Los ruejos del Arba

A mi nieto Sergio, que tanto le gusta andar por los ruejos.

Estábamos comiendo en silencio, todos atentos al parte en la radio, que así se llamaba el boletín de noticias. Cuando acabó el locutor, mi padre apoyó los codos en la mesa y me dijo en tono solemne:

—Alodia, tenemos que hablar muy en serio.

Me pilló tan despistada que no sabía de dónde podían venir los tiros. Llevaba muchos días portándome bien para que no me castigara.

—¿Qué he hecho ahora?

Se me cayó cuchara al plato y la sopa salpicó el mantel. Mi madre corrió a buscar una bayeta, ronroneando: “esta Alodia es una patosa. Mira que manchar el mantel que tejió el señor Benito”.

—No, no me mires con esa cara de susto que hoy no te voy a reprender. Hoy quiero hablarte de tu futuro. —Yo me puse en guardia. Aquellas palabras me sonaban peor que un castigo.

—¿De mi futuro? ¿Ha cambiado algo? ¿Ha pasado algo?

—No, hasta ahora nada, pero vas a cumplir diez años y tendremos que pensar en llevarte interna a la ciudad.

—¿Quéé? Pero si yo he quedado con mamá que no iría a las monjas hasta los catorce años.

—Eso son cosas de tu madre que no para de darme la murga con que ella te va a echar de menos y tú vas a pasar muchos cariños.

—Por favor te lo pido —junté las palmas de las manos—. Prepárame tú para el bachillerato como haces con los chicos.

—¿Lo ves? Lo que le digo a tu madre. —Se limpió los labios con la servilleta y siguió—: Aquí no puedes seguir con esa vida de chicazo.

La verdad es que solo pensaba en bajar a pescar al río. En verano los acompañaba a cortar espliego y se lo vendíamos al esplieguero. Yo llevaba media hoz roñosa que día me encontré en el Corronchal. A la vuelta la escondía entre unas matas de ortigas. Así no me la quitaría nadie.

—A ver, levántate la falda. Tu madre me ha dicho que llevas un corte en el muslo.

Cuando se lo enseñé me saltaron las lágrimas de rabia. No por la herida, que no me preocupaba, sino por mi madre. Me acababa de defraudar: “Palabrita del Niño Jesús.   A partir de ahora, nunca, nunca le contaré ningún secreto”, me prometí en silencio.

—Y tú callada, ¿eh? Mira, me he enterado por casualidad. Se le ha escapado a tu madre. ¡Basta ya de patrañas entre vosotras!

—Ahora sí que no entiendo nada. Tú siempre me has dicho que tus alumnos son más nobles que las chichas. Y también sabes que voy con ellos pero no hacemos nada raro. Puedes preguntárselo mañana en la escuela.

—A ellos no les tengo que preguntar nada. Aquí la que mea fuera de tiesto eres tú.

—Estoy segura de que sabías que iba con ellos al espliego. Y lo de la hoz ha sido poca cosa.

—Eso de poca cosa lo dirás tú. Ahora mismo vamos a casa del médico a que te ponga una inyección contra el tétanos. Y le explicarás cómo te lo hiciste.

—¡No puedo más! Me estoy sofocando mucho.

—Eso son lágrimas de cocodrilo.

—Pues el médico lo entenderá. Que no será la primera herida de una hoz que vea en este pueblo.

—¿Pero qué formas son esas de hablar a tu padre?, ¿no te das cuenta de que solo aprendes malos modales? Nunca serás una señorita como Dios manda.

—Es que yo no quiero ser una señorita. No quiero llevar faldas de tubo ni zapatos de tacón. No me quiero pasar las tardes apoyada en las paredes del baile esperando a que los mozos me saquen a bailar.

—¡Basta ya! Lo que me faltaba, una mocosa metida entre las parejas del baile.

De unas nos fuimos a otras y la discusión subió el tono. En un momento, empezaron los gritos. Mi madre se azoró, se le cayó la sopera con las albóndigas y le salpicó la camisa.

—Y tú, podrías tener más cuidado. —Mi madre se apretaba las manos escaldadas con el delantal.

—Pues ahora voy a hablar yo —dijo mi madre—. No sé a cuento de qué has sacado esta conversación del internado si yo ya había hablado con Alodia. Y tú estabas de acuerdo en que siguiera en casa tres años más. Esto es que te han contado algún chisme nuevo o te ha dado una tarantela.

—¡Y tú no le des la razón a la niña! ¿Es que no te das cuenta de que aquí ni va estudiar ni nos podremos hacer con ella?

—Pues claro que voy a estudiar, como hacen todos los que se examinan libres. Y no sé a qué te refieres con que no os podréis hacer conmigo. ¿Acaso es malo coger renacuajos y tenerlos en casa mientras se les caen las colas y les salen las patas? ¿Es malo ir a ver cómo crecen las crías de los picatroncos?

—No, eso no es malo —dijo mi padre—, pero no es propio de una chica.

Yo había hablado muchas veces con mi madre de la desazón que sentía cada vez que pensaba en un colegio de monjas.

—Bueno, pues que este año se examine libre de Ingreso y luego volveremos a hablar. Hoy estamos demasiado acalorados los tres para tomar decisiones —dijo mi madre.

Mi padre dio un puñetazo en la mesa, se levantó y, antes de salir del comedor, se volvió hacia nosotras:

—Aquí mando yo. ¿Me habéis oído?

A los pocos días me subí al coche de línea y me senté en la última fila. Por el cristal trasero veía cómo se alejaba la roca sobre la que se asentaba el pueblo. Llevaba en el bolsillo dos piedras redondas del Arba. Me las había dado el abuelo de casa Garriancho, que estaba ciego y aún vestía calzón.

—Toma, moceta, estos ruejos que te caben en la mano. No los sueltes que así no te marearás. Y guárdalos hasta que nos volvamos a ver.

En las primeras vacaciones volví a devolverle los ruejos. Pero hacía dos meses que lo habían enterrado. Me los volví a meter en los bolsillos y aún los conservo. Esos cantos rodados desprendidos de la gran roca que me vio nacer- De tanto acariciarlos cuando escribo, se han convertido en brillantes pisapapeles.

Carmen Romeo Pemán.

María Moliner en Zaragoza

#InstitutoGoya

El sábado día 30 de marzo, María Moliner Ruiz cumplió 119 años. Fue una de las primeras alumnas del Instituto Goya, en ese momento llamado Instituto General y Técnico de Zaragoza, que durante mucho tiempo estuvo situado en la vieja Universidad de la Magdalena, un edificio hoy desaparecido.

Fachada de la Universidad

Fachada de la desaparecida Universidad de la Magdalena. En este complejo universitario estaba el Instituto de Zaragoza.  En 1933 se trasladó al edificio de los jesuitas y se llamó Instituto Goya. En 1936 estuvo un tiempo en la Escuela de Comercio y después volvió a la Magdalena. En 1959, el mismo día que el Hospital Miguel Servet, se inauguró el edificio tal y como se conserva en la avenida Goya, 45.

Movida por el honor de haber impartido clases en el instituto donde ella estuvo de alumna, quiero recordar sus andanzas por Zaragoza, y los homenajes que la ciudad le ha dedicado poniendo su nombre a edificios, organizaciones y calles. Así, María Moliner sigue presente, de forma habitual y natural, en la ciudad de su adolescencia.

María Moliner Ruiz. (Paniza, Zaragoza, 1900-Madrid, 1981). Lexicógrafa. Licenciada en Historia, archivera, bibliotecaria y una infatigable trabajadora de la lengua española. Era hija de Matilde y Enrique, un médico rural que en 1902 se trasladó a Almazán (Soria) y en 1904 a Madrid. En 1914 María regresó a Zaragoza.

Comenzó los estudios de bachillerato en la Institución Libre de Enseñanza, y se examinó, como alumna libre, en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid (1910-1915). En 1915 pasó, también como alumna libre, al Instituto General y Técnico de Zaragoza. En 1917 figuraba como alumna oficial y en 1918 obtuvo el título. Fue una de las primeras alumnas que cursó el bachillerato en el Instituto Goya de Zaragoza.

María Moliner. Certificado

Como se aprecia en la foto de 1917, la que encabeza esta reseña, ese curso solo había seis alumnas, en la foto todas están junto al profesor don Miguel Allué Salvador —en 1917 era director don Pedro Marcolaín— . María Moliner lleva trenzas y está abajo a la derecha, la quinta de la segunda fila—. Entre sus compañeros del Goya reconocemos a Luis Buñuel —arriba a la izquierda, el segundo de la segunda fila— y a Ramón J. Sender —abajo, a la derecha, el segundo de la tercera fila.

En 1921 obtuvo premio extraordinario en la licenciatura de Historia, en la Universidad De Zaragoza Unizar, que entonces tenía la sede en la Plaza de la Magdalena, en el mismo edificio que estaba el instituto.

Carnet del Goya

Carné de la Universidad de Zaragoza

Desde 1917 hasta 1921, María Moliner, además de cursar Historias en la Facultad de Filosofía y Letras, se formó como filóloga y lexicógrafa en el Estudio de Filología de Aragón, dirigido por Juan Moneva. Allí colaboró en la realización del Diccionario aragonés y adquirió un método de trabajo que después le resultaría muy útil para la redacción de su Diccionario.

En 1922 ingresó por oposición en el Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, y comenzó a trabajar en el archivo de Simancas. Desde 1924 hasta 1930 estuvo destinada en Murcia, donde conoció a Fernando Ramón Ferrando, un catedrático de Física, con quien se casó en 1925. Fue la primera mujer que impartió clases en la Universidad de Murcia. Allí nacieron sus dos hijos mayores: Enrique y Fernando. En 1930 se trasladaron a  Valencia, donde nacieron Carmen y Pedro.

Ya en Valencia, María, Fernando y otros matrimonios fundaron la Escuela Cossío, siguiendo el modelo de la Institución Libre de Enseñanza, para educar a sus hijos de forma moderna y europea. Dirigió las Bibliotecas Circulantes de las Misiones Pedagógicas y escribió unas Instrucciones para el servicio de pequeñas bibliotecas. Realizó importantes aportaciones para la política bibliotecaria de la II República.

Al acabar la Guerra Civil fueron expedientados y degradados en el escalafón. Fernando perdió la cátedra y lo trasladaron a Murcia. Y a María la rebajaron dieciocho niveles en el escalafón y la destinaron al Archivo de Hacienda de Valencia. En 1946 su marido fue rehabilitado y destinado a la Universidad de Salamanca. Finalmente, la familia se instaló en Madrid y ella consiguió entrar como bibliotecaria en la Escuela de Ingenieros Industriales de Madrid.

Desde 1951 hasta 1966, ella sola definió en español actual, con paciencia y con un método riguroso, una a una todas las palabras del diccionario de la Real Academia Española. Y otras que todavía no estaban admitidas.

El resultado fue el Diccionario de uso del español (1966), uno de los diccionarios más originales, renovadores y valiosos de la lexicografía española del siglo XX, reeditado constantemente desde su publicación.

Marcapáginas

Un marcapáginas para libros

 

En 1972 no fue admitida en la Real Academia Española por su condición de mujer. María Moliner, trabajadora, inteligente y utópica, fue víctima de una sociedad que no era generosa con las mujeres.

Reconocimientos en Zaragoza

El antiguo camino de las Alcachoferas, en 1935 se llamó calle del alcalde Enrique Armisén Berasategui y desde 1957 hasta 1979 calle del General Millán Astray. En 1979, siendo alcalde de Zaragoza Ramón Sainz de Varanda, se le puso el nombre de María Moliner.

Mapa de la calle

En Zaragoza, también lleva su nombre la asociación de mujeres “María Moliner”, con sede en la calle Alcalde Burriel.

El logotipo de la Asociación de Mujeres María Moliner

Logotipo de la asociación

El instituto de educación secundaria María Moliner está en el Barrio Oliver.

Instituto de Edudación secundaria en el Barrio Oliver

Y los zaragozanos le han dedicado dos bibliotecas: la Biblioteca María Moliner del Campus Universitario de la plaza de San Francisco.

Biblioteca María Moliner

Biblioteca María Moliner en el Campus de la plaza de San Francisco de Zaragoza.

Y la Biblioteca Pública Municipal María Moliner, en la plaza de San Agustín.

Blblioteca Pública Municpal en la plaza de San Agustín

Biblioteca Pública María Moliner, en la plaza de San Agustín de Zaragoza.

 

Para terminar

Cinco catedráticas del Instituto Goya, Cristina Baselga Mantecón, Pilar Fernández Llamas, Concha Gaudó Gaudó, Carmen Romeo Pemán e Inocencia Torres Martínez, y Gloria Álvarez Roche del Instituto Avempace, le hemos rendido nuestro homenaje en libros y charlas, y en una exposición sobre las Pioneras en la educación en Aragón. Por iniciativa de Pilar Fernández Llamas rescatamos su expediente del olvido, junto con los de otras alumnas. A María Moliner le hemos dedicado un espacio importante en dos libros: en La Zaragoza de las Mujeres. Callejero y en los Paseos por la Zaragoza de las mujeres.

Carmen Romeo Pemán

Goya Actual

Instituto Goya hoy

Sin escuela para las niñas

Acababan de dar las doce del mediodía en el reloj de la torre cuando el alcalde levantó la sesión. Matilde fue la primera que abandonó la sala de juntas. Al pasar por delante del secretario le dijo en voz baja:

—El cura no se saldrá con la suya. Yo conseguiré un local para las niñas.

El alcalde, el secretario y el médico, don Valero, se quedaron rezagados y se volvieron a sentar. Pensaban que con el enfrentamiento entre el cura y la maestra todos saldrían perdiendo.

—Si no nos llegan las subvenciones tendremos que cerrar las dos escuelas —dijo el alcalde.

—Pero ya ha oído a mosén Teodoro: “La enseñanza de las niñas no puede estar fuera de la Iglesia. Y menos en manos de una mujer” —dijo el secretario

—Este cura no se ha enterado de que ahora mandan los liberales y no sabe que los del Gobierno Civilno se andan por las ramas —terció el médico—Tendrán que tragarse a doña Matilde.

—Si no hacemos lo que nos dicen, nos embargarán todos los bienes. Y si no llegan los del Ayuntamiento, requisarán los de la Iglesia. —El secretario se quitó los anteojos y miró al médico —Nos tendremos que tomar en serio lo del local para dar clase a las niñas.

—En lugar de pagar multas por hacer mal las cosas, más les valdría pagar los sueldos que nos deben y construir un local nuevo para la escuela —replicó el médico con retintín.

—Ha venido usted un poco revuelto, don Valero. —le contestó el alcalde, apoyando las manos callosas en la mesa de madera renegrida.

—Es que yo no pienso abandonar el local que tanto me ha costado coseguir—contestó don Valero.

—¡Bueno, bueno! Si le decimos esto a doña Matilde se va a poner hecha un basilisco —apostilló el secretario que se estaba poniendo el guardapolvo gris.

—No se preocupen. Esto corre de mi cuenta. Yo  me encargaré de traer a buenas a doña Matilde. —El médico se removió en el sillón y se oyó cómo crujía la madera.

Don Valero se puso el sombrero de bombín y salió a la plaza con el maletín en la mano. Dudó hacia dónde ir. Pensó que antes de comenzar la visita le vendría bien despejarse oyendo correr el agua del río en el Terrao.

Cuando llegó, se encontró a Matilde asomada a la barbacana. Todos los días, a la hora de comer, descansaba la vista en la mole de San Jorge antes de entrar en casa.

—Qué sorpresa encontrarla aquí. —Don Valero dejó el maletín en el banquero y se colocó cerca de la maestra.

—Me da la impresión de que le gusta hacer teatro. —Se dio la vuelta y lo miró de frente.

—Por Dios, doña Matilde, creía que me tenía en otra estima.

—Eso era antes de darme cuenta de que usted es un traidor.

—¿No le parece una acusación un poco fuerte?

—Mire, don Valero, creo que me quedo corta. Usted me ha traicionado. Se ha aprovechado del local que yo conseguí para mi escuela. —Se refirmó en la barbacana sin dejar de dar golpecitos en el suelo con el tacón del zapato.

—Creo que es muy injusta. Sabe que ese local era necesario para luchar contra el tifus.

—No me malentienda, don Valero. No me refiero a la época de la epidemia. Yo misma se lo ofrecí. Pero ahora lo que necesita es una sala para pasar consulta. —Matilde no pudo controlar el tic del labio de abajo—. Usted tendría que luchar contra estos caciques. Igual que hago yo.

—¿No querrá comparar la importancia de la salud con la enseñanza de las niñas?

—Pues no. Y sí. —Matilde subió el tono—. Es más importante la salud cuando la enfermedad ya ha estallado. Pero antes se puede prevenir educando a las niñas en la higiene.

—Ya salió su higienismo. —Don Valero hablaba con un tono seco—. Pues sepa que la higiene es importante, pero no lo cura todo. Solo con jabón, aún estaríamos enterrando cadáveres del tifus. Si no se nos hubiera llevado a nosotros por delante.

—Pues ya que lo ha sacado le diré lo que pienso. Mire, esos cirujanos que vinieron de Zaragoza no hicieron más que el ridículo con sus caretas de pajarracos. —Matilde dejó escapar un suspiro y continuó—: Si no hubiera sido por la colaboración de las mujeres, usted no habría podido con el avance de la epidemia—continuó.

Matilde volvió a hacer otra pausa y jugaba con los botones de su rebeca azul. Con el silencio se oía el murmullo de los pinos.

—Doña Matilde, por favor, no diga tontadas. No conoce la importancia de esas máscaras. Es verdad que el jabón y el agua ayudan a curar. Pero los medicamentos y la purificación con el fuego son igual de importantes. Son remedios que se suman.

De pronto, Matilde miró el reloj de sol de la esquina de casa Legüita. Era más de la una. Recogió sus libros y se despidió con un “usted lo pase bien”. Don Valero le respondió lo mismo. Matilde tomo aire, y don Valero aprovechó para continuar.

—Espere, doña Matilde. Se me ha olvidado comentarle que ayer recibí un telegrama. No, nada importante. Pero a lo mejor se arregla el problema de su local.

—Vaya, hombre, resulta que se guardaba una carta en el bolsillo.

El médico se quedó un poco pensativo. Miró al suelo y arrancó:

—Es que no sé si sabe que llevo medio año sin cobrar. Estos del Ayuntamiento dicen que no les llega el dinero. Total, que como estaba un poco apurado solicité una plaza en el Hospital Provincial de Zaragoza y…

Matilde contuvo el aliento y se dio media vuelta sin decir nada.

Carmen Romeo Pemán

Biel, 1908. Foto propiedad de la familia Marco Bueno.

Delfina Bueno Garza (Agüero, 1882-Alagón 1953), fue maestra de Biel desde 1907 hasta 1929. Su hermano Valero Bueno Garza (Agüero, 1888-Zaragoza, 1990) estuvo de médico en El Frago en la década de 1910. Eran hijos de Valero Bueno Abad, secretario de Agüero, y de Antonia Garza Ramos, maestra de Agüero, natural de Arándiga.

Visita de inspección

De las fragolinas de mis ayeres

Para Anuncia Romeo

Anuncia de la Fábrica, así la llamábamos nosotras, sus amigas, porque vivía con sus padres y sus hermanos en una vieja fábrica de harinas, en medio de unos montes, a cuatro kilómetros del pueblo por el camino de Biel. Todos los días venía andando por unas trochas estrechas y pedregosas. Al principio la acompañaban sus hermanos, pero pronto los sacaron a estudiar a la ciudad, y , a los ocho años, tenía que hacer sola el camino dos veces al día. En invierno salía de casa antes de que se hiciera de día y volvía con la noche cerrada.

Por las mañanas no solía ser puntual y, si hacía mal tiempo, faltaba. Esos días nos poníamos nerviosas y nos preguntábamos si su madre no la habría dejado salir o si le habría sucedido algo.

Un día la maestra recibió la noticia de que la semana siguiente vendría un inspector. Nos dijo que sería una visita rutinaria, pero a nosotras nos alborotó. No parábamos de movernos de un sito a otro. Y doña Asunción nos gritaba más que de costumbre.

—Anuncia, la semana que viene no faltes ni llegues tarde ningún día.

—No se preocupe. Le diré a mi madre que me despierte antes.

—Si quieres puedes quedarte en mi casa —le dijo la maestra.

Entonces montamos una gran algarabía. Todas queríamos que se quedara en nuestras casas.

—Pues yo prefiero ir a la mía. Es que esta semana mi madre está sola, que mi padre ha ido a comprar trigo a otros pueblos —dijo Anuncia.

A los pocos días llegó el inspector, un señor alto, con traje y zapatos negros bien lustrados. La maestra lo saludó y se volvió hacia nosotras:

—Niñas, por favor, saludad como hacéis siempre.

De repente, gritamos todas a una:

—Buenos días, señor inspector.

Él, ni siquiera nos miró, hizo como si no nos hubiera oído. Entró dando pasos largos y las suelas de sus zapatos retumbaban en la tarima. Se sentó en la mesa de la maestra. Doña Asunción se quedó de pie a su lado y se tapaba las manos con los puños de la rebeca para que no viéramos que le temblaban.

Él cogió la lista y nos fue llamando una por una. Todas respondíamos lo mejor que sabíamos para no dejar en mal lugar a nuestra maestra. Intentamos recitar las tablas de multiplicar sin titubear y contestar a sus preguntas con rapidez. Pero, sobre todo, queríamos lucirnos en la lectura en voz alta. Cada una de nosotras tenía que leer una hoja de la cartilla.

A eso de media mañana, cuando ya habíamos leído casi todas, se abrió la puerta y Anuncia entró con la respiración agitada. Llevaba los pies mojados, la falda salpicada de barro y las trenzas un poco despeinadas. Nos volvimos a mirarla con un suspiro de alivio. Por fin llegaba, sin que le hubiera pasado nada.

Pero nos cayó como un jarro de agua fría que ese señor ceñudo le regañara en voz alta a nuestra maestra. Le dijo que ya veía que no se ocupaba de la disciplina de sus alumnas.

—¡Qué formas son estas de dejar entrar una alumna sin llamar y con esos modales!

La maestra intentó darle explicaciones, pero él le hizo un gesto para que se retirara hacia atrás y se callara.

—A ver, tú, la que acabas de llegar, ven aquí a leer —dijo el inspector levantando el tono un poco más.

Anuncia se puso colorada y se le enrasaron los ojos. Desde mi asiento pude ver cómo le temblaban las piernas. Pero se levanto con aplomo y se acercó muy despacio a la mesa.

—Aquí, lea esta página —le señaló la última hoja a la que aún no habíamos llegado.

Nos quedamos boquiabiertas cuando la oímos leer de tirón, con buena entonación y dando un sentido a lo que leía.

El inspector dio un respingo en el sillón y dijo:

—Es increíble cómo lee esta niña

Estábamos todas radiantes por la victoria de Anuncia, creíamos que había conseguido vengar la insolencia de un señor que se había metido en nuestra escuela y en nuestras vidas.

Pero nos quedamos petrificadas y sin entender nada cuando oímos la voz serena de doña Asunción:

—Señor inspector, para que usted vea la importancia de una maestra, esta es la única niña que ha aprendido a leer sola.

Al salir de la escuela Anuncia nos contó que, como esa noche había llovido, tuvo que cruzar varios barrancos. Y que en el último se enfangó y la ayudó a salir un hombre que iba a moler. Que le dijo él la llevaba a casa, pero ella, que no, que ese día no podía faltar a la escuela.

Cuando llegamos a nuestras casas contamos de pe a pa lo que había pasado. Y lo seguimos comentando muchos años más.

Desde aquella visita del inspector, Anuncia entró en nuestras vidas como un mito, mejor dicho, como una parte del mito que entre todas hemos ido tejiendo en torno a nuestra escuela y a nuestra maestra.

Carmen Romeo Pemán

 

Comentario a la imagen de entrada.

Anuncia Romeo Extremar (El Frago, 1949), hija de Luisa y Emeterio, era la hermana pequeña de Enrique y Abelardo. Vivían en La Fábrica y, cuando ella venía a la escuela, sus hermanos ya habían salido a estudiar.

Foto de Gregorio Romeo Berges, El Frago, 1957.

Don Juan Lanzarote, maestro de Alagón

#gentesdebiel01. Firma

Un día hablando con Inma Callén en la Biblioteca de Alagón, después de la presentación de un libro, nos dimos cuenta de la cantidad de personas conocidas que teníamos en común, algunas de las cuales habían tenido durante muchos años una gran influencia en la vida de Alagón. Además, Inma conocía mi libro De las escuelas de El Frago y me preguntó sobre él.

—Carmen, ¿cómo es que has escrito un libro sobre las escuelas de El Frago?

—Pues verás, mi padre era de El Frago y mi madre de Biel. Mis abuelos y mis padres fueron maestros de Biel, Mis padres acabaron en El Frago, y yo fui con ellos a la escuela. Por eso me interesaba tanto y recopilé mucha información para ese libro. Pero no la he agotado. Lo de Biel lo tengo sin tocar. Esa es una de mis deudas pendientes.

—Pues mira, Carmen, también en Alagón hubo un maestro que era de Biel, don Juan Lanzarote. Mi padre fue alumno suyo y siempre le he oído hablar con mucho cariño de él. La gente lo recuerda porque fue muchos años maestro aquí e incluso una de las calles de nuestro pueblo lleva su nombre desde hace más de cuarenta años.

—¡Nada! De ese maestro no tengo noticia —le contesté—. Pero es una grata coincidencia. Estoy segura de que esta casualidad es una llamada de don Juan. Entre las dos tenemos que hacer algo por recuperar su figura y su memoria.

—Espera. Aún no lo sabes todo. La salud de nuestro pueblo también estuvo durante muchos años en manos de dos médicos de Biel: don Luis Marco Bueno, sobrino de don Juan, y don Octavio Lanzarote Marco, su hijo. Eran los dos médicos de mi infancia. Aún recuerdo cuando íbamos a la consulta, o cuando venían a casa de visita si estábamos malitos en la cama.

—Pues más a mi favor. Estoy segura de que fue una figura clave en el pueblo.

—¡Claro que sí! —me respondió Inma.

—¿Te animas? —le contesté yo

—¿Buscamos? —me dijo ella.

—Buscamos —le respondí.

Y hasta aquí hemos llegado hoy con lo que hemos podido rescatar. Nos hemos servido de las memorias de los que conocieron los hechos, de las fotos guardadas en los fondos de los baúles, de las notas de prensa amarillentas y de los documentos de los Ayuntamientos de Biel y Alagón. Hemos buscado los expedientes de los alumnos de la Universidad de Zaragoza, los de la Escuela de Magisterio de Huesca, los boletines de educación y las noticias de la prensa histórica, local y nacional. Pero sobre todo, hemos llegado a los documentos y fotografías que la familia de don Juan, representada por su nieta Peña Lanzarote, conserva en su casa de Biel.

03. Calle con Placa. 1

Calle D. Juan Lanzarote.

Como no podía ser de otra manera, este artículo-homenaje está escrito con cuatro manos. Mejor dicho, con seis. Con las de Inmaculada Callén Romero, con las de Peña Lanzarote Subías y con las mías. Y usaré un narrador en primera persona del plural que nos incluya a las tres.

Inma Callén, la bibliotecaria de Alagón, me sugirió el trabajo, me dio el empuje que necesitaba y me ha acompañado en todo el proceso. Inma ha contactado con las instituciones de Alagón, ha entrevistado a los alumnos de don Juan y ha redactado parte de sus notas y recuerdos. De su mano se han llenado de vida estas páginas.

Peña Lanzarote, una de las nietas de don Juan, se ha esforzado en sus aportaciones exhaustivas y generosas. Sin su colaboración este trabajo carecería de verdadera entidad. Peña, como buena historiadora, es la fiel guardiana de los documentos, de la historia y de las esencias de la familia. Lo tiene todo. Ha sido un gozo disponer de su documentación rigurosa y ordenada.  Nos ha aportado casi todas las fotos y, además, ha escrito de su puño y letra las biografías de los tres hijos de don Juan. ¡Gracias, Peña!

1965 album Juan Lanzarote1965

1965. Don Juan Lanzarote Pemán

Don Juan llegó a Alagón el año 1933, cuando estaba en expansión la nueva línea educativa de la II República, que se basaba en los principios de la Institución Libre de Enseñanza (ILE).

Una muestra del nuevo clima en las escuelas de Alagón lo recoge el siguiente artículo de la Voz de Aragón.

04. Escuelas de don Juan. Color

Escuelas Viejas de Alagón.

Alagón. Exposiciones escolares

Lector: no por mi modesto relato, sino porque sé que eres amante de la niñez, porque anhelas que España salga del marasmo cultural y educacional en que estaba remansada, hazme acreedor de coser tu amistad por estas líneas en las que pretendo aportar mi grano de arena al homenaje popular que merecen unos maestros y unos niños que aplican sus conocimientos y su voluntad férrea a su formación en la pedagógica moderna.

Un homenaje a unos maestros y niños que aplican su interés a la elevación del nivel cultural de un pueblo que hasta hace muy pocos años era casi yermo. A 25 km de Zaragoza existe una importante villa, cuyo nombre será el Edén conocido de mis lectores: Alagón.

Está situado en el corazón de la provincia. Regado por el Ebro, el Jalón y el Canal Imperial, con cuyas aguas hacen feracísimas sus tierras. Además de sus excelentes medios de comunicación, existen una fábrica azucarera y otra harinera que asimilan y que aprovechan los productos que rinde esta hermosa vega que, asociada al rigor y a la laboriosidad de sus habitantes, constituye una gran riqueza agrícola.

05. Escuelas. Letrero . 2

Las Escuelas Viejas ocuparon el antiguo Seminario Menor de la Compañía de Jesús, incautado por Carlos III. Todavía se conserva el escudo de la Compañía.

En esta hermosa y populosa villa existen dos grupos de escuelas. Unas unitarias y otras graduadas. En estas escuelas hay unos niños que quieren a sus maestros, y unos maestros que quieren a sus niños y que se complacen en prepararlos para pasar por el borde de la vida sin caer en los vicios que los acechan. Y unas maestras que enseñan a las niñas a mirar más allá de su tocador.

Pues, bien, en estas escuelas se han expuesto durante los días 8 y 9 del corriente mes los trabajos realizados durante el curso 1933 a 1934. Dos días inolvidables para el vecindario, que ha concurrido en pleno a contemplar una exposición, en la que hemos admirado las limpias planas de escritura, los complicados cálculos de matemáticas, las intrincadas artísticas y útiles labores, un verdadero torbellino de preciosos objetos de uso doméstico diario. Y junto a ellos irreprochables adornos.

Estas muestras son fruto de una forma de enseñanza puramente intuitiva, en la que se hace dificilísimo el olvido.

La colaboración y solidaridad humana, ejercitada por estos maestros en los futuros hombres y mujeres alagoneses, nos ha sacado de los recovecos de la rutina. Enseñan al niño a ver, a observar y a concentrar su atención ante las cosas complicadas-

Consiguen unas mentes cultivadas. En pocas horas aprenden más y mejor que durante muchos días de estudios doctrinales.

La entrega del premio a Pascual Sayos se celebrará coincidiendo con uno de los días de las fiestas de septiembre. Y, con este motivo, quiero hacer una observación a nuestro Ayuntamiento: ¿No hay personas que en una u otra forma han contribuido a la consecución de este feliz resultado? ¡No hay duda!

Hay quienes, como nuestro ilustre paisano residente en Barcelona, demuestran que los años de ausencia no mitigan el amor a su pueblo. Y además está el complemento en el celo y entusiasmo que los maestros ponen en la educación de nuestros pequeños.

Y, siendo así, ¿por qué no un homenaje popular que evidencie el agradecimiento y el amor que los alagoneses sentimos por quiénes contribuyen a elevar nuestra vida al nivel de pueblo culto y civilizado?

Vaya mi modesta felicitación, desde estas columnas de la Voz de Aragón, para las maestras doña Paciencia Villacampa, doña Pilar Usón, doña Paquita Zuaza, doña Adelaida Abad, doña Guadalupe Loscos, doña Carmen, doña Amelia N y doña Dolores Serraller. Y para los maestros, don Vicente Orpi, don Francisco Villa, don Mariano Cortés, don Pedro López, don Juan Lanzarote y don Julio Ricarte.

Al Ayuntamiento, a los señores que integran el Consejo Local de Primera Enseñanza y a todos, mi modesto aliento para que sigan con el mismo empeño por el cambio emprendido, que es el camino recto de la noble causa para llegar la redención de nuestra querida España. EL CORRESPONSAL. 14 de julio de 1934.

05. Pascual Sayos. 1

Pascual Sayos, Zaragoza, 1869-Alagón, 1948.

 Pascual Sayos Cantín fue un filántropo aragonés que demostró gran amor a su tierra. Recibió la Medalla de Oro de Zaragoza, Alagón lo nombró hijo adoptivo y predilecto, y puso su nombre a una plaza, la antigua plaza del Paredor.

En 1909, don Pascual fundó el Centro Aragonés en Barcelona. En 1934, con 6000 pesetas, creó en Alagón una fundación, para premiar a los niños que se distinguieran durante el curso. En las fiestas de 1934, se repartieron entre los niños de la escuela veinticuatro cartillas de ahorro, con 10 pesetas cada una, producto de los intereses de la fundación. Correspondieron a los siguientes niños: Manuel Jarabo, Antonio Lacámara, Manuel López, Justo Álvarez, Ricardo Sánchez, Luis Laserrada, Hilario Sánchez, Eugenio Roy, Enrique Latorre, José Aparicio, Mariano Pablo, Antonio González, Josefa Ade, María Pascual, Luisa Sobreviela, Margarita Álvarez, Josefina Barca, Josefina Yela, Lucía Bona, Ángela Pascual, Carmen Laserrada y Fernanda Zamora.

Testimonios de sus alumnos

Este ambiente educativo fue el acicate que empujó a don Juan a sacar lo mejor de sí mismo y entregarlo a sus alumnos. Esa, y no otra, es la razón por la que todavía los que fueron sus alumnos lo recuerdan y nos deleitan con anécdotas enternecedoras.

Todos aquellos con los que hemos contactado hablan de él como un maestro serio, recto y con mucho interés por sus alumnos.

Los balcones de la última planta eran los de la clase de don Juan. Mientras visitamos el edificio, oímos una voz que dice: “cuando don Juan subía las escaleras de dos en dos, ese día no se oía una mosca en clase”.

Julio Callén Mora solo estuvo en su clase un curso. Don Juan le encomendó la tarea de preparar la leche en polvo que enviaban los americanos. Cada día echaba en una cuba el agua y la leche en polvo y removía mientras se calentaba. Luego la colaban para quitar los grumos. Al salir al recreo repartían la leche y la mantequilla entre los alumnos y “qué rica nos sabía”, dice él.

Don Juan era maestro en las escuelas viejas, situadas en la plaza de San Antonio, en lo que hoy es la casa de Cultura. Su clase estaba en la tercera planta, y los balcones daban al patio del recreo. Eran clases separadas por sexos. Los niños y las niñas no se mezclaban. Don Juan era maestro de niños de seis a catorce años. También impartía clases de repaso para ampliar estudios y preparar a algunos de sus alumnos para hacer estudios superiores. Eran clases muy numerosas, entre cincuenta y sesenta alumnos, en las que había niños de distintas edades.

Mi padre estuvo con él como maestro de 1950 a 1953. Las clases eran de lunes a sábado, de 9 a 12 de la mañana y de 2 a 4 de la tarde, menos los jueves, que por la tarde había fiesta. También iba a repaso después de clase, donde se hacían problemas y se recitaba poesía en voz alta. Se pagaban 30 pesetas al mes. Recuerdo la sorpresa cuando descubrí que mi padre conocía muchos poemas de memoria, como la “Canción del pirata” de Espronceda, que se había aprendido en su época de colegio y que aún recordaba.

Con otros profesores se salía a la plaza a cantar el “Cara el sol”, pero con él no. 

Escaleras de casa de don Juan

Escaleras de la escuela de don Juan, con una pintura de Goya.

Roberto Casbas, otro de sus alumnos, vivía en la misma plaza que don Juan, justo enfrente, en el Paradero. Un día por la mañana, desde su casa, don Juan vio salir a Roberto. Supuso que iba hacia el colegio, pero aquel día Roberto había decidido hacer pimienta y no asistir a clase. Don Juan, al ver que no había ido a clase, mandó aviso a la madre con algún alumno. Cuando Roberto llegó a casa su madre lo estaba esperando, conocedora de todo. Nunca más faltó a clase.

Ángel Luis Abós Santabárbara también nos cuenta sus recuerdos de la época en que fue alumno suyo:

De los dos cursos, 1949 a 1951, en que asistí a la clase de don Juan, guardo un grato recuerdo de él. Mi memoria lejana está todavía fresca por lo que me resulta fácil exponer la mayor parte de lo acontecido. Comenzaré por pergeñar algunas consideraciones que permitan hacernos una idea de cómo era la educación primaria en ese periodo en el que a don Juan le tocó enseñar.

A grandes rasgos todavía estaba en vigor la Ley Moyano que en 1857 había impulsado la enseñanza primaria obligatoria de los seis a los nueve años con un programa  que comprendía: leer, escribir, contar. Las llamadas cuatro reglas: sumar, restar, multiplicar y dividir. Y rezar. En los años treinta del siglo XX se amplió hasta los doce años y en Alagón ya funcionaban los llamados parvularios mixtos, chicos y chicas, de cuatro a siete años en que se pasaban a los cursos preceptivos con estricta separación de sexos. A petición de los padres los alumnos podían alargar su educación hasta los catorce años.

Escuelas Viejas Reformadas

Las Escuelas Viejas, hoy restauradas. Los balcones de la última planta eran los de la clase de don Juan.

Existían dos escuelas públicas: las “nuevas” o graduadas de la época de Primo de Rivera y las “viejas” ubicadas en el antiguo seminario menor de la Compañía de Jesús incautado por Carlos III que curiosamente lo había patrocinado, como muestra el escudo de la portada. Una línea imaginaria, atravesando la calle Mayor, iba desde la antigua fábrica de tejidos a la Portalada, señalando qué alumnos debían asistir a unas o a otras.

Las Escuelas Viejas estaban estructuradas en tres aulas de párvulos, en la planta baja, y seis, tres de chicas y tres de chicos, en las dos plantas superiores. Unas daban al recreo y otras a la plaza de la Alhóndiga. En esos años no se hacía ningún acto de homenaje a la bandera en las Escuelas Viejas por la sencilla razón de que no teníamos. En cambio se salía de clase en fila entonado canciones patrióticas como «Montañas nevadas, banderas al viento», «Juventud española descendiente de Fernando e Isabel» o su preferida, «Es tan hermoso ser cadete de nuestra Patria». Sin embargo, jamás escuché en los labios de don Juan el  «Cara al Sol», himno de la Falange Española.

La distribución del horario era casi prusiana: de las nueve de la mañana hasta las doce, lloviera, nevara o acantaleara. La rosada y un viento helador en invierno nos ponían las piernas moradas pues llevábamos pantalones cortos de pana. Por la tarde, de dos a cuatro. Por la mañana, las asignaturas más fuertes y por la tarde, Historia Sagrada, catecismo, dibujo y lecturas históricas. El jueves por la tarde era festivo, pero en cambio, el sábado era lectivo incluso por la tarde, que se dedicaba a explicar el Evangelio que después copiábamos de la pizarra en la que don Juan lo había escrito con una esmerada caligrafía. Recuerdo cómo despertó nuestros sentimientos al narrar la parábola del hijo pródigo que dilapidó la herencia y tuvo que comer las bellotas dadas a los cerdos como porquerizo.

El dibujo era una de las actividades que más apreciaba. De su clase salieron excelentes dibujantes que ganaron premios en competiciones escolares.  En aquellos años no había exámenes escritos. O, mejor dicho, el examen era diario pues don Juan preguntaba la lección, corregía las cuentas, la caligrafía, el dibujo y los cuadernos de clase recorriendo los excelentes pupitres bipersonales donados por los hermanos Sayos, verdaderos mecenas del pueblo, cuya placa en la plaza “El Paradero” fue sustituida por la de “Fernando el Católico” en un acto de ingratitud tan corriente en nuestra sociedad.

El sistema que nos motivaba al conocimiento era el puesto que se ocupaba después de la rueda de preguntas. Si uno fallaba pasaba al siguiente que esperaba ansioso por adelantar a su compañero  con una sonrisa malévola. Si faltabas a clase te ponías a la cola. La clase de don Juan funcionaba como una unitaria. Tenía alumnos entre siete y catorce años, en tres secciones. Cada una llevaba una enciclopedia editada por Dalmau Carles Pla: grado Preparatorio, Medio y Superior. Las hojas poco mejor que el papel de estraza y unos dibujos negruzcos y horrorosos.

A la lectura comprensiva y en voz alta formando corro se daba siempre un tiempo importante. Don Juan se acercaba de vez en cuando y hacía preguntas sobre lo leído. A veces enviaba a alguno de los mayores. Los libros de lectura eran muy interesantes. Tenían siempre un sentido moralizante. Fábulas de Esopo, de Tomás Iriarte y de Félix María de Samaniego. Recuerdo uno de la editorial Ezequiel Solana titulado “Lecturas y dibujos”, en el que aparecía una conversación entre un chico mentiroso, Melitón, y su compañero. El diálogo más o menos era el siguiente:

—Mi tío ha cultivado en su huerto una col enorme. Ha utilizado abono y ha crecido tanto que tiene una altura como la ermita de la plaza.

—Es posible, le contestó su amigo. Pues yo este verano he visto en una fundición de los altos hornos fabricar una caldera de acero tan grande que cabe la iglesia y la casa del cura juntas.

—¡Qué barbaridad! Eso no me lo creo. ¿Y para qué iban a querer una caldera tan grande?

—Pues para cocer la col de tu tío.

Recuerdo a don Juan Lanzarote frisando los cincuenta. Debió tomar posesión de su plaza como docente hacia los primeros años treinta ya que presidió la mesa electoral en la que mi padre actuó como secretario en 1933. Elegante, espigado, enjuto, cano, solía subir las escaleras de la clase de dos en dos. Nada más abrir la puerta se hacía un silencio que se podía cortar. Vestía chaleco con corbata y americana. En clase, se enfundaba en una bata grisácea, a modo de guardapolvos. Una alianza de oro siempre reluciente era su única joya en unas manos fibrosas y huesudas.

Una de las anécdotas que me quedó grabada estaba relacionada con un libro de lecturas. Estábamos leyendo en corro, como siempre, en el lateral de la clase en cuyo muro colgaba un gran reloj visible desde el último rincón. En aquellos años teníamos la risa fácil. Cualquier cosa nos hacía soltar la carcajada pero en clase procurábamos contenernos, sobre todo si don Juan lanzaba su penetrante mirada. Todavía estaba vigente el racionamiento del pan, aceite y alimentos de primera necesidad. Alagón disfrutaba de una red de acequias que fecundaba una rica huerta proporcionando abundancia de verduras, frutas y hortalizas. Muchas casas tenían su propio huerto.

Pues bien, en segundo año de primaria estábamos leyendo una poesía titulada “La tentación”. Un canto al respeto por la propiedad privada muy en consonancia con el décimo mandamiento del Decálogo o Tablas de la Ley Mosaica: “no codiciarás los bienes ajenos”. Si no recuerdo mal decía así:

«Qué linda en la rama la fruta se ve./ Si lanzo una piedra tendrá que caer./ No es mío ese huerto. No es mío lo sé./ Mas yo de esa fruta quisiera comer./ Más no, no me atrevo. Yo no sé por qué. / Parece que siempre sus ojos me ven. / Papá no querría besarme otra vez /Mamá lloraría de pena /Mis buenos maestros dirían tal vez / Que niño tan malo, no jueguen con él. / No, no me atrevo yo nunca lo he de hacer./ Llegando a mi casa sonrisas tendré, abrazos y besos y frutas también».

Unos días antes habíamos echado la habitual “barda”, es decir, saltar los setos de los huertos para comer fruta. Esta vez entramos en el “huerto del cura” y nos arrastramos por un desvío de la acequia del “Cascajo” para hurtar unos olorosos y amarillentos membrillos. La lectura de aquellos versos provocó en mi compañero de aventuras una risa desternillante que terminó por contagiarse al resto del corro. La algarabía atrajo a don Juan que nos obligó a contarle los hechos mientras él mismo esbozaba una sonrisa indulgente. Eso sí, tras el correspondiente reniego y la promesa de que no volveríamos a perpetrar tan abominable crimen. 

Antonio Higueras García nos trae una fotografía de su época de estudiante con don Juan, y su libro de escolaridad, escrito y firmado por el maestro.

Antonio Higueras GarcíaCartila de escolaridad. 1 hojaCartilla de escolaridad de Antonio Huigueras

Cartilla de escolaridad. Notas

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¿Quién era y de dónde venía don Juan Lanzarote?

08. 1902 Los lanzarote

Algunos de los hermanos Lanzarote Pemán en Zaragoza en 1902. Don Juan, abajo a la izquierda de la fotografía, con sus padres: Francisco Lanzarote Artieda, (Biel, 1852-1912), casado en 1882 con Felicia Pemán Navarro, (Biel, 1862-1926). De pie y con toca negra, «el ama seca» de casa el Moreno.

Juan Lanzarote Pemán, natural de Biel, en 1933, llegó de maestro a Alagón con el empuje de su juventud y con una familia recién creada. En 1929, estando de maestro en Pradilla de Ebro, se casó con Isabel Marco Sampietro, la hija de su maestro.

06. 1958 circa album Juan e Isabel

Juan Lanzarote Pemán, (Biel, 1895-Alagón, 1992) y su mujer Isabel Marco Sampietro, (Biel, 1895-Alagón, 1974).

Juan Lanzarote Pemán

En la villa de Biel a las once de la mañana del día 22 de junio de 1895 ante don  Fernando Sánchez, juez municipal, y don Felipe Coiduras, secretario, compareció don Francisco Lanzarote Artieda, natural y vecino de esta villa, casado, de oficio Comerciante, y que vive en la Calle del Burgo nº. 4.

07. 1902 Frco Lanzarote Artieda

Francisco Lanzarote Artieda, (Biel, 1852-1912). Zaragoza, 1902.

Presentándose con el objeto de hacer la inscripción en el Registro Civil de un niño y al objeto, como padre del mismo, declaró: Que dicho niño nació en la casa del declarante el día 22 del corriente mes a las 11 de la mañana. Que es hijo legítimo del declarante y de su mujer doña Felicia Pemán. Que es nieto por línea paterna de los ya difuntos don Mariano Lanzarote Piteus y María Artieda, esta natural que fue de Isuerre y vecina de esta Villa, de oficio pelaires que fueron. Y por línea materna de Mauricio Pemán y de Rosa Navarro. Que al expresado niño se le había puesto el nombre de Juan sin que haya expresado otras circunstancias. Todo lo cual presenciaron como testigos Celedonio Arenaz y Francisco Navarro de este domicilio. Leída la presente acta, e invitadas las personas a que la leyesen por sí mismas, deben suscribirla si así lo estimaban por conveniente. Se estampó en ella el sello del juzgado municipal y la firmaron el señor Juan, declarante, y los testigos de todo ello. Como Secretario, certifico. (Archivo del Ayuntamiento de Biel).

Estudios y destinos

Realizó los estudios primarios en Biel con don Manuel Marco Bonaluque, un maestro que tanto iba a significar en su  vida profesional y familiar.

23. Manuel Marco Bonaluque

Manuel Marco Bonaluque, maestro de maestros, (El Frago, 1858-Biel, 1927).

Don Juan estudió Magisterio en la Escuela de Maestros de Zaragoza. Ingresó en 1909 y obtuvo el título de Maestro Superior en 1917. Ese mismo año fue de interino a Fanlo, Huesca. Al año siguiente, 1918, aprobó oposiciones en Huesca. Y, como era la norma,  en 1919 lo nombraron interino por un año y lo mandaron a Ceresuela, Huesca. Al año siguiente le dieron el destino definitivo en Alforque, donde estuvo cuatro años.

En 1923 llegó por traslado a Remolinos, allí ejerció cinco años, hasta que consiguió una permuta a Pradilla de Ebro.

Desde 1927  hasta 1933, cinco años en Pradilla.

09. 1927. Alumnos Pradilla 1927_1933

1927. Don Juan con los alumnos de Pradilla de Ebro.

Se aprueban las permutas de cargos entre Juan Lanzarote, maestro de Remolinos, y don Timoteo Mustiones, de Pradilla de Ebro, Zaragoza. (El Sol. 29/4/1927).

PARTIDA DE MATRIMONIO. AÑO 1929. El 17 de junio, Juan Lanzarote Pemán, maestro, de 33 años, domiciliado en Pradilla de Ebro, hijo de  Francisco y Felicia, comerciantes, se casó con Isabel Marco Sampietro, de 34 años, hija de Manuel Marco Bonaluque, natural de El Frago, maestro propietario de Biel, y doña Isabel Sampietro Gállego, vecinos de esta localidad. (Cfr. Archivo del Ayuntamiento de Biel).

10. Libro de familia

La Voz de Aragón también recogía la noticia.

Han contraído matrimonial enlace en Biel, el culto maestro nacional, don Juan Lanzarote Pemán, con la bellísima señorita, Isabel Marco. Por el reciente luto de la familia de la novia, la boda se celebró en la intimidad. Los recién casados salieron de viaje de novios para Zaragoza, Madrid, Barcelona y París. (18/06/1929).

11, 1929. Boda de Juan e Isabel

Foto de novios.

La novia estaba de luto porque el 13 de febrero de 1927 había muerto su padre, Manuel Marco Bonaluque, y el 19 de septiembre del mismo año su hermano Marino Marco Sampietro. Lucía un vestido de crep de seda negro. Se lo hizo su amiga Ramona Longás, conocida como Montxa, (Biel, 1900-Barcelona 1985). Ramona se colocó de modista en Barcelona y, en 1938, se casó con el arquitecto Josep Luis Sert. Sus nietos conservan el vestido de su abuela como una auténtica pieza de museo.

1933-1955. Veintidós años de maestro en Alagón

13. Casa de don Juan en Alagó

Postal  antigua de Alagón. Cuando llegaron, don Juan y su familia se instalaron en la segunda casa, la de los balcones. Después se mudaron varias veces: a la Avenida de Zaragoza 3, a una casa encima del bar Avenida y, finalmente, al 23 de la misma calle.

De Pradilla a Alagón. Don Juan Lanzarote Pemán que ocupaba el grupo C, desde el 19 de mayo de 1927, fue destinado a Alagón, a la escuela unitaria número 3, serie B. (El magisterio español: junio de 1933).

Ha tomado posesión de la escuela de Alagón don Juan Lanzarote. (La Voz de Aragón: 22/09/1933).

12. Escuelas viejas. Don Juan

Al crecer el pueblo se dividieron las escuelas en dos grupos escolares: las escuelas nuevas y las viejas. Y don Juan se quedó en las viejas.

Desde 1955 hasta 1962: once años maestro en Zaragoza

Cuando su hijo Octavio iba a comenzar la carrera de Medicina, don Juan solicitó el traslado a Zaragoza, pero no se lo concedieron hasta que ya la había terminado. Lo destinaron al grupo Alférez Rojas, una sección dependiente del de Juan José Lorente, la escuela del Barrio Oliver.

A su sobrino Luis Marco le tocó la lotería

12. Luis Marco Bueno 1962 el 6 de Enero Lotería_2

Don Juan, su mujer y su hija Carmen, junto con otros familiares de Biel, acudieron a la celebración del evento y pasaron allí unos días de las vacaciones de Navidad.

13, Luis Marco con su 600

El coche del médico.

En 1965 le llegó la jubilación

Un año antes, el 27 de noviembre de 1964, Día del Maestro, recibió la Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio.

Y en 1965 se jubiló en el grupo escolar Alférez Rojas, una sección del grupo Juan José Lorente. Como premio a su trayectoria educativa, recibió el diploma de Maestro Distinguido, dotado con un premio de 10.000 pesetas. (BOE, 31/08/1965).

14. 1965 jubilacion restaurante Eliseos Zaragoza

En la comida de jubilación. Don Juan y su esposa en el restaurante Elíseos de Zaragoza.

En este punto, la familia Lanzarote nos ha facilitado un documento excepcional, que no podemos transcribir de forma completa por razones de espacio.

Se trata de una carta personal que Marino le escribió a su hermana Carmen, que no pudo asistir a los actos. En esos momentos se estaba formando para monja en Instituto Misionero Secular, en la casa de Vitoria.

La carta da noticias por lo menudo de los actos de la jubilación. Comienza con las actividades de los alumnos en el colegio. Reseña la misa en la que el cura comparó a don Juan con la figura del Evangelio. También da cuenta del vermú, en el Club Radio Zaragoza, donde se juntaron con otros maestros. Son sabrosos y originales los detalles de  la comida en el Restaurante Elíseos. ¡Hasta la disposición de los comensales!

Resulta muy jugosa la síntesis de los discursos. Don Juan fue piropeado por todos los que tomaron la palabra. El director llegó a decir que preferiría no seguir de director a no tener a don Juan. El concejal, como buen político, anduvo por las ramas.

Sus palabras fueron totalmente ególatras. No hizo más que elogiarse a sí mismo como libertador de los maestros del Barrio Oliver, que los sacó del inmundo grupo que tenían y que, gracias a él, se habían hecho tantas y tantas cosas en las escuelas de Zaragoza.

El discurso certero lo llevaba en sus labios el inspector, que conocía bien a los dos maestros sobresalientes de Biel: a don Juan y a don Constantino Pemán Otal (Biel, 1881-1968), mi abuelo materno.

El broche lo dio el señor Marín, inspector y director del grupo Escolar Gascón y Marín. Un señor extraordinario que habló poco, pero nos llegó a todos muy profundo. Lo comparó con don Constantino.

En fin, todo terminó allí, con las despedidas de rigor y las emociones por parte de todos.

Juan Lanzarote. Tarjeta comprador 1955 Zaragoza

Siguieron viviendo en Zaragoza hasta que en 1970 fijaron su residencia con su hijo Octavio, médico de Alagón, donde pasaron los últimos años.

En los veintiún años de Zaragoza, cambiaron varias veces de domicilio. Mientras trabajó vivieron cerca de la escuela. Primero en la Avenida de Madrid 116 y luego en la avenida Navarra 36. Cuando jubiló pasaron algunas temporadas intermitentes entre   Sagasta 78 y Alagón.

De nuevo en Alagón

Ya estaban jubilados, pero volvieron a vivir a Alagón con Octavio, a la Avenida de Zaragoza 3. El mismo año que murió Isabel, 1974, Octavio se casó con Olga Borges y se cambiaron a un nuevo piso, donde don Juan vivió los últimos años de su vida.

02. Placa de la calle. 2

En 1973, en la sesión celebrada en el Ayuntamiento de Alagón el día 13 de febrero, se leyó un escrito firmado por numerosos vecinos de la localidad en el que solicitaban que se le dedicara una calle a don Juan Lanzarote Pemán: En atención a los numerosísimos méritos a que se hizo acreedor durante los años que prestó sus servicios.

El merecido descanso en Biel

Cementerio de Biel

Cementerio de Biel  A la derecha las Lezas y a la izquierda, abajo, el cauce del Arba.

Cuando falleció don Juan, exhumaron el cadáver de su  mujer, que estaba enterrada en Alagón, y los llevaron al cementerio de Biel. Desde allí, con sus tres hijos, escuchan el rumor del agua del Arba y contemplan las Lezas, cerca de la casa que conserva vivos sus recuerdos.

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El entramado familiar. Hermanos, cuñados, sobrinos y sus tres hijos

A finales del siglo XIX, los padres de don Juan construyeron una casa en la calle El Burgo, 4, conocida como casa Lanzarote. Cuando la heredó su hija Julia, casada con Victorino Mallén, un veterinario destinado en Biel, pasó a llamarse casa el Veterinario, como la conocemos hoy.

Como ya hemos dicho, era hijo de Francisco Lanzarote Artieda, confitero, y de Felicia Pemán Navarro, de casa Mauricio, una familia de clase emergente.

Los hermanos

18, Casa el Veterinario. Rebajada

Aquí nacieron don Juan y sus hermanos.

De los doce hermanos solo sobrevivieron ocho. El año 1911, en el libro del Cumplimiento Pascual de Biel, podemos leer una relación de los padres y de los hermanos supervivientes.

Francisco Lanzarote 59, casado. Felicia Pemán 48, casada. María Lanzarote 29. Enrique Lanzarote 23. Mariano Lanzarote 21. Julia Lanzarote 18. Juan Lanzarote 15. Francisco Lanzarote 12. Encarnación Lanzarote 10. Valentín Lanzarote 6.

María Candelaria (1883-1884), murió al año de nacer.

María Anunciación (1884-1886), vivió dos años.

09. 1930. Biel. Lanzarote, María y Marco, Isabel. 5 de julio

 

María Magdalena (Biel, 1885-1974), se casó en 1913 con Celedonio García Alvarado (Biel, 1874-1950), secretario del Ayuntamiento. Fueron los padres de Manuel García Lanzarote (Biel, 1914-1946), un químico con un puesto importante en Bilbao.

Biel, 1930. Las cuñadas. Detrás, de pie, María, la hermana de don Juan. Delante, sentada, Isabelita, su esposa. Viste de negro porque año anterior se habían muerto su padre y su hermano.

Pedro Enrique (Biel, 1887-Argentina). Emigró y no volvió.

Mariano (Biel, 1888-Buenos Aires, cementerio de las Chacaritas, 1955).

Francisco (Biel, 1890-1891). Murió al año. Después, para recordarlo, según la costumbre, llamaron Francisco a otro de sus hijos.

Esquela Julia Lanzarote 1982

Julia (Biel, 1892-1982). Se casó con Victorino Mallén Moreno (Murillo de Gállego, 1892-Biel, 1959), un veterinario destinado en Biel.

Fueron los abuelos de los hermanos Duque Mallén. Desde aquí mi recuerdo a las que fueron mis alumnas en el instituto Goya de Zaragoza.

Antonia Moreno, de Mallen

Antonia Moreno (Alagón, 1868-Murilo de Gállego, 1929), Madre de Victorino.

 

 

Gracias a Ricardo López Mallén, sabemos que la madre y la abuela de Vitorino Mallén, cuñado de don Juan, fueron maestras en ejercicio y nacieron en Alagón.

Victorino Mallén. Cuadro recortado

 

Juan (Biel, 1895-Alagón, 1992). Maestro. Se casó con Isabel Marco Sampietro (Biel, 1894-Alagón, 1974).

31. 1925 Juan y Francisco Lanzarote. Victorino Mallén y otro.

 

Biel. 1925, En el centro está don Juan con su hermano Francisco y con su cuñado Victorino a la derecha. No reconocemos a los otros de la foto.

 

 

 

Francisco, «don Paco», (Biel, 1898-Huesca, 1996). Se casó con Josefina Lasheras Navarro (Biel, 1907-1990), de casa Manolete. Tuvieron tres hijos: Francisco, María Pilar y Rosario. Estuvo de maestro en Biel en dos ocasiones. En su última etapa sustituyó a Constantino Pemán Otal cuando se jubiló.

Esquela Francisco (Paco) Lanzarote

Ana Felicia (Biel, 1900-Zaragoza, 1901). Murió al año.

Encarnación (Zaragoza, 1902-Biel, 1919), murió soltera.

Valentín (Biel, 1903-¿?), falleció en el Seminario de Jaca, donde estaba estudiando.

La casa de Manuel Marco

En 1898 Manuel Marco Bonaluque  le compró una casa a Daniel Dieste Morlans, de casa Perico Matías, en la calle Mayor, 24. La tiró y construyó una nueva. Así nació la casa de Manuel Marco, en su momento una de las más altas de Biel.

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Casa de Manuel Marco, 1898. Entre el balcón de casa Caudevilla que atraviesa la calle y la carnicería vieja

Después, en 1909, su hijo Marino, con motivo de su matrimonio, la amplío con la carnicería. Y así la he conocido yo siempre. En esta casa de la calle Mayor, 24, nacieron los tres hijos de don Juan.

22. 1912 JManuel Marco 1912 circa

Casa de Manuel Marco. Calle Mayor 24, Biel.

La familia de su mujer: Isabel Marco Sampietro

20. 1930. Isabelita Marco

Isabelita en 1930.

 

Era hija de Manuel Marco Bonaluque (El Frago, 1858-Biel, 1927), maestro, recaudador de impuestos y juez de paz, y de  Isabel Sampietro Gállego, (Biel, 1863-1938).

De los nueve hijos de Manuel Marco Bonaluque, solo sobrevivieron Marino e Isabel Manuela Pabla.

En 1884, ya casada y residente en Fuencalderas, se matriculó en la Escuela de Maestras de Huesca. Ese mismo año nació su primogénito, Marino, y abandonó los estudios.

Cuñados y sobrinos

Marino Marco Sampietro se casó con Delfina Bueno Garza maestra titular de Biel y fueron padres de sus cinco sobrinos:

Rosario (Biel, 1911-Alagón, 1966), Teresa (Biel, 1913-Madrid, 1977), José Manuel (Biel, 1916-Sabadell, 1978), Marino (Biel, 1918-Zaragoza, 1973) y Luis (Biel, 1919 -1982).

24. 1910 Marino y Delfina 1910 Boda

Boda de Marino Marco Sampietro (Biel, 1884-Biel, 1927) y Delfina Bueno Garza (Agüero,1882-Alagón, 1963).

25. Delfina y sus cinco hijos

Biel, 1923. Doña Delfina con sus cinco hijos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El pequeño, casado con Escolástica Marco Marco (Biel, 1922-Alcañiz, 2005), ejerció de médico en Alagón desde 1944 hasta que falleció a los 62 años.

Escolástica y sus amigas de Alagón

Escolástica, con abrigo blanco, y un grupo de amigas de Alagón.

Luis Marco Marco, el hijo de Luis Marco Bueno, nos comentaba:

Mi padre estuvo en Ansó y se trasladó a Alagón porque mi tío Juan le dijo que allí había mucho trabajo y se ganaba bien. Todavía no existía la Seguridad Social. Lo importante eran  las «igualas» y la actividad privada. Me acuerdo perfectamente de nuestro tío Juan rellenando los recibos que se cobraban a las familias según su poder adquisitivo.  El que más pagaba, 25 pesetas al mes, era un tal «Santos el Gitano», tratante de ganado, porque eran muchos de familia. Estas cosas se las oía comentar a mi padre con mi tío Juan, mientras yo ponía un sello con la firma de mi padre.

Los tres descendientes de don Juan

Sus tres hijos nacieron en Biel, atendidos por Amado Mínguez Biel, (Sos, 1897-Biel, 1984). Llegó de médico en 1923 y en 1926 se casó con Luisa Pemán Coiduras (Zaragoza, 1905-Biel, 1981), de casa Mauricio, es decir, con una prima hermana de don Juan.

Este es un buen momento para recordar a la saga de parteras de Biel, todas bien experimentadas, que acompañaban, o sustituían, a los médicos en los partos. Eran las que inscribían a los expósitos y a los hijos de padres desconocidos en el registro civil. En 1898, a los ochenta años, falleció la primera de la que tenemos noticia, María Salias Gastón, hija de los maestros Francisco Salias, natural de Jaca, y Ramona Gastón, de Ansó. En 1892 su hija Dionisia Muñoz Salías ya aparece en algunos partos como sustituta de su madre. Y en los años cuarenta, una de las últimas fue Melchora de Matiero.

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Octavio (Biel, 1930-Zaragoza, 1992), Marino (Biel, 1932-Zaragoza, 1999) y Carmen (Biel, 1935-Barcelona, 2015). Foto de 1940.

Octavio Lanzarote Marco nació en la casa de sus abuelos maternos. En la partida de nacimiento consta así:

Hijo de don Juan Lanzarote Pemán y doña Isabel Marco Sampietro de 35 años ambos de edad. Él Maestro Nacional y ella dedicada a sus labores, naturales de esta villa y vecinos de Pradilla de Ebro (Archivo del Ayuntamiento de Biel, nacimientos de 1930).

Estudió Medicina, entre 1947 y 1953. Se casó en 1974 con Olga Borges Barreto (Máguez, Lanzarote, 1939), una joven que había sido la madrina en la Inauguración del Campo Fútbol Máguez, una aldea de Haria, en el norte de la isla de Lanzarote. En 1972, Olga vino de excursión a la Península, conoció a Octavio en Zaragoza, en la plaza de la Seo. Se casaron en Las Palmas de Gran Canaria y fijaron su residencia en Alagón.

La historia laboral de Octavio resultó un poco movida. En 1954, comenzó en el Hospital Militar de Melilla. Pero al año siguiente, 1955, ya estaba en Torres de Berrellén.

30. 1959 Octavio Lanzarote en la consulta Castejon de Valdejasa

1959, Octavio Lanzarote Marco (Biel, 1930-Zaragoza, 1992), en la consulta de Castejón de Valdejasa.

En 1957 aprobó las oposiciones a Médico Titular y estuvo dos años en el Sanatorio de Agramonte, donde ejerció de forma privada. En 1959 lo nombraron Médico Titular de Castejón de Valdejasa.

Diez años después ejerció en Pradilla de Ebro, como su padre, y durante muchos años, hasta que murió su primo Luis, compartieron la consulta la Avenida de Zaragoza de Alagón.

En 1979 le concedieron la titularidad de Alagón. Y durante un tiempo tuvo agregado Cabañas de Ebro.

Marino Lanzarote Marco. También nació en la casa de sus abuelos maternos. En 1952, aprobó el grado de Perito Mercantil en la Escuela Profesional de Comercio de Zaragoza. Desde 1944 su padre lo preparó en casa y se examinó como alumno libre.

A la vez que estudiaba comenzó a trabajar de recadista en la La Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza, Aragón y Rioja (CAZAR) de Alagón. En 1949 ingresó de auxiliar, por oposición, en el Cuerpo de Empleados de la CAZAR. De los 138 candidatos, y de los 15 aprobados, obtuvo el número uno.

En 1954 se licenció del servicio militar y lo nombraron comisionado para aclarar la campaña de remolacha. Por su buena gestión, lo eligieron delegado de la sucursal de nueva creación en Fuentes de Ebro. En 1958 se trasladó a Graus, Huesca, como delegado de comarca. Allí se casó con María Peña Subías Borgoñó y fueron los padres de: Peña, Isabel, Pilar, Marino y Javier Lanzarote Subías

35, 1960. Marino y Peña

Marino Lanzarote Marco (Biel, 1932-Zaragoza, 1999) y María Peña Subías Borgoñó (Graus, 1939).

En 1969 ascendió a jefe de la Cuarta y lo trasladaron a Calatayud. Allí fue director de la sucursal de Calatayud y zona.

En 1972 pasó a la sucursal de la Plaza de La Seo de Zaragoza. Precisamente allí conoció a su futura cuñada Olga Borges.

Y posteriormente a la Avenida de Madrid donde su hija Isabel, siguiendo sus pasos, encontró a muchas personas que lo recordaban con mucho cariño

En 1992, se jubiló en la Central de la Plaza de Basilio Paraíso.

Carmen Lanzarote Marco (Biel, 1935-Barcelona, 2015). Maestra Nacional y Guía Turística de Mallorca.

33, 1941 Comunion de Carmita

1941. Primera Comunión de Carmen, conocida como «Carmita».

En marzo de 1957 aprobó las oposiciones en Huesca y en septiembre de 1958 se incorporó a la escuela de Biscarrués. En 1959 estuvo en Aladrén y en 1960 en Alcubierre.

En 1962 solicitó una excedencia de tres meses para estudiar Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca. Volvió a acabar el curso a su escuela y solicitó una excedencia voluntaria para incorporarse al Instituto de Misioneras Seculares (IMS). Desde 1963 hasta 1965 siguió estudiando en el Centro de Cultura Religiosa de Vitoria y obtuvo el título de profesora de Religión Católica.

En 1966 la admitieron a participar en el examen de Guías de la provincia de Mallorca, con la condición de que presentara el título de Maestra Nacional y que el Consejo Nacional de Educación equiparara dicho título al de Bachiller elemental.

Desde 1969 hasta 1974 en el Patronato de Villacarlos, Baleares. En mayo de 1969 reingresó en los Patronatos Diocesanos. A través del Centro Fernando el Católico de Zaragoza, se incorporó en el Patronato de Villacarlos, donde estuvo hasta 1973. Ese año la destinaron a un patronato de Manacor, también en Baleares, sin consumir la plaza. Así que su destino seguía siendo Villacarlos hasta agosto de 1974

11. Carmita. La segunda. Lleva las trenzas

Carmen, la segunda por la derecha, lleva coletas.

Como su madre se encontraba muy débil, intentó acercarse a Zaragoza. En 1974, siempre con el Patronato, consiguió colegio nacional «Onésimo Redondo», actualmente CP Gaudí, de Barcelona. Y en enero de 1979 ganó la plaza por concurso.

Para complementar su carrera, estudió catalán y francés. Realizó algunos cursos oficiales con la Generalitat y obtuvo el Certificado de Nivel que le permitía dar clases en catalán en asignaturas de primaria. Además, había cursado hasta tercero de francés en la Escuela Oficial de Idiomas.

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Hoja de servicios de Carmen Lanzarote.

En 1995 se jubiló. Pero su vida siguió con una actividad frenética. Trabajó como voluntaria social en las cárceles de mujeres de Barcelona y en la casa de acogida Lligam, destinada a las mujeres maltratadas y a las presas para reinserción.

Jubilación de Carmita en Biel

Jubilación de Carmen en la sala del piano de su casa de Biel. Junto a ella, sus compañeras de piso Justa y Covadonga, su hermano Marino, su cuñada Olga y la familia. Biel, 1995.

Y, sin desaliento, se siguió formando para obtener todos los requisitos que exigía su nueva labor. Al mismo tiempo, se involucró en la vida de su barrio de La Sagrera. Entre otras cosas, asistía a la coral de padres que tenía la escuela del barrio.

1940 Juan Lanzarote_0003 Tres hijos Escuela 1940

Los hermanos Lanzarote Marco  fueron a las escuelas públicas de Alagón.

Para terminar

Don Juan llegó a Alagón en plena efervescencia de una educación influida por el modelo de la Institución Libre de Enseñanza (ILE) y supo conjugar los principios educativos institucionistas con su preocupación social y su bondad natural. Era un hombre machadiano, “en el buen sentido de la palabra bueno».

Nunca olvidó sus raíces rurales ni la buena preparación que recibió en la escuela de Biel. Y quiso repetir, de forma renovada, el modelo de su maestro, don Manuel Marco Bonaluque, de quien fueron dos alumnos destacados él y su buen amigo, Constantino Pemán Otal. Precisamente los dos juntos fueron recordados y elogiados por el inspector en la jubilación de don Juan.

Además de un buen maestro, ejerció de mentor, dio clases particulares y preparó a muchos de sus alumnos para que obtuvieran el premio Pascual Sayos y a otros para que salieran a estudiar fuera. Incluso preparó a su hijo Marino en los estudios de Perito Mercantil, que los realizó como alumno libre desde Alagón.

Su última etapa la dedicó a alfabetizar el Barrio Oliver, y recibió el diploma de Maestro Distinguido.

Junto con otros maestros contribuyó a elevar el nivel cultural de Alagón. Sus ideas calaron muy hondo. Hoy los hijos de sus alumnos, al calor de Inma Callén, hija de Jesus Callén Bazán, un alumno de don Juan, han hecho un nido de gran altura humana y cultural en la Biblioteca de Alagón.

Carmen Romeo Pemán

 

Nota sobre la foto del comienzo. 1934. Don Juan Lanzarote con sus alumnos de Alagón.

Don Bruno y doña Angelita. Los maestros de nuestros padres

 

Los recuerdos son eslabones de una larga cadena que une el pasado con el presente y tienden un puente de plata por el que gustamos andar con el mayor desembarazo hasta confundir las dos orillas…

Bruno Gracia Sieso, Maestro de El Frago, “Recuerdos”, 1933.

Cartel de la Historia que nos une

Lo que os voy a contar ya lo conocen los fragolinos que lo vivieron y otros que me han ayudado a preparar estas notas. ¡Gracias a todos por esta colaboración tan entusiasta! Y es que en El Frago se hacen las cosas así. Hacen falta unas escuelas, pues las haremos entre todos. Si Carmen prepara algo, pues todos le ayudaremos.

Recuperar los casi 175 años de vida de las escuelas supone desempolvar las vidas de todos los maestros y maestras que pasaron por sus aulas. Todos se dejaron la piel y una parte importante de sus vidas a los niños de El Frago.

En este artículo me centraré en Bruno Gracia Sieso y Ángela García Alegre, don Bruno y doña Angelita, como siempre los oí nombrar en mi casa. En 1926, este matrimonio logró embarcar a todo el pueblo en los gastos de la construcción de unas escuelas hechas “a vecinal”, crowdfunding diríamos hoy. Con motivo de la inauguración del edificio don Bruno pronunció una charla: “El niño, la escuela, el maestro y los padres de familia”; y doña Angelita otra: “La enseñanza de la mujer”. Hoy solo conservamos los títulos, pero su espíritu moderno nos llega con los testimonios orales de los que fueron sus alumnos.

Además de conseguir escuelas con viviendas para los maestros, elevaron el nivel cultural del pueblo. Estimularon a muchas familias a que sacaran a sus hijos a estudiar y potenciaron la enseñanza de adultos. Y, además, nos dejaron una significativa obra literaria escrita desde, o sobre, El Frago.

Doña Angelita García Alegre

Doña Angelita fue la maestra de nuestras madres, es decir, de las niñas nacidas entre 1909 y 1924; y don Bruno de los niños nacidos entre 1912 y 1926. Entre otros, de mi padre.

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1933. Calatayud. Ángela Garía Alegre. Foto de Gregorio Romeo Berges

Zaragoza, 1894–Ronda, Málaga, 1971. Era hija de Carlos, empleado de Correos y Telégrafos, y de Ángela, natural de Gurrea de Gállego. En unos tiempos en los que no era habitual que las mujeres estudiaran, convenció a sus padres y comenzó Magisterio a los 19 años. En 1918 aprobó las oposiciones en Huesca. Estuvo un año en Casbas y al año siguiente llegó a El Frago.

Maestra de El Frago: 1919–1929

Entre 1921 y 1935 nacieron sus hijos: Angelina, María Rosa, Blanca, Gabriel, Ana María, Carlos, Miguel Ángel y María del Carmen.

Maestra de Calatayud: 1929-1935. Y de Ronda: 1935–1964

En 1929 murieron su hermana Carmen, de una hernia inguinal, y su hijo Gabriel, de difteria. Estas muertes trágicas, unidas a la deficiente atención médica de El Frago, influyeron en su decisión de abandonar el pueblo. Se presentó a unas oposiciones y le dieron Calatayud. Su marido no consiguió traslado y siguió en El Frago dos cursos más.

Cuando ella se despidió de El Frago, don Bruno le dejó al alcalde varias fotografías y algunas tarjetas postales del pueblo con la siguiente nota.

Querido amigo Manuel: ahí le mando una colección de las fotografías obtenidas para que el Ayuntamiento haga con ellas el uso que estime oportuno. Las restantes, menos otra colección que nos quedamos nosotros, las he mandado al Heraldo, a una revista madrileña y a otra zaragozana. Saludos de su buen amigo, B. G. Sieso Hoy 19-X –929.

Desde 1935 hasta 1964 ejerció en Ronda, donde había sido destinado su marido en 1931.

Don Bruno Gracia Sieso

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1933. Calatayud. Bruno Gracia Sieso. Foto de Gregorio Romeo Berges

Zaragoza, 1893–Ronda, Málaga, 1968. Este hombre, paciente, tolerante y “en el buen sentido de la palabra bueno”, era hijo de Francisco y Carmen, un matrimonio de clase media. Su hermana Pilar lo emparentó con las familias de importantes científicos aragoneses, con los Loscos y con los Pardo Sastrón.

Su primer trabajo: dependiente de sederías

Su padre lo destinó al floreciente mundo del comercio zaragozano y lo colocó en la Sedería de Santiago Sorrosal en la calle Torrenueva. Después estuvo en la de Monreal en la calle Pignatelli.

Estudios y destinos. Berrioplano, Gallipienzo, Las Fraguas y El Frago

En 1910 empezó Magisterio en Zaragoza. En 1914 obtuvo plaza en Berrioplano Navarra; de allí pasó a Gallipienzo, Navarra. En 1923 ya estaba en Las Fraguas, Soria, y en 1925 se trasladó a El Frago por el turno de consortes. Allí ejerció seis años, hasta que en 1931 le dieron traslado a Ronda (Málaga).

En 1930 obtuvo un premio del Patronato de Mutualidades de Aragón por su labor educativa.

De la larga y fructífera etapa de Ronda resaltaré su colaboración con la Institución Libre de Enseñanza (ILE). En 1934, participo en las Misiones Pedagógicas y ese mismo año realizó un viaje de ampliación de estudios con otros compañeros de las Misiones.

Maestros escritores

Titulo Maestra Ángela García Alegre - Anverso

Sin romper los estereotipos que la crítica literaria había impuesto a las mujeres, consiguió una voz literaria propia. Así lo recordaba su hija Blanca:

En Calatayud, mi madre se forjó una gran personalidad como escritora y como conferenciante. Era la única mujer que daba conferencias con los Académicos de la Lengua en la Biblioteca Gracián de Calatayud.

Obra y premios de Ángela García Alegre

Publicó abundantes relatos en periódicos, ganó un accésit y dos premios literarios, y colaboró en La novela de viaje aragonesa.

Destacamos los relatos: Blanca (1924), Isabel (1930), La tía Julia (1930), España, flor (1931), De fino encaje (1934), Entereza (1934).

En 1924, recibió un premio por el relato “Blanca” en un certamen literario de Calatayud. Ese mismo año otro premio en Zaragoza, cuyo nombre no figura en la estatuilla que conserva su familia. En 1926, un premio por “Gabrielín” (inédito). En 1935, accésit a “Y por enseñar a otros niños perdí a mi niño”, en el Certamen Pedagógico Nacional. En 1947, un premio de 5000 pesetas por “Consejo de amor”.

Publicaciones de Bruno Gracia Sieso

Trabajos literarios de Don Bruno

Trabajos literarios de don Bruno

Fue un versificador precoz. En Zaragoza se relacionó con los escritores y periodistas del círculo de: Luis López Allué, el patriarca de la literatura regionalista, Manolo Casanova, Fernando Castán Palomar, Arturo Gil Losilla, Tomás Royo Barandiarán, Anselmo Gascón de Gotor Giménez, Pedro Galán Bergua, Ramón Lacadena Brualla y Ramón Celma Bernal.

Más de ciento cincuenta artículos en varios periódicos

Divulgó con entusiasmo la Novela de viaje aragonesa, de la que fue co-fundador. Colaboró de forma habitual en: El Heraldo de Aragón, El Avisador Numantino, El Heraldo de Madrid, La Tierra de Huesca, El Diario de Almería, El Diario de Córdoba y de El Noticiero Gaditano.

Aunque fue contemporáneo del Novecentismo y de la Generación del 27, su prosa lleva el sello postmodernista. En ese momento las vanguardistas intentaban abrirse paso entre un modernismo que había arraigado con fuerza en medio de unos gustos regionalistas que renacían.

En 1927 le dedicó elocuentes palabras a Arturo Gil Losilla, en un homenaje en el Casino Mercantil, cuyo testimonio fotográfico recogió la revista Blanco y Negro. Además, presidió el homenaje al escritor Luis Franco de Espés, barón de Mora.

En 1929 fue reportero de la inauguración del grupo escolar Costa de Zaragoza. En 1928 con el artículo, “Goya. En torno a un centenario”, estimulaba a estudiar a sus alumnos recreando los orígenes rurales de Goya.

Se reveló como un perspicaz lector, muy atento a las novedades literarias aragonesas. De la fama y prestigio de don Bruno dan fe las caricaturas que de él se hicieron en la prensa

Un idilio en Cesárea, en colaboración con Arturo Gil Losilla

En 1927 publicaron Un idilio en Cesárea, una novela ambientada en “Cesárea”, el nombre literario de Zaragoza, a la manera de los realistas del siglo XIX.

En una trama de novela rosa iban incardinando acontecimientos épicos del pasado zaragozano y personajes célebres de la Zaragoza contemporánea.

Para terminar

Hará unos cien años, llegaron a El Frago los Reyes Magos, disfrazados de maestros. Y se hicieron realidad las ilusiones muchos niños. Esos que hoy son nuestros padres y abuelos.

El año 2007, el pregonero de la Feria de Ronda se enorgullecía de haber tenido como primer maestro a don Bruno. Y los fragolinos nos enorgullecemos de que don Bruno y doña Angelita fueran los maestros de nuestros padres. Gracias a ellos las generaciones siguientes nos hemos beneficiado de sus semillas.

No para desmerecer su labor, sino para entender mejor su calado, quiero resaltar encontraron un terreno abonado. Simona Paúles y Pedro Uhalte, también matrimonio, fueron maestros de El Frago desde 1884 hasta 1913 y alfabetizaron a nuestros abuelos. Mi propia abuela, sólo con lo que aprendió en la escuela, y no asistía regularmente porque desde niña trabajaba como pastora, tenía una letra primorosa –con faltas de ortografía, claro- y llevaba las cuentas de la casa en sus “cuadernos de apuntaciones”.

50. 1932-Cuaderno Antonia

Cuaderno de Antonia Berges Beamonte (El Frago, 1885-1951)

Fuentes documentales

Archivo del Ayuntamiento de El Frago.

Archivo de la familia Gracia García.

Prensa histórica local y nacional.

Carmen Romeo Pemán, Los maestros de nuestros padres. Conferencia impartida en el Ayuntamiento de El Frago, el 9 de noviembre de 2013.

Carmen Romeo Pemán, De las escuelas de El Frago, IFC, Zaragoza, 2014. Presentado en El Frago, el 24 de enero de 2015.

Javier Arenzana Romeo, De ronda por las escuelas de El Frago. En instinto lógico, el 1 de febrero de 2015.

Carmen Romeo Pemán, A todas las maestras. A las 35 que pasaron por El Frago. En Letras desde Mocade.

Carmen Romeo Pemán, A todos los maestros. A los 25 que pasaron por El Frago. En Letras desde Mocade.

Fuentes orales

Conversaciones y entrevistas con los alumnos de don Bruno y las alumnas de doña Angelita. Anécdotas de estos maestros que se han mitificado en el pueblo.

De las escuelas de El Frago-1

 

Carmen Romeo Pemán

 

 

Laurentina Frías. Una alcaldesa de la que todos se olvidaron

#nuestrasmaestras

Laurentina con sus alumnas. De Sandra Abad Orós

Laurentina Frías Gil con sus alumnas. Alforque, 1928. Foto cedida por Sandra Abad Orós.

A finales de enero de 1933 cesaron a todos los integrantes de los viejos ayuntamientos, de aquellos que habían sido elegidos por el artículo 29 de la Ley Maura, que todavía estaba vigente. En España afectó a 2500 pueblos y en la provincia de Zaragoza a 129. Uno de ellos, Alforque.

A principios de febrero se nombraron unas comisiones gestoras, que durarían solo dos meses y medio, hasta las elecciones de abril de 1933. Con la intención de preparar unas elecciones limpias y transparentes.

En esas gestoras, en la provincia de Zaragoza, entraron 18 alcaldesas y 34 concejalas.

De la elección de 17 alcaldesas se dio noticia en todos los periódicos locales y en muchos nacionales. Se habló del recibimiento que les hizo el gobernador y del banquete que les ofreció. Pero por alguna razón, de Laurentina Frías Gil, la alcaldesa de Alforque no se habló en ningún momento.

Yo la encontré por casualidad cuando estaba rastreando las comisiones de todos los pueblos. En realidad buscaba a las concejalas, de las que nadie se había ocupado. Y de repente la vi. Allí estaba ella, presidiendo una gestora.

La comisión Gestora y el nuevo ayuntamiento de Alforque

Presidente, Laurentina Frías Gil, de 49 años, calle Horno 4. Vocales, José Tesán García, de 27 años, carpintero, calle Mayor, y Agustín Lucea Lanuza, de 24 años, labrador, calle Barriete.

Como alcaldesa cumplió con rigor la principal función para la que fue nombrada: lograr que las elecciones de abril de 1933 fueran limpias y transparentes. Y así recogía su actuación La Voz de Aragón:

Presidió las elecciones y estuvo en la constitución del nuevo ayuntamiento. Después de unas elecciones tranquilas y dignas, con las formalidades de rigor previas, fueron posesionados de los cargos de concejales los señores siguientes:

Mariano Lucea García, 45 años, labrador, calle Barriete; Miguel Clavero Giménez, 60 años, retirado, calle Mayor; Martín Tesán García, 27 años, carbonero, calle Mayor; Julián Clavero Jiménez, 46 años, herrero, calle Mayor; Francisco Artal Giménez, 59 años, del campo, calle Alta; y Bernardino Pertusa Artal, 31 años, jornalero, calle Barriete;. Mediante elección se nombró alcalde a Mariano Lucea. (Cfr. La Voz de Aragón, 08/06/1933).

Laurentina Frías Gil

Monteagudo de las Vicarías, Soria, 3/2/1884-Alforque, 28/1/1952

Recordarotio Laurentina

Tenemos pocas noticias de su familia. Algunos datos sueltos, que nos van apareciendo aquí y allá.

En 1890, Afrodisia Gil Beltrán, quizá una hermana de su madre, vivía en Monteagudo, Soria, de donde procedían los Gil Beltrán, y falleció en Zaragoza el 30/10/1962. Su hermana María Frías Gil (Monteagudo, 1893-Zaragoza, 20/10/1968), se casó con Valeriano Pascual Condado, (¿?-Zaragoza, 28/12/1950.) un guarda de seguridad, y vivían en la calle López Toral 12, de Zaragoza. Su hermano Antonio A. Frías Gil fue secretario de varios pueblos de Soria. En 1929 estaba destinado en Moral de Calatrava, Ciudad Real, y pertenecía a la Unión Patriótica de Primo de Rivera.

Estudios y primeros destinos en Soria

Laurentina, hija de Pedro y Juliana, cursó Magisterio en la Escuela de Maestras de Soria. Acabó a los 18 años y comenzó su carrera profesional en tierras sorianas.

En 1902 la nombraron maestra interina de Villaciervitos. En 1904 seguía en Villaciervitos, con un sueldo de 200 pesetas, y solicitó entrar en las listas maestras del Rectorado de Valladolid, pero la excluyeron por ser menor de 21 años. En 1905 estaba en la escuela mixta de Mazarovel. Desde 1906 hasta 1908, en Vilviestre de los Nabos, un pueblo de 110 habitantes, agregado a Orteruelos.

1907 le habían dado por concurso de traslado Santa Cruz de Moncayo, Zaragoza. Pero María Yerobi Olaechea, con el número 94 de la clasificación general, reclamó su derecho a la escuela de Santa Cruz de Moncayo. Y Laurentina, con el número 101, tuvo que continuar un año más en Vilviestre.

Destino definitivo: Alforque: desde 1908 hasta 1952

En marzo de 1908, por concurso único, consiguió Alforque, Zaragoza. En este traslado le cambió su vida para siempre.

Ha quedado vacante la escuela de Vilviestre de los Navos por haberse posesionado doña Laurentina Frías en la de Alforque, en la provincia de Zaragoza. (El defensor escolar, 21 de marzo de 1908)

Al poco tiempo de llegar se casó con Mariano Giménez Cristóbal (Alforque, 02/06/1877-Ídem, 14/02/1947), un labrador emparentado con casi todo el pueblo. Su hermano Cristóbal Giménez Cristóbal era el carpintero de la calle Mayor, 36. Y en el expediente de responsabilidades políticas contra Gabriel Sena Lucea (Alforque, 21/03/ 1909-Ídem, 14/02/1984). se le  acusa  de haber ayudado a Mariano Giménez a salir de la cárcel. (Cfr. Responsabilidades políticas de la provincia de Zaragoza. Expediente, 4562, contra Gabriel Sena Lucea de Alforque)

Laurentina y Mariano fueron los padres de:

Recordartorio Mariano, su Marido

Manuel (Alforque, 11/03/ 1912-Zaragoza, 20/01/1981). Siguiendo una costumbre aragonesa, al primer hijo que nació después de su muerte le pusieron su nombre.

Afrodisio (Alforque, 11/03/ 1912-Zaragoza, 20/01/1981), cuyo nombre se lo debía a su familia materna. Se casó con Carmen, era contable, aunque en el censo de 1934, figuraba como jornalero. Según los datos que  Manuel Ballarín Aured obtuvo en el AHGC de Salamanca y de la Causa General.

Afrodisio Giménez Frías fue secretario general de la UGT en 1937. Se afilió al PCE el 1-8-1937 y fue secretario general del PCE en 1937 y primeros de 1938. Al parecer, no fue asesinado por los rebeldes, ya que, según la Causa General, «se encontraba en el Ejército».

Herminio Lafoz Rabaza también recoge el dato de la UGT en la Fundación Bernardo Aladrén.

Manuel, (Alforque, 14/10/1916-Zaragoza, 28/01/1932). Está en cementerio de Torrero, en el mismo nicho de su hermano Afrodisio.

José Luis, (Alforque, 31/12/1921-Zaragoza, 22/01/2005). Licenciado en Químicas, trabajó en el Servicio Comercial de Urruzola. Se casó con Amparo Pérez Plo (Zaragoza, ¿?-Madrid, 4/10/1986) y no tuvieron hijos. Amparo está enterrada en el cementerio de Torrero de Zaragoza, con sus hermanas Julia y María Pilar.

Maestra de Alforque

En los 44 años que ejerció allí, pasaron varias generaciones de niñas. Sabemos que profesionalmente era muy activa y que recibió felicitaciones de la inspección. A continuación, de unas notas ordenadas cronológicamente, que son como la punta de un iceberg, se desprende su talante activo y comprometido.

  1. La Asociación de maestros del partido de Pina decidió admitirla entre sus miembros (Cfr. El magisterio español, 8/8/1914).
  2. Laurentina y Manuela Blasco Pardillos, la futura alcaldesa de Torrellas, solicitaron participar en unas oposiciones restringidas. Estas oposiciones servían para ascender en el escalafón y aumentar el sueldo.
  3. Las niñas de la escuela y su maestra hicieron sendos donativos para las obras del templo del Pilar.
  4. Se dio de alta en la Confederación Nacional de Maestros, en la Sección de Socorros.
  5. Recibió alabanzas del inspector que visitó su escuela.

Visita de inspección. El 26 del pasado mes, realizó la visita reglamentaria el culto señor inspector de la zona, don Emilio Moreno Calvete, a las escuelas nacionales de niños y niñas, desempeñadas por los competentes profesores de Primera Enseñanza, don Generoso Hernando Borreguero y doña Laurentina Frías Gil, quedando altamente satisfecho del estado de la cultura que poseen los niños y las niñas, alentándolos para que sigan ampliando sus conocimiento a fin de ser mañana hombres útiles al pueblo y a la patria que los vio nacer.

Rogó a las autoridades, maestros y niños que procuren poner de su parte para que la asistencia sea más normal, inculcando en los padres los perjuicios que originarán a sus hijos al retenerlos en casa en lugar de enviarlos a las escuelas, según la ley y su conciencia les ordenan. (La Voz de Aragón, 08/06/1933).

1952. Falleció antes de jubilarse y en su necrológica ya solo figuraban dos de sus cuatro hijos Afrodisio y José Luis.

Compromiso político

Dos hechos nos sirven para hacernos una idea de sus inquietudes.

El 28 de enero de 1938 se afilió a la FETE (Cfr. Herminio Lafoz Rabaza).

En 1939 estaba en una lista con 93 maestros de la provincia de Zaragoza, propuestos para ser depurados. Junto a ella figuraban: José María Velilla Membrado, maestro de Alforque, Rosa Arilla Albar, maestra de Gelsa, que había sido concejala de Quinto de Ebro, e Isabel Pemán Cardesa, parvulista de La Almolda, que, en 1933, había sido alcaldesa de Magallón. El 7 de mayo de 1938, Segundo Año de la Victoria. El presidente de la comisión de depuración, Miguel Allué Salvador. (Boletín Oficial de la Provincia de Zaragoza, 10/05/1938).

A la vez que Laurentina, ocuparon la escuela de niños, entre otros: Tarsicio Vega, que había llegado de interino en 1907. Joaquín García Miguel, en 1931, se trasladó a Carballiño (Orense). Ese mismo año llegó Generoso Hernando Borreguero, procedente de Caniego de Mena (Burgos), un activo asociacionista de la prensa de Magisterio. En 1935 Generoso permutó con José María Velilla Membrado (Castelserás, Teruel, 26/2/1871-Zaragoza, (5/12/1962), que estaba en Juslibol. Y en 1938, estando en Alforque, lo depuraron.

Para terminar

Laurentina Frías fue una brillante maestra de Soria, pasó la mayor parte de su vida en Alforque, donde se casó con un labrador, y se comprometió con los ideales de la II República. Fue alcaldesa en 1933, en 1938 se afilió a la FETE, y ese mismo año fue depurada.

Con este artículo he querido rescatar la memoria de esta mujer valiente. Sacar a la luz la figura de una alcaldesa republicana de la que se olvidaron hasta los periódicos de su época.

En la recuperación de los datos de Alforque he contado la inestimable colaboración de Sandra Abad Orós, gran conocedora de los archivos y de la vida del pueblo.

Estoy segura de que, con su vida humilde y con su gran vocación por la enseñanza, entregó lo mejor de sí misma a las niñas de Alforque. Y también estoy segura de que algunas lograrían hacer estudios superiores gracias al empuje y al modelo de su maestra. De esto tendrían que hablarnos las que fueron sus alumnas.

Carmen Romeo Pemán

Escuelas dedicadas a maestras

#nuestrasmaestras

A Gloria Álvarez Roche, Cristina Baselga Mantecón, Concha Gaudó Gaudó e Inocencia Torres Matínez. Mucho más que amigas. A ellas les debo parte de este y de otros trabajos.

Entrega Premios.1

El caso de Zaragoza

En el siglo XIX y principios del XX las escuelas recibían el nombre de la calle que las acogía. Así la escuela de la calle de las Armas, angular con la calle de la Golondrina, se llamó Escuela de las Armas, y también de la Golondrina, y a sus alumnas las golondrinas. Y lo mismo ocurría con la del Buen Pastor, en la calle del mismo nombre, y con la del Castillo, en un espacio que había pertenecido al Castillo de Palomar.

En Zaragoza, esta costumbre empezó a cambiar con el nacimiento de los grupos escolares de enseñanza graduada y la desaparición de las escuelas unitarias.

En 1914 el Ayuntamiento condecoró a Eulogia Lafuente, a Rosa Arjó y a Marcelino Lopez Ornat, y acordó poner sus nombres a tres grupos escolares de la ciudad. En 1919, a propuesta del concejal señor Faci, eligieron el nombre de dos maestras, Andresa Recarte y María Díaz, para dos escuelas.

A lo largo de un siglo se han ido bautizando los grupos escolares de la ciudad, pero solo siete han llevado el nombre de una maestra. A las anteriores les siguieron Ana Mayayo en 1969, Gloria Arenillas en 1981 y Patrocinio Ojuel en 2019.

En la mayoría de los centros optaron por nombres de maestros, como Cándido Domingo o Joaquín Soler, o por nombres de hombres célebres como Gascón y Marín, Joaquín Costa o Miguel de Cervantes.

A continuación expongo las semblanzas de las siete maestras que merecieron las placas en las puertas de las escuelas. La historia de estas mujeres, destacadas en su tiempo, se ha ido diluyendo con los años y, por eso, hoy nos cuesta recuperar las trayectorias de sus vidas y la memoria de sus trabajos.

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Gloria Arenillas Galán (Zaragoza, 18 de noviembre de 1910-Zaragoza, 25 de febrero de 2005).

Gloria Arenillas.

El periódico La Voz de Aragón se hacía eco del triunfo obtenido por la asilada señorita Arenillas en los Cursillos de Magisterio de 1932. El presidente daba cuenta de su  éxito en las oposiciones, fue el número uno, y proponía que se le concediera el derecho a ocupar la primera vacante que se produjera en el Hospicio, cuando se renovara la enseñanza en el centro. (La Voz de Aragón, 18/12/1932).

En 1948 estaba destinada en la escuela de San Juan de Mozarrifar, cuando se adscribió al barrio del Cascajo. Posteriormente fue directora del Colegio Cándido Domingo, en el Arrabal, hasta que se jubiló.

En 1974 el Ministerio le concedió el ingreso en la orden de Alfonso X, en atención a los servicios de mérito extraordinario prestados como maestra nacional.

Colegio Gloria Arenillas

Gloria Arenillas en la Antigua Azucarera.

El actual Colegio Gloria Arenillas se construyó a finales de los años 70 en los terrenos de la Azucarera del Gállego, en el Arrabal. Al principio se llamó Colegio Nacional Mixto Urbanización Ríos de Aragón. En 1981, según Ángel López Folgar, que fue director del centro. se le puso el nombre de Gloria Arenillas, en recuerdo de la que fue directora del colegio Cándido Domingo, el otro grupo escolar del barrio. (Cfr. BOE, 7/10/1981)

Placa. Foto buena

Foto realizada en septiembre de 2019. Propiedad de Esther Carbó Carbonel, profesora del colegio Gloria Arenillas.

En 1919 las viejas escuelas del Arrabal, convertidas en un grupo escolar graduado, recibieron el nombre de Cándido Domingo, un célebre maestro.

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Rosa Arjó Pérez (Huesca, 1876-Zaragoza, 1918)

Rosa Arjó-1

Doña Eulogia Lafuente nos habla de las satisfacciones que le ha dado la enseñanza. El día 6 de abril de 1914 le impusieron la Medalla de la Ciudad. En aquel acto le impusieron la Cruz de la Beneficencia a una discípula suya llamada Rosa Arjó, malograda en plena juventud, por su comportamiento heroico con unas niñas atacadas de tifus, entre las que se encontraba una hermana del actual jefe de la Guardia Municipal, señor Lloré. (Cfr. A. Ruiz Castillo, “Figuras zaragozanas. Entrevista a Eulogia Lafuente”. La Voz de Aragón, 03/09/1930)

Rosa Arjó Pérez era hija de Esteban Arjó Fraguas, un militar nacido en 1846, y de Amalia Pérez Mayo, nacida en 1852. Su hermano Esteban cursó el bachillerato en el Instituto Ramón y Cajal de Huesca, estudió Medicina en Zaragoza y fue médico titular de Alcampel, (Huesca). En 1934. Amalia Pérez, su madre de 82 años, María Arjó, una hermana de 56 años y profesión sus labores; y María Josefa, otra hermana, maestra nacional de 53 años, vivían en Zaragoza, en la calle Sobrarbe, 59.

Rosa estudió Magisterio en Zaragoza y comenzó a trabajar como auxiliar con Patrocinio Ojuel, la parvulista que introdujo el método Montessori en Zaragoza. En 1906, con la carrera recién acabada, la destinaron a Almazán (Soria), en 1907 aprobó las oposiciones y en 1908 llegó a la escuela El Castillo en el barrio de las Delicias, donde era directora cuando murió a los 32 años, víctima de la gripe.

En 1914 se casó con Julio Gargallo un contratista de obras de San Sebastián, que, en 1913, junto con Arturo Nicolás, llevó a cabo la construcción del edificio de la Caja de Ahorros de la calle San Jorge. El proyecto era de los arquitectos Ramón Cortázar y Luis Elizalde, también de San Sebastián. Julio Gargallo, además, era copropietario y consejero La Voz de Guipúzcoa, un periódico que vivió desde 1885 hasta 1928.

En 1915 nació su hija Ignacia. Y la niña aún no había cumplido tres años cuando murió su madre. Ignacia Gargallo Arjó se casó con Mateo Lacarte Álvarez, de una conocida familia de industriales zaragozanos. En 1933 Julio Gargallo residía accidentalmente en Zaragoza en casa de su hija.

Don Julio Gargallo está enfermo en casa de sus hijos los señores Lacarte Gargallo. (Cfr. La Voz de Aragón, 04/01/1933)

Rosa Arjó y las colonias escolares de verano

Desde 1912 tenemos noticias de su participación en las colonias escolares de verano. Ese año estuvo de directora de las de Biescas, y con ella fue de auxiliar su hermana Pilar Arjó, (Cfr. Gaceta de instrucción pública y bellas artes, 28/8/1912).

En 1913 fue a las de Segura de Baños (Teruel) con 30 niñas. A los pocos días de llegar se declaró una epidemia de tifus. Se evacuaron las niñas no afectadas, pero Rosa se quedó en Segura con las enfermas. Durante todo el tiempo que estuvieron allí las cuidaba y todos los días mandaba una crónica al Heraldo de Aragón para mantener informados a sus padres.

En 1914 el Ayuntamiento de Zaragoza, en el mismo acto que otorgó la medalla de oro de la ciudad a Marcelino López Ornat y a Eulogia Lafuente Querejeta, le impuso a Rosa Arjó Pérez las insignias de la Cruz de Beneficencia por su comportamiento en Segura de Baños. Ese mismo año, el ministro Francisco Bergamín, que había asistido al acto de Zaragoza, les concedió a los tres la Cruz de Alfonso XII.

El Colegio Rosa Arjó

Colegio Rosa Arjó

En 1914 el Ayuntamiento puso el nombre de Rosa Arjó a la escuela del Castillo, donde ella estaba destinada.

Durante la II República se construyó una nueva escuela nacional mixta, llamada Pablo Iglesias, al final de la calle de San Antonio. Esta escuela, junto con la de Andrés Manjón, venía a sustituir a las antiguas escuelas del Castillo.

Al comenzar la Guerra Civil. se quitó el nombre de Pablo Iglesias y se recuperó el nombre de Rosa Arjó para el nuevo edificio.

El año 2000 se cerró el colegio por falta de alumnos, pero el edificio se siguió llamando Rosa Arjó.

Allí están ahora el Consejo Escolar de Aragón (CEA), el Centro Aragonés de Recursos para la educación inclusiva (CAREI) y la Prevención de Riesgos Laborales, Junta de Personal y Confederación San Jorge (FAPAR).

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María Díaz Lizardi (1856-¿?)

María, hija de Rafael Díaz y Narcisa Lizardi, era la mediana de seis hermanos. Pero, hasta ahora, he encontrado pocos datos sobre sus orígenes y su formación inicial.

María Díaz Lizardi. FOTO.1

Los comienzos profesionales

En 1890 estaba destinada de maestra en Zaragoza, con título superior, sueldo 2.000 pesetas, 8 años, 7 meses y 18 días de servicios, cuatro oposiciones. En 1891 iba la sexta en una lista de maestras propuestas para cubrir una vacante en una escuela de niñas de Madrid. Después estuvo destinada en Teruel, en Barcelona y en Tarragona, como maestra de la Escuela Normal.

1905-1926: veintiún años en la Escuela Normal de Zaragoza

En 1905 volvió a Zaragoza como Maestra de la Sección de Ciencias de la Escuela Normal de Maestras, donde ejerció veinte años, hasta que se jubiló en 1926.

Había asentado su vivienda en la plaza de Lanuza 20, cercana a la escuela del Buen Pastor, que lleva su nombre. Después de su jubilación mantuvo gran actividad en la Acción Católica de la Mujer de Zaragoza, donde figuraba como presidenta de la Sección de Magisterio.

Un incidente en 1908

No se sabe por qué motivo, en 1908 fue agredida por unas alumnas de la Escuela Normal. Y así se contaba en la Gaceta de Instrucción Pública:

SOBRE LA NORMAL DE ZARAGOZA Tenemos gusto en notificar a La Educación, nuestro estimado colega zaragozano, algún detalle de lo que ocurrió en la Normal de Maestras de Zaragoza en el mes de junio pasado. Doña María Guadalupe del Llano y Doña María Díaz Lizardi fueron dos profesoras agredidas. La primera en la calle al dirigirse a la Normal. La segunda dentro de la Escuela. Las citadas profesoras pueden informar a La educación, nuestro colega zaragozano, en lo relativo al nombre y número de las alumnas ofensoras. (Cfr. Gaceta de instrucción pública y bellas artes, 25/9/1908, p. 4).

Guadalupe del Llano Armengol, una profesora de la Escuela Normal de Maestras que, desde 1928 hasta 1931, fue directora de la Normal y jefe de la escuela de prácticas.

La Escuela María Díaz Lizardi

En 1919 se puso su nombre a la escuela de niñas de la calle el Buen Pastor. En una placa con su efigie aún podemos leer:

Homenaje de gratitud a la excelsa maestra que con gran abnegación guió a centenares de niñas hacia el bien y la instrucción. Sus discípulas perpetúan el nombre de quien les iluminó el corazón y la inteligencia con sus sabias enseñanzas y ejemplares virtudes. Zaragoza 21 de octubre de 1919. DOÑA MARÍA DIAZ LIZARDI

En 1929, se modificó el sexto grupo de la escuela nacional  María Díaz Lizardi. Hasta entonces tenía con cinco grupos grados. Y un sexto en régimen unitario.  Ese año pasó también al régimen graduado. (Cfr. La Voz de Aragón, 10 Marzo 1929)

En 1987 desaparecieron el colegio y el nombre. Hoy el edificio alberga el Centro de Formación de Profesores Juan de Lanuza.

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Eulogia Lafuente y Querejeta (Roncal, Navarra, 1863-Zaragoza, 1932)

1930. Eulogia Lafuente. 1

Figuras zaragozanas. Doña Eulogia Lafuente, la mujer que estuvo 47 años al servicio de la enseñanza.

—¿Dónde ha ejercido los 47 años de profesión?

—En Zaragoza, todos en Zaragoza. He sido directora del Colegio de la calle de las Armas y del grupo escolar Gascón y Marín. ¡La de niñas que han pasado ante mí! ¡La de mujeres a quienes he enseñado de niñas! ¡Qué satisfacción tan intensa me proporciona pensar en esto! En mis primeros años de maestra solo existían en Zaragoza cinco o seis escuelas unitarias de niñas y teníamos una matrícula que no descendía de 130 y 140 alumnas. Y en estas condiciones, poco se podía hacer. (Cfr. A. Ruiz Castillo, “Figuras zaragozanas. Entrevista a Eulogia Lafuente con motivo de su jubilación”. La Voz de Aragón, 03/09/1930. De esta entrevista voy desgranando más cita en las líneas de este artículo).

Eulogia Lafuente se casó con Pedro Gómez Cuartero (Tabuenca, Zaragoza, 1857-Zaragoza, 1943), también maestro condecorado con la Medalla de Oro de la ciudad. Era hijo de una familia de agricultores y tiene dedicada una calle en su pueblo natal.

Pedro y Eulogia establecieron su domicilio en la calle San Miguel 52 y fueron padres de tress hijos: Eulogia y Pedro, profesores de la Escuela Normal de Zaragoza, y Mariano, médico. Y abuelos de cuatro nietos.

El día 6 de abril de 1914 Eulogia recibió la Medalla de Oro de la ciudad por ser maestra ejemplar y, ese mismo año, la de Alfonso XII:

Aquel acto fue brillantísimo y emocionante. También impusieron la misma distinción a aquel maestro de maestros que se llamó Marcelino López Ornat. Y la cruz de la Beneficencia a Rosa Arjó.

En abril de 1919, La escuela moderna publicaba el siguiente artículo:

Doña Eulogia Lafuente Querejeta ocupa la dirección de la graduada “Las Armas”, con título de Maestra  Superior. Ingresó por oposición. Posee muchos votos de gracias y comunicaciones laudatorias; está propuesta por la Junta Provincial para una recompensa especial por sus brillantes servicios docentes. Ha obtenido Medalla y Diploma de primera clase en Exposiciones, y la Medalla de Oro de la ciudad de Zaragoza en recompensa a su excelente labor profesional. Tomó parte como vocal en oposiciones y coadyuvó en exposiciones, conferencias, fiestas escolares.

Se jubiló en 1930, a los 67 años, sin cumplir la edad reglamentaria, por motivos de salud. En ese momento era la directora del Gascón y Marín.

He cumplido 67 años y la gente dice: doña Eulogia, se conserva muy bien. Y es que muchos de los que me conocen creen que tengo bastantes más años. ¡Qué se le va a hacer!

Doña Eulogia. Por Juan Moneva

Juan Moneva y Puyol (1871-1951), catedrático de Derecho de la Universidad de Zaragoza, fue un escritor de prestigio. Si tenemos en cuenta que don Juan no se prodigaba en este tipo de alabanzas, debió ver grandes virtudes en doña Eulogia. Por razones de espacio, solo reproduzco algunos fragmentos y he omitido el signo convencional (…) de corte, para facilitar la lectura. En ningún caso los fragmentos quedan descontextualizados.

Mi primera memoria de maestras y maestros de la escuela pública de Zaragoza son doña Estefanía Castaños, aragonesa, notabilidad en su tiempo, pensionada por la Diputación. Don Epi- y doña Boni-, él –fanio y ella –facia, abnegada conyugia, que consumió su vida en educar párvulos. Doña Eugenia Azcoaga y Tellería, baska, creo que bergaresa, de faz sin pizca de hermosura, pero que se le iluminaba frecuentemente con una sonrisa de santidad y de una voz dulce, como acaso no he oído otra. La infeliz Paca Carnicer, si es infeliz quien muere joven, aunque muera piadosamente.

Doña Eulogia, si no de mis años, pues tenía algunos más que yo, era contemporánea mía. Del Roncal, su patria, en donde había usado el traje bello y rico, de las mujeres de allá, y el peinado de trenzas largas atadas al final con cintas de colores. Vino muy pronto a Zaragoza, maestra por oposición de una escuela pública. La señalaban como sobresaliente en su carrera. Desde las primeras veces que hablé con ella, noté que tenían razón.

No recuerdo dónde fue su primera escuela, ni cuándo se casó, sí cuándo tuvo cada crío, que hoy una es docente de Magisterio y otros dos son doctores. Ni me interesan esos datos del registro parroquial o civil. Voy a hablar aquí de cómo era, de cuerpo y alma. Pero, sobre todo, de aquello suyo que no perece, porque es inmortal.

Era alta, lo más que sirve para realzar la gallardía de una figura robusta en proporción. Erguida, de faz en óvalo prolongado, grandes ojos serenos, buen color, andar tranquilo, el decir como el andar, y una seguridad en los conceptos muy conforme a su andar y a su decir.

No era una purista del decir. Sabía hablar gratamente, correctamente, sin poner aristas vivas en las palabras esdrújulas, sin propender a los polisílabos eruditos, sin sacar el armario reservado de la Gramática los exotismos de algunos verbos irregulares. Y precisamente aquella señora era una especialista en Gramática.

Yo la traté mucho y en intimidad. Nunca la noté asustada por una osadía de concepto, ni deslumbrada por una frase brillante. Contestaba siempre tranquila, siempre a tono, cuando no con razones teóricas con atestados de experiencia.

Presencié su jubilación De aquella sesión recuerdo el discurso, todo emoción y afecto bondadoso de la inspectora Leonor Serrano.

Supe tiempo después, como el cuerpo de mi compañera y amiga era trabajado por una enfermedad horrible. (Cfr. La Voz de Aragón, 1932)

El Colegio Gómez Lafuente

En 1858, en la esquina con la antigua calle de la Golondrina se abrió la primera escuela de niñas del barrio, llamada de la Golondrina, dirigida por Antonina Vicente. Posteriormente la dirigió Eulogia Lafuente Querejeta (1863-1932), una eminente maestra que, junto a su marido Pedro Gómez Cuartero (1857-1943), dan nombre a la escuela desde 1933. Hablamos del centro de educación de personas adultas Gómez-Lafuente.

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Ana Mayayo Salvo, “Doña Anita” (San Telmo, Argentina, 1880-Zaragoza, 1968).

Ana Mayayo

Ana era la cuarta de los siete hijos de Andrés Mayayo Aguirre (Layana, 1832-Layana, 1905) y Ana Salvo Aguerri (Sádaba, 1845-1914), que emigraron a .Argentina como muchos de las Cinco Villas.  Los hermanos fueron; Guadalupe, Esteban, Candelaria, Ana, Teodoro, Andrés y María. Ana y los tres pequeños fueron bautizados en San Pedro Gonzales Telmo, San Telmo, Distrito Federal de Argentina, y fallecieron en Zaragoza.

Su hermana Guadalupe (Layana, 1862-Buenos Aires, 1895), se había casado en 1883 con Tomás García Rubio (Covaleda, Soria, 1849-La Coruña, 1932), con residencia en Zaragoza.  Esteban (Layana, 1870 -Rivas, Ejea de los Caballeros, 1916) se casó con Ana Aznárez. Candelaria  nació en Layana, la bautizaron en San Telmo y falleció en Zaragoza, donde era religiosa del Convento de Jerusalén. Teodoro (San Telmo, 1885 -1936) se casó con Manuela Abós Génova. Andrés y María..

Ana Mayayo nació en 1880, pero no fue bautizada hasta el 12 de marzo de 1882. Se cas con Pablo Punsac Cansi (1878-1933), Causi en algunos documentos, un comerciante, delegado de La Ibérica, una firma de seguros de incendios, que en 1910 ya estaba instalado en Zaragoza, en la calle San Carlos. En 1903, Pablo era alumno de la Escuela de Arte de Zaragoza y fue premiado en el Taller de Fotografía.

Ana y Pablo vivieron en la calle Cinco de Marzo, 4, y tuvieron tres hijos: María, Teresa (1915-1998) y Jesús (¿?-1975). Su hija María se licenció en Letras en 1935 y en 1938, la hermana María Punsac del Sagrado Corazón de Jesús, profesó en las hermanas Carmelitas de la Caridad. Su hija Teresa desde 1941 hasta su jubilación fue bibliotecaria de la Universidad de Zaragoza. Teresa Punsac Mayayo, a los licenciados de mi generación, nos inculcó el amor a los libros y nos enseñó las sendas de la investigación.

Pablo Punsac Causi

La Voz de Aragón, 28/12/1933

Trayectoria profesional

Ana Mayayo obtuvo el título de Maestra Superior en la Escuela Normal de Maestras de Zaragoza a los diecisiete años. Desde 1902 hasta 1907 estuvo destinada en Zaragoza. En 1907 se trasladó a Madrid y en 1909 regresó a Zaragoza.

En esos años obtuvo el título en la Escuela de Estudios Superiores de Magisterio de Madrid, donde se formaban los profesores de las Escuelas Normales y los Inspectores. En 1913 la nombraron directora del grupo escolar Los Graneros, así llamado por ocupar el antiguo almudí de la ciudad. En ese edificio está hoy el centro de personas adultas Concepción Arenal.

En 1923 pasó a dirigir  la escuela aneja a la Normal de Maestras. En 1929 también le adjudicaron la de los chicos cuando se quedó vacante. Y fue directora de las dos anejas hasta su jubilación en 1950. Como reunía la doble condición, maestra nacional y profesora de Escuela Normal, demostró una extraordinaria valía como directora de las escuelas anejas, donde tenía que enseñar a los niños y formar a las maestras en prácticas.

Otros cargos

Formó parte de la Junta Municipal de Primera Enseñanza. Desde allí impulsó el ropero escolar, la cantina y las colonias escolares. Como presidenta de la Asociación de Huérfanos de Magisterio, en los años 40, consiguió la construcción del Colegio de Huérfanos de Nuestra Señora del Pilar, edificio en el que hoy está el Instituto Miguel Catalán.

Ana Mayayo fue la “Habilitada” de Magisterio para los partidos de Sos, Ejea y La Almunia. En su época la figura del habilitado era muy importante. El habilitado, un intermediario con la administración, pagaba las nóminas a los maestros en las cuestiones económicas. Además, el habilitado en clases pasivas asesoraba y tramitaba las pensiones. En esta cuestión, los maestros estaban organizados por distritos judiciales y cada distrito tenía su habilitado, que era un cargo electivo y requería una preparación específica. En 1957 Ana Mayayo fue destituida porque se retrasó en el pago a algunos maestros. (Cfr. BOE, 03/06/1957)

Colegio Ana Mayayo

Se llama así desde 1969 el grupo escolar del Parque Palomar. Es el primero que se construyó después de su muerte. En el obituario que le dedicó Pedro Orós solicitaba que se pusiera su nombre al primer Grupo escolar que se construyera en Zaragoza.

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Patrocinio Ojuel Pellejero (Zaragoza, 1877-1961)

Patrocinio Ojuel. 2

Mi abuela paterna, Patrocinio Ojuel, era maestra especializada en párvulos. Estudió en Francia y se trajo, entre otras cosas, el método Montessori. No te dabas cuenta de que estabas leyendo y a los tres años lo encontrabas tan natural como hablar, reír o llorar. (Cfr. Guillermo Fatás Cabeza, Pregón de la feria del libro de Zaragoza, 2013).

Guillermo y su yaya Patro

Mi abuela era una maestra fantástica. Ignoro cómo, pero había logrado estudiar en Nantes, de soltera. Nació en 1877 y en alguna foto que hay por casa parece que tendría como veinte años. Su padre, José Ojuel, era médico y no tuvo más que hijas de su mujer, Juana Pellejero. Imagino que intentó darles una buena educación, más allá de la consabida “cultura general” con la que se adornaba a las jovencitas de clase media. No sé cómo lo hizo, porque yo no tenía conciencia de estar aprendiendo nada, pero a los tres años me había enseñado a leer y a contar. Ella debía de tener unos setenta, era el colmo de la dulzura y de la paciencia. Tenía buen humor, hacía bromas, cantaba canciones muy graciosas y tocaba el piano. Ejerció muchos años como maestra especializada en párvulos, Insistía mucho en que se dotase a las aulas de mobiliario adecuado, móvil, para poder adaptarlo según momentos del día y del año, variar la disposición de los peques para que no se cansasen por la rutina, dar la clase en el exterior si hacía buen tiempo.

La Montessori era solo un poco mayor que mi abuela Patrocinio Ojuel, se llevaban unos siete años, así que la yaya Patro fue muy pionera, debió de enterarse enseguida de esa renovación. La Montessori empezó a ser famosa hacia 1910, o cosa así. Lo que no sé es dónde conectó la abuela con esas enseñanzas. (Entrevista a Guillermo Fatás Cabeza. Por Juan Domínguez Lasierra)

De su familia

José Ojuel Vela (1848-1908) médico y propietario y Juana Pellejero (¿?-1906) tuvieron varias hijas: Encarnación (¿?-1955), Pilar (¿?-1958) y Patrocinio (1877-1961). En 1874, don José ejercía en el hospital del Burgo de Osma, pero en 1892, ya estaba instalado en Zaragoza en la calle Cerdán, 10.

Patrocinio se casó con Guillermo Fatás Montes (1869-1940), también maestro. Vivieron en la calle Ramón y Cajal, 38. Precisamente en la escuela de esa calle ella ya era directora de la Escuela de Párvulos en 1908, es decir, antes de que aparecieran los grupos escolares. Y su marido fue director del grupo Escolar Ramón y Cajal desde 1913 hasta 1919, que pasó a dirigir el Gascón y Marín. Su hijo Guillermo (1919-1989) fue un destacado fotógrafo y director de cine, que en 1967 se quedó incapacitado por una operación quirúrgica. Su hija María, en 1941, como única heredera en este derecho, solicitaba la fianza que su padre prestó para garantizar su cargo de habilitado. (Cfr. BO, 02/11/1941)

De su profesión

En 1895 obtuvo el título de maestra en la Escuela Central de Maestros de Madrid. Además, se formó en Nantes donde aprendió el método Motessori.

En 1897 aprobó las oposiciones y le adjudicaron una escuela de Zaragoza. Justo al año siguiente también llegó a Zaragoza el que después sería su marido. En 1900, con menos de dos años de servicios, había aprobado dos oposiciones y tenía varios votos laudatorios.

Directora de la Escuela Maternal de Zaragoza

Este centro se había creado en 1896 en la plaza de la Libertad, donde había escuelas de primera enseñanza. Muchas maestras de las escuelas municipales se ofrecieron a dar clases gratuitas. Eran estudios de dos años. Desde el principio se encargó de dar las clases de francés Patrocinio Ojuel. María Díaz se ocupó de la caligrafía y dibujo. D. Dehesa, maestra de escuela privada, daba Régimen, gobierno y economía de la familia. Y la maestra Avelina Roque, costura, remiendo y bordado.

La directora de la Escuela Maternal de Zaragoza, doña Patrocinio Ojuel nos remite la siguiente nota: Queda abierta la matrícula de esta escuela en los locales de la de párvulos de Ramón y Cajal, todos los días laborables de 10 a 12 hasta el 22 del actual. Podrán ingresar como alumnas las jóvenes mayores de 12 años que posean los conocimientos de la primera enseñanza.

La tendencia de este centro es procurar la cultura necesaria a toda mujer, y muy especialmente a las madres, para dirigir la educación y la instrucción de los niños de 2 a 6 años. Serán pues objeto preferente de estudio la higiene infantil y demás enseñanzas, ya teóricas, ya prácticas, relacionados con la vida de los niños. Al terminar estos estudios las alumnas tendrán derecho a solicitar de la administración un certificado de aptitud que justificará su competencia para dedicarse al cuidado de la infancia. (Cfr. La Voz de Aragón, 15/12/1931).

La cantina de la Escuela Maternal

Ojuel. Cantina. 1

Hoy queda clausurada la cantina de la escuela maternal que funciona en el grupo de Ramón y Cajal. Ha sido servida con esmerado cariño por la bondadosa maestra señora Cruz y bajo la dirección de la cultísima y competente directora, doña Patrocinio Ojuel.

No puede pasar desapercibida esta escuela maternal y debe ayudarse a su directora con locales a propósito para que pueda desarrollar con menos esfuerzo todo su afán y todos sus desvelos que, en unión de sus jóvenes maestras, manifiesta para el bien de estas tiernas criaturas que algunas no han cumplido los cuatro años. (Cfr. La Voz de Aragón, 01/07/1931)

En 1932 doña Patrocinio dejó de ser la directora de la Escuela Maternal, que pasó a depender del grupo Joaquín Costa. La nueva directora fue Carmen Mayayo Borbón que, a su vez, era la directora de graduada de niñas y de la escuela de párvulos del Costa. Pedro Arnal Cavero dirigía la graduada de niños.

Parvulario de Santa Isabel; Patrocinio Ojuel

En mayo del año 2019 se puso el nombre de Patrocinio Ojuel al parvulario del barrio de Santa Isabel que pertenece al grupo escolar Guillermo Fatás Montes.

Se aprovechó la celebración del cincuenta aniversario del grupo escolar para unir los nombres de Guillermo Fatás Montes y Patrocinio Ojuel Pellejero, que a principios del siglo XX estuvieron juntos en las escuelas de la calle Ramón y Cajal, Guillermo como director del grupo escolar y Patrocinio como directora del parvulario, hasta que el año 1919 Guillermo pasó a dirigir el Gascón y Marín.

¡Al fin, como al principio!

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Andresa Recarte y Amezqueta (Villafranca de Navarra, 1834-Madrid, 1923),

Doña Andresa Recarte, —Andresa, en habla de Aragón, como Miguela, solo aquí las hay—, figura un tanto apaisada por su mediana estatura, la falda amplia y el mantón poco ceñido de las señoras formales de su tiempo. Sentada producía la impresión y el respeto de una buena imagen de Santa Ana. Y hablando no desmerecía eso. (Cfr. Figuras zaragozanas. Por Juan Moneva y Puyol, 1932)

De su familia

Era hija de Esteban Recarte y Josefa Amezqueta. En 1875, durante la Tercera Guerra Carlista, su hermano Cándido y otros vecinos de Caparroso enviaron hilas para socorrer a los heridos. Era el año que Julio Lacambra, un reconocido carlista y  marido de Gregoria Brun, fue hecho prisionero.

Andresa Recarte casó con Santiago Díaz García (1844-1898) y establecieron su vivienda en la Plaza del Pueblo, 9, hoy Plaza del Carmen.

Ha fallecido en Zaragoza el digno empleado de la Diputación Provincial don Santiago Díaz y García esposo de nuestra distinguida amiga y compañera doña Andresa Recarte, regente de la escuela Normal de Maestras. Era auxiliar de contaduría y encargado del negociado de apremios. (Cfr. El Diario de Huesca, 21/07/1898. Y El Magisterio Español, 02/08/1898).

Andresa se jubiló el 8 de agosto de 1890. (Cfr. HMZ, La Consecuencia, 20/11/1891)

Con motivo de su defunción, el 13 de noviembre de 1923, el diario La provincia publicó una nota del Ayuntamiento de Zaragoza.

Recuerdo a una maestra. Pasado mañana se celebrará una misa en sufragio de doña Andresa Recarte, figura relevante del Magisterio zaragozano. El Ayuntamiento le dedica este recuerdo a tan benemérita maestra, a cuyo acto invitó  el alcalde a todos los profesores de Primera Enseñanza.

En 1896 su hija Luisa Díaz Recarte, natural de Villafranca (Navarra), aprobó las oposiciones en Zaragoza y fue nombrada maestra del patronato de beneficencia de Maquirriain. (Cfr. El Aralar, diario católico fuerista, 02/06/1896). En 1899 se trasladó a Escuela Normal Guadalajara y en 1900 a la de Guipúzcoa.

En 1912, su hijo Santiago Díaz Recarte era maestro de Tudela.

De su profesión

Obtuvo los títulos de Maestra Elemental y Superior en Pamplona. Comenzó de maestra en Falces y en 1876 estaba en Villafranca, su pueblo natal, cuando consiguió una plaza de maestra en Zaragoza. Ese mismo año, durante unos meses, sustituyó a Gregoria Brun Catarecha en el cargo de directora de la Escuela Normal.

En 1880 llegó a la escuela aneja de la Normal de Maestras de Zaragoza. En 1886 se presentó a las oposiciones para directora de la Escuela Normal de Zaragoza, pero las ganó Encarnación del Águila Sánchez.

Se han presentado a las oposiciones para directora de la Escuela Normal de Maestras de Zaragoza, doña Andresa Recarte, doña María del Remedio Torroella Prats, doña María Diáz y doña Encarnación del Águila. (Cfr. La unión. Periódico de Primera Enseñanza, 28/03/1886).

Andresa fue regente de la escuela de prácticas de la Normal desde 1880 hasta su jubilación en 1904.

La regente de la escuela de prácticas, Andresa Recarte, era la única persona con una formación y unas prácticas calificadas de innovadoras. (Cfr. Agulló Díaz, Carmen y Molina Beneyto, Pilar: Antonia Maymón, anarquista, maestra naturista, 2014, Virus Editorial, p. 18)

Además de ser regente de las escuelas anejas, dirigía una escuela en su propia casa:

Hoy a las diez de la mañana habrá finalizado el primer ejercicio práctico de la escuela pública de niñas que dirige doña Andresa Recarte, situada en la plaza del Pueblo. (Cfr. La Crónica, Huesca, 29/09/1892)

En 1892, era la única mujer en la Junta de las Conferencias Pedagógicas que organizó la Escuela Normal de Maestras de Zaragoza. Y su actuación fue muy aplaudida.

A las nueve y media disertará doña Andresa Recarte y, como es tan conocida y tan ilustrada maestra, puede asegurarse que la concurrencia será muy numerosa, no solo de profesores sino de las personas que se interesen por la educación de la niñez. La conferencia, que se referirá a las labores, llamará, sin duda alguna, la atención de las señoras. (Cfr. La Crónica, Huesca, 26/08/1892)

En 1898, el Ayuntamiento premió a Andresa Recarte Amezqueta, a don Marcelino López Ornat y a doña María Díaz Lizardi, tres maestros que se distinguieron por sus resultados en la enseñanza. Recibieron los premios en sus escuelas con la presencia de los alumnos.

De la escuela aneja Andresa Recarte al Colegio Recarte y Ornat

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El Colegio Recarte y Ornat se formó con la fusión de las dos escuelas anejas, en las que se hacían las prácticas de la Escuela de Magisterio. La escuela femenina se llamaba Andresa Recarte, que había sido regente. La escuela masculina se llamó Marcelino López Ornat (1848-1923), un maestro muy reconocido en la ciudad. Cuando se unificaron las dos escuelas anejas, conservaron los apellidos de estos dos maestros renovadores. Con el nuevo nombre se encubrieron las figuras de dos grandes figuras de la enseñanza zaragozana.

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En nuestro libro Paseos por la Zaragoza de las mujeres, damos cuenta de las maestras que han dejado alguna huella en nuestra ciudad. Allí y en La Zaragoza de las mujeres, recogemos once calles dedicadas a maestras. Están todas en los barrios, donde hasta fechas muy recientes seguían las escuelas unitarias. Es decir, todos los niveles en la misma aula y con un maestro o una maestras.

Con las placas de las calles los vecinos quisieron reconocer la labor de unas maestras que, además de enseñar a las niñas, dinamizaron la cultura y prepararon a muchas alumnas para que  pudieran acceder a estudios superiores.

A continuación, como un nuevo homenaje, las nombro a ellas y los barrios en los que están sus calles.

En el Actur, Pilar Cuartero Molinero. En el Arrabal, Matilde Sangüesa Castañosa, En Garrapinillos, Águeda Centenera Gómez. En Juslibol, Pilar Figueras Talamas y doña Manolita Marco Monge. En Montañana, María Teresa Giral Pérez, En Movera, Pilar Almenar Bases y Pilar Gea García. En el Picarral, María Sánchez Arbós. Y en Santa Isabel, Agustina Rodríguez Rodríguez y Avelina Tovar Andrade.

Este fenómeno no se repitió en el centro de la ciudad, donde en 1913 se pasó de las escuelas unitarias a las graduadas, es decir, se graduó la enseñanza.

En las unitarias los niños de todas las edades estaban juntos con un solo maestro o una sola maestra.  En las escuelas graduadas los alumnos, como ahora, se agrupaban por cursos o grados.

Había escuelas graduadas de niños, con un director, y escuelas graduadas de niñas, con una directora. Y comenzó la costumbre de bautizar a los grupos escolares con los nombres de los directores y de los hombres ilustres. Entre ellos, en cien años, solo siete directoras se han hecho un hueco en Zaragoza.

Eulogia Lafuente Querejeta, Rosa Arjó Pérez, Andresa Recarte.Amezqueta, María Díaz Lizardi, Ana Mayayo Salvo, Gloria Arenillas Galán y Patrocinio Ojuel Pellejero.

De esas siete, el nombre de María Díaz ha desaparecido. Y los de Eulogia Lafuente y Andresa Recarte están escondidos en su apellido. Es más, cuando nos referimos a los grupos Gómez Lafuente y Recarte y Ornat, muchos piensan que son los dos apellidos de un maestro.

El colegio de Rosa Arjó, a pesar de los avatares del edificio, mantiene su nombre.

La conclusión es demasiado evidente. Sabemos que el caso de Zaragoza no es único y que la enseñanza fue, y es, una profesión feminizada. Y que sobre las maestras pesó, y aún pesa, un grueso techo de cristal

Carmen Romeo Pemán

PS. La imagen principal: Patrocinio en la escuela de Párvulos Ramón y Cajal, la he tomado del Museo pedagógico de Aragón.

Santa Isabel, el barrio con más calles de mujeres

A mediados de marzo Vanesa Rodríguez Pascual y Mar Hevia Díaz nos invitaron a presentar nuestro libro La Zaragoza de las mujeres en el club de lectura del Centro Cívico. Y allí fui con Inocencia Torres y Concha Gaudó. Pero no pudieron acompañarnos ni Gloria Álvarez ni Cristina Baselga, las otras dos autoras.

Mar Hevia, la bibliotecaria, nos guardaba una sorpresa. Nos esperaba con Pilar Almenar Bases, una maestra nacida en Santa Isabel, que tiene dedicada una calle en el cercano barrio de Movera. No podía comenzar nuestro encuentro con mejor augurio. De la mano de Mar y de Pilar, y con la animada participación de los tertulianos, hablamos y hablamos de las calles con nombres de mujeres y de mucho más. Sobre todo de la activa participación de las mujeres en la vida socio cultural, animadas por la Asociación de Mujeres Río Gállego, que desde el año 2010 tiene dedicada una calle.

El caso de Pilar Lapuente

La intensa y extensa conversación comenzó por nuestros primeros pasos hacia lo que acabó siendo La Zaragoza de las mujeres. Les contamos que empezamos haciendo una lista con las calles dedicadas a las mujeres y que nos parecía que esos inicios iban a ser pan comido, pero que enseguida surgieron las dificultades.

Los callejeros al uso escribían las iniciales en lugar de los nombres propios completos. Y nos surgían preguntas de este tipo: «¿Quién se esconde detrás de una P?» Pues nada más ilustrativo que el caso de Pilar Lapuente, una profesora universitaria, nacida en Santa Isabel.

Pilar Lapuente

Pilar Lapuente Mecadal, 1959.

En unos callejeros encontrábamos P. Lapuente y en otros Pedro Lapuente. Un día, por casualidad, alguien nos comentó que hacía unos años que le habían dedicado una calle a Pilar Lapuente. ¿Cómo era posible que en Zaragoza no se le hubiera ocurrido a nadie que detrás de una P había más Pilares que Pedros? Así comenzamos una búsqueda, casi policial, hasta que llegamos a Pilar. Cuando le contamos nuestras aventuras, nos respondió que ella tuvo que escribir varias veces al Ayuntamiento hasta que logró que apareciera su nombre.

Pilar Lapuente estuvo muy dispuesta a colaborar con nosotras y nos escribió su biografía, en la que resaltó que pertenecía a la familia de los Esquiladores. También hablaba de sus logros académicos y del orgullo que sintieron sus vecinos cuando le concedieron una medalla de joven investigadora. Tanto que insistieron en que le dedicaran una calle.

El magisterio de Agustina Rodríguez

Pilar Almenar se llenaba de gozo cada vez que hablaba de su maestra, Agustina Rodríguez, que había nacido en una familia de labradores de un pueblo de Zamora. Después de varios destinos, llegó a Santa Isabel donde se jubiló.

Agustina Rodríguez

Agustina Rodríguez, 1915.

En el año 1948 Agustina Rodríguez obtuvo el traslado a Santa Isabel. Cuando llegó no tenía local para dar clases ni tampoco vivienda. Construyó, con su marido, una casa escuela y la alquiló al Ayuntamiento. Dedicaron la planta baja a vivienda y usaron la primera como aula. Agustina fue un ejemplo más de los muchos maestros que dejaron lo mejor de sus vidas enseñando a los niños, aunque para ello tuvieran que realizar actos heroicos que nada tenían que ver con su profesión. Pero es que, además, la labor de Agustina dio grandes frutos. Desde su escuela unitaria preparó a muchas niñas para estudiar bachillerato. Con su buen hacer se convirtió en la maestra carismática del barrio.

El peso de la educación en Santa Isabel

Avelina Tovar

La semilla de Agustina germinó pronto y los vecinos quisieron rendir un homenaje a más maestras en sus calles. Entendieron lo importantes que son las genealogías para que la enseñanza cale en las gentes con buenos resultados. Por eso eligieron dos maestras de dos generaciones anteriores a Agustina.

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Concpeción Gimeno Gil, 1850

Concepción Gimeno Gil, nacida en Alcañiz en 1850, estudió Magisterio en Zaragoza. Ya era una periodista famosa cuando le dedicó un gran elogio a su maestra, doña Gregoria Brun.

Avelina Tovar, una maestra de maestras, nació en Pontevedra en 1878, pero pronto arraigó en Aragón. La labor de esta directora de la Escuela Normal de Huesca fue decisiva para las generaciones siguientes.

Mujeres de otros campos culturales

Ana Belén Fernández

Ana Belén Fernández, 1974

El barrio de Santa Isabel, volcado en la cultura, eligió mujeres significativas de varios campos.

Rosa María Aranda representa a las escritoras aragonesas y Pilar Delgado a las mujeres que se han dedicado al teatro.

Ana Belén Fernández, una joven judoca, es un modelo de deportividad y esfuerzo para los jóvenes del barrio.

La acción y el compromiso social

Rigoberta Menchú

Rigoberta Menchú, 1959

Santa Isabel, un barrio joven y dinámico, se caracteriza por su compromiso social y lo refleja en el nombre de dos de sus calles. Una dedicada a la pacifista Rigoberta Menchú, nacida en Guatemala en 1959,  y otra a la Asociación de mujeres del barrio.

Las santas

En los callejeros tradicionales no faltaban las santas, que eran excelentes modelos de comportamiento para las mujeres católicas. Sus biografías las escribieron varones cultos, casi siempre clérigos, con la intención de exaltar y salvaguardar los valores y las leyes del patriarcado.

Por eso, en La Zaragoza de las mujeres, hemos reescrito sus vidas desde un punto de vista no androcéntrico. Y hemos comprobado que sus modelos siguen siendo válidos, porque advierten de los excesos que se cometieron con ellas y que se siguen cometiendo, siempre por las mismas razones.

Nunilo y Alodia. S. Salvador. Leyre. Yesa. Navarra

Santa Alodia y Santa Nunila. Detalle del retablo de San Salvador. Leyre (Navarra)

Aquí, además de Santa Isabel de Aragón, tenemos a dos santas mudéjares: las hermanas Alodia y Nunila, hijas de un musulmán y una cristiana.

Santa Isabel, princesa de Aragón y reina de Portugal, es la santa por excelencia y el modelo para mujeres mediadoras y pacifistas. El barrio debe su nombre a la estancia que pasó en un palacio de la zona. También le han dedicado una avenida y una urbanización. Y una calle como Reina de Portugal.

Alodia y Nunila fueron dos santas oscenses, nacidas en Adahuesca y martirizadas en Alquézar. Como no aceptaron el matrimonio que les impusieron sus padres, las encerraron en una casa de prostitución, donde se mantuvieron vírgenes. Rechazaron la religión musulmana, que les imponía la ley, y las decapitaron por apostasía. Fueron víctimas de malos tratos y de la intolerancia religiosa. Las castigaron ejemplarmente para que otras mujeres no se rebelaran contra las leyes ni contra los pactos androcéntricos.

Para terminar

En estas líneas me he limitado a subrayar los valores de las moradoras en las placas de las calles de Santa Isabel. Sus biografías ocupan un largo capítulo en nuestro libro La Zaragoza de las mujeres.

Pilar Almenar

Pilar Almenar, 1953

Santa Isabel es el barrio periférico que tiene mayor número de calles con nombres femeninos.

La sensibilización con la cultura y la gran labor social de las mujeres hunde sus raíces en los tiempos de Agustina Rodríguez y creció con sus alumnas. Buen ejemplo es Pilar Almenar, una hija de agricultores, que, como su maestra y como Pilar Lapuente, se esforzó en sacar lo mejor de sí misma y entregarlo a sus alumnos.

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Santa Isabel, 08/06/2019

Como prometimos en nuestra visita de marzo, cuando salió nuestro libro Paseos por la Zaragoza de las mujeres volvimos a Santa Isabel. Ahora el encuentro con las mujeres iba a ser en las calles, haciendo un paseo por las huellas que las mujeres han dejado en los espacios públicos del barrio.

En la plaza de Serrano Berges nos esperaban Vanesa Rodríguez Pascual, de la Junta Municipal, y Mar Hevia Díaz, la bibliotecaria, acompañadas por sus compañeras del club de lectura. Me gustaría nombrarlas a todas, porque ellas fueron la clave del éxito del nuestro paseo, pero no tengo todos sus nombres. Por supuesto, no faltaron ni Pilar Almenar Bases ni Pilar Gea García, dos maestras que ya están inmortalizadas en el callejero.

Desde aquí les doy las gracias. Todas ellas hicieron posible el milagro, todas consiguieron que esa  mañana de junio fuera inolvidable y  entrañable.

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Poco a poco íbamos llegando a la plaza de Serrano Berges

Asistimos Cristina Baselga, Concha Gaudó, Carmen Romeo e Inocencia Torres. Por distintos motivos no pudieron acompañarnos ni  Gloria Álvarez ni Aurora Verón, las otras autoras del libro.

Con paso sosegado y hablar menudo, recorrimos todas las calles, disfrutamos de los olores de una naturaleza primaveral, y nos calentó un sol que ya anunciaba el  verano.

Concha Gaudó dirigía el recorrido. Las otras, es decir, las demás, escuchamos atentas sus explicaciones sobre los tipos de urbanismo que iban apareciendo y sobre la transformación de un barrio de origen rural.  Nos paramos delante de las placas dedicadas a mujeres. En esos momentos de descanso, unas a otras nos quitábamos la palabra en una animada charla de preguntas y respuestas.

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Santa Isabel, 17/06/2019

Y como dice el refrán: «no hay dos sin tres». A los pocos días de presentar Los paseos por la Zaragoza de las mujeresTelevisión Aragón nos propuso participar en la serie La primera mujer, en el capítulo dedicado a las maestras. Y nosotras decidimos grabar nuestra colaboración con las maestras que tienen su protagonismo en Santa Isabel.

¿Por qué elegimos este barrio? Simplemente, porque es un caso paradigmático. En sus calles están representadas todas las generaciones de maestras.

Delante de la placa de Concepción Gimeno Gil (Alcañiz, 1850–Madrid, 1919), maestra, periodista y escritora, leímos un capítulo de su obra La mujer española (1877) en el que alababa a su primera maestra, Gregoria Brun Catarecha (1833-1885), que también fue la primera directora de la Escuela Normal de Maestras y la primera maestra que regentó una escuela del Ayuntamiento. Fue un momento oportuno para hablar de las primeras maestras.

A continuación nos dirigimos a la calle de Avelina Tovar y Andrade (Pontevedra, 1878-Huesca, 1973), una maestra gallega que tuvo gran peso en la formación de las maestras aragonesas. Fue directora de la Escuela Normal de Huesca y estuvo un tiempo en la de Zaragoza.

Y de allí, con paso sosegado, a la calle de Agustina Rodríguez Rodríguez (Quintana de Sanabria, pedanía de Coberos, Zamora, 1915-Barcelona, 2008), de la generación siguiente a la de Avelina. De la vida de Agustina y de su significado en el barrio nos habló Pilar Almenar. Ella y Pilar Gea nos acompañaron durante todo el recorrido.

Pilar Almenar Bases, nacida en Santa Isabel en 1953 y Pilar Gea García en Zaragoza, en 1953, son dos maestras que representan a las nuevas generaciones y que tienen dedicadas sendas calles en el barrio de Movera, muy cercano al de Santa Isabel.

Acabamos la grabación con una visita al parvulario que, desde mayo, lleva el nombre de Patrocinio Ojuel Pellejero (1876-1961), la primera parvulista que introdujo el método Montessori en Zaragoza. El parvulario pertenece al grupo escolar Guillermo Fatás Montes (Huesca 1869-Zaragoza, 1941), el que fue marido de Patrocinio y que que tiene dedicado el grupo escolar desde hace cincuenta años.

A medida que íbamos hablando de las maestras de Santa Isabel íbamos recordando a las de sus mismas generaciones. A otras que, como ellas, se habrían merecido placas en las calles y en las escuelas.

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De izquierda a derecha: Mar Hevia Díaz, Vanesa Rodríguez Pascual, Encarna Nuez García, Pilar Gea García, Concha Gaudó Gaudó, Carmen Romeo Pemán, Inocencia Torres Martínez, Cristina Baselga Mantecón y Lidia Pérez Oliveros.

Terminamos nuestra visita en la plaza de Serrano Berges, donde la habíamos comenzado, con las siguientes consideraciones.

En los barrios de Zaragoza se han dedicado once calles a maestras de escuelas unitarias. A unas maestras que además de enseñar a las niñas, prepararon a muchas jóvenes para que salieran a estudiar y animaron la vida cultural de los barrios.

En el centro de la ciudad no se han dedicado calles a las maestras, porque desde que en 1913 comenzaron a desaparecer las escuelas unitarias, las maestras pasaron a formar parte de los claustros de los grupos graduados, su función social cambió y perdieron el protagonismo.

Hasta 1914 las escuelas unitarias llevaban el nombre de la calle en la que se ubicaban. Pero ese año comenzó la costumbre de dar un nombre propio a los grupos escolares. Y se eligieron nombres de maestros famosos, como Marcelino Lopez Ornat o Cándido Domingo.  Otras veces se prefirió el nombre de algún personaje célebre, como Gascón y Marín.

Al lo largo de cien años, solo seis maestras, todas directoras, han merecido el nombre de un grupo escolar. Andresa Recarte Amezqueta, Eulogia Lafuente Querejeta, María Díaz Lizardi, Rosa Arjó Pérez, Ana Mayayo Salvo y Gloria Arenillas Galán. A ellas se suma desde este año Patrocinio Ojuel Pellejero.

Todas se merecen que hablemos de ellas con más detenimiento en una nueva ocasión.

Carmen Romeo Pemán

Enlace para entrar al capítulo «Las primeras maestras» de la serie «La primera mujer» en TVA.

http://alacarta.aragontelevision.es/programas/la-primera-mujer/cap-6-mujeres-maestras-14072019-1311

 

Doña Patro

A Natalia Sanmartín, una niña de la guerra

Todos los días me despertaba con la sirena que anunciaba la llegada de los obreros a la fábrica de maderas. Entonces acercaba la máquina de coser al balcón y abría las contraventanas. Sin dejar de darles a los pedales, respondía a los saludos de las vecinas.

—Hala, hala, Patro, que a ti no se te pegan las sábanas —me dijo un día la del piso de arriba.

—Es que corren malos tiempos y tengo tres bocas que alimentar.

Me levanté a cerrar el balcón y me pasé la mano por la frente, como para despejarme, pero en realidad necesitaba sacar fuera todo lo que me torturaba. Entonces acaricié la Singer de forma voluptuosa y comencé a hablarle, como si fuera mi marido.

¡Ay, mi Arturo! ¡Cuánto me ha costado levantar cabeza! Y todo por culpa de aquellos cabrones insaciables. Esos que se creían los dueños del pueblo y si hubieran podido nos habrían arrancado las entrañas. ¿Te puedes creer que a los cuatro años del chandrío seguían mandando malos informes de tu comportamiento como si estuvieras vivo? ¿Para qué? Al principio no me aclaraba, pero luego comprendí que lo que intentaban era destruir tu memoria y aniquilarnos a todos.

—¡Acabaremos con la semilla de Caín! —gritaban con voz engolada.

¿Qué sabían ellos de Caín? Si solo habían visto estampas pintarrajeadas en las que, como una mancha de carmín, yacía al lado de su hermano Abel. Ellos, como las aves carroñeras, lo único que querían era apoderarse de nuestros despojos.

Bueno, Arturo, que de una me voy a otra. Es que me cuesta mucho reconstruir los hechos y aún lo mezclo todo.

Cuando nos fuimos del pueblo se montó mucho alboroto. Lo sé porque un día vino a verme la mujer del alcalde, que también se quedó viuda en el treinta y seis. Unos decían que todos los vecinos confiaban en ti. Y otros que solo te relacionabas con los de la ugeté y que fuiste el verdadero apoyo del Frente Popular. Y que tu carácter reservado aún te hacía más sospechoso. Anda que decir eso. ¡Con lo famoso que eras en las rondas con tu violín!

Intentaba darle al pedal, pero no podía dejar de confesarme con Arturo. ¡Cuántas horas había pasado cosiendo a su lado mientras él preparaba trabajos para la escuela! La Singer era como una prolongación de su cara.

No sé si te conté que el otro día una de las alcahuetas del carasol se presentó en casa a darme el pésame y me dio un soponcio cuando escuché lo que me dijo. Óyelo bien, que no te lo vas a creer.

—Mira, Patro, acabemos de una vez. Tu marido se metió en muchos líos y de una manera tan secretuda que mereció que lo fusilaran.

Le contesté que no tenía entrañas y la puse de vuelta y media.

—¡Sois todos unos mentirosos! —Y la empujé para que saliera de nuestra casa—. Todos sabéis que a mi marido no lo fusilaron. Pero os calláis la verdad y decís que no sabéis nada. ¡Claro que sabéis!

—¡Zorra, eres una zorra! Así agradeces a los que te venimos a compadecer. —Bajaba las escaleras y de vez en cuando volvía la cabeza para escupirme.

Arturo, cuando se llevaron tu cadáver creí que sería para hacerte la autopsia. Pero, cuando tu cuerpo no apareció por ninguna parte, caí en la cuenta de que así serías un desaparecido. Que yo nunca sería tu viuda ni tus hijos huérfanos. Y después, vino la patraña de hacerte un expediente de responsabilidades políticas como si estuvieras vivo. Y todo el pueblo declaró en el juzgado. Unos no se atrevieron a defenderte. Solo dijeron que no sabían si estabas afiliado a la ugeté. Otros fueron más duros y te acusaron de llenar las paredes de la escuela con carteles de propaganda política y de no atender a los alumnos. ¡Menos mal que no te enteraste!

Pero lo que más revuelo montó fue la radio. Dale que te pego con que todos venían a casa a oír los mítines de Indalecio Prieto y las emisoras rojas.

El peor de todos fue el cura. Llamaron al párroco de Salcedo, que no nos conocía de nada. Y no quieras saber lo que largó. Que no aparecíamos por la iglesia y que incitábamos a la gente a que no fuera a misa. Es que me pongo mala, Arturo. Que en los libros parroquiales consta que bautizamos a nuestros tres hijos.

Y, después del proceso contra ti, arremetieron contra los que quedábamos. Como no me encontraron a mí, buscaron a tu madre, que ya se iba de la cabeza y no supo darles razones seguras. En cambio, ellos le dijeron que, al comienzo de la Guerra, nos habíamos escapado por la noche y nos dejamos la puerta abierta. Que por eso entraron los del pueblo y vaciaron la casa.

Pero se callaron lo principal. No le dijeron que a los pocos días de llegar del pueblo nos localizaron en Calcedonia.

Que derribaron la puerta con machetes y te acuchillaron por la espalda, delante de los niños. Yo me quedé alelada. Y tardé más de cuatro años en escribir esta carta:

Patrocinio Cañada, de 32 años, viuda del maestro Arturo Samper, ante el Tribunal de Responsabilidades Políticas, expongo:

Que el Alzamiento Nacional me sorprendió en Aguilar, donde residía con mi difunto esposo y mis hijos.

Que a los pocos días de morir mi marido me embargaron dos mesas y seis sillas, varias camas con los colchones, un violín, un gramófono, un aparato de radio Philips, una máquina de coser Singer y todos los utensilios de la casa.

Ruego que me devuelvan esas pertenencias, el único patrimonio que tienen mis hijos, que ahora se hallan en la indigencia.

Mira, Arturo, todo fue muy difícil. No sabes lo que tardé en recuperar esta máquina que nos regalaron tus padres el día de nuestra boda.

Carmen Romeo Pemán

Imagen principal. Una postal antigua.

Amparo, la burrera

De las fragolinas de mis ayeres

“La letra con sangre entra”

Acañices. Grupo de niñas

Grupo de niñas de Aliste.

Cuando se murió el último dulero, el que llevaba a pastar las cabras de todos los vecinos del pueblo, las chicas convertimos el corral de la dula en el lugar secreto de nuestros juegos. Allí guardábamos los trozos de vasijas rotas, en los que hacíamos las comiditas, y las muñecas de trapo que nos cosían nuestras madres. A las cinco en punto se acababa la escuela y nosotras corríamos a nuestras casas a buscar la merienda. A continuación, sin perder tiempo, bajábamos por la parte trasera del pueblo a nuestro dominio. Lo primero que hacíamos era comprobar si nuestros juguetes seguían como los habíamos dejado el día anterior.

En esas fechas estaban construyendo la carretera de El Frago a Biel. Con las obras llegaron muchas familias con hijos y se alojaron en corrales y parideras. Un día nos encontramos con que una familia de burreros había ocupado el corral de las Eras Badías, donde teníamos nuestro escondite. Delante de la empalizada había dos grandes reatas de burros con serones, en los que transportaban la grava del río a la carretera. Un poco apartadas, en medio de una era, unas niñas jugaban con nuestras muñecas y con unos pucheritos de barro que habíamos comprado en un mercadillo de la plaza, a cambio de hierros que habíamos recogido por los caminos.

Al día siguiente llegamos a clase dispuestas a contarle nuestras desdichas a la maestra, que daba la casualidad de que además era mi madre. Pero doña Asunción entró con una niña nueva de la mano y no nos escuchó. Sin darnos tiempo a que le habláramos de nuestras trapacerías, nos la presentó:

—Mirad, esta chica se llama Amparo. Supongo que ya la conocéis porque lleva más de una semana viviendo en El Frago. Desde hoy vendrá todos los días a la escuela. Y vosotras, las pequeñas, tenéis que ser sus amigas.

También nos pidió que jugáramos con ella y que le dejáramos nuestros muñecos. Como vio que hacíamos muecas y momos, se dirigió a mí y me dijo con un tono muy enérgico:

—Esto es una orden.—Se volvió a las de la mesa de al lado—. No quiero ver más gestos en vuestras caras.

Yo bajé la cabeza sin rechistar porque, aunque era mi maestra y mi madre, no pensaba hacerle caso, que lo primero eran mis amigas.

Así continuamos unos días. Amparo llegaba a clase a la hora en punto. No quería estar con nosotras cuando íbamos a esperar. Es que no le hablábamos ni jugábamos con ella, es más, siempre que podíamos le propinábamos algún empujón y les decíamos a los chicos que no fueran con su hermano. Pero ellos pasaban de nosotras. Jugaban con el hijo de los burreros y él, a cambio, los dejaba montar en los serones cuando iban de vacío a buscar la grava.

Aún no había pasado una semana desde la regañina de la maestra, cuando se presentó la madre de Amparo en la escuela. Abrío la puerta y, sin entrar, en voz alta, de forma que todas pudiéramos oírla bien, le dijo a la maestra que su hija no quería venir a clase y que por las noches no paraba de llorar. Que no estaba dispuesta a que se repitiera lo mismo que en otros pueblos en los que habían estado antes. Que en El Frago las cosas aún pintaban peor porque entre las niñas que más se metían con su hija estaba yo, que manipulaba a las demás, aprovechándome de que era la hija de la maestra.

—Vengo a pedirle que usted haga algo. —Se dirigió a doña Asunción, sin dejar de mirarnos—. Si esto no se arregla por las buenas, tendré que decírselo al alcalde.

La maestra se puso de pie y la escuchaba con atención. Le temblaban las manos y se le vidriaron los ojos. Para que no le notáramos los nervios, cogió la regla que tenía encima de la mesa y comenzó a agitarla. Y con una voz enérgica se dirigió a nosotras, las más pequeñas.

—¿Se puede saber por qué no queréis jugar con Amparo?

Se hizo un silencio total. Como ninguna contestaba, repitió la pregunta. El mismo silencio. Noté que el calor me subía por la nuca y que todas las miradas se dirigían a mí. La maestra seguía preguntando. A mí me faltaba la respiración. De repente, me levanté y con voz serena le respondí:

—No se empeñe usted, doña Asunción, que no le pensamos hablar, ni jugar con ella. —Mis amigas levantaban el dedo gordo con disimulo y yo me envalentoné—. Al fin y al cabo es una burrera. Y nosotras no estamos dispuestas a ir con burreras.

No sé de dónde sacó aquella fuerza. Sin encomendarse a Dios ni al diablo se acercó a mi mesa y comenzó a golpearme en la cabeza con la regla que llevaba en la mano. Dejó de pegarme y me volvió a preguntar:

—¿Jugaréis con Amparo?

—¡No! ¡Y no! —Le contesté como cuando me daba una rabieta en casa.

Me lo preguntó varias veces y le respondí lo mismo. En uno de los nuevos golpes se le rompió la regla y con las astillas me hizo una brecha. Cuando vio que me salía sangre les dijo a dos chicas de las mayores.

—Llevadla a que la cure el practicante. Si hace falta que le dé un par de puntos. Luego acompañadla a su casa y quedaos con ella hasta que acabe la escuela.

Yo no sé qué pasó en la escuela cuando yo me fui. A mí me dio cinco puntos el practicante y me dejó una señal que toda mi vida he intentado ocultar con un flequillo. Con ayuda de las chicas mayores, me metí en la cama. No podía controlar los temblores de las piernas. Mi madre se había pasado y esa brecha de mi frente iba a ser el recuerdo permanente de que estábamos en guerra.

—No, no y no. Nunca se lo perdonaré. —Grite con rabia.

A mí no se me había calmado la rabieta cuando, pasadas las cinco, todas mis amigas vinieron a verme con Amparo. Me traían los juguetes que habíamos guardado en la paridera.

—Doña Asunción tiene razón —dijo una de la que nos burlábamos muchas veces por su cojera de la polio.

Al final, un poco a regañadientes, yo le regalé la mejor de mis muñecas a Amparo. Y desde ese momento ya no volvímos a llamarla la burrera.

Mi madre, o mi maestra, no sé cuál de las dos o si las dos a la vez, se quedó en un rincón observándonos en silencio con una sonrisa y yo me sentí derrotada. Pero puder ver que Amparo tenía unos ojos verdes, muy verdes, que le iluminaban toda la cara. Muchos años después pensé que su tez morena y su pelo ensortijado inspiraron los mejores cuadros de Julio Romero de Torres.

Plaza del Mercado Uncastillo. Años 30

Plaza de Uncastillo, en las Cinco Villas Aragonesas, Postal antigua.

Carmen Romeo Pemán

María del Socarrau

Nadie había cruzado nunca el umbral de casa el Socarrau. Si alguien les llevaba algún recado voceaba desde la calle y Nicolás se asomaba a la ventana. Ni siquiera dejó entrar a la partera el día que María malparió. A las pocas horas, Nicolás bajó a casa del carpintero y le contó que el niño había nacido muerto. Volvió con una caja, lo envolvió en una sábana blanca y lo metió dentro. Que la criatura era inocente, que no le había atado el ombligo porque no estaba muy seguro de que fuera su hijo. Qué él se pasaba la vida en el monte y, aunque cerraba la puerta, cualquier mozo podría haber subido por la ventana. Que María aún tenía las carnes prietas.

El carpintero se puso la caja en la cabeza y Nicolás lo siguió con la azada en una mano y la boina en la otra. María los despidió desde la ventana. Cuando llegaron al cerro de Santa Ana, cavaron una fosa junto a la pared del cementerio, que, como el recién nacido no estaba bautizado, no lo podían enterrar en sagrado.

Ese día María abandonó el lecho conyugal y se fue a dormir a la sala de las alcobas, la que reservaban para los huéspedes. Y, aunque Nicolás se lo rogara, no pensaba volver a la cama de matrimonio, que ella sabía que la pobre criatura se había desangrado por su culpa, y no se lo perdonaría nunca. Y que no le viniera con el cuento de que tenía urgencias de hombre, que no, que no lo pensaba complacer. Antes de acostarse, le rezó una oración a santa Librada, la patrona de los partos, para que sacara a su hijo del Limbo.

Se metió en la cama, pero no pudo conciliar el sueño. Lo intentó varias veces. En cuanto apoyaba la cabeza en la almohada, veía al niño que se apretaba la tripa con las manos para que no se le salieran los intestinos, y a su padre que lo perseguía con una hoz levantada. Con los gritos acudía Nicolás desde la otra punta de la casa.

—¡Joder, María! No me dejas pegar ojo. Mira a ver si te callas de una puta vez. No vaya a ser que también te tenga que cortar el ombligo con la navaja.

rayaaaaa

 Aún no habían pasado dos años de la muerte del niño, cuando un buen día oyó la voz de una vecina que la llamaba a gritos desde la calle:

—¡Maríaaaaaa, corre, baja! Han encontrado a tu marido muerto en el campo. Dicen que le ha dado un cólico miserere.

De repente, María se encontró viuda, sin un mendrugo de pan que llevarse a la boca. Y empezó sacarse algún jornal lavando en río para los ricachones. Un día oyó que los del Ayuntamiento estaban buscaban alojamiento para la nueva maestra y se presentó a ofrecerles su casa. Salió contenta cuando le dijeron que sí y frotándose las manos pensó: “No me vendrán mal unas perrillas solo por tener una alcoba ocupada”.

rayaaaaa

A los pocos días llegó la nueva maestra, a lomos de una yegua blanca. A Pascuala, que así se llamaba, la acompañaba el alguacil, que la había ido a buscar a Ayerbe. Pascuala hizo todo el trayecto con la cabeza caída hacia un lado, como si estuviera dormida. Estaba tan nerviosa que no tenía ganas de hablar. Que una cosa era la ilusión de enseñar y otra lo que se podía encontrar en el pueblo. Que ya le había dicho su profesora de Pedagogía que tendría que enfrentarse con los caciques y con los hombres del pueblo que sus hijas fueran a la escuela. También le advirtió que tendría que ponerse de parte de las madres que no querían que las chicas se quedaran en casa, como ellas, a esperar un matrimonio sin amor y a llorar en silencio la muerte de muchos hijos recién nacidos. Y que anduviera con ojo, que era mejor quedarse soltera que caer en las redes de algún montaraz.

Como el viaje fue largo, le dio tiempo a hacer un repaso de su vida. No sabía muy bien adónde la llevaba su tozudez por enseñar y, cuando vio pueblo encima de una roca, pensó que era un lugar para almas solitarias y no para una chica joven y activa,. También pensó en el mundo que había dejado atrás y sintió una punzada en la boca del estómago. Se acordó del bullicio de su barrio de San Pablo de Zaragoza. En sus oídos todavía resonaban los gritos de los tenderos mezclados con el tañido de las campanas. Ella, que estaba hecha al bullicio de la ciudad, no sabía cómo iba a soportar aquel silencio. Pero  por nada del mudo se echaría atrás. Nunca más dependería de su tío.

—Bueno, pues ya estamos. —El alguacil le ayudó a descabalgar en la puerta del Ayuntamiento.

Allí estaba el alcalde esperándolos. La hizo pasar dentro. Después de la bienvenida, le dijo que se instalara en su nueva casa y que descansara un rato. Que por la tarde se verían en la reunión de la Junta de Enseñanza para darle la bienvenida. Que también asistirían los concejales y el médico, por eso de cuidar la salud en la escuela. Además, como estaba un poco solo, se pasaba a menudo a ver si podía echar una mano en algo.

Salieron del Ayuntamiento, el alguacil cogió los baúles y la acompañó hasta una casa con las paredes renegridas.

—Esta es la casa. En el pueblo todos la llamamos casa del Socarrau y, a la que va a ser su casera, señora María del Socarrau.

En la puerta los esperaba una vieja, con una toca negra anudada debajo de un moño. Al verlos, se adelantó a besar a Pascuala, pero antes se limpió las manos en un delantal parduzco que le tapaba unas sayas marrones de arpillera.

—¿Qué tal, señora maestra? ¡Bienvenida a mi casa! Ya le habrán dicho que vivo sola. Así que me vendrá muy bien su compañía.

Pascuala venció el asco, le acercó la mejilla y se dijo para sus adentros: “Más que compañía le harán falta los duros que le voy a pagar. Me parece que no tendremos muchas cosas que contarnos”. Cuando notó las babas de una boca desdentada, sintió que le bajaba un escalofrío por la espalda.

A continuación, subieron unas escaleras de piedra empinadas y llegaron a una cocina llena de humo en la que se adivinaba un hogar, rodeado por dos cadieras cubiertas con pieles de cabras. En la pared del fondo, junto a un ventanuco sin cristales, estaba la puerta que daba paso a una sala.

Antes de entrar, Pascuala se quedó un poco rezagada. Le entraron ganas de escaparse y bajar corriendo las escaleras. Carraspeó un poco, como si le molestara el humo en la garganta. En realidad se tragó las lágrimas y siguió a la señora María.

—Ninguna casa del pueblo tiene una sala tan limpia como esta —le comentó la señora María señalando las baldosas de cuadros que brillaban con el único rayo de sol que entraba por un ventanuco.

En la pared de la izquierda, como si fueran capillas de una iglesia, se abrían dos alcobas sin ventilación. Cada una estaba cerrada por una cortina de flores. Pascuala se asomó y en las dos encontró lo mismo. Una cama de hierro pegada contra la pared.

En el lado del cabecero, una estampa grande con la figura de un santo, un crucifijo, una mesilla con una palmatoria y una silla de anea. En los pies de la cama, una percha y una jofaina para lavarse las manos. Por debajo de las colchas de ganchillo se adivinaban las asas de los orinales. En la pared de la derecha, enfrente de las alcobas se alineaban los baúles de la casa en los que se guardaban los ajuares y las ropas de domingo.

Después de enseñarle la habitación, colocaron los baúles de Pascuala enfrente de su alcoba.

—¡Es la hora de comer! —exclamó la señora María, cuando oyó que el reloj de la torre daba la una.

—¿Tan pronto? —le preguntó Pascuala incorporándose.

—A esta hora comemos todos los del pueblo.

—Pues en Zaragoza a la una solo comen los obreros.

La señora María se mordió los labios y colocó bien recto el cuadro de santa Librada:

—Hoy la invitaré, pero ya sabe que en adelante tendrá que prepararse usted la comida, que yo por el día me saco un jornal lavando en el río. —le contestó con voz pausada.

Cuando se sentaron junto al fuego, Pascuala se ensimismó mirando las llamas y le volvieron más imágenes de su vida pasada. Se acordó de los días que había comido sola desde que se quedó huérfana. De las pocas caricias que recibió de su tío, el canónigo. De las noches que había pasado desvelada, contemplando los tapices bordados en oro fino que decoraban su habitación. De los reflejos de las velas que movían las carnes de un Eros juguetón. Se acordó de que todas las noches soñaba con las aventuras amorosas campestres del día que llegara a ser maestra de un pueblo.

—¿Qué le pasa? ¿Le ha dado algún mareo? —La señora María se acercó y le tocó la frente—. ¿No ve que ya tiene la sopa en la escudilla?

—Es que creo que estoy muy cansada del viaje. Se me pasará.

Mientras tomaban la sopa de ajo, la señora María le contó su vida. Y cuando notó que Pascuala se limpiaba una lágrima con el puño de la rebeca le dijo.

—Me da a mí que usted va a tener más suerte que yo con mi Nicolás, que en paz descanse. —Se santiguó—. Mire, hace poco que llegó un médico muy joven, don Valero Arbigosta se llama. Y lo veo todo el día buscando compañía por estos andurriales. Nunca se sabe.

Carmen Romeo Pemán

rayaaaaa

Imagen principal. En el Pirineo a principios del siglo XX. Autor y lugar desconocidos. Publicada en Facebook por Lorién La Hoz.

Cándida. Los agitados comienzos del feminismo en España

#demibauldelecturas

El viernes, 8 de febrero de 2019,  asistí en Facultad de Educación de Zaragoza al seminario, Las mujeres votan por la paz, que se inscribía en el proyecto europeo Programa Europa de la ciudadanía.

Lo convocaba La liga internacional de las mujeres por la paz y la libertad  (WILPF), con el apoyo del Observatorio de igualdad de la Universidad de Zaragoza.

En una de las sesiones se presentó el libro De Madrid a Ginebra. El feminismo español y el VIII Congreso de la Alianza Internacional para el Sufragio de la Mujer, escrito por Isabel Lizarraga y Juan Aguilera.

En ese mismo acto tuve la oportunidad de presentar Cándida, la novela con la que Isabel da vida a todo el ambiente en el que se gestó el Congreso de Ginebra de 1919

El interés que me despertó la lectura, las palabras de su autora y la buena acogida entre el público me han animado a escribir este artículo con la intención de contagiaros mi entusiasmo.

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Cándida es la historia de una maestra riojana, cuyo periplo vital se teje con los convulsos orígenes del feminismo en España.

De su mano conocemos las trayectorias de la marquesa del Ter, de María Lejárraga, de María Espinosa y otras mujeres famosas entre 1918 y 1921.

Utiliza con gran acierto la ficción literaria para revivir unos entresijos históricos difíciles de contar. Con los trajines de los personajes, reales y ficticios, entendemos los bastidores en los que se fueron urdiendo los movimientos feministas.

Antes de la lectura, ¿quién recordaba a la marquesa del Ter, a María Lejárraga, a Celsia Regis, a María Espinosa, a Carmen de Burgos, a María de Echarri, a María de Lluria, a Magda Donato, a María de Maeztu, a Amparo Cebrián de Zulueta, a Benita Asas Monterola o a las hermanas Ana y Amalia Carvia? ¿Y quién conocía a Paulina Luisi, Mary Sheepshanks, Anna Wicksell, Carrie Chapman Catt, Chrystal MacMillan, importantes mujeres europeas relacionadas con Alianza Internacional por el Sufragio?

Cuando cerramos el libro, nos quedamos pegados a ese elenco de mujeres que brillaron en los salones, en las tertulias y en los despachos de Madrid y que a los pocos años cayeron en el olvido.

El título

Cándida es un título irónico.

Me llamo Cándida, Cándida Sanz Pedriza, se dijo en voz baja. Aún no hace frío en este día 15 de septiembre de 1918 y estoy sola en la estación del tren de Logroño.

Con este arranque novelesco, desde la primera página nos damos cuenta de que esa maestra, que está en la estación de Logroño esperando el tren de Madrid, no es ni ingenua ni inocente. Que abandona al novio y el ambiente provinciano para luchar contra una sociedad que considera injusta con sus escritos, como corresponsal del diario La Rioja, en la sección “Los Jueves de la Mujer”, que mantiene al día a las mujeres riojanas. Pero, a los pocos días de su estancia en Madrid, y de la mano de María Lejárraga, se involucra en las intrigas de los nuevos círculos feministas.

Cándida era el nombre de una abuela de Isabel Lizarraga, pero en la novela funciona como el espejo en el que se desdobla María Lejárraga. De esta forma, el personaje de ficción profundiza e inmortaliza a los personajes reales  Si conocemos estas referencias, la lectura adquiere una nueva dimensión.

Además, este título apunta a una intertextualidad con el de Cándido de Voltaire. En las dos novelas la objetividad histórica, respaldada por los datos documentales, es un potente recurso contra la intolerancia, el fanatismo y los abusos del poder.

El contenido novelesco: el argumento

En una trama simple en torno a las relaciones de Cándida y Beatriz, se engarzan todos los entresijos del naciente feminismo español.

Cándida, a sus veinticuatro años, decide cambiar el rumbo de su vida. Va a Madrid a sustituir a su antigua profesora de Magisterio, Pilar, actual corresponsal del diario La Rioja, que siente que su tiempo se ha acabado y quiere dejar paso a las nuevas generaciones. Cándida lleva en el bolsillo una carta de recomendación del párroco para María Lejárraga, quien la acoge como a una hija: le busca alojamiento y la introduce en los círculos en los que las ideas feministas están en plena efervescencia.

De esta forma, entra en contacto con las fundadoras de la Unión de Mujeres de España (UME), con las de la Asociación Nacional de Mujeres de España (ANME), con las de la Liga Española para el Progreso de la Mujer, la primera asociación feminista que se fundó en Valencia, en torno a la revista Redención y con las de la Alianza Internacional para el Sufragio (International Woman Suffrage Alliance), que publicaban la revista Ius Suffragii. Cándida conoce de primera mano a todas las feministas, con sus grandezas y sus miserias, con sus nobles aspiraciones y con las rencillas entre ellas.

En Madrid se hace amiga de Beatriz, la hija de Louisa Grapple de Modeiras, con quien vive momentos felices y atroces. Hasta se la lleva unos meses a Logroño para alejarla de un grave problema familiar.

Este primer regreso a Logroño va precedido de un interludio: el diario de la marquesa del Ter, la fundadora de la UME. Estas memorias son un remanso narrativo que amplía, en olas concéntricas, el contexto histórico, y siembra nuevos datos con los que aumenta la tensión de la trama.

Cuando Beatriz se repone, regresa a Madrid con Cándida, y se reencuentra con su novio Fermín, que le cuenta el verdadero motivo por el que se truncaron sus relaciones. Después, las dos amigas asisten al congreso de Ginebra. Al acabar, Beatriz se va a Londres y Cándida regresa a Logroño, donde sigue trabajando como maestra.

La acción narrativa termina en 1921, con una manifestación feminista organizada por María Lejárraga y la marquesa del Ter.

Y todo se acaba en un epílogo. Lo cuenta una cuidadora de Cándida, después de su muerte a los ciento cuatro años. Sintetiza el rumbo posterior de los acontecimientos, cierra las vidas de los personajes principales y explica las claves narrativas de todo el relato.

El feminismo

Es el tema central de la novela. Así se lo explicaba Isabel Lizarraga a Pilar Laura Mateo en una entrevista para el “Club de lectura Palabra de Mujer”, cuando publicó La canción de mi añoranza. Isabel Oyarzábal. Embajadora de la República:

Pilar Laura Mateo. Tus dos novelas son una exhaustiva investigación sobre la vida de mujeres intelectuales poco o nada reconocidas por la historia oficial. ¿Piensas que queda mucha historia por recuperar de las mujeres de este periodo?

Isabel Lizarraga. Indudablemente. Todas ellas han sido silenciadas por un doble motivo: por ser mujeres y por ser las perdedoras de una guerra que les arrebató todo aquello por lo que habían luchado. La historia oficial las ha ignorado tanto por motivos políticos (la gran mayoría tuvo que exiliarse) como por la secular negación y ocultamiento de la mujer a lo largo del tiempo.

P. LM. Las asociaciones de mujeres de principios del XX desplegaron mucha actividad pero obtuvieron pocos resultados. ¿Cuál crees que fue su error?

I. L. Las mujeres de principios del siglo XX hicieron todo lo que pudieron, pero tenían muchas cosas en su contra: las leyes, la costumbre, la falta de educación en relación con el hombre… El principal error que cometieron fue el de no ser capaces de aunar sus fuerzas en una asociación común a todas las mujeres que deseaban lo mismo.

P. LM. una cosa que quizá puede chocar a las lectoras/es de hoy, y es que casi todas estas mujeres pertenecían a las clases acomodadas, algunas incluso tenían título nobiliario, ¿cómo valoras esta cuestión?

I. L. Me parece normal que las pioneras pertenecieran a las clases acomodadas. Las mujeres pobres tenían suficiente con sobrevivir.

Para reclamar algunos derechos hace falta saber que existen (o que existen en otros lugares), saber leer, saber escribir, y tener tiempo y fuerzas como para luchar por ellos. El hecho simple de fundar una asociación donde reunirse requiere tener dinero para alquilar el local, para editar una simple hoja reivindicativa o revista o para prever cualquier actividad, y no hay que olvidar que en esa época las mujeres casadas ni siquiera tenían la potestad de gestionar su propio dinero.

P. LMEllas fundaron el Comité Nacional de Mujeres contra la guerra y el fascismo en vísperas de la Guerra Civil y de la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué opinas de esto?

A mí me conmueve el hecho de que las mujeres de esa época se proclamasen pacifistas. Estaban horrorizadas por los efectos de la Primera Guerra Mundial y suponían ingenuamente que, si las mujeres llegaban a gobernar, serían capaces de evitar las guerras, ya que, siendo madres, no consentirían que sus hijos murieran en ellas.

El tempo lento

Hay novelas que respiran como gacelas y otras como ballenas, o como elefantes. (Umberto Eco, Apostillas al Nombre de la rosa).

Isabel, interesada por el trasfondo histórico, escribe una novela de respiración lenta. El lector se va recreando en el ambiente y en las noticias de los periódicos que la autora intercala con gran acierto y oportunidad en la trama. Nosotros, como don Ramón Cabrera, el marido de la marquesa del Ter, leemos sin prisa. De vez en cuando, volvemos a releer en voz alta y lo comentamos. Porque, en esta novela hay encerradas muchas horas con la prensa de principios de siglo. Y la prensa se comenta con los cercanos.

Este tempo lento se refleja en la estructura y en la aparente falta de proporción entre las partes narrativas. Pero todo está en función de la historia y de la trama, de las vivencias y de los acontecimientos

La disposición cronológica

Ocupa tres años de la larga vida de Cándida (San Millán, 1894-Logroño, 1998). Justo el tiempo en el que Beatriz entró en la vida de Cándida. La acción avanza en tres bloques temporales, pero no se corresponden exactamente con los años.

1919-1919. Crónica de un amanecer. Un amanecer lleno de anhelos y deseos, de titubeos y frustraciones. El nacimiento de la amistad entre las protagonistas coincide con el de los movimientos feministas y con la ruptura con sus novios.

1918-1920. El diario olvidado de la marquesa del Ter. Completa los acontecimientos de 1920 desde un nuevo punto de vista. Y progresa con una información muy detallada sobre el octavo Congreso de la Alianza, celebrado en Ginebra del 8 al 12 de junio de 1920.

1920. Fulgor opaco de mediodía. (marzo-junio). Es el desenlace novelesco, en tres tiempos y en tres lugares.

Las dos amigas se refugian en Logroño, después del desastre de la familia de Beatriz. Cuando Beatriz cumple veintitrés años se convierte en mayor de edad y vuelven a Madrid para arreglar los asuntos que quedaron pendientes. Finalmente,  llega la semana del Congreso de Ginebra y la separación de las amigas. Beatriz se va a Londres. La marquesa del Ter desaparece y se deja el diario en el hotel. María Lejárraga y Cándida regresan juntas a Madrid.

1921. La sonrisa triste. Encontramos a Cándida en el tren que va a Logroño donde de nuevo ejerce de maestra. Vuelve de Madrid, de una manifestación feminista que han organizado la marquesa de Ter y María Lejárraga. Sus aventuras madrileñas le han dejado un poso de tristeza.

1984-1998. Epílogo nocturno: cola de cometa. Los últimos años de Cándida en una residencia en Logroño.

El juego de narradoras

Todo lo ha contado una narradora omnisciente que conoció los hechos a través de los documentos que encontró y de lo que la propia Cándida le contó.

Día a día, con mi insistencia, conseguí rescatar una parte de ese pasado, y así he sabido que la Marquesa del Ter murió en Madrid en abril de 1936 y que su esposo, arruinado, la sobrevivió hasta 1940.

Que María Lejárraga fue abandonando paulatinamente su labor de escritora para comprometerse cada vez más en la vida política.

Que Carmen de Burgos conservó su carácter combativo y resuelto durante toda su vida: murió en octubre de 1932, mientras pronunciaba una conferencia en el Círculo Radical Socialista.

Que Clara Campoamor, después de distintos trabajos y oposiciones, comenzó los estudios de Derecho y se licenció a los 36 años.

De Consuelo González, la Celsia Regis de los años veinte, Cándida no sabía nada, y tampoco de Magda Donato.

Cándida apenas me quiso hablar de Beatriz, pero entre sus papeles leí que marchó a Londres, se casó y tuvo cuatro hijos. Nunca volvió a España. (P. 199 y ss.)

Esta narradora, encontró en el armario una caja en cuyo interior había:

Recortes de periódico apilados en un escrupuloso orden cronológico, cartas con fechas antiguas, un viejo diario de tapas gastadas con la letra de Cándida, un cuaderno de la Marquesa del Ter y, al fondo del todo, en testimonio nebuloso de lo que no pudo ser, una fotografía con la firma de un amigo. (P. 198).

Y de forma abierta confiesa cómo ha construido la novela.

La historia que antecede a estas páginas ha nacido de la revisión de los documentos que Cándida guardaba en su caja escondida, que muchas veces recojo en su forma textual, a partir de las noticias de los periódicos de la época y, especialmente, a partir de los manuscritos de su propio diario y del texto de la Marquesa del Ter. (P. 198).

Isabel ha bebido en fuentes clásicas para construir esta novela: ha reescrito desde un nuevo punto de vista el viejo tópico del manuscrito encontrado que tan famoso se hizo con El Quijote.

Una novela histórica

Está contada como una historia de vida y enmarcada con abundantes digresiones documentales. La atmósfera feminista es el cañamazo sobre el que se teje la vida de Cándida, el alter ego de María Lejárraga. Y todo sembrado con abundantes detalles del vivir cotidiano que le confieren la impresión de historia verdadera.

María Espinosa de los Monteros y Díaz de Santiago. Todo el mundo sabe que es la representante de la Casa Yost en España desde hace veinte años y que el Consejo de Instrucción Pública le concedió la Cruz de Alfonso XII. … con su traje negro ceñido con una banda en la cintura y la famosa Cruz en el pecho. También llevaba un collar de perlas y un moño bastante discreto. (P. 12).

Las páginas están salpicadas de juicios hechos desde una cercanía y un conocimiento profundo de los personajes.

La cocinera, adusta, miraba a Anita, con la toca de doncellita prendida sobre su pelo moreno, pensaba en la dueña de la casa, la Marquesa feminista, y en el fondo no comprendía nada de la vida moderna. (P. 19).

Para terminar

Isabel Lizarraga combina con acierto la documentación histórica con los elementos narrativos. En esta novela prima el docere, enseñar, sobre el delectare, deleitar, pero en ningún momento descuida los elementos literarios. Cándida cuenta los orígenes del feminismo en España de una manera hermosa y didáctica y se convierte en una referencia imprescindible para los estudios de los movimientos anteriores a 1921. Aquí están los moldes y patrones de comportamientos posteriores.

Antes de esta novela escribió un ensayo pensado para un público especializado. Con Cándida divulgó esas ideas y consiguió que muchos lectores vibraran con las aspiraciones de unos ideales feministas que todavía no se han cumplido.

Isabel Lizarraga es una escritora que se documenta exhaustivamente. Es una ávida lectora de periódicos de la época para reconstruir con fidelidad los hechos, los ambientes y los escenarios. En fin, es una escritora a la que le rebosa el saber por los poros de cada letra.

20190208. Isabel Lizarraga. Al iniciar la biografía

Isabel Lizarraga y Carmen Romeo visitando la exposición «Cien años de feminismo pacifista». Zaragoza, Facultad de Educación, 8 de febrero de 2019.

Isabel Lizarraga (Tudela, 1958). Profesora, investigadora y escritora. Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Zaragoza y en Derecho por la Universidad de La Rioja. Ha sido profesora del instituto de Teror, Gran Canaria, en el de Lodosa y en el Escultor Daniel de Logroño. Es autora de un gran número de publicaciones académicas, de abundantes relatos literarios y de cinco novelas. Su nombre va indisolublemente unido al de María Lejárraga a quien descubrió en varios estudios y a la que quiso inmortalizar en la novela Cándida. Esta unión viene reforzada por la paronomasia de los apellidos: Lejárraga-Lizárraga.

De su extensa producción destacaré algunas obras representativas.

Investigaciones académicas

María Lejárraga, pedagoga. Cuentos breves y otros textos, IER, Logroño, 2004. En colaboración con Juan Aguilera Sastre.

De Madrid a Ginebra. El feminismo español y el VIII Congreso de la Alianza Internacional para el Sufragio de la Mujer, Icaria, Barcelona, 2010. En colaboración con Juan Aguilera Sastre.

Federico García Lorca y el teatro clásico. La versión escénica de la dama boba. Universidad de La Rioja, Logroño, 2009.

El derecho de rectificación, Aranzadi, Pamplona, 2005.

Textos de creación literaria

“Estos últimos tiempos he abandonado los estudios enjundiosos para probar con algo que me resulta mucho más divertido y me devuelve a los primeros años de amor sencillo por las letras: he comenzado a componer literatura de ficción”. (Autobiografía del blog literario de Isabel Lizarraga)

Novelas

  1. Escrito está en mi alma. Finalista del VII Concurso de Narrativa Femenina “Princesa Galiana”, del Ayuntamiento de Toledo.
  2. Cándida. Finalista del V “Premi Delta de narrativa escrita per dones”, en 2009. Publicada en Buscarini, Logroño, 2012. Reeditada en 2018.
  3. La canción de mi añoranza. Isabel Oyarzábal. Embajadora de la República. Siníndice, Logroño.
  4. La tierra era esto. Las aventuras de Austin y Amalíss. Ciencia ficción. Editorial Atlantis, Aranjuez.
  5. La escuela de la vida. Siníndice, Logroño.
  6. Pájaros de cuenta. La Cabaña del Loco, Zaragoza-Logroño,

Cuentos

Corazón loco, Asamblea de Mujeres y Ayuntamiento de Estella-Lizarra, 28 de noviembre de 2008 (edición no venal).

Escorzo en el aire, en La inauguración, Ayuntamiento de Logroño y Fundación Caja Rioja, Logroño, 2009.

Imago hominis, Ayuntamiento de Zaragoza, 2010 (edición no venal).

Había una vez…, en Cuentos con el mismo papel, Ayuntamiento de Logroño, 2010.

Venturoso viaje de vuelta, De Buena Fuente, 15 de julio de 2011,

Las letras y las voces, en Miradas y letras II en el Camino de la Lengua castellana, Fundación Camino de la Lengua Castellana, Logroño, 2011.

La rosa de los tiempos, en Antología de Ciencia Ficción 2099, edición de Miguel Ángel de Rus y Félix Díaz González, Madrid, Ediciones Irreverentes, 2012.

Mitad y mitad, igual a medio, en Cuando quieras mirar a las nubes, Miami USA, La Pereza Ediciones, 2013.

“El viejo factor”, en Turia, revista cultural, núm. 113-114, Teruel, Instituto de Estudios Turolenses, marzo-mayo de 2015, pp.72-79.

Premios Literarios

Este nuevo camino no le ha ido mal. Desde el año 2008 ha cosechado numerosos premios.

Premio del XII Certamen Literario “María de Maeztu” de Estella, en 2008. Con el cuento Corazón loco.

Premio del XIV concurso de Relatos “8 de marzo Día Internacional de la Mujer”, Ayuntamiento de Zaragoza, en 2010. Con Imago hominis.

Premio en el XXIV Premio de Narración Breve “De Buena Fuente” de Logroño, en 2011. Con Venturoso viaje de vuelta.

Carmen Romeo Pemán

A nuestros maestros. A los 26 que pasaron por El Frago

Y sigo dedicando mis desvelos a las Escuelas de El Frago, donde estudié desde los seis hasta los trece años, cuando mis padres estaban allí de maestros. Esas escuelas fueron mi casa desde que nací. Allí inicié mis primeros juegos y mis primeras travesuras. Allí recibí las semillas de lo que desarrollé en mi vida adulta. Siempre me sentiré en deuda con mis primeros amigos y con todas las gentes de El Frago.

Enfrente de la Escuela de Niñas estaba la de Niños, separada por un pasillo muy pequeño. Cuando la maestra se ausentaba, dejaba abiertas las puertas de las dos escuelas para que nos vigilara el maestro. A mí me parecía una clase muy grande, con los chicos en el lado que daba a Santa Ana, donde hoy funciona un bar de jóvenes, y las chicas en el de la plaza. A nosotras esos momentos nos gustaban mucho. Nos levantábamos a sacar punta a los lapiceros, a borrar la pizarra o a rellenar el tintero. Cualquier excusa era buena para conseguir que nos miraran los chicos. Entonces iba subiendo el murmullo en las dos escuelas hasta que oíamos el grito del maestro:

—¡Silenciooooo!

Esa voz potente nos amilanaba y nos quedábamos muy quietas con las risitas congeladas, esperando la hora del recreo para defendernos de los que nos habían acusado.

Desde mediados del siglo XIX hasta final de los años 60, El Frago tenía dos escuelas unitarias, una de niños, con un local propio, y otra de niñas, sin local. Las maestras daban sus clases en las habitaciones o las cocinas del pueblo que cada año alquilaba el Ayuntamiento. Todo cambió en 1928 cuando se inauguraron las Nuevas Escuelas. Las que fueron mi casa. Estas sí que tenían un local para los chicos y otro para las chicas. Y además viviendas para los maestros. Se hicieron en la época de don Bruno y doña Angelita, y se construyeron “a vecinal”, crowfunding diríamos hoy. Pero esta es otra historia, muy muy emotiva y muy larga.

En mi época, el maestro se encargaba de los chicos desde los seis hasta los catorce años. Y la maestra de las chicas. En los pueblos vecinos, si tenían menos de quinientos habitantes, una maestra se encargaba de una escuela mixta. Eso es lo que pasó unos años después, cuando se murió mi padre y se quedó mi madre con la escuela mixta.

Como toda la vida me ha picado el gusanillo de las Escuelas de El Frago, les he dedicado muchas horas de estudio. Consultando los archivos del Ayuntamiento, me enteré de que en 1838 ya teníamos una escuela dotada con 1.600 reales, pero no encontré el nombre del primer maestro hasta 1848. Y no me topé con ninguna maestra hasta 1874. Eso sí, me encontré con nombres de alumnos, y alumnas, que a los pocos años de haberse fundado la escuela ya tenían títulos de Magisterio. Eso me llevó a pensar que desde el principio también se daba clase a las niñas y que a lo mejor hubo una escuela parroquial anterior a la pública.

En otras ocasiones he rendido mi homenaje a las maestras. Hoy quiero completarlo con el de los maestros. Con todos los que, como ellas, entregaron lo mejor de sus vidas a los niños de El Frago. Además, ellos se implicaron en la vida cultural del pueblo. Unos ejercieron de secretarios, otros de concejales, y todos se ocuparon de las clases de adultos. Enseñaron a leer a los hombres cuando volvían del monte por las noches. Casi todos aprendieron a firmar y a llevar las cuentas de sus menguadas haciendas.

Manuel Marco, Felicia, Isabel...

Manuel Marco Bonaluque (El Frago, 1859–Biel, 1927). Fotografía cedida por la familia Marco.

Siglo XIX. Los comienzos de la escuela pública

1847-1872. José Sánchez Murillo. (Castiliscar, 1828–El Frago, 1872). El primer maestro. En 1855 ya era Secretario del Ayuntamiento. En 1871, cuando se inauguró el registro civil, se nombró secretario a Casiano Romeo Soteras. Pero José Sánchez, con residencia en la calle Mayor número 4, fue testigo de todas las actas de ese año.

Era hijo de Domingo Sánchez, labrador, y Manuela Murillo, naturales y vecinos de Castiliscar. Se casó con María Ardevines Boned (El Frago, 1840-Ídem, 1902), de cuyo matrimonio nacieron cuatro hijos: Paulino, Generoso, Juliana y Vicenta. En septiembre de 1872 falleció su hija Vicenta (1868–1872) de tosferina y al poco tiempo don José fue víctima de una epidemia de tifus. En 1874, su viuda, María Ardevines se casó en segundas nupcias con el también viudo Valero Callau Beamonte (1843–1902), de cuyo matrimonio no quedó ningún hijo.

En El Frago se casaron sus hijos Generoso y Juliana. Generoso Sánchez Ardevines (1866- ¿?) con Luisa Laguarta Bonaluque (1879-¿?), hija de Juana Bonaluque Gállego (1850–1889), maestra que fue de El Frago. Y Juliana Sánchez Ardevines (1867-1925) con Silvestre Ara Cuartero (Lacasta, 1858 –El Frago, 1922).

1872-1872. Mariano Sánchez Barrio. (El Frago, 1851–Bayona, Francia, 1899). Estudió bachillerato en el Instituto Ramón y Cajal de Huesca y en 1872 ingresó en la Escuela Normal. Ese año, cuando falleció de forma inesperada don José, el Ayuntamiento lo contrató para que se ocupara de la escuela hasta final de curso.

Por la prensa de Madrid, sabemos que Mariano Sánchez Barrio llegó a ser un importante funcionario de Correos de Madrid. “Por la presente llamo y emplazo a Mariano Sánchez Barrio, natural de El Frago, provincia de Zaragoza, hijo de don Segundo y doña Ana, de 47 años, casado con Cristobalina Pueyo, oficial del Correo Central de Madrid. (Diario oficial de avisos de Madrid, 04/10/1898, p. 1). Al año siguiente el cónsul de España en Bayona comunicaba el fallecimiento del súbdito español Mariano Sánchez Barrio, empleado de Correos de Madrid y residente en Bayona desde el 14 de febrero de 1899. «Comunican de la capital de Guipúzcoa que ayer puso fin a sus días en Bayona, disparándose dos tiros en la sien derechas, el funcionario de correos con destino en Madrid don Mariano Sánchez Barrio (La Derecha, 4 de marzo de 1899)

1872-1877. Diego Laporta Soler. (Bailo, ca. 1836-Ejea de los Caballeros, 23 de septiembre de 1885). En 1850 comenzó los estudios en la Escuela de Maestros de Zaragoza. Estaba casado con Inés Cervera Blanco, natural de Luesia,  la primera maestra de El Frago que hasta ahora conocemos. Una de sus hijas que falleció en El Frago. Así lo recoge el registro civil: “A las 6 de la mañana del 9 de junio de 1876, ante don Serapio Les Giménez, juez municipal, y don Casiano Romeo Soteras, secretario, comparece Manuela Biescas, soltera, natural de El Frago, domiciliada en la calle de los Infantes 10, manifestando que Avelina Laporta Cervera, natural de Asín, provincia de Zaragoza, de cinco años de edad, domiciliada en El Frago, en la calle de los Infantes 18, falleció a las 4 de la mañana del día de ayer de una fiebre subsiguiente a la superación del sarampión. Que la finada era hija legítima de don Diego Laporta, natural del pueblo de Bailo, provincia de Huesca, y doña Inés Cervera, natural de Luesia, provincia de Zaragoza, mayores de edad, maestros de Instrucción Primaria de este pueblo”. Manuela Biescas (1857–1928), de casa Presijo, declaraba en su calidad de sirvienta.

Diego e Inés fueron padres de varios hijos. Miguel Laporta Cervera, (Triste, 1867-Jaca, 1885) falleció de gastroenteritis en el Seminario de Jaca, el año que cursaba cuarto de Teología. Está enterrado en el cementerio de Jaca.  Avelina Laporta Cervera (Asín,, 1869-El Frago, 1874). Marino Laporta Cervera (Ejea de los Caballeros, 1878-¿?) que se casó con Juana Romeo Espés, (Erla, 1883-1883), hija de Mariano Romeo Llera y Mariana Espés Herrera. Marino y Juana  fueron los padres de los cuatro nietos de Diego Laporta e Inés Cervera:  Marino, Antonio y Juana. Y Juana Laporta Cervera, que nació en Ejea y en 1880 comenzó los estudios de Magisterio en Huesca y en 1886 llegó al rectorado de Zaragoza su título, proveniente de la Normal de Huesca.

El día 23 del corriente falleció el maestro de primera enseñanza de Ejea de los Caballeros, Diego Laporta. (Diario de avisos 25 de septiembre de 1885), Aún no se había jubilado.

1877-1879. Medardo Ros Vallés. (Benabarre, Huesca, 1856–Épila, 1915). Estudió en los Escolapios de Madrid y en 1874 obtuvo el título en la Escuela Normal de Huesca. En 1875 fue destinado a Fet, cerca de Benabarre, y en 1877 en Loscorrales (Huesca). Ese mismo año lo destinaron a El Frago y se alojó con su familia en casa del maestro Manuel Marco Bonaluque, en la calle Zaragoza, 1. Después ejerció en Mainar, Fuendetodos y en Plasencia de Jalón.

Estaba casado con Joaquina Lapuente Maza de Lizana (Apiés, Huesca, 1852–Lupiñén, 1941). Estando de maestro en El Frago nació y murió su hijo Pedro. Según consta en el registro civil era nieto por línea paterna de José Ros, natural de Latas (Huesca), y de Francisca Vallés de Benabarre (Huesca). Por línea materna de Guillermo Lapuente, de Arrudi (Francia) y de Nicolasa Maza de Lupiñén (Huesca).

Hijos:  Carmen (¿?-¿?), Medardo (Fuendetodos, 1882–1936), Silvestre (1887-¿?) y Joaquín (1888–Paterna, Valencia, 1945).

1877-1881. Manuel Marco Bonaluque

1926. Marco Bonaluque, Manuel

Manuel Marco Bonaluque con pajarita, en el centro, primera fila. Virgen de la Sierra, Biel, 1929. Fotografía cedida por la familia Marco.

(El Frago, 1859–Biel, 1927). Maestro y secretario del juzgado. Era hijo de Francisco Marco Ceballos (La Almolda, 1825-¿?) y Manuela Bonaluque Giménez (El Frago, 1830–Ídem. 1878), dueños de un comercio en la Calle Zaragoza, 1. Estudió Magisterio en la escuela Normal de Huesca. En 1878 compareció en el juzgado de El Frago para declarar la defunción de su madre: “Ante el juez don Sebastián Ángel y el secretario don Casiano Romeo Soteras, compareció Manuel Marco, hijo de la difunta, natural de El Frago, domiciliado en la calle Zaragoza 1, mayor de edad, soltero, maestro de instrucción primaria, e hizo la declaración en los siguientes términos: Manuela Bonaluque Giménez, de 47 años, estuvo casada con Francisco Marco, dedicado al comercio. Tuvieron tres hijos: Manuel, Elías y Elías, de los cuales fallecieron los dos últimos, viviendo el primero en compañía de su señor padre. Manuela era hija legítima de Juan Francisco Bonaluque natural de El Frago de y Bárbara Giménez, natural de Orés, domiciliados en El Frago.

«Han sido nombrados maestros interinos,  Manuel Marco, de El Frago, y Juana Bonaluque, del mismo pueblo». (Cfr. HMZ, Diario de Avisos de Zaragoza, 07/03/1877).

En 1881 Manuel Marco obtuvo la plaza de la Escuela de Niños de Biel y en 1882 se casó con Isabel Sampietro Gállego (Biel, 1863–Ídem, 1938), hija de Juan Sampietro Torres (Sallent de Gállego, 1813–Huesca, 1899), maestro de Instrucción Pública, y de su segunda mujer Mariana Gállego Pétriz (Murillo de Gállego, 1836-Biel, 1918). Manuel e Isabel fueron los padres de Marino Marco Sampietro (1884–1927), casado con Delfina Bueno Garza (Agüero, 1882–Alagón, 1953), maestra propietaria de la Escuela de Niñas de Biel. Y de Isabel Marco Sampietro, que comenzó los estudios de Magisterio en Huesca, y se casó con Juan Lanzarote Pemán, (Biel, 1895-Alagón, 28/06/1992) un maestro muy reconocido.

1881-1883. Manuel Romeo Beamonte. (El Frago, 1863–Ídem, 1891). De casa Romeo, falleció de una herida en el pecho. Era hijo de Casiano Romeo Soteras (1828–1904), secretario del Ayuntamiento, y de Nicolasa Beamonte Larroy (1830–1892). En 1885 se casó con Carmen Les Biesa (1865-¿?), de casa Juan de Les, de cuyo matrimonio tuvieron dos hijas, Amadea (1886-¿?) y María de los Milagros Baltasara (1889-¿?). En 1881 el Ayuntamiento contrató a este “instructor no titulado”, porque no se cubrió la vacante que dejó Manuel Marco Bonaluque y porque no había ningún maestro ni ningún estudiante de Magisterio en el pueblo a los que se les pudiera conceder un certificado de aptitud.

1883-1910. Pedro Uhalte Alegre. (Villarreal de la Canal, Huesca, 1851–Petilla de Aragón, 1917). Este hijo de Gabriel Uhalte, de Transvillar (Francia), de profesión carpintero, y de Joaquina Alegre de Martes (Huesca), en 1877 obtuvo el título de Magisterio en la Escuela Normal de Huesca.

Desde 1872 hasta 1880 fue maestro, con certificado de aptitud, de las escuela «incompletas» de Mojones (Huesca) y Cubel (Zaragoza). En ese momento los pueblos de menos de 500 habitantes tenían escuelas llamadas “incompletas” a cargo de un maestro con un certificado de aptitud, que solía otorgar el municipio. El aspirante se había formado como «pasante» de otro maestro. Las escuelas denominadas “completas”, a cargo de un maestro titulado por una escuela Normal, eran obligatorias en los pueblos de más de 500 habitantes. La ley de 1857 recomendaba que todas las escuelas incompletas se transformaran en completas.

En 1880, la escuela incompleta de Cubel ascendió a completa y se hizo cargo Pedro Uhalte, que en esa fecha ya tenía el título de Maestro Elemental por la Escuela Normal de Huesca. En 1883 llegó a El Frago por concurso y en 1910 se fue a Petilla de Aragón (Navarra), también por concurso, donde ejercía de practicante su hijo Pedro.

Según consta en su hoja de servicios, en los veintisiete años de maestro de El Frago lo felicitó la Inspección en dos ocasiones por la educación que daba a sus alumnos y la Junta Local le otorgó tres premios: uno el cinco de junio de 1885, otro el 6 de marzo de 1886 y otro el 8 de junio de 1890.

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Examen de Caligrafía. Archivo Histórico de Huesca.

Estaba casado con Simona Paúles Bescós (Aísa, Huesca, 1843-Petilla de Aragón, ca. 1939), también maestra de El Frago, vivían en el local de la ruinosa Escuela de los Niños y participaron activamente en la vida del pueblo. Dieron clases de repaso, prepararon a muchos de sus alumnos para que salieran a estudiar fuera. Don Pedro, además, se ocupó de la Secretaría del Ayuntamiento en varias ocasiones. Y formó como secretario a su antiguo alumno, Benjamín Biescas Guillén (El Frago, 1874–Bata, Guinea, 1952).

De su matrimonio con Simona nacieron tres hijos: María Teresa (Villarreal 1874–Sádaba, 1918), en 1897 obtuvo el título de Magisterio en Huesca y en 1899 se casó con Bonifacio Guillén Luna, (El Frago, 1975-¿?) de casa Pichón. Pedro (El Frago, 1884–Petilla de Aragón, Navarra, 1951), practicante, casado con Juana Arilla Aguas. Y María Esperanza (El Frago, 1888–Ídem, 1889), que falleció a los seis meses de una gastroenteritis.

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Escuelas Nuevas de El Frago. Foto de Bruno Gracia Sieso, 1929.

Siglo XX. Hasta 1936: las Escuelas Nuevas

1910-1911. Perfecto Cárdesa Cardesa. (Biel, 18/05/1890-Zaragoza, 10/051925). Este maestro interino cubrió la vacante que dejó don Pedro Uhalte.

1923, Constantino y Perfecto. Recortada

Perfecto, con sombrero, su mujer y su hija Felisa, sentada encima de su madre. Al lado la niña Asunción Pemán Marco, que se casó con Gregorio Romeo y fueron dos maestros carismáticos de El Frago. Foto de Carmen Romeo Pemán. Biel, verano de 1923.

Perfecto se casó con Felisa Arambillet Oficialdegui (Artajona, 21/02/1893-Zaragoza, 16/08/1992) en Zaragoza el 14 de febrero de 1921 y tuvieron una hija, Felisa, (Zaragoza, 1922), religiosa Escolapia.

En su expediente de estudios, en la Escuela Normal de Maestros de Zaragoza, consta como Perfecto Cardesa Aguas.

En 1910, su primer destino fue El Frago. En 1912 y 1915 echó instancia para las oposiciones de turno libre.  Aprobó las de 1917. En 1921, el año que se casó,  ejercía en Erpiol (Huesca), y consiguió el traslado a Zaragoza como consorte. Su mujer, Felisa Aramillet, era hermana de Delfina, la mujer del maestro Pedro Arnal Cavero, estaba en las escuelas del Buen Pastor. A Perfecto le dieron las Anejas a la Escuela Normal de Maestros, donde ejerció hasta que falleció a los treinta y cinco años.

1911-1924. Manuel Olivares Muñoz: primera etapa fragolina. (Pobeda de la Obispalía, Cuenca, 1888–El Frago, 1950). Fue maestro de El Frago en dos ocasiones: interino (1910-1924) y propietario (1944–1950). Estudió Magisterio Elemental en Cuenca. Estuvo destinado en Rosalén del Monte (Cuenca) y en Abanades (Guadalajara). Se casó con Inocencia Romeo Alvarado (El Frago, 1882–Ídem, 1963), viuda, y no tuvieron hijos. Vivían en la Plaza, en la casa que actualmente ocupa el bar “4 Reyes”. En 1950, estando en activo, falleció de un infarto.

En 1911 llegó a El Frago donde, además de su labor docente, desarrolló una intensa activad pública. Desde 1911 hasta 1914 fue recaudador de contribuciones, en cuyo cargo le sucedió su padre, Eusebio Olivares Muñoz de las Heras (Belmontejo, Cuenca-El Frago, 1916), viudo de Eusebia Muñoz. Entre 1913 y 1915 fundó la Mutualidad Escolar “La Fragolina”. En 1918 fue elegido concejal, siendo alcalde Segundo Romeo Navarro. En 1924 aprobó las oposiciones y fue destinado a Córdoba.

En 1933, cuando salió a concurso la escuela de El Frago, quiso volver, pero le pisó la plaza Francisco Celma. En 1944 consiguió regresar y en 1945 fundó el Coto Escolar “Guion”, en el paraje de La Fuente.

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Segunda etapa de Manuel Olivares en El Frago. En 1948, en la puerta del Coto Escolar con un grupo de alumnos. Foto de Gregorio Romeo Berges.

1924-1925. Constantino Cristóbal Rabinal. (Mozota, 1896–Uncastillo, 1936). Estuvo de interino un año. Después ejerció en varios pueblos hasta que llegó a Uncastillo, donde fue nombrado director de la Escuela Graduada en 1935. Su nombre figura entre los maestros afiliados a la UGT fusilados en 1936.

1925-1931. Bruno Gracia Sieso.

55. 1929. Niños

Bruno Gracia Sieso con sus alumnos de El Frago, 1929.

(Zaragoza, 1893–Ronda, Málaga, 1962). Maestro y escritor. En 1925 llegó a El Frago por derecho de consorte. Entre 1926 y 1928, con permiso del Gobierno Civil y de la Inspección de Primera Enseñanza, él y su mujer abandonaron la escuela porque no encontraron vivienda en el pueblo y porque los locales en los que tenía que dar clase amenazaban ruina. Volvió en 1928, cuando las Nuevas Escuelas estaban a punto de terminarse. Y siguió hasta 1931, año en que se trasladó a Ronda (Málaga). En 1930, siendo maestro de El Frago, recibió un premio nacional por su labor educativa. Fue un escritor reconocido entre los costumbristas aragoneses de la época. Junto con Gil Losilla fundó la “Novela de viajes aragonesa”. De su etapa fragolina son muy interesantes los artículos sobre educación y las estampas fragolinas.

1926-1928. Benjamín Biescas Guillén. (El Frago, 1874–Bata, Guinea Ecuatorial, 1951). Secretario del Ayuntamiento desde 1901 hasta 1936. Había estudiado Magisterio y sustituyó a Bruno Gracia Sieso, desde 1926 hasta 1928, cuando tuvo que abandonar el pueblo.

Era hijo de Mariano Biescas Asín y Gregoria Guillén Casabona. En la escuela de El Frago fue alumno de Manuel Marco, Manuel Romeo y Pedro Uhalte, que lo preparó para su ingreso de Magisterio. Se casó en Zaragoza con Elisa Carrascón, en 1900, y se establecieron de comerciantes en El Frago, porque Benjamín no encontraba trabajo de maestro. Durante sus años de Secretario del Ayuntamiento firmaba con la siguiente coletilla: “de profesión Maestro de Primera Enseñanza y de oficio Secretario”. En El Frago nacieron todos sus hijos, Guadalupe (El Frago, 1902–Ídem, 1902), Gregorio (El Frago, 1904–Ídem, 1907), Clara Alicia (El Frago, 1905-Luna, 1991), Valeriana (El Frago, 1907– Zaragoza, 1980), y Segundo Benjamín (El Frago, 1911–Ídem, 1912).

Desde 1899 hasta 1936 dio repasos en su casa, enseñó a leer a los adultos y preparó a los alumnos que querían salir a estudiar. Dada su quebrantada salud, tuvo varias licencias por enfermedad en las que siempre dejó un sustituto pagado de su propio sueldo. Cuando estalló la Guerra Civil se encontraba en Madrid por motivos de salud, y no pudo regresar “hasta la completa liberación de España”, por cuyo motivo le fue incoado un expediente y no le permitieron volver a ocupar la Secretaría de El Frago. En 1939, desde su residencia accidental en Guaro (Málaga) solicitaba la jubilación por “una anemia cerebral que lo incapacitaba para el ejercicio de su profesión”. Sobre 1950 llegó a Bata acompañado de su hija Valeriana y con sus cuatro nietos, Juan, Luis, Pilar y Elisa. Murió en Bata, donde su yerno Juan Sánchez Mariscal era el Secretario del Ayuntamiento. En 1957 el Ayuntamiento de El Frago le concedió a su viuda una pensión de viudedad de trescientas pesetas al mes.

1931-1933. Gonzalo López García.

Gonzalo López García

Gonzalo López García (Clares de Ribota, ca. 1909–Sanatorio de Pineta-Bielsa, 1936). Foto de Gregorio Romeo Berges, 1932.

(Clares de Ribota, ca. 1909–Sanatorio de Pineta-Bielsa, 1936). Estudió Magisterio en la Escuela de Maestros de Soria. Estando en El Frago aprobó los cursillos de 1933 y lo destinaron a Caspe.

En 1933, participó en el homenaje a la vejez. Ocupaban la presidencia del acto el alcalde, el juez municipal, el cura párroco y los maestros de las respectivas escuelas con el Ayuntamiento en pleno. Los niños de las escuelas entonaron el himno de Riego y los himnos Ama a los viejos, La legión, En ruta por la vida, La mariposa y la flor y A trabajar. La maestra Raimunda Casabón pronunció el discurso Amemos a los viejos y el maestro Gonzalo López García, Los viejos y el asilo. Varias niñas de la escuela representaron el sainete La Pordiosera, y cierto número de niños el sainete La flauta mágica. Después de los discursos de las autoridades, para terminar, los niños de las escuelas entonaron nuevamente el himno de Riego. (La Voz de Aragón, 1 de junio de 1933).

1932-1932. Gregorio Romeo Berges.

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Gregorio Romeo Berges, 1931.Saliendo de clase. Zaragoza. Plaza de la Magdalena. Foto de Carmen Romeo Pemán.

(El Frago, 1912–Ídem, 1969). Estudiante en prácticas, sustituyó a Gonzalo López García en una baja por una larga enfermedad. Esta interinidad nunca constó en su hoja de servicios, pero la inspección la hizo constar en un certificado. Fue maestro propietario de El Frago desde 1951 hasta 1969.

1933-1936. Francisco Celma Felipe. (Brieva de Cameros, Logroño, 1905-Zaragoza, 1936). Era hijo de Joaquín Celma Giner, también maestro, y de Patrocinio Felipe. Comenzó los estudios a los quince años, cuando todavía regía el plan de 1914 y aprobó las oposiciones en 1930. En 1931 fue nombrado propietario provisional de Cenzano (Logroño), y en 1933 llegó a El Frago por traslado. Estaba casado con Juanita Gracia del Río, natural de Calatayud, y tuvieron tres hijos, Joaquín (Cenzano, 1932), María Pilar (El Frago, 1934), cuya madrina de bautismo fue la maestra Ángela Romeo Idoipe, y Blanca Fe (El Frago, 1935), a quien también amadrinó otra maestra: Isabel Peribañez Sánchez.

Colaboró con el Ayuntamiento del Frente Popular y con la UGT. Estaba bien integrado en el pueblo y tenía buenas relaciones con todo el mundo: “Las fiestas acabaron con un banquete en la “Peña de Amigos”, compuesta por el médico, Bernardino Pérez, el cura párroco, don Teodoro Jiménez Coli, el maestro nacional, don Francisco Celma Felipe, el secretario del Ayuntamiento, don Felipe Soria Ransanz y otros jóvenes entusiastas” (La Voz de Aragón, 11 de octubre de 1933). Cuando estalló la Guerra Civil desapareció de El Frago. Unos meses más tarde fue fusilado en su casa de Zaragoza, en la calle Borao número 8.

La Guerra Civil: sin maestros

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1936-1936. Restituto Ara Romeo. (El Frago, 1893–Ídem, 1960). Practicante y barbero, domiciliado en la calle Infantes 18. Era hijo de Juan Ara Cuartero (Lacasta, 1843–El Frago, 1922) y de su segunda mujer Pascuala Romeo Ardevines (1850 – 1942). Se casó con Josefa Morlans Tolosana (1889-1967).

El Ayuntamiento lo contrató como “instructor no titulado” para sustituir a don Francisco Celma Felipe. “Habiendo quedado vacante la escuela, se acuerda que don Restituto Ara Romeo, como practicante titular, se haga cargo provisionalmente de la Escuela de Niños, hasta tanto sea promovida por el rectorado universitario de forma legal” (Acta del Ayuntamiento, 14/11/1936. Archivo Municipal de El Frago)

1936-1938. Ángela Sarasa Lasierra. (Alcalá de Gurrea, Huesca, 1908–Zaragoza, 1991). Fue nombrada para cubrir la vacante de la escuela de niños.

1938-1943. Ángela Falo Piazuelo. (Alcalá de Gurrea, Huesca, 1914-¿?). Acabó los estudios de Magisterio en 1933 en Zaragoza. Fue nombrada maestra de El Frago para cubrir la vacante de la escuela de niños. En 1936 pertenecía a la UGT.

1941-1941. Mecedes Laguarta Dieste. (El Frago, 1921–Valencia, 2009). Realizó sustituciones en la escuela de las chicas y en la de los chicos.

13. 1951-Exposición productos

Gregorio Romeo Berges (El Frago, 1912-Ídem, 1969) con sus alumnos en una exposición de productos del huerto escolar en el Fosal, en 1953.

Después de la Guerra Civil: vuelven los maestros

1942-1943. Félix Armendáriz Virto. (Corella, 1916–Ídem, 1997). Hijo de Jesús Armendáriz Arrivillaga y de Josefina Virto. En 1943 se fue por traslado a Corella, donde se jubiló.

1943-1944. Luis Alós Falcón. Solo estuvo unos meses, porque ese año el concurso de traslado se resolvió en diciembre

1944-1950. Manuel Olivares Muñoz: segunda etapa fragolina.

1950-1951. Bonifacio Gómez Barrio. Estuvo unos meses y fue cesado por haber sido nombrado para otra escuela de la provincia de Segovia.

1951-1951. Diego José Lorenzo Germán. Estuvo unos meses de propietario provisional.

1951-1951. Mariano Marco Gota. (Alcubierre, Huesca, 1911–Huesca, 1978). Estudió Magisterio en la Escuela Normal de Huesca. Se casó con Candelaria Palacio Domec y tuvieron dos hijos, Antonio y Jaime.

1951-1969. Gregorio Romeo Berges.

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1967. Excursión escolar a Ordesa. Gregorio Romeo Berges con un grupo de alumnos de El Frago.

(El Frago, 1912–Ídem, 1969) El último maestro propietario. Estuvo un año de sustituto (1932), y dieciocho como propietario (1951–1969). Era hijo de Francisco Romeo Palacio (1855-1926) y de Antonia Berges Beamonte (1885–1950). Estudió Magisterio en Zaragoza (1929–1933) y aprobó las oposiciones de 1941. Fue maestro interino de El Frago (1932), Fuentes de Ebro (1937) y Biel (1938–1940). Propietario provisional de Biel (1940 –1943) y propietario definitivo de las escuelas graduadas de Ejea de los Caballeros (1943–1945), de la de niños de Erla (1946–1950) y de la de El Frago (1951–1969).

En 1943 se había casado con Asunción Pemán Marco en Biel, donde ambos estaban en propiedad provisional. Tuvieron dos hijas: Concepción “Maruja” (Ejea de los Caballeros, 1944) y Carmen (El Frago, 1948). En 1969, con la emigración a la ciudad, se estaban vaciando las escuelas y, a su muerte, la escuela de El Frago se convirtió en mixta.

Desde 1969 hasta 1990. Solo maestras

La Escuela Mixta y la Guardería de la Diputación Provincial de Zaragoza fueron las dos últimas etapas de una escuela que agonizaba y que estaba a cargo de maestras. Pero encontramos dos excepciones: un maestro sustituto de Nieves Escartín y otro nombrado para la guardería.

1978-1979. Alfonso Ortiz Herrera. De la etapa de la Escuela Mixta. Sustituyó a Nieves Escartín desde octubre de 1978 hasta febrero de 1979.

1985-1987. Antonio Berdor Bailo. El único maestro de Guardería de la Diputación Provincial de Zaragoza. Estuvo tres meses en el curso 1985–86 y todo el curso 1986 –1987.

Para terminar

Algunas maestras y maestros echaron raíces, se implicaron en la vida del pueblo, consiguieron erradicar el analfabetismo y lograron que las gentes valoraran la enseñanza como un bien muy preciado.

José Sánchez Murillo, el primer maestro que conocemos, llegó como propietario en 1847, se casó con María Ardevines y ejerció veinticinco años, hasta que se lo llevó una epidemia de tifus en 1872. Gregorio Romeo Berges, el último propietario, estuvo diecinueve años, y también se lo llevó un accidente casual en 1969. José y Gregorio, el primero y el último, son dos de los veintiséis eslabones de esta cadena de relevo que duró ciento veintidós años.

Pedro Uhalte vivió veintisiete años en El Frago. Entre 1883 y 1910, preparó a muchos alumnos para que salieran a estudiar fuera. En sus clases de repaso consiguió que casi todos los hombres de El Frago aprendieran a firmar. Después recogió el testigo su alumno Benjamín Biescas, el gran protector de la cultura fragolina.

La década dorada de los años 20: Ángela García Alegre y Bruno Gracia Sieso. Este matrimonio de maestros-escritores estimuló la cultura y consiguió que se levantara un edificio escolar con dos escuelas y viviendas para los maestros. Todo el pueblo colaboró en este proyecto, unos con su trabajos y otros con sus ahorros. De la mano de estos maestros salió una generación de licenciados fragolinos.

Durante la Guerra Civil, con el maestro titular fusilado y sin maestros disponibles, porque unos habían muerto y otros estaban en el frente, el rector, que era el encargado de la Educación Primaria, recurrió a Restituto Ara, una persona del pueblo no titulada. Y luego, de forma excepcional, nombró maestras para cubrir las vacantes de la Escuela de Niños.

En la posguerra, dos maestros recuperaron el pulso. Los seis años de Manuel Olivares, casado con la fragolina Inocencia Romeo, y los dieciocho de Gregorio Romeo, natural de El Frago, dieron como fruto una nutrida generación de titulados universitarios.

Los años de la escuela mixta coincidieron con el momento en que los pueblos de España se estaban vaciando del todo. Y esa fue la razón por la que se cerró una escuela que se había levantado y mantenido con tanto esfuerzo y entusiasmo. Sirvan estas líneas para que nunca muera del todo.

Camen Romeo Pemán

Imagen principal. 1929. Bruno Gracia Sieso en la Escuela de Niños de El Frago.

Presentación libro

A todas las maestras. A las treinta y cinco que pasaron por El Frago

 

 

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Hace tiempo que dedico mis afanes a las “Escuelas de El Frago”, donde aprendí las primeras letras y donde recogí las semillas de casi todo lo que he llegado a ser de mayor. Entonces El Frago tenía dos escuelas unitarias. Una de niños y otra de niñas. Un maestro se encargaba de los chicos desde los seis hasta los catorce años. Y una maestra, de las niñas. En los pueblos más pequeños, por debajo de quinientos habitantes, había una sola escuela mixta, regentada por una maestra.

Como muchas hijas de maestras, tuve la suerte de ir a la escuela de mi madre. Ella fue mi primera y mi única maestra desde los seis hasta los trece años, que me llevaron a estudiar a un colegio de monjas a la ciudad. En ese difícil equilibrio de madre y maestra, me transmitió el rigor en el estudio, el amor por la enseñanza y la pasión por la lectura y la escritura, que me han acompañado siempre. Y supo hacerlo con mis compañeras de pupitre.

Mi caso, como el de Lázaro de Tormes, es solo para que “vuesas mercedes” lo conozcan  como ejemplo de lo que entonces era moneda común en las escuelas rurales. Mi madre fue solo un eslabón de una larga cadena. Antes y después, otras maestras entregaron lo mejor de sus vidas a las niñas de muchos “fragos” repartidos por la España Vacía. A todas ellas les rindo este homenaje. Y lo hago recuperando los nombres y las biografías de las treinta y cinco que pasaron por las aulas fragolinas en ciento dieciséis años, desde 1874 hasta que en 1990 se cerraron sus puertas para siempre.

Muchas escuelas públicas se crearon en 1838, pero la enseñanza de las niñas tardó en regularizarse. Las maestras llegaron más tarde que los maestros. En 1848 ya conocemos el nombre del primer maestro fragolino, José Sánchez. Pero hasta 1874 no aparece ninguna maestra.

Siglo XIX

Inés Cervera Blanco, hasta ahora la primera maestra de El Frago con nombre conocido. Según Enrique Campos Chaure, bisnieto de Cecilia Aruej, doña Inésb cursó los estudios primarios en Luesia, con la maestra Dolores Aruej Barnechea (1824-¿?), que aparecía como maestra de niñas en el censo de 1857. Teresa Aruej estaba casada con Manuel Campos Fernández (1818-¿?), también maestro. Estos maestros excepcionales, padres de Jacoba, Petra y Cecilia, contribuyeron a elevar el nivel cultural de Luesia.

Inés Cervera Blanco, una maestra brillante, en 1874 se trasladó desde Asín a El Frago, donde ya estaba su marido, Diego Laporta Soler (Bailo, ca. 1836-Ejea de los Caballeros, 1885). A Inés le ofrecieron un buen sueldo, la vivienda y las “retribuciones de los niños no pobres”, es decir, lo que se acordaba cada año que tenían que pagar los hijos de las familias más acomodadas por ir a la escuela. Hasta 1901, los ayuntamientos pagaron los sueldos, que estaban relacionados con el número de habitantes. Y cobraba más el maestro que la maestra. En 1874 la escuela de niños estaba dotada con 625 pesetas y la de niñas con 442.

Conocemos su estancia en El Frago y el nombre de su marido por la partida de defunción de su hija Avelina. Así lo recoge el registro civil: “A las 6 de la mañana del 9 de junio de 1876, ante don Serapio Les Giménez, juez municipal, y don Casiano Romeo Soteras, secretario, comparece Manuela Biescas, soltera, natural de El Frago, domiciliada en la calle de los Infantes 10, manifestando que Avelina Laporta Cervera, natural de Asín, provincia de Zaragoza, de cinco años de edad, domiciliada en El Frago, en la calle de los Infantes 18, falleció a las 4 de la mañana del día de ayer de una fiebre subsiguiente a la superación del sarampión. Que la finada era hija legítima de don Diego Laporta, natural del pueblo de Bailo, provincia de Huesca, y doña Inés Cervera, natural de Luesia, provincia de Zaragoza, mayores de edad, maestros de Instrucción Primaria de este pueblo”. Declaraba Manuela Biescas (1857–1928), de casa Presijo, en su calidad de sirvienta. En 1891, seis años después de morir su marido, seguía en activo en Ejea de los Caballeros.

Tuvieron varios hijos. Miguel Laporta Cervera, (Triste, 1867-Jaca, 1885) falleció de gastroenteritis en el Seminario de Jaca, el año que cursaba cuarto de Teología. Está enterrado en el cementerio de Jaca.  Avelina Laporta Cervera (Asín,, 1869-El Frago, 1874). Marino Laporta Cervera (Ejea de los Caballeros, 1878-¿?) que se casó con Juana Romeo Espés, (Erla, 1883-1883), hija de Mariano Romeo Llera y Mariana Espés Herrera. Marino y Juana  fueron los padres de los cuatro nietos de Diego Laporta e Inés Cervera:  Marino, Antonio y Juana. Juana Laporta Cervera nació en Ejea y en 1880 comenzó los estudios de  Magisterio en Huesca. Blasa Laporta, en 1891 era maestra interina de Pintano y, según el periódico  La Derecha, en diciembre de 1892. era maestra interina de Castiliscar. En 1897, Teresa Laporta Cervera tomó posesión como maestra auxiliar de párvulos de Alagón,

Inés Cervera, ya viuda, se trasladó a Castiliscar dónde estaba su hija y allí se jubiló el 18 de septiembre de 1890 (Cfr. HMZ, La Consecuencia, 20/11/ 1891),

Juana Bonaluque Gállego: 1877–1881. (El Frago, 1850–Ídem. 1889). Estudió Magisterio en Huesca. Juana, Bárbara, Justa y Ramona eran hijas de Martín Bonaluque Giménez y de María Gállego Pérez, natural de Santa Eulalia de Gállego. Y primas hermanas de Manuel Marco Bonaluque, maestro de Biel. Se casó con el fragolino Florentino Laguarta Ardevines, labrador, y tuvieron cinco hijos: Sebastián, Carlos, Luisa, Juan y Estanislada. Su hija Luisa se casó con Generoso Sánchez Ardevines, hijo de José Sánchez, el primer maestro cuyo nombre conocemos.

«Han sido nombrados maestros interinos,  Manuel Marco, de El Frago, y Juana Bonaluque, del mismo pueblo». (Cfr. HMZ, Diario de Avisos de Zaragoza, 07/03/1877),

Leonor Herrero Alvira: 1881–1883. (Fustiñana, 1859-¿?). Era hija de Domingo y Concepción. Estuvo de interina hasta que Simona Paúles ocupó la plaza por oposición. Embid de Ariza, Biurrun, (Navarra) y  Larrasoaña (Navarra) fueron algunos de sus destinos posteriores.

Simona Paúles Bescós: 1883–1913.

Simona. Solicita permiso para ejercer-2

Archivo Provincial de Huesca. Escuela Normal de Maestras.

(Aísa, Huesca, 1849-Petilla, Navarra, ca. 1939). Esta hija de Romualdo y Jacinta obtuvo el título de Magisterio en Huesca en 1870 y en 1883 llegó a El Frago de maestra titular, junto con su marido Pedro Uhalte Alegre (Villarreal de la Canal, Huesca, 1851–Petilla, Navarra, ¿?), también maestro, y vivieron en el local de la ruinosa Escuela de Niños. En esos años no había local para las niñas ni viviendas para los maestros. Y era difícil encontrar casas de alquiler en un pueblo en el que las casas tenían que ser compartidas por varias familias.

Doña Simona se jubiló en El Frago en 1913 y se fue a Petilla donde estaban su marido, desde 1910, y su hijo Pedro de practicante.   Así me cuenta José Antonio Hualte Sevilla el final de su bisabuela: «Vivió muchos años en Petilla y murió antes de la guerra. Compró algunas tierras para sus hijos y a veces bajaba a Sádaba en caballería».

En los treinta años que estuvo en El Frago, ella y su marido prepararon a muchos de sus alumnos para que salieran a estudiar y dieron clases de repaso a los adultos. En la primera etapa de la escolarización del pueblo, lograron una estabilidad y una continuidad educativas que favorecieron la disminución del analfabetismo. Por ejemplo, mi propia abuela tenía una letra primorosa –con faltas de ortografía, claro, y llevaba las cuentas de su casa en sus “Cuadernos para Apuntaciones”. Todo se lo había enseñado doña Simona.

Tuvieron tres hijos: María Teresa (Villarreal 1874–Sádaba, 1918), maestra, casada con Bonifacio Guillén Luna. Pedro (El Frago, 1884–Petilla de Aragón, Navarra, 1950), practicante. Y María Esperanza (El Frago, 1888–Ídem, 1889), que falleció de una gastroenteritis cuando solo tenía seis meses.

Siglo XX. Hasta 1936

Teresa Lacueva Gresa: 1913–1913. Estudió Magisterio en Teruel. Su primer trabajo consistió en cubrir la vacante que quedó en El Frago por la jubilación de Simona Paúles.

Felisa Medina Pérez: 1913–1917. (1846-¿?). Esta maestra de Guadalajara pasó a depender del rectorado de Zaragoza en 1908, cuando la destinaron a Villar de los Navarros en esta provincia. Llegó a El Frago por traslado, donde se jubiló.

Ignacia Brígida Lazcano Torres: 1917–1918. (Matute, Logroño, 1878-¿?). Estudió Magisterio en Huesca. Llegó por traslado, procedente de Torrente de Cinca (Huesca) y, también por traslado, se fue a Viniegra de Abajo (Logroño). Protestó enérgicamente cuando se encontró con problemas de alojamiento y sin local para la escuela. Consiguió que el Ayuntamiento alquilara una casa en la que vivía y en cuya cocina daba las clases.

1921-Escuela de El Frago

Ángela García Alegre con sus alumnas

Ángela García Alegre: 1918–1930. (Zaragoza, 1894–Ronda, Málaga, 1971). En 1918 aprobó las oposciones en Huesca. Estuvo un año en expectativa de destino y en 1919 le dieron en propiedad la Escuela de Niñas de El Frago. Cuando llegó no salía de su asombro. Como el Ayuntamiento no tenía un local para las niñas, le acondicionaron la Herrería Vieja, que todavía conservaba la fragua y las paredes llenas de hollín. Se negó a entrar y abandonó el pueblo. El Gobernador Civil le puso una multa de 250 pesetas y la obligó a volver. Entonces el Ayuntamiento le buscó una habitación de alquiler y, a partir de ese momento, dio las clases en la cocina de su casera, la señora María del Socarrau.

En 1925 su marido, el maestro Bruno Gracia Sieso, llegó desde un pueblo de Soria por el turno de consortes.  Como formaban una familia, con tres hijas, le pidieron al Ayuntamiento que les buscara una casa, pero nadie les alquiló una vivienda. Lo comunicaron a la Inspección de Enseñanza Primaria y al Gobernador Civil, que de nuevo tomó cartas en el asunto. En esta ocasión multó al Ayuntamiento, se llevó a los maestros del pueblo hasta que resolvieran el problema y no permitió que contrataran a otros. Ángela y Bruno, con su decidida actuación, obligaron a que el Ayuntamiento se planteara la necesidad de construir un nuevo edificio escolar. En 1928, Benjamín Biescas y Elisa Carrascón les prestaron su propia casa hasta que se acabaran las obras de las escuelas.

Entre 1921 y 1935 nacieron sus ocho hijos: Angelina (Zaragoza, 1921-Granada, 2008), María Rosa (Zaragoza, 1922–Ronda, 2009). Blanca (Zaragoza, 1924), Gabriel (Zaragoza, 1926–Ídem, 1929), Ana María (Zaragoza, 1928-Ronda, 2016), Carlos (Zaragoza, 1930-Ronda, 2018), María del Carmen (Ronda, 1935–Ronda, 1936) y Miguel Ángel (Ronda, 1935).

Ángela García fue una maestra escritora. Colaboró en varios periódicos, recibió premios literarios y escribió artículos y cuentos dedicados a la educación de las niñas. El día de la inauguración de las escuelas pronunció una conferencia titulada “La educación de la mujer”.

Dolores Álvarez: 1923-1924. Sustituyó a Ángela García en uno de sus permisos por maternidad, durante un trimestre.

Elisa Carrascón Pitarque: 1926-1928. (Zaragoza, 1883-Ídem. 1959). Era hija de Joaquín Carrascón y de Catalina Pitarque. No era maestra de profesión. Tenía estudios de piano. Sustituyo a Ángela García mientras construyeron las escuelas.

Estaba casada con el fragolino Benjamín Biescas, que había estudiado Magisterio en Zaragoza. De recién casada llegó a El Frago donde su marido se estableció como comerciante. Además del comercio, desde 1904 hasta 1936, fue secretario del Ayuntamiento. En 1926, pusieron a disposición del Ayuntamiento el comedor de su casa para dar clase a las niñas.

En 1928, ella y toda su familia se fueron a compartir la vivienda del hermano de su marido y ofrecieron su casa, con sus muebles, para que volvieran Ángela y Bruno.

En 1936 se fueron a Madrid por un asunto de enfermedad de Benjamín y no pudieron regresar. Después de la Guerra Civil no le permitieron que se reincorporara a la Secretaría. Desde 1957 Elisa recibió una pensión de viudedad de trescientas pesetas al mes, pagada por el Ayuntamiento de El Frago.

En El Frago nacieron todos sus hijos, Guadalupe (El Frago, 1902–Ídem, 1902), Gregorio (El Frago, 1904 – Ídem, 1907), Clara Alicia (El Frago, 1905-Luna, 1991), Valeriana (El Frago, 1907 – Zaragoza, 1980), y Segundo Benjamín (El Frago, 1911 – Ídem, 1912).

Piedad Ruiz Lapuerta: 1930–1932. (Valtueña, Soria ca. 1915-Zaragoza, 1992) era  hija de Luciano y Josefa y hermana de Consolación y Telesforo. Falleció soltera y sin descendencia. En un expediente judicial se declaró herederos a sus sobrinos José Eliseo Enrique y Jesús Alejandro Ruiz Sanjoaquín. 

Estudió Magisterio en Huesca. Aprobó las oposiciones de 1932 y la destinaron a Cerveruela. En 1933 le dieron Borja.

Raimunda Casabón Girón: 1932–1933. (Zaragoza, 1909–Huesca, 2003). Era hija de Teodoro Casabón y Pilar Girón y estudió Magisterio en Huesca. De El Frago se trasladó a una escuela unitaria de Ayerbe y después a Huesca.

19340719. Exp. Escolar. FOTO

Asunción Rodrigo, la maestra, vestida de blanco.

Asunción Rodrigo Molins: 1933–1934. (Aguaviva, Teruel, 1911-Francia, ¿?) estudió Magisterio en Zaragoza desde 1924 hasta 1930. En 1931, recién titulada, figuraba en las listas de aspirantes a interinos y le dieron Cetina.

Aprobó los cursillos de 1932 en Zaragoza y en 1933 le dieron El Frago.  Era soltera y llegó acompañada de su hermana. Estaban emparentadas con varias casas del pueblo y eso les facilitó el alojamiento con la familia de «casa Martina». Fue la madrina de bautismo de su sobrina Purificación Beamonte Lafuente. Como el calendario escolar había cambiado con la II República, tuvo que conciliar la supresión de algunos días festivos con las tradiciones del pueblo.

Exposición escolar en El Frago. Celebrada a final de curso y organizada por la maestra Asunción Rodrigo que desarrolló «una gran labor pedagógica y educadora en el poco tiempo que lleva en esta escuela, un curso». (La Voz de Aragón, 20/07/1934)

Desde el comienzo de la Guerra Civil fue militante socialista, colaboró con la resistencia republicana y estuvo de miliciana en el Frente de Teruel. Cuando acabó la guerra se exilió a Francia y no regresó.

Anunciación Ángela Romeo Idoipe: 1934–1935. (El Frago, 1914–Ídem, 1996). Conocida como Angelita de «casa Cecilia». Primero estuvo un año de interina y después, en 1942, volvió como propietaria.

La Guerra Civil (1936-1939)

Las maestras cubrieron las plazas que quedaron vacantes en las Escuelas de Niños por falta maestros. Unos habían muerto, otros estaban represaliados y otros en el frente.  En estos años, de manera excepcional, encontramos a la vez dos maestras en El Frago.

Isabel Peribáñez Sánchez: 1935-1940. ´(Teruel, 1883-Zaragoza, 1968). Propietaria. Maestra de chicas. Llegó a El Frago con 52 años y sus alumnas la recuerdan como una persona mayor, de trato muy afable.

En 1907 era una de las alumnas de Plácida Madariaga,  de la Escuela Centro de Teruel, que colaboraban para socorrer a los soldados que volvían enfermos de Cuba y Filipinas. (Cfr. La unión). En 1917 se presentó a oposiciones en Zaragoza. En 1923 estaba de interina en Romanillos, en 1929 tenia una auxiliaría en Villamayor y de allí la destinaron a Barués-Sos, una pardina de Sos del Rey Católico, en la confluencia de los Barrancos de Barués y Vandunchil.  Y en 1935, se trasladó de Barués a El Frago. Se jubiló en Zaragoza en 1953.

Ángela Sarasa Lasierra: 1936–1936. (Alcalá de Gurrea, Huesca, 1908–Zaragoza, 1991). Maestra de chicos. Estudió Magisterio en Huesca. En 1958 reingresó en el Magisterio, después de un periodo de excedencia voluntaria. En los últimos años estuvo destinada en Zaragoza. Aurelio Casabona la recuerda como una excelente maestra, aunque estuvo poco tiempo. 

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Foto de la orla de Gregorio Romeo Berges.

Ángela Falo Piazuelo: 1938–1940. (La Puebla de Híjar, 1914-¿?). Estudió Magisterio en  Zaragoza entre 1929 y 1932. En 1938, fue nombrada maestra de chicos de El Frago. Dejó muy buen recuerdo entre sus alumnos. «Yo aprendí a leer con ella» (Ángel Ardevines, nacido en 1933).

En 1936 estaba afiliada a la UGT. Aprobó las oposiciones en Burgos, en 1944. En 1966 se trasladó de Dos Hermanas (Sevilla) a Castelbisbal (Barcelona). En 1964 servía en la provincia de Teruel. Sus hermanos Emilio y Fernando están enterrados en Zaragoza.

Mercedes Laguarta Dieste: 1940–1942. (El Frago, 1921–Valencia, 2009). Era hija de Miguel Laguarta Giménez y Petra Dieste Charles. En El Frago todos la conocían como María de «casa Buchorno». Obtuvo el título de maestra por el llamado “plan bachiller”. Sustituyó a Ángela Falo en la escuela de los chicos; y a Isabel Peribáñez y a Ángela Romeo en la de las chicas.  Realizó todas las sustituciones que se produjeron desde que acabó los estudios hasta que se casó con Vicente García Aznar. Después ejerció en Trasmoz y Maluenda. Tuvo tres hijos, José (Leciñena, 1943), Mari Flor (Estartit, Gerona, 1946) y Javier (Valencia, 1964).

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Ángela Romeo Idoipe, la segunda por la izquierda, fue la primera maestra propietariaa de la posguerra. Raimunda Casabón, la quinta, había estado el curso 1932-1933.

1940-1969. La posguerra. Hasta la escuela mixta

Anunciación Ángela Romeo Idoipe: 1942–1945. (El Frago, 1914–Ídem, 1996). «Angelita de casa Cecilia», como la llamaban, era hija de Basilio Romeo Romeo y de Nicasia Idoipe Cortina. En 1941 aprobó las primeras oposiciones de la posguerra y obtuvo la escuela de El Frago en propiedad. En 1945 se fue a Lérida por concurso de traslado y se jubiló en Barcelona. Se casó con Rafael Sender Garcés (Huesca, 1915-Barcelona, 1996) y tuvieron dos hijos, Rosa María (Lérida, 1946) y Rafael (Lérida, 1950).

Natividad Josefina Magallón Pastor: 1945–1945. (Calanda, Teruel, 1902–Ídem, 1974). Sustituyó a Ángela Romeo en un permiso por asuntos propios. En 1934 estaba de maestra interina en Alfajarín, Zaragoza,

Escolástica Marco Marco: 1945–1945. (Biel, 1922–Alcañiz, Zaragoza, 2005). Fue la segunda sustituta de Ángela Romeo. Era hija de Francisco Marco Arenaz y María Marco Campos, estudió Magisterio y se casó con Luis Marco Bueno (Biel, 1919–Alagón, 1982). Luis era hijo Delfina Bueno, maestra de Biel, y nieto de Manuel Marco Bonaluque, natural de El Frago, uno de los primeros maestros fragolinos que desempeñó casi todo su ejercicio profesional en Biel.

Asunción Pemán Marco: 1946–1972. (Biel, 1916–Zaragoza, 2003). Era hija de Constantino Pemán Otal, maestro de Biel, y de Pascuala Marco Castán, también maestra. Cuando murió su madre, la llevaron con una tía para que estudiara Magisterio en la Escuela Normal de Valencia (1931-1935). Había aprobado los dos primeros ejercicios de las oposiciones que se estaban celebrando en 1936 y que se suspendieron con la sublevación militar. Pasó la Guerra Civil en Biel, sin trabajar, y aprobó las oposiciones de 1941. Fue maestra propietaria provisional de Orés (1941-1942) y de Biel (1942-1943). Propietaria definitiva de las escuelas graduadas de Ejea de los Caballeros (1943–1945). Por traslado obtuvo la Escuela de Niñas de El Frago (1945–1972)- Llegó siete años antes que su marido y allí permaneció hasta su traslado a Zaragoza.

En 1943 se había casado con Gregorio Romeo (El Frago, 1912-Ïdem, 1969) en Biel, donde los dos ejercían de maestros. Después fueron maestros de Ejea y El Frago. Tuvieron dos hijas: Concepción “Maruja” (Ejea de los Caballeros, 1944) y Carmen (El Frago, 1948).

A la muerte de su marido se cerró la Escuela de Niños y ella se convirtió en la primera propietaria de la recién creada escuela mixta (1969–1972). En 1972 se trasladó a Zaragoza, a la escuela “Andrés Manjón”, donde se jubiló a los 67 años.

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Valencia, 1930. Saliendo de la Escuela Normal. Asunción Pemán Marco, la de la derecha, fue la última maestra de la Escuela de Niñas de El Frago y la primera de la Escuela Mixta.

1969-1984. Escuela mixta

Mari Nieves Pérez Tolosana: 1969–1970. (Luna, 1949). Hija de Leoncio y Victoria. En 1967 obtuvo el título de Magisterio en Zaragoza. Se estrenó de maestra en El Frago, sustituyendo a Asunción Pemán, en un permiso por enfermedad. Acabó su carrera profesional en la provincia de Gerona, donde también ejercía su marido de veterinario.

Flora Relancio Sanz: 1970–1971. (Ejea de los Caballeros, ¿?). La segunda sustituta de Asunción Pemán.

Consolación Lajusticia Villabona: 1972–1973. Llegó como maestra propietaria en el mismo traslado que Asunción Pemán se fue a Zaragoza. Al año siguiernte conisguió el traslado a Cataluña.

Nieves Escartín Cobo: 1973-79 (Barluengua, Huesca, 1948) Estudió Magisterio y Filosofía y Letras (Historia) en Zaragoza. Está casada y tiene una hija. En 1973 llegó a El Frago como maestra propietaria y, salvo en los dos paréntesis de licencia por estudios, dedicó sus afanes a la educación y a las actividades culturales del pueblo. Desde 1973 hasta 1975, tuvo una licencia por estudios y la sustituyó Leonor Auría Biesa. Posteriormente realizó un curso de Educación Especial de cuatro meses y la sustituyó Alfonso Ortiz Herrera.

El día 17 de enero de 1979 salió en el BOE la supresión de la escuela de El Frago y la cesaron por escuela suprimida. A pesar de tener la escuela suprimida, siguió dando clases todo el curso. El año siguiente lo pasó como propietaria provisional en Zaragoza. Después dos cursos destinada en Quinto de Ebro y acabó su vida profesional en Zaragoza. Como no se llegó a cumplir la orden del BOE con la que se había cesado a Nieves, la última propietaria de El Frago, la escuela siguió unos años más.

En una conversación reciente me decía: «Durante mi estancia viví una relación muy personal con mis alumnos y sus familias y unas experiencias muy gratas y afectivas con la Sociedad Cultural y Recreativa La Fragolina de la que me hice socia». Además asistió a las reuniones que se celebraron en el colegio, presididas por el ingeniero de ICONA, para estudiar un proyecto agrícola-ganadero que pretendía dinamizar el campo y se integró bien en la vida del pueblo. Sus alumnos guardan un buen recuerdo.

Leonor Auría Biesa: 1973–1975. (Luna, ¿?). Sustituyó a Nieves Escartín. Es hija de José Auría Castillo y Humildad Biesa Otal, natural de Biel, y está casada con Satur Tarragüel Liso. En 1990 se trasladó de Uncastillo a Ejea de los Caballeros.

Gema Tomás Valzagón: 1979–1981. (Puebla de Híjar, Teruel, ¿?). La nombraron interina como consecuancia del traslado a Zaragoza de Nieves Escartín.

Ángela Gómez: 1981–1982. (El Barco de Ávila, ¿?). Los alumnos habían disminuido, solo quedaban diez.

Concepción Martínez: 1982–1983. (Fuendejalón, ¿?). Ese año descendió la matrícula a seis alumnos.

Ángeles Domínguez: 1983–1984. (Ejea de los Caballeros, ¿?). Al acabar el curso, dado el escaso número de alumnos, se propuso cerrar la escuela.

1984-1990. Guardería de la Diputación Provincial de Zaragoza. Asociada a Luna

Para evitar el cierre, el alcalde, Alejandro Ardevines,  adoptó la fórmula de guardería de asociada a Luna. Pero se impartían todos los niveles de Educación Primaria.

Carmen Laplaza Idoipe: 1984–1985. (El Frago, 1958). Es hija de Pablo y de Natividad. Estudió Magisterio en Zaragoza. Está casada con Bernardo Palacio Bernués. “El Ayuntamiento me propuso como maestra el primer año que funcionó la escuela-guardería. Sólo estuve un año porque en septiembre nació mi hija Sonia”. (Conversación con Carmen Laplaza, 23/04/2013). Al año siguiente le sucedió un maestro, Antonio Berdor Bailo: 1985-1986.

Ascensión Lamarca Laborda: 1986–1987. (Biota, ¿?) El curso 2017-2018 la encontramos de  profesora de infantil en el CEIP «San Juan de la Peña» de Jaca.

Maria Soledad Berges Asín: 1987–1988. (Zaragoza, 1962). Es hija de José María Berges Laguarta, de El Frago, y de María Sierra Asín Jiménez, de Biel. Estudió Magisterio en Zaragoza. Se casó con Francisco Vives. Tiene dos hijos, Javier y Sonia. Actualmente trabaja en el campo sanitario.

Ana Cristina Domínguez Frago: 1988–1989. (Ejea de los Caballeros, ¿?). Llevó la escuela en colaboración con Pilar Abadías (Ejea de los Caballeros, ¿?). En el contrato del Ayuntamiento figuraba como titular Ana Cristina.

Dolores Garde: 1989–1990. (Luesia, ¿?). Se cierra el ciclo. En 1874 llegó Inés Cervera natural de Luesia, de cuya vida tenemos pocos datos. En 1990 Dolores Garde fue la última, también natural de Luesia. Hasta la fecha, no he localizado datos para biografiarla.

Para terminar

El elevado número de licenciados y la buena escolarización de El Frago se debieron al clima cultural creado por varios matrimonios de maestros que se asentaron allí desde fechas tempranas: Inés Cervera y Diego Laporta estuvieron tres años. Simona Paúles y Pedro Uhalte, treinta años. Ángela García y Bruno Gracia, once años. Asunción Pemán y Gregorio Romeo, veinticinco años. Y el caso excepcional de Benjamín Biescas y su mujer Elisa Carrascón que, aunque no eran maestros propietarios, colaboraron con los maestros y dieron clases de repaso desde 1904 hasta 1936. Don Benjamín se propuso alfabetizar a todo el pueblo. Y lo consiguió. Muchas niñas aprendieron a tocar algunas canciones en el piano de doña Elisa.

En este ambiente, la gente realizó verdaderos esfuerzos por sacar a estudiar a sus hijos. La cantera de maestros fragolinos permitió que, cuando la Administración no cubría las vacantes, el Ayuntamiento recurriera a los titulados del pueblo. En el siglo XIX, a Mariano Sánchez Barrio, a Juana Bonaluque Gállego y a Manuel Marco Bonaluque. En el siglo XX, a Benjamín Biescas Guillén, a Gregorio Romeo Berges, a Ángela Romeo Idoipe, a María Mercedes Laguarta Dieste, a Carmen Laplaza Idoipe y a María Soledad Berges Asín.

Solo así se entiende que las escuelas se construyeran “a vecinal”, la versión antigua del actual crowdfunding. Y que los gastos de las obras se pagaran con un préstamo avalado por los vecinos que tenían alguna renta o un jornal fijo.

El Frago no fue una excepción. Hubo otros “fragos” de los que salieron alumnos bien formados y en los que se erradicó el analfabetismo gracias a la esforzada labor de sus maestros.

En este artículo me he centrado en las maestras. A ellas les corresponde la lucha titánica por conseguir que todas las niñas fueran a la escuela y que recibieran una enseñanza de calidad. El primer derecho hacia la igualdad.

Ellas son una parte importante de nuestras genealogías. Si conocemos bien nuestras raíces y si valoramos el esfuerzo de las mujeres que nos precedieron, nos sentiremosmás seguras de nuestro lugar en el mundo y tendremos más fuerza para defender nuestros derechos.

Me gustaría que otras os animarais a sacar a la luz a todas las mujeres de vuestros pueblos y ciudades. Que entre todas tejiéramos una tupida red para poder caminar con pasos más firmes.

Carmen Romeo Pemán

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Datos de la Imagen Principal. Orés, 1942. Asunción Pemán Marco en la fachada de las Escuelas con sus alumnas. Foto de Gregorio Romeo Berges. Propiedad de la autora.
Identificación de las alumnas por Ángeles Otal Jaqués, natural de Orés. 1 Milagros Idoipe,  2 ¿?. 3 Sarita Villa.  4 Adela Lana.  5 Elisa Larraga-  6 Evarista Mena. 7 Victoria Cortés.  8 Herminia Larraga, 9 Feli Ferrández

Referencia bibliográfica. Carmen Romeo Pemán, “De las Escuelas de El Frago”, Institución Fernando El Católico, Zaragoza, 20014.

Presentación libro