Soy la pluma de doña Angelita

A los hijos y nietos de doña Angelita, que me regalaron su pluma

Desde que Alodia me sonrió con cara de ratón supe que acabaría robándome. Ese día Alodia estaba castigada a no salir al recreo y vio cómo su maestra me sacó del cajón de su mesa. Y no se perdió detalle cuando abrió el cuaderno, me apretó la panza y yo escupí un cuento por mi plumín.

Estaba a punto de acabarlo cuando oí que las chicas volvían. Como no me gustan los barullos, mi punta se cerró de golpe y una gota de tinta cayó al papel. Doña Angelita la limpió con un papel secante. Me puso el capuchón, me colocó encima de un libro.

 —Hala, a dormir, que se te ha acabado la tinta.

Cerró el cajón con llave. Yo pienso que no quería abrir mis tripas delante de sus alumnas, que estaban hartas de las plumas de mojar en tintero. Esas sí que lo manchaban todo. Y no yo. Aunque se me escapaba algún estornudo, era más limpia y estaba preñada de historias maravillosas.

Pero todo empezó un jueves por la tarde. Como no había clase, las chicas venían a limpiar la escuela. Mientras barrían el suelo y borraban las pizarras, doña Angelita se sentaba en un pupitre al lado de la ventana, sacaba una libreta de tapas de hule, me agitaba un poco. Y yo conseguía que los dragones volaran y los duendes encantaran a las princesas.

Aún siento el cosquilleo que me producía la suavidad de aquellos dedos. Y el frío que me entraba por todos los respiraderos si me quitaba el capuchón. Pero en cuanto me lo ponía detrás y me tapaba el culote, la tinta hervía en mis entrañas y empezaban a reñir los personajes que doña Angelita inventaba para sus alumnas. ¿Quién saldría el primero? Pues el que empujara más fuerte.

Pero ese jueves doña Angelita no vino. Precisamente ese día se olvidó de echar la llave. Nada más entrar, Alodia notó que el cajón estaba mal cerrado:

— Hoy yo limpiaré el polvo —les dijo a sus compañeras.

Como restregaba el trapo con mucho brío por encima de la mesa, yo empecé a dar vueltas y me resbalé al fondo. Al momento, tenía encima unos ojos muy abiertos.

—¡Si estás aquí! ¡Vaya sorpresa!

—No te hagas la tonta —le dije. Y se me escaparon unas babas negras por la ranura del plumín.

—¡Quiero que tus historias sean solo para mí!

Sin darme tiempo a contestar, una de las chicas se acercó y le dijo:

—Ni se te ocurra tocarla, que si la echa en falta doña Angelita nos castigará a todas.

Pero Alodia no le hizo caso. Aprovechó un descuido y me metió en su bolsillo. Cuando llegó a casa se escondió en la habitación. De repente noté que mi punta resbalaba por un papel rugoso. Además, Alodia no me cogía con la suavidad de doña Angelita ni me sujetaba bien. Y yo me sentía incómoda y disgustada. Así que empecé a vomitar personajes sucios de tanto navegar por la tinta. Los sacaba envueltos en una nube de humo y parecían deshollinadores.

—¿Qué te has creído? No me tomes el pelo. Sácame a Supermán o a Pocahontas —me ordenó muy enfadada.

Ella quería historias modernas y yo solo me sabía las antiguas. Creía que si me apretaba más la barriga acabarían saliendo. Y me la apretó tanto que me sentí como un calamar acorralado. Le solté un chorro de tinta y le emborroné las cuartillas. Entonces se echó a llorar, me golpeó contra las tapas de su cuaderno y me metió en un plumier que adornaba una estantería al lado de su cama. Esa noche la oí llorar.

Al día siguiente, estaba muy decepcionada conmigo y le contó todo a doña Angelita. Y le pidió perdón.

—Alodia, lo que pasa es que no la has acariciado como a ella le gusta. Por eso saca los chorros de tinta.

—Pues yo creía que estaba preñada. Que nadie le sabía sacar las historias enteras y que siempre le quedaba algún trozo dentro.

Abrió la cartera y me colocó en las manos de su maestra, que se echó a reír y le acarició las coletas.

—Ya veo que no os habéis entendido. Es que las estilográficas solo nos hacen caso a los mayores. Cuando sea muy mayor, te la regalaré. Entonces os entenderéis bien. —Como Alodia no quería hacerse vieja, esto no le gustó.

Al año siguiente, Alodia cumplió once años y se la llevaron a estudiar a un colegio de monjas, justo el mismo año que yo me fui con doña Angelita a un nuevo destino. Allí seguí enhebrando unas historias con otras. Pero, cuando le entraron temblores en las manos, me escondió en una escribanía. De vez en cuando venía a visitarme. Con sus caricias, las caperucitas y los pulgarcitos se desperezaban. Pero ella ya no tenía fuerza para arrastrarme por el papel.

En los últimos Reyes Magos, uno de sus hijos me envolvió con una nota: “Alodia, mi madre siempre quiso que esta pluma fuera para ti”. Encima escribió la dirección y me mandó al PaísdeNuncaJamás.

Estuve varios meses en una estantería. Alodia me miraba pero se hacía la tonta.Se pasaba las tardes leyendo historias de Harry Potter, hasta que un jueves se acercó con un bote de tinta y me dijo:

—Tengo que arrancarte un cuento maravilloso. Uno como esos de mi maestra. Un cuento largo, muy largo, hasta que no te quede nada en el tintero.

Yo no me pude reprimir. Solté un escupitajo negro y, como antaño, le emborroné todas las hojas de su libreta.

—No te lo contaré nunca. Tú no crees en princesas ni en castillos encantados. Yo no tengo las historias que te gustan. Esas igual las encuentras en los bolígrafos.

A los pocos días me vendió a un anticuario. Mis historias y yo nos habíamos convertido en antiguallas.

Ya llevo mucho tiempo en el escaparate viendo pasar a la gente. Ayer entró una niña que arrastraba una mochila rosa con un dibujo de Mickey Mouse y creí que me sonreía. Aprovechó un despiste del dependiente y metió en la mochila el bolígrafo Parker que estaba a mi lado.

Carmen Romeo Pemán

Fotografía propiedad de la autora. La pluma de doña Angelita. Jerez de la Frontera, 2015.

A todas las maestras. A las treinta y cinco que pasaron por El Frago

 

 

falo-piazuelo-angelita.-1932

Hace tiempo que dedico mis afanes a las “Escuelas de El Frago”, donde aprendí las primeras letras y donde recogí las semillas de casi todo lo que he llegado a ser de mayor. Entonces El Frago tenía dos escuelas unitarias. Una de niños y otra de niñas. Un maestro se encargaba de los chicos desde los seis hasta los catorce años. Y una maestra, de las niñas. En los pueblos más pequeños, por debajo de quinientos habitantes, había una sola escuela mixta, regentada por una maestra.

Como muchas hijas de maestras, tuve la suerte de ir a la escuela de mi madre. Ella fue mi primera y mi única maestra desde los seis hasta los trece años, que me llevaron a estudiar a un colegio de monjas a la ciudad. En ese difícil equilibrio de madre y maestra, me transmitió el rigor en el estudio, el amor por la enseñanza y la pasión por la lectura y la escritura, que me han acompañado siempre. Y supo hacerlo con mis compañeras de pupitre.

Mi caso, como el de Lázaro de Tormes, es solo para que “vuesas mercedes” lo conozcan  como ejemplo de lo que entonces era moneda común en las escuelas rurales. Mi madre fue solo un eslabón de una larga cadena. Antes y después, otras maestras entregaron lo mejor de sus vidas a las niñas de muchos “fragos” repartidos por la España Vacía. A todas ellas les rindo este homenaje. Y lo hago recuperando los nombres y las biografías de las treinta y cinco que pasaron por las aulas fragolinas en ciento dieciséis años, desde 1874 hasta que en 1990 se cerraron sus puertas para siempre.

Muchas escuelas públicas se crearon en 1838, pero la enseñanza de las niñas tardó en regularizarse. Las maestras llegaron más tarde que los maestros. En 1848 ya conocemos el nombre del primer maestro fragolino, José Sánchez. Pero hasta 1874 no aparece ninguna maestra.

Siglo XIX

Inés Cervera: 1874-1877. Natural de Luesia, se trasladó desde Asín a El Frago, donde ya estaba su marido, Diego Laporta. Le ofrecieron un buen sueldo, la vivienda y las “retribuciones de los niños no pobres”, es decir, lo que se acordaba cada año que tenían que  pagar los hijos de las familias más acomodadas por ir a la escuela. Hasta 1901, los ayuntamientos pagaron los sueldos, que estaban relacionados con el número de habitantes. Y cobraba más el maestro que la maestra. En 1874 la escuela de niños estaba dotada con 625 pesetas y la de niñas con 442. A los dos años de estar en El Frago murió su hija Avelina, de cinco años, que había nacido en Asín. Su hija Juana, natural de Ejea de los Caballeros, estudió Magisterio en Huesca.

Juana Bonaluque Gállego: 1877–1881. (El Frago, 1850–Ídem. 1889). Estudió Magisterio en Huesca. Juana, Bárbara, Justa y Ramona eran hijas de Martín Bonaluque Giménez y de María Gállego Pérez, natural de Santa Eulalia de Gállego. Y primas hermanas de Manuel Marco Bonaluque, maestro de Biel. Se casó con el fragolino Florentino Laguarta Ardevines, labrador, y tuvieron cinco hijos: Sebastián, Carlos, Luisa, Juan y Estanislada. Su hija Luisa se casó con Generoso Sánchez Ardevines, hijo de José Sánchez, el primer maestro cuyo nombre conocemos.

Leonor Herrero Alvira: 1881–1883. (Fustiñana, 1859-¿?). Era hija de Domingo y Concepción. Estuvo de interina hasta que Simona Paúles ocupó la plaza por oposición. Embid de Ariza, Biurrun, (Navarra) y  Larrasoaña (Navarra) fueron algunos de sus destinos posteriores.

Simona Paúles Bescós: 1883–1913.

Simona. Solicita permiso para ejercer-2

Archivo Provincial de Huesca. Escuela Normal de Maestras.

(Aísa, Huesca, 1849-Petilla, Navarra, ca. 1939). Esta hija de Romualdo y Jacinta obtuvo el título de Magisterio en Huesca en 1870 y en 1883 llegó a El Frago de maestra titular, junto con su marido Pedro Uhalte Alegre (Villarreal de la Canal, Huesca, 1851–Petilla, Navarra, ¿?), también maestro, y vivieron en el local de la ruinosa Escuela de Niños. En esos años no había local para las niñas ni viviendas para los maestros. Y era difícil encontrar casas de alquiler en un pueblo en el que las casas tenían que ser compartidas por varias familias.

Doña Simona se jubiló en El Frago en 1913 y se fue a Petilla donde estaban su marido, desde 1910, y su hijo Pedro de practicante.   Así me cuenta José Antonio Hualte Sevilla el final de su bisabuela: “Vivió muchos años en Petilla y murió antes de la guerra. Compró algunas tierras para sus hijos y a veces bajaba a Sádaba en caballería”.

En los treinta años que estuvo en El Frago, ella y su marido prepararon a muchos de sus alumnos para que salieran a estudiar y dieron clases de repaso a los adultos. En la primera etapa de la escolarización del pueblo, lograron una estabilidad y una continuidad educativas que favorecieron la disminución del analfabetismo. Por ejemplo, mi propia abuela tenía una letra primorosa –con faltas de ortografía, claro, y llevaba las cuentas de su casa en sus “Cuadernos para Apuntaciones”. Todo se lo había enseñado doña Simona.

Tuvieron tres hijos: María Teresa (Villarreal 1874–Sádaba, 1918), maestra, casada con Bonifacio Guillén Luna. Pedro (El Frago, 1884–Petilla de Aragón, Navarra, 1950), practicante. Y María Esperanza (El Frago, 1888–Ídem, 1889), que falleció de una gastroenteritis cuando solo tenía seis meses.

Siglo XX. Hasta 1936

Teresa Lacueva Gresa: 1913–1913. Estudió Magisterio en Teruel. Su primer trabajo consistió en cubrir la vacante que quedó en El Frago por la jubilación de Simona Paúles.

Felisa Medina Pérez: 1913–1917. (1846-¿?). Esta maestra de Guadalajara pasó a depender del rectorado de Zaragoza en 1908, cuando la destinaron a Villar de los Navarros en esta provincia. Llegó a El Frago por traslado, donde se jubiló.

Ignacia Brígida Lazcano Torres: 1917–1918. (Matute, Logroño, 1878-¿?). Estudió Magisterio en Huesca. Llegó por traslado, procedente de Torrente de Cinca (Huesca) y, también por traslado, se fue a Viniegra de Abajo (Logroño). Protestó enérgicamente cuando se encontró con problemas de alojamiento y sin local para la escuela. Consiguió que el Ayuntamiento alquilara una casa en la que vivía y en cuya cocina daba las clases.

1921-Escuela de El Frago

Ángela García Alegre con sus alumnas

Ángela García Alegre: 1918–1930. (Zaragoza, 1894–Ronda, Málaga, 1971). En 1918 aprobó las oposciones en Huesca. Estuvo un año en expectativa de destino y en 1919 le dieron en propiedad la Escuela de Niñas de El Frago. Cuando llegó no salía de su asombro. Como el Ayuntamiento no tenía un local para las niñas, le acondicionaron la Herrería Vieja, que todavía conservaba la fragua y las paredes llenas de hollín. Se negó a entrar y abandonó el pueblo. El Gobernador Civil le puso una multa de 250 pesetas y la obligó a volver. Entonces el Ayuntamiento le buscó una habitación de alquiler y, a partir de ese momento, dio las clases en la cocina de su casera, la señora María del Socarrau.

En 1925 su marido, el maestro Bruno Gracia Sieso, llegó desde un pueblo de Soria por el turno de consortes.  Como formaban una familia, con tres hijas, le pidieron al Ayuntamiento que les buscara una casa, pero nadie les alquiló una vivienda. Lo comunicaron a la Inspección de Enseñanza Primaria y al Gobernador Civil, que de nuevo tomó cartas en el asunto. En esta ocasión multó al Ayuntamiento, se llevó a los maestros del pueblo hasta que resolvieran el problema y no permitió que contrataran a otros. Ángela y Bruno, con su decidida actuación, obligaron a que el Ayuntamiento se planteara la necesidad de construir un nuevo edificio escolar. En 1928, Benjamín Biescas y Elisa Carrascón les prestaron su propia casa hasta que se acabaran las obras de las escuelas.

Entre 1921 y 1935 nacieron sus ocho hijos: Angelina (Zaragoza, 1921-Granada, 2008), María Rosa (Zaragoza, 1922–Ronda, 2009). Blanca (Zaragoza, 1924), Gabriel (Zaragoza, 1926–Ídem, 1929), Ana María (Zaragoza, 1928-Ronda, 2016), Carlos (Zaragoza, 1930-Ronda, 2018), María del Carmen (Ronda, 1935–Ronda, 1936) y Miguel Ángel (Ronda, 1935).

Ángela García fue una maestra escritora. Colaboró en varios periódicos, recibió premios literarios y escribió artículos y cuentos dedicados a la educación de las niñas. El día de la inauguración de las escuelas pronunció una conferencia titulada “La educación de la mujer”.

Dolores Álvarez: 1923-1924. Sustituyó a Ángela García en uno de sus permisos por maternidad, durante un trimestre.

Elisa Carrascón Pitarque: 1926-1928. (Zaragoza, 1883-Ídem. 1959). Era hija de Joaquín Carrascón y de Catalina Pitarque. No era maestra de profesión. Tenía estudios de piano. Sustituyo a Ángela García mientras construyeron las escuelas.

Estaba casada con el fragolino Benjamín Biescas, que había estudiado Magisterio en Zaragoza. De recién casada llegó a El Frago donde su marido se estableció como comerciante. Además del comercio, desde 1904 hasta 1936, fue secretario del Ayuntamiento. En 1926, pusieron a disposición del Ayuntamiento el comedor de su casa para dar clase a las niñas.

En 1928, ella y toda su familia se fueron a compartir la vivienda del hermano de su marido y ofrecieron su casa, con sus muebles, para que volvieran Ángela y Bruno.

En 1936 se fueron a Madrid por un asunto de enfermedad de Benjamín y no pudieron regresar. Después de la Guerra Civil no le permitieron que se reincorporara a la Secretaría. Desde 1957 Elisa recibió una pensión de viudedad de trescientas pesetas al mes, pagada por el Ayuntamiento de El Frago.

En El Frago nacieron todos sus hijos, Guadalupe (El Frago, 1902–Ídem, 1902), Gregorio (El Frago, 1904 – Ídem, 1907), Clara Alicia (El Frago, 1905-Luna, 1991), Valeriana (El Frago, 1907 – Zaragoza, 1980), y Segundo Benjamín (El Frago, 1911 – Ídem, 1912).

Piedad Ruiz Lapuerta: 1930–1932. (Valtueña, Soria ca. 1915-Zaragoza, 1992) era  hija de Luciano y Josefa y hermana de Consolación y Telesforo. Falleció soltera y sin descendencia. En un expediente judicial se declaró herederos a sus sobrinos José Eliseo Enrique y Jesús Alejandro Ruiz Sanjoaquín. 

Estudió Magisterio en Huesca. Aprobó las oposiciones de 1932 y la destinaron a Cerveruela. En 1933 le dieron Borja.

Raimunda Casabón Girón: 1932–1933. (Zaragoza, 1909–Huesca, 2003). Era hija de Teodoro Casabón y Pilar Girón y estudió Magisterio en Huesca. De El Frago se trasladó a una escuela unitaria de Ayerbe y después a Huesca.

19340719. Exp. Escolar. FOTO

Asunción Rodrigo, la maestra, vestida de blanco.

Asunción Rodrigo Molins: 1933–1934. (Aguaviva, Teruel, 1911-Francia, ¿?) estudió Magisterio en Zaragoza desde 1924 hasta 1930. En 1931, recién titulada, figuraba en las listas de aspirantes a interinos y le dieron Cetina.

Aprobó los cursillos de 1932 en Zaragoza y en 1933 le dieron El Frago.  Era soltera y llegó acompañada de su hermana. Estaban emparentadas con varias casas del pueblo y eso les facilitó el alojamiento con la familia de “casa Martina”. Fue la madrina de bautismo de su sobrina Purificación Beamonte Lafuente. Como el calendario escolar había cambiado con la II República, tuvo que conciliar la supresión de algunos días festivos con las tradiciones del pueblo.

Exposición escolar en El Frago. Celebrada a final de curso y organizada por la maestra Asunción Rodrigo que desarrolló “una gran labor pedagógica y educadora en el poco tiempo que lleva en esta escuela, un curso”. (La Voz de Aragón, 20/07/1934)

Desde el comienzo de la Guerra Civil fue militante socialista, colaboró con la resistencia republicana y estuvo de miliciana en el Frente de Teruel. Cuando acabó la guerra se exilió a Francia y no regresó.

Anunciación Ángela Romeo Idoipe: 1934–1935. (El Frago, 1914–Ídem, 1996). Conocida como Angelita de “casa Cecilia”. Primero estuvo un año de interina y después, en 1942, volvió como propietaria.

1935-Doña Isabel y sus alumnas

1935, El Frago. Isabel Peribáñez con sus alumnas delante de la ventana de la escuela de los chicos.

 

La Guerra Civil (1936-1939)

Las maestras cubrieron las plazas que quedaron vacantes en las Escuelas de Niños por falta maestros. Unos habían muerto, otros estaban represaliados y otros en el frente.  En estos años, de manera excepcional, encontramos a la vez dos maestras en El Frago.

Isabel Peribáñez Sánchez: 1935-1940. ´(Teruel, 1883-Zaragoza, 1968). Propietaria. Maestra de chicas. Llegó a El Frago con 52 años y sus alumnas la recuerdan como una persona mayor, de trato muy afable.

En 1907 era una de las alumnas de Plácida Madariaga,  de la Escuela Centro de Teruel, que colaboraban para socorrer a los soldados que volvían enfermos de Cuba y Filipinas. (Cfr. La unión). En 1917 se presentó a oposiciones en Zaragoza. En 1923 estaba de interina en Romanillos, en 1929 tenia una auxiliaría en Villamayor y de allí la destinaron a Barués-Sos, una pardina de Sos del Rey Católico, en la confluencia de los Barrancos de Barués y Vandunchil.  Y en 1935, se trasladó de Barués a El Frago. Se jubiló en Zaragoza en 1953.

Ángela Sarasa Lasierra: 1936–1936. (Alcalá de Gurrea, Huesca, 1908–Zaragoza, 1991). Maestra de chicos. Estudió Magisterio en Huesca. En 1958 reingresó en el Magisterio, después de un periodo de excedencia voluntaria. En los últimos años estuvo destinada en Zaragoza. Aurelio Casabona la recuerda como una excelente maestra, aunque estuvo poco tiempo. 

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Foto de la orla de Gregorio Romeo Berges.

Ángela Falo Piazuelo: 1938–1940. (La Puebla de Híjar, 1914-¿?). Estudió Magisterio en  Zaragoza entre 1929 y 1932. En 1938, fue nombrada maestra de chicos de El Frago. Dejó muy buen recuerdo entre sus alumnos. “Yo aprendí a leer con ella” (Ángel Ardevines, nacido en 1933).

En 1936 estaba afiliada a la UGT. Aprobó las oposiciones en Burgos, en 1944. En 1966 se trasladó de Dos Hermanas (Sevilla) a Castelbisbal (Barcelona). En 1964 servía en la provincia de Teruel. Sus hermanos Emilio y Fernando están enterrados en Zaragoza.

Mercedes Laguarta Dieste: 1940–1942. (El Frago, 1921–Valencia, 2009). Era hija de Miguel Laguarta Giménez y Petra Dieste Charles. En El Frago todos la conocían como María de “casa Buchorno”. Obtuvo el título de maestra por el llamado “plan bachiller”. Sustituyó a Ángela Falo en la escuela de los chicos; y a Isabel Peribáñez y a Ángela Romeo en la de las chicas.  Realizó todas las sustituciones que se produjeron desde que acabó los estudios hasta que se casó con Vicente García Aznar. Después ejerció en Trasmoz y Maluenda. Tuvo tres hijos, José (Leciñena, 1943), Mari Flor (Estartit, Gerona, 1946) y Javier (Valencia, 1964).

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Ángela Romeo Idoipe, la segunda por la izquierda, fue la primera maestra propietariaa de la posguerra. Raimunda Casabón, la quinta, había estado el curso 1932-1933.

1940-1969. La posguerra. Hasta la escuela mixta

Anunciación Ángela Romeo Idoipe: 1942–1945. (El Frago, 1914–Ídem, 1996). “Angelita de casa Cecilia”, como la llamaban, era hija de Basilio Romeo Romeo y de Nicasia Idoipe Cortina. En 1941 aprobó las primeras oposiciones de la posguerra y obtuvo la escuela de El Frago en propiedad. En 1945 se fue a Lérida por concurso de traslado y se jubiló en Barcelona. Se casó con Rafael Sender Garcés (Huesca, 1915-Barcelona, 1996) y tuvieron dos hijos, Rosa María (Lérida, 1946) y Rafael (Lérida, 1950).

Natividad Josefina Magallón Pastor: 1945–1945. (Calanda, 1902–Ídem, 1974). Sustituyó a Ángela Romeo en un permiso por asuntos propios.

Escolástica Marco Marco: 1945–1945. (Biel, 1922–Alcañiz, Zaragoza, 2005). Fue la segunda sustituta de Ángela Romeo. Era hija de Francisco Marco Arenaz y María Marco Campos, estudió Magisterio y se casó con Luis Marco Bueno (Biel, 1919–Alagón, 1982). Luis era hijo Delfina Bueno, maestra de Biel, y nieto de Manuel Marco Bonaluque, natural de El Frago, uno de los primeros maestros fragolinos que desempeñó casi todo su ejercicio profesional en Biel.

Asunción Pemán Marco: 1946–1972. (Biel, 1916–Zaragoza, 2003). Era hija de Constantino Pemán Otal, maestro de Biel, y de Pascuala Marco Castán, también maestra. Cuando murió su madre, la llevaron con una tía para que estudiara Magisterio en la Escuela Normal de Valencia (1931-1935). Había aprobado los dos primeros ejercicios de las oposiciones que se estaban celebrando en 1936 y que se suspendieron con la sublevación militar. Pasó la Guerra Civil en Biel, sin trabajar, y aprobó las oposiciones de 1941. Fue maestra propietaria provisional de Orés (1941-1942) y de Biel (1942-1943). Propietaria definitiva de las escuelas graduadas de Ejea de los Caballeros (1943–1945). Por traslado obtuvo la Escuela de Niñas de El Frago (1945–1972)- Llegó siete años antes que su marido y allí permaneció hasta su traslado a Zaragoza.

En 1943 se había casado con Gregorio Romeo (El Frago, 1912-Ïdem, 1969) en Biel, donde los dos ejercían de maestros. Después fueron maestros de Ejea y El Frago. Tuvieron dos hijas: Concepción “Maruja” (Ejea de los Caballeros, 1944) y Carmen (El Frago, 1948).

A la muerte de su marido se cerró la Escuela de Niños y ella se convirtió en la primera propietaria de la recién creada escuela mixta (1969–1972). En 1972 se trasladó a Zaragoza, a la escuela “Andrés Manjón”, donde se jubiló a los 67 años.

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Valencia, 1930. Saliendo de la Escuela Normal. Asunción Pemán Marco, la de la derecha, fue la última maestra de la Escuela de Niñas de El Frago y la primera de la Escuela Mixta.

 

1969-1984. Escuela mixta

Mari Nieves Pérez Tolosana: 1969–1970. (Luna, 1949). Hija de Leoncio y Victoria. En 1967 obtuvo el título de Magisterio en Zaragoza. Se estrenó de maestra en El Frago, sustituyendo a Asunción Pemán, en un permiso por enfermedad. Acabó su carrera profesional en la provincia de Gerona, donde también ejercía su marido de veterinario.

Flora Relancio Sanz: 1970–1971. (Ejea de los Caballeros, ¿?). La segunda sustituta de Asunción Pemán.

Consolación Lajusticia Villabona: 1972–1973. Llegó como maestra propietaria en el mismo traslado que Asunción Pemán se fue a Zaragoza. Al año siguiernte conisguió el traslado a Cataluña.

Nieves Escartín Cobo: 1973-79 (Barluengua, Huesca, 1948) Estudió Magisterio y Filosofía y Letras (Historia) en Zaragoza. Está casada y tiene una hija. En 1973 llegó a El Frago como maestra propietaria y, salvo en los dos paréntesis de licencia por estudios, dedicó sus afanes a la educación y a las actividades culturales del pueblo. Desde 1973 hasta 1975, tuvo una licencia por estudios y la sustituyó Leonor Auría Biesa. Posteriormente realizó un curso de Educación Especial de cuatro meses y la sustituyó Alfonso Ortiz Herrera.

El día 17 de enero de 1979 salió en el BOE la supresión de la escuela de El Frago y la cesaron por escuela suprimida. A pesar de tener la escuela suprimida, siguió dando clases todo el curso. El año siguiente lo pasó como propietaria provisional en Zaragoza. Después dos cursos destinada en Quinto de Ebro y acabó su vida profesional en Zaragoza. Como no se llegó a cumplir la orden del BOE con la que se había cesado a Nieves, la última propietaria de El Frago, la escuela siguió unos años más.

En una conversación reciente me decía: “Durante mi estancia viví una relación muy personal con mis alumnos y sus familias y unas experiencias muy gratas y afectivas con la Sociedad Cultural y Recreativa La Fragolina de la que me hice socia”. Además asistió a las reuniones que se celebraron en el colegio, presididas por el ingeniero de ICONA, para estudiar un proyecto agrícola-ganadero que pretendía dinamizar el campo y se integró bien en la vida del pueblo. Sus alumnos guardan un buen recuerdo.

Leonor Auría Biesa: 1973–1975. (Luna, ¿?). Sustituyó a Nieves Escartín. Es hija de José Auría Castillo y Humildad Biesa Otal, natural de Biel, y está casada con Satur Tarragüel Liso. En 1990 se trasladó de Uncastillo a Ejea de los Caballeros.

Gema Tomás Valzagón: 1979–1981. (Puebla de Híjar, Teruel, ¿?). La nombraron interina como consecuancia del traslado a Zaragoza de Nieves Escartín.

Ángela Gómez: 1981–1982. (El Barco de Ávila, ¿?). Los alumnos habían disminuido, solo quedaban diez.

Concepción Martínez: 1982–1983. (Fuendejalón, ¿?). Ese año descendió la matrícula a seis alumnos.

Ángeles Domínguez: 1983–1984. (Ejea de los Caballeros, ¿?). Al acabar el curso, dado el escaso número de alumnos, se propuso cerrar la escuela.

1984-1990. Guardería de la Diputación Provincial de Zaragoza. Asociada a Luna

Para evitar el cierre, el alcalde, Alejandro Ardevines,  adoptó la fórmula de guardería de asociada a Luna. Pero se impartían todos los niveles de Educación Primaria.

Carmen Laplaza Idoipe: 1984–1985. (El Frago, 1958). Es hija de Pablo y de Natividad. Estudió Magisterio en Zaragoza. Está casada con Bernardo Palacio Bernués. “El Ayuntamiento me propuso como maestra el primer año que funcionó la escuela-guardería. Sólo estuve un año porque en septiembre nació mi hija Sonia”. (Conversación con Carmen Laplaza, 23/04/2013). Al año siguiente le sucedió un maestro, Antonio Berdor Bailo: 1985-1986.

Ascensión Lamarca Laborda: 1986–1987. (Biota, ¿?) El curso 2017-2018 la encontramos de  profesora de infantil en el CEIP “San Juan de la Peña” de Jaca.

Maria Soledad Berges Asín: 1987–1988. (Zaragoza, 1962). Es hija de José María Berges Laguarta, de El Frago, y de María Sierra Asín Jiménez, de Biel. Estudió Magisterio en Zaragoza. Se casó con Francisco Vives. Tiene dos hijos, Javier y Sonia. Actualmente trabaja en el campo sanitario.

Ana Cristina Domínguez Frago: 1988–1989. (Ejea de los Caballeros, ¿?). Llevó la escuela en colaboración con Pilar Abadías (Ejea de los Caballeros, ¿?). En el contrato del Ayuntamiento figuraba como titular Ana Cristina.

Dolores Garde: 1989–1990. (Luesia, ¿?). Se cierra el ciclo. En 1874 llegó Inés Cervera natural de Luesia, de cuya vida tenemos pocos datos. En 1990 Dolores Garde fue la última, también natural de Luesia. Hasta la fecha, no he localizado datos para biografiarla.

Para terminar

El elevado número de licenciados y la buena escolarización de El Frago se debieron al clima cultural creado por varios matrimonios de maestros que se asentaron allí desde fechas tempranas: Inés Cervera y Diego Laporta estuvieron tres años. Simona Paúles y Pedro Uhalte, treinta años. Ángela García y Bruno Gracia, once años. Asunción Pemán y Gregorio Romeo, veinticinco años. Y el caso excepcional de Benjamín Biescas y su mujer Elisa Carrascón que, aunque no eran maestros propietarios, colaboraron con los maestros y dieron clases de repaso desde 1904 hasta 1936. Don Benjamín se propuso alfabetizar a todo el pueblo. Y lo consiguió. Muchas niñas aprendieron a tocar algunas canciones en el piano de doña Elisa.

En este ambiente, la gente realizó verdaderos esfuerzos por sacar a estudiar a sus hijos. La cantera de maestros fragolinos permitió que, cuando la Administración no cubría las vacantes, el Ayuntamiento recurriera a los titulados del pueblo. En el siglo XIX, a Mariano Sánchez Barrio, a Juana Bonaluque Gállego y a Manuel Marco Bonaluque. En el siglo XX, a Benjamín Biescas Guillén, a Gregorio Romeo Berges, a Ángela Romeo Idoipe, a María Mercedes Laguarta Dieste, a Carmen Laplaza Idoipe y a María Soledad Berges Asín.

Solo así se entiende que las escuelas se construyeran “a vecinal”, la versión antigua del actual crowdfunding. Y que los gastos de las obras se pagaran con un préstamo avalado por los vecinos que tenían alguna renta o un jornal fijo.

El Frago no fue una excepción. Hubo otros “fragos” de los que salieron alumnos bien formados y en los que se erradicó el analfabetismo gracias a la esforzada labor de sus maestros.

En este artículo me he centrado en las maestras. A ellas les corresponde la lucha titánica por conseguir que todas las niñas fueran a la escuela y que recibieran una enseñanza de calidad. El primer derecho hacia la igualdad.

Ellas son una parte importante de nuestras genealogías. Si conocemos bien nuestras raíces y si valoramos el esfuerzo de las mujeres que nos precedieron, nos sentiremosmás seguras de nuestro lugar en el mundo y tendremos más fuerza para defender nuestros derechos.

Me gustaría que otras os animarais a sacar a la luz a todas las mujeres de vuestros pueblos y ciudades. Que entre todas tejiéramos una tupida red para poder caminar con pasos más firmes.

Carmen Romeo Pemán

Imagen principal. 1943, Asunción Pemán Marco con sus alumnas. Foto de Gregorio Romeo Berges.

Referencia bibliográfica. Carmen Romeo Pemán, “De las Escuelas de El Frago”, Institución Fernando El Católico, Zaragoza, 20014.

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