Entre la brújula y el mapa: mi método de planificación de novela

Mientras la escritura era un simple pasatiempo, antes de que decidiera dedicarle tiempo y esfuerzo en convertirla en algo más serio, me plantaba delante de una hoja en blanco con una idea vaga que quería contar y le daba a las teclas hasta que acababa o me atascaba. Por aquel entonces, sin saberlo, porque no conocía el término, era una escritora de brújula. Una escritora de brújula muy poco eficiente. Empezaba muchísimas cosas con ahínco. Y después llegaba un punto en el que me bloqueaba y no podía seguir.

Más adelante, comenzó mi preparación como escritora y la feliz casualidad de encontrarme con Adela, Carmen y Mónica por el camino. Y Adela escribió aquel artículo, tan al principio de Mocade, sobre los escritores de brújula y mapa.

Esa entrada me hizo tirar de un hilo que me llevó a todo un telar de métodos variados sobre la planificación de novelas. Encontré este artículo de Gabriella Campbell: 7 métodos probados para planificar una novela o esta serie de post de Lecturonauta sobre cómo escribir una novela. Leí hasta que me cansé. Después, seguí leyendo y acabé adaptando diferentes recursos a mi manera de trabajar.

Conocerte como escritor antes de elegir cómo quieres trabajar

Muchos escritores hacen una escaleta en la que detallan paso a paso cómo van a ser sus novelas. No se trata de saber cómo empieza y cómo acaba. También planean cuántos capítulos quieren escribir y qué recursos narrativos van a utilizar. Eso implica describir en una cuadrícula dónde va a transcurrir la acción, quién la va a ejecutar, qué recursos narrativos van a usar (escena con diálogo, escena sin diálogo, descripción, resumen, elipsis) y de qué van a hablar.

Aunque yo necesito saber qué es lo que va a pasar para seguir avanzando y no quedarme atorada, no me gusta tenerlo todo planificado de pé a pá. Primero, porque es un trabajo de planificación que me quita tiempo de escribir. Segundo, porque le resta cierta diversión a la escritura. Me gusta saber de dónde vengo y adónde voy y, también, dejar cierta improvisación en medio. A medida que voy escribiendo decido qué recursos necesita la novela.

Sin embargo, la escaleta me sirve para darme cuenta de si estoy siendo repetitiva con los recursos. Por eso la hago después.

Mi sistema: de la idea a la ejecución en cinco fases

En este momento, los lectores cero están leyendo mi primera novela. Mientras voy corrigiendo de acuerdo con sus sugerencias, he dejado en un cajón tres novelas más, una de ellas en la primera fase y las otras dos en distintos niveles de planificación. Para que entendáis por qué tengo estos tres manuscritos en marcha y en distintas fases, voy a describir mi sistema.

 1ª fase: el nacimiento de una idea

Para mí, una novela no es solo una historia. En mis novelas planteo uno o más temas, una o más ideas que quiero transmitir. Una vez escogido el tema, dependerá de la magia de cada escritor cómo se va a montar la trama o las tramas que desarrollarán las ideas.

En este punto, yo me inspiro en el método copo de nieve o Snowflake de Randy Ingermanson y que Gabriella nos explica aquí tan bien. La idea consiste en ir construyendo la novela por capas, de la más simple a la más compleja.

He pensado que, para hacerlo más entendible, voy a ejemplificar la explicación con un clásico de la ciencia ficción muy conocido: Matrix.

2ª fase: la(s) trama(s) principal(es)

Una vez que tengo una idea, pienso en cómo la voy a desarrollar con una trama principal. Se trata de escribir una sinopsis completa, incluido el final porque no es una sinopsis comercial que deba evitar destripes, y no debería ocupar más de una hoja. En ella ha de aparecer lo más importante que le va a pasar a mi protagonista en la trama principal. No hace falta ahondar más porque lo que necesito es una idea general para desarrollarla más adelante.

La historia principal de Matrix sería todo lo que hace Neo y que tiene que ver con su historia como elegido para salvar a la humanidad de los robots que los tienen esclavizados. ¿Qué quiere decir esto? Pues que su historia de amor con Trinity o la traición de Cypher son tramas secundarias que se mezclan con la primaria. En cambio, las incursiones a Matrix y su enfrentamiento con el Agente Smith son parte de la trama principal.

 3ª fase: la estructura y los capítulos

Ya tengo la historia principal. Ahora debo pensar en cómo contarla. ¿Ha de haber un planteamiento, un nudo y un desenlace? ¿Es necesaria la estructura que empieza in media res con flashbacks que van contando toda la historia? Este es el momento de planteármelo y de ponerlo sobre el papel. Para eso, aprovecho la sinopsis y la distribuyo en capítulos siguiendo la estructura que he haya elegido.

4ª fase: Las subtramas

Una novela con una sola trama suele ser un relato. Está bien, pero cuando pienso en una novela espero que haya más tramas que ayuden a darle profundidad a mi protagonista. Y aprovecho para introducir más temas. Además, cada una de las tramas que introduzco me tiene que aportar algo a la trama principal, no para hacer bulto. En Matrix, la relación de Neo con Trinity no solo introduce una historia amorosa, que siempre vende, sino que justifica que Neo sea el elegido. Por otro lado, la subtrama de traición de Cypher lleva al segundo punto de giro y, por lo tanto, acelera el final y conduce al clímax de la historia.

 5ª fase: las subtramas, por colores, distribuidas en los capítulos

Es el momento de que las tramas y las subtramas se encuentran. Puede ser que cada trama se divida en diferentes capítulos pero cuando estas dependen de las relaciones humanas es muy probable que en un mismo capítulo me encuentre con unas cuantas. Si pienso, por ejemplo, en el momento de Matrix en el que Neo va a ver al oráculo, pondría en mi escaleta de capítulos:

Capítulo: el oráculo

(trama principal) Morfeo lleva a Neo a ver al oráculo. Más tarde (subtrama), Neo y Trinity se encuentran y se miran con ojitos golosones. No se dan cuenta pero, mientras tontean, Cypher (subtrama) pasa por su lado dispuesto a hablar con el Agente Smith y venderlos para conseguir engancharse a Matrix otra vez.

 Bien, la historia no va exactamente así, pero es para ejemplificar mejor lo que decía de los colores y las subtramas.

 ¿Para qué sirve ponerlo por colores? Para ver dónde empieza y dónde acaba la acción de las tramas y las subtramas y así darme cuenta de si estoy dejando algo colgado. En serio, funciona muy bien.

El fin: escribir y la escaleta

Una vez realizadas las cinco fases, puedo ponerme a escribir. En este punto, muchos escritores harían una escaleta como la que os he explicado antes. En mi caso, me pongo a escribir. Escribo, escribo, escribo, y no paro porque sé de dónde vengo y adónde voy. Y, una vez acabada la novela, cojo cada capítulo y hago una escaleta para ver qué recursos he utilizado. Me resulta muy útil para ver si me he pasado incorporando escenas o pasajes descriptivos que paran la acción y pueden llegar a aburrir al lector

Por supuesto, hay muchos de métodos de escritura y lo más importante es adaptar el sistema de trabajo a los gustos y necesidades del escritor. ¿Usáis alguno o sois de brújula completamente? ¿Cómo trabajáis? Me encantará leeros y aprender un poco más de otros sistemas de planificación de novelas.

Carla Campos

@CarlaCamposBlog

Imagen de Chris Lawton en Unsplash

Crisálida

12 de febrero

No sé por dónde empezar. Bueno, supongo que por lo que ha pasado hoy, lo que ha hecho que tenga que escribir en esta mierda de diario.

Me he peleado en el colegio. Con Rubén. Ha venido el profe de gimnasia y nos ha separado. A mí me ha agarrado del hombro y me ha llevado al despacho de mi tutor. Rubén se ha quedado ahí, riéndose, rodeado del resto de la clase y presumiendo de haberme pegado cuando era yo quien le estaba metiendo una paliza.

Pablo ha querido saber por qué nos peleábamos. Si no fuera un imbécil me daría ternura por creer que se lo iba a contar a él. Me he quedado callado y cuando por fin se ha dado cuenta de que no iba a decir nada, ha tirado sobre la mesa esta liberta y me ha soltado: “pues lo vas a contar aquí”. Le he contestado que no me da la gana, pero me ha dicho que si quiero ir a la excursión del Barça tengo que escribir en esta mierda de diario cómo me siento o al menos qué ha ido pasando. Que no sea tonto y que aproveche esta oportunidad.

Es un hijo de puta. Según él, no va a leer lo que escriba. Pero espero que lo haga. Así que esto es para ti, Pablo: eres un hijo de la gran puta sarnosa y ojalá venga tu padre y te reviente la puta cara de gilipollas que tienes.

Lo de Rubén es lo de siempre. Lo hace para joderme. Me busca. Hoy le he dicho que la próxima vez no me quedaré solo en romperle la cara.

6 de marzo

Hoy he vuelto al despacho del tutor. Me ha preguntado si estaba escribiendo en el diario. Me ha recordado que si no lo ve en junio con al menos diez entradas, no voy al Barça.

Pablo, eres un cabrón.

Me he vuelto a pelear. Esta vez ha sido con Oriol, un chaval un par de años mayor que yo. Está acabando el bachillerato social. Sí, hace ese porque no llega a más. Dicen que si no lo suspenden ni repite es porque su padre ha pagado la renovación del laboratorio.

Como decía, es tan tonto que me ha pillado fumando en el baño y, en vez de callarse o pedirme un piti, me ha amenazado con contárselo a los profes. Si en casa se enteran de que me han pillado fumando… No, no, ni de coña, así que he hecho que se comiera el váter. Pablo me ha preguntado si lo volvería a hacer. Le he mentido y le he dicho que no.

Pero ahora tengo que concentrarme en mi misión. Diez entradas en este diario. Solo me quedan ocho. No le voy a dar una excusa a ese cabrón para dejarme sin visitar el Camp Nou.

10 de marzo

Blablablá blablablá blablablá blablablá blablablá blablablá blablablá blablablá blablablá blablablá blablablá blablablá blablablá blablablá blablablá blablablá blablablá blablablá blablablá blablablá blablablá blablablá blablablá blablablá blablablá blablablá blablablá blablablá.

Tiene que haber diez entradas y se supone que ese gilipollas no lo va a leer, ¿no? Pues bien que va a valer esto.

27 de marzo

Hace un huevo que no escribo. No es que no haya visitado el despacho de Pablo o que no me haya peleado, es que no me he acordado de escribirlo en el diario. Pero hoy lo he encontrado al abrir la caja del costo y me he dado cuenta de que el tiempo pasa, y no quiero que me jodan.

Me estoy empezando a alegrar de que Oriol sea tonto del culo y de que su padre haya palmado pasta en el colegio renovando las instalaciones. La primera práctica de Química ha molado un montón. Y he visto a Montse sorprendida de que supiera hacer el experimento. Menuda profe de mierda, qué manera de mostrar los favoritismos que tiene. La muy zorra no se ha separado de mi lado, supongo que pensando que la iba a cagar en cualquier momento, y al final me ha tenido que felicitar por haberlo hecho bien y a la primera. Y eso que solo he seguido las instrucciones. Eso sí, que solo me haya salido a mí y no al resto de la clase me demuestra que los demás son imbéciles, porque mira que es fácil. Si hasta yo lo puedo hacer, joder.

10 de Abril

Ya llevamos tres prácticas de Química en el laboratorio y esto mola cada vez más. Montse me ha dicho que si quiero apuntarme al grupo de las tardes. Hasta ahora pensaba que eran clases de refuerzo así que me han entrado ganas de pegarle una hostia al ofrecérmelo. Pero pegar a una profe significaría la expulsión del colegio, aunque me estuviera llamando tonto, así que me he contenido, y entonces me ha explicado que no, que es para las personas que tienen un don con la ciencia. Un don. En fin.

Solo tengo que conseguir la pasta para pagar las clases extra, pero no creo que tenga problema.

12 de abril

Estoy hasta las pelotas de todo. Cuando cumpla los dieciocho se acabará el colegio, me piraré de esta puta casa y los mandaré a todos a tomar por culo.

14 de Abril

Mi madre ha ido hoy al colegio. Con lo que me había costado interceptar la carta del tutor pidiendo la reunión… Pero no pensé en que Pablo llamaría ayer a casa para concertar la cita, así que al final solo he conseguido retrasarlo un mes y medio. Quería estar con ella para controlar qué decía de mí o de mi padre, pero no me han dejado estar dentro. Cuando ha salido, lo ha hecho lloriqueando como una mocosa.

—¿Por qué no me habías dicho que se te daba tan bien la Química? —me ha preguntado.

Yo me he limitado a encogerme de hombros.

 —¿Y lo de las peleas?

Ahí sí que me la he quedado mirando sin poder creerme lo que estaba diciendo y ha debido notar que me estaba conteniendo porque el resto del camino hasta casa lo ha hecho en silencio.

Me había prometido que no se lo contaría a mi padre, pero él nos ha visto llegar juntos y la ha presionado hasta que se ha derrumbado. Al final se lo ha acabado explicando todo.

La odio.

20 de Abril

Ana me ha pedido que le dé clases. Al principio pensaba que se estaba riendo de mí y me he puesto a la defensiva, pero no. Dice que quiere hacer el bachillerato científico, como yo, pero que no lo conseguirá si no saca una notaza en Química, y que yo soy el mejor de la clase. La verdad es que me he quedado un poco cortado y se ha pensado que me había enfadado, pero por fin he reaccionado y le he dicho que sí. Hasta final de curso haremos tres clases a la semana.

Quería hacerlas en mi casa pero me he negado. Que mejor en el colegio, que en mi casa no estaremos cómodos. No sabe hasta qué punto no lo estaremos. Esto cada día es peor.

23 de Abril

Hoy me he vuelto a pelear. De verdad que esta vez lo quería evitar, pero el gilipollas de Nacho me ha llamado hijo de puta y ha empezado a gritar que mi padre es un borracho. Ha dicho que el suyo lo ve cada día bebiendo en el bar hasta la hora de cenar. Joder, como si yo no lo supiera.

Pero lo peor no ha sido eso. Lo peor es que Ana estaba por ahí y me ha mirado con cara de pena al oír a Nacho. He perdido la cabeza. Me he ido directo a él y le he dado tan fuerte que le he roto un diente.

Pablo nos ha llamado a su despacho. Nos ha pegado la bronca a los dos, y después ha querido quedarse solo conmigo. Me ha dicho que llevaba mucho tiempo sin meterme en líos y que se sentía muy orgulloso de mí, especialmente por mis progresos en todas las asignaturas, no solo en Química. Me ha dolido verle tan decepcionado.

Me han expulsado tres días, y a Nacho uno.

Mierda, son las ocho y media. Debería de irme de casa antes de que llegue mi padre. Con suerte, cuando vuelva, él ya estará durmiendo la mona.

29 de abril

Nacho me ha pedido perdón. Ha venido a la hora del patio, con la cabeza gacha y arrastrando los pies. Yo, la verdad, ni siquiera tenía ganas de ponerme en guardia, tengo el cuerpo completamente magullado y dolorido, especialmente la espalda. Así que me he sentado en el suelo con la cabeza apoyada en el muro y él me ha imitado. Me ha dicho que si su padre había visto al mío es porque beben juntos. Por eso lo sabía. Y que, cuando se metió conmigo, estaba muy enfadado porque su padre le había dado una paliza la noche anterior estando muy borracho y necesitaba pagarlo con alguien.

Se ha puesto a llorar y, asegurándome de que no me veía nadie, le he pasado un brazo por los hombros. Joder, cómo no iba a hacerlo.

Igual nos vamos a tomar algo una tarde de estas nosotros también, como nuestros padres.

2 de Mayo

Ayer, Nacho y yo nos encontramos a Ana al salir del bar. Es un gran tío, Nacho. Estuvimos hablando durante horas, y solo bebimos una birra cada uno. Llegamos a la conclusión de que nuestros padres deberían aprender de nosotros.

6 de Mayo

He convencido a Montse de que le ofrezca a Ana acudir a las clases de Biología de las tardes. Ella aprende rápido, realmente solo necesitaba que le explicaran las cosas de otra manera. Creo que podría sacarle provecho a las lecciones, y así compartiríamos algo más. Espero que diga que sí, aunque el padre de Ana trabaja en la misma fábrica que el mío así que supongo que no le sobrará el dinero. Y yo ya no puedo mangarle más a mi madre porque cada vez que lo hago ella sufre las consecuencias.

Y mamá no es tonta, así que debe saber que no es ella la que lo pierde sino que soy yo, que se lo cojo del monedero. Pero no se lo dice a papá. A veces me da la sensación de que me quiere más de lo que creo, pero no puedo olvidar todo lo demás y se me pasa.

21 de Mayo

Ya hace dos semanas que Ana viene conmigo a la extraescolar. Siempre somos los primeros en acabar los experimentos, así que Montse nos envía antes a casa. Y hoy me he ofrecido a acompañarla a la suya. Nos hemos despedido del profe de gimnasia, que también es el que vigila la puerta, y ha deslizado su mano dentro de la mía. La tiene tan pequeña… Toda ella lo es. Creo que no llega ni al metro sesenta, y yo supero de largo el metro ochenta. Su mano es cálida y estaba seca. Yo temía que la mía se pusiera a sudar, pero aún así he entrelazado mis dedos con los suyos y nos hemos quedado un rato en silencio, caminando muy despacio. Creo que ninguno de los dos tenía ganas de llegar a casa. Pero hemos llegado, y no sé cómo, después de una charla un poco estúpida, nos hemos despedido. Me ha ido a dar un beso en la mejilla pero la he cogido de la cintura para acercarla más a mí y la he besado en la boca. Sin lengua, claro. Es pronto, y quiero que vaya despacio porque con Rebeca o con Núria me lié demasiado rápido y la cosa no acabó bien. Claro que ella es… No sé, Ana es dulce e inteligente. Y guapa. Me recuerda a un elfo, con ese pelo rubio y los ojos grandes y rasgados.

Sabe muy bien, aún sin abrir la boca. Y cuando me he separado ella estaba súper roja, pero se ha reído, me ha dicho adiós con la mano y ha entrado en el rellano de su casa.

Joder, esto se lo tengo que contar a Nacho. Ese hijoputa no se lo va a creer.

13 de junio

Mañana es la excursión al Camp Nou y Pablo me ha llamado a su despacho. La conversación ha ido más o menos así:

—Ya sabes lo que pasa mañana.

Yo callado. Hasta ahora, que las he contado antes de ponerme a escribir, no sabía cuántas entradas tenía el diario. Y no sé cuándo ha dejado de hacerme gracia la idea de que lo lea. Prometió que no lo haría pero nunca te puedes fiar de los adultos. “Prometer hasta meter”, que dice mi madre.

—¿Sabes por qué te pedí que lo escribieras?

“Para tocarme los cojones”, he pensado. Pero en vez de eso he dicho:

—No sé.

Entonces se ha levantado de la mesa y se ha puesto a mirar por la ventana con las manos en la espalda.

—Este tema es recurrente entre nosotros desde que soy tu tutor, e incluso antes. La violencia es tu válvula de escape, y necesitaba que tuvieras otra manera de desfogarte. No te puedo obligar a que me cuentes lo que te pasa y, como no sé qué relación tienes con tus amigos, pensé que lo mejor sería que te lo contaras a ti mismo. Que sacaras algunas cosas de tu subconsciente. ¿Sabes lo que es el subconsciente?

—Coño, claro.

—Ya lo suponía. ¿Y crees que ha funcionado?

Me he encogido de hombros. La verdad es que no he sabido qué contestarle. Está claro que me he ido acostumbrando a escribir aquí y que en parte es agradable.

—Yo creo que sí. ¿Has escrito las diez entradas que te pedí?

También me he quedado callado, pero entonces me ha empezado a entrar un calor tremendo desde la barriga hasta la punta del pelo. No sé cuándo dejó de ser un deber para convertirse en algo que quería hacer y, sobre todo, cuándo dejé de pensar en el diario como una obligación. Además, me daría mogollón de vergüenza que Pablo leyera lo que he escrito. No es mal tío, pero joder, son cosas personales.

—No hace falta que me lo traigas. Pero mañana no te olvides de traer la camiseta del Barça, que si no no te la podrán firmar.

Y me he ido sin decir una palabra. Cuando se lo he contado a Ana me ha dado un beso, contenta de que mañana podamos ir juntos a la excursión.

14 de Junio

Hoy ha sido un día cojonudo. Ha sido muy, muy molón poder darle la mano a Messi. Hijoputa, qué chiquitillo es. No me extraña que se mueva por el campo como una pulga, si es poco más alto que Ana. Ella ha estado todo el rato a mi lado, cogiéndome de la mano. La verdad es que a ella el fútbol le da igual porque es más de waterpolo, pero ha disfrutado de la visita conmigo. Le encanta que le explique cosas. Dice que lo hago muy bien, y me pregunta de todo. Me hace sentir bien. Como que valgo.

Quizá por eso, esta noche, he llegado a casa tan contento, sin preocuparme por tener que ver a mi padre. Mi madre no me ha oído llegar porque estaba concentrada haciendo la cena, así que he caminado en silencio hasta ella para pillarla por sorpresa. La he abrazado por la cintura y la he levantado. Ella ha soltado un gritito agudo. No pesa nada, solo algo más que Ana. Me he dado cuenta de que podría destrozarla solo con apretar un poco más los brazos, así que la he dejado de nuevo en el suelo. Ella se ha dado la vuelta y me ha abrazado.

Mi padre ha llegado poco después y ella y yo ya estábamos a la mesa, cenando. Venía haciendo eses, el muy cabrón. Se ha debido de beber medio sueldo esta tarde a juzgar por su cara y el pestazo a whisky.

No sé qué ha sido esta vez: si que no le habíamos esperado para cenar, que prefería macarrones a espaguetis o, como siempre, que odia mi existencia. En cualquier caso, no ha tardado mucho en quitarse el cinturón e intentar pegarme con él.

Lo mejor ha sido la cara de sorpresa que ha puesto cuando le he cogido por la muñeca. Mi madre también se ha llevado las manos a la boca. Ninguno de los dos se lo esperaba. Ninguno de los tres, en realidad.

Sin levantar la voz, le he mirado a los ojos y le he dicho:

—Pégame otra vez. Pégame otra vez, a mí o a mamá, y te mato.

Le he soltado la mano, pero es tan orgulloso que incluso sabiendo que no estaba en condiciones, ha ido a por mí. Solo he tenido que darle un puñetazo y ha caído al suelo, medio inconsciente. No sé cuándo me he hecho más fuerte que él.

—Mamá, llama a la policía.

Y acabamos de venir de la comisaría. Cuando han llegado los agentes, habíamos encerrado a mi padre en el cuarto y nosotros los esperábamos en el salón. He tenido hasta entonces para convencer a mamá de que debíamos denunciarle y, aunque me ha costado, lo he conseguido. Le he contado a la poli lo que había pasado. Nos han llevado primero al hospital, para que nos revisaran a los dos, y luego a poner la denuncia. Dicen que con el historial de abusos comprobables gracias a nuestras visitas al médico, como mínimo le van a poner una orden de alejamiento.

Aún así, no creo que sea muy difícil que papá se mantenga alejado de nosotros. Desde luego, si intenta acercarse, le daré razones suficientes para que deje de hacerlo.

Qué ganas tengo de contárselo a Ana.

Carla Campos

@CarlaCamplosBlog

Imagen de Cynthia del Río en Unsplash

“Al final, escribir, como cualquier otra cosa en la vida, es una secuencia de soluciones a problemas”. Alessandro Baricco.

El Camino del artista de Julia Cameron me enseñó a comprometerme con mi artista interior. A reservar y enfocar una parte de mi tiempo en alimentar mi conciencia creativa. Julia lo llama la “cita con el artista” y consiste en dedicar unas horas en la semana a mimar a tu artista, a tu niño interior. Algunas veces ya sé que haré en esta cita, y en otras no tengo ni la menor idea. Y hace unos días, el autor italiano Alessando Baricco se pasó por Bogotá y tuvo una charla con Margarita Valencia, docente e investigadora de la maestría en Estudios Editoriales del Instituto Caro y Cuervo, en la Librería Lerner; una de mis favoritas y de gran tradición en la ciudad. Cuando vi la publicación del evento no podía sentirme más emocionada. Nunca había asistido a un conversatorio con un escritor italiano, y era una fortuna que también fuera autor de un libro que ya me había leído. Era el plan perfecto para pasar la tarde con mi artista. Entonces escribí a la librería, me dieron la información y quedé inscrita en la lista de personas que podrían asistir a la charla.

Tal y como lo esperaba fue una tarde muy entretenida. Aunque había escuchado que Alessandro era muy tímido, para mí resultó una persona encantadora, con mucho carisma. Me conquistó con su sencillez. En este artículo les quiero compartir sus respuestas a dos de las preguntas que le realizó Margarita, en las que podrán conocer su forma de trabajar y algunos conceptos bastante interesantes.

 

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Margarita inicia la charla con la lectura de la contraportada de Seda y hace énfasis en la frase: “No es una novela, sino una historia”. Desde su punto de vista la mayoría de los textos de Alessandro comparten la característica de no acomodarse a un género establecido y ella se cuestiona por qué para el autor Seda no es una novela sino una historia.

Alessandro sonríe y le dice que la pregunta le hizo recordar algo que ya había olvidado: Cuando empecé a escribir, no era un niño, tenía unos treinta años. Estaba muy seguro de mí mismo y era un poco presumido. Todavía soy presumido, pero en esa época lo era más. Yo no quería que sobre mis libros apareciera la palabra novela. Porque novela me parecía algo como viejo y yo quería escribir algo más moderno, más contemporáneo. Entonces no quería que en la portada apareciera la palabra “novela”. Mi primer editor insistía en que debía aparecer. Entonces me llamó el gran jefe de la editorial y me dijo: muy bien, vamos a publicar este libro. Muy lindo. Que nadie va a leer. Y usted, además, le va a quitar la palabra novela. Así que en la librería ni siquiera van a saber dónde ponerlo. Y recuerdo que, parado frente a ese señor, que era muy importante, le dije: como no vamos a vender ningún ejemplar, entonces quitémosle la palabra novela. Da igual. No tenemos nada que perder. Cuatro o cinco años después salió una edición de libros que se publicaban con el periódico. Que costaban muy poco. Escogieron algunos libros italianos y uno de esos libros fue ese, el primero que publiqué. La edición se llamaba los Súper Best Seller. Vendimos doscientas mil copias en un solo fin de semana, costaban un euro. Ya sabemos por qué. Cuando esto sucedió me llamó el gran jefe de la editorial y me dijo: pero sabe que en realidad usted no estaba tan equivocado. Estaba loco, pero no tanto. Pero, ¿se dio cuenta que todavía estaba la palabra novela en la portada? En el caso de Seda, es porque es una novela extraña. Todo está construido por pequeños párrafos y a mí eso tampoco me parecía una novela. Yo nunca escribí una novela.

Margarita se queda mirándolo y le pregunta: si para ti Seda no es una novela, ¿qué tenías en la cabeza? Alessandro suspira y le responde que él creía que existía algo que se llamaba novela. Y menciona a Madame Bovary, Moby Dick y a otros grandes clásicos de la literatura. Él sentía que había escrito otra cosa. Que su trabajo era algo completamente diferente a esos clásicos. Eso no era Seda.

 

Mientras avanzaba la charla nos sumergimos en el agua y Alessandro nos contó cómo escribió Océano Mar: Hay un cuadro de un pintor francés, Teodoro Géricault, La Balsa de la Medusa.

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La medusa era una balsa francesa que durante el siglo XIX había naufragado en las costas de Senegal. Yo adoraba ese cuadro. Cuando visitaba al Museo del Louvre iba directamente a este cuadro y lo miraba, nada más. Y pensé en que quería escribir un libro que contara lo que sucedía en él. Este cuadro muestra una balsa donde aparecen cuerpos inertes y algunas personas aún con vida. Hay una persona que sobresale entre ellos que tiene como una bandera o un trapo en la mano y lo agita. Es la historia de un naufragio que fue noticia en Francia en el siglo XIX. Todos la conocían porque fue dramática, feroz, horrenda. Quienes habían sobrevivido en aquella balsa habían tenido que comerse a quienes ya habían muerto, entonces había un tabú muy fuerte en esa historia y Géricault, que era un artista muy amado por el público, un joven apuesto, toda una estrella en esa época, decidió pintar un cuadro sobre esta historia que todos conocían tan bien. Fue como si hoy en día hicieran una película sobre una noticia muy famosa. Géricault empleó mucho tiempo para encontrar una imagen que recopilara y reflejara todo lo que había sucedido. Yo pasé días estudiándolo a él, al cuadro y a la historia que estaba detrás del cuadro. Luego encendí mi computadora y dije: “OK, voy a contar esta historia”, y resultó que era algo imposible, porque era una historia tan fuerte para mí, que no sabía por dónde empezar. No había un comienzo. Entonces me alejé un poco de la historia y me fui a la orilla del mar. Allí hice toda la primera parte de la novela, donde no hablo en absoluto del naufragio y es ahí donde aparecen todos los personajes. Era una historia muy tenue, muy suave, sin ángulos fuertes. No se entiende a dónde quiero llegar. Pero mis lectores y yo nos encontrábamos allí como si estuviéramos a orillas del mar, y cuando llevábamos un buen tiempo ahí, cuando ya estábamos listos, me metí dentro del mar y es en esta segunda parte donde está la historia del naufragio. Cuando terminé de escribirla sabía que el libro no podía terminar ahí. Tenía que haber una tercera parte, para alejarse suavemente, para decir adiós. Es por eso que tenemos esa estructura en tres partes en Océano Mar: La primera es una espera, la segunda el horror, la tercera la calma”. En ese momento Alessandro hace un movimiento con su mano, como si estuviera navegando sobre las olas y nos muestra la cadencia con que cierra el libro y agrega: “…porque los libros primero son una forma y después son una historia. Seda, por ejemplo, tiene una forma clara, primero son pasos pequeños. Después, en un momento especifico, hay un paso más largo que los demás, como si construyéramos un plano ligeramente inclinado, de pasos todos igualitos. Luego hay otro momento en el que el paso debe ser más largo y el libro se inclina hacia el otro lado. Das otros pasitos y fin. Estas son formas. Para mí un libro primero es la forma. No inicio un libro sin tener clara la forma.

 

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En ese momento pensé: ¿Forma? ¿Historia? Sus palabras se quedaron dando vueltas en mi cabeza. Me gustaba lo que nos contaba y sobre todo la forma en que lo hacía. Cuando terminó de hablar de Océano Mar, el tiempo había pasado velozmente y comenzó la ronda de preguntas del público. Todas giraban en torno a su método de escritura, hábitos de lectura, la Scuola Holden, y entonces alguien comenzó a hablar de la artesanía detrás de la narración, con la que es posible lograr que las cosas complejas se perciban más sencillas, como pasa en Seda y en Tres veces al amanecer, y le preguntó: ¿Cómo es la artesanía cuando escribe una novela? Esto es lo que contestó:

Al final, escribir, como cualquier otra cosa en la vida, es una secuencia de soluciones a problemas. Puedes tener una fórmula o una estructura de base. Puedes tener una visión muy rara, muy preciosa que no todos tienen. Puedes trabajar en la construcción de una historia especial, muy fuerte. Y después llegará la artesanía. Porque esta secuencia de soluciones a problemas no tiene fin. Algunas veces es una secuencia pequeñita, por ejemplo, cuando tienes que escoger un adjetivo. Hay veces en que es más grande, cuando tienes que escoger que tan larga va a ser la frase. Otras veces es un poco más grande, cuando tienes que hacer una proporción bella entre cinco frases. Y un poco más grande, cuando ya empiezas a ver dos y tres páginas, y a medir a qué distancia estás del narrador. Y así sucesivamente, hasta que te encuentras resolviendo el equilibrio de un problema entre la primera parte, cien páginas y la segunda parte, otras cien páginas. Después vas a tener otro problema que puede ser el personaje, luego vas a tener el problema de una cierta solución para la trama que no encuentras. Y continúas. Solo son soluciones de problemas. 80% solución de problemas. Lo más lindo de esto es que resolvemos todo de manera simultánea. Mientras estás escogiendo el adjetivo tienes que escoger cuántas palabras hay en la frase, cuántas frases hay en la página. También te estás acordando de lo que escribiste en la página anterior, y pensando en cómo era el principio del capítulo. Es fantástico.

 

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Escucharlo hablar me hizo tener la mejor cita con el artista en lo que va del año. Aunque todo lo que nos compartió me pareció increíble, les debo confesar que la frase que pagó la tarde fue: “la escritura es la mejor técnica narrativa”. En palabras menos rebuscadas “escribir, escribir y escribir”. Y me encanta porque reafirma una vez más que lo único que podemos hacer día tras día para garantizar ser mejores escritores es escribir. No hay otra fórmula secreta.

Mónica Solano

 

Imágenes Librería Lerner, Wikipedia

 

Y verás morir los pueblos, en el pantano

  • Y un poco más abajo, en el Mediano,
  • Verás morir los pueblos, en el pantano. (Joaquín Carbonell)

A mis amigos Tomás de Tiermas y Paquita de Mequinenza… y a tantos otros que vieron desaparecer sus casas bajo las aguas.

Empujé la parte de arriba de la puerta y casi me dio un patatús cuando vi a Miguel abrazado al repatán en el camastro. No dije nada. Apagué el candil, cerré con cuidado para que no se despertaran y emprendí la vuelta al pueblo por el sendero del pantano. Aunque la noche estaba muy avanzada, la luna llena alumbraba mis pasos.

Si es que me lo tenía que haber imaginado, que después de ocho días en el monte volvía a casa tan descansado. Que no me importunaba en toda la noche. Y yo pensando que a lo mejor se aliviaba de otra manera. Pero, ¿dónde tengo los ojos? Y mira que fue casualidad que yo subiera a esas horas. Como él conocía muy bien los ribazos, fui a llamarlo para que me ayudara en lo de Raquel. La llevábamos buscando una semana, hasta con perros de caza, ¡y nada!

***

A los pocos días, a eso de la medianoche, me despertaron los aldabonazos.

—¡Abre, Jacinta!

Entre sueños me pareció la voz de mi marido, pero, con el eco de la calle, no la acababa de reconocer.

Contuve la respiración y esperé un buen rato. Como los gritos iban en aumento., me eché una toca por la cabeza y me asomé a ver quién era. Delante de la puerta, un bulto envuelto en una zamarra de piel de cabra se movía con gestos amenazantes. Bajé las escaleras temblando, quité la tranca y me topé con sus ojos saltones. Tenía cara desencajada.

—Jacinta, déjame pasar y, de momento, vamos a dormir. Mañana será otro día y charraremos con la cabeza despejada

Se frotaba las manos y hablaba de manera pausada. Se sacudió el barro de las abarcas y puso a secar los peduques junto al fuego. Y yo para mis adentros pensaba que estaba tramando algo, que nunca había vuelto del monte por la noche.

—¿Se puede saber por qué apareces a estas horas?

—He venido a buscar muda y recado, que mañana me voy a Jaca a ver si consigo vender alguna oveja en la feria de santa Orosia —me soltó cuando nos íbamos a la cama.

—¡Rediós, Miguel! A mí no me engañas. Que las ovejas se venden en Ayerbe, y no en Jaca. A santa Orosia solo van los endemoniados y los que cometen pecados que no puede perdonar nuestro mosén.

–¡No me jodas, Jacinta! ¡Ni me llames endemoniado!

–¿Pues cómo quieres que te llame entonces? ¡Porque si no estás endemoniado y vas a ver al penitenciario, ya me dirás qué puedo pensar! Que es bien sabido que quien busca al canónigo se ha acostado con bestias o con hombres o lleva algún crimen a cuestas.

–¡Estás loca de remate, Jacinta! Tú sabes bien que yo soy muy macho. Y tampoco he matado a nadie, que por no llevar, ni navaja llevo encima

Oír mentar la navaja y figurarme a Raquel rodeada de sangre roja, fue todo una. Me subieron los sofocos. Y a lo mejor Miguel pensó que era por tener un macho al lado. Es que no le llegaban las entendederas para pensar que mi cuerpo pudiera desear una hembra. Y mejor, que así teníamos la fiesta en paz.

Eso sí, igual se dio cuenta de que el cuarto olía a membrillos, que tanto le gustaban a Raquel. Todavía no había recogido los que había dejado encima de la cómoda la noche anterior a su desaparición.

***

Nos acostamos y, cuando me pareció que él se había dormido, me levanté sin hacer ruido y me puse la saya de los domingos. Mientras me ataba la cinturilla, recordé aquellos versos que me aprendí en la escuela: Salí sin ser notada, estando ya mi casa sosegada.

En las afueras del pueblo cogí el camino que lleva a la parte baja de la presa. Al llegar a la caseta del guarda, dejé los zapatos, me llené la faltriquera de piedras y comencé a andar por una calle empedrada que llevaba a las casas cubiertas por las aguas. Ya me llegaba el agua a la cintura y oí a Miguel que gritaba desde las Eras Altas.

—¡Noooo! ¡Jacintaaa, no sigas! Raquel está en la otra parte. Yo la vi caer rodando por el terraplén de los Hortales —lo dijo en un tono muy seguro, como si conociera los hechos de primera mano.

De repente sentí una punzada en los riñones y pensé: “¡Será hijoputa! El muy cabrón tiene que estar metido en lo de Raquel. Esta me la pagará”. No tenía tiempo que perder.

—Miguel, espérame, tenemos que hablar —le dije con un tono de súplica.

Mientras lo llamaba, me iba deshaciendo de las piedras y de la saya que con el agua cada vez pesaba más. Con las prisas, yo también había salido de casa sin navaja.

Llegué al altozano con sobrealiento. Inspiré una bocanada de aire, eché a correr hasta él y le di un empujón con tanta fuerza que le obligué a dar un traspié.

Me quedé mirando cómo rodaba por la pendiente. Las aguas se tragaron su cuerpo. Se levantó el cierzo y oí unos tañidos que venían del campanario que emergía solitario en medio del lago.

Esa noche el repatán esperaría a Miguel en el camastro de la paridera, con la misma zozobra con la que yo había esperado a Raquel en mi alcoba una noche de luna de cuarto creciente.

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El dibujo es inédito de Inmaculada Martín.

Inmaculada Marín Çatalán (Teruel, 1949). Inmaculada, fue profesora del Instituto Goya de Zaragoza. Comenzó los estudios de Arte con Alejandro Cañada, en Zaragoza, quien la preparó para el Ingreso en Bellas Artes de Barcelona. Inició los estuidos en la Universidad de Barcelona, pero pronto se trasladó a la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, donde se licenció en Bellas Artes, especialidad de Escultura, en 1975.

Posee un excelente currículo y su carrera artística ha sido muy reconocida. Ha participado en numerosas exposiciones de escultura y pintura.  Es miembro de varios grupos de dibujo: Urban Sketchers, Flickr, Group Portraits in your art, Group with Experience.

Carmen Romeo Pemán

Razón o emoción: no hace falta elegir

A finales de enero, Carla Campos nos convencía de que el amor no es eso que muchas veces nos venden. Hace unos días, Mónica Solano nos deleitaba con un creativo relato sobre la mecánica del amor. Y el catorce de febrero acabaremos empachados de corazones rojos que nos aguijonearán para inducirnos al consumismo comercial del día de los enamorados. Como si lo del enamoramiento y una determinada fecha del almanaque tuvieran que ser un matrimonio de conveniencia. Todo esto me lleva a pensar si es inteligente dejarse gobernar por las emociones o si, por el contrario, cometemos un error cuando lo hacemos.

La supervivencia de la especie humana, de la que vosotros y yo somos parte, se debe a un extraordinario diseño biológico condicionado por multitud de factores. Contamos con una serie de mecanismos que manejan nuestro espectro emocional y, a veces, nos hacen responder a algunos retos del mundo contemporáneo como criaturas del Paleolítico. De unos años a esta parte han surgido nuevos enfoques sobre esos temas y de ellos quiero hablaros en este artículo.

Base biológica

Las nuevas técnicas de imagen nos permiten conocer mejor el funcionamiento de nuestro cerebro. Y los científicos han intentado racionalizar desde la mente algunos de los enigmas irracionales de nuestro corazón.

La parte más primitiva de nuestro cerebro, la que regula funciones básicas, se localiza en el tallo encefálico. Y rodeando a esa región se halla el sistema límbico, que juega un importante papel en la relación entre las emociones y las respuestas cerebrales. La evolución de este sistema permitió que nuestros antepasados fueran adaptando sus acciones a los cambios sucesivos del entorno. Gracias al aprendizaje y la memoria, dos herramientas magníficas, desarrollaron capacidades como, por ejemplo, identificar peligros, sentir temor ante determinados estímulos y aprender técnicas para evitar riesgos.

Sobre esa base, hace millones de años, se fue desarrollando el neocórtex que nos diferencia del resto de las especies. Ahí radica lo que nos hace más humanos: la capacidad de tener pensamientos sobre nuestros sentimientos y de desarrollar un amplio abanico de reacciones ante cualquier estímulo emocional.

Repercusiones

Ese equipaje biológico, que en principio es algo bueno y positivo, nos puede hace caer en el error de pensar que la racionalidad prima sobre nuestros sentimientos porque somos capaces de controlar nuestras emociones. Pero no es tan sencillo: todos conocemos personas “estrella” en su trabajo a pesar de que su experiencia profesional o su capacidad intelectual no destaquen sobre los demás. Y, por otro lado, basta recordar a alguien gritando cuando pierde los estribos para echar por tierra esa premisa de que la razón siempre manda más que la emoción.  Así que, ¿qué domina entonces?: ¿La razón o el sentimiento? ¿La inteligencia o la emoción? ¿Qué factores hacen que una determinada persona evolucione hasta ser un triunfador carismático o un asesino psicópata?

Para Daniel Goleman, la respuesta está en lo que él llama “inteligencia emocional”: un conjunto de habilidades que, aunque tengan en parte un origen genético, se pueden moldear, aprender y perfeccionar a lo largo de nuestra vida. Esas habilidades personales e interpersonales nos ayudan a conocernos más y a transmitir mejor nuestras emociones, optimizando nuestras relaciones con los demás y, en consecuencia, nuestra experiencia vital.

Ampliando conceptos

La siguiente pregunta sería sobre la naturaleza de esas habilidades. Y la respuesta es bastante intuitiva: en el lote se incluyen la empatía, el entusiasmo, el autocontrol, la capacidad de motivación personal, y otras similares. Todos estos motores pondrán en marcha las emociones. Y toda emoción es un impulso que nos conduce a la acción. En latín, el prefijo e/ex señala un objetivo. Y movere significa moverse. Si pensamos por tanto en la reacción de un animal o de un bebé comprenderemos que sus emociones son un “movimiento hacia” una acción que puede ser huir, llorar, buscar a la madre, etc. Pero nuestras experiencias vitales y nuestro entorno van moldeando ese bagaje genético y lo enriquecen con una mayor variabilidad de respuestas.

Y volvemos a la importancia de la interacción del neocórtex cerebral con el sistema límbico. Sería muy complejo intentar explicar aquí la neurofisiología de esa relación, pero basta saber que todos tenemos dos mentes distintas: la que piensa y la que siente. Y cada una se rige por circuitos cerebrales diferentes pero relacionados entre sí.

El intelecto puro y duro no funcionará de modo adecuado si el sistema límbico y el neocórtex no se coordinan bien. Si lo hacen, los pensamientos condicionarán y enriquecerán las emociones, y viceversa. No obstante, en ocasiones un estímulo con una potente carga emocional puede activar sistemas neurológicos más primitivos que desencadenan una reacción de emergencia capaz de dominar a nuestra parte racional provocando comportamientos desproporcionados. Un ejemplo sería el de alguien que comete un homicidio cegado por un ataque de ira.

Existen bastantes estudios que comparan el grado de satisfacción de unos jóvenes con altas puntuaciones en un test de inteligencia con la de otros con puntuaciones dentro del promedio. Para eso se utilizan indicadores como la felicidad o el éxito profesional. Y, sorprendentemente, todos concluyen que el coeficiente intelectual no representa ni a un 20% de los factores que llevan al éxito. Y dentro del 80% restante tenemos otro tipo de factores como la suerte, la clase social y, en gran medida, la inteligencia emocional.

Si me extendiera en detalles del amplio abanico de habilidades, me daría para un libro, pero merecen que, por lo menos, nombre a algunas de ellas:

  • Autocontrol
  • Conocimiento de uno mismo
  • Empatía
  • Entusiasmo
  • Capacidad de reconocer los errores
  • Positivismo
  • Asertividad
  • Proactividad
  • Y un largo, larguísimo etc.

¿Y, entonces…?

Pues entonces me gustaría que todo lo que he expuesto os sirviera para dejar claro que podemos dominar, con mayor o menor acierto, nuestra vida emocional, lo mismo que podemos aprender química o literatura. Tengo datos de primera mano, y no soy la única. Cualquier persona que tenga un ser querido con autismo podrá dar testimonio de los resultados que se obtienen cuando los profesionales de la inteligencia emocional trabajan con niños o jóvenes con autismo. Y la aplicación de esos conceptos para conseguir una vida plena es universal, y no se limita a patologías mentales.

Todo se puede lograr si se tiene interés. A base de aprendizaje y de práctica, porque recordemos que saber no basta. Pero solo averiguaremos hasta dónde podemos llegar si lo intentamos.

Adela Castañón

 

Imágenes: Lifeder, Habilidad social

La mecánica del amor

Alex, tendida sobre la cama, mira el techo de su habitación y juega con un mechón de su cabello. Lo pasa entre sus dedos, lo estira y lo enrolla. Lo hace una y otra vez.

–¿En qué piensas, Alex? –pregunta Marco.

–En el amor. Estoy pensando en el amor.

Alex se voltea y queda de frente a Marco.

–¿Tú nunca te has preguntado qué es el amor?

–No. ¿Por qué me lo tengo que preguntar?

–Ay, Marco. Ese es tu problema, no conoces el amor.

–¿Y, tú? ¿Tú lo conoces?

–No… No lo sé. Quizás.

–No entiendo.

Alex juguetea de nuevo con el mechón. No puede soltarlo en las noches de insomnio. Lo enreda tanto en su mano que se arranca hebras de cabello desde la raíz.

–Ese es tu otro problema, Marco. Que no me entiendes. Por más inteligente y evolucionado que seas, no eres capaz de comprender la complejidad de una mujer como yo.

–Pero estoy a tu lado, te acompaño la mayor parte del tiempo y hago todo lo que me pides.

–Eso no es suficiente. Necesito que me hagas sentir viva, que me quemes la piel con un abrazo, que me escuches con atención. Que te intereses en mis cosas. No necesito que solo me hagas compañía o que me salves. Necesito que avancemos juntos en este mundo. ¡Que te preguntes qué es el amor!

–¿Para qué tengo que preguntarme qué es el amor si te amo?

–Tú crees amarme –Alex hace una pausa, entorna los ojos, y agrega–: Eso es lo que crees, pero no puedes amarme si ni siquiera sabes qué es el amor.

–Claro que sé qué es el amor y por eso no me ha hecho falta preguntármelo. El amor es un sentimiento de vivo afecto e inclinación hacia una persona o cosa a la que se le desea todo lo bueno.

Alex se levanta de la cama y agita las manos en un arranque de furia. Siente la sangre caliente que viaja por sus venas. Camina de un lado a otro de la habitación, aprieta las manos y tensa la barbilla.

–¿De dónde sacaste eso? ¡¿De Wikipedia?!

–Está en mi memoria.

–¿En tu memoria?

Alex pronuncia las palabras como si arrastrara las letras con dificultad desde el fondo de su garganta. Camina hasta la ventana de la habitación y abre las cortinas para que los rayos de la luna la iluminen.

–¿Está en tu memoria?

Alex se pasa la mano por la barbilla y fija la mirada en el horizonte.

–Pasé meses insertándote mis mejores recuerdos, mis experiencias más íntimas. Te di todo un decálogo de las emociones. Tienes la programación más sofisticada. Cualquier humano mataría por tenerla. Eres perfecto. Y, ¿la mejor definición del amor que puedes ofrecerme es algo que acabas de sacar de Google?

Alex suspira y mira de nuevo a Marco. Mientras lo observa siente como un sabor amargo le sube por la garganta. Se acerca a la cama y se sienta junto a él. Le acaricia el cabello y cuando le pasa la mano por el cuello oprime el botón que está detrás de su oreja. En la nuca se abre un compartimento en el que se pueden ver los circuitos maestros.

No lo piensa ni un segundo antes de desconectarlo.

Mónica Solano

 

Imagen de Johann Bret Bautista

¿Es santa Águeda una santa feminista?

  • Sancta Agatha, ora pro nobis
  • Sancte Agatha et Apollonia, orate pro nobis
  • Sancte vos in mulieribus, orate pro nobis

No recuerdo desde cuándo. Yo diría que desde siempre. En la iglesia de El Frago rezábamos una novena con estas letanías a las más santas entre todas las mujeres, a nuestras abogadas: santa Águeda, el día cinco de febrero y santa Apolonia, el día nueve del mismo mes. La víspera, además de los rezos, las chicas encendíamos grandes hogueras en su honor en medio de la plaza mayor.

Este cinco de febrero, muchas mujeres acudirán a los lugares de culto y cantarán en español lo que antaño recitábamos en latín.

  • Santa Águeda, ruega por nosotros
  • Santa Águeda y santa Apolonia, rogad por nosotros
  • Vosotras, santas entre todas las mujeres, rogad por nosotros

Y yo, al compás de estos y aquellos rezos, voy a evocar una parte de esta historia. Porque santa Águeda y santa Apolonia fueron santas muy populares. Y porque las redes están viralizando la figura y los festejos de santa Águeda.

Antes de continuar, quiero deciros que si alguien me pregunta a bocajarro si santa Águeda es una santa feminista le contestaré que no. Que a Santa Águeda la han convertido en la patrona de las mujeres para salvaguardar las leyes del patriarcado. Que han hecho coincidir su fiesta con la de antiguos ritos paganos de inversión. Que interesaba cristianizar los pilares básicos de la sociedad patriarcal para fortalecerlos. Y que ella no tiene la culpa de que intenten sacar beneficios de sus virtudes y de su historia.

El nombre. Ágata, Ágeda, Águeda y Gadea

Santa Águeda, como muchas santas, fue bautizada con un nombre parlante o descriptivo. Estos nombres, igual que los apodos, sintetizan las virtudes o defectos de las personas que los llevan. Son frecuentes en la literatura tradicional y en los cuentos populares. Cuando oímos Trotaconventos, Blanca Nieves, Caperucita Roja o Barba Azul, nos hacemos una imagen muy clara del personaje. Y no es lo mismo llamarse Pipi Calzaslargas que Maléfica.

Agathe, la bondadosa o la virtuosa, era un apodo corriente para las chicas de la Grecia Clásica. Y se esperaba que estas virtudes las adornaran, como cantaba su nombre.

Santa Ágata fue muy popular en toda Europa: Agata, en latín e italiano; Agatha, en inglés y portugués; Agathe, en francés; Adega, en gallego.

En España fue tan popular que se adaptó fonéticamente y perdió el significado descriptivo. Desde fechas tempranas se convirtió en Ágeda, Águeda y Gadea.

  • En Santa Gadea de Burgos, do juran los fijosdalgo,
  • allí le toma las juras el Cid al rey castellano. (“La jura de Santa Gadea”, romance)

Alfonso VI desterró a don Rodrigo Díaz de Vivar y la santa, como se esperaba de sus virtudes, cuidó de doña Jimena y de sus hijas, que se quedaron en Cardeña.

Las vidas de santos

En la alta Edad Media se escribieron vidas de santos para que sirvieran de modelo a los cristianos. Tenían un fin pedagógico, no eran dogmas de fe y estaban escritas con el gusto literario de la época: elementos maravillosos y descripciones desgarradoras con las que era fácil despertar los sentimientos y llamar a la piedad. Se llegó a crear un patrón retórico muy elaborado.

Las biografías de las santas comparten muchos elementos y, salvo pequeños detalles, podríamos intercambiar algunas. La vida de Santa Águeda sigue uno de esos patrones y la santa comparte sufrimientos con otras mártires. La devoción a esta santa se propagó con rapidez porque se adaptaba bien a las exigencias patriarcales.

La historia de santa Águeda

Nació en Palermo y murió en Catania, Sicilia, el año 251, durante la persecución de Decio. El senador Quintiliano, atraído por la singular belleza de esta joven de familia distinguida, intentó poseerla. Pero ella, con un comportamiento virtuoso, como se esperaba de su nombre, le juró que se había comprometido con Jesucristo y lo rechazó. El senador, herido en su prepotencia masculina, ordenó que la condenaran, que le cortaran los pechos y que la arrojaran sobre unos carbones encendidos. Según la leyenda, el Etna entró en erupción el año de su tortura. Los habitantes de Catania imploraron su intercesión y la lava se detuvo en las puertas de la ciudad.

Una santa protectora

Los santos protegían a los hombres de sus temores y de las amenazas que se cernían sobre ellos. Los liberaban de las enfermedades, de las guerras y de las epidemias. Como se creía que estos males estaban provocados por la ira de los dioses, los santos eran unos intermediarios que intentaban aplacarla. Para conseguir sus favores, los hombres les hicieron estatuas, fundaron cofradías y erigieron santuarios, en los que se solicitaba su intercesión.

Junto a los rezos y ritos para conseguir la protección frente a las enfermedades también les pedían que favorecieran la fertilidad y la lactancia, porque en épocas de guerras y epidemias se llegó a temer por la desaparición de la raza humana. Estas costumbres se popularizaron en la Alta Edad Media a través de los caminos de los peregrinos.

Con la llegada del cristianismo, las antiguas divinidades paganas se consagraron a las nuevas advocaciones religiosas, sobre todo a la Virgen y a los santos. En este tránsito de lo pagano a lo cristiano, santa Águeda fue una de las santas con mayor fortuna.

Patrona de las casadas

Como muchas de sus compañeras de altar, estuvo relacionada con las enfermedades de las mujeres. Por los rasgos de su biografía se convirtió en la protectora de las casadas, de las enfermedades de los pechos, de la lactancia y de los partos difíciles. El carácter de sanadora que se le atribuyó en el País Vasco la llevó a ser la patrona de las enfermeras.

Santa Apolonia-1

Su papel era diferente al de su vecina santa Apolonia, patrona de las solteras y del dolor de muelas. Y compite con santa Bárbara en la protección contra los volcanes, los rayos y los incendios.

Abogada de la lactancia

Hasta mitad del siglo XX, las mujeres de clase alta dejaban la lactancia de sus hijos en los pechos de las nodrizas. Precisamente, para animarlas a que dieran de mamar, se crearon advocaciones de diosas y santas amamantando.

Esta costumbre venía de lejos. En Egipto la diosa Isis daba de mamar a su hijo. En las catacumbas la Virgen amamantaba al Niño. En el Renacimiento y en el Barroco abundaron las Vírgenes de la Buena Leche. La Virgen fue un modelo, pero hubo santas que también favorecieron la lactancia. Sobre todo, santa Brígida, festejada el uno de febrero, y santa Águeda, el cinco. Se eligieron fechas cercanas para reforzar el mensaje.

Origen ancestral

Esta fiesta tiene muchos elementos de origen pre cristiano. En España era frecuente mezclar los cultos celtas con los de importación romana. En la Edad Media, la Iglesia intentó suprimir las fiestas paganas. Pero, como era imposible desterrar unas costumbres muy arraigadas, las cristianizó y las llenó de un significado religioso.

En santa Águeda confluyeron tradiciones matriarcales celtas con romanas. Es decir, en sus festejos hay elementos folklóricos más antiguos que la propia santa.

Y, por si fuera poco este sincretismo de elementos arcaicos, hoy andan revueltas santa Águeda, patrona de las casadas, y santa Apolonia, de las solteras. Esto es, andan mezcladas la fiesta de inversión de las casadas con la de iniciación de las solteras.

El mundo al revés

Estas celebraciones que ponían el mundo patas arriba eran necesarias para respetar y fortalecer el orden social. Consistían en dar el poder a los subordinados un día al año, en permitirles que se desahogaran con expresiones satíricas y burlescas. Y debajo de la alegría desbordante, latía la condición tácita de que el resto del año volverían el orden y la subordinación.

En la Edad Media la Iglesia controló estas fiestas, las santificó y les adjudicó un patrón. En ese reparto, como acabamos de ver, a santa Águeda le correspondió la fiesta de las casadas. Para asegurar y reforzar el papel de superioridad de los varones, era importante que un día al año las mujeres desahogaran y anularan sus deseos de mando, de forma colectiva.

Las aguederas de Zamarramala conservan abundantes elementos paganos de la fiesta. Estas alcaldesas segovianas muy vivas en el folklore, han sido tema de obras literarias españolas.

Para terminar

Al principio santa Águeda era solo patrona de las casadas. Cuando se vaciaron los pueblos y se perdió la fiesta de santa Apolonia, patrona de las solteras, santa Águeda se quedó con todas. Y esto no fue bueno para las mujeres. Desde entonces resulta más fácil controlarnos juntas.

El día cinco de febrero se favorecen los juegos del mundo al revés. Ese día las mujeres recorremos las calles de las ciudades alardeando de una libertad colectiva. Aunque es una libertad bajo fianza. Porque, creyendo que hemos recuperado la libertad, hacemos el juego al patriarcado, que ha encontrado en este tipo de fiestas un sutil camino para su fortalecimiento.

Pero, mientras buscamos una mejor solución para agasajar a nuestra santa sin servir al androcentrismo, aprovecharemos esta grieta para gritar: ¡Viva, santa Águeda!

Carmen Romeo Pemán

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Imagen principal. Santa Águeda, Biel (Zaragoza), siglo XVII. Es el lienzo de la derecha del altar de san Roque de la iglesia parroquial de San Martín de Biel. En la parte inferior derecha, entre la corona del martirio y los dos senos, podemos leer Sª AGEDA.

La joroba

La gente decía que la chepa de Margarita era como un melón de los miles que había recogido a lo largo de su vida, y los más cínicos se burlaban de ella y le preguntaban si escondía allí el más grande de todos. Pero ella sentía que la curva de su espalda era otra cosa. La sencillez de su alma le daba alas al viento y convertía la chepa en un globo que elevaba su cargamento de sueños hasta el cielo. Y ella soñaba y se perdía en las alturas mientras fijaba los ojos en la tierra que trabajaba de sol a sol, desde que era una cría.

Su nieto, Abel, era el único hijo de su única hija. Para Margarita, su hija había sido un regalo del cielo. Se quedó viuda cuando no hacía ni un año que había parido, y la sacó adelante sin ayuda. Y a su pobre niña le había ocurrido lo mismo. Su yerno había fallecido en un accidente de coche cuando Abel no llegaba al año. El pequeño era la alegría de las dos mujeres. Despierto, cariñoso y con una curiosidad insaciable.

–Abuela, ¿no te gustaría ser rica y poder hacer lo que quisieras? –le preguntó un día su nieto.

–¡Ya lo soy, Abel, aunque no tenga mucho dinero! Viví con tu abuelo, que traía comida a nuestra mesa y me tenía como una reina hasta que el Señor se lo llevó. Y soy rica en felicidad.

–¡Pero abuela…! ¡Yo hablaba de dinerito…!

–¿Y para qué te crees que tengo este par de manos? ¿Eh? –Se echó a reír al ver que Abel abría mucho los ojos, y levantó las palmas–. Con estas y con salud puedo trabajar, y no nos ha faltado un plato de comida en la mesa ningún día. Que los billetes no se comen, hijo.

–Ya… –Abel no parecía muy convencido.

–Y además te tengo a ti, que me haces reír mucho con tus preguntas. Así que, dime, ¿te parece que no soy rica?, ¿qué más puedo querer?

–No sé… Hacer viajes, comprarte cosas, hacernos regalos a mamá y a mí…

–Ya viajo cuando quiero. Lo puedo hacer con los ojos cerrados, y también si estoy despierta. –se acercó y le susurró al oído como si estuviera conspirando–. Cada historia que te cuento es un viaje, chiquillo. ¿Comprarme cosas? ¿Para qué? Si ya tengo lo que quiero. Aparte de que algunas cosas no hay dinero que las pague. Y si hablamos de regalos, ya me dirás si no son buenos regalos las frutas de mi huerto. Que tu madre y tú solo tenéis que abrir la boca para que yo os ponga por delante las mejores.

Los ojitos azules de Margarita se empequeñecían cuando sonreía. Y en la cara se le formaban más arrugas que, como una aureola, rodeaban su mirada tierna y chispeante.

–Abuela… –Margarita sabía que Abel estaba dando vueltas a algo.

–¿Sí…?

–¿De verdad no te gustaría ser rica para hacer… mmm… otras cosas?

–¿Como qué? –Margarita le revolvió el pelo. Sus manos callosas se volvían seda cuando acariciaba a su nieto.

–Como ir a un hospital a que los médicos te quitaran… bueno… mis amigos se han reído de ti en el colegio porque dicen que… porque son tontos, pero…

Margarita hizo un esfuerzo para no soltar una carcajada.

–Pero, hijo, ¿a ti te parece que a mí me estorba mi joroba?

–Pues…

Abel se echó a reír. “¡Qué lista es mi abuela!”, pensó. No sabía cómo se las apañaba para leerle siempre el pensamiento. Pero le había dolido mucho que sus compañeros se burlaran de ella diciendo que su espalda era como uno de los melones de su melonar. La abuela lo cogió de las manos y se lo acercó, como cuando le revelaba un secreto importante.

–¿Sabes una cosa, Abel? Tengo que decirte algo, pero es un secreto. Los que piensan así, en realidad, no saben lo que tienen encima del cuello.

–¿Qué dices, abuela? No te entiendo. Encima del cuello está la cabeza.

–¿Seguro, seguro? –Margarita bajó un poco la voz–. No se lo digas a nadie, pero yo sé hacer magia. Tengo una bola mágica debajo de la espalda, pero es tan grande que me pesa y por eso ando siempre tan agachada. Con ella hago hechizos para las malas personas. –Acercó la boca a la oreja de su nieto tapándola con las manos y susurró con voz aún más baja–. Por las noches les cambio las cabezas por melones.

–¡Anda! ¿Eso se puede hacer?

–¡Pues claro! Por eso, de vez en cuando, oirás a algunos decir tonterías. Por fuera les dejo que tengan la misma apariencia. Pero, si te fijas bien, algunas veces, cuando abran la boca, podrás distinguir el melón al fondo. ¡Aunque no es nada fácil verlo!

Abel le dio a su abuela un abrazo. Fuerte. De los de oso. Su abuela era la persona más interesante de todo el mundo, y la quería con toda su alma.

Y Margarita, aunque solo se atrevió a confesarle eso a su nieto, estaba convencida de que las cabezas de muchos de sus vecinos eran, sin lugar a dudas, auténticos melones.

Adela Castañón

Foto: Pixabay