El instante sagrado

Alguna vez leí que el momento de la muerte es una oportunidad excepcionalmente poderosa para purificar el karma. Pero, ¿será posible purificar el karma de un alma que utilizó el cuerpo para satisfacer sin pudor todos los placeres propios y ajenos? 

Soy drogadicta desde los catorce años, dealer desde los veintiuno y puta desde que tengo memoria. En el barrio me conocen como “Terroncito”. Conmigo puedes comprar la mejor heroína de la ciudad; yo solo vendo calidad y si el cliente paga un poco más le doy el servicio completo. Y ni para que te hablo de mi servicio post venta, conmigo tienes todo 100% garantizado. 

Esta mañana, después de otra sobredosis, la peor hasta ahora, cuando desperté en el hospital el médico me dijo que me quedan pocos meses de vida, con suerte tres. Y que si vuelvo a consumir lo más seguro es que no logre despertar de nuevo y ya no tenga que esperar unos meses. 

No había pensado en la muerte hasta ahora, ni siquiera cuando me internaron a los quince años en esa fundación de mierda en la que internan a todos los niños problema de este país. Ni los golpes con palos que me daban las enfermeras y la comida insípida y a medio cocer me hizo pensar en la muerte. Cuando por fin salí de ese lugar me prometí que jamás me iba a negar los placeres, jamás. 

Me gusta fumar, que el humo entre y salga de mis pulmones. Me gusta culiar, que mi piel se impregne del sudor de conocidos y desconocidos. Hombres o mujeres, me da igual. Me gusta la buena vida, esa en la que ningún don nadie te dice lo que tienes que hacer y después te da un sermón de lo que está bien y lo que está mal. Me gusta mi vida, la vida que he construido a pulso con mi imperio de drogas y mi pequeño prostíbulo personal. Y esa es la vida que me gustaría tener hasta que el humo no pueda entrar más en mis pulmones.

No tengo problema con vender mi cuerpo, finalmente, es solo un pedazo de carne y sangre que después de un tiempo de uso se pudre como todo en este mundo, así que hay que gozarlo; para eso es, no tiene otro propósito. Me gusta la sensación que me produce la aguja rozando la única vena buena que me queda, el instante sagrado en el que comienzo a ver los colores, las formas, en el que comienzo a disfrutar del silencio, de la apacible dicha que produce la nada. Sentir que estoy en dos mundos al mismo tiempo y en ninguno, que puedo ser una persona que vive entre dos realidades. 

La mayoría de mis clientes son mis amigos, incluso algunos han sido mis amantes. Me encanta que mi casa sea el centro donde toda la miseria de mi país explota y renace en un arco iris psicodélico por el que viajan los buenos deseos y las ganas de cambiar el mundo. Aunque al principio no la tuve fácil, no me he quejado de la vida que me tocó. He sufrido, sí, pero también he gozado y he amado. No me arrepiento de nada. 

Ahora que la muerte se arrastra silenciosa y está pasando lenta por debajo de mi puerta, me pregunto si la vida que escogí, la que elegí vivir, me hará arder en las llamas eternas de desesperación que ofrece el infierno. Cualquier buen religioso alegaría que mi vida mundana merece ese castigo. O quizás, como dicen las sagradas escrituras, aún tengo tiempo para abrazar el perdón divino y sentarme en el Valhalla a beber buen vino con Odín, o de pronto me reciba el Dios de los cristianos y primero me obligue a recorrer el mismo camino que Dante hasta encontrarme con mi versión de Beatriz. O a lo mejor tienen razón los budistas y volveré a este mundo de mierda una y otra vez hasta expiar algunos pecados y saldar todas mis cuentas. 

Me gusta la idea de tomar vino eternamente, pero el sistema que nos rige a los humanos considera que mi vida pecaminosa no merece la gloria, que hacer lo que me daba la gana no era correcto, que tenía que adaptarme, tener un trabajo “decente”, una familia, muchos hijos para inundar el planeta de más humanos, envejecer y morir entre lágrimas y susurros de compasión para cerrar el ciclo perfecto de la vida.

Cuando salí de la clínica esta mañana, caminé algunas cuadras hasta que me dolieron los juanetes. Luego me subí al primer bus que me dejaba cerca de mi casa, atestado de gente con olor ha guardado y a sudor agrio. En el departamento, cuando abrí la puerta, vi la mercancía apilada en un rincón de la sala, vi los sillones de tela manchados en los que me he tomado algunas cervezas con mis clientes y amigos. Vi los mejores momentos de mi vida pasar al galope enfrente de mi. En ese momento me vi cara a cara con la muerte y descubrí lo que tenía que hacer, lo que pasaría en los próximos días. Palpé el instante sagrado sin alucinógenos, el que te da la cercanía del último aliento. Lo abracé y escuché con atención el sonido de los minutos pasando implacables en todos los relojes de la casa. 

Aunque había una fecha límite y el tiempo corría en mi contra, se había esfumado como el humo del café que quedó sobre la mesa la noche anterior. ¿Tiempo? ¿A quién le importa el tiempo cuando los segundos están contados? Si podía purificar mi alma putrefacta para que el karma me dejara avanzar hacia el otro lado de la vida, no les abriría espacio a los arrepentimientos falsos, ni a Padre Nuestros recitados como una canción que se repite en la radio, ni me daría golpes de látigo hasta sangrar la indecencia.

Después de veintisiete años de vivir como una diosa entre mortales no era momento de entrar al sistema para dar vueltas, como un hámster que juega en su rueda hasta que le duelen las patas. Si me iba a entregar a la muerte, sin dramas ni lamentos, lo haría siendo quien había sido hasta ahora. Siendo yo. Una adicta y una puta. 

Mónica Solano

Imagen de Klaus Hausmann

Patrocinio Castanera y el Colegio de Señoritas de Huesca

El año 1901, el mismo que nació el Ministerio de Educación, Patrocinio Castanera Plasencia creó en Huesca un Colegio de Señoritas. Hasta entonces, la educación de las niñas no estaba bien sistematizada ni se consideraba importante. Pero las familias acomodadas querían educar a sus hijas: inculcarles buenos modales sociales y prepararlas para elegir marido. Así nacieron las Escuelas de Señoritas en el siglo XIX.

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Diario de Huesca, 1901

En realidad estas familias buscaban un buen matrimonio para sus hijas, aunque fuera de conveniencia, que asegurara, o aumentara, el patrimonio familiar.

En el siglo XIX en toda Europa se crearon Escuelas de Señoritas, en las que las niñas aprendían a escribir, las reglas de matemáticas, un poco de historia y literatura y algún idioma. Pero, sobre todo, aprendían a hablar, a sentarse, a bordar y a tocar el piano. Estas escuelas se extendieron pronto en España con gran éxito. Y se hicieron famosas, precisamente fueron un antecedente de la que creó María de Maeztu, en 1915, para estudiantes universitarias en Madrid.

Patrocinio, una brillante maestra de una prestigiosa familia de Huesca, recién casada con un comerciante catalán, se animó a crear un Colegio de Señoritas en Huesca. Desde el primer momento encontró apoyo en Vicenta Coronas Marconel, una joven maestra que en 1900 había acabado los estudios de piano en la Escuela de Música de Zaragoza.

Pero, cuando fundó su Escuela, no contaba con la dura competencia de las escuelas públicas, impulsadas por el nuevo ministerio de Educación. Así que, a los pocos años, Patrocinio abandonó el negocio y comenzó un itinerario por las escuelas rurales, donde realizó una notable labor.

En 1933, durante la II República, cuando estaba de maestra en Chodes (Zaragoza), llego a ser una de las 34 concejalas que se nombraron en las Comisiones Gestoras de la provincia de Zaragoza.

1899. Patrocinio. CaligrafíaPatrocinio Castanera Plasencia

A María Patrocinio Castanera Plasencia (Huesca, 11 de noviembre de 1872-Zaragoza, 9 de febrero de 1947), la bautizaron en la parroquia de San Lorenzo, como a sus hermanos Mariano, Gregorio y Cipriano. Eran hijos de Mariano Castanera de Binéfar, y de Juana Plasencia, de Huesca. Los abuelos paternos, también de Binéfar, eran Domingo Castanera y Melchora Alegre. Y los maternos, de Huesca, Mariano Plasencia y Pascuala Sieso.

He creído oportuno aclarar los orígenes familiares de Patrocinio, oscurecidos por algunas biografías de su hermano Mariano Castanera Plasencia, fundador de La Crónica, un diario de avisos de Huesca, que se casó con una heredera de la imprenta Larumbe.

Patrocinio estudió Magisterio en la Escuela de Maestras de Huesca. En 1889 sacó sobresaliente en el título de Maestra Elemental y en 1890 obtuvo el título de Maestra Superior.

En 1897 la prensa de Tarragona recogió la noticia de su boda con Vicente Sugrañés Bardají (Tarragona, 1864-Zaragoza, 1941), hijo de Vicente Sugrañés Viñe y Francisca Bardají Lafarga, de Monzón. Un hermano de Vicente,  Francisco Sugrañés Bardají (1866-1937) fue un destacado médico con importantes contribuciones a la lucha antituberculosa.

Ayer tuvo lugar el matrimonio de la bella y virtuosa oscense, señorita Patrocinio Castanera, con don Vicente Sugrañés Bardají, de Tarragona, inteligente y laborioso almacenista de vinos en esta ciudad. Fueron apadrinados por la distinguida señora babastrense doña Teresa Tremusa de Alcarazo (sic), tía de la novia, y Mr. J. Carlos, hermano político del contrayente. El acto religioso tuvo lugar en la catedral del Salvador. (Cfr. La Voz de la provincia, Tarragona, 11/02/1897).

A principios del siglo XX, el matrimonio se instaló en Huesca. Vicente abrió un establecimiento de vinos y aguardientes y Patrocinio fundó una Escuela de Señoritas.

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Diario de Huesca, 1902

LA PARRA. Nuevo establecimiento de vinos y aguardientes de V.Sugrañés. Huesca. El dueño de este establecimiento, situado en la calle del Coso Alto núm. 42, ofrece al público los siguientes artículos: Vino tinto superior a 0’20 pesetas el litro. Vino clarete (especialidad) a 0’85. Anisados legítimos de vino, clases dulce, medio dulce y seco a l’50 pesetas litro. Los géneros todos de esta casa quedan garantizados. (Cfr. Diario de Huesca, 30/01/1902)

El Colegio de Señoritas

No es de extrañar que el Diario de Huesca se hiciera eco de un centro que respondía a la moda del momento. Con el colegio de Patrocinio Castanera, Huesca entraba en la vanguardia de la formación de señoritas.

Estas señoritas, como Flora, la protagonista de la novela de Pilar Sanjuán, La educación de una niña, comenzaban la instrucción en su tierna infancia y sus maestras las llevarían de la mano hasta dejarlas bien casadas. Pero algunas no se conformaban con imitar a Flora y a La perfecta casada de Fray Luis de León, querían parecerse a su maestra. Y no pocas maestras posteriores de Huesca siguieron los pasos de Patrocinio y de Vicenta, su más estrecha colaboradora.

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Diario de Huesca, 1913

Vicenta Coronas Marconel (Huesca, ¿?-1958) hija de Eusebio Coronas Lacasa (Huesca, 1851-1923) y de Tomasa Marconel Solá (Huesca, ¿?-1931), pertenecía a la familia Los Coronas. Su padre fue profesor de música de la Escuela Normal de Maestros entre 1899 y 1923. La saga musical de Los Coronas comenzó con sus abuelos, Raimundo Coronas y Ramona Lacasa, cuyos hijos, Nicolás, Enrique, Eusebio y Alejandro fueron piezas clave para el desarrollo de la música en Huesca. A los pocos años Vicenta entró de Profesora de Música a la Escuela de Maestras de Huesca.

No podía comenzar el nuevo colegio de señoritas con mejores madrinas. Sobre el papel, era una iniciativa brillante llamada a tener un gran porvenir.

Nuevo Colegio de señoritas. Hemos recibido una circular en la que la Sra. Doña María del Patrocinio Castanera anuncia la apertura, desde el día uno de septiembre próximo, de un Centro de Enseñanza para Señoritas, en la casa antigua de Abadías, Azara núm. 2. La Directora se propone establecer además de la enseñanza elemental y superior, otras especiales de bordados y corte, dibujo y música, estando la enseñanza de piano a cargo de la muy competente profesora señorita doña Vicenta Coronas. (Cfr. Diario de Huesca, 23/08/1901).

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En este rincón debió estar el Colegio de Señoritas de Patrocinio

El uno de septiembre de 1901 se abrió el Colegio de Señoritas “Nuestra Señora del Carmen”, en la calle Azara, 5. En los repetidos anuncios de la prensa se leía:

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Clases de Instrucción primaria Y elemental ampliada, 3 pesetas: ídem superior, 5 pesetas. Especialidades, de bordados y corte, de adornos; dibujo, música y piano. Precios convencionales.

En esta escuela, como en las de otras provincias, se impartían clases de Instrucción primaria elemental ampliada y superior, y especiales de bordados, corte, dibujo, música y piano.

 

Este nuevo centro de enseñanza para señoritas está siendo objeto, por parte de las muchas personas que lo visitan, de elogios muy cumplidos por su organización, lo moderno de su material, y el conjunto estético que presenta. Reúnen, además, sus locales, condiciones especialísimas para escuela; hay allí luz abundante, ventilación inmejorable, perspectiva alegre, vistas a jardines; condiciones muy necesarias para la higiene de las educandas y lo que contribuye poderosamente a despertar en las jóvenes alumnas disposición al estudio. Con respecto a la enseñanza, la muy competente ilustrada profesora Doña María del Patrocinio Castañera, ha tenido el buen acuerdo de adoptar el sistema cíclico progresivo de la moderna Pedagogía, que desarrolla con el acierto propio de su cultura y competencia. Sois ya varias las familias las que envían a sus hijas al colegio de “Nuestra Señora del Carmen” y no resulta aventurado asegurar que, en plazo no largo, este centro docente ha de ser de los más concurridos de la localidad, sobre todo cuando sean más conocidos los excelentes resultados que ya va produciendo en la instrucción y educación de las señoritas que en él concurren. (Cfr. Diario de Huesca, 11/10/1901).

Para terminar

Los deseos de la prensa no se cumplieron. A los cuatro años, Patrocinio solicitó plaza como maestra de escuelas rurales. Entre otros destinos estuvo: en 1905 en Tierz (Huesca); en 1907 en Bandaliés (Huesca); en 1908 en Sasé y Ginnabel (Huesca); en 1909 en Asín de Broto (Huesca); en 1911 en Oseja (Zaragoza), en 1929 en Villanueva de Jalón, (Zaragoza) y en 1933, en Chodes (Zaragoza), donde fue concejala.

Cuando Patrocinio solicitó escuelas en la provincia de Zaragoza, su marido estableció su negocio en Zaragoza. En el censo de 1934, ella seguía en Chodes, y, en la calle Pignatelli 75 de Zaragoza, residían su marido, de profesión comisionista, y sus hijos: Francisco, sastre, de 36 años; Carmen, de 28, y Josefina, de 26, dedicadas a sus labores.

Patrocinio con la fundación de la Escuela de Señoritas, con su deambular por las escuelas rurales y con su cargo de concejala, fue una de las maestras que contribuyó al cambio de la escuela española.

Tanto ella como las maestras de su generación eran mujeres con una identidad propia: eran autónomas, abrían negocios, viajaban a los pueblos sin su familia, ocupaban cargos públicos y escribían en revistas profesionales. Además convencieron a los padres de muchas de sus alumnas para que las sacaran a estudiar fuera de los pueblos.

1887. Patrocinio. Solicita ingreso

Carmen Romeo Pemán

Imagen principal. Residencia de Señoritas de Lasierra Pambley, Palencia.

O mío o de nadie

Cierra la puerta de madera azul silenciosamente y se dirige al salón. Allí están los envoltorios rasgados de los dos paquetes que le han entregado a primera hora de la mañana.

***

Abrió primero el más voluminoso. Había especificado que lo entregaran en ese horario. Así podría abrirlo a solas, cuando Antonio estuviera en el trabajo. Quería probarse su traje de novia sin testigos al menos una vez. Luego lo subiría al piso de Violeta, su mejor amiga, que vivía justo encima, en su mismo bloque. El día anterior las dos habían estado haciendo sitio en el armario de Violeta para guardarlo allí hasta el domingo, el día de la boda. Pero primero necesitaba vérselo puesto sin nadie más opinando a su alrededor. Entró al dormitorio, cerró la puerta azul, y se lo probó absolutamente todo. La ropa interior sin estrenar, la liga azul, los zapatos forrados de satén color blanco roto, a juego con la preciosa mantilla del vestido. Incluso se hizo un moño apresurado para poder ponerse también el tocado del pelo. Y con todo puesto volvió al salón a abrir el otro paquete, el pequeño.

Venía sin remite. Vestida de novia entró a la cocina y regresó con unas tijeras con las que cortó el hilo. Sonrió pensando si serían las primeras invitaciones de boda, las que no llegaron y le costaron un disgusto hasta que en la imprenta hicieron una nueva tirada a mitad de precio. ¡Vaya mal rato que habían pasado Antonio y ella! Estaría bueno que Correos hubiera decidido ahora enmendar la plana. Las guardaría como recuerdo de una anécdota que contar a sus nietos cuando los tuviera. Rasgó el papel sin contemplaciones y sacó lo que venía dentro de un sobre.

No eran invitaciones. Eran fotos. Un portal. Un coche. Un hombre saliendo del coche. Una cara visible en escorzo, a pesar de la capucha de la sudadera subida. Otro coche. Una mujer. Gafas de sol enormes, y unos pendientes que nadie más sería capaz de llevar puestos. El rótulo con el nombre del hotel. La puerta de una habitación. El número 123. Ropa tirada en el interior de la habitación. La sudadera en el respaldo de un sillón. Las gafas en el asiento. Una zapatilla deportiva de hombre. Unos tacones de mujer. La cama. Antonio. Violeta. Sus cuerpos mezclados. Sus ropas mezcladas. Pero sus cuerpos y sus prendas separados. Los unos entrelazados en la cama. Las otras desparramadas, vacías, obscenas.

***

Piensa que al cuadro de esa mañana solo le faltaba su ramo de novia. Nardos blancos. Pero ya no lo necesitará. Por su cara, maquillada solo con una sonrisa vacía, su pérdida se escurre en hilos de sal que escuecen y queman. Ahora el vestido parece aún más brillante por las manchas rojas que lo adornan, de un rojo más vivo que el de cualquier rosa. No soltó las tijeras en ningún momento desde que cortó el cordón del paquete. Ni mientras miraba las fotos, ni cuando se sentó en el sofá durante no sabe cuánto tiempo, ni al escuchar la llave de Antonio en la cerradura, ni cuando Antonio se acercó a ella con los ojos abiertos y asombrados al descubrirla vestida de novia.

Ahora, por fin, deja las tijeras húmedas de dolor y rabia roja sobre la mesa. Coge el móvil y llama a la policía. Tardan poco en llegar. Ella misma les abre. No se ha cambiado de ropa. Los agentes se miran, descubren las tijeras y el móvil sobre la mesa. Y ella, al ver que dan un paso hacia la puerta azul del dormitorio, pronuncia las primeras palabras desde hace varias horas.

–Deberían llamar al forense y esperar en el salón. –Se da cuenta de que los agentes son demasiado jóvenes, se compadece de ellos, y los tutea–. Ya he terminado. Mejor que no entréis ahí.

Adela Castañón

Imagen: Unsplash

Los viajes de Polonia

#relato

De las fragolinas de mis ayeres

En la duermevela Polonia pensaba cómo había llegado hasta allí, desde el día que,  pasada la medianoche, se escapó de casa. Y  todo porque aquella tarde oyó a su madre que le decía a su padre que ya le había llegado la regla y  tenían que casarla pronto. Que las hijas solteras daban muchos quebraderos de cabeza. Además, aún les quedaban muchas bocas que alimentar.

Ese mismo día por la mañana había oído gritar por las calles:

—A componer sillas, el silleeero. Apresúrense, señoras, que es el último día.

Era la señal de que los gitanos, que llevaban varios días en la arboleda, iban a levantar el campamento.

Sin pensárselo dos veces, se levantó, salió en camisón y cogió el camino del puente. Cada vez que oía un ruido intentaba correr, pero avanzaba poco, que no estaba acostumbrada a andar descalza.

Cuando se acercó a la carreta se le echaron dos perros encima. Detrás llegó un chico de unos quince años, los cogió por el cuello y les hizo caricias en el lomo. Miró a Polonia y le preguntó:

—¿Te has perdido? —A la vez que le miraba las heridas de los pies.

—No, no —respondió Polonia con  resuello—. Es que no quiero seguir en mi casa. Me quiero ir con vosotros.

—¿Qué dices?

—Lo que has oído.

—¿Cómo te llamas?

—Polonia. ¿Y tú?

—Pues no lo sé. Todos me llaman Mundo. No sé si de Segundo o de Segismundo, que los dos son nombres corrientes.

Mundo cogió a Polonia de la mano y la ayudó a subir al carromato.

—¡Chist!, ¡chiss!, ¡chsss! A ver si no despertamos a nadie. Si te arrepientes, tiene que ser ahora. En menos de dos horas arrancaremos. Y, como este viaje no nos ha ido bien, mi padre dice que no volveremos más a este pueblo.

Se acostaron encima del saco de la paja de las mulas. Polonia temblaba, pero se quedó dormida cuando una mano la acarició con suavidad.

Al amanecer, el padre de Mundo los descubrió. Entonces Polonia le dijo que era una de las hijas del alcalde y que se quería ir de su casa.

—Así que eres hija del que nos ha denunciado por robar tomates en un huerto. —Le salía espuma por las comisuras de los labios—Sal ahora mismo de aquí, ¡zorra! Que antes de llegar a Luna nos detendrá por haber robado a su hija. —Abrió el toldo y la tiró al camino de un empujón.

Aún no se había repuesto del golpe, cuando pasó una caravana de trajineros y les pidió que la dejaran ir con ellos. Que se le habían roto las alpargatas y no había podido seguir a los pastores con los que bajaba desde Monte Alto. Estaba segura de que ya estarían cerca de Gurrea. Le pusieron unas abarcas, le dieron un trozo de pan seco y la dejaron dormir hasta Gurrea.

Allí se bajó y callejeando llegó a las afueras donde se encontró con una mujer que iba a coger el tren. Le contó lo mismo que a los arrieros y, además, que sus padres estaban de criados en Zaragoza, en casa de un ganadero que tenía los corrales cerca la estación. Y siguieron hablando hasta que oyeron el pitido del tren.

—Bueno, pues convenceremos al revisor. A ver si te deja viajar sin pagar. Ya verás como sí.

Ya en Zaragoza, justo al salir de la estación, se despidió de la mujer de Gurrea y se dirigió al Puente de Piedra. Pero antes de llegar, unos mozos muy jaraneros le dieron un susto. Así que, aunque las abarcas le estaban grandes, corrió que se las peló hasta que llegó al Pilar. Se notaba cansada y con dolor de estómago. Se sentó en el suelo y comenzó a pedir en la puerta del templo. Al momento unos mendigos la echaron a muletazos.

—¿Qué te has creído? Llegas la última y te saltas la cola. Además tú no estás tullida y puedes trabajar —le dijo uno que hacía alarde de sus muñones.

En eso estaban cuando una señora, con mantilla de blonda y rosario de nácar, echó una moneda al primero de la fila y siguió adelante.

—¿No necesitará usted los servicios de una doncella? —le dijo Polonia, cortándole el paso—. Sé hacer de todo. Y tengo muy buena mano para los niños.

Hablaron un poco al paso de la señora. Polonia la siguió hasta los bancos y se quedó junto a ella, durante la misa. A la salida volvió a seguirla. Como la buena mujer notó que Polonia ponía mucho interés, le dijo que vivía cerca y que podría cuidar a su niño de pocos meses a cambio del alojamiento. Eso sí, tendría que dormir en un camastro junto al lavadero. Y que si se portaba bien, como había hecho en misa, la dejaría asistir con las otras criadas a las escuelas dominicales.

Una mañana, cuando apenas llevaba una semana de niñera, al salir de casa con el crío, reconoció a uno de El Frago. Se dio cuenta de que él también la había visto y miraba fijamente el número de la casa. Así que cruzó la calle, en una esquina de la plaza más cercana abandonó el carricoche con el niño dentro y puso pies en polvorosa. Las otras niñeras dieron la voz de alarma. La señora buscó a los mozos de asalto y la denunció por haber atentado contra la vida de su hijo. Antes de llegar al Puente de Piedra, la detuvieron y la llevaron a un calabozo. A los dos días, estaba pensando en cómo escaparse a Barcelona, cuando se abrió la puerta de golpe y vio que se le acercaba un bulto. Enseguida reconoció la voz de su padre.

Hicieron el camino de regreso en silencio. Su padre no paró de gritar y azotar a las mulas. Desde ese día Polonia supo que pronto la casarían con un hombre de otro pueblo, que en el El Frago  había cogido fama de moza brava. Y también supo que su nuevo viaje no sería a tierras lejanas.

Carmen Romeo Pemán

 

Imagen. Carro de El Frago. Tarjeta postal. Foto de Ricardo Vila.

La niñez en el desván

Conduje despacio. Doblé el último recodo del camino, detuve el coche, me bajé y abrí la cancela de hierro. Cuando vi la casa al final del sendero de gravilla, acudió a mi memoria la primera frase de Rebeca, una novela de Daphne du Maurier: “Anoche soñé que había vuelto a Manderley”. La imagen de la casa se superpuso a la última que conservaba de ella en mis recuerdos: una mansión que se iba empequeñeciendo ante los ojos del niño de ocho años que yo era, de rodillas sobre el asiento trasero del coche de mi madre mientras nos alejábamos de allí. Aquel día ella me obligó a subir y nos marchamos con tanta prisa que ni siquiera dejó que me despidiera de nadie.

Dejé mi coche aparcado y me acerqué caminando despacio. La casa y las dos esculturas de los leones que flanqueaban la entrada principal fueron aumentando de tamaño a medida que me aproximaba, pero cuando llegué a la escalinata de acceso me sorprendí al encontrar que todo era más pequeño de lo que recordaba. Entonces empezó a soplar el viento y su rumor devolvió a las cosas el tamaño original. La voz del bosque que rodeaba la mansión, esa voz que solo un niño puede escuchar, se coló por mis oídos y violó mis defensas de adulto. Cuando puse el pie en el primer peldaño volví a sentirme sobrecogido por el susurro de unas hojas que me contaban mil historias cuando era un crío.

Metí la mano en el bolsillo de la chaqueta para buscar la llave y mis dedos tropezaron con la carta del despacho de abogados. Me sabía su contenido casi de memoria y podría haberla dejado en el hotel, pero tocarla en ese momento me reconfortó. Era un consuelo absurdo, como si los folios fueran un lastre que impidiera que el viento me arrastrara por aquellos parajes que llevaba tantos años sin pisar. La carta era el recordatorio de que ya era un hombre adulto, el único heredero de la mansión de mi abuela. Suspiré, saqué la llave y terminé de subir los escalones mientras me aflojaba la corbata. Al llegar a la explanada me recibieron las ráfagas de polvo que siempre daban la bienvenida a cualquiera que pisara aquellas tierras en otoño. Miré al cielo. Las nubes se movían a mucha velocidad y me pareció que era la casa la que se desplazaba. El viento cambió y los rumores del bosque y del salto de agua que se escondía detrás de los jardines golpearon sin piedad las puertas de mi memoria.

En el interior todo estaba igual que entonces, aunque la habitación parecía haber encogido, quizá por culpa de las sábanas blancas que cubrían todos los muebles y les daban el aspecto de pequeños fantasmas. Cerré la puerta y abrí las ventanas mientras caminaba hacia la escalera que llevaba al piso superior. Acaricié con el dedo la barandilla de caoba por la que tantas veces me había deslizado cuando los adultos no me veían, me detuve en el descansillo y volví la cabeza. Abajo, los cristales abiertos dejaban pasar motas de polvo en suspensión que parecían bailar al ritmo de los sonidos que se colaban en la casa enganchados a ellas.

Recorrí las habitaciones una por una y llegué al final del pasillo del piso superior. Allí, al fondo, estaba la escalera volante que llevaba al desván. La trampilla estaba cerrada, pero habían dejado la escalera colgando, como una tentación que me llamaba. Tragué saliva, me acerqué y subí despacio. El tercer peldaño seguía crujiendo, igual que en mi niñez. Entonces ese ruido me avisaba cada vez que un adulto se acercaba a mi santuario, y el tiempo que tardaban en subir los cinco peldaños restantes me proporcionaba los segundos justos para preparar un recibimiento modélico. Casi nunca necesitaba hacer nada, pero a veces tenía que esconder a toda prisa algún trozo de chocolate robado de la cocina cuando me castigaban sin cenar, o la barra de labios de la abuela que cogía prestada de vez en cuando para pintar en mis soldados de juguete la sangre que daba verosimilitud a las batallas que libraban en mis manos. Allí, en aquellas alturas, junto a los papeles y cachivaches familiares, se apilaban mis recuerdos. En mi refugio siempre había ruidos. El salto de agua se escuchaba sin parar, y las ramas de los árboles eran allí más habladoras. Supongo que al ser más livianas y estar más altas, no les costaba trabajo hacerse oír.

Di media vuelta y, a punto de bajar, recordé mi escondite secreto. Sonreí, me quité la corbata y me agaché para levantar una tabla suelta que había en el rincón del fondo. No esperaba encontrar nada. Aunque me fui de la casa de modo precipitado, no había dejado escondido ningún tesoro importante. Por eso ahora, al asomarme a ver el hueco, me sorprendió encontrar un montón de cartas cubiertas de polvo y atadas por un lazo.

Me senté en el suelo y crucé las piernas igual que hacían los indios alrededor de una hoguera en las películas de mi infancia. Mi sonrisa se hizo más amplia al darme cuenta de que no adoptaba esa postura desde que salí de la mansión. Deshice con facilidad el lazo y empecé a leer.

Eran cartas de amor. A las voces del viento y del agua se sumó ahora el rumor del papel, de los folios que crujían cuando los sacaba de sus sobres, de sus tumbas de silencio. El sol se fue escondiendo y me acerqué al tragaluz para poder seguir leyendo. Me asomé al exterior y la casita de los botes apareció ante mis ojos. Entonces di un salto, miré la fecha de la primera carta y todo encajó en su lugar.

Las cartas, entre susurros, me estaban contando la verdad después de tantos años.

Reconocí la letra de mi padre en muchas, pero no lo reconocí a él en las palabras del hombre atormentado que asomaba entre las cuartillas apropiándose de su letra, de su forma de hablar. Y sin embargo era él.

De la letra de mi abuela no me acordaba y no la reconocí. Pero me costaba trabajo reconciliar su imagen con la de la autora de la otra parte de la correspondencia. Para mí, la abuela era eso: la abuela. Aunque no llevara moño, ni tuviera el pelo blanco. Aunque me contara los cuentos al volver de cenar con sus amigas sin detenerse ni a quitarse los tacones ni la pintura de labios. Pero la que se carteaba con mi padre era y no era esa mujer.

La primera carta estaba fechada al día siguiente de mi precipitada marcha con mamá. Papá no regresó con nosotros ese día a la ciudad, ni llegó a casa al día siguiente, ni al otro, ni al mes siguiente. Sencillamente, yo me quedé esperándolo, pero nunca regresó.

Y es que ese día, en la buhardilla, mi yo de ocho años solo recordaba lo divertido que estaba mientras espiaba con mis prismáticos a papá y a la abuela. Estaban en la casita de los botes, donde guardábamos todos los aparejos para cuando salíamos a pescar. Papá estaba colocado igual que cuando me enseñaba a lanzar la caña, y abrazaba a la abuela por la espalda. Recuerdo que pensé que era estupendo que le estuviera enseñando también a ella, y que quizá, por fin, la abuela habría decidido acceder a mis continuas peticiones para que viniera con papá y conmigo cuando íbamos de pesca.

Me sentía feliz, y estaba tan concentrado observándolos que no escuché crujir el tercer escalón. Y entonces mamá entró, me vio y me quitó los prismáticos para mirar ella.

Acaricié las cartas. Me llevé el montón de sobres a los labios y, por fin, pude decir adiós a muchas cosas. Me despedí de mi niñez, y la imagen de espejo del lago en el que pescábamos se hizo añicos, dejándome ver ahora la historia del amor culpable que se escondía aquel día en la caseta y que mis ojos de niño vistieron de inocencia. Me despedí también de mi padre y de mi abuela. De mi padre, siempre serio, y de mi abuela, siempre guapa y con su sonrisa como el mejor maquillaje. Y perdoné a mi madre, siempre triste, al comprender que ella fue quien perdió más.

Salí del desván y cerré la trampilla. Y mi infancia, después de tantos años cautiva, encerrada en la buhardilla, escapó por el tragaluz y me dejó marchar.

Adela Castañón

 

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Imágenes: cabecera, Денис Токарь en Unsplash; final, matthew Feeney en Unsplash

La terraza de la calle Pasadena

“¡Buenos días, buenos días! Bienvenidos sean todos. Niños, niñas, señoras y señores, señoritas, jóvenes y ancianos. Bienvenidos a mi último día en la Tierra” gritaba Alegría desde la terraza de un edificio de cinco pisos.

—¡Alegría! ¡Desactivar! —gritaba Luciano desde el otro lado de la calle, con la voz crispada, rodeado por los transeúntes curiosos que se detenían a mirar el espectáculo.

—¿Pero miren quién ha venido a verme en mi última morada? Mi creador, el hombre que insiste en que yo, ¡yo!, señoras y señores, soy solo un arrumaje de cables y de programaciones mal instaladas. ¡Luciano! ¡Aplausos para Luciano!

Alegría aplaudió con fuerza sin quitarle la mirada a Luciano. Luego sacó una navaja de uno de los bolsillos del pantalón y se cortó el antebrazo. La sangre que brotaba a borbotones le baño el rostro, algunas gotas alcanzaron el suelo arrancando gritos y quejidos de las personas que la observaban.

—¿Te parece que las máquinas sangran así? ¿Te parece Luciano?

—¡Alegría! Es suficiente, por favor, baja de la terraza de inmediato.

—Ya te lo dije Luciano, hoy es mi último día en la Tierra, mi último día como la máquina que crees que soy. ¿Recuerdas cuando nos conocimos? Estoy segura de que no lo recuerdas, para los hombres no es fácil recordar las fechas especiales. Yo sí lo recuerdo y lo recuerdo muy bien. Fue en esta misma calle, el 13 de septiembre de 2099. Traías puesta esa gabardina azul oscuro de cuero que te hace ver más bajo, unos lentes oscuros y ese sombrero trilby que tanto odio. Me crucé en tu camino y tropezamos. Mi bolsa se cayó al piso, te agachaste para recogerla y luego me preguntaste la hora. Las doce menos cuarto te respondí. Faltan pocos minutos para que sea la misma hora en que nos conocimos. Esa, Luciano, será la hora oficial de mi deceso.

—Alegría, baja de la terraza, no quiero volver a repararte, esta es la tercera vez en la semana que saltas en este mismo lugar, a la misma hora.

—¿Es decir que hemos vivido este momento más de una vez? ¡Pero qué mal ingeniero eres, Luciano! Tan malo que no puedes cambiar el resultado y tu estúpida máquina se suicida una y otra vez. ¡Bravo! Aplaudan al señor que verá morir a su creación una vez más.

Luciano se agarraba el cabello con fuerza y suspiraba. Sin quitarle la mirada a Alegría digitó el número de la oficina de Innovatroniks en su reloj de pulsera:

—Innovatroniks, buenos días, habla Samantha.

—Samantha, habla Luciano Conde, por favor, comunícame con el área de innovación y desarrollo.

—En un momento, señor.

—Innovación y desarrollo.

—¿Cristóbal? —pregunta Luciano.

—Hola, Luciano. ¿Cómo estás?

—Otra vez Alegría está en la terraza de la calle Pasadena.

—¡Mierda! ¿Y esta vez qué pasó?

—Creo que lo mismo de siempre, no lo sé. Esta mañana la activé como a las nueve horas, después de cargar los ajustes en la programación que me enviaste ayer. Parecía normal, se puso el pantalón blanco con la camisa naranja, se pintó los labios con el labial carmesí y se sentó en la sala, en silencio. Te juro que solo me fui a servir un café y cuando volví ya no estaba. Me imaginé que había vuelto a la terraza y, por supuesto, aquí está. Creo que la idea de implantarle que nos conocimos en una calle cualquiera de la ciudad, en un día soleado, acompañados por el sonido de los autos pasando a toda velocidad… ¡Esa estúpida idea de mostrarme como un caballero de resplandeciente armadura, fue una completa mierda! Y antes de que me lo digas, sí, sé que dije que era un buen recuerdo para marcar el instante en que empezaba a formar parte de mi vida, pero, Cristóbal, terminó siendo un virus, ¡le implantaste un puto virus! Ella utiliza ese recuerdo para lanzarse al vacío cada que se le cruza algún cable. Si no la reparas tendrán que devolverme el dinero o darme otra máquina, una que sí funcione.

El sonido de la navaja golpeando el piso interrumpió la conversación telefónica de Luciano con la empresa de tecnología que fabricaba a las androides desde el 2099, para cubrir el déficit en la población femenina desde que empezaron a nacer menos mujeres.

—¡Luciano! Quedan diez minutos para que me veas morir y quede en tu consciencia que no hiciste nada para evitarlo.

—A la mierda, Alegría, ¡salta! Salta de una vez, te prometo que no te volveré a reparar.

Las personas que estaban al lado de Luciano lo empujaban y le reclamaban que no la dejara morir, le reprochaban por ser insensible y no valorar la vida. “¡No la deje morir, por favor, haga algo!” le gritaban.

—¡Es solo una máquina!

—¿Estás seguro de que yo soy la máquina, Luciano? ¿Estás seguro?

 

Mónica Solano

 

Imagen de S. Hermann & F. Richter

 

1933. Alcaldesas y concejalas en Zaragoza

A Gloria Álvarez Roche, Cristina Baselga Mantecón, Concha Gaudó Gaudó e Inocencia Torres Martínez, que me inspiraron este proyecto.

Banquete Alcaldesas. 1.1

La Voz de Aragón

Mucho se ha hablado de las alcaldesas de 1933, pero poco de las concejalas que estuvieron en las mismas comisiones gestoras. En un acontecimiento sin precedentes, los pueblos de España se llenaron de alcaldesas y concejalas.

En este artículo trataré solo de las de Zaragoza. Completaré las vidas de las 17 alcaldesas, que ya han aparecido en otras publicaciones.  Y, como novedad, presentaré a Laurentina Frías, una alcaldesa que no figuraba en las listas anteriores, y  a las 34 concejalas de la provincia, hasta ahora desconocidas.

Estuvieron poco tiempo en sus cargos, dos meses y medio. Y solo en los pueblos en los que se tenían que celebrar las elecciones, es decir, en 129 municipios de Zaragoza, y en 2500 de España. A finales de enero de 1933, cesaron a todos los integrantes de los viejos ayuntamientos y nombraron unas comisiones gestoras que ejercieron sus funciones hasta las elecciones de abril de 1933.

¿En qué pueblos?

En los que en las elecciones de 1932 se había aplicado el artículo 29 de la Ley electoral de 1907, conocida como Ley Maura, que era la que estaba vigente.

¿Qué decía el artículo 29?

Que no era necesario celebrar elecciones si el número de concejales que había que elegir coincidía con el número de personas que se presentaban. En ese caso se nombraba directamente a los que se postulaban, sin pasar por las urnas.

¿Por qué la nuevas gestoras?

Para garantizar que las elecciones del 23 de abril de 1933 fueran limpias y transparentes.

¿Cómo se constituyeron?

Con las normas claras y sencillas que se dieron en un decreto de 1932. Cada gestora tendría tres miembros. Un presidente, o alcalde, y dos vocales, o concejales. Uno de ellos representaría a los contribuyentes, o propietarios; otro a los trabajadores; y otro al Estado, a través de los funcionarios. Y una vez seleccionados los tres miembros, se decidía cuál de ellos iba a ser el alcalde.

Para ilustrar el proceso de forma práctica, he incluido cómo se hizo la elección en Fuendetodos, porque resulta clarificador y paradigmático.

¿Por qué tantas maestras?

Todas, menos tres. Porque solían ser las más jóvenes de los funcionarios o, en el caso de las escuelas mixtas, las únicas que podían representar al Estado.

¿Qué sabemos de ellas?

Que estaban acostumbradas a gestionar asuntos públicos de forma transparente y que todas cumplieron su función con eficacia.

En cambio, de sus vidas sabemos muy poco, en muchos casos ni las fechas de nacimiento y muerte.

Pero todas, cuando tuvieron el título debajo del brazo, comenzaron una larga peregrinación por la España rural para enseñar a los niños. Muchas estuvieron en escuelas mixtas y se anticiparon a los modelos de coeducación actuales.

Aquí he intentado acompañarlas en sus recorridos siguiendo sus pasos con los boletines de educación. Pero las noticias son sueltas y asistemáticas. Y en ningún caso he llegado a reconstruir sus hojas de servicios.

No incluyo a María Domínguez, que presidió una gestora en Gallur desde 1932 hasta 1933, porque fue destituida cuando se nombró en Gallur la nueva gestora de 1933. Y en esa no había ninguna mujer.

Las 18 alcaldesas

19330305. Rev. Crónica. Alacaldesas Zg.

Antorán Martínez, Elvira. Villanueva de Huerva

Aprobó las oposiciones que se convocaron en 1928, se realizaron en 1929 y sacaron las listas en 1930. Hasta 1934 recorrió varias escuelas: Gascón y Marín de Zargoza, El Pino, Valencia de Alcántara (Cáceres) y Villanueva de Huerva (Zaragoza).

Se casó con Silvestre Gracia Martínez, también maestro. En 1934 se trasladaron a Irún, como consortes. En 1936 falleció Silvestre en Zaragoza. Unos años más tarde, el Juzgado de Daroca le abrió un expediente de responsabilidades políticas, como residente en Villanueva de Huerva, aunque ellos ya no constaban en el censo de 1934.

Después de la muerte de su marido, Elvira publicó algunos artículos en los que exaltaba su adhesión al nuevo régimen.

La mujer de la nueva España. Por Elvira Antorán, maestra nacional.

La Patria va quedar muy quebrantada ¡mucho! Tanto, que sólo voluntades firmes enérgicas pueden sacarla del sopor e inmundicia en que sus malos hijos han querido sumirla ¡Adelante, mujer española! Y tú, por tu condición de aragonesa, estás obligada ser digna sucesora de la Madre Rafols, de la Condesa de Bureta, de Agustina de Aragón y de tantas y tanta mujeres que hicieron célebre la historia.

Tus armas son las propias tuyas, las que nunca debiste olvidar, las que todo él feminismo cursi de cátedra no debió nunca de arrancar de ti, mareándote con sus aires de igualdad independencia. Cfr. Por España, Zaragoza, 1937.

Bilbao Nieto, Clementina. Lituénigo

Comisión Gestora. Presidente, Clementina Bilbao Nieto, de 53 años, domiciliada en la Plaza. Vocales, Filiberto Florencio Hernández Domínguez, de 23 años, jornalero, calle Rincón, 11, y Doroteo Gil Giménez, de 29 años, del campo, calle República, 11.

Clementina Bilbao (Palencia, 1880), en 1896 residía en Santander con su familia.

Ha regresado de Valladolid, después de haberse examinado de las asignaturas de Maestra Superior, la señorita Clementina Bilbao, a quien felicitamos, lo mismo que a sus profesores doña Adelaida y don Juan Camino. (Cfr. La Atalaya, Santander, 1896).

Llegó a Lituénigo en 1929. Antes y después, estuvo en varios pueblos de Cataluña. En 1939, en Bigues i Riells, un tribunal militar de responsabilidades políticas la inhabilitó seis meses de empleo y sueldo. Está considerada como una de las víctimas del franquismo.

Blasco Pardillos, Manuela. Torrellas

Manuela Blasco con sus alumnos. Libro de las comarcas.

Manuela Blasco con sus alumnas. Foto del Libro de las Comarcas.

En Torrellas se eligieron dos comisiones gestoras. Una el día 2 de febrero y otra el 9 de febrero que rectificó a la anterior.

En la primera era presidente Gregorio León Gimeno, practicante. En la segunda, se nombró a Manuela Blasco Pardilas, maestra, de 61 años, San Antón, 36. Y se mantuvieron los vocales: Ángel García Pérez, contribuyente, y Félix García Ledesma, de 24 años, jornalero.

El Ayuntamiento de Torrellas le ha dedicado una calle y un estudio, con una foto con sus alumnas, donde se dice que estuvo en Torrellas entre 1927 y 1937.

Manuela Blasco

Begoña Manuela Blasco Pardillos (1866) era Maestra Superior. En 1899 se casó en Bilbao con el viudo Miguel Francisco de Ymaz Urdangarín (Ataun, Guipuzcoa, 1866-Torrellas, 1929), de los ascendientes del general Zumalacárregui. Miguel había estado casado, en primeras nupcias, con Josefa Brígida Garramiola Susaeta y, en segundas, con María Juana de Barainca Deustua.

Manuela, antes de llegar a Torrellas, ejerció en varios pueblos del norte: Riensena, Llanes, Negradas, Riobarba, Carayes, Peranzanes, Audrín, Fontella, Bezares (Logroño), Berasategui (Guipúcoa).

Bosque Barberán, Antonia. Ardisa

Antonia Bosque (Calanda, 1907-Barcelona, 1983), era hija de Pascual Bosque Coder, apodado “El Codé” por su segundo apellido. Aprobó los cursillos del Magisterio de 1932 y la destinaron a Ardisa.

En 1934 y 1935 estuvo en la escuela graduada de Ejea de los Caballeros. Después se trasladó a Barcelona, donde aprobó las oposiciones a directora escolar. Sus sobrinos la llevaron a enterrar a Calanda.

Cereza Puyol, Victoria. Gelsa

Comisión gestora. Presidente, Victoria Cereza Puyol, maestra, 33 años, calle República 8. Vocales, Pablo Aznar Lobera, jornalero, 30 años, calle Manuel Lorenzo Pardo, 38, y Daniel Falcón García, jornalero, 30 años, calle M. Domingo, 6.

Victoria Cereza Puyol (Provincia de Huesca, 1900) se presentó a las oposiciones de 1923 en Zaragoza y en 1924 le llegó el nombramiento de maestra nacional. En 1926 la destinaron a Molinos (Teruel), pero como era propietaria provisional, tenía que concursar a los dos años. En 1928 pasó de Molinos a Gelsa, como propietaria definitiva.

En Gelsa, en 1930, se organizaron exposiciones escolares en las Escuelas Nacionales y en el colegio de Religiosas Clarisas.

En las Escuelas Nacionales, clases de mayores, situadas en el palacio del conde de Peñaranda, los cultísimos maestros doña Victoria Cereza y don José Velilla nos presentaron a sus alumnos como escolares modelos. Vimos labores hermosas en las niñas. Mapas, hojas, flores y frutos en relieve, obra de los niños. Figuras geométricas, mapas mudos, etc. Y contestaron a las preguntas más difíciles, y nos admiraron los ejercicios de cálculo mental, que acreditaron a tan distinguidos profesores como verdaderos modelos del Magisterio Español, y a los alumnos, todos, pero en especial a Catalán, Emperador y Morellón. ¡Bien por las Escuelas y el Colegio de Gelsa! Así, señores, así se hace Patria, educando e instruyendo a la niñez que después ha de ser la familia de nuestra famosa y antiquísima Xelsa, hoy, Gelsa. El alcalde don Francisco Castillón felicitó a todos. (Cfr. La Voz de Aragón, 25/07/1930).

Victoria, en 1935, dirigió el festival con el que se amenizó el homenaje a la vejez. Ese año se trasladó a Zaragoza a la escuela “Venecia”, por el turno de consortes.

Conde Álvarez, Josefina. Clares de Ribota

Josefina Conde (Cantavieja, Teruel) era hija de Enriqueta Álvarez Lázaro (Blesa, 1880-Zaragoza, 1961) y de Marcos Conde Oliete (Blesa, 1882-Zaragoza, 1939), médico de Alarcón, Parras de Castellote, Cantavieja y Codos.

Según el censo, en 1934 vivían en Codos: su padre, de 52 años, su madre de 54 y su hermana Delia de 25.

Josefina Conde aprobó los cursillos de 1932 y la destinaron a Clares de Ribota. En septiembre de 1933 pasó a Tabuenca. Pero en el censo de 1934 en Tabuenca no figuraba ella, ya estaba Anisia Purificación Ortín Bellido, de 35 años.

En la enseñanza fue muy conocido su tío Santos Conde Oliete que estudió Magisterio en Zaragoza. Fue alcalde republicano de Ciempozuelos, presidente de Primera Enseñanza de la Izquierda Republicana de Madrid y acabo exiliado en Francia.

Cortadé Romeo, Concepción. Alpartir

Concepción Cortadé (Zaragoza, 1887) en 1910 obtuvo el título de Maestra Elemental y la destinaron a Remolinos. En 1915 le dieron Albartir, donde ejerció hasta 1933, cuando se crearon dos escuelas provisionales, una de niñas y otra de niños.

De Concepción Cortadé, hasta ahora, solo sabemos que en 1941 seguía prestando sus servicios en la provincia de Zaragoza. En cambio tenemos datos de sus familia.

Era hija de José Cortadé Angós  (1862-Zaragoza, 1959), un hojalatero, hoy fontanero, del distrito del Pilar. Su hermana María (Zaragoza, 1871), que se había casado con Santiago Torres Gascón (Alpartir, 1868), un propietario de tierras de labranza, seguía viviendo en Alpartir. Su otra hermana, Felisa (Zaragoza, 1878-Zaragoza, 1958), vivía en Calatayud, y su hermano José (Zaragoza, 1897-1941) en el barrio de San Pablo de Zaragoza

Elizondo Inda, Felipa. Tierga

Felipa Elizondo Inda (Pamplona, 1910-1988) era hija de Bartolomé Elizondo Zoroquiain (Pamplona, 1870-1949) y de Estefanía Inda Monaut (Oroz Betelu, Navarra, 1869-Pamplona, 1949).

En 1932 la nombraron maestra de Tierga, pero en 1934 ya no figuraba en el censo. En 1938 se trasladó de Irún a Pamplona, donde se jubiló.

Frías Gil, Laurentina. Alforque

Comisión Gestora. Presidente, Laurentina Frías Gil, de 49 años, calle Horno. Vocales, José Tesán García, de 27 años, carbonero, calle Mayor, y Agustín Lucea Lanuza, de 24 años, labrador, calle Barriete.  Laurentina Frías no constaba en la lista de alcaldesas que publicaron los periódicos.

Laurentina Frías Gil (Soria, 1885-Alforque, 1952) Maestra Elemental. En 1908 llegó a la escuela unitaria Alforque y allí ejerció hasta que falleció. Era viuda de Mariano Giménez Cristóbal (Alforque, 1878), un propietario de Alforque. En la necrológica de Escuela Española constaba como madre de Afrodisio (Alforque, 1912–Zaragoza, 1981), jornalero, que fue secretario de la UGT, y de José Luis (Alforque, ¿?-Zaragoza, 2005), Licenciado en Químicas. En 1938 Florentina estaba afiliada a la UGT.

García Pérez, Estrella. El Frasno

Comisión Gestora. Presidente, Estrella de las Nieves García Pérez, maestra, de 28 años, calle G. Rodríguez, 17. Vocales, Manuel Moreno Gasca, herrero, de 30 años, calle S. Guerra, 10, y José Carnicer  Álvaro, jornalero, de 55, calle Unamuno, 3.

María Estrella de las Nieves García (Teruel, 1905). En 1923 se examinó de oposiciones en Valencia y la destinaron a Tortuera (Guadalajara). Ese mismo año pasó a Ródenas (Teruel) y a Torre Baja (Valencia).

En 1929 se casó con Luis Martín Esquiu (Teruel, 1899-¿?):

En la iglesia de San Andrés se ha celebrado el matrimonio de Luis Martín Esquiu, maestro nacional de Fortanete, desde 1926, con Estrella García Pérez, maestra nacional de Torre Baja, Valencia. Son hijos de dos familias bien relacionadas de esta capital. Cfr. La Voz de Teruel.

En julio de 1930 llegaron los dos a El Frasno por el turno de consortes.

Tenemos pocas noticias de sus destinos posteriores. En 1933 Estrella firmó las oposiciones a inspección. Y en 1966 se trasladó de Játiva de Churriana (Málaga).

Gil Martínez, María. Tiermas

María Gil Martínez (Tiermas, 1910) era hija de José Gil Fantova (1876) y de Adelaida Martínez Iriarte (1880). Según el censo de 1934, tenía 24 años y vivía en la calle Herrería 38, con su padre, José Gil Fantova, de 58 años, comerciante, y con su madre Adelaida Martínez Iriarte, de 54, sus labores. Sucedió a su padre en la alcaldía. El año 2004 vivía en Jaca.

La votaron los propietarios en un momento en que tenían pleitos con la Confederación Hidrográfica del Ebro por la expropiación de las tierras para el pantano de Yesa.

Hernández García, Julia. Rueda de Jalón

Comisión Gestora. Presidente, Julia Hernández García, maestra, de 41 años, Barranco, 42. Vocales, Mariano Hernández Morales, jornalero, de 26 años, Mayor 11, y León Perulán Gracia, jornalero, de 29 años, Barranco 90.

Julia Hernández (Vizcaya, 1891-Zaragoza, 1985) obtuvo el título de Maestra Elemental en la Escuela Normal de Soria. 1923 llegó por traslado a Rueda de Jalón.

Latre Cañada, Cecilia. Bureta

Comisión Gestora. Presidente, Cecilia Latre Cañada, soltera, de 25 años, Ramón y Cajal, 8. Vocales Manuel Borobia Alcega, labrador, de 29 años, Mayor, 49, y Mariano García Sánchez, del campo, de 27 años, calle Nueva, 7.

Cecilia Latre Cañada (¿?, 1906-Zaragoza, 1998), aprobó los cursillos de 1932 y la destinaron a Bureta. Después estuvo en Sofuentes, Albadalejo (Ciudad Real) y Maella, donde pasó la Guerra Civil. En1936, pertenecía al PC y a las Mujeres antifascistas. En 1938, estando en la escuela graduada de Maella, en el noveno mes de embarazo, le concedieron una licencia para alumbramiento, con obligación de dejar atendida la escuela por su cuenta.

Laguía Bernal, Francisca. Novillas

Comisión Gestora. Presidente, Francisca Laguía Bernal, maestra, de 35 años, Ramón y Cajal, 15. Vocales, Macario Lázaro Sancho, labrador, de 31 años, G. Hernández 3, y Jesús Cabestré Villanueva, jornalero, de 27 años, Lorente, 26.

Francisca de Paula Laguía (Zaragoza, 1898-1975) cursó Magisterio en Zaragoza, aprobó las oposiciones de 1928 y la destinaron a Duruelo de la Sierra (Soria). De allí pasó Novillas

Muñoz Foved, Adelina. Lobera de Onsella

Comisión Gestora. Presidente, Adelina Muñoz Fober (sic), maestra, de 34 años. Vocales, Pascual Pernante Glaría, de 27 años, jornalero, Peñas, 16, y Celedonio Plano Chaverri, de 57 años, propietario.

Adelina Muñoz Foved (Villar del Salz, Teruel, 1899-Huesca, 2011), estudió Magisterio en Teruel. Estuvo en varios en pueblos de Teruel, en Lobera de Onsella y en Castejón de Valdejasa. En 1933 se presentó a los cursillos en Zaragoza.

Villar del Salz. Día de campo. Haciendo honor a la joven Marujita Fober (sic) pasaron el día en la chopera que la Sociedad de Montes dispone en el Soto, distinguidas familias de este pueblo. Mientras las señoras prepararon el menú, las señoritas bailaron con una gramola. En este baile participaron Adelina Muñoz, maestra nacional de Castejón de Valdejasa, Luisita Domingo, la agasajada Marujita Fober (sic), Adelina González y Amalia Urquiza. (Cfr. La Voz de Aragón, 1934)

En 1940 se casó con Virgilio Valenzuela Foved (Blancas, 1908-Huesca 1970), en 1941 se trasladaron a Huesca y Adelina dejó de ejercer de maestra. Tuvieron dos hijas, María José y Adelina.

El apellido Foved ha sufrido errores ortotipográficos, que han dificultado la identificación de Avelina Muñoz.

Pemán Cardesa, Isabel Conrada. Magallón

Comisión Gestora. Presidente, Isabel Pemán Cardesa, maestra, de 23 años, Ramón y Cajal 13. Vocales, Ildefonso Salvador Barrios, labrador, de 31 años, Giles, 38; y Pedro Domínguez Ruberte, jornalero, de 31 años, G. Hernández, 8.

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Isabel Conrada (Biel, 1909), conocida en Biel como Isabel de Francisquín, era la primogénita de Francisco Pemán y Manuela Cardesa.

En la Villa de Biel a las 2 de la tarde del día 19 de febrero de 1909, ante don Mauricio Pemán Palacio, juez municipal, y don Felipe Coyduras, secretario, compareció Francisco Pemán Navarro, natural de esta villa, de 27 años, de profesión comerciante, estado casado, para  inscribir en el Registro civil una niña que nació el 19 de febrero en la calle La Cárcel número 10. Hija del declarante y de Manuela Cardesa Lanzarote de 25 años. Abuelos paternos: Mauricio Pemán Palacio, comerciante y propietario, y Rosa Navarro Jiménez, ya difunta. Abuelos maternos: Juan José Cardesa Aguas, labrador, y Bibiana Lanzarote Bueno. Fueron testigos, Celedonio Arenzaz, pelaire, y Francisco Narravrro, alguacil. (Cfr. Partida de nacimiento, Ayuntamiento de Biel).

Desde 1925 y hasta 1930 estudió Magisterio en Zaragoza. En 1931 estaba en las listas de interinas. En 1932 la destinaron a Magallón y en 1934 a Ojos Negros.

Rodríguez Suils, Emilia. Almochuel

Comisión Gestora. Presidente, Emilia Rodríguez Suils, maestra, de 28 años, Horno, 1. Vocales, José Ainsa Clavero, labrador, de 25 años, Mayor 14, y Rafael Gascón Moliner, pastor, de 33 años, Mayor.

Emilia Rodríguez Suils (Logroño, 1905-Zaragoza, 1983). Por línea materna pertenecía a la conocida familia de origen altoaragonés, asentada en Logroño. En 1923 la nombraron maestra de la escuela de niñas de Brieva (La Rioja). En 1933 estaba en Almochuel

En 1934 se trasladó a Magallón. En 1939 era secretaria de la comisión local de  Pelegrina (Guadalajara) de subsidio al combatiente. Otros destinos fueron; Castejón de Valdejasa y Pinillos (La Rioja).

Sebastián Cebrián, Jerónima Agustina. Balconchán

Jerónima Agustina Sebastián (Alarba, Zaragoza, 1885) era hija de Joaquín Sebastián Abad y Plácida Cebrián Alejandre, una familia de propietarios Alarba. En 1901 fallecieron sus padres y quedaron varios hijos

Su título de Maestra Elemental llegó a la Universidad de Zaragoza en 1907, cuando ya llevaba un año de maestra interina en la provincia de Teruel. Estuvo en Singra y Segura (Teruel), en Cangas de Onís (Asturias), en Escobosa de Almazán (Soria) en Zardón (Asturias)


Banquete Alcaldesas. 2

Comida en honor de las alcaldesas. Zaragoza. Foto de La Voz de Aragón.

Las 34 concejalas

Adell Roig, María. Botorrita.

Comisión Gestora. Presidente, León López Comín. Jornalero, de 35 años, Plaza, 20. Vocales, María T. Adell Roig, maestra, de 68 años, calle Frontón, y Santos Rodríguez Agustín, jornalero, de 29 años, calle Olmo 5.

María Tarsila Adell Roig (Sierra de Engarcerán, 1864-¿?)

Tarsilia Adell. Botorrita

En 1901, ella y Vicenta Vallés Borrás, las dos de la Sierra de Engarcerán, fueron alumnas del primer curso de la recién creada Escuela Normal de Maestras de Catellón.

Desde que acabó Magisterio estuvo en numerosos pueblos de interina. En 1927, ocupaba la escuela de Abejuela (Teruel) y pidió la excedencia. Reingresó en 1930 en Botorrita, donde la nombraron concejala en 1933. A los dos años se jubiló.

 

 

Campé Martín, Manuela. Pleitas de Jalón

Comisión Gestora. Presidente, Tomás Trébol Lorés, propietario, 70 años, calle Baja, 5. Vocales, Ángel González Romeo, del campo, 30 años, calle Baja, 3, y Manuela Campé Martín, maestra, de 58 años, P. República, 4.

Manuela Campé Marín (¿?-1875-Zaragoza, 1956), en 1892 aprobó la reválida de Maestra Superior en la Escuela Normal de Zaragoza y comenzó un peregrinaje de maestra interina por Las Pedrosas, Cubel, Maleján, Talamantes, Castejón de Tornos, Loscos y la Puebla de San Miguel, entre otros. Después de varios años en Alconchel y Plenas, llegó a Pleitas.

En Pleitas la recuerdan como una maestra muy activa, que participó en muchas actividades con sus alumnos. Cuando fue concejala solicitó un local para la escuela, que entonces lo compartía con el Ayuntamiento y tenía que suspender la clase cada vez que había un pleno o una reunión.

Casaus Bernal, Salomé. Lechón

Comisión Gestora. Presidente, Eleuterio Señalada Gracia, de 54 años, labrador, calle Mayor 14. Vocales José María Señalada Herrero, de 25 años, pastor, con domicilio en Extramuros, y Salomé Casaus Bernal, maestra, de 50 años, calle Daroca 15.

Salomé Casaus (1883-¿?), era Maestra Elemental. En 1905 llegó a Lechón como maestra propietaria, se casó con Ruperto Gómez Beltrán (1886-¿?), labrador, y allí ejerció hasta su jubilación.

Castanera Plasencia, Patrocinio. Chodes

Comisión Gestora. Presidente, Justo Polo Yus, del campo, de 57 años, calle Molino. Vocales, Juan Borriquel Jimeno, del campo, de 21 años, con domicilio en la Plaza, y Patrocinio Castanera Plasencia maestra, de 56 años, con domicilio en la Plaza.

1899. Patrocinio. Caligrafía.jpg

María Patrocinio Castanera Plasencia (Huesca, 1872-Zaragoza, 1947), en 1890 obtuvo el título de Maestra Superior en Huesca. En 1897 se casó con Vicente Sugrañés Bardají (Tarragona, 1864-Zaragoza, 1941), propietario de un almacén de vinos de Huesca. En 1901 Patrocinio fundó el colegio de señoritas “Nuestra Señora del Carmen” y a los pocos años, comenzó su itinerario por las escuelas rurales.

Era hermana de Mariano Castanera Plasencia, propietario de una imprenta y fundador, en 1884, de La Crónica, un diario de avisos de Huesca.

Cebollada Bespín, María de la Asunción. Orera de Calatayud

Comisión Gestora. Presidente, Modesto Guallar Uriel, del campo, de 30 años, la Plaza, 10. Vocales, Juan Cuartero Asensio, del campo, de 28 años, Paja, 10, y Asunción Cebollada Bespín, que ya no figuraba en el censo de 1934.

Asunción era hija de Andrés Cebollada Bello y Joaquina Bespín Casanova, unos maestros de la provincia de Teruel. En 1878 su madre era la maestra de Josa y en 1907 se jubiló por edad en Martín del Río. En 1920 fallecieron sus padres y a ella le concedieron una pensión de orfandad por la muerte de su padre, Andrés Cebollada, que había sido maestro de Luco de Jiloca.

Después de Orera de Calatayud, a final de 1933, la destinaron a Osera de Ebro y en 1934 aprobó los cursillos de Magisterio en Zaragoza. A año siguiente ya estaba de maestra en Cuevas de Cañart.

Cebollada Cartagena, Luisa. Torrehermosa

Comisión Gestora. Presidente, Rafael García Gutiérrez, labrador, de 27 años, calle Lafuente 10. Vocales, Cecilio Martínez Delgado, jornalero, de 25 años, Cantarranas 39, y Luisa Cebollada Cartagena, maestra, que ya no estaba en 1934.

En 1914 llego al Magisterio de Gerona el título de Luisa Cebollada Cartagena (Zaragoza, 1896-¿?). Fue maestra de Alins del Monte (Huesca), de Purroy, de Añón y en 1931 llegó a Torrehermosa. Después estuvo en Balones (Alicante) y en Castillonroy (Huesca), entre otros. En 1937 se afilió a la FETE en Barbastro.

Díaz López, Carmen. Los Fayos

Comisión Gestora. Presidente, Raimundo Jesús Daniel Pérez y Pérez, estudiante, de 24 años, Enmedio 20. Vocales Carmen Díaz López, maestra, de 29 años, calle Felipe IV 10, y Juan Bautista Vidorreta Calabia, labrador, de 29 años, Costanilla 9.

Carmen Díaz López aprobó los cursillos de 1933 y fue destinada a Los Fayos, donde la precedió Pilar Monge Marco, una hermana de doña Manolita, la carismática maestra del barrio de Juslibol de Zaragoza. Carmen Díaz, en 1934, se incorporó a la escuela mixta de Bescós de la Garcipollera (Huesca) y después a la de Grovieras (Soria).

Fernández Quintano, María Alejandra Concepción. Acered

Comisión Gestora. Presidente, Sandalio Maluenda Gil, carpintero, de 26 años, Alta 12. Vocales, Vicente Fernández Morata, jornalero, de 28 años, Mochales 21, y María Concepción Fernández Quintano, que ya no estaba en 1934.

María Alejandra Concepción Fernández Quintano, en 1933, recibió el nombramiento de maestra provisional para Acered. En 1934 estaba en Cervera del Río Alhama (Logroño) y solicitó permiso para examinarse para una plaza de la escuela aneja de la Normal de Logroño.

Fuentes Abadía, Francisca. Villadoz

Comisión Gestora. Presidente, Antonio Lacasa del Val, jornalero, de 28 años, la Plaza. Vocales, Francisca Fuentes Abadía, maestra, que ya no estaba en 1934, y Narciso Gaudioso López, labrador, de 27 años, en la Plaza.

En 1913, Francisca Fuentes figuraba en las listas de maestras aspirantes a escuelas interinas. El 8 de junio de 1919 le adjudicaron la escuela de Villarroya del Campo, Ayuntamiento de Villadoz, que se había quedado vacante el 30 de octubre de 1918. En 1933 solicitó la excedencia. Reingresó en agosto de 1934 y la destinaron a Alcalá de Moncayo.

Galindo Monterde, María Josefa. Asín.

Comisión Gestora. Presidente, Sotero Ezquerra Lalanza, labrador, de 29 años, Iglesia 11. Vocales, María Josefa Galindo Monterde, maestra, de 39 años, Iglesia 10, y José Pérez Idoipe, panadero, de 29, Mayor 39.

Josefa Galindo Monterde (Camarillas, Teruel-¿?), en 1913 aspiraba ser maestra interina en la provincia de Teruel. En 1919 estaba en Teruel y en 1921 la nombraron maestra de Camarillas, su pueblo natal. Se casó con Lorenzo Villa Cortés (1894-¿?) y fueron los padres de Lucio Villa Galindo (Teruel,1919. Zaragoza en 1995)

En 1934, siendo maestra de Asín, se le adjudicó el primer escalafón. Pero el alcalde la acusó de ser socialista y de ser la mujer de Lorenzo Villa, un propagandista de la UGT, que estuvo en el frente con el Tercio de Santiago. Como consecuencia, la suspendieron de empleo y suelo por un año y la obligaron a trasladarse fuera de la provincia de Zaragoza durante cinco años.

En el censo de 1934 Josefa y Lorenzo seguían viviendo en Asín, en la calle la Iglesia 40. Su marido constaba de profesión “ninguna” y ella de profesión “villa”. Como estaba suspendida de empleo y sueldo, nombraron maestra de Asín a Elena Sanz Compaired, de 23 años.

En 1941 Josefa figuraba en la plantilla de Oviedo, y en 1957 ascendió de categoría.

García Martínez, Bienvenida. Jaraba

Comisión Gestora. Presidente, Valentín Cebolla Cebolla, labrador, de 27 años, Collado 3. Vocales, Vicente Cebolla Escolano, labrador, de 26 años, Medio 8, y Bienvenida García Martínez, maestra, de 25 años, Afán de la Ribera 22.

Bienvenida García llegó a Jaraba en 1932, procedente de la provincia de Soria. En 1934 se trasladó a Monóvar (Alicante). En 1965 recibió un diploma de “Maestra Distinguida” por su labor pedagógica. Y en 1968, cuando estaba en el Colegio Nacional “Cervantes” de Alicante, le perdemos las pistas.

García Martínez, María de las Nieves. Calmarza

Comisión Gestora. Presidente, Tomás Ruiz Escolano, jornalero, de 28 años, Castillo 3. Vocales, María de las Nieves García Martínez, maestra, de 58 años, Castillo 1, y Gabino Renales Mateo, herrero, de 29 años, Rúa 11.

Nieves García solicitó ser admitida en las oposiciones de 1912, que se celebraron en 1914, en Zaragoza. Sabemos que en 1919 estuvo de maestra en Oter, Ayuntamiento de Carrascosa del Tajo (Guadalajara). Después en Foradada (Lérida), en Ródenas y Orrios (Teruel), en Espejón (Soria), en Frías (Burgos). Y en Calmarza. En 1934 estaba en Villafranca del Campo (Teruel).

García Pardo, Casimira. Pozuelo de Aragón

Comisión Gestora. Presidente, Julio Jarreta Gil, labrador, de 36 años, Cuesta 7. Vocales, Casimira García Pardo, ya no estaba en 1934, y Marcos Aranda Vera, jornalero, de 30 años, Balsón 2.

Casimira García Pardo (Zaragoza, ¿?-1986). En 1923 se examinó de oposiciones en Zaragoza y en 1926, cuando la destinaron a Quireza-Cerdero (Pontevedra), presentó una reclamación en la que se quejaba de que las escuelas que había solicitado se habían adjudicado a opositoras con peor número que ella. En 1927 consiguió la escuela de Pozuelo de Aragón.

En 1933 llegó a Zaragoza, a la escuela unitaria de “San José”, como consorte de Luis González Peiro (¿?-Zaragoza, 1977), maestro de una escuela en la calle Palafox. En 1934 ella pasó al grupo “Cervantes” de Zaragoza.

Gomollón Estaje, Rafaela. Monterde

Comisión Gestora. Presidente, Saturnino López Corella, jornalero, de 28 años, Herrería 4. Vocales, José Benedí Revuelto, labrador, de 26 años, Rúa 13, y Rafaela Gomollón Estaje, maestra, de 26 años, Llumes.

Rafaela Gomollón Estaje (Zaragoza, 1907-1994). En 1930, en Aranda de Moncayo, celebraron una fiesta en la Virgen de la Sierra para homenajear a Rafaela por sus brillantes notas en las oposiciones. En 1933 se incorporó su primer destino, la escuela de Llumes, del Ayuntamiento de Monterde. Al año siguiente la mandaron a Arroyo-Albanchez-Cantoria (Almería) pero solo estuvo un curso y volvió a Aragón, a Ballobar (Huesca). Recorrió varios pueblos y en 1960 pasó de Ricla al barrio de Montañana de Zaragoza.

González Bravo, María Pilar. María de Huerva

Comisión Gestora. Presidente, Ángel Burillo Espié, herrero, de 29 años, Galán 25. Vocales, María Pilar González Bravo, ya no estaba en 1934, y Cecilio Julián García, jornalero, de 28 años, Costa, 12.

En 1931 firmó los cursillos del Magisterio en Zaragoza. Fue maestra de Santo Domingo de la Calzada, Ejea de los Caballeros, María de Huerva, Bustillo del Páramo  y San Martín del Zar (Burgos), entre otros.

Grijalba Delgado, Leonor. La Puebla de Alfindén

Comisión Gestora. Presidente, Santiago Moliné Meseguer, labrador, de 30 años, Mayor 36. Vocales, Julián Gascón Belloc, jornalero, de 29 años, calle Alta 9, y doña Leonor Grijalba Delgado, que ya no estaba en 1934.

Leonor Gijalba Delgado (¿?, 1879-Zaragoza, 1966) era Maestra Superior, en 1895, cursaba los estudios de Magisterio en la Rioja y era compañera de Isabel Lejárraga. Se casó con Rogelio Dílla Pajares (Sagides, Soria, 1873-Zaragoza, 1942) que también era maestro.

En 1898 se estrenó dando clase en Jodra del Cardo. En 1903 estaba en Valmadrid y en 1907 en María de Huerva con su marido. En la ceremonia de los exámenes de los alumnos, Leonor pronunció la conferencia “La educación de la mujer y su relación con el hogar paterno”. Posteriormente los dos fueron maestros de La Puebla de Alfindén.

En 1932, Leonor se trasladó de La Puebla al grupo escolar “Joaquín Costa” de Zaragoza, donde se jubiló en 1949. Y en 1935, su marido consiguió el traslado, por el turno de consortes, al barrio de Montañana de Zaragoza.

En 1941 los dos fueron expedientados por el Juez Instructor de Responsabilidades Políticas. (Cfr. BOE, 29 de marzo de 1941).

Hoyo Fernández, Patrocinio del. Olvés

Comisión Gestora. Presidente, Pascual Clemente Aranda, labrador, de 32 años, Plaza, 9. Vocales, Joaquín Millán López, labrador, de 27 años, Plaza 6, y Patrocinio del Hoyo Fernández, maestra, de 40 años, Mayor 10.

Patrocinio del Hoyo Fernández, maestra nacional jubilada, falleció en Burgos, el 29 de enero de 1979 a los 86 años. Era viuda de Santiago Domínguez Guzmán y madre de Milagros y José.

Desde 1913 hasta 1915 fue maestra de Revilla del Pomar, la Huéspeda y Tolbaños de Abajo, en Burgos. En 1919 aspiraba a una interinidad en Palencia. En 1928, cuando estaba en Villasayas (Soria), le concedieron cuarenta días de licencia por alumbramiento. Y en 1930, por el turno de consortes, llegó a Olvés (Zaragoza) junto con su marido, también maestro.

Lafuente Pardos, María. Carenas

Comisión Gestora. Presidente, Miguel Arguedas Gimeno, labrador, ya no figuraba en 1934. Vocales, Juan Ignacio Cortés Bueno, labrador, 68 años, Layret 23, y María Lafuente Pardos, que ya no estaba en 1934.

En 1931 estaba de maestra en Zaragoza-Valimaña y en 1933 en Carenas, el mismo año que se examinó de los cursillos de Magisterio. En 1934 la nombraron sustituta, primero en Escatrón y después en Casetas. Se afilió a la FETE en 1938.

Martí Gascón, Pilar. Embid de la Ribera

Comisión Gestora. Presidente, Antonio Lázaro Berdejo, no constaba en el censo de 1934. Vocales Esteban Martínez Delrío, herrero, de 32 años, San Martín, 9, y Pilar Martí Gascón, ya no estaba en 1934.

Pilar Martí Gascón (Zaragoza, 1898-¿?), aprobó sin plaza las oposiciones de 1920. Y se convirtió en portavoz de los que seguían siendo interinos.

Para los interinos. Con el fin de gestionar cuanto antes nuestras aspiraciones, se ruega a los que tengan menos de cinco años de interinos, oposiciones aprobadas fuera de plaza y la carrera terminada para doce años o más, que dirijan sus adhesiones a la señorita Natividad Herrero de Santa María del Río (León) o bien a Pilar Martí Gascón en Ariza (Zaragoza). (Cfr. Magisterio Español, 18 de abril de 1931).

En 1931 pasó de Ariza a Alhama de Aragón y en 1932 a Embid de la Ribera. En 1934, con los cursillos aprobados, la destinaron a Monreal de Ariza.

Martínez Blasco, María del Carmen. Anento

Comisión Gestora. Presidente, don Andrés Latorre Teller, jornalero, de 30 años, Olmo 1 Vocales, don Juan Ferreruela Traid, jornalero, de 30 años, Plaza 3, y doña María del Carmen Martínez Blasco, maestra, de 35 años, Iglesia, 5.

En 1929 estuvo en la escuela del Valle de Bardají (Huesca). Después de varios destinos llegó a Anento y en 1934 se trasladó a Alfamén.

Mendoza Chandia, Natividad. Abanto

Comisión Gestora. Presidente, Pablo Martínez Marco, jornalero, de 40 años, calle Castil-Rubio. Vocales, Mamés Duce Tornos, labrador, de 30 años, calle Empedrada, y Natividad Mendoza Chandia, maestra, que ya no estaba en 1934.

Natividad Mendoza Chandia, el 22 de enero de 1932 fue propuesta como maestra provisional para la escuela de Abanto, Zaragoza. El 11 de febrero de 1933 la trasladaron a Castejón. En 1958, cuando la subieron en el escalafón, servía en Navarra.

Nuez García, María. Agon

Comisión Gestora. Presidente, Mario León Torres, labrador, de 32 años, Razón, 2. Vocales, Cándido Lara Ruberte, jornalero, de 28 años, Portillo 5, y María Nuez García, maestra, de 27 años, Portillo, 5.

María Nuez García (Teruel, 1906-Zaragoza, 2006). En 1931 figuraba en las listas de interinas de Zaragoza y en 1932 le adjudicaron la escuela de Agón. Fue la última maestra de Aguilar (Huesca), hoy un despoblado.

Pérez Jiménez, Avelina. Bijuesca

Comisión Gestora. Presidente, Saturnino Vela Salas, jornalero, de 26 años, Risca 2. Vocales, Avelina Pérez Jiménez, ya no estaba en 1934, y Toribio Gómez Serrano, labrador, de 30 años, Perperuela 1.

Avelina Pérez Jiménez (Logroño, 1906) llegó destinada a Brijuesca en 1932 y en 1934 se trasladó a Fitero (Navarra), donde fue directora del grupo escolar

Pérez Verdú, Purificación. Nombrevilla

Comisión Gestora. Presidente, Domingo Arnal Arnal, jornalero, de 39 años, Pilar, 41. Vocales, Purificación Pérez Verdú, maestra, de 55 años, Pilar 8, y Evaristo Vicente Polo, jornalero, de 30 años, Mayor, 4.

Antonio Pérez Verdú. Hermano maestra Nombrevilla.

Antonio Pérez Verdú, hermano de la maestras de Nombrevilla.

Purificación Pérez Verdú (Alcoy, Valencia, 1878) era hija de Francisco Pérez Jordá, tejedor, y de Pura Verdú Sempere, domiciliados en la calle Santa Bárbara, 20. Y hermana del músico Antonio Pérez Verdú (1875-1932) un músico famoso.

En 1905 llegó su título de Maestra Superior a la secretaría de la Universidad de Valencia y a la Escuela Normal de Alicante. En 1909 tomó posesión de la escuela de Patró (Vall de la Gallinera, Alicante). En 1910 la destinaron a Penáguila y ese mismo año solicitó entrar en las listas de interinas del distrito de Zaragoza. En 1923 llegó a Nombrevilla, donde se jubiló en 1948. Allí se casó con Macario Catalán Sancho (Nombrevilla, 1856).

 

Posat Pérez, Josefa. Fuencalderas.

Comisión Gestora. Presidente, Mariano Gimeno Duarte, maestro, ya no figuraba en 1934. Vocales, Valero Castán Izuel, jornalero, y Josefa Posat Pérez, de profesión sus labores, de 26 años, calle Cantera 11.

Josefa Posat vivía con sus padres, Mariano Posat Castán, agricultor, de 53 años, y Amalia Pérez Lagoma, de profesión sus labores, de 55 años. En la gestora fue votada por los propietarios.

Ramos Rodrigálvarez, Petra. Y Bartolomé Marín, Carmen. Zuera

Primera comisión Gestora. Presidente, Luis Pérez Gimeno, jornalero, de 25 años, calle Ensanche. Vocales, José María Lera, maestro, y Antonio Lanuza Susín, que ya no figuraba en el censo de 1934.

Segunda comisión gestora. Se anuló la que se había formado un mes antes. Presidente, Luis Pérez Gimeno, jornalero, de 25 años, calle Ensanche. Vocales, Petra Ramos Rodigálvarez, maestra interina, que ya no estaba en 1934, y Antonio Aurensanz Aso, propietario, que tampoco figuraba en censo de 1934. Se anunciaba que Petra Ramos, podría ser sustituida por Carmen Bartolomé.

Petra Pilar Ramos Rodigálvarez (Zaragoza, 1911-1982) hija de Pedro y de Agustina. Y hermana de Agustina, Concepción, Pedro e Ignacio. En 1929 obtuvo el título de Magisterio en Zaragoza. Se jubiló en Barcelona en 1981. Está enterrada en el cementerio de Torrero.

Carmen Bartolomé Marín (Zaragoza, 1907). En 1932 fue destinada a Zuera y en 1934 a la sección especial de la escuela graduada de niñas de Ateca. Ese mismo año se le impuso el brazal de Dama Enfermera de la Cruz Roja. .En 1966 estaba en Sádaba.

Royo Gil, Petra. Fuendetodos

Comisión Gestora. Presidente, Pascual Salueña Valero, jornalero, de 28 años, Sepulcro 7. Vocales, Petra Royo Gil, maestra, de 45 años, Alta 4, y Joaquín Gascón Baquero, jornalero, de 28 años, Alta 28.

Fuendetodos. Cese del Ayuntamiento y constitución de la Gestora. Vista la ley de 30 de diciembre que ordena el cese de los ayuntamientos elegidos por el artículo 29 de la ley electoral, siguiendo las órdenes recibidas de la superioridad. Se personó en la casa consistorial este pueblo el delegado gubernativo nombrado al efecto, don Pablo González, secretario municipal de Jaulín y se procedió al sorteo de contribuyentes y obreros, comprendidos en la edad reglamentaria, resultando agraciados don Pascual Salueña Valero, como contribuyente, y don Joaquín Gascón Baquero como obrero. Como funcionario le ha correspondido a doña Petra Royo Gil, maestra nacional, por ser empleado público de menor edad de los existentes en la localidad, a partir de los 23 años de edad. (Cfr. La Voz de Aragón, 1 de febrero de 1933).

Petra Royo Gil (¿?,1888-Zaragoza, 1973) aprobó las oposiciones de 1912. En 1915 dejó Cubilla (Soria) y pasó a Carenas (Zaragoza). En 1918 se incorporó a Samper de Calanda (Teruel), pero ese mismo año permutó y llegó a Fuendetodos.

Ha sido aprobada la permuta entre doña Petra Royo Gil, maestra de Samper de Calanda, y doña Edelvina Fariña, maestra de Fuendetodos.

En 1934 le dieron el traslado a la escuela “Miguel de Unamuno” de Madrid y al año siguiente volvía a permutar con Margarita Mazariegos Alegre, de Zaragoza.

Ruiz García, Consuelo. Pinseque

Comisión Gestora. Presidente, Alejandro Andrés Sangrós, propietario, de 25 años, Libertad 22. Vocales, Consuelo Ruiz García, maestra, ya no figuraba en 1934. Es el único pueblo de la provincia en el que no se nombró al representante de los trabajadores.

En 1936, Consuelo Ruiz, maestra de Pinseque, solicitaba que, a efectos de concurso de traslado, se le consideraran continuados los servicios de Mequinenza, adonde llegó por oposición el 12 de julio de 1926 y los Pinseque, adonde llegó en 1929 por traslado forzoso, debido a que ese año la escuela unitaria de Mequinenza se convirtió en graduada.

Salcedo Ramón, María. Las Pedrosas

Comisión Gestora. Presidente, Jesús Bosque Til, jornalero, de 29 años, calle Curta 2. Vocales, Isidro Baquero Andreu, maestro, de 51 años, calle A. San Roque, y María Salcedo Ramón, de profesión sus labores, de 35 años, calle San Roque 10.

María Salcedo estaba casada con el comerciante Francisco Trullenque Nadal, de 40 años, que en 1938 era Alcalde Presidente del Ayuntamiento de Las Pedrosas.

Sanz Cabanes, Demetria. Bardallur

Comisión Gestora. Presidente, Manuel Nogueras Jaca, jornalero, de 27 años, Cuevas 165. Vocales, Alfredo González Fauro, jornalero, de 25 años, B. Verde 33, y Demetria Sanz Cabanes, maestra, de 62 años, calle Baja 14.

1889. Demetria. Caligrafía

Demetria San Cabanes (Huesca, 1871) estudió Magisterio en Huesca y, desde 1890, ejerció en Guetadar (Navarra), Calderuela, Rabanera del Campo, Cabanillas (Soria), Sofuentes y Castejón de Alarba y Bardallur (Zaragoza). Estando en la provincia de Soria recibió un voto de gracia por su buen trabajo.

Se casó con Juan Manuel Castillo Bielsa (1871) propietario de Bardallur. Tuvieron varios hijos, entre otros: Asunción (Bardallur, 1925-Guadalajara, 2012), Ramiro (Bardallur, 1928-Barcelona, 2018), Isabel (Bardallur, 1931-Sigüenza, 2019), José Luis (Bardallur -Madrid, 2018).

Serrano Lon, María. Castejón de Alarba

Comisión Gestora. Presidente, Mariano Baquedano Peiro, labrador, de 28 años, Cantarranas 5, Vocales, Quintín Santos Cobeta Peiro, jornalero, de 28 años, Horno 13, y María Serrano Lon, maestra, viuda, de 69 años, Saliente 6.

En 1934, en la calle Saliente 6, vivían con ella: su cuñado, Manuel Gil Santed,  hermano de su marido, sacerdote, de 63 años; y su sobrina, Martires Gil Sicilia, sus labores, de 30 años.

María Serrano (Teruel, 3/10/1862) era Maestra Superior y ejerció en: Osonilla, Villafeliche, Laranueva, Torralbilla, Boninches, Escorihuela, Torrevelilla, Santa Cruz de Grío, Monreal de Ariza.

En 1917 se trasladó de Murero a Castejón de Alarba, donde conoció al turolense Sotero Gil Santed, que había llegado de maestro en 1913.

Soler Caballero, Teresa. Viver de la Sierra

Presidente, Joaquín Melús Giménez, labrador, de 26 años, Cañuelo 11. Vocales, Teresa Soler Caballero, maestra, de 65 años, Eras 1, y Sebastián Joven Melús, labrador, de 25 años, Somero 5.

En 1934, en la calle Eras 1, vivían: Felipe Marín Jiménez, labrador, de 39 años. Dolores Gil Soler, sus labores, de 36 años. Y Teresa Soler Caballero, de 66 años, que estaba allí de patrona.

Teresa Soler, Maestra Superior, era hija de Vicente Soler y de Filomena Caballero. En 1902 solicitaba ser interina en Alicante. Estuvo en Bañeras, Miralflor (Alicante). Iniéstola del Ayuntamiento de Anguita (Alicante). En 1919 llegó por traslado a Viver de la Sierra.

En 1928 el alcalde de Viver de la Sierra y varios vecinos le incoaron un expediente. Sostenían que los alumnos llevaban mucho retraso, a causa de una afección en la vista que padecía la maestra y pedían que la jubilaran. El expediente no progresó porque muchos vecinos y la inspección declararon que la enseñanza no era mala y que el defecto físico se podía corregir con lentes. (Cfr. Suplemento a la escuela moderna, 1928).

Zabal Pérez, Mónica. Urriés

Comisión Gestora. Presidente, Babil Zalba Larripa, jornalero, de 28 años, calle  Oscura 20. Vocales, Victorino Zalba Lacosta, jornalero, de 29 años, Horno 3, y Mónica Zabal Pérez, maestra.

Mónica Zabal Pérez (Zaragoza, 1908-1991) aprobó los cursillos de Magisterio en 1935.

Era hija de Roberto Zabal Gómez, obrero, y de Ignacia Pérez Crespo, maestra nacional, natural de Teruel. En 1934 residía en Zaragoza, en la calle Jesús 24, con su padre y su hermana Anita. Su madre aún no se había jubilado y sus hermanos se habían casado. Su hermana Carmen se casó con un industrial de la puebla de Híjar y su hermano Roberto, médico, con Luisa Orensanz, la hija del presidente de la Diputación de Zaragoza.

Mónica Zabal. Q

Mónica Zabal y sus hermanas en la boca de su hermano Roberto. Foto de La Voz de Aragón.

Para terminar

El cese de los miembros de los ayuntamientos que se habían nombrado por el artículo 29 de la Ley Maura fue la circunstancia histórica que produjo una entrada masiva de mujeres en los ayuntamientos de España.

Las comisiones gestoras de 1933 solo duraron dos meses y medio, pero constituyeron un fenómeno insólito. Ni antes ni después han entrado, a la vez, tantas mujeres en los ayuntamientos. En la provincia de Zaragoza hubo una mujer en 52 municipios, de los 109 que he consultado.

Es posible que en un futuro encontremos más, porque me faltan los datos de 21 pueblos. En su día no se publicaron sus comisiones gestoras, por distintos motivos, y ahora el acceso a los archivos de unos ayuntamientos desaparecidos se vuelve casi imposible.

Los datos de los censos me han resultado una herramienta muy preciada para identificar a las personas. Además, el contraste entre distintas fuentes documentales me ha permitido corregir algunas erratas en los nombres y en los apellidos.

He seguido las trayectorias profesionales de las maestras con los boletines de educación, con la prensa histórica y con los fondos de los archivos de algunos ayuntamientos y escuelas normales. Y me han resultado muy útiles algunas páginas de genealogías familiares.

Espero que este trabajo abra el camino a otras provincias. Si algún día tuviéramos las listas de toda España, nos quedaríamos sorprendidos de la presencia y visibilidad que gozaron las maestras españolas en 1933.

También espero que alguien convierta estas semblanzas en las verdaderas biografías que todas ellas están reclamando.

Carmen Romeo Pemán

María Domínguez-1

1932. María Domínguez, alcaldesa de Gallur, almorzando en su casa. Foto de la revista Crónica.

ADENDA

LISTA DE ALCALDESAS Y CONCEJALAS EN ZARAGOZA

Las 18 alcaldesas de 1933

Antorán Martínez, Elvira. Villanueva de Huerva

Bilbao Nieto, Clementina. Lituénigo

Blasco Pardillas, María. Torrellas.

Bosque Barberán, Antonia. Ardisa

Cereza Puyol, Victoria. Gelsa

Conde Álvarez, Delia Juana. Clares de Ribota

Cortadé Romeo, Concepción. Alpartir

Elizondo Inda, Felipa. Tierg.

Frías Gil, Laurentina. Alforque

García Pérez, Estrella. El Frasno

Gil Martínez, María. Tiermas

Hernández García, Julia. Rueda de Jalón

Latre Cañada, Cecilia. Bureta

Laguía Bernal, Francisca de Paula. Novillas

Muñoz Foved, Adelina. Lobera de Onsella.

Pemán Cardesa, Isabel Conrada. Magallón

Rodríguez Suils, Emilia. Almochuel

Sebastián Cebrián, Jerónima Agustina. Balconchán

Las 34 concejalas de 1933

Adell Roig, María. Botorrita

Bartolomé Marín, Carmen. Zuera

Campé Marín, Manuela. Pleitas

Casaus Bernad, Salomé. Lechón

Castanera Plasencia, Patrocinio. Chodes.

Cebollada Bespín, Asunción. Orera de Calatayud

Cebollada Cartagena, Luisa. Torrehermosa

Días López, Carmen. Los Fayos

Fernández Quintano, María Alejandra Concpeción. Acered

Fuentes Abadía, Francisca. Villafoz

Galindo Monterde, María Josefa. Asín

García Martínez, Bienvenida. Jaraba

García Martínez, María de las Nieves. Calmarza

García Pardo, Casimira. Pozuelo de Aragón

Gomollón Estaje, Rafaela. Monterde

González Bravo, María Pilar. María de Huerva

Grijalba Delgado, Leonor. La Puebla de Alfindén

Hoyo Fernández, Patrocinio del. Olvés

Lafuente Pardos, María. Carenas

Martí Gascón, Pilar. Embid de la Ribera

Martínez Blasco, María del Carmen. Anento

Mendoza Chandía, Natividad. Abanto

Nuez Torres, María. Agón

Pérez Jiménez, Avelina. Bijuesca

Pérez Verdú, Purificación. Nombrevilla

Posat Pérez, Josefa. Fuencalderas

Ramos Rodrigálvarez,Petra. Zuera

Royo Gil, Petra. Fuendetodos

Ruiz García, Consuelo. Pinseque

Salcedo Ramón, María. Las Pedrosas

Sanz Cabanez, Demetria. Bardallur

Serrano Plou, María. Castejón de Alarba

Soler Caballero, Teresa. Viver de la Sierra

Zabal Pérez, Mónica. Urriés

La mejor elección

A veces, en la vida, llegamos a encrucijadas en las que hay que elegir. Y se me ocurrió imaginar un poema sobre una posible decisión que podría ser, o no…

La mejor elección

Mejor llenarme el alma con ese aire de vida

que consigue que las ramas de un árbol

susurren mil historias,

a dejar que mi boca se llene

de tierra de sepulcro que me asfixie.

 

Mejor buscar el verde de las hojas,

a dejar que me ahoguen los recuerdos

que, aunque son mis raíces,

ya están en el pasado,

y el pasado está muerto.

 

Mejor buscar valor en el futuro

y aprovechar mi vida,

que empeñarme en buscar en el ayer

a un fantasma que surge de la rabia

y del dolor de una ilusión perdida.

 

Pues tú abriste la puerta de esta historia

y dejaste que entraran en mi alma

primero, la esperanza,

y luego, la añoranza y la tristeza,

sin importarte mucho que me hirieran.

 

Y por eso te digo, aunque me duela,

que la historia y la puerta

hoy las cerraré yo.

Y lo mejor será que, desde ahora,

nos digamos adiós.

 

Adela Castañón

 

Imagen: Pixabay

Jacinta del Esquilador

De las fragolinas de mis ayeres

Por las tardes Ramón trababa las caballerías en la arboleda de la fuente y se sentaba en la orilla del Arba hasta que oía las risas de Jacinta. La veía cómo escondía el cántaro entre los juncos y se acercaba hasta él dando saltos. Entonces se acariciaban hasta el anochecer. Cuando asomaba Venus, el lucero de la tarde lo llamaban ellos, Jacinta se arreglaba los pelos y llenaba el cántaro. Ramón se remetía la camisa, soltaba las patas de los animales y los abrevaba en el río. Después emprendían la subida al pueblo entre miradas furtivas y algún beso de escapadizo que Ramón le robaba. Se gustaban desde niños y no recordaban cuándo habían comenzado sus escarceos. Jacinta echaba cuentas: “Si ahora tengo veinte años, seguro que llevamos más de cinco”.

—¿Se puede saber qué te pasa hoy? —Preguntó Jacinta. Ramón miró al suelo y no le contestó.

—Pues, chico, te noto muy raro. —Siguió unos pasos en silencio—. Mira, hoy no me has hecho ni una caricia. Ni siquiera me has cogido de la mano.

—Anda, déjalo —le contestó sin levantar la mirada.

—¿Cómo quieres que lo deje? —Con voz entrecortada

Intentó besarlo en la mejilla, pero él apartó la cara. Y, al cabo de un rato, le contestó:

—Te he dicho que lo dejes. —Tiró del ronzal de la yegua que andaba rezagada—. Y no le des vueltas, por favor. Será que me ha atontado el aire de la tormenta que asoma por San Jorge. Que las tronadas de agosto son las peores.

—Mira, Ramón, no solo no lo voy a dejar, sino que quiero que me expliques algunas cosas que va contando la gente.

—¿Qué dices ahora? No entiendo nada. De verdad.

—¡Eres un cínico! Eso es lo que eres. Y además un mentiroso.

—Jacinta, por favor.

—Ni por favor, ni por nada. Vas a desembuchar todo ahora mismo. Ya sé que me la has pegado con otras, pero esta vez te estás pasando de la raya.

Ramón bajó aún más la cabeza. Jacinta dio un traspié, se le cayó el cántaro y se remojó entera.

—Bueno, pues con esta mojadura me tengo que ir corriendo no vaya a pillar una pulmonía. —Lo cogió por el brazo para darle un beso, pero él la apartó con un movimiento brusco.

Esa noche Jacinta no pegó ojo. Soñaba que lo tenía entre sus brazos, que se reían, que hablaban del futuro, que se casarían y tendrían hijos. Sabía que Ramón había tenido algún desliz con otras chicas. Eso no le importaba, estaba muy segura de que a ninguna le daba los besos como a ella. Que con ninguna le temblaban las entrañas. Pero esa tarde lo había notado arisco, como si se hubiera tragado un solimán.

Los días siguientes Ramón ya no volvió a abrevar las caballerías y Jacinta subía de la fuente por un atajo, así se alejaba las habladurías de las mozas y no tenía que dar explicaciones.

Antes de la sanmiguelada, el primer domingo de septiembre, los que fueron a la misa mayor oyeron las amonestaciones. Cuando el cura dejo de hablar se hizo un silencio general. La gente se acababa de enterar de que Ramón se casaba con la hija de Rocaforte, el cacique más poderoso de la redolada. Y todo había sucedido de la noche a la mañana.

Pero Jacinta no se enteró, que ese día había ido a la misa a las seis de la mañana. Así le dio tiempo a soltar el rebaño. Además, desde última vez que estuvo con Ramón, no quería encontrarse con nadie.

Por la tarde, cuando volvía al pueblo, una vecina que estaba mirando al río, se volvió y se hizo se hizo la encontradiza.

—Seguro que eres la única del pueblo que no se ha enterado —le dijo a bocajarro.

—Mala pécora, no me vengas a revolver las tripas.

Jacinta intentó deshacerse de ella y se arrimó a la pared, pero la vecina se le cruzó delante.

—Es que lo tienes que saber, Jacinta. No se habla de otra cosa en el pueblo.

—Pues no me interesan las habladurías de las chismosas como tú.

—Pero esto es una campanada muy gorda. Esta mañana han amonestado a Ramón.

Jacinta la miró con un rictus severo y aceleró el paso. Entonces la vecina la siguió y, levantando la voz cada vez más, le decía:

—Mira, es que estabas muy ciega. Tú dale que te pego con mi Ramón. Y se notaba mucho que él buscaba algo más. Has de saber que tú no eres de casa rica ni tienes las carnes prietas.

—¡Alcahuetaaaaa! —Jacinta se metió en su casa, dio un portazo y echó la tranca.

—Pues entérate de una vez. No es lo mismo ser Jacinta del Esquilador que la heredera de casa Rocaforte —gritó la vecina. Y el eco se fue metiendo en todas las cocinas.

A la mañana siguiente Jacinta del Esquilador se levantó temprano y, en lugar de coger el camino del corral de Vadarrey, donde encerraba las cabras, se fue andando por los ruejos del río. Y emprendió el camino Arba arriba.

Las noches serenas de agosto, cuando se esconde el lucero de la tarde, llega el eco de un canto hasta el Terrao. Dicen que baja por el Arba desde la fuente de Vallangosta, mientras Ramón abreva a las mulas.

Carmen Romeo Pemán

Historias encadenadas

Bárbara Gil, mi profesora del curso de Relato Breve en la Escuela de Escritores, me propuso el reto de enlazar tres microrrelatos que entregué en uno de los ejercicios. Acepté su propuesta y escribí este relato breve en el que mezclé esas tres historias con alguna cosa más. Y el resultado han sido mis Historias Encadenadas: 

No sabes con quién has dormido esta noche. He vivido a tu lado treinta años, pero solo he estado viva el último mes. Desde el día que entró el otoño. Desde el último día de vacaciones. Desde que partió tu tren y descubrí que me habías engañado. Desde que lloré por última vez.

Y desde que conocí al hombre de mi vida, aunque todavía no sé su nombre.

Mañana te despertarás al lado de este cuerpo que tanto te gusta, con su piel cuidada y su pelo teñido. Y entonces descubrirás que el alma que vivía encerrada en su interior, llena de costurones mal cicatrizados, ha alzado el vuelo y, esta vez, es para siempre. Porque hoy es el primer día del resto de mi vida y me marcharé de casa al anochecer.

***

Me marcho de casa al anochecer. Porque, por fin, he reunido el valor suficiente para seguir al hombre de mi historia. Camino detrás de él, a una distancia prudente, hasta la boca de metro. Dejo que se interpongan más viajeros trasnochadores para que no me descubra.

Cuando voy a acceder al andén, el torniquete de paso se bloquea.

Él sube al tren, las puertas se cierran, y veo cómo se aleja mi historia dentro del vagón.

***

Dentro del vagón del siguiente tren, mi cuerpo se desplaza persiguiendo mi sueño, pero la distancia entre nosotros no se acorta. Sin moverme del asiento, mi mente se pone en marcha y mis dedos emprenden una ruta de kilómetros de tinta mientras escribo esta historia en un cuadernillo ajado que siempre llevo encima.

***

En el cuadernillo ajado que siempre llevo encima dejo salir mi pena. Al vagón sube una mujer de pelo verde y, en la parada siguiente, una niña de la mano de un hombre. La niña mira el pelo, sonríe y le hace una pregunta a la mujer:

–¿Por qué tienes el pelo de color verde?

La mujer solo lo piensa dos segundos antes de responder:

–Porque soy medio elfa.

Y yo, que he dejado de lado mi dolor, empiezo una hoja nueva del cuadernillo. Allí, sobre el papel, la mujer del pelo verde se sentará frente a un ordenador y empezará a escribir una historia maravillosa sobre una tal Zoila, una chica medio humana y medio elfa.

***

El metro llega a final de trayecto. Cierro el cuadernillo y me bajo. Ahora mi dolor y mis historias pertenecerán a otro día y a otro vagón.

***

Cover Image

 

A veces salen historias sorprendentes cuando se mezcla la realidad con la ficción. Mi relato de hoy es ficticio salvo en un pequeño detalle: la mujer de pelo verde existe. Se llama Chiki Fabregat, es profesora de la Escuela de Escritores y ha escrito una trilogía preciosa cuya protagonista es Zoila, una muchacha medio humana y medio elfa. Os la recomiendo. 

Adela Castañón

 

Imagen de Manuel Alvarez en Pixabay