De la serie: maestras de Biel
Muro Albajar, María Pilar (Zaragoza, 1941). Ejerció de maestra en Biel el curso 1964-65.
Su cabeza está llena de recuerdos de Biel. Y los vive con tal entusiasmo que le salen a borbotones, como si no los pudiera reprimir ni ordenar.
La oigo hablar con Teresa Alejandre, su compañera inseparable. Es tal la emoción que se quitan la palabra y no podemos distinguir cuando habla la una o la otra.
—¿Te acuerda de la señora Pabla, nuestra patrona?
— Sí, sí. Claro, ¿cómo no ve voy a acordar? Y tú, ¿recuerdas el día que nos fuimos las dos solas andando a un pueblo vecino?
Risas cómplices.
—Es que estábamos siempre juntas, en todos los sitios y a todas horas.
—¡Qué bien lo pasábamos! Fue un año inolvidable.
Cuando comienzan a hablar de la escuela, el tono festivo se transforma en una nostalgia que evoca su pasión por enseñar. Repasan las horas en las que ensayaban formas de dar clase para llegar mejor a sus alumnas.
Pili. como llevaba a las mayores, hacía más hincapié en los cuadernos. Uno de diario y otro de limpio. En el de diario, cada día anotaban lo que habían hecho y luego las chicas lo repasaban en casa. Así les servía de guía para estudiar la Enciclopedia, que era el texto obligado.
Solía animar las explicaciones, un poco teatralizadas, con dibujos, y con frases lapidarias, esas que se quedan con facilidad. Las alumnas intervenían mucho. Llegó a crear un clima en el que notaba cómo progresaban.
El cuaderno de limpio era obligatorio para conmemorar ciertas fiestas. A partir de una frase sugerente que la maestra escribía en la pizarra y de algunas explicaciones sobre la fiesta en cuestión, las alumnas hacían una redacción. Tenían que escribir el título con pinturas de colores, en letras mayúsculas elegidas en las muestras de Caligrafía. Antes de comenzar la redacción, ilustraban la página con un dibujo, también coloreado.
Pili seguiría horas hablando de sus alumnas y de su escuela. Por su tesón y su amor a la enseñanza se convirtió en un referente para las alumnas de los pueblos en los que ejerció.

Pili Muro, Teresa Alejandre y Santiago Castillo, maestros de Biel, y mosén Sabino, en una excursión con los alumnos al Castillo de Javier, Navarra. Primavera de 1965,
Pero, ¿de dónde venía Pili y cómo transcurrió su vida fuera de Biel?
Era la mayor de los tres hijos de Demetrio Muro (Sariñena, 1900-1970) y de Benita Albajar (1907-2009), que se casaron en 1940. Pili nació en 1941 y sus hermanos llegaron después: Javier (Zaragoza, 1943-2014) y Alfonso (Zaragoza, 1945-2023).
Unos años más tarde, en 1952, su padre fue destinado al Servicio Nacional del Trigo en Belchite, donde ejerció hasta su jubilación.
Como Pili quería estudiar, la llevaron a Zaragoza con sus abuelos. Pero su vida ya había comenzado a enraizar en Belchite, sobre todo desde que conoció Alberto Toha Cano (Belchite, 1941-2013), con quien se casó el año que estuvo destinada en Lorbés. En Belchite nacieron sus hijos: Alberto (Belchite, 1970), Fernando (Belchite, 1972) y Elena (Belchite, 1974).
A Pili le gusta contar la historia de sus abuelos con quienes vivió en Zaragoza durante sus estudios.
Sus abuelos maternos, Benito, natural de Bierge, y Juliana, de Radiquero,Huesca, cuando se casaron se quedaron en Radiquero. Pero, como las tierras no le daban para criar a sus cuatro hijas, sobre 1914 se fueron a Zaragoza, y más tarde lo vendieron todo. Comenzaron con tres hueverías, en el Mercado y en la calle Torrenueva. La venta de huevos los puso en contacto con la hostelería y así fue como montaron un café llamado Boulevard, en el paseo de la Independencia junto al convento de Jerusalén. En la posguerra, cuando se prohibieron los nombres extranjeros, le cambiaron el nombre por Español, pero duró poco. En 1941, cuando nació Pili ya no tenían el café. Lo llevaban otros dueños y se llamaba La granja Ordesa.
Su familia paterna era de Sariñena, Huesca. Su padre y sus hermanos se buscaron un medio de vida en Zaragoza y montaron una fábrica de gabardinas. La cerraron después de la Guerra Civil. Precisamente, fue entonces cuando Demetrio entró en el Servicio Nacional del Trigo, puesto que lo llevaría a Belchite.
Pili estudió en Zaragoza: el bachillerato en el colegio de La Enseñanza, de las hermanas de la Compañía de María. Y los tres cursos de Magisterio en la Escuela del Magisterio, en el edificio de la Magdalena.
El curso 1958-1959, realizó ingreso y primero. Al año siguiente, en segundo, fueron de viaje de estudios: 15 días a Andalucía. Y, cuando acabó tercero y reválida, pidió destino de interina en Gistain, Huesca, donde ejerció dos cursos.
En 1962, estando en Gistain, aprobó las oposiciones y, como consecuencia, pasó los tres cursos siguientes como propietaria provisional, en diferentes destinos.
1963-1964: Montoliú de Cervera, Lérida. También conocido como Montoliú de Segarra.
1964-1965: Biel. donde coincidió con Teresa Aljandre.
1965-1966: Ejea de los Caballeros.
En 1966-1967, le llegó el destino definitivo en Lorbés, Zaragoza. Un pueblo de las Altas Cinco Villas, en el pico de la provincia, entre Fago, Huesca, y el valle del Roncal. Al poco de llegar le suprimieron la escuela.
Con la escuela suprimida, la obligaron a concursar. Por casualidad, había quedado libre una plaza en Belchite.
En Belchite estuvo 31 años, desde 1969 hasta su jubilación en el año 2000. Allí construyó una vida sólida, con nostalgia de los pueblos en los que había entregado a sus alumnas lo mejor de su juventud. En Belchite se convirtió en una verdadera referencia: fue la maestra de tres generaciones de belchitanas.

Curso 1964-1965. Niños y niñas de laa Escuelas de Biel con sus maestros y maestras.
Todas las fotos son propiedad de Pilar Muro Albajar y tienen derechos de autor.
Por Carmen Romeo Pemán.