Pan para los rebeldes

De las fragolinas de mis ayeres

Era una tarde soleada y todas estábamos calladas en la clase de labores, escuchando los cuentos de doña Simona. De repente se abrió la puerta y entró un hombre con una escopeta en un hombro y una manta de cuadros en el otro. Con la mano le hizo una señal a doña Simona para que saliera. Entonces ella se levantó con sobresalto, salió al pasillo y estuvo un buen rato conversando con el señor de la manta. Aunque no podíamos oír lo que decían, nos llegabael tono excitado de la maestra. Cuando volvió, tenía la voz rara.

—Ahora vamos a suspender la clase y cerraré la escuela. Vosotras os vais a casa sin pararos en ningún sitio. Y no tengáis miedo que no os pasará nada, os lo prometo yo, y también este señor que está a mi lado. —Se giró a señalarlo y vio que no estaba solo.

Aquella aparición fantasmagórica nos hizo temblar a todas. Obedecimos a doña Simona y, en una fila muy ordenada, sin empujones, salimos a la plaza. Y ¡qué sorpresa! Allí estaban nuestras madres cosiendo botones en las camisas de unos hombres que habían venido del monte. Enfrente de la puerta de la escuela, el banquero que iba de un lado al otro de la plaza estaba lleno de panes de kilo y medio. Yo nunca había visto tantos panes juntos. No sé cuántos había, pero, desde luego, eran muchos, como si hubieran juntado los de todas las masadas de todas las casas del pueblo.

Cada una de nosotras se acurrucó junto a su madre, menos las dos chicas de casa Zarrampullo que, como no tenían madre, se quedaron junto a la maestra.

De repente oímos a Dominica del Corronchal que se dirigía a un grupo de hombres armados:

—¡Oigan, ustedes! Nosotras les llevaremos la comida que podamos recoger y les amasaremos pan. También les lavaremos la ropa y les remendaremos las camisas. Pero no vengan al pueblo, que nuestros hijos se ponen nerviosos. Nosotras iremos al monte con el recado.

Antes de que nadie le replicara continuó con un tono más enérgico:

—Saquen ahora las mulas de nuestras cuadras y váyanse antes de que vuelvan nuestros maridos del campo, que aquí se armará la de san Quintín si no tienen sitio donde meter las nuestras cuando lleguen.

El grupo de hombres sacó las caballerías de las cuadras, recogió los panes y, con calma, tomó el camino que llevaba a la Sierra de la Carbonera. De todos era sabido que allí había un importante campamento de maquis.

Las mujeres esperaron a que los maquis desaparecieran por la collada. No faltaba ninguna. Ellas iban a arreglar este asunto. Ya bastaba de violencia. Si los hombres tenían que ir al monte, Dominica haría las veces de alcaldesa y las otras estarían con ella. Todas juntas conseguirían acabar con un enfrentamiento que azotaba a Valzargas y a la redolada desde hacía más de cuatro años.

Desde entonces se tuvo en cuenta la voz de las mujeres valzargueñas. Cuando llegaron las elecciones, Valzargas tuvo un Ayuntamiento solo de mujeres.

Y doña Raimunda escribió un relato para que nunca se olvidara esta gesta. Hoy en las clases de costura las niñas le piden a la nueva maestra:

—Por favor, léanos el cuento que dice cómo nuestras abuelas amasaban el pan para los rebeldes.

Carmen Romeo Pemán

rayaaaaa

Imagen principal de Inmaculada Martín Catalán. (Teruel, 1949). Conocí a Inmaculada cuando llegó al Instituto Goya de Zaragoza. Venía con un buen currículo y con una excelente fama como profesora. Ha participado en numerosas exposiciones colectivas de escultura y pintura. Ya es una habitual colaboradora de Letras desde Mocade con la ilustración de mis relatos.

20170209. Inmaculada en el Pablo Gargallo

Inmaculada Martín Catalán dibujando en el museo Pablo Gargallo

15 comentarios en “Pan para los rebeldes

  1. Mia Pemán dijo:

    Menuda historia real… madre mía.
    Pero, es la primera vez que leo algo así. Aunque, no es la primera vez, que sé de una historia parecida.
    No de maquis, sí de soldados italianos y españoles, que un día llegaron a un pueblo castellano. Pero, lo intentaré contar en mi blog, un día de estos, si no… no se vale.
    Además, no es justo ni necesario, juntar dos historias diferentes y a la vez, muy parecidas…
    Cada historia ha de tener sus argumentos y no se pueden juntar, por se de diferentes zonas de la península, aunque de la misma guerra.
    Profunda e interesante historia contada… y muy bonito el cuadro de esa pintora Inmaculada Martín Catalán… muy parecido a muchas casas antiguas ya casi caídas, de la zona Norte,
    Un abrazo, Carmen Romeo Pemán.

    Le gusta a 2 personas

    • Carmen Romeo Pemán dijo:

      Gracias, Mía, por compartir tus recuerdos. Me gustará leer tu historia y el nuevo punto de vista.
      Por encima de los enfrentamientos de la Guera Civil, las mujeres como mediadoras de paz. Nos queda mucho camino por recorrer, pero seguirmos en la brecha. Un abrazo.

      Le gusta a 2 personas

      • Mia Pemán dijo:

        No hay de qué, Carmen… muy amable.
        Estos días miraré para atrás, y acercaré los relatos de mi abuela materna, y de esa manera podré escribir ese relato cortito…
        Es de otra manera, pero… con ello demuestra, que ellas también hacían bastante en su pueblo y la chispa de una mujeruca de 90 y tantos años, qué un día contó algo la mar de original, pues nunca antes lo había relatado, después que pasó… Estuvo muy bien, que a mí me hizo reír y todo, a pesar de qué, eran tiempos extraños y qué más bien parecía una ocurrencia, más que un pequeño episodio…
        Ahí mismo, aunque no se facilitan mucho las cosas. Mucho prometer los gobiernos, y a la hora de la realidad, el apoyo es nulo y más, por mujeres, que eso es lo más insólito.
        Un abrazo,

        Le gusta a 2 personas

      • Carmen Romeo Pemán dijo:

        Mía, espero tu relato, seguro que será muy interesante.
        Las voces de nuestras antepasadas nos dan la clave de lo que somos hoy. Me interesa mucho la genealogía de las voces femeninas. Y la figura de las mujeres como mediadoras de paz. “La tumba de Antígona” de María Zambrano, la obra de una gran maestra, recoge este doble sentido: la mujer-Antígona como mediadora en los conflictos, en las guerras, y las voces que va oyendo en su conciencia. Voces que se van corporeizando en el relato.

        En otro contexto, pero con el mismo espíritu, he redactado tres artículos sobre estos aspectos: “La voz de las mujeres en la lírica tradicional”, “Cien años tejiendo la paz” y “Sanadoras y mediadoras en las guerras”, que encontrarás en este mimo blog.

        https://letrasdesdemocade.com/2017/03/06/la-voz-de-las-mujeres-en-la-lirica-tradicional
        https://letrasdesdemocade.com/2016/11/14/cien-anos-tejiendo-la-paz
        https://letrasdesdemocade.com/2016/10/17/sanadoras-y-mediadoras-en-las-guerras

        Gracias, Mía, por tus aportaciones. Estos diálogos me ayudan mucho a enriquecer mis escritos Un abrazo.

        Le gusta a 2 personas

      • Mia Pemán dijo:

        De acuerdo, Carmen… lo traeré… descuida, y añadiré algunas cosas del después, que otras mujeres más jóvenes que ellas, luego dieron su opinión al respecto. Para mí, se equivocaron…
        Y leeré esos tres enlaces que me aportas. Muchas gracias a ti, también por tus magníficas obras. Un abrazo grande.

        Le gusta a 2 personas

  2. Marisol dijo:

    como siempre un relato magnifico. me ha encantado, sobretodo por el papel que las mujeres siempre realizamos para arreglar las cosas, con cariño o enérgicas según la circunstancia lo requiera. Un beso Carmen, no dejes de escribir estas historias tan familiares a la descendencia de los del Frago

    Le gusta a 2 personas

  3. Josefina López dijo:

    Es un placer leer estas historias del pasado que tú nos traes a la memoria con extraordinaria maestría y sensibilidad. Conviertes una pequeña anécdota en un relato lleno de belleza, magníficamente ilustrado por Inmaculada Martín. La palabra y la imagen, unidas para hacernos disfrutar doblemente. Gracias a las dos.

    Le gusta a 2 personas

  4. Marijo dijo:

    Carmen, este relato me ha llegado al alma. Gracias una vez más.

    La acuarela que lo ilustra, difícil de superar. Ya me entiendes.

    Y como siempre, despertando mi curiosidad. En cuanto acabe el curso te pregunto por la obra de María Zambrano que comentas.

    Le gusta a 2 personas

  5. Adela Castañón dijo:

    Increíble y magnífica, como siempre. Haces inmortal a El Frago cuando pintas de vida sus historias, Carmen. Y, como siempre, ha sido un honor, un placer y un disfrute el poder leerte una vez más. Un beso enorme, amiga.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s