Por qué nos gusta tanto la literatura fantástica

La literatura fantástica, que no debemos confundir con la ciencia ficción, es un género que cada día gana más adeptos. Está viviendo una especie de edad de oro y me pregunto por qué.

A veces me gusta comparar el placer de la lectura con el de la comida. Llenar el estómago me produce una satisfacción similar, salvando las distancias, a la que siento cuando mis ojos devoran las páginas de un buen libro. Dejando al margen que la sensación que me deja la lectura es mucho más duradera y, además, no me hace engordar, esta clase de nutrición tiene una magia especial porque funciona en más de un sentido: lo que leo me alimenta desde fuera, pero cuando lo proceso y lo interiorizo mi cerebro, mi persona, se alimentan desde dentro con un producto que ya es diferente de lo que esta impreso en las páginas que he leído. Creo que ahí está el quid de la cuestión.

No hace tantos años que viajar era algo a lo que solo tenían acceso unos pocos. Los aviones, las carreteras, la tecnología eran barreras físicas para conocer el mundo. En ese contexto, leer una novela de Emilio Salgari era una aventura maravillosa que nos permitía viajar con la imaginación a parajes de ensueño en los mares del sur en los que, si cerrábamos los ojos, cualquier fantasía o cualquier historia podía ser real. Pero en la actualidad es difícil otorgar ese halo mágico a sitios a los que podemos llegar en un vuelo transatlántico de pocas horas, para encontrar que el misterio oriental se desmorona cuando nos enfrentamos a la realidad. Es difícil creer en la magia al ver muchas de esas playas enfermas de un cáncer con metástasis en forma de macro complejos hoteleros al servicio del cliente. El mundo se ha convertido en un lugar demasiado pequeño donde cada vez tienen menos cabida los sueños.

¿Qué nos queda entonces?

Pues nos queda un mundo virtual donde todo sigue siendo territorio virgen e inexplorado: el mundo de la fantasía. En sus reinos podemos aceptar que ocurra cualquier cosa y recuperamos el placer de volver a ser niños. La ciencia ficción, a diferencia de la literatura fantástica, se desarrolla dentro de un contexto físico y tecnológico que podríamos ubicar en el mundo que conocemos. Pero en el caso de la fantasía nos moveremos siempre por tierras que solo existen en nuestra imaginación. Allí, los seres mitológicos y la magia desplazan a la más sofisticada tecnología, cualquier historia entra dentro de lo posible y esa es una golosina a la que, como los niños, es difícil resistirse.

Vivimos en más de un plano. En el físico, estamos donde estamos, con los pies sobre la tierra, en nuestra casa, en nuestra ciudad, en nuestro lugar de vacaciones. Pero la película que nos montamos en la mente es otra historia. La vida es lo que es, lo que son las cosas, y eso es lo que va llenando nuestra cabeza para que después, con ese material, que cada cual construya lo que quiera o lo que pueda. Y la literatura fantástica nos otorga esa libertad de movimientos que nos ayuda tanto a que no nos ahoguen los problemas cotidianos, el llegar a fin de mes, el saber si nos van a renovar o no el contrato de trabajo.

Cuando leemos una buena historia pasa a ser algo nuestro. Y eso, igual que los recuerdos, se convierte en parte de nuestro capital, en una especie de propiedad privada que nos hace sentirnos más ricos tanto si la guardamos celosamente como si la compartimos. Lo importante es que está ahí.

Me considero una persona afortunada. Mi padre me enseñó a amar la lectura. Tengo salud, trabajo, familia. Conozco varios países. Y os confieso que entre mis itinerarios favoritos sigue destacando el mapa de la Tierra Media. Porque cuando el cine nos la mostró, yo ya la conocía. Había viajado hasta allí con el libro de El Señor de los Anillos entre las manos, sin moverme del sillón.

He volado a lomos de Fujur y de Eragon. He atravesado la puerta del armario para entrar en Narnia. Me he perdido por los pasillos de la biblioteca de Hogwarts. El hielo ha mordido mis carnes en Invernalia.

De cada viaje, he regresado con un botín.

Y sé que hay muchos más mundos esperando mi visita.

Adela Castañón

 

Imagen: Pixabay

7 comentarios en “Por qué nos gusta tanto la literatura fantástica

  1. Adela Castañón dijo:

    ¡Gracias, amiga! La verdad es que es bonito disfrutar de muchos géneros, porque creo que todos nos enriquecen aunque nuestros gustos siempre tiren a algo concreto. Yo jamás pensé que me gustaría tanto leer relatos costumbristas e íntimos con tus historias fragolinas, y ahora me paso los días esperando la siguiente. Un montón de besos.

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  2. Curro Jimenez dijo:

    Querida Adela, sirves para todo. Te dan un boligrafo o una tablet -cosas del mundo moderno- y vuelas. Vuelas tanto y tan alto que te creo capaz, incluso, de escribir con arte y gracia literarios, un prospecto de cualquier medicina de las que recetas a diario. Lo que yo lamento, -o no-, es no cocer la tierra media, ni haber tenido noticia de la existencia de Fugur y de Eragon, ni conocer los pasillo de la biblioteca de Hogwarts, ni nunca el hielo ha mordió mis carnes en Invernalia. A cambio te confesaré un pecadillo: he leído casi toda la obra de Julio Verne y me he creído Miguel Strogoff en más de tres ocasiones que la he releído. No me equivoqué: sirves para esto. Enhorabuena una vez más. Un beso

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  3. Adela Castañón dijo:

    Querido Curro: me confieso también de haber cometido los mismos pecadillos. Pero volvería a hacerlo… Gracias por ser la cerilla que prendió en mí la llama de la escritura. De no ser por tu cariñosa insistencia, no habría empezado todavía a escribir porque siempre sería eso de “para hacerlo más adelante”. Muchos besos.

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  4. Mónica Solano dijo:

    Amiga, ¡wow! Es como si te hubieras metido en mi cabeza y hubieras puesto en palabras preciosas el por qué me gusta tanto la literatura fantástica. Amé cada palabra de tu artículo, hasta se me erizó la piel cuando terminé de leer. ¿Sabes que es lo que más me emocionó? Que eso es lo que sueño con mi novela. Crear un mundo maravilloso en el que, así como tú lo has hecho en su momento, puedas recorrerlo y amarlo y refugiarte. Gracias amiga por escribir este artículo. Te quiero montones.

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  5. Adela Castañón dijo:

    ¡Gracias, Moni! Por lo que llevo leído del borrador de tu novela, tu mundo será increíble y te aseguro que voy a empadronarme en él nada más conocerlo. ¡Bravo por ti! Yo también te quiero, amiga.

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