Seducir y enamorar con la escritura

Cuando hablamos de amor abrimos un universo de posibilidades. Uno de mis amores es la escritura y de ella voy a hablar por activa y por pasiva. Porque hace unos años la escritura me seducía a ratos y de tanto frecuentarla acabé enamorándome de ella, y porque me gustaría que mi escritura sedujera y enamorase a quienes me lean. Así que he reflexionado sobre qué clase de escritura puede ofrecer un autor y qué puede ofrecer la escritura a las personas que la amamos.

Seducir, enamorar, o las dos cosas

Hay muchos motivos que nos mueven a escribir. Uno de ellos es que nos lean. Cuando un lector potencial se acerca a un libro, empieza un coqueteo, un romance, que puede acabar de mil maneras. Lo peor, lo más triste, es que abandone el libro sin llegar al final. También puede ocurrir que le guste, lo termine de leer y luego lo olvide. Y el sueño de cualquier autor es que cuando alguien llegue a la última página haya disfrutado tanto que quiera más y vaya en busca de otras obras suyas. En ese trayecto de peor a mejor, el tren se detendrá en una u otra estación dependiendo de nuestra capacidad para seducir y enamorar a quienes nos lean.

No nos engañemos. He usado dos palabras que en ocasiones se confunden o se superponen, pero tienen matices de significación que las alejan. Según el DRAE, seducir significa persuadir a alguien con argucias para conducirlo al lugar donde lo queremos tener. Hasta ahí, vale.

Enamorar, sin embargo, es excitar la pasión del amor en alguien, aficionarse a algo, decir amores. Y en el diccionario, en la palabra amores, encuentro un enlace que le otorga múltiples significados. De modo que no es lo mismo seducir que enamorar.

La escritura del autor

Todos sabemos que hay escritores que seducen y escritores que enamoran. Pero eso no ocurre por puro azar, así que vale la pena indagar en las razones.

Uno de los motivos que inclinan la balanza hacia seducir o enamorar tiene que ver con el tiempo. La seducción es algo pasajero, transitorio, mientras que el enamoramiento se puede prolongar, como en las mejores historias de amor, hasta que la muerte nos separe. Y, aunque se termine antes, siempre durará más el amor que la mera seducción.

Otro motivo se refiere a la calidad o a la naturaleza de la relación entre la obra y el lector. El fruto de la seducción, entendida como conquista, es la rendición. El conquistado depone sus armas y pierde la fuerza que le llevaría a seguir luchando. Y ahí acaba todo.  Enamorar es otra historia, porque el enamorado se entrega, no se rinde. Y el que se entrega lo da todo de sí, libre y voluntariamente, y quiere que esa relación con el amado, ya sea libro o persona, tenga una continuidad.

¿Quién no ha tenido la experiencia de leer un libro que le ha parecido estupendo, pero una vez que lo ha acabado no ha vuelto a acordarse de él? ¿Y por qué otras veces al llegar a la palabra fin nos ponemos como locos a buscar algo más que haya escrito la misma persona?

Con esto no quiero decir que la seducción sea algo malo, porque en la escritura es necesario seducir. Ese será el gancho que tendremos que trabajar y desarrollar para que el lector, sin darse cuenta, se vaya enamorando de nuestros escritos. Porque, si conseguimos que una novela empiece seduciendo y acabe enamorando, tendremos un lector fiel.

El seductor desarrolla su capacidad de observación para detectar y captar los puntos flacos de su presa, llamémoslo así, y conducirla adonde él quiere. Sabe vender su mejor versión, adaptándola a lo que esperan de él, para triunfar y conquistar. Pero si queremos transformar ese chispazo inicial y fugaz en algo más duradero deberemos emplear a fondo nuestra creatividad y nuestra habilidad narrativa. Solo de esta forma conseguiremos que el interés del lector no decaiga y se enamore de nuestras historias, de nuestro estilo, de nuestra manera de escribir.

En otros tiempos se habría podido dejar ahí el tema, pero en la época que vivimos la cosa es más compleja. Porque si queremos abarcar más tendremos que aplicar la misma filosofía a todo lo que rodee a nuestra escritura, es decir, tendremos que crear un blog (¡gracias, Carla!), hacernos visibles en las redes sociales y llegar a tener nuestra marca personal. Ahí os dejo esto para que sigáis reflexionando.

La escritura para el autor. O mejor, para la autora, que soy yo.

No puedo hablar por los demás, así que ahora os hablaré de la otra cara de la luna desde mi experiencia personal. He dicho antes que escribimos para que nos lean, eso es evidente. Pero ¿por qué escribimos? ¿Qué tiene de atractiva la escritura para que nos convirtamos en adictos? ¿Qué esperamos de nuestra relación con ella?

Habrá quien quiera vivir de la escritura. Lo admiro y lo respeto. Habrá quien se la tome como un pasatiempo para ratos perdidos, y lo respeto igualmente. Los habrá que se dejen seducir un cierto tiempo y empiecen a teclear para dejarlo al cabo de unos días o unos meses. Y habrá otros que cada vez robarán más minutos a su día para dedicarlos a escribir.

Yo estoy en un prudente y feliz término medio. Ya os he confesado que la escritura primero me sedujo y luego me enamoró. Todavía estoy en la fase en la que Cenicienta baila con el príncipe, en la que Blancanieves conoce al misterioso cazador que le arranca suspiros de felicidad, en la que Bella baila con Bestia, ajena al resto del universo. Estoy lejos de llegar al matrimonio y a los hijos, lo sé, pero tampoco está mal regodearme en este primer romance de adolescente a mi edad, que para eso he quemado otras etapas de mi vida de las que no me arrepiento, pero a las que me consta que no podré volver.

No sé si algún día escribiré aquello de “y vivieron felices y comieron perdices”, pero no me preocupa. Si decido dar ese paso, igual que en la vida real, sé que llegarán los equivalentes a las hipotecas o a los problemas con los hijos, en forma de editores (sí, soy optimista, qué se le va a hacer), plazos de entregas, mantenimiento de redes sociales y todo el cortejo acompañante. Ya tuve una visión preliminar cuando me entusiasmé tanto al comenzar a escribir que empecé a picotear en miles de blogs y me agobié. Me di de alta en FB, Twitter, Instagram, entre otros, sin tener ni pajolera idea de lo que hacía ni de para qué lo hacía. Y me di cuenta de que por culpa de los árboles estaba dejando de disfrutar mi paseo por el bosque.

Así que por ahora me quedo en Letras desde Mocade, que para mí está siendo la mejor escuela de iniciación en esto de la escritura. Porque creo que las letras y yo vamos a tener un noviazgo largo, largo…

Adela Castañón

Imagen: Photo by Maarten Deckers on Unsplash

Reformas en mi vida

Algo ha cambiado en mi vida desde que la escritura llamó a mi puerta. Algo relacionado con mi trabajo y con mi nueva forma de utilizar el tiempo. A este cambio ha contribuido la dinámica que se va imponiendo en muchas empresas y unas reformas que estoy haciendo en mi casa. De ese cambio quiero hablaros aquí.

Muchas empresas enfocan su trabajo a prestar servicios encaminados a ofrecer un producto final a unos clientes. Pero desde hace unos años ha ido cobrando fuerza el concepto de clientes internos, y así lo he experimentado en el SAS (Servicio Andaluz de Salud), donde trabajo como médico de familia. El SAS trabaja para que su producto, la salud, llegue a los andaluces. Pero ya no focaliza su atención solo en los usuarios. Ha empezado a tomar iniciativas dirigidas a sus propios trabajadores.

Mirando los dos lados de la ecuación, la celebración reciente del Día Uno de Mayo fue una buena fecha para recordarme, y recordaros, que es bueno trabajar por y para los trabajadores. Y si extrapolo la situación de mi empresa y la de la obra de mi casa a mi situación personal, me doy cuenta de que, desde hace unos años, también estoy haciendo reformas en mi vida.

La palabra “obra” tiene doce acepciones en el Diccionario de la RAE. Ahí es nada. Me encantó el descubrimiento, porque casi todas me sirven para argumentar lo que os quiero contar sobre mi peculiar visión de trabajar para nosotros mismos.

Recursos

En la primera acepción se dice que obra es cualquier cosa hecha o producida por un agente. Por tanto, el punto de partida debería consistir en buscar los recursos con los que pondremos en marcha cualquier proyecto. Para mi obra he contado con el asesoramiento de buenos profesionales. Sobre todo, del arquitecto y de los albañiles. Los planos del arquitecto y los presupuestos de los distintos oficios están sobre la mesa. Ya tengo material y métodos. De modo que la siguiente pregunta sería: ¿y qué hago ahora?

Programación y ejecución

Pues la respuesta es evidente. Ahora toca empezar a trabajar. Al revisar armarios y cajones me he dado cuenta de la cantidad de tonterías que he acumulado y que no he utilizado en muchos años. Lo comenté con una amiga y me respondió que posiblemente estaba en camino de descubrir la belleza del feng shui. No voy a extenderme en eso, pero sí que nombraré una trilogía de palabras que encuentro muy prácticas para la obra y para mí: vacía, ordena y limpia.

Mientras de mi casa van saliendo tiestos y trastos, tengo la impresión de que en mi mente se van quedando espacios amplios, que no vacíos. Y me gusta. Mientras embalo, friego, tiro y ordeno, me doy cuenta de que en los últimos años ya había empezado a hacer eso sin ser muy consciente de ello. Por ejemplo, hace casi un año decidí dejar de hacer guardias. Gano un poco menos, pero vivo mucho mejor. Y no ha sido lo único que ha cambiado en mi vida. En el escritorio de mi ordenador, por poneros otro ejemplo, he quitado los accesos directos a muchos juegos para sustituirlos por otros como el de este blog.

Me gustaría daros aquí una especie de receta sobre cómo modificar la programación de algunas partes de nuestra vida y cómo instaurar los cambios que deseamos o que necesitamos, pero no puedo ofreceros lo que no tengo. Por eso me limito a contaros un poco mi propia trayectoria que, por cierto, ha tenido mucho de intuitiva y muy poco de programada.

En la vida, como en la escritura, podemos hablar de trabajadores o escritores de brújula o de mapa. Está bien dejarse llevar por la inspiración cuando surge, pero también conviene tener un mapa que nos ayude a saber si nos estamos desviando del camino a la meta que queremos alcanzar. En este sentido es muy interesante el artículo de Ana González Duque, Escritor de mapa, escritor jardinero y escritor paisajista. No somos robots, por suerte, aunque supongo que también el azar pinta algo en esta historia. En mi caso, y sigo con ejemplos de mi evolución personal, lo primero fue conseguir una estabilidad personal y laboral. Con mis hijos ya criados, y un trabajo estable y satisfactorio, decidí que había llegado mi turno y mi afición por la escritura subió en la lista de mis prioridades.

Como el día tiene veinticuatro horas, supongo que poco a poco el tiempo que he venido dedicando a la escritura se ha encargado de demoler intereses antiguos que no echo de menos. Porque está claro que para construir lo que tengo ahora he necesitado destruir mucha paja inútil que consumía buena parte de mi tiempo y de mis recursos.

Resultados

Empezar a escribir, matricularme en cursos de escritura, conocer a mis amigas, formar parte de este blog y de este proyecto está siendo un camino por el que me gusta transitar cada vez más. Porque sigo de obra. En la de casa, va quedando menos. Y en la personal, el proyecto crece y crece, y disfruto tanto que creo que nunca le pondré fin.

Porque, si lo pienso bien, a lo largo de mi vida he seguido la misma sistemática. Al principio mis padres lo hicieron por mí. Me dieron una educación en casa, y una formación fuera de casa, que han sido y son mis mejores recursos. Y sobre la base de su ejemplo, ya adulta e independiente, he seguido planificando mi vida para alcanzar mis metas y objetivos, y he aplicado en mi trabajo las enseñanzas que antes adquirí.

Ahora mismo, para mí, la escritura se ha convertido en un trabajo no remunerado si nos atenemos al aspecto económico. Pero en todo lo demás, no puede ser más gratificante. Puedo calificarla como mi mejor empleo, en el que me doy el gusto de ser a la vez empresaria y cliente, de ser yo misma y hacer lo que hago por el puro y simple placer de querer hacerlo. Y, vista así, como un trabajo placentero, se cumple eso de que “el trabajo es salud” ¡Es cierto! Y como médico os digo que la escritura es para mí hoy una de mis mejores medicinas.

Adela Castañón

Imagen: Pixabay

Algunos hombre buenos. Mis ángeles de la guarda

Hace unos días leí la noticia de que nos había dejado un hombre bueno. Y quiero rendirle homenaje a él y a otros que son como él. Porque, además, este mes de abril ha tenido lugar la celebración de algo importante: el día mundial del autismo.

Al pensar en el título me ha venido a la cabeza eso de “Algunos hombres buenos”. Lo he tecleado en Google y he sonreído al ver adonde me llevaban los enlaces. El primero hace referencia a un libro de Octavio Ruiz-Manjón y la frase clave es “Historias de mujeres y hombres que pusieron la justicia por encima de las ideologías durante la Guerra Civil”. El autor escribe sin intenciones condenatorias, guiado solo por el propósito de sacar a la luz comportamientos ejemplares de personas que no buscaron ningún protagonismo. El segundo click me ha llevado a un libro de Arturo Pérez Reverte. Y me ha llamado la atención esta cita: «En tiempos de oscuridad siempre hubo hombres buenos que lucharon por traer las luces y el progreso. Y otros que procuraron impedirlo».

La RAE define la bondad en dos de sus acepciones como “cualidad de bueno” y “natural inclinación a hacer el bien”. Y creo que la bondad brilla especialmente en determinados escenarios. Las historias de los libros anteriores tienen lugar durante la Guerra Civil española y en el siglo XVIII. Son momentos históricos de grandes cambios protagonizados por buenas personas. Y en nuestra época hay también hombres y mujeres, buenas personas, que hacen y han hecho historia cuando se enfrentan a la diversidad.

Una de esas personas era Theo Peeters. Y su reciente fallecimiento es lo que me ha movido a escribir sobre este tema.

Todos conocemos periodos de la Historia en los que han tenido lugar cambios importantes para la humanidad. El siglo XVIII, por ejemplo, fue un siglo de crecimiento y de desarrollo económico en Europa. En ese siglo, el Siglo de las Luces, nació el movimiento intelectual de la Ilustración, llamado así por su intención de disipar las tinieblas de la ignorancia del hombre. Algo más tarde, en Francia, se produjo un cambio cuando personas como Rousseau abogaron por un romanticismo literario. Gracias a ellos el sentimiento y la emoción llegaron a ser tan respetables como la razón.

Y os cuento esto porque ningún ser humano puede intentar colocarse en el lugar de otro, aunque disponga de todo el conocimiento del mundo, si no se tiene la intuición que el amor nos proporciona. La razón por sí sola no sirve para intentar imaginar cómo se sienten las personas con autismo. Si queremos aproximarnos, tenemos que hacer un esfuerzo de imaginación que requiere humildad, valor, y mucho amor. Y eso es lo que Theo Peeters y otros como él le han regalado al autismo. Me viene a la memoria Ángel Rivière, otro de los hombres buenos que merecen ser recordados por su labor en ese campo, y todavía me emociono cuando recuerdo cómo se metió en la piel de esas personas al escribir sobre las cosas que nos pediría una persona con autismo. ¿Y quién no se acuerda de Pablo Ráez como otro de esos héroes anónimos?

Cuando escribimos sobre ficción, a veces, intentamos convertirnos en nuestros propios personajes. Pues bien, si las personas hiciéramos lo mismo en la vida real, es decir, si intentáramos comprender a nuestros semejantes, posiblemente el mundo sería un lugar mejor.

Lo repito. El mundo está lleno de buenas personas. Solo he hablado de tres, a los que admiro. Pero no son los únicos. Conozco a muchos más que siguen en el anonimato y no han pasado al mundo del papel, aunque no por eso son para mí menos reales. Carmen Martín, psicóloga y amiga que puso nombre a lo que le ocurría a mi hijo y que me llevó de la mano al camino de su felicidad; Curro Jiménez, primero mi paciente, luego mi amigo, y al final hasta mi abogado, que tanto me ha ayudado a la hora de dejar bien atado el futuro de mi Javi; el cura Pepe, de mi parroquia de Marbella; compañeros médicos que me han cambiado guardias para que pudiera llevar a mi peque a sus revisiones; terapeutas y profes que lo han dado todo trabajando por y para nosotros; mis padres, dos personas únicas sin cuya ayuda no habría podido salir adelante; mi hija, que jamás me ha reprochado el tiempo que le robé a su infancia para dedicárselo a su hermano… La lista sería interminable. Por cada uno que menciono me vienen tres más a la cabeza, y eso me llena de felicidad, porque la riqueza de una persona no se mide en dinero, sino en los amigos que tiene. Y haber empezado esta lista con la intención de despedirme en dos renglones, sin conseguirlo, me hace tomar conciencia de mi condición de millonaria.

Quiero que este artículo sirva para dar las gracias a todos los hombres y mujeres buenos que hay en el mundo y, en especial, a los que formáis parte de mi vida, aunque no os haya podido nombrar expresamente.

Queridos lectores, ojalá en el camino de vuestra vida se crucen muchos hombres buenos. Y ojalá que alguien, cuando le pidan que nos defina a mí o a cualquiera de vosotros, lo haga con estas palabras: es una persona buena. Sería hermoso.

 

Adela Castañón

Imagen obtenida en Google de aetapi.org

Añadir vida a los años

Está claro que el envejecimiento es un fenómeno predecible e inevitable que va en aumento. Pondré dos ejemplos, aunque existen miles. Los niños que nacieron en Brasil en 2015 han podido aspirar a vivir veinte años más que los que vinieron al mundo cincuenta años antes. Y, en Irán, la proporción de habitantes mayores de sesenta años pasará a uno de cada tres en lugar de uno de cada diez, que era la que había en 2015. Por eso vale la pena meditar un poquito sobre las implicaciones de envejecer en el siglo XXI.

La OMS define el envejecimiento activo como el proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad con el fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen. Es bueno aplicar el concepto de envejecimiento activo tanto a los individuos como a los grupos de población, porque nuestra sociedad actual ha ganado la batalla a la longevidad. Pero cada día que pasa nos vamos dando cuenta de que hace falta algo más que añadir años a la vida. Tenemos que actualizar nuestra percepción de la última etapa del ciclo vital. Hay que redescubrir a nuestros mayores y mirarlos con otros ojos. No como una carga para el sistema político, sanitario o social, sino como una población activa que todavía nos puede aportar y enriquecer con sus valores, que son muchos.

Tenemos que despojar a la palabra vejez del sentido peyorativo que se le ha dado en los tiempos modernos. Hay que volver la vista atrás, a la cultura clásica o nuestra historia más antigua y redefinir esa etapa de la vida. Envejecer no es un declive. O, al menos, no debería serlo. Me quedan pocos años para jubilarme y quizá por eso pienso ahora en esto mucho más que cuando era más joven, claro está. Iba a escribir “que cuando era joven”, pero la verdad es que me sigo sintiendo así, salvo por el pequeño detalle de la fecha de nacimiento impresa en mi D.N.I. Considero que me aproximo a una etapa de mi ciclo vital llena de oportunidades. Allí me está esperando la escritura, entre otras cosas. No siento que el final de mi vida laboral sea la puerta de entrada a un periodo de pérdidas o de decadencia. Más bien al contrario: tendré más tiempo libre para llevar a cabo proyectos que hasta ahora no he tenido ocasión de emprender.

El que fuera director del programa de la OMS “Envejecimiento y Ciclo de Vida” hasta 2008, Alexandre Kalache, en una de sus declaraciones decía: “la edad cronológica ha dejado de ser un instrumento útil para medir la vejez y tras la jubilación se tienen por delante fácilmente alrededor de treinta años de vida. No se puede pretender pasar esos años tejiendo”.

Coincido con esa afirmación porque no espero que mi vida después de jubilarme sea una cuesta abajo hacia una etapa de tercera categoría. En varios talleres de escritura he aprendido mucho sobre los estereotipos que definen a las personas con unos cuantos rasgos que no siempre son verdaderos. Me niego a dejar que me encasillen y a que encasillen a otras personas mayores en esa “tercera edad” estereotipada, ficticia y nada agradable.

Se trata de que no solo los avances tecnológicos añadan años a la vida, sino de que nosotros añadamos vida a esos años. Lo contrario sería un verdadero desperdicio. Y no es un objetivo demasiado difícil, o eso creo yo. Basta con tener metas, planes, deseos que alcanzar, y llevarlos a cabo con estrategias que están al alcance de todos: pasar tiempo con amigos, hacer ejercicio, mimar nuestro cuerpo… La lista podría ser mucho más extensa, pero cada persona debe realizar la suya con arreglo a sus gustos, preferencias y prioridades.

Yo ya tengo en el primer puesto de mi lista la escritura. Porque desde que empecé a hacer cursos y talleres, siento que rejuvenezco en cada cumpleaños. Quizá se lo debo a los jóvenes con los que me he relacionado, o a que dejé de pensar en futuro para empezar a hacer cosas en presente.

Es estimulante comprobar que me falta tiempo para estos proyectos prejubilares. Que vuelvo a estresarme porque no llego a una entrega de tarea de escritura, o se me echa encima el plazo para escribir un artículo. Entonces me pongo a teclear como una loca, que es justo lo que estoy haciendo. Por eso mismo tengo que terminar con un consejo para aquellos que están paralizados por el miedo y a los que no se les ocurren ideas: Para añadir vida a los años es importante crear grupos de relación, ya sean de escritura o de otros intereses. A mí me motiva mucho este blog, que tanta vidilla nos ha dado a sus creadoras. Aunque a veces haya que escribir contra reloj. Vale la pena.

Adela Castañón

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Imagen inicio: Pixabay. Imagen final: Pixabay

La danza de los estorninos en el cielo de Huesca

Los estorninos dibujan un murmullo fractal en el cielo. “Danza del amor y la muerte. Cuento fantástico”, Aleph Sturning.

Los estorninos habían elegido el Parque Grande como dormidero. Con las primeras nieblas otoñales, a primera hora de la mañana, las bandadas de estorninos, que salían en buscade comida, oscurecían el cielo. La ciudad se despertaba cubierta con un manto blanco de excrementos de estos pájaros, negros y picudos, que no paraban de graznar. Un penetrante olor fétido se expandía por todos los rincones de las casas. Llegaba hasta las cocinas, se agarraba a las gargantas, entraba en los estómagos y producía náuseas y vómitos.

Durante el día invadían las cosechas de los campos. Entre los sembrados, se veían miles de puntos negros pirateando las semillas. Los que tenían el buche lleno se colgaban, como notas de solfeo, en el pentagrama de las líneas telefónicas y en los cables de la luz.

Las autoridades trataron de echarlos con grandes hogueras y mucho humo, pero fracasaron. Tampoco lo consiguieron con fuegos artificiales. Ni lo lograron los vecinos que intentaban espantarlos imitando sus graznidos. Los cazadores, con batidas a tiro limpio, provocaron una mayor algarabía de estorninos.

Entre todos consiguieron que se alejaran durante el invierno. Aunque, en realidad, eso se debía a su instinto migratorio.

Los del Ayuntamiento instalaron en la copa del pino más alto del parque un robot con apariencia humana. En 1995 sustituyeron los tradicionales espantapájaros por un estorninator que los oscenses bautizaron como Tordokoph. Es que eso de estorninos era un nombre muy reciente.

—¿Adónde vamos a parar? Mira que llamar estornino a lo que siempre hemos llamado tordo? —le comentaba una vecina a otra de ventana a ventana.

El estorninator era un artilugio del diseñador Julio Luzán, el mismo que creó las rupertas de Chicho Ibáñez Serrador para el programa “Un, dos, tres…”. Este robot de apariencia humana se movía como un hábil cazador.

—He elegido la forma de un humanoide cazando porque los pájaros tienen muy interiorizada la figura del cazador —así lo explicó Luzán a la prensa.

El Tordokoph llevaba una armadura de hierro, como los caballeros de las cruzadas. Debajo de la celada, unos altavoces con sonidos de disparos y otros con graznidos de estornino. Con esos irritantes chillidos que emiten estos pájaros cuando sienten un peligro cerca. En la cota de malla se enredaban unos cables que acababan en potentes focos, como los del teatro. De vez en cuando,emitían unas ráfagas de luz en forma de lenguas de fuego para incomodar a esta plaga de okupas.

En menos de una semana, este espantapájaros moderno, equipado con motor, escopeta y altavoces, se había convertido en una de las mayores atracciones de Huesca. Y en menos de un mes, en la entrada del parque se formaban largas colas con turistas de todo el mundo. El Tordokoph había hecho tan famosa a la capital oscense como el Ecce Homo a Borja.

Las opiniones sobre el Tordokoph estaban divididas. Los ecologistas decían que rompía las vías naturales de la migración. Los políticos discutían si la cibernética podría llegar más lejos que la cinegética. Los del Ayuntamiento creían que iba a ser un método muy eficaz porque el cerebro de las aves había evolucionado tanto que ya era casi como el de los humanos. Por eso resultaba cada vez más difícil asustarlas con los medios tradicionales. Las amas de casa llamaban a la radio local para protestar por un artilugio que provocaba estrés y agresividad a sus mascotas.

Y no todos estaban de acuerdo en que los estorninos fueran una plaga molesta. Para los científicos los “murmullos de estorninos” eran un ejemplo de “inteligencia del enjambre”, como la de los grandes cardúmenes de peces.

Para las matemáticas del caos, además de volar con perfecta coordinación, dibujaban en el cielo la figura de un estornino gigante, el autorretrato del que cada uno de ellos era un fractal.

Para los músicos y poetas, el susurro de estas nubes negras era un momento extraordinario. Mozart llegó a vivir tres años con un estornino. Cuando murió, lo enterró en el jardín y le escribió un poema: “Aquí descansa un querido y pequeño loco: mi estornino”.

Mientras tanto, el pastor del Arrabal, furioso porque se le comían el pienso de su rebaño, en pocas horas cazó más de diez mil con el método tradicional de las redes. Él, como sus antepasados, sabía que, en otoño, las densas nubes de estorninos volaban muy bajo y bailaban una danza coordinada y misteriosa. Y también sabía que esa danza era un momento muy oportuno para la caza.

Carmen Romeo Pemán

Imagen destacada. Huesca. Una bandada de estorninos al amanecer.

Este año de 2018 se cumple el 25 aniversario de la llegada de los estorninos a Huesca.

Razón o emoción: no hace falta elegir

A finales de enero, Carla Campos nos convencía de que el amor no es eso que muchas veces nos venden. Hace unos días, Mónica Solano nos deleitaba con un creativo relato sobre la mecánica del amor. Y el catorce de febrero acabaremos empachados de corazones rojos que nos aguijonearán para inducirnos al consumismo comercial del día de los enamorados. Como si lo del enamoramiento y una determinada fecha del almanaque tuvieran que ser un matrimonio de conveniencia. Todo esto me lleva a pensar si es inteligente dejarse gobernar por las emociones o si, por el contrario, cometemos un error cuando lo hacemos.

La supervivencia de la especie humana, de la que vosotros y yo somos parte, se debe a un extraordinario diseño biológico condicionado por multitud de factores. Contamos con una serie de mecanismos que manejan nuestro espectro emocional y, a veces, nos hacen responder a algunos retos del mundo contemporáneo como criaturas del Paleolítico. De unos años a esta parte han surgido nuevos enfoques sobre esos temas y de ellos quiero hablaros en este artículo.

Base biológica

Las nuevas técnicas de imagen nos permiten conocer mejor el funcionamiento de nuestro cerebro. Y los científicos han intentado racionalizar desde la mente algunos de los enigmas irracionales de nuestro corazón.

La parte más primitiva de nuestro cerebro, la que regula funciones básicas, se localiza en el tallo encefálico. Y rodeando a esa región se halla el sistema límbico, que juega un importante papel en la relación entre las emociones y las respuestas cerebrales. La evolución de este sistema permitió que nuestros antepasados fueran adaptando sus acciones a los cambios sucesivos del entorno. Gracias al aprendizaje y la memoria, dos herramientas magníficas, desarrollaron capacidades como, por ejemplo, identificar peligros, sentir temor ante determinados estímulos y aprender técnicas para evitar riesgos.

Sobre esa base, hace millones de años, se fue desarrollando el neocórtex que nos diferencia del resto de las especies. Ahí radica lo que nos hace más humanos: la capacidad de tener pensamientos sobre nuestros sentimientos y de desarrollar un amplio abanico de reacciones ante cualquier estímulo emocional.

Repercusiones

Ese equipaje biológico, que en principio es algo bueno y positivo, nos puede hace caer en el error de pensar que la racionalidad prima sobre nuestros sentimientos porque somos capaces de controlar nuestras emociones. Pero no es tan sencillo: todos conocemos personas “estrella” en su trabajo a pesar de que su experiencia profesional o su capacidad intelectual no destaquen sobre los demás. Y, por otro lado, basta recordar a alguien gritando cuando pierde los estribos para echar por tierra esa premisa de que la razón siempre manda más que la emoción.  Así que, ¿qué domina entonces?: ¿La razón o el sentimiento? ¿La inteligencia o la emoción? ¿Qué factores hacen que una determinada persona evolucione hasta ser un triunfador carismático o un asesino psicópata?

Para Daniel Goleman, la respuesta está en lo que él llama “inteligencia emocional”: un conjunto de habilidades que, aunque tengan en parte un origen genético, se pueden moldear, aprender y perfeccionar a lo largo de nuestra vida. Esas habilidades personales e interpersonales nos ayudan a conocernos más y a transmitir mejor nuestras emociones, optimizando nuestras relaciones con los demás y, en consecuencia, nuestra experiencia vital.

Ampliando conceptos

La siguiente pregunta sería sobre la naturaleza de esas habilidades. Y la respuesta es bastante intuitiva: en el lote se incluyen la empatía, el entusiasmo, el autocontrol, la capacidad de motivación personal, y otras similares. Todos estos motores pondrán en marcha las emociones. Y toda emoción es un impulso que nos conduce a la acción. En latín, el prefijo e/ex señala un objetivo. Y movere significa moverse. Si pensamos por tanto en la reacción de un animal o de un bebé comprenderemos que sus emociones son un “movimiento hacia” una acción que puede ser huir, llorar, buscar a la madre, etc. Pero nuestras experiencias vitales y nuestro entorno van moldeando ese bagaje genético y lo enriquecen con una mayor variabilidad de respuestas.

Y volvemos a la importancia de la interacción del neocórtex cerebral con el sistema límbico. Sería muy complejo intentar explicar aquí la neurofisiología de esa relación, pero basta saber que todos tenemos dos mentes distintas: la que piensa y la que siente. Y cada una se rige por circuitos cerebrales diferentes pero relacionados entre sí.

El intelecto puro y duro no funcionará de modo adecuado si el sistema límbico y el neocórtex no se coordinan bien. Si lo hacen, los pensamientos condicionarán y enriquecerán las emociones, y viceversa. No obstante, en ocasiones un estímulo con una potente carga emocional puede activar sistemas neurológicos más primitivos que desencadenan una reacción de emergencia capaz de dominar a nuestra parte racional provocando comportamientos desproporcionados. Un ejemplo sería el de alguien que comete un homicidio cegado por un ataque de ira.

Existen bastantes estudios que comparan el grado de satisfacción de unos jóvenes con altas puntuaciones en un test de inteligencia con la de otros con puntuaciones dentro del promedio. Para eso se utilizan indicadores como la felicidad o el éxito profesional. Y, sorprendentemente, todos concluyen que el coeficiente intelectual no representa ni a un 20% de los factores que llevan al éxito. Y dentro del 80% restante tenemos otro tipo de factores como la suerte, la clase social y, en gran medida, la inteligencia emocional.

Si me extendiera en detalles del amplio abanico de habilidades, me daría para un libro, pero merecen que, por lo menos, nombre a algunas de ellas:

  • Autocontrol
  • Conocimiento de uno mismo
  • Empatía
  • Entusiasmo
  • Capacidad de reconocer los errores
  • Positivismo
  • Asertividad
  • Proactividad
  • Y un largo, larguísimo etc.

¿Y, entonces…?

Pues entonces me gustaría que todo lo que he expuesto os sirviera para dejar claro que podemos dominar, con mayor o menor acierto, nuestra vida emocional, lo mismo que podemos aprender química o literatura. Tengo datos de primera mano, y no soy la única. Cualquier persona que tenga un ser querido con autismo podrá dar testimonio de los resultados que se obtienen cuando los profesionales de la inteligencia emocional trabajan con niños o jóvenes con autismo. Y la aplicación de esos conceptos para conseguir una vida plena es universal, y no se limita a patologías mentales.

Todo se puede lograr si se tiene interés. A base de aprendizaje y de práctica, porque recordemos que saber no basta. Pero solo averiguaremos hasta dónde podemos llegar si lo intentamos.

Adela Castañón

 

Imágenes: Lifeder, Habilidad social

¿Es santa Águeda una santa feminista?

  • Sancta Agatha, ora pro nobis
  • Sancte Agatha et Apollonia, orate pro nobis
  • Sancte vos in mulieribus, orate pro nobis

No recuerdo desde cuándo. Yo diría que desde siempre. En la iglesia de El Frago rezábamos una novena con estas letanías a las más santas entre todas las mujeres, a nuestras abogadas: santa Águeda, el día cinco de febrero y santa Apolonia, el día nueve del mismo mes. La víspera, además de los rezos, las chicas encendíamos grandes hogueras en su honor en medio de la plaza mayor.

Este cinco de febrero, muchas mujeres acudirán a los lugares de culto y cantarán en español lo que antaño recitábamos en latín.

  • Santa Águeda, ruega por nosotros
  • Santa Águeda y santa Apolonia, rogad por nosotros
  • Vosotras, santas entre todas las mujeres, rogad por nosotros

Y yo, al compás de estos y aquellos rezos, voy a evocar una parte de esta historia. Porque santa Águeda y santa Apolonia fueron santas muy populares. Y porque las redes están viralizando la figura y los festejos de santa Águeda.

Antes de continuar, quiero deciros que si alguien me pregunta a bocajarro si santa Águeda es una santa feminista le contestaré que no. Que a Santa Águeda la han convertido en la patrona de las mujeres para salvaguardar las leyes del patriarcado. Que han hecho coincidir su fiesta con la de antiguos ritos paganos de inversión. Que interesaba cristianizar los pilares básicos de la sociedad patriarcal para fortalecerlos. Y que ella no tiene la culpa de que intenten sacar beneficios de sus virtudes y de su historia.

El nombre. Ágata, Ágeda, Águeda y Gadea

Santa Águeda, como muchas santas, fue bautizada con un nombre parlante o descriptivo. Estos nombres, igual que los apodos, sintetizan las virtudes o defectos de las personas que los llevan. Son frecuentes en la literatura tradicional y en los cuentos populares. Cuando oímos Trotaconventos, Blanca Nieves, Caperucita Roja o Barba Azul, nos hacemos una imagen muy clara del personaje. Y no es lo mismo llamarse Pipi Calzaslargas que Maléfica.

Agathe, la bondadosa o la virtuosa, era un apodo corriente para las chicas de la Grecia Clásica. Y se esperaba que estas virtudes las adornaran, como cantaba su nombre.

Santa Ágata fue muy popular en toda Europa: Agata, en latín e italiano; Agatha, en inglés y portugués; Agathe, en francés; Adega, en gallego.

En España fue tan popular que se adaptó fonéticamente y perdió el significado descriptivo. Desde fechas tempranas se convirtió en Ágeda, Águeda y Gadea.

  • En Santa Gadea de Burgos, do juran los fijosdalgo,
  • allí le toma las juras el Cid al rey castellano. (“La jura de Santa Gadea”, romance)

Alfonso VI desterró a don Rodrigo Díaz de Vivar y la santa, como se esperaba de sus virtudes, cuidó de doña Jimena y de sus hijas, que se quedaron en Cardeña.

Las vidas de santos

En la alta Edad Media se escribieron vidas de santos para que sirvieran de modelo a los cristianos. Tenían un fin pedagógico, no eran dogmas de fe y estaban escritas con el gusto literario de la época: elementos maravillosos y descripciones desgarradoras con las que era fácil despertar los sentimientos y llamar a la piedad. Se llegó a crear un patrón retórico muy elaborado.

Las biografías de las santas comparten muchos elementos y, salvo pequeños detalles, podríamos intercambiar algunas. La vida de Santa Águeda sigue uno de esos patrones y la santa comparte sufrimientos con otras mártires. La devoción a esta santa se propagó con rapidez porque se adaptaba bien a las exigencias patriarcales.

La historia de santa Águeda

Nació en Palermo y murió en Catania, Sicilia, el año 251, durante la persecución de Decio. El senador Quintiliano, atraído por la singular belleza de esta joven de familia distinguida, intentó poseerla. Pero ella, con un comportamiento virtuoso, como se esperaba de su nombre, le juró que se había comprometido con Jesucristo y lo rechazó. El senador, herido en su prepotencia masculina, ordenó que la condenaran, que le cortaran los pechos y que la arrojaran sobre unos carbones encendidos. Según la leyenda, el Etna entró en erupción el año de su tortura. Los habitantes de Catania imploraron su intercesión y la lava se detuvo en las puertas de la ciudad.

Una santa protectora

Los santos protegían a los hombres de sus temores y de las amenazas que se cernían sobre ellos. Los liberaban de las enfermedades, de las guerras y de las epidemias. Como se creía que estos males estaban provocados por la ira de los dioses, los santos eran unos intermediarios que intentaban aplacarla. Para conseguir sus favores, los hombres les hicieron estatuas, fundaron cofradías y erigieron santuarios, en los que se solicitaba su intercesión.

Junto a los rezos y ritos para conseguir la protección frente a las enfermedades también les pedían que favorecieran la fertilidad y la lactancia, porque en épocas de guerras y epidemias se llegó a temer por la desaparición de la raza humana. Estas costumbres se popularizaron en la Alta Edad Media a través de los caminos de los peregrinos.

Con la llegada del cristianismo, las antiguas divinidades paganas se consagraron a las nuevas advocaciones religiosas, sobre todo a la Virgen y a los santos. En este tránsito de lo pagano a lo cristiano, santa Águeda fue una de las santas con mayor fortuna.

Patrona de las casadas

Como muchas de sus compañeras de altar, estuvo relacionada con las enfermedades de las mujeres. Por los rasgos de su biografía se convirtió en la protectora de las casadas, de las enfermedades de los pechos, de la lactancia y de los partos difíciles. El carácter de sanadora que se le atribuyó en el País Vasco la llevó a ser la patrona de las enfermeras.

Santa Apolonia-1

Su papel era diferente al de su vecina santa Apolonia, patrona de las solteras y del dolor de muelas. Y compite con santa Bárbara en la protección contra los volcanes, los rayos y los incendios.

Abogada de la lactancia

Hasta mitad del siglo XX, las mujeres de clase alta dejaban la lactancia de sus hijos en los pechos de las nodrizas. Precisamente, para animarlas a que dieran de mamar, se crearon advocaciones de diosas y santas amamantando.

Esta costumbre venía de lejos. En Egipto la diosa Isis daba de mamar a su hijo. En las catacumbas la Virgen amamantaba al Niño. En el Renacimiento y en el Barroco abundaron las Vírgenes de la Buena Leche. La Virgen fue un modelo, pero hubo santas que también favorecieron la lactancia. Sobre todo, santa Brígida, festejada el uno de febrero, y santa Águeda, el cinco. Se eligieron fechas cercanas para reforzar el mensaje.

Origen ancestral

Esta fiesta tiene muchos elementos de origen pre cristiano. En España era frecuente mezclar los cultos celtas con los de importación romana. En la Edad Media, la Iglesia intentó suprimir las fiestas paganas. Pero, como era imposible desterrar unas costumbres muy arraigadas, las cristianizó y las llenó de un significado religioso.

En santa Águeda confluyeron tradiciones matriarcales celtas con romanas. Es decir, en sus festejos hay elementos folklóricos más antiguos que la propia santa.

Y, por si fuera poco este sincretismo de elementos arcaicos, hoy andan revueltas santa Águeda, patrona de las casadas, y santa Apolonia, de las solteras. Esto es, andan mezcladas la fiesta de inversión de las casadas con la de iniciación de las solteras.

El mundo al revés

Estas celebraciones que ponían el mundo patas arriba eran necesarias para respetar y fortalecer el orden social. Consistían en dar el poder a los subordinados un día al año, en permitirles que se desahogaran con expresiones satíricas y burlescas. Y debajo de la alegría desbordante, latía la condición tácita de que el resto del año volverían el orden y la subordinación.

En la Edad Media la Iglesia controló estas fiestas, las santificó y les adjudicó un patrón. En ese reparto, como acabamos de ver, a santa Águeda le correspondió la fiesta de las casadas. Para asegurar y reforzar el papel de superioridad de los varones, era importante que un día al año las mujeres desahogaran y anularan sus deseos de mando, de forma colectiva.

Las aguederas de Zamarramala conservan abundantes elementos paganos de la fiesta. Estas alcaldesas segovianas muy vivas en el folklore, han sido tema de obras literarias españolas.

Para terminar

Al principio santa Águeda era solo patrona de las casadas. Cuando se vaciaron los pueblos y se perdió la fiesta de santa Apolonia, patrona de las solteras, santa Águeda se quedó con todas. Y esto no fue bueno para las mujeres. Desde entonces resulta más fácil controlarnos juntas.

El día cinco de febrero se favorecen los juegos del mundo al revés. Ese día las mujeres recorremos las calles de las ciudades alardeando de una libertad colectiva. Aunque es una libertad bajo fianza. Porque, creyendo que hemos recuperado la libertad, hacemos el juego al patriarcado, que ha encontrado en este tipo de fiestas un sutil camino para su fortalecimiento.

Pero, mientras buscamos una mejor solución para agasajar a nuestra santa sin servir al androcentrismo, aprovecharemos esta grieta para gritar: ¡Viva, santa Águeda!

Carmen Romeo Pemán

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Imagen principal. Santa Águeda, Biel (Zaragoza), siglo XVII. Es el lienzo de la derecha del altar de san Roque de la iglesia parroquial de San Martín de Biel. En la parte inferior derecha, entre la corona del martirio y los dos senos, podemos leer Sª AGEDA.

El amor no es eso: contra la literatura romántica machista

Dentro de la literatura, la novela romántica tal y como se escribe hoy se considera un subgénero, una categoría menor de libros fáciles y planos. Fast-books los llaman, como llaman fast-food al Burger King porque es comida y, a la vez, no lo es.

En realidad, da igual. No se puede considerar alta literatura a todo lo que se escribe, independientemente del género, y no me voy a meter en este tema del que ya hablé la semana pasada en Origen cuántico. Sin embargo, quiero que nos paremos a pensar en la literatura romántica que se vende porque, si bien no es un género que me entusiasme (ni siquiera me interesa especialmente), me preocupa el mensaje que transmiten los últimos best-sellers que se han publicado, especialmente a sus consumidores más jóvenes.

Hace unos años, aprovechando que la daban por televisión, vi la segunda parte de Crepúsculo. No era mi intención, pues fui engañada al cine a ver la primera dispuesta a pasar un rato ameno con una película palomitera de vampiros y hombres lobos pegándose zarpazos y mordiscos. Podéis imaginaros mi decepción cuando me encontré con una historia sobre la relación de un hombre centenario que va al instituto y se enamora de una niña tan frágil que se aferra a él como una garrapata pensando que el control es amor.

Pero una amiga me dijo que la segunda parte era tan ridícula, con la protagonista gritando en sueños como si la estuviera desgarrando un zombie por dentro, que me iba a parecer divertidísima. Me dejé convencer, sí. Recuerdo que estábamos mi pareja y yo en casa, él con la boca abierta y yo con el ceño fruncido igual que una Anastasia Steele cualquiera*. No entendía nada. No me entraba en la cabeza que una chica tan joven tuviera necesidad de un chico al que apenas conocía y que, además, había llegado a hacerle daño aunque fuera “sin querer”. No entendía, tampoco, por qué se ponía en peligro solo para sentirlo unos segundos, en una suerte de chantaje emocional hacia él. Menos aún, por qué quería morir por no tenerlo al lado. Para mí eso no era amor, era una depresión de caballo por no entender cómo funcionaban las relaciones interpersonales y me agobiaba pensar que esa niña estuviera pasándolo tan mal sin que su padre la llevara a un psiquiatra.

Y entonces, cuando lo hablé con otras personas y les expliqué que me había sentido angustiada, agobiada, viendo la película, me contestaron con una frase lapidaria: “tía, es que tú no eres nada romántica”.

Pensaba que el problema era mío. En serio. Lo tenía completamente asumido. Pensaba que yo tenía un concepto del amor extraño o que yo no había sentido amor de verdad porque, a juzgar por lo que leía o veía, el amor de verdad te anulaba hasta el suicidio si no era correspondido.

Hasta que empecé a leer sobre relaciones tóxicas.

Esto no es amor

Me di cuenta de que el agobio que sentí con Crepúsculo fue una reacción lógica al ver a una niña en una relación enfermiza, donde un individuo controla a otro que se anula en una suerte de amor mal entendido.

Y lo llamaban romanticismo.

No penséis que este “romanticismo” se ve únicamente en novelas para adolescentes, no. Esta suerte de amor romántico de personas anuladas y controladas acecha detrás de muchas portadas, esperando agazapado a que un lector despistado las levante.

Después de mi experiencia con Crepúsculo creí que nunca mas me iban a pillar con la guardia baja, pero me equivocaba. En 2017 volví a caer en la trampa.

Si cuando fui a ver Crepúsculo pensé que estaba ante una nueva Underworld, cuando leí El descubrimiento de las brujas, de Deborah Karkness, pensé que se trataba de un libro de fantasía donde las mujeres y la magia tendrían un papel central en la trama. Os podéis imaginar mi decepción al darme cuenta de que era una novela romántica donde la magia era una excusa para mostrarnos a un vampiro que hace yoga (ejem) y que se empeña en encerrar a una bruja mucho más poderosa que él porque tiene miedo de que le pase algo. Iba leyendo y solo me imaginaba a un tío muy blanco con los colmillos alargados y en cuclillas sobre un pedrusco, dándose golpes en el pecho como un gorila mientras gritaba: “soy un hombre muy macho y protejo a mi novia aunque podría matarme con solo pensarlo”.

Me preocupa que este sea el mensaje que se transmite en este tipo de literatura. Sin embargo, estoy convencida de que muchas otras novelas que no tienen tanta publicidad detrás presentan relaciones normales. Y por normal me refiero a una relación sana en la que ninguna de las partes está anulada, una relación donde hay un equilibrio de poder. Donde los individuos se quieren y se respetan como iguales, independientemente de su sexo, género o raza.

Una relación de amor normal y sana. O como debería serlo.

Empieza febrero y volveremos a ver en el cine películas cuyo mensaje es que si lo aguantas todo, palizas incluidas, tu pareja cambiará por ti.

Empieza febrero e intentarán enseñarnos que el amor es una dinámica de poder donde uno ordena y el otro obedece.

Empieza febrero, sí. Y tenemos la oportunidad de decirles a los demás que el amor no es eso que pretenden vendernos.

Por eso os propongo algo. Me gustaría que este mes recomendemos libros, películas o cómics en las que el amor no sea una relación de autoridad y abuso. Si es del género romántico mejor, porque es el que más sufre de estos roles machistas y agresivos pero, en realidad, creo que puede valer cualquier novela que pueda llegar a jóvenes. No podemos dejar que aprendan que el amor es eso que pretenden venderles.

Esto sí es amor: La visita del Selkie

Voy a empezar con una presentación. Como os he dicho antes, no soy muy de literatura romántica actual y cuando la leo, suelo llevarme unos chascos como el que he descrito arriba.

Sin embargo, no hace mucho tuve la suerte de que Libertad Delgado confiara en mí para poner en mis manos su novela. Me sorprendí siendo lectora cero de La visita del Selkie y disfruté mucho de la experiencia.

En La visita del Selkie, Berenice, una mujer que vive sola en su gran casa familiar e intenta obviar los rumores de sus vecinos sobre brujería, recibe la visita de Iszak, un joven al que conoció cuando solo era una cría y que desapareció sin dejar rastro. Casi a la vez, unos perros de aspecto imponente y ojos rojos como ascuas, seres sobrenaturales que el folklore de la zona relaciona con las malas noticias y un futuro complicado, aparecen en los alrededores de su casa y solo ella puede verlos.

La visita del Selkie es un libro que podría encajar dentro del género fantástico y del romántico. El tema básico, el de aquellos que solo se quedan en la superficie, es el amor. Amor de familia, tanto de la familia de Berenice hacia ella como el de Iszak hacia la suya. Sin embargo, hay otro tema, y quizá el que más me interesa, que es cómo la soledad puede convertirte en una persona desconfiada y huraña, y eso afecta a las relaciones más básicas entre Berenice y el resto del mundo.

Los personajes están bien construidos. Berenice es una mujer dañada en su interior y con una fuerte necesidad de amor, no necesariamente romántico, y a la vez es una persona lógica y con confianza en sus capacidades y sus rutinas. Seria, centrada. Iszak es como un niño juguetón que sabe vivir y disfrutar de la vida, e intenta contagiarle algo a la muchacha. Y Beatrix, la nueva amiga de Berenice, es una cabra loca que vive sin preocupaciones y que ha decidido disfrutar de la vida después de una horrible relación amorosa como aquellas que vemos en algunos best-sellers.

Tiene tres tramas bien perfiladas que hablan de amor, de obligaciones familiares y tradiciones y magia. Están bien construidas e hiladas y se trenzan y se desunen de manera amena gracias a una prosa bien conseguida, con un narrador al que difícilmente se lo pilla en un renuncio y con un tono perfecto para la novela.

Esta es mi primera recomendación, pero pienso hacerme eco de todas las novelas de las que queráis hablarme durante este mes. Creo que es importante que dejemos claro, tanto a editores como a editoriales, qué es amor y qué queremos consumir. Ayudadme a conseguirlo.

*Esta es la única mención que voy a hacer sobre 50 sombras de Grey porque esa cosa no es literatura y no pienso hablar más de ella.

Carla Campos

@CarlaCamposBlog

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Imagen de Clem Onojeghuo en Unsplash

Nuestra imagen en las redes

Hace un par de meses leí un artículo de Cris Mandarica: Por qué no quiero ser como Ana González Duque. Es una reflexión sobre esa especie de envidia, no sé si sana o patológica, que hace que muchas personas quieran ser como otras a las que admiran. La autora derrocha sentido común e incluye una cita textual de Jaume Vicent: “Deja de intentar hacer lo que hacen ellas. No quieras copiar a nadie. Si no tienes el mismo talento, no te saldrá bien y, si lo tienes, no lo desperdicies copiando a nadie”. La idea me gustó y empecé a escribir un comentario. Pero era tan largo que al final acabé redactando este artículo. Y es que eso tan traído y llevado de la “imagen” siempre ha dado de qué hablar.

Hace pocos años, la opinión que teníamos de los demás o, incluso, la cara que decidíamos mostrar al mundo podía apoyarse en unos pocos pilares: intercambio de cartas con amigos, cotilleos con el compañero de pupitre del cole, o del compañero de trabajo y alguna que otra cosilla. Recuerdo la increíble emoción que me producía tener que esperar unos días o unas horas el revelado de un carrete de treinta y seis fotos en la tienda para saber si en alguna salíamos tan favorecidos como los actores de la cartelera de cine local.

Peeeeroooo, hoy las cosas han cambiado. Y mucho.

Han cambiado tanto que casi podemos elegir a la carta la imagen que queremos que el mundo tenga de nosotros. Como médico os diría que pensarais en los avances de la cirugía estética, pero este artículo me ha venido inspirado por mi pasión, la escritura, y no por mi profesión, así que prefiero tocar otros aspectos más generales que el simple cambio físico.

Ya no dependemos de esas fotos planas de dos dimensiones. Hoy contamos con herramientas para crear un perfil tridimensional y con múltiples facetas. De hecho, esas facetas son tantas que me limitaré a dos de ellas: cómo vendemos nuestra imagen y cómo consiguen los demás que compremos la suya.

La imagen propia

Para los valientes, están los quirófanos. Para los cobardes, la resignación o el Photoshop. Total, hay amigos virtuales a los que nunca veremos cara a cara, así que siempre está la posibilidad de hacerse miles de selfies sabiendo que, igual que cuando escribes mil artículos te saldrá uno genial, en una de las fotos aparecerá tu imagen ideal. Y ya solo nos quedará usar esa foto en nuestro perfil. Listo. Ojo, y si nuestra autoestima estuviera bajo mínimos, siempre podríamos usar un maravilloso paisaje o una frase zen escrita sobre un fondo de mariposas de colores.

Y ya con la foto fija, pasemos a la película. Si tenemos un blog, hay que currarse muy bien el apartado “Sobre mí”, o “Acerca de mí”, o como queramos llamarlo. En Google he encontrado un artículo de Javi Pastor que hablaba sobre esto y que me ha hecho sonreír porque empieza directamente con un enlace a la primera versión de su “Sobre mí”. Me ha picado la curiosidad y me ha sorprendido la gran diferencia entre las dos versiones, antigua y nueva, de ese apartado. A continuación, he pensado que soy una persona afortunada, porque cuando me embarqué con tanta alegría en nuestro proyecto de Letras desde Mocade no tenía ni pajolera idea de dónde me estaba metiendo. Menos mal que el apartado sobre nosotras lo escribió Carla, con tanto cariño como arte, y me libró así de un marrón que ni siquiera sabía que existía. Porque no es fácil escribir sobre una misma, la verdad.

Lo de tener un blog, por supuesto, no es imprescindible. Cualquiera, aunque no lo tenga, puede venderse como guste escribiendo sobre lo humano y lo divino en las redes sociales y desnudar su alma ante el mundo. Que ese desnudo sea sincero o real es otra historia. Y no es fácil descubrir a un mentiroso, salvo que nuestro vecino publique en su Facebook que canta como un ángel, y estemos hartos de oírlo desafinar en la ducha a través del tabique.

Y eso nos lleva a profundizar más en el tema: ¿qué cuento, de qué hablo?, ¿de mis gustos?, ¿de mis méritos?, ¿de mis ideas? Pueeessss… a ver, eso depende. ¿A quién quiero llegar?, ¿a muchos?, ¿conocidos?, ¿desconocidos?, ¿estoy aquí por hobby, o quiero que esto sea para mí un trabajo lucrativo? Yo, por ejemplo, iba a escribir la pregunta anterior terminando con “¿quiero que sea para mí un trabajo serio?” Y he cambiado lo de serio por lo de lucrativo porque pretendo seguir ganándome el pan como médico, pero me tomo la escritura cada vez más en serio, aunque tengo clarísimo que se trata de una afición.

Es decir que, a pesar de que mi artículo va de la imagen en plan teórico, no quiero dar la impresión de que escribo a la ligera. Mientras estoy dándole a las teclas sé que cada palabra es una pincelada que hará que quien me lea se forme de mí una imagen concreta. Y con eso me convierto en un ejemplo práctico de lo que intento transmitir aquí.

La imagen ajena

Cualquier persona que decida convertirse en personaje, más o menos público, cuando se integre en las redes sociales se encontrará con un montón de congéneres que andan en lo mismo que él, es decir, en busca de relaciones. Y esas relaciones, ya sean amorosas, laborales o de amistad, se basarán en la imagen que nos formemos de la otra persona. Fácil, diréis. Pues no. Y voy a usar como ejemplo las relaciones de pareja, aunque la idea se puede generalizar a las demás.

Hace años conocías a alguien, te enamorabas, y cuando llegabas a los dos o tres años de noviazgo y tu chico dejaba de comprarte flores, o te invitaba a ver una peli del Oeste en lugar de la de Brad Pitt, simplemente te mosqueabas con él, o le ponías morros, hasta que al final aclarabais las cosas. O, si el amor no era muy sólido, cortabas la relación y punto.

Hoy, si se presenta un problema con tu costilla, basta con sumergirte en las redes en busca de un sustituto. En el mundo virtual hay tantos príncipes y princesas azules, rosas, y de color indefinido, que estamos convencidos de que podemos dar con nuestro ideal. Y tarde o temprano esa nueva pareja también mostrará alguna grieta que hará que perdamos de nuevo la ilusión. Y vuelta a empezar. Que el amor al principio siempre es algo romántico, pero luego entra en juego la versión 2.0 y ya no es tan fácil amar también los defectos del amado. Quiero aclarar que echo mano de este ejemplo parcial y extremo para poner el dedo en la llaga. Porque, por supuesto, las redes sociales son mucho más que ese lugar virtual de encuentros sentimentales. Yo las defiendo, las uso y las disfruto. Y la prueba evidente es que estáis leyendo mi artículo.

Por otra parte, me parece un poco irónico que esas redes que, en principio, fueron una manera de acortar distancias entre seres queridos, se hayan convertido a veces en pequeños, o no tan pequeños, enfants terribles. Os pondré algunas pinceladas:

Whatsapp. ¿Por qué sentimos como un agravio personal que no nos respondan cuando vemos las dos líneas azules y sabemos que nos han leído? ¿Por qué usamos a veces nuestro estado para lastimar a alguien con indirectas o alusiones que cualquiera puede interpretar a voluntad? ¿Y qué diríais de los bloqueos y desbloqueos pasionales? Si no aplicamos un poco de sentido común a las conversaciones de Whatsapp, posiblemente nuestro mundo se asemeje al caos de una clase de párvulos con la profesora ausente. Y lo malo es cuando se trata de adultos y no de niños. Mirad si no esta parodia sobre la conversación de Whatsapp en un grupo de padres de un colegio.

Twitter. De este, ni hablo. Que es mi asignatura pendiente y el pajarito me tiene loca. Y conste que me encantaría dominarlo, porque lo de los 280 caracteres sería un extraordinario campo de entrenamiento para conseguir dominar mi tendencia a extenderme cuando escribo sobre lo que sea.

Instagram. Quien sepa sacarle partido tiene ahí una espléndida herramienta de marketing. Puede vendernos cualquier historia, y da igual que sea verdadera o falsa. Y podemos enamorarnos de alguien que se pasa la vida colgando fotos de museos y luego a lo mejor resulta que en su vida ha puesto el pie en ninguno.

Facebook. Quizá es la estrella de la película. Es algo así como la Wikipedia de lo personal. ¿Queremos saber por dónde anda nuestro ex? Pues a cotillear se ha dicho. ¿Nos vamos de viaje? Pues a colgar cuantas más fotos mejor, que la envidia ajena hace que algunos sientan que ascienden en el escalafón del valor personal. ¿Vemos una foto del novio de nuestra mejor amiga sonriendo, y sabemos que acaban de terminar? En seguida llegamos a la conclusión de que seguro que hay “otra” que le hace sonreír así después de haberle partido el corazón a nuestra compañera del alma. Porque no se nos puede ocurrir que, a lo mejor, también está tan triste que su madre le ha comprado un perro, o un mono, y por eso sonríe… ¿Verdad? Todos somos expertos en interpretar señales sin pensar que podemos equivocarnos al hacerlo.

Dejar de vivir de cara a la galería

Los avances tecnológicos han hecho que las relaciones entre las personas hayan evolucionado mucho en muy poco tiempo. Pero yo sigo defendiendo la idea de que vale la pena tener una buena imagen de nosotros mismos y de los demás. Sigue vigente eso de que “la mujer del César no solo debe ser honrada, sino también parecerlo”. Y una buena imagen solo se consigue si nos cuidamos para obtenerla. Ojalá tengamos todos sentido común para el manejo emocional de todas esas herramientas que hacen de la imagen propia y ajena una plastilina que cada vez podemos moldear más y mejor… o más y peor. De nosotros dependerá.

Adela Castañón

Foto: Pixabay

Profesoras aragonesas en un callejero paritario

En el año 1948 Agustina Rodríguez obtuvo el traslado al barrio zaragozano de Santa Isabel. Cuando llegó no tenía local para dar clases ni tampoco vivienda. Construyó, con su marido, una casa escuela y la alquiló al Ayuntamiento. Dedicaron la planta baja a vivienda y usaron la primera como aula. Agustina es un ejemplo más de los muchos maestros que dejaron lo mejor de sus vidas enseñando a los niños, aunque para ello tuvieran que realizar actos heroicos que, en principio, nada tenían que ver con su profesión.

Agustina Rodríguez, diez maestras más, dos profesoras de instituto y tres de universidad, se han ganado a pulso estar en el callejero de Zaragoza. Las dieciséis han sido unas campeonas. O mejor dicho, unas heroínas, por aquello de que en el Callejero de 1863 se honraba, con nombres y apellidos, a las primeras “Heroínas de los Sitios”: mujeres que defendieron la ciudad de los ataques de los franceses en los dos sitios que sufrió Zaragoza durante la Guerra de la Independencia.

Estas dieciséis profesoras han entrado tarde, muy tarde, más de cien años después que las heroínas. Casi todas están en los barrios rurales, donde más se reconoció la labor de alfabetización.

En 1983: Manolita Marco y Pilar Figueras, dos maestras carismáticas del barrio de Juslibol, fueron las primeras.

En 1997: Matilde Sangüesa, la maestra del Arrabal. Y dos del barrio de Santa Isabel: Agustina Rodríguez, maestra, y Pilar Lapuente, profesora universitaria.

En 1999: Águeda Centenera, maestra de Garrapinillos.

En 2006: Pilar Cuartero, maestra, y Joaquina Zamora, profesora de instituto, en el Actur. Avelina Tovar, maestra, en Santa Isabel.

En 2007: Angela López, profesora universitaria, en el distrito de su Universidad.

En 2009: María Teresa Giral, maestra de Montañana, y María Sánchez Arbós, maestra, en un camino que lleva a Juslibol. Ese mismo año se cambió el nombre de una calle del Picarral por el de Sara Maynar, profesora de instituto.

En 2010: María Pilar Almenar, María Pilar Gea, maestras, en Movera.

En 2011: María Jesús Ibáñez, profesora universitaria, en unos jardines de la zona de la Expo.

ONCE MAESTRAS

Marco Monge, Doña Manolita. (Morata de Jiloca, 1906-Zaragoza, 1994). Era la mayor de los cuatro hijos de Florencio Marco y Petra Monje. Estudió Magisterio en el Colegio de Santa Ana de Zaragoza y comenzó su carrera profesional en Caspe. Desde los veintiún años hasta casi su jubilación estuvo de maestra en Juslibol, en la escuela “Juan Enrique Iranzo”. Alfabetizó a tres generaciones, realizó una gran labor social y dejó una profunda huella entre sus alumnas y en el barrio. Tres años antes de jubilarse se trasladó al grupo escolar “Santo Domingo”, en la calle Predicadores. En 1983 el Ayuntamiento le dedicó una de las calles más céntricas del barrio de Juslibol, que había sido solicitada por los vecinos para conservar su memoria.

Marco Monge. Lápida. Recortada

Detalle de la tumba de doña Manolita en el cementerio de Torrero de Zaragoza

Figueras Talamas, Pilar. (Zaragoza, 1908-1997). Era la segunda de los cuatro hijos de Domingo Figueras y de Lorenza Talamas. En 1930 acabó Magisterio en Zaragoza. Ejerció en Villanueva de Gállego, Lobera de Onsella, Letux y Alagón. En 1975 se jubiló en el grupo “Juan Enrique Iranzo” de Juslibol, donde había sido maestra y directora. En 1983 el Ayuntamiento le dedicó una calle que había sido solicitada por los vecinos para mantener vivo su recuerdo.

Centenera Gómez, Águeda. (Alovera, Guadalajara, 1902-Zaragoza, 1992). Estudió en Zaragoza, donde vivía con sus tíos: el canónigo Rafael Centenera y su hermana Isabel. Se casó con un empleado de la Confederación Hidrográfica del Ebro. En 1999, los vecinos de Garrapinillos le concedieron una calle para recordar su dedicación a las gentes del barrio.

Rodríguez Rodríguez, Agustina. (Quintana de Sanabria, Zamora, 1915-Barcelona, 2008). Hija Francisco y Encarnación, labradores, estudió magisterio en Zamora. Comenzó haciendo una sustitución en San Román de Sanabria, pero su vida profesional estuvo ligada a Aragón. Sus destinos fueron: Espés Alto, entonces conoció a su futuro marido, Alfredo Ruiz, también maestro, Riglos, Cerveruela, Peraltilla y el barrio de Santa Isabel de Zaragoza, donde estuvo en una escuela mixta con más de sesenta y tres alumnos desde 1948 hasta su jubilación en 1980. Daba repasos y clases de adultos. También preparaba a los alumnos que querían estudiar bachillerato y realizó muchas actividades culturales. A sus ochenta años escribió en ordenador unas memorias en las que da una visión del importante papel de la mujer y de las duras condiciones de vida en el primer cuarto del siglo XX. Pasó de ser una niña que estudiaba con candil a usar tecnologías modernas. Unos días antes de su muerte  se comunicaba por e-mail con sus antiguas alumnas. En 1997 la Comisión de Cultura del barrio de Santa Isabel propuso su nombre para una calle, por su gran labor pedagógica y social.

Sangüesa Castañosa, Matilde. (Zaragoza, 1910-1996). Conocida como la maestra del Arrabal. Pasó su infancia en Jaca y estudió Magisterio en Huesca. Fundó y dirigió su propia escuela privada, “Santa Teresita”, en la plaza de san Gregorio. Según uno de sus antiguos alumnos: “La escuela particular de doña Matilde fue muy popular en el barrio y, además, contó con muchos alumnos que venían desde otras partes de la ciudad. Comenzó a dar clases en su propia casa en tiempos de la guerra. Según la edad, cobraba 3 ó 5 pesetas mensuales. Cada alumno se llevaba su silla. Daban clase con ella dos maestras, también muy populares, Presentación Lanaspa y Pilarín Tovar”. En 1997, a título póstumo y gracias a las gestiones de sus ex-alumnos, se le concedió la medalla de Santa Isabel de Portugal y se puso su nombre a una calle del barrio, justo al lado de la Estación del Norte donde había trabajado su padre como ferroviario.

Cuartero Molinero, Pilar. (Tarazona, 1906-Zaragoza, 1995). Estudió Bachillerato y Magisterio en Zaragoza. En 1929 comenzó a dar clases en su domicilio y, dada la afluencia de alumnos, abrió un colegio privado. En el curso 1932-33 fundó el Colegio Femenino de la Sagrada Familia. Ese mismo año su tío, el sacerdote Salvador Labastida Povar, fundó el Colegio Central-Masculino. El colegio de la Sagrada Familia nació como un centro de preparación para la Escuela de Comercio, Bachillerato, Magisterio y la Academia General Militar. Estuvo ubicado, sucesivamente, en la calle Cuatro de Agosto, Casa Jiménez, Independencia, Sagasta y Bruno Solano. Después tuvo otros emplazamientos y actualmente está en la orilla del Canal Imperial. Pilar Cuartero recibió la Cruz de Alfonso X el Sabio. El año 2006, el Ayuntamiento le dedicó un andador en el barrio del Actur.

Tovar y Andrade, Avelina. (Pontevedra, 1878-Huesca, 1973). Maestra, catedrática y directora de la Escuela Normal de Huesca. Se casó con Miguel Sánchez de Castro, periodista, maestro y profesor de la Normal. Los dos estuvieron ligados a la Institución Libre de Enseñanza. Acabó los estudios de Magisterio en 1901, y opositó a párvulos. Hasta 1906 ejerció de maestra en Galicia. En 1909, ingresó en el cuerpo de Profesoras Numerarias de Escuelas Normales en Castellón. En 1912 obtuvo una comisión de servicios, cuando la Escuela Normal Femenina de Huesca se trasladó de edificio. En 1915 estuvo en Segovia, de 1916 a 1929 de nuevo en Huesca, de 1929 a 1936 en Zaragoza y, finalmente, otra vez en Huesca hasta 1949, cuando se jubiló como catedrática de Geografía e Historia. Además, como diplomada en sordomudos y ciegos, trabajó con el Colegio de Madrid. Por su labor y por su dedicación al magisterio aragonés fue condecorada con el Lazo de la Cruz Roja y con la Encomienda de la Orden de Alfonso X el Sabio. Desde el año 2006 tiene dedicada una calle en el barrio de Santa Isabel

Giral Pérez, María Teresa. (Burgasé: Huesca, 1907-Barrio de Montañana, Zaragoza, 2003). El curso 1933-1934 estuvo en Ansó (Huesca). En 1934 fue destinada a Montañana donde ejerció hasta 1968. Ese año se trasladó Colegio Público “María Díaz” donde permaneció hasta su jubilación en 1973. Se casó con Lorenzo Oro, maestro del grupo “Venta del Olivar”. Tuvieron dos hijos: Luis Antonio, destacado científico aragonés a quien el Ayuntamiento le concedió la Medalla de Oro (2007) y le dedicó una calle (2009); y Luis Lorenzo, director de colegio “Tío Jorge”. El año 2009 los vecinos del barrio de Montañana quisieron honrar su memoria con el nombre de una de sus calles.

Sánchez Arbós, María. (Huesca, 1889-Madrid, 1976). Estudió Magisterio y Filosofía y Letras. Estuvo muy ligada a la Institución Libre de Enseñanza, colaboró con Menéndez Pidal y asistió a las clases que impartía María Goyri. En 1926 tomó posesión como profesora de la Escuela Normal de Huesca, puesto que abandonó en 1928 para volver a Madrid, donde aprobó unas oposiciones a la dirección de Grupos Escolares. Al final de la guerra fue encarcelada en Ventas, cárcel que dirigía con mano de hierro Carmen Castro, que había sido su alumna en la Escuela Normal de Huesca. Allí coincidió con el fusilamiento de “las trece rosas”, un grupo de trece jóvenes, entre los 18 y 29 años, la mayoría de ellas afiliadas a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU). El 5 de agosto de 1939, las jóvenes fueron fusiladas en Madrid por el régimen franquista, acusadas de adhesión a la rebelión. Hoy su nombre preside una glorieta de un parque de Zaragoza. María fue excarcelada en diciembre de 1939. Dos años después fue absuelta por un tribunal militar, pero expulsada del Magisterio, aunque fue rehabilitada en 1952. El año 2009, su nombre sustituyó al del General Varela en una calle que comienza en el camino de Juslibol.

Almenar Bases, María Pilar. (Barrio de Santa Isabel, Zaragoza, 1953). Esta hija de Alejandro y Rosario, conocidos agricultores del barrio, fue alumna de Agustina Rodríguez, que desde 1997 también tiene dedicada una calle en el barrio. Después de los primeros destinos, desde 1982 hasta su jubilación, estuvo en Movera. Veinticinco años en el grupo “Pedro Orós”, cuyo huerto lleva su nombre, y después en “El Espartidero”, donde se jubiló el año 2013. Se especializó en Preescolar y realizó abundantes trabajos de Educación Infantil con María Pilar Gea García. El año 2010, a propuesta de los vecinos, la Alcaldía de Movera solicitó al Ayuntamiento de Zaragoza que dedicara sendas calles a dos de sus maestras: a María Pilar Almenar Bases y a María Pilar Gea García.

Gea García, María Pilar. (Zaragoza, 1953). Pasó su infancia en Ariño (Teruel) donde su madre, Isabel, era maestra y su padre, Aurelio, trabajaba de carpintero en SAMCA. Ejerció en varios pueblos de Teruel y obtuvo destino definitivo en la Escuela Mixta de Ariño. Desde 1978 hasta 2011, estuvo en Movera, en la escuela “Pedro Orós” de la que su marido, José Manuel Ontoria fue director veinticinco años. Una de sus hijas, María Pilar, estuvo de maestra de Ariño, como su madre y su abuela. La otra, Ana Isabel, es veterinaria. La ilusión por la enseñanza que María Pilar recibió de su madre la llevó a una entrega completa a sus alumnos. Se especializó en Preescolar y trabajó principalmente en Primer Ciclo de Primaria. Realizó actividades conjuntas con María Pilar Almenar Bases de Educación Infantil. El año 2010 se dio su nombre a una calle del barrio de Movera.

DOS PROFESORAS DE INSTITUTO

Zamora Sarrate, Joaquina. (Zaragoza, 1898-1999). Fue profesora de dibujo en el Instituto de Enseñanza Media de Zaragoza (1930), en la Escuela Superior de San Fernando (1931), en el colegio “Jesús y María” (1934-36), en Calatayud (1938) y en Tarazona (1950). En 1960 aprobó las oposiciones a cátedras de institutos técnicos. Estudió dibujo y pintura con Enrique Gregorio Rocasolano y se especializó en paisajes, bodegones y retratos. En 1924 obtuvo una beca de pintura de la Diputación Provincial de Zaragoza para estudiar en la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado de San Fernando en Madrid. En 1919 participó en una exposición colectiva y en 1933 realizó su primera individual. En 1943 recibió el Primer Premio del Ayuntamiento de Zaragoza en la exposición-concurso “Rincones y jardines” y en 1944 el Primer Premio de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis de Zaragoza. En 1963 fue nombrada consejera del Centro de Estudios Turiasonenses. Desde el año 2006 tiene dedicada una calle en el Actur.

Sara Maynar

Sara Maynar, profesora del Instituto de Alcañiz

Maynar Escanilla, Sara. (Zaragoza, 1906-Burbáguena, Teruel, 1986). Fue la primera abogada de Zaragoza, una de las primeras de España y del mundo. Sara, una chica muy brillante, era la mayor de los cinco hijos de Manuel, un famoso abogado, y de Pilar. Estudió bachillerato en el Instituto Goya, se licenció en Derecho y en Filosofía y Letras en Zaragoza. En 1930 comenzó a trabajar de abogada civilista en Zaragoza. Al acabar la Guerra Civil ejerció como profesora de Griego y de Lengua en los Institutos de Calatayud, Teruel y Alcañiz. Fue la primera directora del Instituto de Alcañiz y sirvió de modelo a las profesoras posteriores: después de ella hubo cuatro directoras en ese instituto. Cuando se jubiló, acabó su etapa de concejala del Ayuntamiento de Alcañiz y pasó unos años en Zaragoza. Al final de su vida vivió en Burbáguena con su hermana Raquel en el convento de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana. El año 2009 la calle del Picarral que se llamaba Crucero de Baleares pasó a denominarse Sara Maynar.

TRES PROFESORAS DE UNIVERSIDAD

María Jesús IbáñezIbáñez Marcellán, María Jesús (Ateca, 1941-Zaragoza, 1985) Catedrática de Geografía Física de la Universidad de Zaragoza. Su temprana muerte truncó una brillante carrera docente e investigadora. En 1960 estudio el bachillerato en el Colegio de Santa Ana y Filosofía y Letras en la facultad de Zaragoza. Completó su formación en varias universidades europeas. En 1984 obtuvo la cátedra de Geografía General Física de Zaragoza, donde desarrolló toda su labor docente. Sus trabajos de investigación son un referente en el campo de la Geomorfología y la época Cuaternaria. En 1991 la Asociación Española para Estudios del Cuaternario y la Asociación Española de Geomorfología crearon el premio M. ª Jesús Ibáñez para tesis doctorales sobre dichos temas. Desde el año 2011 lleva su nombre un jardín acuático entre el puente del Tercer Milenio y el Pabellón Puente.

Pilar Lapuente

Pilar Lapuente, profesora de Geológicas

Lapuente Mercadal, Pilar. (Zaragoza, 1959). Desde 1999 es Profesora Titular de Petrología y Geoquímica- Ha publicado numerosas obras y artículos científicos y tiene un reconocido prestigio nacional e internacional. Su infancia y juventud transcurrieron en el seno de una familia (“la de los esquiladores”) asentada en el entonces barrio rural de Santa Isabel. Estudió Geología en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Zaragoza y se doctoró en 1991. Disfrutó de una Beca Posdoctoral en diversas universidades de Inglaterra donde tuvo la oportunidad de especializarse en el campo de la Mineralogía y Geoquímica aplicadas al estudio del Patrimonio Histórico y Arqueológico. En Junio de 1994, presentó, en la XIV Sesión Científica de la Sociedad Española de Mineralogía, el trabajo “Estudio mineralógico y textural de ladrillos de tres monumentos mudéjares de Calatayud (Zaragoza)”, financiado por la Institución Fernando El Católico de la Diputación de Zaragoza. Por este estudio, desarrollado en la Universidad de Oxford con técnicas de datación por termoluminiscencia, le fue concedido el premio “Medalla Jóvenes investigadores” de la Sociedad Española de Mineralogía, como reconocimiento y estímulo por su aportación en el campo de la Mineralogía Aplicada. La divulgación del premio por los medios de comunicación locales motivó que en 1997 la Comisión de Cultura de Santa Isabel propusiera que le fuese concedido su nombre a una calle.

López Jiménez, Ángela. (Pamplona, 1945-Zaragoza, 2007). Profesora de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de Zaragoza, socióloga y feminista, Presidenta del Consejo Económico y Social de Aragón, miembro del Comité Internacional de Expertos para asesorar al Ayuntamiento en materia de innovación urbana y desarrollo de la sociedad de la información. Era licenciada en Sociología Urbana y del Desarrollo por la Universidad Católica de Lovaina y doctora en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Realizó numerosas publicaciones, entre otras: Zaragoza ciudad hablada, Memoria colectiva de las mujeres y los hombres, Arte y parte: jóvenes, cultura y compromiso. Presidió el club de opinión de mujeres La Sabina, perteneció al SIEM (Seminario Interdisciplinar de Estudios de la Mujer de la Universidad de Zaragoza). Desde el año 2007 tiene dedicada una calle en el distrito de la Universidad.

Para terminar

En realidad, lo de un callejero paritario es un poco irónico. Más que una consecución es una aspiración. En la preparación de la segunda edición de La Zaragoza de las mujeres. Callejero, las autoras hemos constatado que los datos no son alentadores.

De las 3.230 calles de nuestra ciudad, 1.234 llevan nombres propios de varón y sólo 189 están dedicadas a mujeres de carne y hueso. Además, hay 40 dedicadas a santas y 142 a otro tipo de mujeres: reinas, princesas, nombres de películas, cuadros de Goya… Si este es el resultado de una ciudad que ha apostado por la presencia de las mujeres, ¿qué pasará en otras ciudades?

La presencia de estas profesoras nos suscita los nombres de otras muchas que también tuvieron, y tienen, méritos para dar nombre a una calle. Me gustaría que este artículo os sirviera de acicate. Que os animarais a buscar nombres de mujeres con méritos suficientes para denominar las calles de vuestras ciudades y que los propusierais a los ayuntamientos. La conquista de las placas de los espacios públicos es todavía una de nuestras asignaturas pendientes.

Carmen Romeo Pemán

Fuente documental. Romeo Pemán, Carmen (dir), Álvarez Roche, Gloria, Baselga Mantecón, Cristina, Gaudó Gaudó, Concha (2011): Callejero. La Zaragoza de las mujeres. Ayuntamiento de Zaragoza.

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Imagen principal. Agustina Rodríguez, del archivo de la familia Ruiz-Rodríguez.