Juego de tronos, El cuento de la criada, American Gods: cuando la novela salta a la televisión

Cuando me enteré de que Juego de tronos iba a tener una serie de televisión, un escalofrío recorrió mi espalda. En aquel momento, me había leído los cuatro libros que R. R. Martin había escrito y publicado y estaba esperando el quinto con ansia. Una serie, con el nivel de fanatismo que tenía, era una buena noticia siempre y cuando se respetaran las tramas y el estilo del autor. Pero tenía miedo, aunque fuera HBO (Los Soprano, The Wire, A dos metros bajo tierra, Sexo en Nueva York…) quien llevara el proyecto. ¿Y si era un tostón infumable? ¿Y si los personajes eran descafeinados y pusilánimes? ¿Y si cambiaban a mi adorada Arya y a la genial Cersei?

Me equivoqué, afortunadamente, y estoy deseando que llegue esta noche para ver el inicio de la séptima temporada, que se ha estrenado de madrugada en Estados Unidos.

American Gods: de la novela a la televisión

Juego de tronos no es la única novela que se ha llevado a televisión. American Gods de Neil Gaiman o el Cuento de la Criada de Margaret Atwood, por citar dos ejemplos recientes,  también han sido trasladadas a la pequeña pantalla. Sin embargo, no todas las adaptaciones son iguales ni tienen el mismo éxito. Como consumidora de los dos formatos, siempre me ha gustado comparar (y quejarme) de las diferencias entre el libro y la serie. Pero sin mucho conocimiento, lo reconozco. Por eso, he decidido contar con Maritxu Olazabal, ávida lectora y consumidora de series de televisión, colaboradora en el medio Fuera de series y gran amiga. Hemos hablado de libros que han encontrado su adaptación y han funcionado en la gran pantalla. Espero que os guste.

Hemos decidido encontrarmos por Skype, así que nos vemos las caras a través de una pantalla, igual que los libros de los que vamos a hablar. La confianza y el bochorno barcelonés hacen que nos saludemos con cariño y sin formalidades.

Carla. Maritxu, muchas gracias por dedicarme este ratito. Como ya hemos hablado en otra ocasión, de un tiempo a esta parte me da la sensación de que cada vez se adaptan más novelas a la televisión. ¿Crees que es una tendencia al alza o soy yo, que me fijo más?

Maritxu. La respuesta está en el volumen de series que se están haciendo: siempre ha habido temas inspirados en otras obras, pero en un momento en el que el número de series que se emite es enorme, es lógico que algunas de las ideas partan de novelas.

Antes, además, con los libros de éxito se hacían películas de éxito. En el momento en el que las series ganan en prestigio, el autor, las agencias y los productores saben que una novela es carne de libro y de serie.

C. ¿Y qué me dices del público de la novela y el de la novela? Somos muchos los que, después de leer un libro, vemos la serie con morbosa fascinación. Aún así, ¿el público es el mismo en los dos formatos?

M. No tiene por qué ser el mismo. Por ejemplo, si hablamos de Young Adult (literatura juvenil), nos encontramos con la serie Riverdale, cuya premisa es la muerte de una persona al inicio del curso escolar y que está inspirada en el comic de Archie. Tanto el cómic como la serie están dirigidas al público adolescente, pero son muchos los adultos que ven la serie como un gran placer culpable.

Westworld: cuando la novela da el salto a la televisión

Póster promocional de Westworld

Es más: también encontramos diferencias de público entre series y películas. La serie Westworld nace de la película homónima, traducida en España como Almas de metal (1973). La película, y la obra de Michael Chrichton en general, tienen un público muy abierto. La serie, sin embargo, ha apostado por un público algo más específico.

Pero, siguiendo con las series, el ejemplo más claro es Por trece razones, lanzada por Netflix. Esta plataforma y productora tiene una estrategia de marketing en la que no anuncia el público al que va sino que deja que sus series se encuentren con todos los usuarios de la plataforma. Así es como vemos que esta serie ha roto las barreras de la edad, impactando en un público más generalista y partiendo de un producto escrito para adolescentes.

C. Nos estás hablando de series muy distintas y que han tomado, a su vez, caminos diferentes a la hora de acomodar sus tramas a la televisión. ¿Has detectado diferentes tipos de adaptaciones de novelas a series?

M. Así a bote pronto diría que hay tres tipos de adaptaciones, y cada una tiene ejemplos de productos que han funcionado bien.

Para empezar, hablaríamos de las meramente inspiradas en una idea. Un ejemplo sería Hannibal. Poco tiene que ver con las novelas de Tom Harrys, ni siquiera con el protagonista. Tampoco con las películas, ya que Hopkins se trabajó el personaje a través de los libros. En cambio, la serie funciona aunque solo se haya tomado la novela como inspiración para crear otras tramas.

La segunda sería la que parte de un argumento literal y se acaba separando. El ejemplo más conocido es el de Juego de Tronos en las últimas temporadas. Al principio, GOT escogía el orden de cómo explicarnos las cosas que habíamos visto en los libros hasta que llega el momento en el que la serie va en paralelo con las novelas. Por último, la ficción televisiva deja la literaria atrás, y todo lo que vimos en la sexta temporada y lo que veremos en la séptima, es nuevo para todos. Pasa algo parecido con Pequeñas Mentirosas o incluso con American Gods. En este último caso, serie que Gaiman ha acompañado, ha decidido seguir el libro en los primeros capítulos y luego hay un momento en el que lo que vemos es una propuesta distinta..

Por último, hay otras series que, aunque sigan el libro, aprovechan el canal para completar a la obra original. En televisión te puedes permitir desarrollar más arcos secundarios, una serie de detalles o sensibilidades que en el libro implicaría explicar y mostrar demasiadas cosas, ocupando líneas y líneas de tinta. Tenemos multitud de ejemplos: El cuento de la criada, Por trece razones o Big Little Lies. En algunos casos diría que hasta mejora el libro. En otros, simplemente aporta más detalles que la obra escrita conllevaría otro planteamiento.

El cuento de la criada: cuando la novela da el salto a la televisión

Uno de los fotogramas de El juego de la criada

Sin embargo, son adaptaciones fieles a la obra original. Poniendo de ejemplo El cuento de la criada, vemos que es un único volumen, no muy extenso. Y, sin embargo, la serie estrenada actualmente son diez capítulos con un buen presupuesto, y se habla de una segunda temporada. Sin embargo lo que hemos visto es en gran medida una adaptación fiel, que ha aprovechado el medio para sumar pinceladas que antes solo intuíamos o hasta desconocíamos.

C. Entonces, ¿crees que una serie tiene recursos que puede mejorar el libro en el que se basan?

M. Más que mejoras, las series pueden hacer más complejo el proyecto a través de guiños momentáneos. Por ejemplo: si quieres mostrar a un secundario como un tío con una buena vis cómica, en un libro seguramente se necesitará un desarrollo de personaje extenso y bien trabajado. En la serie, en cambio, con un par de chascarrillos en algunos puntos clave puede ser suficiente.

Además, no debemos olvidar el papel de los actores, la interpretación de los personajes. El caso de Nicole Kidman en Big Little Lies es un gran ejemplo. Ella es capaz de redibujar un personaje con su interpretación. Celeste Wright es quien es porque tras ella está quien está.

C. Ya te entiendo. Entonces, vamos a hablar de la narrativa. ¿Qué diferencia hay entre serie y novela?

M. Yo creo que depende de la intencionalidad. En American Gods se nota que Gaiman ha estado implicado en el proyecto y que el pulso de la serie es muy suyo. Sin caer en spoilers, cuando tú lees una obra de Gaiman hay cosas reconocibles, y se las han ingeniado para meter esas cosas en la serie así que no es muy diferente a lo que yo me imaginaba.

Lo que quiero decir es que los recursos narrativos de la novela se pueden aplicar al cine o a la televisión por lo que, al final, la diferencia dependerá de dos cosas: primero, en si el autor está vinculado en la creación y dirección de la serie y, por otro, en la intencionalidad.

C. Intencionalidad. ¿ A qué te refieres?

M. Quiero decir que hay showrunners que conscientemente versionan lo que están haciendo. Un caso es la triada Sherlock Holmes novela, Elementary y Sherlock. Las tres tienen voluntades distintas. Las tres dibujan personajes que reconoces pero, tanto en los libros como la serie procedimental o la de la BBC, te das cuenta que muestran un mismo caso de maneras muy distintas y, por tanto, narrativamente son muy diferentes aunque reconozcas en todas la figura de Sherlock Holmes.  Las dos series han escogido tonos y formalismos distintos.

C. Háblanos del formalismo.

M. Los dos Sherlocks son intencionadamente modernos. El Sherlock de la BBC es más intenso y más de fuegos artificiales, más espectacular. El producto se asemeja al formato de películas pequeñas: muy cuidadas, con un tono muy personal y un sentido esencialmente individual y diferenciado. Sin embargo, el Sherlock estadounidense es una serie procedimental, corta y de gran consumo, con unas aspiraciones artísticas muy distintas en la que se usan estructuras semejantes de forma repetida. Como serie procedimental es muy buena, y su audiencia durante los últimos cinco temporadas la mantiene viva.

Elementary: cuando la novela salta a la televisión

Sherlock y Watson sentados en Elementary

La mayor virtud que tienen las dos es que ambas son una copia coherente del libro pero no se parecen en nada. Es un buen ejemplo de que los productos artísticos se pueden reinventar tantas veces como quiera quien reinventa. No hay una sola forma de hacer una adaptación.

Sherlock: cuando la novela salta a la televisión

Sherlock y Watson sentados en Sherlock

C. Estamos acostumbrados a la adaptación de novelas al cine. ¿Qué diferencias hay en esa adaptación del cine a la televisión?

M. Yo creo que la diferencia básica es que en el cine las reglas de juego en cuanto a tiempo están muy pausadas. No puedes hacer una peli de 40 minutos ni de 10 horas así como así. La serie te permite emitirla en el tiempo que tú quieras, ya sea un capítulo por semana como toda de golpe. En el momento en que la plataforma deja de ser forzosamente la televisión también puede tener la duración que tú quieras: ni siquiera todos los episodios tienen que durar lo mismo. Actualmente nos estamos moviendo en una horquilla de entre  veinte minutos a, como en España, de ochenta.

Esto quiere decir que el ritmo y el tempo de la serie es totalmente distinto según el tipo de producto. Además, y como decíamos antes, tenemos ejemplos de series que alargan el contenido más allá de los libros, o en paralelo. Por ejemplo: Pequeñas mentirosas, que acaba en España la semana que viene, tiene 7 temporadas con unos 20 capítulos cada una. Y manteniendo la audiencia. Esta serie es uno de esos ejemplos claros de producto que ha levantado un fandom enorme hasta el último segundo, con la gente volviéndose loca a cada final de temporada, cada capítulo especial de Halloween, etc. Durante siete años. Son casi 100 horas de metraje las que han conseguido mantener al público pegado a la pantalla.

Si, en vez de una serie, fueran películas de duración media que se estrenaran cada septiembre durante siete años, serían unas 14 horas de metraje. Frente a 100. Esa diferencia se traduce en más o menos tramas con más o menos desarrollo, más o menos personajes…

C. Siempre se ha dicho que la televisión matará a la radio. Así pues, yo te pregunto: ¿matará la televisión a los libros?

M. Al contrario. Es una relación que se retroalimenta y, de la misma forma que no creo que las nuevas plataformas del consumo de series vayan a matar nada, creo que, el que las series sean muy vistas y que se consuma un gran volumen de títulos, es una forma de ocio más que no tiene por qué desplazar nada. De hecho, creo que es una buena oportunidad para que gente que no lee se entusiasme por una novela y vaya a por ella. El cuento de la criada es una de esas series que te hacen tener ganas de leer el libro.

C. En otoño se espera una nueva hornada de series basadas en libros. ¿cuáles te parecen más relevantes?

M. Una de las más mediáticas, porque su autora es quien es, es El canto del cuco, la novela de J.K. Rowling bajo psuedónimo. Una novela negra a la que tengo bastante curiosidad.

Por otro lado, hay un thriller psicológico de Gilliant Flint, Heridas abiertas, que trata de cómo alguien recluido en una hospital psiquátrico se vuelve a adaptar al mundo.

Otra policíaca que tengo ganas de ver por dónde va es El alienista. Es una novela ambientada a finales del XIX y principios del XX, en NYC. El momento en el que transcurre puede dar mucho juego a TNT para la creación de esta serie.

Este mismo verano se ha estrenado The Mist, historia de Stephen King a la que aun no le he echado el guante, pero que me despierta ganas.

C. Bueno, creo que esta pregunta es obligada. Qué futuro le ves, por un lado, a las series de televisión y, por otro, a las adaptaciones de novelas para televisión.

M. Estoy segura de que las adaptaciones van a ir a más. Al fin y al cabo, las productoras y plataformas de televisión se encuentran con que hay un agente extraño que ya les ha hecho la construcción principal de mundo y de personajes, así como las tramas. Y eso es muy tentador.

C. Además, suelen escoger éxitos de audiencia.

M. Claro. Y, por otro lado, sin coger éxitos de audiencia, las cadenas y productoras están suficiente maduras como para arriesgarse con títulos que aparentemente no son Cazadores de sombras pero que, sin embargo, apuestan por ellas fuertemente. El cuento de la criada es una novela distópica no tan conocida como 1984 pero la apuesta de HBO por ella ha sido muy potente.

cazadoresdesombras01_reference

Cartel publicitario de Shadowhunters

Por otro lado, el futuro de las series es el que queramos. En una masterclass del pasado Serielizados mostraron el tipo de adaptaciones en cuatro países distintos. La forma de hacer y emitir televisión sigue siendo distinta según el lugar, incluso consumiendo títulos comunes en muchos casos. Seguimos relegando a un mínimo, ya no títulos, sino incluso formas de hacer ficción. A este respecto, parece que Movistar+ está apostando por el nicho de series europeas, que  son casi desconocidas aquí. También pienso que las grandes cadenas de suscripción mensual (HBO, Hulu, Netflix, etc.) buscan tener un sello propio, de ahí que Amazon hiciera American Gods o una serie con Woody Allen.

C. Parecen series de autor

M. Sí. Amazon está apostando por tener en su haber el trabajo de ciertas personas de renombre. Y nos están permitiendo que, igual que las editoriales tenemos claro que hay un libro de estilo en cada una de ellas (hay novelas que sabes que saldrán con ciertas editoriales porque es coherente con lo que han publicado), con las series pasará lo mismo porque tienen cierta intencionalidad editorial.

Por eso, cuando se habla de la burbuja de las series me parece que es una premisa falsa: las series están madurando y seguirán haciéndolo hacia distintos caminos, igual que el cine en los años 60. Y eso es lo bueno. El término burbuja implica algo pasajero o que se verá hundido. Las series vienen para quedarse con independencia de que el número de títulos varíe con el tiempo..

C. Por último: ¿qué serie tienes unas ganas locas de ver?

M. Además de Juego de tronos, que ya está aquí y no nos vamos a poder resistir a ella aunque queramos, le tengo muchas ganas a dos productos de Amazon: una de ellas es llevada por Guillermo del Toro y, la otra, The Marvelous Mrs. Maise’, firmada por Sherman-Palladino. El piloto es muy bueno y Amazon le ha encargado dos temporadas. Para haberse visto solo el piloto es mucho, así que le tengo mucha curiosidad.

La otra es una serie ya iniciada, basada en una película que parte del libreto de un escritor, y es la segunda temporada de Westworld. Me parece que, además de ser una serie de Ciencia ficción, plantea una discusión sobre el papel de la mujer y tiene un discurso feminista que me resulta muy interesante ver cómo va a salir. No es un mensaje que se esperara en un principio por lo que plantea una discusión muchísimo más interesante que la premisa inicial.

separador2

No se puede negar que Maritxu y yo hablamos mucho, sobre todo cuando se trata de temas que nos apasionan. Mi profesora de comunicación política está ahora revolviéndose en su silla por ver que casi no he editado nada pero, ¿cómo hacerlo? Todo lo que nos cuenta Maritxu es imprescindible para conocer cómo funcionan las series y, especialmente, aquellas que han basado sus libretos en una novela.

Espero que lo hayáis disfrutado tanto como yo, y aprovecho para dar las gracias a Maritxu otra vez desde aquí. Además, os animo a seguirla en  su Twitter y en Fuera de series, donde publica novedades y análisis de series nacionales e internacionales. No os cortéis, que estoy segura de que os descubrirá un mundo nuevo.

Carla Campos

@CarlaCamposBlog

tumblr_inline_nlrm2cmZco1scgxmd_250-2

Imagen de cabecera de HBO

Worldbuiling, sociedad y estereotipos: vida y literatura

Analizar la sociedad y el comportamiento de las personas que la forman es uno de mis entretenimientos favoritos. Además de intentar entender mejor al ser humano, cosa que me fascina, me sirve para mi día a día y, también, para reflejarlo en mis relatos.

Hay muchas maneras de enfrentarse a este estudio, como por ejemplo de forma individual, entendiendo al sujeto como un producto de la sociedad y de su mundo, o bien examinando un subgrupo de personas con las mismas características.

Si hacemos el análisis individuo a individuo hemos de tener en cuenta que cada uno de nosotros somos producto de nuestra experiencia personal y de los inputs que recibimos. Por un lado, nuestra forma de ser se ve influenciada de manera local por la familia y los círculos cercanos o, incluso, por el barrio en el que vivimos. No es lo mismo nacer en una barriada obrera de Madrid que en el barrio de Salamanca. Por otro lado, la cultura y la sociedad también nos influyen. Además, la televisión y el cine ha hecho que la cultura anglosajona se imponga sobre otras locales. Como ejemplo, tenemos el desplazamiento de la festividad de Todos los Santos por Halloween, celebración que nos ha llegado gracias a películas y series norteamericanas.

Si estudiamos subgrupos de personas, hacemos de la estadística una norma. Me refiero a que la estadística nos da una serie de reglas que pueden aplicarse a todo un conjunto de personas como, por ejemplo, que quienes viven en el barrio más caro de la capital tienen buenos sueldos. De ese modo, proyectamos sobre todo el colectivo criterios e incluso vivencias que suponemos que las hacen ser como son. Así, podemos creer que quienes tienen un nivel de estudios bajos suelen ser los que, también, tienen salarios inferiores. O que los escolares cuyos padres tienen estudios universitarios también los tendrán en el futuro.

Análisis de la sociedad y worldbuilding

Si queremos escribir desde una corriente literaria como el realismo mágico, thriller o romántica, solo hay que pensar en lugar y una época del mundo para ubicar tu historia.

En cambio, cuando escribimos fantasía, una vez que tenemos el tema sobre el que queremos escribir y los personajes con los que llevaremos la trama, llega el momento del worldbuilding. Este palabro anglosajón, unión entre world, mundo, y building, construcción, recoge un proyecto muy interesante: crear un mundo con una cultura, economía, religión y geografía en el que se desarrolla la historia. Es importante porque este mundo, como decíamos antes, creará la sociedad que dará forma a las maneras de pensar y actuar de los personajes. Esta configuración del mundo, sumada a los arquetipos que nos explicaba Mónica en un excelente artículo, hará creíbles las metas, las ideologías, las manías y los problemas de nuestros seres de ficción.

El mundo como inspiración para el worldbuilding

Creo que no hay ningún escritor de género fantástico que no se haya inspirado en la historia de la Tierra para crear sus relatos. Si pensamos en R. R. Martin y su conocido Juego de tronos, cuyo muro es la versión helada y gigante del Muro de Adriano, o en las culturas celtas y nórdicas en las que se basó Tolkien para hablar de los elfos o la Tierra Media.

En realidad, no hace falta irse a los libros de fantasía. Rebelión en la Granja, un libro donde los protagonistas son animales, fue la respuesta de George Orwell al comunismo. En Un mundo feliz, Aldus Huxley exageró los rasgos de la sociedad de los años 30 para crear una novela distópica que pone los pelos de punta.

El peligro de caer en el estereotipo lógico

Como decíamos, nos podemos inspirar en la Tierra para ambientar nuestras novelas. Por ejemplo, supongamos que queremos escribir sobre una sociedad cuyos sueños se han roto, y encuentran en un nuevo líder la oportunidad de recuperar las ilusiones que sus padres o abuelos tenían y cumplían. Podríamos coger el libro de historia y buscar situaciones similares, o podríamos leer un diario y analizar lo que está pasando en Estados Unidos. Personas descontentas, que creían que con Obama iba a cambiar su situación, echan la culpa de su estado al poder establecido y creen que elegir a una mandatario con un discurso rupturista con el establishment, aunque forme parte de él, mejorará las cosas.

Muchos europeos y americanos nos preguntamos cómo un hombre multimillonario, abiertamente xenófobo, racista y misógino ha llegado a la Casa Blanca. Y está claro: ha conectado con las clases medias y bajas de uno de los países más ricos del mundo. Lo fácil es pensar que sus votantes cumplen con un estereotipo: hombres blancos, de clase media-alta y con ocho apellidos americanos. Es fácil porque es lo que nos dice la lógica.

¿Qué haríamos en nuestra novela? Al gobernador machista y racista lo apoyarían todos los hombres de sus misma raza. Y el resto, se opondría. ¿Es lógico? Sí. ¿Nos equivocamos? Muchísimo.

El error viene cuando no incorporamos ningún matiz a esos datos. Si dirigimos la mirada a lo que ha pasado en Estados Unidos, nos enteramos de que más del 50% de las mujeres blancas votaron por Trump, o que el co-fundador de Latinos for Trump, Marco Guitiérrez, es latino y opina que <<los hispanos son una cultura “primitiva y subdesarrollada” y que los estadounidenses deben tener miedo a los mexicanos>>.

giphy

La lógica llorando porque ha fallado el estereotipo

Huir del worldbuilding plano

Hay que nadar entre matices para crear una sociedad con unos personajes verosímiles y con vida. Para ello, hay que pensar en qué es lo que hace fallar al tópico.

Mi hipótesis es que el estereotipo queda invalidado por el sistema de valores de cada individuo, que determina la forma de ser y la ideología. Y que esta última puede estar enfrentada al cliché que se le presupone según sus características sociodemográficas.

Analicemos el ejemplo anterior, el de Marco Gutiérrez. Es un hombre latino, por lo tanto, no es blanco ni norteamericano de nacimiento. Es un mexicano que consiguió la nacionalidad de Estados Unidos en 2003. Desde entonces, según sus palabras, ha sido Republicano.

Por sus rasgos sociodemográficos, podríamos pensar que al último que votaría en la carrera presidencial sería a Trump. Sin embargo, hay un detalle revelador en su biografía: consiguió la nacionalidad hace poco, de adulto. ¿Qué ha podido pasar? No lo sé, así que solo queda tirar de imaginación. Podemos pensar, por ejemplo, que hasta conseguir el pasaporte norteamericano se sentía inseguro, incluso apátrida. Que cuando un papel le dijo que era estadounidense, su sentimiento de pertenencia al país le hizo relegar, e incluso denostar, su origen, y que pasó a la última posición en su escala de valores.

Al escribir, debemos pensar qué cosas son las que pueden hacer que una persona vaya contracorriente, que no actúe según se espera por su origen o situación. Cada persona es un cúmulo de eventos que lo hacen único, como a Marco Gutiérrez, y eso es lo que el escritor debe plasmar en sus novelas.

ls2cytbaium-steven-diaz

El mundo no es plano. Hagamos que se note en nuestras novelas. Imagen de Steven Díaz (créditos al final del artículo).

El estereotipo simplifica la vida en todos los aspectos pero no es veraz

El estereotipo nos ayuda a tomar decisiones si no tenemos tiempo para conocer a la otra persona en profundidad. Es el que nos hace agarrar el bolso cuando aparece alguien con ropa desgastada y la cara medio tapada, o lo que nos indica que debemos fiarnos de esa persona aseada y pulida que no deja de sonreír y que se muestra humilde pero segura.

Como decía Mónica, el uso del estereotipo puede ser malo si nos sirve para denigrar a todo un colectivo. En el ámbito de la literatura, puede hacer que simplifiquemos hasta lo absurdo a un personaje.

Por eso, es peligroso que el estereotipo haga un uso lógico de la experiencia, ya que nos puede hacer pensar que es totalmente fiable y que no tiene ninguna brecha.

Dibujar al colectivo para hacer destacar al individuo

Sin embargo, pensar en aquello que comparte una sociedad o un grupo de personas nos sirve, en la creación de mundos, para hacer único a cada individuo que la integra. Una vez tenemos los rasgos generales de una sociedad, debemos pensar qué experiencias distancian al personaje de la norma.

Esas vivencias deben ser lógicas. Volvamos al ejemplo de Juego de Tronos. Arya Stark tiene todos los números de ser como su hermana Sansa y que solo le interesen los vestidos y los príncipes. En cambio, le interesa más lo que hacen sus hermanos: luchas para convertirse en caballeros. Arya juega con ellos y, su padre, por hacerla feliz, le pone un profesor de lucha. ¿Cumple con la norma? No. ¿Es lógico que no la cumpla? Sí.

R. R. Martin transgrede la norma común, crea experiencias únicas para Arya y construye un personaje veraz.

Hay que analizar al individuo, aunque suponga más trabajo

Como comentaba antes, los prototipos nos facilitan la vida. Conocer a alguien y poder encasillarlo nos ayuda a saber cómo tratarlo. Pero clasificar a las personas por rasgos generales, estadísticos, genera prejuicios en el día a día y empobrece nuestros textos literarios. Entonces, preguntémonos qué cosas fuera de la norma pueden hacer menos estadísticos a nuestros personajes. Tengamos paciencia para descubrir qué hace especiales a las personas que nos rodean.

Carla Campos

@CarlaCamposBlog

tumblr_inline_nlrm2cmZco1scgxmd_250-2

Imagen de torbakhopper en photopin

Foto de Steven Díaz