La danza de los estorninos en el cielo de Huesca

Los estorninos dibujan un murmullo fractal en el cielo. “Danza del amor y la muerte. Cuento fantástico”, Aleph Sturning.

Los estorninos habían elegido el Parque Grande como dormidero. Con las primeras nieblas otoñales, a primera hora de la mañana, las bandadas de estorninos, que salían en buscade comida, oscurecían el cielo. La ciudad se despertaba cubierta con un manto blanco de excrementos de estos pájaros, negros y picudos, que no paraban de graznar. Un penetrante olor fétido se expandía por todos los rincones de las casas. Llegaba hasta las cocinas, se agarraba a las gargantas, entraba en los estómagos y producía náuseas y vómitos.

Durante el día invadían las cosechas de los campos. Entre los sembrados, se veían miles de puntos negros pirateando las semillas. Los que tenían el buche lleno se colgaban, como notas de solfeo, en el pentagrama de las líneas telefónicas y en los cables de la luz.

Las autoridades trataron de echarlos con grandes hogueras y mucho humo, pero fracasaron. Tampoco lo consiguieron con fuegos artificiales. Ni lo lograron los vecinos que intentaban espantarlos imitando sus graznidos. Los cazadores, con batidas a tiro limpio, provocaron una mayor algarabía de estorninos.

Entre todos consiguieron que se alejaran durante el invierno. Aunque, en realidad, eso se debía a su instinto migratorio.

Los del Ayuntamiento instalaron en la copa del pino más alto del parque un robot con apariencia humana. En 1995 sustituyeron los tradicionales espantapájaros por un estorninator que los oscenses bautizaron como Tordokoph. Es que eso de estorninos era un nombre muy reciente.

—¿Adónde vamos a parar? Mira que llamar estornino a lo que siempre hemos llamado tordo? —le comentaba una vecina a otra de ventana a ventana.

El estorninator era un artilugio del diseñador Julio Luzán, el mismo que creó las rupertas de Chicho Ibáñez Serrador para el programa “Un, dos, tres…”. Este robot de apariencia humana se movía como un hábil cazador.

—He elegido la forma de un humanoide cazando porque los pájaros tienen muy interiorizada la figura del cazador —así lo explicó Luzán a la prensa.

El Tordokoph llevaba una armadura de hierro, como los caballeros de las cruzadas. Debajo de la celada, unos altavoces con sonidos de disparos y otros con graznidos de estornino. Con esos irritantes chillidos que emiten estos pájaros cuando sienten un peligro cerca. En la cota de malla se enredaban unos cables que acababan en potentes focos, como los del teatro. De vez en cuando,emitían unas ráfagas de luz en forma de lenguas de fuego para incomodar a esta plaga de okupas.

En menos de una semana, este espantapájaros moderno, equipado con motor, escopeta y altavoces, se había convertido en una de las mayores atracciones de Huesca. Y en menos de un mes, en la entrada del parque se formaban largas colas con turistas de todo el mundo. El Tordokoph había hecho tan famosa a la capital oscense como el Ecce Homo a Borja.

Las opiniones sobre el Tordokoph estaban divididas. Los ecologistas decían que rompía las vías naturales de la migración. Los políticos discutían si la cibernética podría llegar más lejos que la cinegética. Los del Ayuntamiento creían que iba a ser un método muy eficaz porque el cerebro de las aves había evolucionado tanto que ya era casi como el de los humanos. Por eso resultaba cada vez más difícil asustarlas con los medios tradicionales. Las amas de casa llamaban a la radio local para protestar por un artilugio que provocaba estrés y agresividad a sus mascotas.

Y no todos estaban de acuerdo en que los estorninos fueran una plaga molesta. Para los científicos los “murmullos de estorninos” eran un ejemplo de “inteligencia del enjambre”, como la de los grandes cardúmenes de peces.

Para las matemáticas del caos, además de volar con perfecta coordinación, dibujaban en el cielo la figura de un estornino gigante, el autorretrato del que cada uno de ellos era un fractal.

Para los músicos y poetas, el susurro de estas nubes negras era un momento extraordinario. Mozart llegó a vivir tres años con un estornino. Cuando murió, lo enterró en el jardín y le escribió un poema: “Aquí descansa un querido y pequeño loco: mi estornino”.

Mientras tanto, el pastor del Arrabal, furioso porque se le comían el pienso de su rebaño, en pocas horas cazó más de diez mil con el método tradicional de las redes. Él, como sus antepasados, sabía que, en otoño, las densas nubes de estorninos volaban muy bajo y bailaban una danza coordinada y misteriosa. Y también sabía que esa danza era un momento muy oportuno para la caza.

Carmen Romeo Pemán

Imagen destacada. Huesca. Una bandada de estorninos al amanecer.

Este año de 2018 se cumple el 25 aniversario de la llegada de los estorninos a Huesca.

9 comentarios en “La danza de los estorninos en el cielo de Huesca

  1. Adela Castañón dijo:

    Carmen, no contenta con regalarnos relatos preciosos, nos obsequias también con esas fotos que me dejan ojiplática… Eres una artista, en el más amplio sentido de la palabra. ¡Enhorabuena, amiga! Muchos besos 🙂

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