

—Doña Simona, nunca es tarde para aprender a leer. No me canso de escucharla desde esta sillica detrás de la cadiera. Y ya me están saliendo unas alas como las de Victoria de casa Melchor.

1921-Victoria de Melchor

Víctoria Romeo Berges, (El Frago, 1914-1926), conocida como Víctoria de casa Melchor, falleció a consecuencia de la coz de un caballo.

Carmen Romeo Pemán

Imagen pincicial: El Frago (Zaragoza). Foto de Carmen Romeo Pemán

 

Espiral de lunas: la naturaleza cíclica de las mujeres

¡Me encanta la luna! Soy una enamorada, una loca, una fanática obsesionada con la Luna. Hace unos días tuve la oportunidad de conocer un proyecto hermoso que me volvió aún más lunática. En Bogotá, Colombia, territorio Andino y Muisca, nació una apuesta de vida: “Espiral de Lunas”. Un proyecto autogestivo y pedagógico, liderado por Bxisqua, un colectivo de mujeres que busca crear espacios que nos permitan conectarnos con nuestro ser cíclico.

Bxisqua es una palabra chibcha que significa plantar y parir. El grupo Bxisqua quiere promover y divulgar el conocimiento adquirido en sus experiencias con la siembra de luna, el uso de dispositivos alternativos a lo desechable y el trabajo en el reconocimiento de nuestro ser cíclico. Y, sobre todo, nuestra relación con los ciclos de la luna y, por ende, con la tierra.

“Espiral de Lunas” es una propuesta práctica para entender la naturaleza cíclica femenina. Desde que nació, en el año 2017, se ha convertido en una oportunidad para que las mujeres se reencuentren consigo mismas. El proyecto intenta materializar la sabiduría de la Madre y reconocer el tiempo como la expresión del movimiento. Y, sobre todo, entender lo cíclico como fundamental en la vida, la muerte y el renacimiento.

15401184_112178669277519_8387509556236449179_n

“Espiral de Lunas” nos ayuda a hacer un trabajo de introspección, llegar a la naturaleza cíclica femenina y reconocer nuestros ciclos en sincronía con las fases de la luna. Si usamos este lunario y en cada ciclo lunar marcamos los días que menstruamos y nuestro periodo fértil, podremos comprender los diferentes momentos por los que transita nuestro cuerpo. Esto está relacionado con la importancia de registrar cada día las emociones, sensaciones, percepciones, sueños y deseos significativos de nuestra vida. Luego, en un ejercicio de retrospectiva, revisaremos nuestro registro y podremos contar con los elementos necesarios que nos ayudarán a descubrir cómo se expresa nuestra naturaleza cíclica en beneficio propio, en el de otras mujeres y en el de la humanidad.

27332414_342950419533675_1205110683229662491_n

El lunario, o calendario lunar, está compuesto por trece ciclos, cada uno acompañado de un sincronario, una mándala elaborada a mano alzada y frases inspiradoras como complemento del aprendizaje. Un sincronario es una rueda que muestra las diferentes fases de la luna durante los doce meses del año. La lectura comienza en la parte de abajo con la Luna Nueva Oscura. Allí empezamos un movimiento contrario al de las manecillas del reloj y hacemos una eterna espiral de lunas.

El ciclo de la luna nos conecta con la sabiduría de lo cíclico y con los arquetipos femeninos, sea cual sea nuestra etapa vital. “Espiral de Lunas” permite conocer con antelación las cuatro fases de la luna, eclipses, equinoccios y solsticios. De esta forma nos podemos sintonizar de manera consciente con su influencia sobre nuestra vida. El lunario nos invita a hacerlo nuestro coloreándolo, escribiendo y expresándonos con él.

En el marco del proyecto, las mujeres de Bxisqua diseñan y realizan talleres sobre la utilización del lunario como herramienta de introspección femenina. Pretenden llegar al auto reconocimiento del potencial de la naturaleza cíclica de las mujeres y su empoderamiento. También participan en espacios de autogestión como, por ejemplo, en mercados agroecológicos y en escenarios de comercio justo. Y, por supuesto, intercambian saberes y círculos de tejido de pensamiento.

 

La tradición de la Mujer Sabia es una espiral
(THE WISE WOMAN TRADITION IS A SPIRAL)
by Susun S Weed

El símbolo de la Tradición de la Mujer Sabia es una espiral.
Una espiral es un ciclo de medida que se mueve a través del tiempo.
Una espiral es el movimiento alrededor y más allá de un círculo, regresando siempre a sí mismo, pero nunca exactamente al mismo lugar.
Las Espirales nunca se repiten.
El símbolo de la Tradición de la Mujer Sabia es la espiral.
La espiral es el caldero burbujeante.
La espiral es el rizo de la ola.
La espiral es la elevación del viento.
La espiral es el remolino de agua.
La espiral es el cordón umbilical.
La espiral es la gran serpiente.
La espiral es el camino de la tierra.
La espiral es el giro de la hélice.
La espiral es la rotación de nuestra galaxia.
La espiral es el coraje suave.
La espiral es el laberinto.
La espiral es la atracción útero-marea-Luna.
La espiral es su vida individual.
La espiral es el pasaje entre mundos: el paso del nacimiento a la muerte pasando a nacer.
El camino de la iluminación es la danza espiral de felicidad.
El símbolo de la Tradición de la Mujer Sabia es una espiral.
Doce es el número de orden establecido.
Un paso más allá es trece, el comodín, el primer indivisible, el número de cambios.
Caminando una espiral, inevitablemente se llega a la siguiente etapa única, lo desconocido, la etapa XIII, la oportunidad para el cambio, la ventana de la transformación.
El paso decimotercero crea el espiral.

 

 Mónica Solano

 

 

Imágenes de Bxisqua

 

Tintado en sangre

—Mamá, por favor, guárdalo. Te está mirando todo el mundo —me dijo Victoria.

Me levanté las gafas de cerca y pestañeé para enfocar mejor la cara de mi hija. A mi alrededor, algunas personas, las más jóvenes, no apartaban los ojos de mí y de mis manos. Como si quisieran decirme con sus sonrisas que era una vieja loca.

—Hija, solo quiero ver si tu madre me ha dicho algo —le contesté.

—Pues cuando entres en la tienda, te metes en el probador y lo miras. Lo que mami te tenga que decir puede esperar. Y tú también.

Iba a contestarle que qué más daba lo que pensaran los demás, pero, ¿quién era yo para reprocharle nada a Victoria? Esos miedos a que la pusieran en evidencia, a que la juzgaran, los había aprendido de nosotras, sus madres, en nuestra propia casa. Victoria, que ya era una mujer, debía tener grabadas a fuego todas aquellas tardes en las que la esperábamos un par de esquinas más abajo del colegio para que los padres de los otros niños no vieran que nuestro coche aún no era eléctrico. Se comía el bocadillo en casa cuando le apetecía tomar crema de chocolate con abundante aceite de palma. Había notado cómo le estirábamos la manga de la camiseta para tapar la pequeña reacción de una vacuna en el brazo.

Para una vez que salía con la niña de compras no iba a importunarla. Guardé el teléfono en el bolso, ese saco de lino con pespuntes de hilo que me regaló el último día de la madre. Una bolsa sencilla y, aún así, más cara que aquel artefacto que me permitía hacer más cosas que cualquiera de los ordenadores que tuve en la infancia.

Entramos en la tienda, y Victoria fue rápidamente a mirar los vestidos de verano mientras yo me metía en un mar de prendas de colores naturales que dependían del tejido del que estuvieran hechas. Sentía el teléfono como un peso extra en el bolso. Cogí una chaqueta cualquiera, una de lana basta que rascaba la piel y de un color marrón indeterminado, y me metí en el probador. Saqué el móvil con manos ansiosas. Un único y solitario mensaje parpadeaba en la pantalla sin desbloquear.

Aura no había perdido las costumbres de su juventud ni había caído bajo las garras del miedo a las ondas de radiofrecuencia.

Después de treinta años de matrimonio, mi mujer seguía siendo capaz de sorprenderme. Me deseaba una gran tarde de compras con nuestra niña. Además, me enviaba una foto junto a un emoticono. Una persona se llevaba un dedo a la boca. Un secreto.

En la imagen, una solitaria bolsa de un snack con sabor a queso, y, probablemente, regado de glutamato sódico, palpitaba sobre la encimera de la cocina. Me preguntaba de dónde narices la había sacado, pero ya me enteraría más tarde.  Salí del probador con la prenda en la mano, en la misma posición que al entrar, y me dirigí al lugar de donde creía que la había cogido para devolverla a su sitio. El calor era tan intenso que aquella chaqueta cada vez me picaba más en las manos. Fui pasillo a pasillo mirando cada estante y cada burra, sin éxito. Todo era tan… anodino. Desde hacía años, desde que habían dejado de llevarse los estampados. No es que hubiera tenido nunca predilección por los vestidos floreados o la ropa de mil colores, pero ahora todo se había vuelto demasiado aburrido.

A menudo me preguntaba qué habría pasado si no hubiera saltado aquella polémica sobre lo perjudicial de los productos químicos de los tintes de la ropa. Recordaba que lo había hablado con Aura y habíamos llegado a la conclusión de que lo dañino no parecían los químicos sino la nula conciencia ambiental de quienes los utilizaban. Sin embargo, pronto empezó el aluvión de firmas pidiendo que los prohibieran y las empresas decidieron cambiar las cosas, no sabía si por conciencia o por marketing. Aunque sospechaba que era por esto último.

La vuelta a lo de siempre, provocada por el abuso de la tecnología o de los químicos, fue muy aplaudida. Las coletillas de “Al natural”, “Vuelta a lo tradicional” o “Como los de antes” llegaron y dieron paso a las etiquetas de “Sin conservantes” y “Sin colorantes”. Y todo aquello parecía lógico. ¿Quién iba a querer productos llenos de química si lo que necesitaba el ser humano era volver a la alimentación sana? Incluso Aura estaba de acuerdo en buscar alimentos que se parecieran a los que comían nuestras abuelas. Y así quisimos criar a Victoria desde que nació. De vuelta a lo natural.

Estábamos a finales del S. XXI y lo natural era no ponerse vacunas y morir de sarampión.

Me rendí. Nunca encontraría la burra de la que había sacado la chaqueta así que me acerqué al joven que había en el mostrador y le dejé la prenda sobre la mesa con una disculpa. Después fui a buscar a mi hija, que parecía una niña dando saltitos de emoción. Me mostraba un vestido de un solo tirante que bajaba por el pecho como una túnica romana y se cogía a la cintura con un cinturón hecho de fibras de cáñamo. Lo pagué, porque me parecía natural regalarle un capricho a mi hija, y salimos a tomar el aire fresco.

Me despedí de ella un par de manzanas al sur, después de tomarnos un té endulzado con miel y antes de que ella cogiera el autobús hasta su casa. Yo prefería caminar hasta el piso que compartía con mi mujer, aunque el calor apretaba. Pensé en quitarme la túnica, pero entonces recordé que debajo llevaba una de esas camisetas antiguas, teñida de un rojo casi eléctrico. Si me despojaba de la tela beige, anodina, me plantaría en medio de la gente como un semáforo, una alarma, un faro. Todos me mirarían, se sorprenderían de ver a alguien con una prenda tóxica. Recordaba haber leído en redes sociales a personas temerosas de que los tintes se pegaran a su piel, les cubrieran los poros y las mataran por intoxicación. Premio Darwin, dirían algunos. Se lo merece por inconsciente, dirían otros. Fuera lo que fuera, me verían con esa camiseta y me señalarían como si su vida dependiera de mis decisiones. Me juzgarían.

Me quedé quieta delante de un paso de peatones. No era una calle demasiado concurrida, con unas aceras estrechas y un carril para la circulación rodada, que se había parado para dejarme pasar. Di paso a los coches con la mano y me di la vuelta al tráfico. Me chorreaba la espalda.

Quizá era el momento.

Abrí mi bolso, aquella saca sencilla de algodón, y saqué el móvil para guardarlo en el bolsillo del pantalón. Después, me puse la bolsa entre las piernas mientras me quitaba la túnica. La camiseta, de un rojo vibrante, salió a la luz. A mi derecha, una niña de unos siete años vestida con un uniforme beige dejó caer la manzana que estaba merendando. Se paralizó. Su madre dejó escapar una exclamación que posiblemente su hija no habría oído nunca y le dio un tirón del brazo para apartarla de mí.

La niña y su madre me recordaron a mi pequeña y a mí, la una tan interesada por descubrir el mundo y la otra tan preocupada por protegerla de él. Las observé cómo se acercaban a un par de policías con los que me había cruzado unos metros antes. La madre me señaló y la pareja vino hacia mí con decisión, acelerando el paso y desenvainando las porras. Gritaban algo que no entendía.

Antes de desvanecerme pensé en el color de la sangre que me manchaba el pecho, casi tan brillante como el de mi camiseta.

 

Reformas en mi vida

Algo ha cambiado en mi vida desde que la escritura llamó a mi puerta. Algo relacionado con mi trabajo y con mi nueva forma de utilizar el tiempo. A este cambio ha contribuido la dinámica que se va imponiendo en muchas empresas y unas reformas que estoy haciendo en mi casa. De ese cambio quiero hablaros aquí.

Muchas empresas enfocan su trabajo a prestar servicios encaminados a ofrecer un producto final a unos clientes. Pero desde hace unos años ha ido cobrando fuerza el concepto de clientes internos, y así lo he experimentado en el SAS (Servicio Andaluz de Salud), donde trabajo como médico de familia. El SAS trabaja para que su producto, la salud, llegue a los andaluces. Pero ya no focaliza su atención solo en los usuarios. Ha empezado a tomar iniciativas dirigidas a sus propios trabajadores.

Mirando los dos lados de la ecuación, la celebración reciente del Día Uno de Mayo fue una buena fecha para recordarme, y recordaros, que es bueno trabajar por y para los trabajadores. Y si extrapolo la situación de mi empresa y la de la obra de mi casa a mi situación personal, me doy cuenta de que, desde hace unos años, también estoy haciendo reformas en mi vida.

La palabra “obra” tiene doce acepciones en el Diccionario de la RAE. Ahí es nada. Me encantó el descubrimiento, porque casi todas me sirven para argumentar lo que os quiero contar sobre mi peculiar visión de trabajar para nosotros mismos.

Recursos

En la primera acepción se dice que obra es cualquier cosa hecha o producida por un agente. Por tanto, el punto de partida debería consistir en buscar los recursos con los que pondremos en marcha cualquier proyecto. Para mi obra he contado con el asesoramiento de buenos profesionales. Sobre todo, del arquitecto y de los albañiles. Los planos del arquitecto y los presupuestos de los distintos oficios están sobre la mesa. Ya tengo material y métodos. De modo que la siguiente pregunta sería: ¿y qué hago ahora?

Programación y ejecución

Pues la respuesta es evidente. Ahora toca empezar a trabajar. Al revisar armarios y cajones me he dado cuenta de la cantidad de tonterías que he acumulado y que no he utilizado en muchos años. Lo comenté con una amiga y me respondió que posiblemente estaba en camino de descubrir la belleza del feng shui. No voy a extenderme en eso, pero sí que nombraré una trilogía de palabras que encuentro muy prácticas para la obra y para mí: vacía, ordena y limpia.

Mientras de mi casa van saliendo tiestos y trastos, tengo la impresión de que en mi mente se van quedando espacios amplios, que no vacíos. Y me gusta. Mientras embalo, friego, tiro y ordeno, me doy cuenta de que en los últimos años ya había empezado a hacer eso sin ser muy consciente de ello. Por ejemplo, hace casi un año decidí dejar de hacer guardias. Gano un poco menos, pero vivo mucho mejor. Y no ha sido lo único que ha cambiado en mi vida. En el escritorio de mi ordenador, por poneros otro ejemplo, he quitado los accesos directos a muchos juegos para sustituirlos por otros como el de este blog.

Me gustaría daros aquí una especie de receta sobre cómo modificar la programación de algunas partes de nuestra vida y cómo instaurar los cambios que deseamos o que necesitamos, pero no puedo ofreceros lo que no tengo. Por eso me limito a contaros un poco mi propia trayectoria que, por cierto, ha tenido mucho de intuitiva y muy poco de programada.

En la vida, como en la escritura, podemos hablar de trabajadores o escritores de brújula o de mapa. Está bien dejarse llevar por la inspiración cuando surge, pero también conviene tener un mapa que nos ayude a saber si nos estamos desviando del camino a la meta que queremos alcanzar. En este sentido es muy interesante el artículo de Ana González Duque, Escritor de mapa, escritor jardinero y escritor paisajista. No somos robots, por suerte, aunque supongo que también el azar pinta algo en esta historia. En mi caso, y sigo con ejemplos de mi evolución personal, lo primero fue conseguir una estabilidad personal y laboral. Con mis hijos ya criados, y un trabajo estable y satisfactorio, decidí que había llegado mi turno y mi afición por la escritura subió en la lista de mis prioridades.

Como el día tiene veinticuatro horas, supongo que poco a poco el tiempo que he venido dedicando a la escritura se ha encargado de demoler intereses antiguos que no echo de menos. Porque está claro que para construir lo que tengo ahora he necesitado destruir mucha paja inútil que consumía buena parte de mi tiempo y de mis recursos.

Resultados

Empezar a escribir, matricularme en cursos de escritura, conocer a mis amigas, formar parte de este blog y de este proyecto está siendo un camino por el que me gusta transitar cada vez más. Porque sigo de obra. En la de casa, va quedando menos. Y en la personal, el proyecto crece y crece, y disfruto tanto que creo que nunca le pondré fin.

Porque, si lo pienso bien, a lo largo de mi vida he seguido la misma sistemática. Al principio mis padres lo hicieron por mí. Me dieron una educación en casa, y una formación fuera de casa, que han sido y son mis mejores recursos. Y sobre la base de su ejemplo, ya adulta e independiente, he seguido planificando mi vida para alcanzar mis metas y objetivos, y he aplicado en mi trabajo las enseñanzas que antes adquirí.

Ahora mismo, para mí, la escritura se ha convertido en un trabajo no remunerado si nos atenemos al aspecto económico. Pero en todo lo demás, no puede ser más gratificante. Puedo calificarla como mi mejor empleo, en el que me doy el gusto de ser a la vez empresaria y cliente, de ser yo misma y hacer lo que hago por el puro y simple placer de querer hacerlo. Y, vista así, como un trabajo placentero, se cumple eso de que “el trabajo es salud” ¡Es cierto! Y como médico os digo que la escritura es para mí hoy una de mis mejores medicinas.

Adela Castañón

Imagen: Pixabay

A través del universo

Algo ha cambiado.

No puedo abrir los ojos, pero sé que ya amaneció. Me muevo un poco. Lenta, silenciosa. Me siento más liviana, como si no estuviera aquí, en este momento. Como si me encontrara levitando y no sobre la cama en la que me quedé dormida.

Después de un bostezo pausado abro los ojos. No estoy en la misma habitación. El aliento suspendido enfrente de mí ha formado una ráfaga de colores que ha invadido todo mi campo de visión. Soplo y las partículas de corriente que emanan de mi interior se dispersan e iluminan la parte del universo que está a una mayor distancia.

¿Qué soy? ¿Quién soy?

No tengo el mismo cuerpo físico y ahora estoy dando vueltas en el sistema solar, fuera del planeta Tierra.

¡Soy como Gregor Samsa! Ya no soy una humana. Después de todo, La Metamorfosis resultó no ser solo una historia en el imaginario de Kafka, sino el testimonio de alguien que, como yo, trascendió las leyes de lo imposible.

Me miro las manos y ahora son como codos de los que salen unas pequeñas antenitas que se agitan a cámara lenta. No sé de qué color tengo la piel, aunque se parece mucho al pardo de mis ojos cuando no me da el sol de frente en el rostro.

Hago un esfuerzo por incorporarme, pero mi nuevo cuerpo es pesado. Mis movimientos son torpes. Aún no tengo control de esta nueva forma. ¡Pero ya sé que soy! No soy un escarabajo, ni un insecto. Soy un oso de agua, ¡un tardígrado! Uno de los seres más minúsculos del mundo que tienen la capacidad de vivir sin importar la adversidad del entorno.

Ya lo entiendo. El otro cuerpo no me servía para cumplir con mis propósitos. ¡Qué ironía! Después de todo, para viajar a través del universo no necesitaba tanto equipaje.

¿Estaré en un sueño? ¿En uno de esos sueños que te roban el aliento, de los que nunca desearías salir y quisieras vivir ahí siempre? ¿Será uno de esos? O, ¿será que esta es mi nueva realidad?  Y, ¿si no es un sueño?, entonces, ¿qué es?

Demasiadas preguntas sin respuesta. No puedo perderme la grandiosidad que tengo enfrente mientras debato por qué estoy aquí y ahora. Tengo que avanzar. Puedo hacerlo. Lentamente, sin prisa.

Utilizo mis patas como remos y viajo hacia la aurora boreal más cercana.

He llegado.

¿Tan pronto?

Creo que tardé unos segundos o quizás fue una eternidad. No lo sé.

Hago una pausa.

¿Y dónde está el tiempo? ¿Cómo sé cuántos minutos, horas o años llevo aquí? No parecen demasiados, aunque tampoco parecen pocos.

¡Pero qué cosas pienso! ¡Estoy en el espacio! ¿Qué me importa el tiempo?

Me volteo y quedo de espaldas. Me tomo unos instantes para mirar desde otra perspectiva hacia la nada. Una estrella pasa con prisa y me hace girar varias veces. Tardo unos instantes en atemperar los giros. No me siento mareada. Me gusta girar.

Por fin me detengo.

Ahora puedo ver el planeta que me cobijó en mi otro cuerpo. Se ve muy azul desde esta distancia. Parece una gran canica suspendida que juega a no dejarse atrapar por otra más pequeña y opaca.

Desde aquí todo se ve en calma. Sereno. Como si en el interior no habitaran el miedo, la culpa, la duda. Me gusta estar aquí. Me gusta ver la realidad desde aquí.

Estoy sola.

Miro a mi alrededor y es ahora el vasto universo el que me arropa. No, no estoy sola. Nunca había estado tan acompañada.

Cierro los ojos e inhalo. Huele a las galletas de mantequilla que me hacía mi madre. ¿Por qué huele a galletas en el espacio?

Exhalo y es como si mi aliento estuviera formado por chispas de chocolate que esparcen un aroma dulzón. Podría jurar que estoy dentro de una repostería mientras hornean la masa.  ¡Pero no! Estoy en el espacio. Es perfecto.

Estiro las manos y sigo navegando. Le doy una última mirada a la Tierra y me despido de mi viejo hogar. De mi antigua vida.

Trazo otro curso en mi bitácora interna y doy inicio oficial a un nuevo viaje. Un viaje a través del universo.

 

Mónica Solano

 

Imagen de Jonny Lindner

A todas las maestras. A las treinta y cinco que pasaron por El Frago

 

Hace tiempo que dedico mis afanes a las “Escuelas de El Frago”, donde aprendí las primeras letras y donde recogí las semillas de casi todo lo que he llegado a ser de mayor. Entonces El Frago tenía dos escuelas unitarias. Una de niños y otra de niñas. Un maestro se encargaba de los chicos desde los seis hasta los catorce años. Y una maestra, de las niñas. En los pueblos más pequeños, por debajo de quinientos habitantes, había una sola escuela mixta, regentada por una maestra.

Como muchas hijas de maestras, tuve la suerte de ir a la escuela de mi madre. Ella fue mi primera y mi única maestra desde los seis hasta los trece años, que me llevaron a estudiar a un colegio de monjas a la ciudad. En ese difícil equilibrio de madre y maestra, me transmitió el rigor en el estudio, el amor por la enseñanza y la pasión por la lectura y la escritura, que me han acompañado siempre. Y supo hacerlo con mis compañeras de pupitre.

Mi caso, como el de Lázaro de Tormes, es solo para que “vuesas mercedes” lo conozcan  como ejemplo de lo que entonces era moneda común en las escuelas rurales. Mi madre fue solo un eslabón de una larga cadena. Antes y después, otras maestras entregaron lo mejor de sus vidas a las niñas de muchos “fragos” repartidos por la España Vacía. A todas ellas les rindo este homenaje. Y lo hago recuperando los nombres y las biografías de las treinta y cinco que pasaron por las aulas fragolinas en ciento dieciséis años, desde 1874 hasta que en 1990 se cerraron sus puertas para siempre.

Muchas escuelas públicas se crearon en 1838, pero la enseñanza de las niñas tardó en regularizarse. Las maestras llegaron más tarde que los maestros. En 1848 ya conocemos el nombre del primer maestro fragolino, José Sánchez. Pero hasta 1874 no aparece ninguna maestra.

Siglo XIX

Inés Cervera: 1874-1877. Natural de Luesia, se trasladó desde Asín a El Frago, donde ya estaba su marido, Diego Laporta. Le ofrecieron un buen sueldo, la vivienda y las “retribuciones de los niños no pobres”, es decir, lo que se acordaba cada año que tenían que  pagar los hijos de las familias más acomodadas por ir a la escuela. Hasta 1901, los ayuntamientos pagaron los sueldos, que estaban relacionados con el número de habitantes. Y cobraba más el maestro que la maestra. En 1874 la escuela de niños estaba dotada con 625 pesetas y la de niñas con 442. A los dos años de estar en El Frago murió su hija Avelina, de cinco años, que había nacido en Asín. Su hija Juana, natural de Ejea de los Caballeros, estudió Magisterio en Huesca.

Juana Bonaluque Gállego: 1877–1881. (El Frago, 1850–Ídem. 1889). Estudió Magisterio en Huesca. Juana, Bárbara, Justa y Ramona eran hijas de Martín Bonaluque Giménez y de María Gállego Pérez, natural de Santa Eulalia de Gállego. Y primas hermanas de Manuel Marco Bonaluque, maestro de Biel. Se casó con el fragolino Florentino Laguarta Ardevines, labrador, y tuvieron cinco hijos: Sebastián, Carlos, Luisa, Juan y Estanislada. Su hija Luisa se casó con Generoso Sánchez Ardevines, hijo de José Sánchez, el primer maestro cuyo nombre conocemos.

Leonor Herrero Alvira: 1881–1883. (Fustiñana, 1859-¿?). Era hija de Domingo y Concepción. Estuvo de interina hasta que Simona Paúles ocupó la plaza por oposición. Embid de Ariza, Biurrun, (Navarra) y  Larrasoaña (Navarra) fueron algunos de sus destinos posteriores.

Simona Paúles Bescós: 1883–1913. (Aísa, Huesca, 1843-¿?). Esta hija de Romualdo y Jacinta estudió Magisterio en Huesca. Se casó con Pedro Uhalte Alegre (Villarreal de la Canal, Huesca, 1840–¿?), también maestro, y vivieron treinta años en El Frago. Los dos prepararon a muchos de sus alumnos para que salieran a estudiar y dieron clases de repaso a los adultos. En la primera etapa de la escolarización del pueblo, lograron una estabilidad y una continuidad educativas que favorecieron la disminución del analfabetismo. Por ejemplo, mi propia abuela tenía una letra primorosa –con faltas de ortografía, claro, y llevaba las cuentas de su casa en sus “Cuadernos para Apuntaciones”. Todo se lo había enseñado doña Simona.

Tuvieron varios hijos: María Teresa (Villarreal 1874–Sádaba, 1918), maestra, casada con Bonifacio Guillén Luna. Pedro (El Frago, 1884–Petilla de Aragón, Navarra, 1950), practicante. Y María Esperanza (El Frago, 1888–Ídem, 1889).

Siglo XX. Hasta 1936

Teresa Lacueva Gresa: 1913–1913. Estudió Magisterio en Teruel. Su primer trabajo consistió en cubrir la vacante que quedó en El Frago por la jubilación de Simona Paúles.

Felisa Medina Pérez: 1913–1916. (1846-¿?). Esta maestra de Guadalajara pasó a depender del rectorado de Zaragoza en 1908, cuando la destinaron a Villar de los Navarros en esta provincia. Llegó a El Frago por traslado y se jubiló a los dos años.

Ignacia Brígida Lazcano Torres: 1916–1919. (Matute, Logroño, ¿?-¿?). Estudió Magisterio en Huesca. Llegó y se fue por concurso de traslado. Protestó enérgicamente cuando se encontró con problemas de alojamiento y sin local para la escuela. Consiguió que el Ayuntamiento alquilara una casa en la que vivía y en cuya cocina daba las clases.

1921-Escuela de El Frago

Ángela García Alegre con sus alumnas

Ángela García Alegre: 1919–1930. (Zaragoza, 1894–Ronda, Málaga, 1971). En 1918 aprobó las oposciones en Huesca. Estuvo un año en expectativa de destino y en 1919 le dieron en propiedad la Escuela de Niñas de El Frago. Cuando llegó no salía de su asombro. Como el Ayuntamiento no tenía un local para las niñas, le acondicionaron la Herrería Vieja, que todavía conservaba la fragua y las paredes llenas de hollín. Se negó a entrar y abandonó el pueblo. El Gobernador Civil le puso una multa de 250 pesetas y la obligó a volver. Entonces el Ayuntamiento le buscó una habitación de alquiler y, a partir de ese momento, dio las clases en la cocina de su casera, la señora María del Socarrau.

En 1925 su marido, el maestro Bruno Gracia Sieso, llegó desde un pueblo de Soria por el turno de consortes.  Como formaban una familia, con tres hijas, le pidieron al Ayuntamiento que les buscara una casa, pero nadie les alquiló una vivienda. Lo comunicaron a la Inspección de Enseñanza Primaria y al Gobernador Civil, que de nuevo tomó cartas en el asunto. En esta ocasión multó al Ayuntamiento, se llevó a los maestros del pueblo hasta que resolvieran el problema y no permitió que contrataran a otros. Ángela y Bruno, con su decidida actuación, obligaron a que el Ayuntamiento se planteara la necesidad de construir un nuevo edificio escolar. En 1928, Benjamín Biescas y Elisa Carrascón les prestaron su propia casa hasta que se acabaran las obras de las escuelas.

Entre 1921 y 1935 nacieron sus ocho hijos: Angelina (Zaragoza, 1921-Granada, 2008), María Rosa (Zaragoza, 1922–Ronda, 2009). Blanca (Zaragoza, 1924), Gabriel (Zaragoza, 1926–Ídem, 1929), Ana María (Zaragoza, 1928-Ronda, 2016), Carlos (Zaragoza, 1930-Ronda, 2018), María del Carmen (Ronda, 1935–Ronda, 1936) y Miguel Ángel (Ronda, 1935).

Ángela García fue una maestra escritora. Colaboró en varios periódicos, recibió premios literarios y escribió artículos y cuentos dedicados a la educación de las niñas. El día de la inauguración de las escuelas pronunció una conferencia titulada “La educación de la mujer”.

Dolores Álvarez: 1923-1924. Sustituyó a Ángela García en uno de sus permisos por maternidad, durante un trimestre.

Elisa Carrascón Pitarque: 1926-1928. (Zaragoza, 1883-¿?). Era hija de Joaquín Carrascón y de Catalina Pitarque. No era maestra de profesión. Tenía estudios de piano. Sustituyo a Ángela García mientras construyeron las escuelas.

Estaba casada con el fragolino Benjamín Biescas, que había estudiado Magisterio en Zaragoza. De recién casada llegó a El Frago donde su marido se estableció como comerciante. Además del comercio, desde 1904 hasta 1936, fue secretario del Ayuntamiento. En 1926, pusieron a disposición del Ayuntamiento el comedor de su casa para dar clase a las niñas.

En 1928, ella y toda su familia se fueron a compartir la vivienda del hermano de su marido y ofrecieron su casa, con sus muebles, para que volvieran Ángela y Bruno.

En 1936 se fueron a Madrid por un asunto de enfermedad de Benjamín y no pudieron regresar. Después de la Guerra Civil no le permitieron que se reincorporara a la Secretaría. Desde 1957 Elisa recibió una pensión de viudedad de trescientas pesetas al mes, pagada por el Ayuntamiento de El Frago.

En El Frago nacieron todos sus hijos, Guadalupe (El Frago, 1902–Ídem, 1902), Gregorio (El Frago, 1904 – Ídem, 1907), Clara Alicia (El Frago, 1905-Luna, 1991), Valeriana (El Frago, 1907 – Zaragoza, 1980), y Segundo Benjamín (El Frago, 1911 – Ídem, 1912).

Piedad Ruiz Lapuerta: 1930–1931. (Valtueña, Soria ¿?-¿?). Estudió Magisterio en Huesca. Aprobó las oposiciones de 1932 y en 1933 la destinaron a Borja.

Raimunda Casabón Girón: 1931–1933. (Zaragoza, 1909–Huesca, 2003). Era hija de Teodoro Casabón y Pilar Girón y estudió Magisterio en Huesca. De El Frago se trasladó a Ayerbe y después a Huesca.

Asunción Gracia Labarta: 1933–1934. Era soltera y llegó acompañada de su hermana. Estaban emparentadas con varias casas del pueblo y eso les facilitó el alojamiento con la familia de “casa Martina”. Fue la madrina de bautismo de su sobrina Purificación Beamonte Lafuente. Como el calendario escolar había cambiado con la II República, tuvo que conciliar la supresión de algunos días festivos con las tradiciones del pueblo.

Anunciación Ángela Romeo Idoipe: 1934–1935. (El Frago, 1914– Ídem, 1996). Conocida como Angelita de “casa Cecilia”. Primero estuvo un año de interina y después, en 1942, volvió como propietaria.

1935-Doña Isabel y sus alumnas

1935, El Frago. Isabel Peribáñez con sus alumnas delante de la ventana de la escuela de los chicos.

La Guerra Civil (1936-1939)

Las maestras cubrieron las plazas que quedaron vacantes en las Escuelas de Niños por falta maestros. Unos habían muerto, otros estaban represaliados y otros en el frente.  En estos años, de manera excepcional, encontramos a la vez dos maestras en El Frago.

Isabel Peribáñez Sánchez: 1935-1940. Propietaria. Maestra de chicas. A pesar de ser una de las maestras más recordadas, no he conseguido datos de su biografía.

Ángela Sarasa Lasierra: 1936–1936. (Alcalá de Gurrea, Huesca, 1908–Zaragoza, 1991). Maestra de chicos. Estudió Magisterio en Huesca. En los últimos años estuvo destinada en Zaragoza.

Ángela Falo Piazuelo: 1938–1940. (Alcalá de Gurrea, Huesca, 1914-¿?). Maestra de chicos. Dejó muy buen recuerdo entre sus alumnos.

Mercedes Laguarta Dieste: 1940–1942. (El Frago, 1921–Valencia, 2009). Era hija de Miguel Laguarta Giménez y Petra Dieste Charles. En El Frago todos la conocían como María de “casa Buchorno”. Obtuvo el título de maestra por el llamado “plan bachiller”. Sustituyó a Ángela Falo en la escuela de los chicos; y a Isabel Peribáñez y a Ángela Romeo en la de las chicas.  Realizó todas las sustituciones que se produjeron desde que acabó los estudios hasta que se casó con Vicente García Aznar. Después ejerció en Trasmoz y Maluenda. Tuvo tres hijos, José (Leciñena, 1943), Mari Flor (Estartit, Gerona, 1946) y Javier (Valencia, 1964).

31113533_1933385716971737_2505777838536261632_n (1) - copia

Ángela Romeo Idoipe, la segunda por la izquierda, fue la primera maestra propietariaa de la posguerra. Raimunda Casabón, la quinta, había estado desde 1931 hasta 1934.

1940-1969. La posguerra. Hasta la escuela mixta

Anunciación Ángela Romeo Idoipe: 1942–1945. (El Frago, 1914–Ídem, 1996). “Angelita de casa Cecilia”, como la llamaban, era hija de Basilio Romeo Romeo y de Nicasia Idoipe Cortina. En 1941 aprobó las primeras oposiciones de la posguerra y obtuvo la escuela de El Frago en propiedad. En 1945 se fue a Lérida por concurso de traslado y se jubiló en Barcelona. Se casó con Rafael Sender Garcés (Huesca, 1915-Barcelona, 1996) y tuvieron dos hijos, Rosa María (Lérida, 1946) y Rafael (Lérida, 1950).

Natividad Josefina Magallón Pastor: 1945–1945. (Calanda, 1902–Ídem, 1974). Sustituyó a Ángela Romeo en un permiso por asuntos propios.

Escolástica Marco Marco: 1945–1945. (Biel, 1922–Alcañiz, Zaragoza, 2005). Fue la segunda sustituta de Ángela Romeo. Era hija de Francisco Marco Arenaz y María Marco Campos, estudió Magisterio y se casó con Luis Marco Bueno (Biel, 1919–Alagón, 1982). Luis era hijo Delfina Bueno, maestra de Biel, y nieto de Manuel Marco Bonaluque, natural de El Frago, uno de los primeros maestros fragolinos que desempeñó casi todo su ejercicio profesional en Biel.

Asunción Pemán Marco: 1946–1972. (Biel, 1916–Zaragoza, 2003). Era hija de Constantino Pemán Otal, maestro de Biel, y de Pascuala Marco Castán, también maestra. Cuando murió su madre, la llevaron con una tía para que estudiara Magisterio en la Escuela Normal de Valencia (1931-1935). Había aprobado los dos primeros ejercicios de las oposiciones que se estaban celebrando en 1936 y que se suspendieron con la sublevación militar. Pasó la Guerra Civil en Biel, sin trabajar, y aprobó las oposiciones de 1941. Fue maestra propietaria provisional de Orés (1941-1942) y de Biel (1942-1943). Propietaria definitiva de las escuelas graduadas de Ejea de los Caballeros (1943–1945). Por traslado llegó a la Escuela de Niñas de El Frago (1946–1969), siete años antes que su marido.

En 1943 se había casado con Gregorio Romeo (El Frago, 1912-Ïdem, 1969) en Biel, donde los dos ejercían de maestros. Después fueron maestros de Ejea y El Frago. Tuvieron dos hijas: Concepción “Maruja” (Ejea de los Caballeros, 1944) y Carmen (El Frago, 1948).

A la muerte de su marido se cerró la Escuela de Niños y ella se convirtió en la primera propietaria de la recién creada escuela mixta (1969–1972). En 1972 se trasladó a Zaragoza, a la escuela “Andrés Manjón”, donde se jubiló a los 67 años.

31069060_1933074600336182_2807942377086386176_n

Valencia, 1930. Saliendo de la Escuela Normal. Asunción Pemán Marco, la de la derecha, fue la última maestra de la Escuela de Niñas de El Frago y la primera de la Escuela Mixta.

1969-1984. Escuela mixta

Mari Nieves Pérez Tolosana: 1969–1970. (Luna, 1949). Hija de Leoncio y Victoria. En 1967 obtuvo el título de Magisterio en Zaragoza. Se estrenó de maestra en El Frago, sustituyendo a Asunción Pemán, en un permiso por enfermedad. Acabó su carrera profesional en la provincia de Gerona, donde también ejercía su marido de veterinario.

Flora Relancio Sanz: 1970–1971. (Ejea de los Caballeros, ¿?). La segunda sustituta de Asunción Pemán.

Consolación Lajusticia Villabona: 1972–1973. Llegó como maestra propietaria en el mismo traslado que Asunción Pemán se fue a Zaragoza. Al año siguiernte conisguió el traslado a Cataluña.

Nieves Escartín Cobo: 1973-79 (Barluengua, Huesca, 1948) Estudió Magisterio y Filosofía y Letras (Historia) en Zaragoza. Está casada y tiene una hija. En 1973 llegó a El Frago como maestra propietaria y, salvo en los dos paréntesis de licencia por estudios, dedicó sus afanes a la educación y a las actividades culturales del pueblo. Desde 1973 hasta 1975, tuvo una licencia por estudios y la sustituyó Leonor Auría Biesa. Posteriormente realizó un curso de Educación Especial de cuatro meses y la sustituyó Alfonso Ortiz Herrera.

El día 17 de enero de 1979 salió en el BOE la supresión de la escuela de El Frago y la cesaron por escuela suprimida. A pesar de tener la escuela suprimida, siguió dando clases todo el curso. El año siguiente lo pasó como propietaria provisional en Zaragoza. Después dos cursos destinada en Quinto de Ebro y acabó su vida profesional en Zaragoza. Como no se llegó a cumplir la orden del BOE con la que se había cesado a Nieves, la última propietaria de El Frago, la escuela siguió unos años más.

En una conversación reciente me decía: “Durante mi estancia viví una relación muy personal con mis alumnos y sus familias y unas experiencias muy gratas y afectivas con la Sociedad Cultural y Recreativa La Fragolina de la que me hice socia”. Además asistió a las reuniones que se celebraron en el colegio, presididas por el ingeniero de ICONA, para estudiar un proyecto agrícola-ganadero que pretendía dinamizar el campo y se integró bien en la vida del pueblo. Sus alumnos guardan un buen recuerdo.

Leonor Auría Biesa: 1973–1975. (Luna, ¿?). Sustituyó a Nieves Escartín. Es hija de José Auría Castillo y Humildad Biesa Otal, natural de Biel, y está casada con Satur Tarragüel Liso. En 1990 se trasladó de Uncastillo a Ejea de los Caballeros.

Gema Tomás Valzagón: 1979–1981. (Puebla de Híjar, Teruel, ¿?). La nombraron interina como consecuancia del traslado a Zaragoza de Nieves Escartín.

Ángela Gómez: 1981–1982. (El Barco de Ávila, ¿?). Los alumnos habían disminuido, solo quedaban diez.

Concepción Martínez: 1982–1983. (Fuendejalón, ¿?). Ese año descendió la matrícula a seis alumnos.

Ángeles Domínguez: 1983–1984. (Ejea de los Caballeros, ¿?). Al acabar el curso, dado el escaso número de alumnos, se propuso cerrar la escuela.

1984-1990. Guardería de la Diputación Provincial de Zaragoza. Asociada a Luna

Para evitar el cierre, el alcalde, Alejandro Ardevines,  adoptó la fórmula de guardería de asociada a Luna. Pero se impartían todos los niveles de Educación Primaria.

Carmen Laplaza Idoipe: 1984–1985. (El Frago, 1958). Es hija de Pablo y de Natividad. Estudió Magisterio en Zaragoza. Está casada con Bernardo Palacio Bernués. “El Ayuntamiento me propuso como maestra el primer año que funcionó la escuela-guardería. Sólo estuve un año porque en septiembre nació mi hija Sonia”. (Conversación con Carmen Laplaza, 23/04/2013). Al año siguiente le sucedió un maestro, Antonio Berdor Bailo: 1985-1986.

Ascensión Lamarca Laborda: 1986–1987. (Biota, ¿?) El curso 2017-2018 la encontramos de  profesora de infantil en el CEIP “San Juan de la Peña” de Jaca.

Maria Soledad Berges Asín: 1987–1988. (Zaragoza, 1962). Es hija de José María Berges Laguarta, de El Frago, y de María Sierra Asín Jiménez, de Biel. Estudió Magisterio en Zaragoza. Se casó con Francisco Vives. Tiene dos hijos, Javier y Sonia. Actualmente trabaja en el campo sanitario.

Ana Cristina Domínguez Frago: 1988–1989. (Ejea de los Caballeros, ¿?). Llevó la escuela en colaboración con Pilar Abadías (Ejea de los Caballeros, ¿?). En el contrato del Ayuntamiento figuraba como titular Ana Cristina.

Dolores Garde: 1989–1990. (Luesia, ¿?). Se cierra el ciclo. En 1874 llegó Inés Cervera natural de Luesia, de cuya vida tenemos pocos datos. En 1990 Dolores Garde fue la última, también natural de Luesia. Hasta la fecha, no he localizado datos para biografiarla.

Para terminar

El elevado número de licenciados y la buena escolarización de El Frago se debieron al clima cultural creado por varios matrimonios de maestros que se asentaron allí desde fechas tempranas: Inés Cervera y Diego Laporta estuvieron tres años. Simona Paúles y Pedro Uhalte, treinta años. Ángela García y Bruno Gracia, once años. Asunción Pemán y Gregorio Romeo, veinticinco años. Y el caso excepcional de Benjamín Biescas y su mujer Elisa Carrascón que, aunque no eran maestros propietarios, colaboraron con los maestros y dieron clases de repaso desde 1904 hasta 1936. Don Benjamín se propuso alfabetizar a todo el pueblo. Y lo consiguió. Muchas niñas aprendieron a tocar algunas canciones en el piano de doña Elisa.

En este ambiente, la gente realizó verdaderos esfuerzos por sacar a estudiar a sus hijos. La cantera de maestros fragolinos permitió que, cuando la Administración no cubría las vacantes, el Ayuntamiento recurriera a los titulados del pueblo. En el siglo XIX, a Mariano Sánchez Barrio, a Juana Bonaluque Gállego y a Manuel Marco Bonaluque. En el siglo XX, a Benjamín Biescas Guillén, a Gregorio Romeo Berges, a Ángela Romeo Idoipe, a María Mercedes Laguarta Dieste, a Carmen Laplaza Idoipe y a María Soledad Berges Asín.

Solo así se entiende que las escuelas se construyeran “a vecinal”, la versión antigua del actual crowdfunding. Y que los gastos de las obras se pagaran con un préstamo avalado por los vecinos que tenían alguna renta o un jornal fijo.

El Frago no fue una excepción. Hubo otros “fragos” de los que salieron alumnos bien formados y en los que se erradicó el analfabetismo gracias a la esforzada labor de sus maestros.

En este artículo me he centrado en las maestras. A ellas les corresponde la lucha titánica por conseguir que todas las niñas fueran a la escuela y que recibieran una enseñanza de calidad. El primer derecho hacia la igualdad.

Ellas son una parte importante de nuestras genealogías. Si conocemos bien nuestras raíces y si valoramos el esfuerzo de las mujeres que nos precedieron, nos sentiremosmás seguras de nuestro lugar en el mundo y tendremos más fuerza para defender nuestros derechos.

Me gustaría que otras os animarais a sacar a la luz a todas las mujeres de vuestros pueblos y ciudades. Que entre todas tejiéramos una tupida red para poder caminar con pasos más firmes.

Carmen Romeo Pemán

Imagen principal. 1943, Asunción Pemán Marco con sus alumnas. Foto de Gregorio Romeo Berges.

Referencia bibliográfica. Carmen Romeo Pemán, “De las Escuelas de El Frago”, Institución Fernando El Católico, Zaragoza, 20014.

Presentación libro

Para toda la vida

Juan está sentado en una mesa de la cafetería y la ve venir a lo lejos. Al principio duda si es ella o alguien que se le parece. Achica los ojos para enfocar. Sí, es Laura, pero está distinta. Parece un poco mayor, como si de repente hubiera envejecido. Y, a la vez, tiene el aire familiar de toda la vida. Se ha cambiado el corte de pelo por uno más clásico y se ha quitado esas mechas azules que tanto lo encandilaron cuando se conocieron. Sin embargo, mantiene la misma sonrisa. Laura se inclina a saludarlo antes de sentarse. Y su beso, ese beso descarado que siempre le da, sin importarle quién haya alrededor, vuela hasta la boca de Juan. El camarero se espera hasta el final del beso para retirarle la silla. Laura aprovecha y pide un café mientras se sienta frente a su novio, que en ese momento saca un papel de su bolsillo.

–Mira, Lauri, lo que te conté. –El chico le coge una mano y con la otra le muestra la carta–. ¡Varsovia! Todavía no me creo. ¡Si eché la solicitud por probar, pensando que me darían la patada…! ¡Uf! Menos mal que lo hice. Va a ser un cambio increíble.

Juan se inclina y la mira a los ojos. También los ve un poco distintos, enmarcados por un flequillo castaño donde antes había unas guedejas azules. Ahora el pelo, todo del mismo color, no le llega a los hombros. Laura sonríe. Su mirada va y viene de la carta a su novio, y al revés. No dice nada. Juan se da cuenta de que no ha dicho nada sobre el aspecto de su chica y suelta lo primero que se le ocurre:

–Estás guapa.

–Gracias. Se me ocurrió que un cambio como este merecía celebrarse con otro cambio.

Juan intenta añadir algo, pero no se le ocurre nada. Además, está nervioso por la buena noticia.

–Puedo empezar en septiembre. Es una oportunidad increíble. –Respira hondo.

–¡Enhorabuena, cariño! ¡Me alegro tanto por ti!

–Esto lo cambia todo. ¿Te das cuenta? Ahora mi padre no tendrá que pedir favores a nadie del Ayuntamiento para lo del trabajo. Es un alivio, ¿sabes? Mamá dice que no le importa, pero yo sé que a mi viejo se le hacía cuesta arriba, y que iba a hacerlo por no tener que escucharla todo el día dale que te pego. ¡Pobrecillos! Pero es que son muy mayores y sólo me tienen a mí. –Juan le suelta la mano y cruza los dedos como si rezara–. ¡Dime que vendrás conmigo! En todas partes hacen falta secretarias. Y si no encuentras trabajo nos achuchamos un poco y vivimos los dos con mi sueldo, Laura. ¡Varsovia! ¡Uf!

–¿Se lo has dicho ya a tus padres?

–Todavía no, mi vida. En cuanto vi la carta y la leí, la guardé para que tú fueras la primera en enterarte. Se la enseñaré cuando vuelva a casa.

Mientras mira a Laura, Juan intenta reconciliarse con la nueva imagen de su novia. No es que la melena castaña y el flequillo le sienten mal, pero él adoraba sus mechas…

 –¡Vamos a salir de España, cariño! Escaparemos de la rutina, podremos ver mundo, ¿te das cuenta? ¿Te das realmente cuenta de lo que eso significa? –Juan mira a Laura, y le viene a la mente un recuerdo que no logra atrapar–. También va a ser un descanso económico para mis padres. España es la tierra de los parados y de los mediocres, y yo no quiero ser ni lo uno ni lo otro.

–Van a estar muy orgullosos de ti, Juan. Aunque tu madre te echará mucho de menos si te vas.

–¿Si me voy? –Juan recuerda que Laura no le ha contestado antes–. ¡Si nos vamos! ¿No? Porque supongo que vendrás conmigo, cariño. Ya sé que mi madre echará sus lagrimitas, pero no voy a estar siempre con ella. Igual con la pena discute un poco menos con mi padre, ¿quién sabe?

–Claro que iré. Es que todavía estoy impresionada. –Los ojos abiertos de par en par parecen más grandes, aunque no brillan tanto como antes–. Podrías ir tú primero para tantear el terreno, y volver en unos meses. Entonces podríamos irnos los dos juntos. Allí son bastante conservadores, ¿no? Igual no les parece bien que unos novios vivan juntos. Que conste que lo digo sobre todo por ti, Juan. Ya sabes que cuando se ha tratado de hacer escapadas me he apuntado a todas, cielo. Pero ¿no te parece que seríamos tontos si no aprovechamos esta oportunidad a tope? Me lo he estado pensando toda la noche.

Juan la escucha a medias. Por un momento piensa que le está hablando otra persona. ¿Dónde se esconde su loca novia bohemia? Laura, que no se da cuenta, sigue con lo suyo.

–Sé que no soy precisamente santo de la devoción de tu madre. –Juan sonríe. Eso le consta–. Y no creas que no me importa. Todavía me entran temblores cuando me acuerdo de la mirada que me echó la primera vez que nos vio juntos. Si yo tuviera un hijo a lo mejor me pasaría igual, pero seguro que no tendría tantos prejuicios solo por las pintas de una persona. Ahora que, si me voy a vivir contigo de modo tan, no sé cómo decirlo, tan definitivo, seguro que ya me echa la cruz del todo.

–No exageres, mi vida. Cuando hemos viajado juntos no se lo he ocultado. Lo sabes bien. Ya sé que vive para mí, pero también tiene claro que soy mayorcito y que estoy contigo. No sé dónde ves el problema.

–Porque eres hombre, Juan. Por eso no lo ves. Que las mujeres hilamos muy largo, y ya te digo que no estoy criticando a tu madre. Al revés, estoy pensando en ella.

–¡Pues por eso! Evidentemente ella no puede venirse conmigo, y se quedará más tranquila sabiendo que no estoy solo allí. –Laura aprieta los labios y levanta las cejas. Juan traga saliva–. ¿O es que no quieres venir? Cada vez que hemos hablado de ver mundo, de conocer juntos otros lugares, otras culturas, otra forma de vivir, siempre has estado de acuerdo. Y siempre te han parecido bien nuestras escapadas.

–A ver, Juan. No te he dicho que no vaya a ir.

Algo cambia en el interior de Juan. Si no fuera por lo contento que está, diría que lo que siente es enfado. Las siguientes palabras de Laura le caen como un jarro de agua fría.

–Imagínate, por decir algo, que me quedo embarazada. Suponte que allí los anticonceptivos tengan otra composición, qué se yo…

–¡Pero, mujer! Eso es una bobada. –Juan se rasca el cuello y arruga la frente–. ¿O es una excusa? De verdad, no te entiendo. No pareces tú.

–¡Que no, Juan! Siempre te lo he dicho, ayer te lo repetí y hoy te lo digo otra vez. –Laura le acaricia la cara igual que lo hace su madre por las noches–: Con lo que yo te quiero, cariño, voy contigo al fin del mundo.

Laura extiende un poco más la mano, agarra el cuello de Juan por donde se lo ha rascado y acerca la cara para estamparle otro beso. Juan se lo devuelve de modo maquinal. Se separa, suelta el aire que había estado reteniendo sin darse cuenta y deja brotar las palabras que se estaban atropellando en su boca, pisándose unas a otras en sus ansias por salir. Habla de Varsovia, de las condiciones de trabajo, de mil cosas. Laura escucha, sonríe, asiente y besa. Juan sigue hablando. Laura sigue asintiendo, pero apenas suelta algún que otro monosílabo. El café de los dos se enfría. Juan se da cuenta de que ha monopolizado la conversación.

–Entonces, ¿no te vas a echar atrás? –Laura levanta las cejas. A Juan le parece que también se las ha teñido un poco más claras–. En lo de acompañarme, digo…

–¡Que no, chiquillo! ¡Que no! ¿Tú te crees que te voy a dejar solo, con la de polacas rubias y guapas que debe haber por allí? Pero tendríamos que empezar a pensar en hacer las cosas como Dios manda.

Laura ríe. Son las mismas carcajadas cristalinas de siempre, ¡menos mal, algo familiar!, pero no tranquilizan demasiado a Juan, que no entiende por qué le pasa eso. Siempre ha adorado la alegría de su novia, su frescura y ese sentido del humor tan suyo. Ahora es Laura la que le coge las manos.

–No voy a mentirte, Juan. Desde que me llamaste ayer, lo he estado pensando mucho. Al principio me quedé tan pillada que por eso se me ocurrió decirte que te fueras tú primero. Es verdad que los dos aquí parados no íbamos a conseguir nunca nada. Y llevas razón en lo que dices: si me voy contigo –Juan traga saliva. Otra vez el condicional–, puedo buscar allí un trabajo. Y si lo encuentro –no dice cuando lo encuentre y Juan lo nota–, podemos vivir con un sueldo y ahorrar el otro para la entrada de una casa. Si te vas solo y yo me quedo aquí… eso puede ser eterno –Laura le da el enésimo beso de la tarde–. ¡Ea! ¡Nos vamos los dos!

Juan la mira como se mira a alguien que es a la vez extraño y familiar. Supone que es por la ausencia de sus mechas azules. Se da cuenta de que los labios de Laura llevan un brillo rosado, distinto de su rojo habitual. Ahora es ella la que habla, y Juan el que parece que ha perdido la lengua. A mitad de una frase, su novio se estremece como si le rozara una corriente de aire. De nuevo le quiere acudir una imagen a la mente, y esta vez atrapa el recuerdo. Juan se bebe de un sorbo el café, que ya está helado, y se pone de pie. Laura ni siquiera termina lo que está diciendo.

–Laura… –Juan mira el reloj–. Perdona, tengo que irme.

La boca de Laura se abre tanto como sus ojos en una muda pregunta.

–Verás… tienes razón. Será mejor que lo pensemos, sí. Tampoco vamos a precipitarnos. Y a ver también lo que dicen mis padres. Te llamo mañana ¿vale?

Juan se levanta, da media vuelta, y se marcha sin mirar atrás. Camino de su casa piensa qué noticia le dará primero a su madre: si la de la oferta de Varsovia, o la de que piensa romper con Laura. Sabe que su madre se sentirá más feliz por lo segundo que por lo primero. Sonríe para sus adentros por la paradoja. Si su madre viera ahora a Laura, igual hasta habría puesto buena cara. Pero no cree que las dos mujeres se vuelvan a ver.

Abre la puerta de casa con su llave. Mamá sale a su encuentro. Por una vez no le mira con descaro los labios ni la mejilla buscando huellas; por lo que se ve, la nueva barra de labios de Laura, con el mismo rosa de la de su madre, no le ha dejado ninguna marca delatora. Mamá se aparta el flequillo de la cara, y mueve su melena, que nunca deja crecer demasiado. Bajo las cejas castañas, los ojos de la mujer parecen leer en la cara de su hijo, igual que hicieron un rato antes los de su novia. Juan siente que no tiene nada que decirle, se siente como se debe sentir su padre, después de cuarenta años de matrimonio. Esa tarde ha podido entenderlo por fin.

Irá solo a Varsovia. Él quiere llenar de mil cosas los próximos cuarenta años. Allí cabrá todo, menos la rutina. No piensa reescribir la vida de sus mayores. Su futuro todavía es una hoja en blanco. Sonríe a su madre, y empieza a hablar.

Adela Castañón

Imagen: Martha Dominguez en Unsplash

Once libros que regalar este Sant Jordi

Confieso que admiro y envidio a quienes pueden coger el día libre en Sant Jordi en Barcelona. De todas las fiestas de mi comunidad, esta es la que más me gusta. No por la historia en sí, en la que un príncipe que nunca antes se había preocupado por la suerte de los campesinos rescata de las garras de un dragón a una princesa en apuros. La celebración de Sant Jordi me gusta porque la ciudad entera se viste de rojo y amarillo, hay tenderetes con rosas en todas las esquinas y, sobre todo, hay libros. Libros en puestos, libros en librerías, libros en las manos de la gente. paraíso.

Sin embargo, tanta oferta puede llegar a abrumarnos un poco y acabamos eligiendo una novela por la portada o porque, bueno, tenemos prisa, las colas son largas y no podemos perder el tiempo buscando con un criterio definido.

Este año he querido enfrentarme con ayuda a la búsqueda del libro. Os presento una lista confeccionada con las recomendaciones de autores, editores, reseñadores y lectores en la que nos cuentan qué libro regalarían ellos este Sant Jordi y por qué.

Las tres muertes de Fermín Salvochea, de Jesús Cañadas. Roca editorial de libros.

Recomendado por Gabriella Campbell. Autora y correctora.

Yo recomiendo Las tres muertes de Fermín Salvochea, de Jesús Cañadas, el libro más divertido que leí el año pasado. Pero Cañadas no solo produce entretenimiento en estado puro: es también un artesano delicioso de la palabra.

Recomendado por Cristina Jurado. Autora y directora de la revista Supersonic.

“Las Tres Muertes de Fermín Salvochea”, de Jesús Cañadas, porque traslada una aventura protagonizada por niños a una Andalucía reconocible del siglo pasado, en la que los monstruos conviven con las pesadillas de la miseria humana.

9788416700851Sinopsis: En marzo de 1873, recién instaurada la Primera República, Fermín Salvochea tomó posesión del cargo de alcalde de Cádiz. Siguiendo su espíritu anarquista, adoptó una serie de medidas polémicas que le granjearon la simpatía de los pobres al mismo tiempo que la animadversión de las clases pudientes y del clero. Una de esas medidas fue el desahucio del Convento de la Candelaria.

Esto es Historia. El resto de estas páginas podría no serlo.
1907. Fermín Salvochea, legendario alcalde de la ciudad de Cádiz, falleció en extrañas circunstancias. Ese mismo día, Juaíco, un barbero viejo y borracho, decidió contarle la historia de Salvochea a su hijo Sebastián.

1873. El joven Juaíco empezó a trabajar para Fermín Salvochea durante su primera semana como alcalde. Una muerte en un burdel los embarcó en una aventura llena de misterios, magia negra y venganza más allá de la tumba.

1907. Un enigmático teatro de los horrores llegó a Cádiz. Brutales asesinatos se sudecieron en los callejones de la ciudad. Sólo Sebastián y sus amigos pudieron encontrar la verdad tras la historia de Juaíco y protegieron a Cádiz del mal antiguo que anidaba en sus entrañas.

Fat city, de Leonard Gardner. Underwood Editorial

Recomendada por Víctor Blanco. Autor, editor de Ronin Literario y director de la revista Windumanoth

Una historia de boxeo, obsesión y perdedores que reaparece con una edición perfecta.

9788494579905

Sinopsis: Ambientada en la deprimida localidad de Stockton (California), Fat City es el retrato descarnado de una serie de personas, en palabras de Gardner, «aplastadas por la monumental desdicha del presente». Los cabezas del cartel son dos boxeadores que recorren sendas paralelas hacia la ruina: por un lado, Billy Tully, un cansado púgil de veintinueve años que reparte su tiempo entre bares, hoteles mugrientos y deshumanizadores trabajos a jornal. Por otro, Ernie Munger, un mediocre aspirante a profesional de dieciocho años con pocas perspectivas de futuro, responsabilidades crecientes y ambiciones que se van desvaneciendo. Cada uno es un reflejo deformado del otro: Tully ve quién era. Ernie, en quién se convertirá.

Buenos presagios, de Terry Pratchett y Neil Gaiman. Timun Mas

Recomendada por Consuelo Abellán. Lectora. 

Porque es descacharrante y le gustaría a cualquiera, aunque no sea amante del género.

9788448006983Sinopsis: Las Buenas y Acertadas profecías de Agnes la Chalada, Bruja, es el único libro fiable de profecías, escrito en 1655, antes de que ella explotara. Según este tomo, el fin del mundo tendrá lugar el próximo sábado. Los ejércitos del Bien y del Mal se están agrupando, la Atlántida está resurgiendo, llueven sapos y los ánimos están algo alterados así que… todo parece ajustarse al Plan Divino. De no ser por un ángel quisquilloso y un demonio buscavidas que han vivido a costa de los mortales desde el comienzo de los tiempos y que no están dispuestos a aceptar tan fácilmente eso del «Fin de la civilización tal y como la conocemos». Y… ¡vaya por Dios! ¡Parece que alguien ha hecho desaparecer al Anticristo!

Los ninjas de Koga y su código secreto, de Yamada Fûtarô. Quaterni.

Recomendada por David Touron. Editor de Ronin Literario.

Con la intención de alejarme de las recomendaciones mainstream, diría que “Los ninjas de Koga y su código secreto”, de Yamada Futaro, es un libro romántico que regalar en St Jordi a tu pareja. Se trata de una historia tipo “Romeo y Julieta” pero con ninjas mutantes y mucha acción.

9788494030123Sinopsis: Para resolver el conflicto por su sucesión, el shogun Ieyasu Tokugawa, anula la prohibición de guerra y convoca un duelo a muerte entre dos clanes de ninjas rivales, los Iga y los Kôga. El vencedor gobernará Japón durante los próximos mil años. Cuando comienza la cruenta lucha, florece un inesperado romance entre Gennosuke y Oboro, los próximos líderes de cada clan, cuyos destinos están inexorablemente unidos a los de sus familias. Los desventurados amantes deberán elegir entre el amor verdadero y el destino. ¿Podrán acabar con una rivalidad de cuatrocientos años? ¿Triunfará la vida o la muerte?

 

Delbaeth Rising. Camino del odio, de Gonzalo Zalaya y Víctor Blanco. Ronin Literario.

Recomerndad por Alister Marion. Autora.

Yo recomiendo la novela Delbaeth Rising: Camino de Odio. A pesar de lo que pueda hacer pensar el título, creo que se trata de una novela idónea para estas fechas. Entre otras cosas porque el amor que el protagonista siente hacia sus amigos será el motor de la acción y el motivo por el cual tienen lugar algunas de las escenas más inolvidables de la historia. Y además, se trata de una novela intensa y directa que sin duda hará las delicias de los amantes de la fantasía.

delbaeth-rising-camino-de-odio.jpg.pngSinopsis: Una vieja fe resurge y no admite competencia. Verdaderas fortunas y un poder como nunca antes ha conocido el Reino se están amasando bajo la bandera de Aron, dios de los khalusitas. Su líder, Gumbald el Rubio, ha conseguido ascender de simple mercenario a hombre de confianza del rey.

Pero otro ascenso se está llevando a cabo desde los pozos de lucha. Elfo, loco, gladiador, héroe: Delbaeth el Cortador, última esperanza del consejero real para salvar el trono. Acompañado del mediano Ratón, Delbaeth desatará una tormenta de acero y sangre sobre las hordas de sacerdotes racistas que están persiguiendo a las criaturas no humanas.

Conoce a un héroe diferente y sumérgete en una Fantasía cruda y adulta. Aquí encontrarás hechizos, paisajes increíbles, conspiraciones, pero sobre todo combates. Muchos, muchos combates. Contempla, lector ávido de aventuras, el ascenso del Cortador.

Bienvenido al CAMINO DE ODIO.

La historia de tu vida, de Ted Chiang. Alamut editorial

Recomendada por Javier Castañeda de la Torre. Autor. 

La historia de tu vida es una compilación de relatos de corte muy diferente, desde lo fantástico a la CiFi Hard, con un montón de ideas alucinantes y con relatos muy emotivos. Para mí sin duda es lo mas original de los últimos años.

9788498891010Sinopsis: Una torre que se alza sobre la llanura mesopotámica hasta tocar la bóveda del cielo. Dos hombres que alcanzan un grado de inteligencia tan alto que se asemejan a dioses. La prueba de que las matemáticas carecen de sentido. Un lenguaje alienígena que permite a quienes lo leen expandir su consciencia a lo largo del tiempo. La cábala y la teoría de la preformación se combinan en una Inglaterra victoriana salida de nuestros sueños, o de nuestras pesadillas. Ante la llegada de los meta humanos, la ciencia humana se ve reducida a una nota a pie de página. En un universo donde Dios existe sin que quepa ninguna duda, ¿es posible no amarle? Y si pudieras programarte para ignorar las apariencias, ¿te arriesgarías a perder toda percepción de la belleza humana? Ted Chiang, galardonado con el premio John W. Campbell Jr., brilla como una nova en el firmamento de la ciencia-ficción. Con un premio Hugo, tres Nebula, un Sturgeon, un Kurd Lasswitz, dos Seiun, un Sidewise y dos Locus, La historia de tu vida es un libro imprescindible y será llevado al cine por Denis Villeneuve con Jeremy Renner y Amy Adams.

Experimental Film, de Gemma Files. Biblioteca Carfax.

Recomendado por el equipo de La Nave Invisible. Blog de literatura escrita por mujeres. 

Puede que la premisa parezca sencilla (una vieja leyenda eslava oculta en unos cinta de cine antigua), pero tras las páginas de esta novela se esconde mucho más: la obsesión por triunfar, por ser alguien y hacer algo por ti mismo; la lucha por lo que amas, aunque duela; la presión de la familia. Files trasciende el misterio y llega hasta el lector creando unos personajes tangibles.

experimental-film.jpg.png

Además, muestra la realidad de una familia con miembros en el espectro autista, con una sensibilidad y una cercanía que solo es capaz de transmitir quien está en ese punto. Si además os gusta conocer algo de historia de cine canadiense, es una historia que disfrutaréis.

Sinopsis: Lois Cairns, una exprofesora de cine, desempleada y al borde de la depresión, descubre la existencia y las películas perdidas de quien se cree que es la primera directora de cine de Canadá. Al investigar su trabajo, Lois descubre que esa directora se veía acosada por unas fuerzas sobrenaturales que ahora amenazan con perseguirla a ella también.

 

Nación, de Terry Pratchett. Timun Mas

Recomendada por JC Teso. Lector.

Por retratar de forma genial dos conflictos: el generacional y el cultural.

9788448038380Sinopsis: El día que el mundo se acaba, Mau está volviendo a casa desde la isla de los Muchachos, después de superar el ritual de paso de la adolescencia a la edad adulta. Pero entonces llega la ola, una ola gigantesca que lo destruye todo y trae consigo una goleta, la Sweet Judy, que navegará por la isla y atravesará su jungla. Cuando el barco se estrella, solo se salva un alma, una chica calzones, llamada así por atuendo, lejanamente emparentada con la familia real de un lejano país en otro continente. La aldea ha desaparecido, la Nación y todo cuanto Mau conoce y ama han desaparecido. Ahora sólo quedan él, la chica calzones y una gran cantidad de malentendidos. Juntos deben crear una nueva Nación a partir de los restos. Crear una nueva historia.

 

La ley del Milenio, de Trudy Canavan. Fantascy.

Recomendado por Caryanna Reuven. Autora.

Vamos a salirnos un poco de lo de siempre. Pienso en algo juvenil aprovechando que acaba de salir el último tomo de La Ley del Milenio de Trudy Canavan. Recomiendo la trilogía porque los personajes son alucinantes, por la colaboración y cómo se ayudan entre ellos, por el desarrollo del malo y por la trama tan interesante con viajes entre mundos y cómo funciona la magia y cómo se puede usar la magia como “tecnología”.

9788415831839Sinopsis: Cuando, en un imperio donde la revolución industrial se alimenta de magia, el estudiante de arqueología Tyen desentierra un libro antiguo, se abre la puerta a un reino de misterio y peligro. Entre sus páginas está encerrado el espíritu de Vella, una hechicera cuya sabiduría, acumulada a lo largo de los siglos, incluye información vital sobre el cataclismo que se avecina.

En cambio, la joven Rielle vive en una tierra gobernada por sacerdotes donde el uso de la magia está prohibido. Sin embargo, ella siente que tiene talento para la hechicería y sabe que hay alguien en la ciudad dispuesto a enseñarle a utilizarla. ¿Se atreverá a enfrentarse a la ira de los Ángeles para iniciarse en el aprendizaje de la magia?

El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, de Becky Chambers. Insólita editorial

Por Santiago García Solans. Reseñador, autor del blog Sagacomic.

Para San Jorge yo siempre regalaría “El Señor de los Anillos”, un clásico de valor universal que me cambió la vida cuando lo leí de jovencito y me encontraba en un momento de definición de mis gustos literarios y vitales. Creo que es un libro atemporal y maravilloso que todo el mundo debería leer a lo largo de su vida.
Pero como es muy posible que ya se haya leído, un libro más actual que regalaría con los ojos cerrados (siempre que supiera que el destinatario tiene cierto gusto por el género) sería “El largo viaje a un pequeño planeta iracundo”. Una lectura tan apasionada como, se me antoja, apasionante, llena de personajes carismáticos a los que es inevitable coger cariño.

9788494702044

Cadenciosa, sin grandes sobresaltos, pero con mucha fuerza, un gran ritmo y un tono amable en general en su forma de abordar los conflictos, optimista, aunque sin desdeñar el drama y la pena, con un final cerrado y sin cabos sueltos que deja al lector embargado en cierta tristeza. Un space opera de lo más especial.

Sinopsis: Rosemary Harper se une a la tripulación de la Peregrina, una vieja nave tuneladora, sin saber muy bien qué esperar de su primer trabajo. Aunque la nave ha visto tiempos mejores, le ofrece un pequeño lugar al que llamar hogar durante un tiempo, algo de aventura en los confines más alejados de la galaxia y, lo que es más importante para ella, la oportunidad de dejar atrás su pasado.

 

El domador de lagartijas, de María Dolores García Pastor. Palabras de agua. 

Recomendado por Juan de Dios Garduño. Escritor y guionista.

Me gustó porque es una hitoria muy dura narrada por una persona de izquierdas que está siendo represaliada. Habla sobre la discapacidad, la superación y la igualdad en una época en la que estos temas apenas se tenían en cuenta. Toca, incluso, el tema del feminismo.

el-domador-de-lagartijas-portada.pngSinopsis: Aurora y Ginés son dos niños que viven en un pueblecito español de la posguerra. Ninguno de los dos va a la escuela, lo que les permite vivir una infancia en libertad más allá de sus respectivos problemas familiares. Su vida cambiará con la llegada de una joven maestra, que busca el anonimato de la vida rural, y la irrupción de un circo ambulante en la rutina de sus días. Las intrigas del hijo falangista del alcalde traerán la desgracia al padre de Aurora, un viudo republicano que intenta seguir adelante tras la derrota cuidando de su hija y de su cuñado inválido.

La abuela de Ginés, el tío de Aurora, el funambulista del circo Odeón, o el maqui que sobrevive a duras penas en el monte, son otros de los personajes que conforman esta novela coral sobre la infancia y los sueños, sobre las derrotas impuestas y los pequeños triunfos que todos llevamos dentro.

Por último… Las recomendaciones de origen cuántico

Cuando se me ocurrió pedir recomendaciones, el primero que me vino a la mente fue Arkaitz. Él está detrás de Origen Cuántico, un blog de reseñas escritas desde las tripas, y que de momento no me ha defraudado nunca con sus críticas. Total, que una sola recomendación se le hacía corta. Y esta es su lista:

CIFI Hard Antología: Axiomático, de Greg Egan

Cifi Hard Novela: Ciudad permutación, de Greg Egan.

Espada y brujería: Solo el acero, de Richard Morgan

Biopunk: Transcrepuscular, de Emilio Bueso

Las mejores novelas del año en español:

  • Arañas de marte, de Guillem López
  • Plata pura, de Nuria C. Botey

Las mejores novelas cortas en español:

  • 36 y UNO, de Nieves Delgado.
  • La chica descalza en la colina de arándanos, de Nieves Mories.
  • La belleza del Uróboros y Horror Vacui, de Javier Castañeda
  • Éxodo (o cómo salvar a la reina), de David Luna
  • CloroFilia, de Cristina Jurado.

Antología de relatos de fantasía oscura: Dark Fantasies, Antología de fantasía oscura, por Mariano Villarreal.

Antología CIFI: La mirada extraña, de Felicidad Martínez. Arkaitz puntualiza que “es de lo mejor en Ciencia ficción, sin duda”.

Fantasía épica: La armadura de la luz, de Javier Miró.

Humor y fantasía: Tres enanos y pico, de Ángel Sanchidrián

Contemporánea y de lo fantástico: La maga y otros cuentos crueles, de Elia Barceló

Un escritor del que hay que leerlo todo: Ismael Biurrun. Arkatiz recomienda especialmente Invasiones.

Otras recomendaciones sin categoría:

  • Proyecto Marte, de JJ Salart.
  • Salir de fase y Mara racha, de José Antonio Cotrina

 

¡Feliz Sant Jordi!

Carla Campos

@CarlaCamposBlog

Imagen de Giammarco Boscaro en Unsplash

 

 

 

El arte de hacer jabón

Las fragolinas de mis ayeres

Un día que estaba haciendo jabón en el fuego, llegó Andrés con un fajo de aliagas que había cogido cerca del cementerio. Como se pasaba el día holgazaneando por las calles, yo solía mandarlo a que me hiciera recados.

—Señora María, creo que, con estas matas que están bien secas, podrá hacer una buena fogata y el agua del caldero empezará a hervir enseguida.

—Muchas gracias. —Me acabé de ajustar la toca—. Si me ayudas a dar vueltas, te prepararé un poco de sopa caliente.

—Es que con esta leña verde solo consigue hacer mucho humo y llenar las calles de olor a chamusquina—me dijo Andrés. Y me dejó las aliagas al lado del hogar.

Mientras me limpiaba las manos en el delantal y atizaba el fuego, pensaba que no había ningún joven en el pueblo tan atento como él.

Cuando conseguí que prendieran las aliagas, mientras se calentaba la sopa, nos sentamos y nos quedamos los dos embobados, mirando las llamas y los borbotones que hacía la sosa al mezclarse con el sebo.

Siempre que Andrés se quedaba callado, le rezumaba una especie de espumilla por las comisuras del labio de abajo y, de vez en cuando, se la limpiaba con el revés de la mano. Con voz babeante me dijo:

—Oiga, señora María, ¿ha pensado lo fácil que sería matar a un hombre y hacer desaparecer el cuerpo con la sosa? Y, si al final quedara algo, rematarlo con cal.

Me revolví como una lagarta y lo miré a los ojos. Pero él seguía hablando sin inmutarse.

—Si matas a uno y lo metes en este caldero no se entera nadie.

—¡Andrééés….! ¿No habrás pensado matar a un hombre?

—No, mujer, no. No se asuste. Desde el primer día que la vi hacer jabón no hago más que darle vueltas a eso de que la sosa se lo come todo. Y se me vuelven los sesos agua.

—Por Dios, Andrés, ¡qué cosas dices!

—¿Se cree que no noto que las mozas me hacen momos cuando paso por delante de ellas?

—Eso te parecerá a ti. —Le dejé en la mesa de la cadiera una escudilla con caldo de gallina—. Anda, tómate esto y no pienses en esas cosas.

—Pues es verdad. —Se levantó a coger el palo con el que yo removía el caldero—. Es que me ha venido a la memoria mi padre. Y, ¿sabe lo que le digo? Que desde hace tiempo pienso que él sí que fue tonto. Que todo habría sido más fácil si hubiera empleado la sosa.

Andrés comenzó a dar vueltas a la pasta blanca y cuando tropezaba con algún hueso, me lo enseñaba como un trofeo.

—Mire qué blanquecino está. Nadie puede saber si es de un hombre o de un animal. Y si ahora lo tiramos al muladar del Soto, se mezclará con restos de carroña que dejan los buitres. Y sanseacabó.

—Y a ti, ¿cómo se te ocurren estas cosas?

—¡Ande, no se haga la tonta! Que lo de mi tío Pedro lo saben hasta en Madrid.

—No me vengas con más enredos —le contesté.

—¡Que esto no es mentira!—Se santiguó—. Hace dos años el forestal nos trajo unos papeles de un periódico. Mientras él se los leía a mi madre, yo abría bien las orejas y me lo iba grabando todo aquí, en la mollera. —Con la mano que le quedaba libre se tocaba la frente.

—¿Dónde están esos papeles?

—Pues, ¿dónde han de estar? En casa, debajo de un ladrillo, con el dinero. Yo sí que sé en qué ladrillo están, pero mi madre no, que cada día los cambia de sitio, por si las moscas, y luego no se acuerda dónde los ha puesto.

—A ver, Andrés. Tu madre nunca me ha nombrado nada de lo que dices.

—Es que dice que esto no hay que mentarlo, que trae mala suerte.

Entonces se levantó y me espetó:

—Como usted sabe leer, le voy a traer un papel. —Se rascó la cabeza—. Pero tiene que quedar entre nosotros, que si mi madre se entera que los he tocado igual me manda otra vez al hospicio.

Ni corto ni perezoso, se fue a su casa y en un santiamén volvió con un recorte de periódico amarillento, lleno manchas negruzcas, como cagadas de mosca. Las letras estaban desdibujadas y no se podía leer todo.

Un hermano mata a otro. En día… en el pueblo de…, riñeron los hermanos Pedro y Juan Vadanuez, solteros, de… años de… El primero, y primogénito, le dio una puñalada al segundo y lo dejó muerto… en la cocina de Macario, que es el hermano mediano… delante de su mujer y de su hijo de pocos años… unos creen que… por la herencia de unos campos y otros… Juan sacó a bailar a la novia de Pedro. El fratricida fue detenido por el juez de paz. (Febus).

En el pueblo, todos sabíamos que Pedro dijo muchas marrullerías, que se las arregló para echarle la culpa al muerto y así lo sacaron del calabozo en pocos meses.

rayaaaaa

Entonces me quedé pensando que una desdicha siempre trae cola. Y la muerte de Juan trajo más desgracias. La primera, la noche que Pedro salió de la cárcel. Esa noche sin luna se presentó otra vez en casa de Macario con gritos y amenazas para que no se fuera de la lengua. Todo eso lo vi desde el ventano de la escalera. Al oír que Pedro llamaba de malos modos, asomé un poco la cabeza. Como la calle era muy estrecha, no me perdí ni una sola palabra. Así se lo conté al juez el día que me llamaron a declarar.

Que Pedro le dijo a Macario que volvería a matarlo y violaría a su mujer si contaba a alguien que le había mentido al juez. Total, como Juan estaba muerto, ya no le iba a importar que hubiera desvirgado a su novia. Y que Macario gritó: “¡Bastaaa yaaa! ¡Esto es demasiadoooo!

Y sin pensárselo dos veces, se levantó, cogió el cuchillo de matar las ovejas y le asestó dos cuchilladas a Pedro por la espalda, delante de su hijo que acababa de cumplir cinco años. Mientras su mujer intentaba esconder el cuchillo lleno de sangre debajo de un ladrillo, él bajó las escaleras y se fue a entregar al juez. Y se lo llevaron al penal de San José.

Como su mujer estaba un poco alunada, un día me preguntó si podía ir yo a llevarle un macuto con las mudas limpias y un poco de comida. Y no pude contener una llorera cuando Macario soltó las manos de la reja del locutorio y farfulló:

—María, algunos de los que han venido a verme me han contado que se han llevado a mi hijo al hospicio y que mi mujer anda por los pinares como si estuviera alelada.

rayaaaaa

Cuando salí de mis cavilaciones, Andrés seguía de pie con el papel de periódico en la mano.

—Señora María, también sé que mi padre mató a mi tío Pedro. De eso me acuerdo muy bien.

Miró las llamas del hogar y dejó el palo de revolver el caldero. Se dio la vuelta y enfiló escaleras abajo arrastrando los pies y rezongando:

—Si mi padre hubiera sabido hacer jabón como la señora María no se hubiera pasado toda la vida en el penal y a mí no me hubieran tenido tantos años en el hospicio.

Carmen Romeo Pemán

Escaleras de casa

Escalera y patio de casa Melchor. El Frago, Zaragoza. Foto de Carmen Romeo Pemán.

Imagen destacada. https://www.directodelolivar.com/hacer-jabon-casero/