«Como cada tarde”: Sara Puente y su bisabuela fragolina

Las fragolinas de mis ayeres

La tarde se convirtió en mañana y dejó de ser rutinaria. Ese día Dominica Bernués, la protagonista de la novela de Sara Puente, no bajó al huerto de la fuente como cada tarde. Dominica subió al Fosal a acompañar a su bisnieta en la presentación de la novela que le había dedicado. Y yo la acompañé con unas palabras que en mi nombre pronunció Chesus Asín. No faltó la presencia de José Ramón Reyes, el alcalde. Tampoco faltaron las jotas de Inés Laplaza, ni los amigos y familiares de Zuera, que acudieron prestos al llamamiento de Sara.

Presentación de Como cada tarde, una novela de Sara Puente, en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de El Frago. En la mesa, Chesus Asín, José Ramón Reyes, alcalde, y Sara Puente. De pie, Inés Laplaza, que cantó las jotas del texto de la novela. El Frago, 21 de agosto de 2021, a las 11,30h.

¡Buenos días fragolinos, y bien llegadas las gentes que nos acompañan!

Hoy estamos con Sara Puente, una descendiente de casa Juana María. Sara, con técnicas literarias atinadas y con una voz segura, acaba de sacar a la luz una novela fragolina.

¡Enhorabuena, Sara! Acabas de dar voz y sentido a las fragolinas de finales del siglo XIX y de principios del XX, a una generación de fragolinas y fragolinos de nuestros ayeres

En Como cada tarde, has dado vida a unas tradiciones y a unos legajos que eran propiedad de tu familia. Como dice Octavio Paz, has hecho literatura convirtiendo lo privado en público. Una de las formas más nobles de inmortalizar el pasado.

 Además, has dado un salto cualitativo enorme. Esta novela se puede leer como un tratado de antropología de todo Aragón. Aquí has recreado viejas costumbres y ritos de nuestro pueblo y de todos los pueblos aragoneses. Así que siguiendo con Octavio Paz, te diré que lo local es universal y lo efímero es eterno.

Y para dar este salto, vas salpicando tus páginas con frases lapidarias, refranes aragoneses, que convierten lo local fragolino en general de Aragón e incluso en lo ancestral de otras culturas rurales.

La hacienda solía heredarla el hijo mayor. Aquella era una ley no escrita. En esta frase, recoges una costumbre ancestral cualquier cultura rural. Este tema es el anclaje en el que fundamentas toda la novela.

Las mujeres, en Aragón eran las propietarias de los huertos cercanos a los pueblos, como una prolongación de lo doméstico. Desde el primer párrafo hasta el último sabemos que lo más preciado de Dominica era su huerto familiar

Y un poco más adelante, particularizas ese huerto, que prolonga la intimidad de la casa, en uno concreto que hay en la arboleda de El Frago, justo al lado de la fuente.

Ella optaba por ocupar muchos de sus ratos en trabajos intentando sacarle partido a ese pequeño trozo de tierra para aportar al hogar algo más y, cuando se sentía cansada, era en ese huerto donde prefería estar a solas.

Y Dominica se enfrenta, como heroínas calladas, a la miseria que la azotaba.

Entre las faldas llevaba un pequeño trozo de tela vieja en la que había envuelto un pedazo de pan y unas olivas, que pensaba darles a los chavales cuando quisieran merendar bajo la sombra del manzano ya cubierto de nuevas hojas. Solo a los dos mayores, Miguel y Julián. Al pequeño Rafael aún le sacaría un poco la teta para que mamase algo, a pesar de que ya iba siendo mocico para eso, pero así era una boca menos.

Como cada tarde, mientras los críos corrían a sus anchas subiendo y bajando la cuesta, entrando y saliendo del huerto, saltando la pequeña tapia, ella, sin perderlos de vista, daba vuelta por las hortalizas.

Dominica Bernués. La fragolina real

Sara, tu novela es una versión idealizada de tu bisabuela Dominica Luna Bernués (1884-1977), perteneciente a una familia de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. Era hija de Demetrio Luna Casabona (1840–1928). y Petra Bernués Pérez (1848–1920), de casa Juana María, hija de Gil Bernués y de Juana María Pérez. Vivían en la calle Príncipe 4. También vivieron de recién casados en la calle Cubillo, en casa el Curro. En la partida de defunción de Petra, leemos: Estaba casada con Demetrio Luna Casabona, de cuyo matrimonio quedan cinco hijos llamados, Daniel, Agustina, Dominica, Félix y Juana Luna Bernués. Que el día 18 de mayo de 1918, en unión de su esposo Demetrio Luna otorgó testamento a favor de su hijo Félix Luna Bernués, ante el notario Pedro Remacha.

Pero, Demetrio y Petra fueron padres de más de cinco hijos, varios fallecidos de niños. Precisamente este dolor de las madres que pierden tantos niños y las campanas tocando a mortachuelo, o mortijuelo, es uno de los sentimientos más logrados en tus páginas.

Los hijos que sobrevivieron a Demetrio Luna y Petra Bernués los emparentaron con otras tantas casas de El Frago. De Daniel, casado con Marcela Casabona, proceden los de casa de las Escaleretas y quedan abundantes descendientes. Entre otros mis vecinos de casa Manuelico. De Agustina los que vienen a casa Navarro en El Terrao. Dominica y Manuel Puente Palacio (1873 – ¿?), los protagonistas de hoy, se casaron en 1903. Manuel nació en El Frago, no en Agüero, como se dice en la novela. Su padre sí que era de Agüero.

Su hermano Félix, el heredero, se casó con Dominica Ángel Soro, de casa el Tejedor, y fueron los padres de Eustaquio y Félix. ¡Cuidado! Que podemos confundir a las dos Dominicas. En realidad eran cuñadas.

Como bien sabes y cuentas en la novela, los hijos de esta extensa familia, como los de otras muchas, tuvieron que emigrar para sobrevivir. Estos fueron los nuevos Ulises fragolinos que ya no encontraron a sus Penélopes.

Esas familias, tras el arrojo de buscar mejor fortuna, dejaron en El Frago lo mejor de sus vidas y sus mejores recuerdos. Y aquí tu escritura testimonial cobra mucho sentido.

Esto es una novela, no un fragmento de historia.

Bien, pues siguiendo las convenciones de la creación literaria, estilizas y reduces las relaciones familiares. Intentas hacer una novela de personaje, el drama personal de tu bisabuela Dominica, y no una novela saga.

Dominica tendrá que pasar muchas pruebas, como las heroínas de los cuentos, para intentar llegar a ser ella misma. Pero a eso no se llega si no se rompen muchas cadenas con mucho dolor.

Dominica es un personaje que ama, ríe y sufre. Pero, sobre todo, es un personaje que evoluciona. Vemos cómo va cambiando en estas trescientas páginas. Es un personaje bien construido en busca de un deseo y nos va creciendo, psicológicamente, en las páginas de la novela, como las grandes heroínas literarias.

Y para que no lo entendamos como un libro de historia ni como una genealogía, comienzas por identificar a tu personaje con el apellido materno, Bernués. Con este bautizo, Dominica Bernués se convierte en el personaje literario que engendrará el drama de la dominación del patriarcado sobre sobre las mujeres rurales.

Una nueva narradora.

Además, idealizando su figura, cambias hasta el nombre de su casa. Llamas casa Bernués a la que los fragolinos conocemos como casa de Juana María.

Sara, como en un crisol, has fundido la voz de tu bisabuela y la tuya propia, un recurso que en tus manos tiene un resultado una muy original.

Desde el primer párrafo me enamoré de una narradora en tercera persona. No era como el narrador omnisciente de los centones narrativos tradicionales. Tampoco era una narradora excesivamente cercana a Dominica. Poco a poco, fui descubriendo a una narradora contemporánea, heredera de los narradores que tantas veces te han contado historias junto a las llama del hogar.

En ese descubrimiento de la narradora oculta, me ayudaron los giros de la trama, concebidos a la luz de las funciones de los personajes de los cuentos de hadas. El personaje que sale de casa y pasa una prueba. La mujer paciente que, como Penélope, espera la vuelta del marido. Los abundantes Ulises fragolinos que aparecen en cada esquina.

Descubrí a una narradora que cuenta la tragedia de unas vidas desarraigadas con el mismo tono y función que lo hacen los cuentos maravillosos.

El arranque de la novela nos anuncia un mundo verosímil y un narrador fiable, que se cree todo lo que  le han contado.

Como cada tarde, Dominica bajó con sus hijos y la tranquilidad que la caracterizaba hasta un huerto que tenía junto al río. Era una mujer joven, aunque ya con mucha experiencia. Alta y más que delgada, flaca, aunque con buena figura. Sencilla en el vestir. De pelo oscuro sin ser negro, rizado, sujeto en un sencillo moño bajo. De ojos claros y clara también la piel. La de la cara moteada de pecas. Mujer de semblante sereno y pasos firmes.

Con este retrato ya nos enganchas. En ningún momento querremos dejar de saber qué le pasa a Dominica.

Otros recursos literarios.

Antes de abrir la novela acaricié el tacto suave de esas tapas ilustradas con unos símbolos atractivos,  que nos llevan a un pasado que ya no existe.

A continuación la novela avanza con un sabio juego de anticipaciones y resúmenes narrativos. Poco a poco se va creando un mundo cerrado y angustioso en el que no queda ni un cabo suelto.

El papel manuscrito, lo sé porque me lo has chivado tú, es una parte de las capitulaciones matrimoniales que un día encontraron en un saco Félix y Eustaquio. Esas capitulaciones, tan importantes en nuestra legislación aragonesa, tienen un sentido práctico y son una especie de compra venta encubierta de las mujeres.

Sobre las capitulaciones vemos las llaves de la casa de Dominica, las que la ataban a una tradición familiar y la que ella estaba tentada de abandonar para conseguir ser ella misma y no un fruto de un concierto de intereses de hombres.

En las capitulaciones los padres sellaban el destino de sus hijos para siempre. Allí estaban reflejados todos los bienes y deberes de los futuros cónyuges. Los padres ataban la vida de la nueva pareja, sobre todo, las obligaciones de la mujer. ¡La foto es oportuna, simbólica y bellísima!

En el reverso del libro, vemos una vela apagada, símbolo de un tiempo y unas vidas que se apagaron en sí mismas. Una vela que lleva superpuesta una llama alta y muy blanca. Con este símbolo quiero entender que nos avisas de lo importante que es recuperar los recuerdos. Más de la mitad de las páginas, en cursiva, son flash back, recuerdos en vivo y en directo.

Por eso la narradora no se esconde, cuenta el pasado mezclando palabras y frases del pasado con muletillas y expresiones de gran actualidad. Es que eso ha sido y es la novela. Dar vida a lo que se fue y alumbrarlo con una luz nueva para que no vuelva a morir.

Co las tramas vas tejiendo un delicado tapiz. La trama principal, el matrimonio impuesto a Dominica, la resuelves como una lucha contra los instintos, como en los dramas de Lorca. Y ese es el papel fundamental de Aurelio, un personaje de tragedia clásica, como el nombre que lo canta.

Por otra parte, abres el escenario con viajes de la protagonista. Eso te permite introducir costumbres de otros pueblos: Agüero, Luna y, sobre todo, Ejea. Las páginas de la feria de Ejea son memorables y excepcionales.

Las llaves de la casa de Dominica sobre sus capitulaciones matrimoniales, guardadas celosamente en casa de Juana María, en un saco, junto a otros documentos importantes de la familia.

Y termino

Hace tres semanas estuve comiendo en la Arboleda de la Fuente y, al marcharme, regué un arce, que la familia Puente Luna ha plantado cerca de la gran secuoya. Con el agua de la fuente quise ayudar a mantener vivo este recuerdo tan precioso y preciado. Espero que ese arce crezca como la llama de la vela que alumbra esta novela.

Espero que los lectores y amigos de Sara, cuando leáis Como como cada tarde, disfrutéis tanto como yo.

Enhorabuena, Sara, por este regalo que hoy nos haces a todos los fragolinos.

Sara con sus amigos de Zuera en la puerta mayor de la iglesia de San Nicolás de Bari de El Frago.

El 21 de enero de 1903, entró por allí la joven Dominica, soltera, de 19 años, para casarse con el viudo Manuel Puente, de 29 años. Los casó el párroco Mateo Echevarría Latorre. Asistieron a la ceremonia varias personas: parientes, relacionados y los testigos Eusebio Ángel y Miguel Laguarta. Y todo se hizo con «el consentimiento de los señores padres de la contrayenta«.

Sara Puente Gracia (Zuera, 15 de enero de 1959). Toda su vida ha transcurrido en Zuera, donde ha trabajado en varios puestos administrativos. Con la pandemia de la covid, la trasladaron de la Biblioteca Municipal al Aérea de Patrimonio y Medio Ambiente del Ayuntamiento.

Desde niña ha sido una gran lectora y le ha gustado escribir. Ha escrito relatos en concursos y en antologías de varias editoriales. Como cada tarde es su primera novela. Editada en Diversidad literaria, en el año 2021.


Foto del comienzo: Sara Puente y Carmen Romeo saboreando la llegada de Como cada tarde, en la Gran Vía de Zaragoza. Junio de 2021.

Carmen Romeo Pemán

4 comentarios en “«Como cada tarde”: Sara Puente y su bisabuela fragolina

      • María José Evangelista Navarro dijo:

        Muy bonita y entrañable historia de los que vivieron antes que nosotros . Es emocionante el trabajo que nos trae a la actualidad lo que algunos no conocen y otros casi hemos olvidado . Me ha interesado el post de “luces y sombras de mi familia materna “ porque me he puesto a mirar papeles y fotos que estaba en casa Plaza , y que fueron recogidas antes de su venta hay muchos secretos que ya han empezado a desvelarse , de familias que tenían relación con la de Carmen . En cuanto a” Cómo cada tarde “ , es historia que sale del corazón . Muchas gracias .

        Le gusta a 1 persona

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