Primeras doctoras de Ciencias de España. Las tres alumnas de Zaragoza que rompieron el techo de cristal

Del 19 de octubre al 17 de noviembre la Universidad de Zaragoza rindió un homenaje a las tres primeras doctoras en Ciencias en España: Ángela García de la Puerta, Jenara Vicenta Arnal Yarza y María Antonia Zorraquino Zorraquino, brillantes alumnas de Universidad de Zaragoza que defendieron sus tesis doctorales entre los años 1929 y 1930.

Del acto se ocuparon varios periódicos nacionales y regionales, entre otros el Heraldo de Aragón en los artículos La Facultad de Ciencias de Zaragoza homenajea a las primeras doctoras en España y Pioneras en las Ciencias desde las aulas de Zaragoza.

Este homenaje fue un detonante importante para conocer a las que nos abrieron caminos y para investigar sobre el papel de las mujeres en la Ciencia. Es un tópico decir que el género ha sido un obstáculo importante para acceder a la Ciencia y para hacer Ciencia, pero los comienzos fueron así. Y los obstáculos continúan.

Las llamamos pioneras porque fueron las primeras, pocas y singulares. Por su  esfuerzo incalculable para abrirse un hueco en los estudios científicos, cuando estudiar e investigar estaba pensado solo para los hombres.

Con su excepcional inteligencia, con su gran capacidad de trabajo y con su brillante trayectoria académica e investigadora, consiguieron una posición destacada en la investigación de la Química.

Angela G. de la Puerta y Jenara Arnal

Ángela García de la Puerta (1903-1992) y Jenara Vicenta Arnal Yarza (1902-1959)

Las primeras licenciadas en Químicas

Los estudios de Ciencias en la Universidad de Zaragoza comenzaron en 1874, pero hasta 1915 no hemos encontrado ninguna chica. Las primeras licenciadas en Ciencias estudiaron Ciencias Químicas.

Donaciana Cano Iriarte, de la promoción 41, cursó la carrera entre 1915 y 1919.

Isabel León Pueyo, natural de Valladolid, estudió en Zaragoza entre 1918 y 1922.

María del Carmen Estremiana Antolín, natural de Logroño, se licenció en 1923.

Ángela García de la Puerta acabó en 1926 y en 1928 se convirtió en la primera doctora en Ciencias Químicas y en la primera catedrática de Física y Química.

Jenara Vicenta Arnal, era del curso de Ángela García de la Puerta, pero se doctoró y aprobó las oposiciones de cátedras en 1930.

María Antonia Zorraquino Zorraquino, se licenció en 1925 y en 1930 leyó su tesis en Bioquímica.

Las tres primeras doctoras en Químicas en España

ÁNGELA GARCÍA DE LA PUERTA (Soria, 26 de diciembre de 1903-Zaragoza, abril, 1992)

Angela G. de la Puerta. 4

 

Su padre era Maestro Nacional y ella cursó los estudios primarios en las escuelas graduadas. Estudió bachillerato en Soria, con premio extraordinario, y en 1922 acabó los estudios de Maestra Superior en la Escuela de Maestras de Soria. Después se trasladó a Zaragoza a estudiar Ciencias Químicas. En 1926 se licenció con premio extraordinario. En Zaragoza realizó la tesis doctoral Contribución al estudio de los potenciales de oxidación, dirigida por el profesor A. Ríus, catedrático de Química Analítica y, como muchos de sus compañeros, la defendió en Madrid en 1928.

Por la excepcionalidad de su carácter y de su expediente, recibió numerosos homenajes. Uno de ellos, en 1928, junto con Jenara Arnal, por su nombramiento como profesoras auxiliares de la Facultad, en el Casino de Zaragoza. Ese mismo año el Ayuntamiento de Soria le rindió un homenaje por su cátedra. El rector de la Universidad de Zaragoza le impuso la medalla de catedrática y glosó sus extraordinarios méritos.

Ejerció en los institutos de Ciudad Real y en el femenino de Madrid. En septiembre de 1932, se trasladó al recién creado Instituto Miguel Servet de Zaragoza, donde permaneció hasta su jubilación en 1973. El mismo año que se incorporó la nombraron secretaria y, desde 1936 hasta 1942, fue directora. Así se convirtió en una de las primeras directoras de instituto de España y la única del Instituto Miguel Servet, hasta que en el año 2.000 fue elegida Marina Sanz.

Se casó con el soriano Agustín Alfaro, un ingeniero agrónomo que investigaba en la Fitopatología Agrícola para acabar con las hambrunas del campo español.

La profesora García de la Puerta también destacó por su importante tarea investigadora. Entre 1926 y 1928, cuando era ayudante de clases prácticas y auxiliar de Química Analítica, trabajó en los Laboratorios de Química Teórica y Electroquímica de la Facultad de Ciencias y en el  Laboratorio de Electroquímica de la Escuela Industrial de Zaragoza.

Entre 1930 y 1931 realizó investigaciones en el Laboratorio de Electroquímica de la Escuela Superior del Trabajo.

En 1932 solicitó una beca de la JAE para trabajar en la Technische Hochschule de Dresde sobre Electroquímica, con el profesor Müller.

JENARA VICENTA ARNAL YARZA (Zaragoza, 10 de septiembre de1902-Madrid, 27 de mayo de 1959).

Jenara Arnal. 1

Era hija de un jornalero. En 1921 obtuvo el título de Magisterio. En 1923 terminó el bachillerato en el Instituto Goya de Zaragoza. Continuó los estudios en la Universidad de Zaragoza y en 1926 acabó la Licenciatura en Ciencias Químicas con sobresaliente.

El día 6 de septiembre de 1929, defendió con gran brillantez su tesis, Estudio potenciométrico del ácido hipocloroso y de sus sales, y se convirtió en la segunda doctora en Ciencias Químicas de España. En 1930 le concedieron el premio extraordinario de doctorado. Fue compañera de Ángela García de la Puerta, a quien le dedicó la fotografía con que ilustramos esta biografía. Las dos amigas tenían un currículum parecido y compartieron estudios, investigaciones, publicaciones y homenajes.

Desde 1926 fue ayudante y auxiliar de Química Inorgánica y Ampliación de Física de la Facultad de Ciencias de Zaragoza.

En 1930 aprobó las oposiciones a Cátedras de Física y Química, en las que obtuvo una plaza en el recién creado Instituto de Calatayud (Zaragoza). A continuación solicitó puestos interinos en varios institutitos: en el Instituto Infanta María Cristina de Barcelona, en el de Bilbao y en el Velázquez de Madrid. En este último, desde 1932 hasta 1936.

Estando en Velázquez estalló la Guerra Civil y la dejaron sin funciones docentes hasta septiembre de 1937. Doña Jenara, desde Zaragoza, solicitaba la rehabilitación en su cargo. Pero no lo conseguía porque la Comisión de Depuración estaba investigando su conducta y las actividades que había realizado desde julio de 1936.

En noviembre de 1937, la Delegación de Orden Público de Zaragoza decía en un informe que la profesora Arnal gozaba de la protección del diputado de Izquierda Republicana, Honorato de Castro, y que sus actividades habían sido dudosas durante su estancia en Madrid. Ella negó todas las acusaciones.

En su defensa, contó con los informes favorables de Gonzalo Calamita, profesor de Químicas y rector de la Universidad de Zaragoza, y de Miguel Allué Salvador, catedrático de Lengua y Literatura del Instituto Goya de Zaragoza y presidente de la Diputación. Los dos habían sido profesores de Jenara Arnal y, en ese momento,  los dos eran miembros de las Comisiones de Depuración de docentes.

El 5 de noviembre de 1940 la Comisión de Depuración de Madrid proponía su readmisión, sin imposición de sanción, como catedrática del Instituto Beatriz Galindo de Madrid, donde fue vicedirectora y directora y ejerció hasta su muerte.

En 1930 había estado pensionada por la Junta para la Ampliación de estudios en Alemania y en Basilea (Suiza), en el Instituto de Química Inorgánica, dirigido por el profesor Fichter. Allí orientó su trabajo a la investigación científica en Físico-Química y Electroquímica. Visitó distintos centros de enseñanza de Suiza, Francia, Bélgica, Inglaterra y Holanda.

En 1947, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas le concedió una pensión para viajar a Japón y a otros países del Extremo Oriente como delegada de la sección de Intercambios Internacionales.

Revistas españolas y extranjeras se hicieron eco de muchos de sus trabajos de investigación y de sus experiencias pedagógicas. Publicó también algunos manuales de Física y Química. Y tradujo del alemán la Historia de la Química de Bauer y la Historia de la Física de Kistner.

MARÍA ANTONIA ZORRAQUINO ZORRAQUINO (Zaragoza 29 de marzo de 1904-22 de noviembre de 1993)

Antonia Zorraquino. 2

Era hija de un destacado industrial zaragozano, propietario de una conocida fábrica de chocolates. Cursó los estudios primarios, y parte de los secundarios, en colegios privados. En 1921, junto con María Buj Luna y Margarita Palomar, acabó el Bachillerato como alumna oficial del Instituto General y Técnico de Zaragoza, actual Instituto Goya. Esta destacada alumna, aficionada al estudio, decidió continuar con su formación universitaria.

En una visita al laboratorio del doctor Antonio de Gregorio Rocasolano, amigo de su padre, tuvo ocasión de mirar a través del microscopio: “Me causó una impresión enorme ver todo aquel mundo inapreciable a simple vista. La cantidad de partículas que se movían. Era emocionante. A partir de ahí decidí estudiar Químicas”.

Cusó los estudios desde 1921 hasta 1925, en la promoción 47. Era la única chica en un curso de veinticuatro alumnos. Acabó la licenciatura, realizó la tesis doctoral en Zaragoza, dirigida por el doctor don Antonio Gregorio Rocasolano, sobre Investigaciones sobre estabilidad y carga eléctrica de los coloides, y la defendió en Madrid en 1930.

Su formación académica y el interés de sus trabajos de investigación hacían suponer que iba a desarrollar una brillante carrera profesional: “Me hubiera encantado, pero mi marido no me dejó. En aquella época el trabajo de la mujer fuera de casa suponía un menoscabo para el hombre”.

María Antonia Marín Zorraquino

María Antonia Marín Zorraquino

Se había casado con Juan Martín Sauras, catedrático de Química Inorgánica destinado en Santiago de Compostela que, en 1936, volvió a la Facultad de Ciencias de la Universidad de Zaragoza. En esa misma universidad, su hija, María Antonia Martín Zorraquino, catedrática de Lengua Española en el departamento de Lingüística General e Hispánica, realizaría la brillante carrera que no pudo hacer su madre.

Principales fuentes de información

Prácticamente todo lo que sabemos sobre estas científicas se lo debemos a cinco catedráticas de dos institutos de Zaragoza: Cristina Baselga Mantecón, Piluca Fernández Llamas, Concha Gaudó Gaudó e Inocencia Torres Martínez, mis compañeras del Instituto Goya. Y a Carmen Magallón Portolés, del Instituto Avempace, cuya tesis doctoral, en 1996, trató sobre las pioneras españolas en las ciencias.

Piluca Fernández Llamas, catedrática de Matemáticas,  es un ejemplo vivo de pionera en las genealogías femeninas. En 1980, el Ministerio de Asuntos Sociales le subvencionó su estudio Mujeres en la Ciencia. A finales de los ochenta, rastreó los archivos del Instituto Goya con sus alumnos buscando a las primeras alumnas, cuando el Goya era mixto por primera vez. En 1990, su estudio, Influye el sexo en las elecciones académicas (Tercer premio de Investigación Educativa), fue una revelación. En 1996, organizó un exitoso homenaje a las primeras alumnas del Goya.

Carmen Magallón Portolés, catedrática de Física y Química, biografió a estas tres científicas en Pioneras españolas en las ciencias. Las mujeres del Instituto nacional de Física y Química, publicado en 1998 por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Este libro sacó a la luz las aportaciones de las mujeres a las ciencias físico-químicas en España en el primer tercio del siglo XX.

Cristina Baselga Mantecón, catedrática de Inglés, Piluca Fernández Llamas, catedrática de Matemáticas, Concha Gaudó Gaudó, catedrática de Historia, e Inocencia Torres Martínez, catedrática de Filosofía, completaron las biografías de estas científicas con datos de archivos y entrevistas personales, en la exposición Pioneras de la educación en Aragón. Y ampliaron el contexto y las biografías en el artículo Pioneras en la educación secundaria en Aragón: “Las primeras bachilleres, las primeras profesoras y las primeras directoras de Instituto en Zaragoza”

María Ángeles Delgado Martínez y José Damián López Martínez, en 2004, aportaron muchos datos de interés con su estudio De analfabetas científicas a catedráticas de Física y Química de Instituto de España: el esfuerzo de un grupo de mujeres para alcanzar un reconocimiento profesional y científico.

Para terminar

Con este artículo quiero reconocer y divulgar el mérito de las mujeres que han conseguido sobresalir luchando a contracorriente.

Me gustaría contribuir a que nuestras pioneras fueran un modelo a las nuevas generaciones. Y me consideraría muy afortunada si mis palabras sirvieran de estímulo para que otras sigan sus pasos. Aquellas mujeres sabían que estaban abriendo un camino, porque experimentaron en sus propias carnes las dificultades que les ponía un sistema educativo concebido solo para los hombres. Hoy no hemos acabado de recorrerlo y los obstáculos, aunque de nuevo signo, siguen siendo los mismos.

Antes de acabar, quiero dar las gracias a mis compañeras por haber abierto este camino en la investigación feminista. Con su esfuerzo y con sus publicaciones mis líneas se han visto muy enriquecidas.

Carmen Romeo Pemán

Tríptico por detrás

Nueva maestra para El Frago

De las fragolinas de mis ayeres

Simona llegó sudorosa al salón de la Normal donde se estaban eligiendo las plazas.

—¿Adónde va usted, señorita? Ya ha comenzado el reparto y no se puede interrumpir. –Los botones dorados brillaban sobre el azul impecable del uniforme del ujier y su potente voz paralizaba a los jóvenes opositores.

— Es que, mire usted, vengo desde Zaragoza en el Canfranero. ¿Qué le voy a contar que usted no sepa? Hoy ha llegado con más retraso del habitual. Se lo pido, por favor, ¡déjeme pasar! ¡Me va la vida en esto! Además, como estoy al final de la lista, seguro que aún no me ha tocado el turno. –Mientras hablaba, Simona le enseñó su cédula de identificación personal para convencerlo de que su apellido era de los últimos.

—¡Ande, pase! ¡Ah! Y si le preguntan, dígale al presidente que se ha colado sin mi permiso. Que yo no la he visto, ¿estamos?

Sus pasos resonaron en el silencio del anfiteatro y, cuando se volvieron las cabezas de los más de treinta opositores, notó que le ardían las mejillas. Avanzó hasta la última fila, se sentó en la esquina de un banco y se recogió la falda debajo de las rodillas. Aún no se había acomodado cuando oyó su nombre.

—¡Presente! ––dijo con una voz entrecortada que apenas le salía de la garganta.

—Como llegue al pueblo con esa falta de autoridad, pronto será el hazmerreír de todo el mundo. Sepa que en un pueblo hay que entrar pisando fuerte. —El ambiente se inundó de carcajadas nerviosas. Y, tras una pausa para recuperar el silencio, el presidente continuó: Simona Uhalte. Destino definitivo: El Frago.

195650107. El Frago

El Frago, 1965. Foto: Carmen Romeo Pemán

Aún no había amanecido, cuando Lorenzo reconoció a Simona, que andaba un poco perdida por el andén de la estación de Ayerbe. La maestra se paseaba mirando a un lado y a otro entre los pasajeros que acababan de bajar del tren de Zaragoza

—¿Usted, no será la nueva maestra de El Frago?

—Sí, la misma. Entonces, ¿usted es Lorenzo, el mozo que me iba a mandar el alcalde?

—Lorenzo Luna, para servirla —y se inclinó a coger los bultos que Simona había dejado en el suelo–. Si no le importa, pu-puede seguirme, que tengo la ye-yegua atada en un árbol cercano.

Siempre que tenía que dar conversación a viajeros nuevos, se le acentuaba la tartamudez.

Lorenzo dobló la rodilla en forma de escalera y la ayudó subir a la silla. Antes de coger el desvío del camino, ya la vio cabecear, como les pasaba a todas esas señoritas poco acostumbradas a los madrugones. Por eso la había atado bien, que no quería sustos.

Cuando llegaron al recodo de las Eras del Palomar, apareció el pueblo encaramado en una roca y presidido por un gran ábside románico. Lorenzo sabía que allí estarían el alcalde y la gente que habría salido a esperarlos. Achicó los ojos, pero no pudo distinguir a nadie. Con el contraluz sus figuras se recortaban en el horizonte y se confundían con las siluetas de los pinos que llegaban hasta la iglesia. Entonces se volvió a Simona. La cabeza le colgaba hacia un lado, pero las manos sujetaban con fuerza el ronzal.

—Oiga, señorita, despierte, que ya estamos llegando.

No entendía cómo había cogido semejante sueño sentada encima de una yegua que iba dando traspiés en las piedras del camino. De las cuatro horas de viaje, llevaba dos con los ojos cerrados, como desmayada.

—Perdone que no le haya servido de compañía. Es que, como el tren iba lleno, he tenido que venir de pie todo el tiempo y he llegado hecha polvo.

—No, no se pre-preocupe —Lorenzo se puso rojo. No esperaba que una maestra le pidiera disculpas.

Simona que, más que durmiendo, había ido haciendo un balance de su vida, no sabía muy bien adónde la llevaba su tozudez por enseñar. Cuando Lorenzo le señaló el ábside de la iglesia, pensó en la parroquia de san Pablo y sintió una punzada en la boca del estómago. En sus oídos todavía resonaban los gritos de los tenderos mezclados con el tañido de las campanas. Acostumbrada al bullicio de la ciudad, no sabía cómo soportaría el silencio del pueblo. ¡Por nada del mundo querría volver a vivir con su tío! Aquí nadie se atrevería a gritarle ni a darle órdenes. Y no pensaba abandonar los zapatos de tacón, ni las medias con costura, ni las faldas de tubo. En la maleta traía polvos de colorete, bigudíes y unas tenacillas para arreglarse el pelo. En el bolso, se había guardado unas cuartillas y unos sobres para ponerse a escribir en cuanto se acomodara en la posada.

Mientras Lorenzo la desataba y la ayudaba a descabalgar, se le acercó un hombre que vestía calzones y llevaba una vara en la mano.

—¡Buenas, señora maestra! Yo soy el alcalde. Aquí me tiene para todo lo que usted necesite, siempre que yo lo considere bueno para el pueblo, claro está. Que por algo soy aquí el representante de la autoridad.

A Simona le sudaron las manos. De repente había notado que el alcalde la miraba como solía hacerlo su tío, el canónigo de la Seo de Zaragoza.

Carmen Romeo Pemán

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Imagen destacada. El Frago desde el Coto Escolar, 1945. Foto de Gregorio Romeo Berges.

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El Frago. Pajar y era de Melchor, donde recibieron a la nueva maestra. Detrás, iglesia, torre y las escuelas por la parte trasera. Foto: Carmen Romeo Pemán.

CARMEN GARCÍA ROYO, IN MEMORIAM

REMONTANDO… a ras del suelo, apenas el volumen de una hormiga.

Remontando… tras unos días como si no existieras pero la búsqueda de una brizna de bienestar o los restos de un maná que te devolverán tu ser te hace revivir por un rato.

Remontando… porque los que me rodean me llevan entre sus alas ante los desperfectos de las mías.

Remontando… porque allá en el fondo tienes un espíritu de supervivencia, que no sabes de donde sale, pero que te pone en el disparadero de a ver quién puede más: él o tú.

Remontando… porque en este sinvivir arrastrándote, sabes que también hay gente en la distancia en ese duro caminar.

Remontamos… porque tenemos las ilusiones adheridas a nuestra piel día a día y esperan de nosotros ese saber estar por encima de las miserias humanas.

Remontamos… porque nunca debemos dejar de soñar, aunque bien sepamos que es una utopía.

Carmen García Royo, “El hilo de tender”, el 1 de julio de 2017. Etiquetas: cáncer, imágenes.

Hilo de tender

Carmen, Elvira y Teresa, las tres hermanas GARCÍA ROYO, fueron, y siguen siendo, un referente importante de mi etapa de profesora.

Carmen fue una de mis primeras alumnas del Colegio Universitario, una de mis compañeras de WILPF ESPAÑA, una de mis mejores amigas y una de las grandes personas que he conocido.

El día 28 de julio de 2017, se nos fue por una senda clara y nos dejó un grato recuerdo, una huella imborrable y un “hilo de tender” con el que ella había construido delicados tapices.

Conocí a Carmen en el año 1972. Estaba ejerciendo de maestra y se matriculó en el nocturno de Filosofía y Letras del Colegio Universitario, donde yo acababa de incorporarme como profesora al Departamento de Literatura. Los primeros días noté que llegaba con mucho deseo de saber y de abrir su mundo a nuevas corrientes de acción y de pensamiento. Al poco tiempo se me reveló como una persona defensora de la paz, la libertad, la justicia social y los derechos de la mujer. Descubrí que nos contagiaba a todos su vitalidad y entusiasmo.

En su blog, “El hilo de tender”, hace realidad aquellos anhelos iniciales y su pasión por la lectura y por la escritura, que nunca la abandonaron. Allí encontraréis la sensibilidad y la verdad profunda de lo que era Carmen. Y la energía y el coraje con los que se enfrentó a la enfermedad que se la llevó.

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Hace unos días llegó a mis manos un artículo “Es difícil encontrar…”, del Diario de Teruel, donde se rinde homenaje y se recoge la trayectoria vital de Carmen. Y no puedo por menos que parafrasear y ampliar algunas frases que sintetizan, mejor de lo que podría hacerlo yo, la huella que Carmen dejo entre todos los que la conocimos.

Es difícil encontrar pacientes que se enfrenten con entereza y valentía a su enfermedad como lo hizo Carmen García Royo.

Es difícil encontrar a una persona que ordene por escrito que el dinero de las flores de su funeral se entregara la “Asociación contra el Cáncer”.

Es difícil encontrar una profesora tan comprometida con sus alumnos y que haya dejado una profunda huella en todos sus destinos: Portalrubio, Fuentes Claras, Monreal del Campo y el Instituto de Teruel, “Segundo de Chomón”.

Es difícil encontrar una docente tan entregada a la formación crítica de sus alumnos. Carmen educaba en valores: la paz, la igualdad de género y la igualdad entre las personas, la defensa de la democracia, la solidaridad con los desfavorecidos.

Es difícil encontrar a una turolense tan activa y tan participativa en los actos culturales de su ciudad: era miembro del club de lectura de la UNED y de la coordinadora de “Teruel existe”.

Es difícil encontrar una persona que reúna tan altas condiciones humanas e intelectuales como mi alumna Carmen García Royo.

Si la vida es un laberinto de senderos que confluyen, Carmen confluyó, e influyó, en mi vida. Y se quedará para siempre en mi recuerdo, en mis sueños y en mi ilusión, porque la amé y la sigo amando. Con estas líneas le he querido dejar mi pequeño homenaje para que los que la conocisteis la sigáis amando. Y para que los que no la conocisteis aprendáis a hacerlo y que este artículo os lleve a su obra.

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El día 16 de octubre de 2017, en el blog “El hilo de tender”, su hermana Elvira publicó la carta de condolencia que yo le mandé en nombre de WILPF (Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad).

Desde WILPF, a la que ella se sentía muy orgullosa de pertenecer, sus compañeras queremos resaltar su compromiso con el feminismo pacifista y manifestar que las organizaciones se engrandecen cuando cuentan con miembros como Carmen García Royo.

La respuesta de Elvira, emocionante y emotiva, destaca el compromiso de su hermana con los movimientos sociales, es especial, con la defensa de la paz y de los derechos ce las mujeres.

Enviado: martes, 17 de octubre de 2017 17:39

Para: Coordinación WILPF

Asunto: Agradecimiento por la carta de condolencia

Estimada Carmen Magallón: hace unos días recibí la carta de condolencia que en nombre de WILPF escribió Carmen Romeo Pemán, con motivo del fallecimiento de mi hermana Carmen.

En primer lugar muchas gracias, pues os agradezco un montón que hayáis querido acompañarnos en estos momentos que han sido y son duros y dolorosos.

Mi agradecimiento aún es mayor al ver que la encargada de escribir la carta ha sido Carmen Romeo, una de las mejores profesoras, si no la mejor, que mis hermanas y yo hemos tenido y con quien además nos unen lazos de afecto y amistad.

Mi hermana Carmen ha sido una persona defensora de la paz, la libertad y la justicia social y ha luchado siempre por los derechos de la mujer, habiéndolo demostrado tanto en su profesión como profesora como en su vida personal, difícilmente separables. Por ello, pertenecer a WILPF fue una consecuencia lógica en su línea de actuación y pensamiento.

Carmen Romeo dice que WILPF se siente orgullosa de haber tenido entre sus miembros a una persona como mi hermana Carmen. Yo sólo puedo añadir que yo también me siento afortunada y orgullosa de ser la hermana de Carmen García Royo, una gran mujer luchadora hasta el final.

De nuevo te doy las gracias que me gustaría que hicieras extensivas a todas las integrantes de WILPF, algunas de las cuales ya manifestaron su sentimiento por medio de whatsapp el día del fallecimiento de mi hermana.

Un abrazo,

Elvira García Royo

Esquela. 1

 

C. García Royo. 2

 

Carmen Romeo Pemán

Y SE LO COMIÓ EL TABARDILLO

En la noche de ánimas.

De la tradición fragolina, en las Altas Cinco Villas.

Acababan de dar las doce en el reloj de la torre, cuando unos aldabonazos, que casi echaban la puerta abajo, me hicieron saltar de la cama. Como era el tiempo de las heladas, me había acostado con calzoncillos marianos y camiseta de felpa. Cogí el tapabocas que guardaba en una silla de enea, me lo eché por los hombros y bajé las escaleras con cuidado para que los crujidos de la madera carcomida no despertaran a los huéspedes. Dejé el candil en el suelo y quité la tranca con las dos manos. El golpe del vendaval abrió la puerta y me dejó a oscuras.

A través de los carámbanos, la luna iluminaba una silueta apoyada en el quicio. Me costó reconocer a Eustaquio, un tratante de carbón vegetal que solía hospedarse aquí. Llevaba unas greñas que le tapaban la cara y tenía los brazos cruzados delante de la boca del estómago, como si quisiera atemperar los temblores que lo sacudían.

—¿Qué horas son estas, señor Eustaquio?

—Ya ve, desde que salí de aquí, y ya va para dos semanas, no pude pasar del puente de Cervera. Y eso que está a menos de una legua.

—La verdad, pensábamos que ya estaba usted en otros pueblos.

—Cada vez que intentaba ponerme en camino, una gran desazón me corroía por dentro y el dolor de cabeza me taladraba los sesos. —Sin acabar la frase, vomitó un líquido verduzco que me salpicó en las abarcas.

—Pues podía haber venido antes —le dije, mientras lo sostenía del brazo.

—Es que no me podía poner de pie. Y menos andar —me contestó entre estertores.

—Ande, pase, que por esta noche le daremos cobijo. No tengo ninguna cama libre, pero el veterinario duerme en una de matrimonio y, en un caso así, no creo que le incomode compartirla. Además, si se acuesta en una orilla, igual no se entera, que ha venido un poco aguardentoso y lleva un sueño muy profundo.

Como conocía bien a don Gregorio, sabía que no le iba a sentar mal, al contrario, era un buen hombre, amigo de hacer favores a todo el mundo.

—¡Bien! Además, como los que andamos por los montes tenemos algo de animales, igual se le ocurre algún remedio para estas calenturas —me contestó con sorna, a la vez que se apoyaba en mi hombro para entrar.

Con gran apuro subimos hasta la cocina, cuando le estaba sirviendo unas sopas de ajo que nos habían sobrado de la cena, me percaté de que tenía los ojos rojos, como de conejo, y unas pintas negruzcas en el cuello, igual a las que me contaba mi padre que se habían llevado a la tumba a muchos soldados de Cuba y Filipinas.

—¡Ay, señor Eustaquio! Igual le ha entrado el tabardillo. Yo no he visto a ninguno, pero todos los soldados que han vuelto vivos de las colonias dicen que mataba más que la pólvora.

—¡Por Dios, Ignacio! ¡Qué dices de soldados! Si yo solo me junto con carboneros que viven en el monte —me dijo haciendo un gran esfuerzo.

Seguimos hablando un poco mientras entraba en calor, y, en tono cómplice, como quien cuanta una vergüenza, me dijo que él nunca se había juntado con gentes de otras tierras. Ni siquiera se había mezclado con los carboneros. Que, aunque le había tocado dormir alguna noche con ellos en las parideras, cada uno dormía envuelto en su manta. Que esas gentes eran muy austeras y no compartían nada. Ni el pan ni la ropa, que siempre usaban la misma y no la lavaban

Cuando estábamos charlando, vi que no se quitaba ojo de las ronchas rojas que le habían salido en los brazos. Mientras me daba esas explicaciones, tenía la mandíbula apretada.

—Señor Eustaquio, igual le ha picado algún piojo o alguna chinche, que cuando tienen hambre son peores que las pulgas. Pero, no me haga mucho caso, porque, ¡qué sabré yo de tabardillos! Si no he salido del pueblo en mi vida —le dije.

En el momento que se terminó la sopa, recogí la escudilla y apagué las brasas que se habían avivado con el aire que bajaba por la chimenea.

—Bueno, ahora a la cama. Mañana será otro día —le dije mientras le ayudaba a levantarse de la cadiera.

Lo acompañé hasta la alcoba de don Gregorio, apreté la mecha del candil con los dedos y lo colgué junto a la chimenea. Sabía que Bernarda me esperaba con las sábanas calientes.

A la mañana siguiente, me desperté sobresaltado. Había soñado con un mozo que hacía pocos días que se había muerto en una paridera. Se corrió por el pueblo que se lo había comido el tabardillo.

Fui corriendo a la alcoba de don Gregorio, que aún dormía la mona. El señor Eustaquio tenía los ojos muy abiertos y la cara llena de ronchas. Por la comisura del labio inferior le salía un hilillo como de hiel. También a él se lo había comido el tabardillo.

Tabardillo. Instrucciones.jpg

El Frago, 1871. El tabardillo pintado, que así se llamaba entonces al tifus exantemático, se llevó a ochenta y siete personas. Murieron el maestro don José Sánchez, el veterinario don Gregorio Sampietro y el posadero Ignacio Beamonte, que andaban todo el día atendiendo a los enfermos.

Durante muchos años se creyó que volverían en una noche de ánimas, un día dos de noviembre, con un saco lleno de piojos de tabardillo.

Carmen Romeo Pemán

 

Imagen principal. Dibujo de Inmaculada Martín Catalán (Teruel, 1949). Profesora, escultora, dibujante y pintora. Comenzó su preparación inicial en Zaragoza, con Alejandro Cañada. Estudió Bellas Artes en Barcelona y Madrid, donde se licenció en la especialidad de Escultura.

Además de su reconocida carrera artística, es una experta en carteles y trabaja con varios grupos de dibujo: Urban Sketchers, Flickr, Group Portraits in your art, Group with Experience.

Inmaculada es una colaboradora importante de Letras desde Mocade.

20170209. Inmaculada en el Pablo Gargallo

Inmaculada Martín dibujando en el museo Pablo Gargallo de Zaragoza

 

 

LA VOZ POÉTICA DE LAURA LAHOZ RUESGA

NUESTROS RECUERDOS

Hoy quiero recuperar el recuerdo y la voz poética de Laura Lahoz, una de mis queridas alumnas escritoras del Instituto Goya de Zaragoza.

Laura y el Goya

El sábado 12 de agosto de 2017, en El Frago, Laura Lahoz Ruesga, escritora-profesora, y María José Moreno Soriano, actriz, nos deleitaron con una velada poético musical de una exquisita selección de poemas. Estuvieron acompañadas por los músicos Joaquín González y Jaime Lapeña. Ese mismo día, por la mañana, habían ofrecido una selección diferente en un vermut poético-musical en el castillo de Biel.

Laura, en el recital de Biel, me dedicó unas emotivas palabras y este escrito:

Querida Carmen: Cuando subo las escaleras camino del aula, con la cartera en una mano, recuerdo la emoción que sentía en el I.E.S Goya. Durante dos cursos asistí a tus clases de Lengua Española con una mezcla de ilusión y curiosidad. Tu entrega, tu rigor y tu pasión hacia la gramática y hacia el cuidado del idioma permanecen en mi memoria. Todo lo que aprendí en tus clases lo enseño a mis alumnos. Ahora compartimos una gran amistad, lecturas y publicaciones de otras compañeras del Instituto, como Irene Vallejo. Siempre te has mostrado entusiasta, activa. Me emociona leer tus artículos y observar atónita como mantienes la energía y sigues escribiendo.

Con este artículo aspiro a responderle a lo que ese día no hice, porque no me pareció el momento oportuno.

El primer día de clase, allá por el curso 1992-1993, vi dos apellidos muy conocidos en la lista de mi grupo de Literatura de Tercero de BUP. Recuerdo que me acerqué y le pregunté: “¿No serás la hija de Ángel Lahoz y Concha Ruesga, mis compañeros de curso?”. No me contestó, abrió sus ojazos azules y me miró con cara de susto. No insistí más. Daba igual. Laura estaba allí para que yo le enseñara lengua y despertara su pasión por la literatura. Intentaría hacerlo lo mejor que supiera. Volví a tenerla como alumna de Lengua en COU. Y después nos hemos hecho amigas.

Por la tarde, al acabar el recital poético de El Frago, nos juntamos a charlar y a rememorar los años del Goya. Entre otras cosas me dijo:

Mi clase estaba en el segundo piso, al fondo del pasillo, a la izquierda.  Durante cuatro años el instituto Goya fue mi casa. Después de veinte años paso por la puerta y esbozo una sonrisa; supongo que no será lo mismo, pero para mí permanece esa esencia, la marca Goya, como decíamos entonces, cuando creíamos que el mundo era nuestro. Y, en verdad, o era porque en el instituto pasaba lo más importante: los amigos, los viajes, las alegrías, los nervios, las decisiones, todo sucedía entre sus cuatro paredes, en las aulas y en los pasillos.

Los comienzos no fueron fáciles. El Centro me parecía enorme y me sentía perdida. Las matemáticas y la física me resultaban imposibles. En tercero de BUP decidí cursar el Bachillerato de letras puras; entonces mi vida académica me resultó apasionante. Los profesores que me dieron clase permanecen en mi memoria con un gran cariño. Recuerdo el rigor, la pasión de las explicaciones.

Decidí estudiar Filología Clásica por los profesores que tuve de Latín y Griego. Escribo y adoro leer gracias a los profesores de Lengua y Literatura de entonces.

El Goya me ofreció subir a escena con el grupo de Teatro TEGO; la clase de teatro de los viernes era el mejor modo de comenzar el fin de semana. Los primeros pinitos literarios comenzaron con el Premio de Poesía Goya.

Compañeros de entonces siguen a mi lado. Con los años, lo realmente importante es la gente. Nos hemos hecho mayores, pero la impronta del Goya nos marcó entonces y ahora.

Carmen, tú me enseñaste todo lo que sé sobre gramática, me acompañaste al viaje de estudios a Italia y después hemos trabajado juntas en otros proyectos literarios.

Después de calmar el sonrojo que siento en mis mejillas al volver a leer sus palabras, las apostillaré con mucho gusto.

La prudencia y sentido estético de Laura la llevan a no entrar en detalles. Sus profesores de clásicas, Pilar Iranzo, Pilar Idoipe y Jesús Oliver, determinaron su vocación. Y Emilio Gutiérrez Lizarraga, creador y director del TEGO, le enseñó a desenvolverse con soltura en las tablas de un escenario. Nos dejaron maravillados con la puesta en escena de “Martes de Carnaval” y con la del “Romance de Gerineldo”. Esta última la representaron en Lincoln (Inglaterra) los alumnos del proyecto europeo ROTA.

No me puedo olvidar del brillante grupo de amigas que siempre iban con ella: Berta Amella, Sandra Relaño, Raquel Allué y Paloma Laporta, entre otras. ¿Me equivoco, Laura? ¿Y qué dirías del susto que me diste cuando te perdiste en Siena en el viaje de estudios a Italia? ¿Y de que no te dejaban entrar en el Vaticano porque llevabas pantalones cortos?

Bueno, pues aquella Laurita se nos ha convertido en una de las mejores poetas de su generación. Y lo vais a entender cuando leáis sus declaraciones y sus poemas. ¡No podría haber sido de otra forma!

Los libros forman parte de mi vida. No entiendo la vida sin ellos. La lectura me ha salvado siempre. Y no quiero desprenderme del decorado de mis paredes, todas recubiertas de libros. (De mis conversaciones con Laura Lahoz)

La voz poética

La voz de Laura, siguiendo las tendencias de la poesía moderna, es el trasunto de su personalidad y de su forma de percibir y de estar en el mundo.

Laura. Escribiendo

Laura Lahoz en un pupitre

Escribo para encontrarme, para situarme en las vidas de otros. Cuando un verso me conmueve o un relato me emociona, me siento plena. (De mis conversaciones con Laura Lahoz)

Laura ve el mundo a través de la escritura y de las imágenes que le sugieren las palabras. En su nuevo poemario, El silencio dice, en la tercera parte, La voz ausente, recrea el mundo a través de la mirada de sus poetas preferidos.

¿Qué sería mi vida sin Manuel Vázquez Montalbán, Leopoldo María Panero, Milan Kundera, Alejandra Pizarnik, Juan Ramón Jiménez, Luis Cernuda, Wislawa Szymborska? No sería. (De mis conversaciones con Laura Lahoz)

Y, por encima de todo su universo literario, planea el Mundo Clásico, con sus formas, sus ideas, sus paisajes y sus héroes. La Grecia Clásica y sus mitos son el trasunto del libro Constantes vitales. Esas constantes del ser humano que cobraron vida en las páginas del mundo antiguo.

¿Qué sentido tendría el día a día sin el Mundo Clásico, los diccionarios, los juegos de palabras? No tendría ninguno. (De mis conversaciones con Laura Lahoz)

Constantes vitales (2014)

Constantes Vitales. Portada

Estos treinta y ocho poemas son el reflejo del gran amor de Laura por la cultura clásica y el catalizador de sus muchos viajes a las tierras que pisó Homero.

  • Tu mirada me
  • fascina
  • tus ojos
  • me embelesan
  • le decía Safo
  • a su enamorada
  • presa. (Lenguas clásicas)

De su mano recuperamos los nombres, el aroma y los colores del tiempo, detenido en estos versos.

  • Cuaderno
  • de a bordo,
  • anotar
  • cada secuencia
  • de esta existencia. (Bitácora)

Los héroes griegos nos acompañan en esta odisea por distintos países y ciudades, buscando la esencia del ser humano.

  • Mi cabeza es un barco varado en Creta (Ventus Cretae)

Y nos llevan del pasado al presente y nos proyectamos al futuro.

  • El poema es la presencia misma
  • de lo que está por venir. (La noción pura)

Con la ausencia de anécdotas, la presencia de figuras retóricas muy logradas, el calculado ritmo de todos los versos, y la concisión consigue una poesía pura de altos vuelos.

En Blancas impar y negro, cifra el ritmo alternante que apreciamos en todos los poemas, ese ritmo binario que a su vez es la búsqueda del yo y del tú amorosos.

  • Un yo y un tú
  • avanzan en ele
  • por las teclas
  • de un piano
  • negro. (Blancas impar y negro)

En el poema Cuba está su concepción de la poesía como un juego creativo con los distintos niveles de la lengua.

  • Pasen y vean:
  • trapecistas
  • de letras,
  • leones
  • de palabras,
  • domadores
  • de sintagmas,
  • poliedros
  • de sílabas,
  • aristas
  • de versos,
  • pasos
  • de morfemas,
  • notas
  • al pie,
  • plumas
  • de sombreros,
  • membretes
  • de signos. (Cuba)

En este primer poemario ya apuntan los temas que va a desarrollará en los posteriores, junto a una permanente reflexión sobre el lenguaje y sobre la poesía.

Teoría del color. Cyan, Magenta, Yellow, Black. (2015)

Teoría del color

 

Con el intenso colorido del poemario anterior, ya habíamos adivinado la paleta cromática de Laura. Pero ahora lo nuevo es que el propio color se disuelve en los versos. Estos poemas podrían ser un buen complemento para las exposiciones de su madre, Concha Ruesga, que le contagió su pasión por la pintura.

La emoción estética la resuelve con la aposición de imágenes, en un perfecto collage.

  • Amarillo.
  • Teatral rechazo
  • hoja que pasa
  • fruta con ritmo
  • disco solar.

O con imágenes llamativas

  • Cian
  • Cristal opaco
  • el mundo perfora
  • el fondo del vaso.

Y no se nos escapa esa referencia estética al fondo del vaso de Luces de bohemia

de Valle Inclán.

Teoria color. Reverso.jpg

El silencio dice (2016)

  • El silencio dice
  • lo que la escritura
  • esconde. (El silencio dice)

Como las obras clásicas, está organizado en tres partes, Perfil de nadie, La voz ausente y Rumbo interior, precedidas por un preámbulo sin título. Desde el primer poema percibimos un revisionismo y una evolución de la voz poética.

Hoy es la palabra del momento.

  • La esencia, el aliento.
  • Recuerdo cuando
  • las letras cifraban intentos. (¿Comunica?)

En esta nueva mirada sigue la pasión por la cultura clásica, pero deja aflorar el mundo de los sentimientos con gran fuerza.

  • No tengo batería,
  • estoy sin cobertura
  • de pensamiento. (¿Comunica?)
  • Al lado del corazón
  • están la vida y los versos. (Principio de incertidumbre)
  • Lo que deseas
  • no es siempre lo que necesitas. (Caligrafía)

El silencio dice es una poesía madura y reflexiva, con gran dosis de ironía. Como en los poemarios anteriores, es una poesía pura, con ausencia de anécdota, que se resuelve en poemas muy breves, con una gran concentración de las ideas y las sensaciones.

Para terminar

Querida Laura: tú, y alumnos como tú, me dais la energía y el entusiasmo para seguir escribiendo. En estos escritos intento recoger lo que aprendí de vosotros. Intento hacer confluir los senderos por los que transitáis mis alumnos para que nuestra experiencia colectiva no muera del todo y para satisfacer el orgullo que me produce haber tenido alumnas como tú.

Carmen Romeo Pemán

20170812. Biel. Laura y Carmen

Laura Lahoz con Carmen Romeo a la salida del recital poético. Biel, 12 de agosto de 2017.

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PRESENTACIÓN DE «EL SILENCIO DICE»

Laura Lahoz

Ester Minio, “Presentación de El silencio dice, de Laura Lahoz. Librería Antígona, Zaragoza, 18 de mayo 2019.

El verano miente

  • la ausencia de lo efímero.
  • Todo es ahora textual.
  • Quizás por si acaso,
  • el pequeño abismo
  • da la pequeña bienvenida
  • a solas, de memoria.

 

  • A ras de vuelo,
  • con amor feroz,
  • la singladura
  • por ese rumbo interior
  • en el ferrocarril marino
  • halla tu identidad sonora
  • en letra de molde:
  • perfil de nadie.

 

M. Salazar, Anotaciones sobre El silencio dice

Cuando leí  la cita inicial de este libro tomada de la Realidad y el deseo de Luis Cernuda, que en cierto modo explicaba su poemario y servía de punto de partida para empezar a leerlo y comprenderlo, pensé que me gustaba su referencia a un poeta sevillano en el exilio para empezar. Después, la lectura de los poemas que contiene El silencio dice, una, dos, tres veces, de forma ordenada, y abriendo el libro al azar, yendo atrás, hacia adelante, pronunciando los títulos de cada sección: Perfil de nadie, La voz ausente, Textual, Rumbo interior, sentí que Laura Lahoz había ya tomado posiciones definidas, tanto aquí, en este lugar que habitamos, como respecto a sí misma y a su mundo poético. Y tras pensar un poco sobre lo leído, denso y liviano a la vez, me di cuenta de que algunas palabras,  a modo de faros o destellos luminosos, llamaban mi atención y me indicaban un camino  para leer su libro, el de las palabras sobre el campo semántico de la luz  y la mirada, que tanto brillan, al menos para mí, y que permiten ver, como ella misma dice, a través de  un microscopio, un espejo o un telescopio:

  • «Tú mirabas lejos
  • para ver más,
  • para ver allá,
  • para ver más allá».

 

  • «Alguien te mira
  • y la luz para el ocaso.»

 

  • «Mirar la vida:
  • un,
  • uno,
  • una total entrega.»

 

  • «Pequeñas notas transparentes
  • dan luz a las horas
  • y la vida pasa.»

 

  • «El cerebro maneja al ojo,
  • todo lo que ves con tiene:
  • luz, reflejo y sombra.»

 

  • «El oro de la tarde brilla.
  • Eterno ocaso.
  • ¿Acaso?»

 

  • «la luz deja paso al vuelo de los pájaros.»

 

  • «Será en una aurora
  •  que se fije en la pupila».

Y en su nombre, aun sin haberle pedido permiso, os invito a la lectura de todos sus versos con una  estrofa  de su  Pequeña bienvenida:

  • «Las cosas ocupan un lugar concreto.
  • Tan leve es la realidad como la ausencia.
  • Basta un ángulo de luz para anclar versos.
  • Pequeña nostalgia que no entiende de islas.
  •  Bienvenida al instante que te atrapa.»

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0001LEYENDO JUNTOS EN EL INSTITUTO GOYA

Sesión lectura. Goya 1

El grupo de lectura en la Biblioteca del Goya.

 

El día 4  de noviembre de 2019, inauguramos el curso con una sesión poética doble.

Sesión de Lectura Goya3

Tres profesoras. De izquierda a derecha: María Jesús Pérez Arellano, Concha Gaudó, presentando la obra de Javier Delgado, y Cristina Baselga.

La primera parte, un homenaje a Javier Delgado Echeverría, ex alumno del instituto, recientemente fallecido. Concha Gaudó hizo una semblanza de Javier y Laura Lahoz leyó los textos que previamente habíamos seleccionado.

Sesión lectura. Goya. 2

Laura Lahoz acompañada de Francisca Soria, Inocencia Torres y Carmen Romeo.

En la segunda parte, Laura Lahoz presentó su libro «El silencio dice». Leyó y comentó unos poemas. Sus palabras motivaron una amena tertulia.

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Curriculum y publicaciones

Laura Lahoz Ruesga (Zaragoza, 1977), profesora de Lenguas Clásicas, es Licenciada en Filología Clásica (Universidad de Zaragoza), Máster en Edición (Universidad de Salamanca) y en Fomento de la Lectura (Universidad de Alcalá de Henares). Es miembro de letr@demoldeeditorial. Y ya tiene en su haber una buena cartera de publicaciones.

El silencio dice, en prensa, 2016. Presentado, 2019.

Teoría del color, letr@demoldeditorial, colección Asuntos internos.nº.1, Zaragoza, Agosto, 2015.

Constantes vitales, Olifante, Ediciones de poesía, colección Papeles de Trasmoz, Zaragoza, 2014.

Está incluida en las siguientes antologías:

Parnaso 2.0: Un mar de labrantíos. Antología de poesía aragonesa del siglo XXI, VV.A.A., Gobierno de Aragón, 2016. http://parnaso2punto0.aragon.es/?p=616

La Mística, edición y coordinación de Manuel Martínez Forega, Editorial Olifante, 2016.

Con Clave de Fa aún mayor, de Ricardo Comín Anadón y José Ramón Mañeru, Zaragoza, 2015.

Los Borbones en Pelota, Edición coral SEM y VVAA, coordinada por Manuel Martínez Forega, Editorial Olifante, 2015.

Yin. Poetas Aragonesas: 1966-2010, Zaragoza, Olifante, 2010.

Y ha participado en numerosos recitales poéticos, con María José Moreno.

Velada poético musical. Biel y El Frago. Músicos: Joaquín González (guitarra), Jaime Lapeña (violín). Castillo de Biel,  12 de agosto, 2017. El Fosal, El Frago, 12 de agosto, 2017.

Vermú poético musical. Casa del traductor. Músicos: Juan Millán (percusión), Jaime Lapeña (violín), Leslie Dowdall (voz y guitarra), Tarazona, Zaragoza, 1 de julio, 2017.

Palabra de mujer. Los mundos de su voz. Poetas españolas, iberoamericanas, y nórdicas: Asociación de mujeres Lacarra, Daroca, 14 de noviembre, 2015. Y en la  Biblioteca pública de Costean, Huesca, 21 de noviembre, 2015. http://bibliotecacostean.blogspot.com.es/

La noche oscura. Homenaje al Greco, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, Fray Luis de León. Música del laúd de Manu Sesé.  Biblioteca de Costean, 28 de marzo, 2015. http://bibliotecacostean.blogspot.com.es/

El fuego de la libertad. Homenaje a Julio Cortázar y Octavio Paz. Músicos: Daniel Zapico (Tiorba) y Joan Miró (Flauta).La Campana de los perdidos, Zaragoza, 21 de septiembre, 2014.

El silencio dice. Zaragoza, mayo de 2019.

Carmen Romeo Pemán

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Imagen del comienzo: Laura Lahoz y María José Moreno. El Frago, 12 de agosto de 2017. Foto de Carmen Romeo Pemán.

 

 

 

En el molino del Arba

De las fragolinas de mis ayeres

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Negra sombra que me asombras, vuelves haciéndome burla.
Rosalía de Castro

Orosia se quedó tan atolondrada que estuvo varios días sin reaccionar. Aquello le parecía imposible. “¿Cómo me lo han podido ocultar durante tantos años? Tengo que saberlo todo. ¡Todo!”.
Entonces, se arrebujaba entre unas mantas blanquecinas, como aquellas con las que un día sacaron a escondidas a una niña que acababa de nacer en el viejo molino de El Frago, en la orilla del Arba, mientras su cabeza no paraba de dar vueltas como las ruedas del molino.”
Todo había comenzado cuando el conde de Luna y su secretario llegaron para apalabrar el precio de la molienda de los quinientos cahíces de trigo que esperaban cosechar ese año. “¡Vaya fortuna!” —pensó el molinero—. “Estos no se me van a escapar. Ya me las arreglaré como sea”.
Estaban en tratos cuando apareció Candelaria, la hija pequeña del molinero, que se encargaba de servir aguardiente a los parroquianos. Esa adolescente, de carnes prietas y andar menudo, enloqueció al conde, que echaba la culpa de su fogosidad a lo rojizo de sus cabellos. Durante un buen tiempo la cortejó y la acosó. Y un día la violó.
A los tres meses, volvió el conde con los cahíces de trigo y el molinero le pidió un precio más elevado por la molienda como recompensa al silencio por el embarazo de su hija. El conde no aceptó el trato y el molinero lo amenazó con difamarlo entre las gentes de la ribera del Arba que acudían a moler. En ese tiempo, Candelaria había visitado a varias sanadoras pero, a pesar de sus pócimas, no había conseguido abortar.
Cuando su padre le comunicó la reacción del conde, como no estaba dispuesta a perder su honra, aparejó la yegua, tomo el camino de Luna y se presentó en el palacio condal. Después de una larga espera y muchas discusiones con los criados, consiguió hablar con el conde. Cuando lo vio, de un tirón le espetó lo que tantas veces había ensayado.
—Sepa, vuestra merced, que, si usted no repara lo que me ha hecho, divulgaré mi afrenta por las plazas y mercados. Yo misma me encargaré de que sea noticia en todos los molinos de la redolada. Sepa que los comerciantes lo llevarán en lenguas, que será un escándalo en las casas señoriales y que se le pudrirá el trigo en los graneros.
Candelaria, con sus gritos y sus ojos desorbitados, consiguió amilanarlo. Cuando ella abandonó el palacio, él buscó a su secretario y le ordenó que fuera al molino.
—Busca al molinero y proponle el siguiente trato. Dile que, como Candelaria es todavía muy niña, tú te casarás con su hermana mayor, antes de un mes. Y que cuando nazca mi vástago, lo adoptaréis y lo inscribiréis como vuestro.
El secretario se resistió y protestó, pero de nada le sirvió. A los pocos meses, el nuevo matrimonio de conveniencia condil se hizo cargo de la recién nacida Orosia. La envolvieron en una manta, blanquecina por el polvo de la molienda, y se marcharon a tierras lejanas, donde montaron una posada. Era una niña pelirroja, con un lunar en la nuca, igual que su progenitor. Con los años se convirtió en una de las posaderas más famosas de su entorno.
En la ribera del Arba se fueron olvidando estos hechos, pero quedaron en la memoria de algunas gentes que los divulgaron como conseja.
Y, un día, mientras Orosia servía a unos arrieros, les oyó contar una leyenda de las Altas Cinco Villas. Hablaba de un conde, de la hija de un molinero y de la niña que tuvieron en secreto. Una niña pelirroja con un lunar en la nuca. A medida que la iba oyendo volaba sobre su cabeza la negra sombra que la había perseguido desde que le había preguntado a su madre por el color de sus cabellos.

Carmen Romeo Peman

Corral de la fábrica.jpg

Corral de la Fábrica de harinas de El Frago en la ribera del Arba

Imagen destacada: Fachada principal de la Fábrica de harinas de El Frago. Fotos de Carmen Romeo Pemán.

PICARUELA Y PICARIZA

Nombres y costumbres de las Altas Cinco Villas

Escenarios de mis relatos

Hoy vengo a hablaros de los nombres, usos y costumbres que tuvieron su origen en la pez, un mejunje pringoso de color negruzco. Fue un producto imprescindible en toda España, desde la época ibero romana, que dejó abundantes huellas en la lengua y los nombres de lugar. En este artículo me centraré en la Comarca de las Altas Cinco Villas, al norte de Aragón. Y en particular en El Frago y Biel, dos pueblos de la provincia de Zaragoza en los que viví mi infancia y adolescencia.

De niña sentía gran curiosidad por la pez con la que marcaban a las ovejas después de esquilarlas. En mi casa, casa Melchor, se utilizaba un hierro en forma de M, untado en pez. Y otro con una M más pequeña para las talegas y los sacos del trigo. Me pasaba muchas horas pensando cómo los botos de cuero, que también llevaban pez, ardían tan bien en las hogueras. Y me costó entender por qué no servía una bota de vino cuando “se le había bajado la pez al culo” y qué querían decir los abundantes refranes en los que se mencionaba la pez.

Viviendo en El Frago, conocí a Lorenzo, un viejo carbonero que había sido un antiguo pezero en los hornos de pez en el monte de Picaruela. Me contaba que en Biel tenían el horno de pez en la Picariza, un barranco justo a la salida del pueblo. Pero, eso tenía sus inconvenientes. Que no tenían a mano los trozos de madera y necesitaban un carro con caballerías.

Nombres de los escenarios de mis relatos

Casi nunca se bautizan al azar los lugares ni las personas. Siempre hay una razón que justifica sus nombres, aunque no resulte evidente. Y de eso voy a hablaros. De los nombres de los escenarios de mis relatos de las Altas Cinco Villas, de lo que los profesores y los lingüistas llamamos toponimia.

Hoy solo os traigo uno, PICA o PEZ. Si os gusta, en el futuro habrá más.

PICARUELA y PICARIZA son dos variantes de la misma palabra. Se refieren a una zona de monte en la que había un pozo para hacer pez con madera de pino resinoso, especialmente con raíces y tocones. A nosotros, estos términos ya no nos dicen nada, es decir, se han vuelto topónimos ciegos. El significado original se perdió, a principios el siglo XX, con la artesanía de la pez. Esta industria, indispensable en las zonas rurales, desapareció con el desarrollo de las sustancias petroquímicas.

CARRETERA DE SADABA. LLANO. REGUELTICA A PICARIZA.

Llano que lleva a la Picariza. Foto de Julio Pablos, con el propio Julio Pablos.

¿Qué era la PEZ, PEGA o PICA?

Una sustancia negra, viscosa y olorosa, sobre todo cuando se reblandecía por el calor. La materia prima era el alquitrán vegetal, procedente de pinos resinosos. Según con qué sustancias se mezclara o en qué oficios se utilizara, había varios tipos de pez

¿Cómo se obtenía la pez?

Había dos tipos básicos: la PIX ALBA, o pez blanca, y la PIX NIGRA, o pez negra, con sus múltiples variantes, procedente del pino. Y, del enebro, juniperus, se extraía el aceite de enebro, un producto diferente, con el que a veces se confunde. Tenemos noticias de un horno de aceite de enebro en el término de Valzargas y otro en el Estanco, los dos en El Frago. Por la abundancia de enebro en la zona, podemos suponer que habría más.

La pez blanca, la más pura y fácil de manipular, resultaba del sangrando los pinos desde marzo hasta noviembre. La pez negra, la más abundante y más utilizada, se conseguía por destilación de maderas resinosas en unos hornos, o pegueras. Era la llamada brea vegetal que se obtenía calentando los tocones o las raíces de los pinos que quedaban después de cortarlos.

El Picaruela de El Frago y el Picariza de Biel hacen referencia a los pozos en los que se fabricaba la pez negra. Estos pozos, pezeras, en castellano se llamaban pegueras o empecinados. Eran unas construcciones de adobe reforzadas con piedras en las laderas de los montes o en las afueras de los pueblos. Siempre estaban en tierras arcillosas y junto a los barrancos, porque se necesitaba mucha agua para embarrarlos. En el suelo interior había una pequeña inclinación con un agujero que se comunicaba con una olla o caldera exterior en la que se recogía la pez.

Los trozos de pino se metían en un hoyo de estructura cilíndrica, sin salida inferior, y abierto por arriba. Se prendían con una estopa encendida y se dejaban arder tres o cuatro días para que se desprendiera la resina, sin que se quemara la madera. Para saber si la brea, o alquitrán, había pasado al estado de pez, se introducía un palo y se echaban unas gotas en un recipiente con agua fría.

Después, se apagaba el fuego y se ponía una tapadera en el pozo. Cuando se había enfriado, se separaba la materia semisólida, que una vez desecada era la pez negra. En otra sobrenadaba el llamado aceite de pez. Era un trabajo de invierno, después de haber sangrado a los pinos.

Un horno de Brea en Gran Canaria.

Horno de pez. Gran Canaria

¿Para qué se usaba?

Como era un material líquido y viscoso cuando estaba caliente, pero sólido cuando se enfriaba, se pudo usar con facilidad en diferentes oficios. Por sus excelentes cualidades se convirtió en un producto básico insustituible.

Los pastores usaban la pega negra para marcar el ganado antes y después de esquilarlo, sin hacerle daño. Con esta pez hacían emplastos para curar las llagas y las heridas de las reses. Y la utilizaron, a modo de yeso, para inmovilizarles los miembros rotos. En el siglo XIII, nos habla Alfonso X el Sabio en su libro El Lapidario de esta resina: “facen end emplastro es muy  bona pora  madurar las llagas.

Los boteros usaban la pez seca, tal y como salía de la destilación, para embetunar y tapar cortes. Los botos de grandes pellejos de machos cabríos, impermeabilizados con pez, se utilizaban para trasportar vinos y aceites. Su popularidad se debió a que se adaptaban bien a los lomos de las caballerías y no se rompían con los golpes. Si se añadía aceite, se obtenía la pez grasa, con la que se pintaban los botos de cuero por dentro.

Los zapateros hacían el cerote mezclando la pega negra con grasa. Los guarnicioneros untaban la hebra con la que cosían sus piezas de cuero para darles más consistencia.

Desde la época ibérica y romana, se impermeabilizaban los utensilios de cerámica y las embarcaciones con pez.

Las costumbres antiguas en la lengua

Estas costumbres ancestrales dejaron huellas en los nombres de lugar, en el habla coloquial y en la literatura popular. Decimos que algo es “negro como la pez”, cuando queremos resaltar que es de color negro intenso. “Pez con pez”, totalmente desocupado, vacío, por alusión a los odres de cuero cuando no tienen nada dentro.

El propio verbo pegar está relacionado con las características y tratamiento de la pez. Como también los adjetivos pecinero, que significa reñidor, y pezolaga o niño muy travieso. Y en castellano el verbo brear, de brea o pez, con el significado de maltratar, tenía mucho que ver con la antigua pena de embadurnar a los delincuentes con esta sustancia para avergonzarlos.

Abundan los refranes acerca de la pez: “Cuando el arriero da la bota, o tiene pez o está rota”, “Cuando el tabernero vende la bota, o sabe a pez o está rota”, “Quien a la pez se llega, algo se le pega”, “Quien toca la pez, tiznado sale”, “Achaques al odre que sabe a la pez”, “El sol la sal atiesta la pez reblandece”, “El dinero fácil es como la pez, si lo tocas te pringa”.

De pequeña oí muchas veces un cuento de nunca acabar: “Había un rey, que tenía tres hijas, las metió en tres botijas y las tapó con pez. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?”.

Del nombre latino al nombre de lugar. PICARUELA y PICARIZA

Del nombre culto latino, PIX-PICIS, derivó un hipotético *PICA, pez, como alteración de PICE, que en latín vulgar se convirtió en PECA>PEGA.

A su vez, PICARUELA Y PICARIZA proceden de PICA. Estos nombres hacen referencia a dos parcelas de monte en las que se había construido un pozo para hacer pez.

PICARUELA. También deriva de *PICA>PICARIA> PICARIOLA. En este caso con diminutivo afectivo. En El Frago, hace referencia a dos extensiones de monte de pino en los que se habían construido pozos para hacer pez. Picaruela Mayor y Picaruela Chica. Por la forma de nombrar, suponemos que originariamente pertenecían al mismo propietario.

El primer dueño de un “fundus”, base económica romana, le daba un nombre que posteriormente era inalterable, aunque cambiara de amo. Si fundaba dos propiedades juntas, las dos recibían el mismo nombre, con un adjetivo que las diferenciara. En El Frago también encontramos los Urietes Grandes y los Urietes Chicos.

PICARIZA. Está en Biel (Zaragoza) y hace referencia a un término cerca del pueblo en el que estaba el hoyo de fabricar la pez. Deriva del hipotético *PICARICEA, procedente también de PICARIA. Y debían ocuparse de la pez los de “casa Pecero”.

Para terminar

La obtención y el uso de la pez ha llamado la atención a los estudiosos de la cultura popular. A los habitantes de Longás, un municipio de la comarca de las Altas Cinco Villas, al otro lado de la Sierra de Santo Domingo, se les conoce con el mote de pezeros y en el pueblo está la calle Pezuelo. Se cree que había unos cincuenta hornos alrededor del pueblo, que vendían pez en todo el Pirineo. La Asociación Cultural la Chinela y Eugenio Monesma con “Los pegueros de Longás”, se han preocupado de mantener viva esta tradición. También han recuperado el arte de este oficio en Yésero (Huesca) y en Covaleda (Soria).

La del aceite de enebro fue una industria tan importante como la de la pez, con la que a veces se confunde. El Juniper, o aceite de enebro, se utilizaba en medicina tradicional para el tratamiento de enfermedades de hombres y animales. Se obtenía en unos pequeños hornos secos, sin necesidad de agua, que se colocaban sobre rocas. Estos hornos artesanales dejaron unas huellas muy características, que algunos historiadores interpretaron como petroglifos prehistóricos de carácter mágico o ritual.

Acabaré con la cita de un documento muy interesante sobre estas costumbres, recogidas en uno de los pleitos entre Biel y El Frago.

“Está tratado y capitulado que ni los de Biel ni los de El Frago, concejil ni particularmente, dentro de la partida del Estanco no puedan hacer de hoy adelante aceite de enebro, ni hornos, ni carbón, ni leña ni madera para vender fuera de dichos pueblos, ni en ellos ni en sus términos para llevarlos fuera, sino tan solo para sus propios usos y de sus casas y labores. Y para sus herrerías y para los vecinos y habitadores de dichos pueblos, exceptuado que Joan y Pedro Miana de Orés, o sus herederos, que tienen hecho su horno en Balsargas, y han gastado en el que puedan hacer tan solamente dos hornadas en dicho horno”. Capitulación hecha, en 1610, por los justicia y jurados concejos de Biel y El Frago. Testificada por F. Paian y Miguel Sánchez de Lizarazo. Fol 46v. El texto está modernizado.

Horno de aceite de enegro en Ujué, Navarra

Horno de aceite de enebro. Ujué (Navarra)

Carmen Romeo Pemán

Imagen principal. Actual pista forestal que recorre el monte de El Frago llamado Picaruela.

Pilar Lana: la primera gran empresaria aragonesa

La fábrica de corsés de Pilar Lana

En el año 2010, estaba haciendo un trabajo sobre las mujeres y la Cruz Roja cuando, por casualidad, me encontré con Pilar Lana. Entonces no sabía que iba a dedicarle parte de mis desvelos y que todavía me quedan muchas lagunas en la vida y en la obra de esta gran empresaria.

. En 1896 la Cruz Roja de Zaragoza, junto a la estación del Arrabal, fundó un Hospital de Soldados Transeúntes para atender a los soldados de Cuba y Filipinas. Una de sus financiaciones eran las tómbolas, y allí me encontré con que los donativos más importantes eran los de Pilar Lana. Supuse que era una mujer importante de la Cruz Roja, pero no. Tiré del hilo y me encontré con una gran empresaria muy generosa y muy popular.

Me sorprendió que no era la dueña de una corsetería, sino de la primera fábrica de corsés. De su casa salían más de mil corsés diarios y daba trabajo a más de doscientas obreras. Y no solo eso, ya que introdujo la máquina de vapor en Zaragoza. Al principio para hacer corsés y luego para fabricar hielo y chocolate. Con este avance tecnológico, doña Pilar se convirtió en una empresaria pionera, en un gran hito empresarial. Esta mujer emprendedora supo abrirse camino en un mundo empresarial dominado por los hombres.

El día 22 del actual ha fallecido en Zaragoza la distinguida y virtuosa señora doña Pilar Lana, fundadora y propietaria de la gran fábrica de corsés que ha venido funcionando con dicho nombre desde el año 1875, hasta la fecha. Era la difunta persona estimada por sus dotes de inteligencia y excelentes pruebas de carácter. Y mereció admiración de cuantos la conocieron y pudieron apreciar su extraordinario valimiento. La casa que lleva su nombre viene figurando, desde su fundación, a la cabeza de cuantas de su clase existen en España, merced al refinado gusto y al esfuerzo de titán realizado por doña Pilar (q.e.p.d.), orgullo de su tierra y gloria de la Industria, a la que dedicó todas sus actividades y energías. (El fomento industrial y mercantil, periódico dedicado a la defensa de la industria y el comercio, 30 de abril de 1912, p. 15).

En 1864, cuando murió su marido, Daniel Mendiri y Gan, se quedó con un niño de un año y, para salir adelante, empezó cosiendo corsés en su casa.

1. Mujer cosiendo

Anónimo. Una costurera de la época.

A los pocos años estableció un negocio que la convirtió en una de las empresarias más famosas. Así lo expresaba Francisco de Asís Pastor, el corresponsal de El Liberal de Madrid, a los dos años de su muerte.

No es posible pasar en silencio el nombre de Pilar Lana, respetabilísima heroína, que, gracias a su clara inteligencia y a su resignación ante la irreparable pérdida de su esposo, consagró todos sus desvelos y excepcional talento a demostrar de modo elocuente cómo la mujer tiene capacidad intelectual suficiente para acometer magnas empresas. (06/10/1914).

Doña Pilar Lana Sarto (Zaragoza, ¿?.Zaragoza, 1912), procedente de una familia de Pina de Ebro, era hermana de Cristóbal, agrimensor, y Mariano, ingeniero industrial, los autores del plano de Pina de Ebro, realizado en 1874.

Se casó Daniel Mendiri Gan, un famoso abogado, licenciado por la Universidad de Zaragoza en 1856. En 1858 era secretario de la Academia Jurídico-Práctica Aragonesa. En 1861 pertenecía al Comité del Partido Progresista, y figuraba en las listas electorales. Falleció el 24 de septiembre de 1864.

Daniel Mendiri y Gan

El Eco de Aragón 24 de septiembre de 1866

Tuvieron un hijo, Daniel Mendiri Lana, que desde muy joven fue un estrecho colaborador de su madre y un reconocido masón. En 1890, la Gran Logia Simbólica Española, tenía su dirección en Aragón en la calle de San Voto 8, a nombre de Daniel Mendiri Lana, un importante socio numerario. (Cfr. Hemeroteca de la BNE).

En el censo de 1910, antes de morir su madre, vivía en la calle Cinco de Marzo, dónde en ese momento funcionaba la fábrica de corsés. En 1930, Daniel Mendiri Lana murió a los 67 años, estaba casado con Adela Gascón y Marín, fallecida diez años después, y no tuvieron hijos. El domicilio del finado constaba en la calle Costa 8, donde estaba proyectada la nueva fábrica de Pilar Lana.

Los añorados corsés

A finales de la Edad Media y en el Renacimiento, los utilizaban los hombres y las mujeres adinerados para modelar sus figuras, pero con el tiempo pasaron a ser prendas exclusivamente femeninas. En el siglo XVII solo podían permitírselos las mujeres aristocráticas, que deseaban una cintura reducida, símbolo de juventud y belleza. En el siglo XVIII, después de la Revolución Francesa, se asociaron a una aristocracia en decadencia. Pero, en la Revolución Industrial, el cuerpo con cintura de avispa que lucían algunas aristócratas se convirtió de nuevo en un ideal femenino y con él volvieron los antiguos corsés rígidos, armados con varillas de hierro o de madera, o con huesos de ballena. Con la moda victoriana se buscaba moldear la cadera, la cintura y el trasero. Los nuevos métodos industriales permitieron la producción en serie, bajaron los precios y muchas mujeres de la clase media pudieron comprarse el corsé de sus sueños.

El corsé ha sido objeto de polémicas a lo largo de toda su historia. ¿Fascinación o convención social? Sus defensores lo exaltaban como el icono de la sexualidad femenina y del glamour. Pero sus detractores lo catalogaban como un instrumento de represión.

2. Corseé talla de avispa

Al margen de estas disquisiciones, fue un arma importante para cautivar y se convirtió en una prenda imprescindible en el guardarropa de las mujeres. Sólo sería sustituido, al final de la Primera Guerra Mundial, por el sujetador, una prenda más cómoda y relajada.

3. 1899. Anuncio Casi tengo miedo

“Casi tengo miedo” era el eslogan con el que habían reaccionado las mujeres al razonamiento de sus detractores: que el corsé era perjudicial para la salud, porque oprimía su cuerpo en exceso. Y que tenía un matiz pecaminoso, sobre todo aquellos de los que habían hecho gala las mujeres libertinas, los que dejaban los hombros y el escote abiertos. De eso se trataba, de vencer el miedo y aceptarlo como símbolo de feminidad y de belleza.

El “boom” de los corsés finalizó entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, cuando las mujeres que salían a trabajar buscaban unas prendas más cómodas. En esos años surgió la leyenda urbana de que los Estados Unidos habían iniciado una campaña contra los corsés para ahorrarse las 20.000 toneladas de metal que se usaban en su confección, es decir, el metal necesario para dos buques de guerra.

 

 

 

 

 

Las primeras fábricas de corsés en España

Al principio la corsetería se consideró un trabajo de mujeres. Unas los cosían en sus propias casas y los vendían en los comercios de la ciudad, y otras trataban directamente con sus clientas. Estas mujeres, cuando les iba bien el negocio, abrían talleres en los bajos de las viviendas, unas veces a su nombre y otras al de sus maridos. Si se habían quedado viudas lo corriente era que en sus negocios figuraran como “viuda de”. En este caso, Pilar Lana fue una excepción. No solo no figuró como “viuda de”, sino que a su muerte su hijo siguió con el negocio como “sucesor de Pilar Lana”.

A medida que el corsé se fue poniendo de moda, empezaron a llevarlo las mujeres de la Casa Real, ¡y hacían gala de ello! Con el ejemplo de las reinas y las infantas aumentó la demanda y muchas fábricas extranjeras se establecieron en España. De hecho, en la segunda mitad del siglo XIX, estas fábricas se habían convertido en una industria floreciente.

En 1899, en un anuncio del Eco de Navarra, apreciamos cómo había arraigado esta prenda y se había vuelto accesible, cotidiana y recatada.

4. 1874. Anuncio de corsés -FOTO

 

¿DÓNDE ESTUVIERON LAS FÁBRICAS DE PILAR LANA?

En la calle de San Voto, número 8. En 1875, fundó una fábrica que estaba llamada a tener gran éxito. Pilar Lana comenzó cosiendo en su propio domicilio, pero pronto estableció su primera fábrica en los bajos de una casa de viviendas.

En la calle Cinco de Marzo. Fue la popular y conocida fábrica. Esquina con el paseo de la Independencia, se convirtió en un centro de referencia. Las manifestaciones de los obreros se convocaban en la puerta de la fábrica de Pilar Lana. Aquí ya tenía instalada su primera fábrica de vapor horizontal.

5. Máquina de vapor horizontal

Máquina de vapor horizontal de Philip Taylor (1828).En 1901, ya había en Zaragoza siete corseterías, tres regentadas por mujeres, pero ninguna tuvo las dimensiones de la de Pilar Lana. En 1902, el periódico El Liberal de Madrid, con motivo de las Fiestas del Pilar, realizó un reportaje sobre la Zaragoza industrial en el que elogiaba la fábrica de Pilar Lana en estos términos:

Bien puede calificarse de notabilidad en su género la fábrica de corsés que, en la calle Cinco de Marzo, 2, triplicado, tiene establecida doña Pilar Lana. Fundado este establecimiento por su actual propietaria, doña Pilar Lana, y, siendo el más antiguo de España, bien puede deducirse que con las ventajas y conocimientos que ofrece una práctica en cualquier industria, unidas a la inteligencia y laboriosidad desplegadas por aquella señora y la constante aplicación de nuevos elementos del progreso, la fábrica de la señora Lana es hoy, indiscutiblemente, la primera de su clase.

La fábrica, además del personal administrativo, de almacenes y dependencias, da ocupación constante a 125 operarias, que en la actualidad confeccionan la enorme cantidad y casi increíble de 1.000 corsés diarios. Cinco viajantes de esta casa recorren continuamente la Península, teniendo además representantes directos en Madrid, Valladolid, Murcia, Bilbao, Sevilla y otros puntos importantes. El establecimiento confecciona toda clase de trabajos de su artículo, esto es, desde el simple corsé de primera postura para niño al de construcción superior, más lujosa y complicada. Sus especiales talleres, funcionando con motores eléctricos, constituyen una sorprendente instalación, en la que pueden verse y admirarse, distribuidos separadamente, los de cortado, cosido, apresto, planchado y de adornos. La fábrica se construye para sí misma las cajas de cartón para sus embalajes, dato que por sí solo daría idea de su importancia, y que, no obstante, la enorme cifra de fabricación actual que constantemente va en progresión, se halla en condiciones y es susceptible de seguir produciendo mucho más, esto es, de servir cuantos pedidos se hagan, sea cual fuere la magnitud de estos. (23/11/1902).

En el Camino de las Torres 191. En 1899 construyó una amplia fábrica de cuatro naves dispuestas en cuadrado en torno a un patio central. En esas naves instaló la fábrica de corsés, la de chocolate y la de hielo. La nueva fábrica se montó con una maquinaria más moderna. Durante unos años parece que mantuvo abiertas la del Cinco de Marzo y la del camino de las Torres. Todavía hay personas que la recuerdan como la fábrica del hielo.

En la calle Costa 8. En 1911 decidió construir una fábrica de corsés y su vivienda en la primera planta, encima de los locales, en la calle Costa, 8, pero se murió en 1912, antes de estrenar la nueva casa. En cambio su hijo vivía en Costa cuando falleció.

7. Casa de Pilar Lana-FOTO

Planos de Francisco Albiñana para la nueva vivienda y fábrica de Pilar Lana en la calle Costa 8. Después estuvo allí el edificio del diario La Voz de Aragón. Francisco Albiñana y el hijo de Pilar Lana estuvieron vinculados por la masonería.

Fama de los corsés de doña Pilar

A los pocos años de su fundación, el proyecto de Pilar Lana había alcanzado gran fama y se había convertido en una de los más importantes de España. En 1888, sus corsés estuvieron en la “Exposición Flotante Española”. En 1897, “El Gran Baratillo Catalán” de Pamplona, entre sus productos, anunciaba un gran surtido de corsés de Pilar Lana, de Zaragoza. Para esta fecha Pilar Lana ya estaba considerada como la primera de las grandes empresarias aragonesas. Y de su fábrica se ocuparon los principales periódicos nacionales. Como medio de difusión comercial utilizó tarjetas postales que se repartían por toda España.

8. Tarjeta postal

1906. Postal de Pilar Lana con fines comerciales.

En 1908 registró un nuevo tipo de corsé. “Patente 43.333. Pilar Lana. Invención. Un producto industrial consistente en corsés juntados a mano. 27 de mayo de 1908″. En 1909 registró su nombre para una empresa que ya era muy floreciente: “Registro de modelos y dibujos. 1.660. Pilar Lana”.

Pilar Lana Sarto. Esquela

Necrológica Pilar Lana

Diario de Avisos, Zaragoza, 23 de abril de 1912.

En 1913, al año siguiente de su muerte, el Heraldo de Madrid le dedicó un largo artículo.

Esta aragonesa de muy privilegiado talento supo demostrar la capacidad intelectual de la mujer para magnas empresas encumbradoras del buen nombre y progreso de su ciudad natal. Es la fábrica más antigua y de mayor producción de corsés en España. Trabajan las obreras y operarios en inmejorables condiciones, en pabellones amplios, con luz espléndida y disponiendo de la más perfecta y moderna maquinaria. Casa es la de Pilar Lana que hubiera ganado seguramente todos los certámenes de las más altas recompensas, pero enemiga de triunfos oficiales, prescinde siempre de presentarse a esas Exposiciones y sólo figuró en la Hispano Francesa de 1908. (12/10/1913).

Ese mismo año, con motivo de las fiestas de El Pilar, el ABC (14/12/1913) sacó un artículo en el que no escatimaba adjetivos para elogiar a la añorada Pilar Lana, a la que llegaba a calificar de “heroína”. Y, en 1914, El Liberal de Madrid, (06/10/1914), volvía a ocuparse de unos corsés a los que había dado fama internacional Pilar Lana.

Fábrica de chocolates y de hielo

Al poco tiempo de haber establecido su fábrica de corsés en la calle de San Voto, aumentó su negocio con una fábrica de chocolates, que en 1895 ya era famosa en toda España.

9. Fábrica de chocolates

En 1899, cuando se trasladó al Camino de las Torres, también fabricaba hielo y lo facilitaba a los hospitales, a las casas de socorro y a la beneficencia domiciliaria.

En 1900, según se desprende de los anuncios de El Imparcial, puso a la venta la maquinaria de hacer chocolate y hielo y se dedicó solo a los corsés. En 1924, su fábrica de hielo se había convertido en S.A. Damm, una empresa de cervezas

Maquinaria para chocolates. Está en venta toda la procedente de una gran fábrica, moderna y en inmejorables condiciones de conservación. Se venderá barata. Dirigirse a Pilar Lana, Camino de las Torres, 191, Zaragoza.

Para terminar

Los

Los corsés una prenda muy codiciada, al alcance de pocas mujeres, gracias al trabajo empresarial de Pilar Lana, se pusieron al alcance de las mujeres burguesas y las de la clase media. Esta sagaz empresaria, captó bien los gustos burgueses emergentes y aprovechó el momento en que el negocio de los corsés estaba en expansión para montar un gran emporio de corsetería en Zaragoza.

Además de dar trabajo a un buen número de mujeres, colaboró con sus corsés en una gran tómbola que la Cruz Roja organizó en Zaragoza para ayudar al Sanatorio de Transeúntes. Así, además de encauzar sus sentimientos solidarios, dio a conocer sus productos entre las mujeres que participaban en la organización de la tómbola. A esa tómbola acudieron sus propias obreras, con la ilusión de conseguir un corsé por el precio de un solo boleto.

10. La Caridad-Zaragoza-Cabecera

Cabecera de la revista de Cruz Roja de Zaragoza.

Burguete. Tío de Pilar Lana

Heraldo de Aragón, 15 de mayo de 1897.

Pilar Lana fue una mujer moderna e independiente. Puso la fábrica a su nombre y nunca figuró como “viuda de”, como era habitual en su época, porque quiso darse a conocer a través de su propia obra y ocupar un espacio propio como empresaria.

Carmen Romeo Pemán

En el camino de los Urietes

De la tradición oral de las Altas Cinco Villas.

Esta historia, que bajaba desde el nacimiento del Arba en la Sierra de Santo Domingo, se quedó enzarzada en Las Cheblas, justo en la mitad del camino entre Biel y El Frago.

Don Bartolomé Palacio llevaba más de veinte años de juez en Las Cheblas, en la ribera del Arba de Biel. Como vivía solo en el último caserón al final del pueblo, abría las ventanas antes de salir el sol y las cerraba cuando acababa de preparar el morral. Después salía a ver si cazaba alguna pieza, se iba a beber agua hasta la fuente de los Urietes y bajaba canturreando por la ladera. Luego se daba una cabezada junto al hogar, se acercaba al bar a echar la partida y a enterarse de si se preparaba alguna batida por los altos de San Esteban.

Cuando murió Miguel Lubreco decidió no volver a cazar. Hasta tal punto lo sintió que se vendió la escopeta y el perro para evitar la tentación. Pero, como estaba  desprotegido sin un arma en casa, pronto se compró otra escopeta. Durante muchos meses se mantuvo en la decisión de no salir al monte.

Sin embargo, desde hacía un par de semanas, don Bartolomé, uno de los mejores tiradores de la redolada, había vuelto a la caza de la pluma y del conejo. Retomó la costumbre de levantarse temprano. Se echaba al hombro la escopeta que se había comprado y tomaba el camino de los Urietes, el que llevaba de El Frago a Orés. Esa era una buena zona, pero las matas formaban una red tan tupida que hacía falta un perro para sacar a las perdices de sus refugios.

—¡Qué fastidio! Noto que cada día me va menguando la vista. Me voy a tener que dedicar a los cepos. Ya me las arreglaré para que nadie los vea —se decía, mientras aspiraba con fuerza el aroma del romero y del tomillo, porque sabía que estaban prohibidos.

En realidad salía al monte para no pensar en el solimán que lo carcomía por dentro. Y todo por culpa de aquella muerte que quiso ocultar para mantener el prestigio y el puesto. Desde ese día dejó de ir a jugar al guiñote.

—Le juro, padre, que no conozco los hechos ni a nadie que haya participado en ellos —le decía al cura en secreto de confesión.

Pero de todos era sabido que don Bartolomé iba en aquella partida de caza. Hasta se comentaba que era él el que había disparado al pobre Miguel. Por eso, cuando se enteró de que iba en lenguas por los corrillos, también dejó de ir a confesarse y se encerró en casa.

—Así me lo pagan, hablando todos a mis espaldas. Ni se acuerdan ya de que se libraron de la cárcel porque hice la vista gorda con los robos del trigo, que si no… ¡Ingratos! ¡Que son unos ingratos! Eso es lo que son —se repetía subiendo y bajando las escaleras del gran caserón.

Desde que volvió a la pluma, salía por la puerta trasera, la que daba al camino de los Urietes, y, al llegar al cruce con el alcorce del cementerio, se encontraba con un perro que andaba olisqueando rastros. Cuando veía a don Bartolomé levantaba las orejas, se acercaba despacio, olía la escopeta y se quedaba de muestra.

A continuación subían juntos hasta el cerro de encima del cementerio y se quedaban ensimismados mirando el valle, que parecía un lienzo de esos que pintaban los modernistas. Los trigos contrastaban con la esparceta y las amapolas teñían los campos de un rojo sanguinolento.

Cuando don Bartolomé se levantaba para otear el horizonte, el perro movía la cola y correteaba hasta que hacía saltar alguna pieza. Con alguna perdiz o algún conejo en el morral, bajaban la cuesta. Pero, antes de llegar al cruce del cementerio, el perro desaparecía entre las aliagas.

Un día don Bartolomé lo siguió. Lo vio salir del matorral, saltar la tapia y desaparecer entre las tumbas. Entonces abrió el portón de hierro y se lo encontró en un camastro de  hojas secas, encima de la losa de Miguel.

En ese momento cayó en la cuenta. Ya había pasado más de un año desde que unos cazadores furtivos mataron a Miguel en la puerta de la paridera, cuando salía a darse vuelta por el ganado. Era una oscura noche de luna nueva. Lo confundieron con un jabalí y le dispararon con postas. Lo recogieron otros pastores y lo bajaron a enterrar junto a su madre. Como no querían líos con la justicia, le entregaron todas sus pertenencias a un vendedor ambulante, pero no pudieron dar con el perro.

Cuando vio al perro encima de la fosa, don Bartolomé volvió la cabeza a la escopeta. La iniciales de la culata, M.L., parecían burlarse de él. Había tenido la suerte de encontrar la escopeta de Miguel en la feria de Ayerbe, pero quedaba el condenado perro, que andaba suelto.

—Ahora este cabrón va a ser el único testigo. Si el cura o los del pueblo descubren que voy a cazar con el perro de Miguel pensarán que me lo quedé para borrar las pruebas —se decía a sí mismo, mientras cerraba la puerta del cementerio.

Sin pensarlo dos veces, llamó al perro con un silbido y subieron al altozano. Mientras don Bartolomé avistaba los campos verdes y amarillos, el perro se sentó sobre sus patas traseras esperando alguna señal. Entonces desenfundó la escopeta y no erró. Un ruido sordo resonó en todo el valle. La volvió a enfundar, metió el cadáver en un saco y lo enterró con su amo.

Al día siguiente, se levantó temprano y volvió al camino de los Urietes. En el morral llevaba sogas y soguetas para plantar cepos entre las matas de romero y de tomillo.

Carmen Romeo Pemán

Inma Martín-2

Dibujos de Inmaculada Martín Catalán (Teruel, 1949). Profesora, escultora, dibujante y pintora. Comenzó su preparación inicial en Zaragoza, con Alejandro Cañada. Estudió Bellas Artes en Barcelona y Madrid, donde se licención en la especialidad de Escultura.

Además de su reconocida carrera artística, es una experta en carteles y trabaja con varios grupos de dibujo: Urban Sketchers, Flickr, Group Portraits in your art, Group with Experience.

Inmaculada, con las ilustraciones de mis relatos aragoneses, ya se ha convertido en un activo importante en Letras desde Mocade.

 

A PABLO GÓMEZ SORIA POR SU “NAVÍO EN AGUAS TURBIAS»

Hoy os traigo un nuevo poemario de Pablo Gómez Soria. Pero, antes de comenzar a hablar del libro, quiero confesaros que me embarga una gran emoción, la misma que sentiría si estuviera hablando del libro de uno de mis hijos. Fui compañera de estudios de Luis Gómez Egido y he trabajado treinta años con él y con su mujer, Francisca Soria Andreu, los padres de Pablo, en el Departamento de Lengua del Instituto Goya de Zaragoza. Así que de Pablo lo sabía todo, menos que escribía poemas.

Si su primer libro, Antiguo sol naciente, presentado en mayo de 2010, fue una revelación, Navío en aguas turbias consolida aquella voz en una nueva dirección. Se trata de un libro muy bien escrito y de altos vuelos literarios.

Cuando acabé la primera lectura, me quedé buscando una frase que reflejara el sentido de estos poemas. Como un fogonazo me vino esta: “Pablo escribe una poesía reflexiva sobre el sentido trascendente de la vida. Y se pasea por el camino de la trascendencia mirando a las orillas”.

En unos poemas veo un yo poético objetivado y, en otros, el trasunto de la personalidad de Pablo. Por eso mi discurso es oscilante. Unas veces hablo del yo poético y otras de Pablo. En esencia es uno y lo mismo, pero él los ha querido distanciar y separar. El yo objetivado es el portavoz de las verdades eternas y el de Pablo nos acerca a sus vivencias íntimas.

Navío en aguas turbias

  •  Lo que yo porto dentro de mí…
  • Es un navío en aguas negras.

Desde el título mismo, y desde los primeros versos, me vi asaltada por los ritmos de los antiguos griegos. Entonces pensé que Constantino Kavafis, uno de los mayores poetas de la poesía griega moderna, no podía andar muy lejos. Y a ninguno se nos escapa la imagen de Ulises volviendo a Ítaca.

En este título significativo, que brota del corazón mismo del libro, ya apreciamos una falta de artículos que apunta hacia la esencia misma de las cosas. Estas cosas que tienen alma y que son el reflejo de la conciencia del yo poético

  • Allí donde fui…
  • no encontré alma en las cosas.

En un libro, que yo calificaría de intimista, sorprende que las reflexiones más profundas estén objetivadas, es decir, contadas con la tercera persona verbal. Este es un signo evidente de la modernidad de esta poesía

La vida bajo el escudo

Después de recorrer los diecisiete poemas del libro, se cierra el círculo con el poema de la contraportada. El navío, al abrigo, espera la eternidad en el más puro sentido juanramoniano:

  • Bajen sin tardar los soles rojos
  • un tiempo parado regrese.

El lector se siente reconfortado cuando todo el pesimismo del vivir se resuelve en esperanza. Pablo se siente alejado de la tempestad y arrullado por ese escudo que es protección y abrigo, como cuando Fray Luis de León se aleja del mundanal ruido.

Estructura general del libro

Este libro, como los de los clásicos, está dividido en tres partes. Y la armonía de las tres se refleja en el número de poemas que las integran: siete, cinco y cinco. Un estructura metafórica y rítmica que luego se expande en los ritmos de los versos. Sigue el patrón del teclado de un piano: siete teclas blancas entre las que se intercalan las cinco negras. Y los ritmos poéticos están afinados por quintas, como concibió Pitágoras su sistema musical.

Las tres partes van incorporando los grandes temas, a la vez que integran los poemas en un todo armónico. Todo está pensado y medido, como lo estaba la prosa de Fray Luis de León. Ni una palabra, ni un hipérbaton, ni la longitud de los poemas están puestos al azar.

  1. Pérdida de la juventud

  • Llegó sin esperarlo que un día,
  • esto si lo pude ver,
  • me fallaron los miembros del cuerpo
  • y la alegría que se fue.

En la primera parte reescribe el tópico que había cantado Rubén Darío en Prosas profanas:

  • Juventud divino tesoro
  • que te vas para no volver.

Pero si la de Rubén fue una juventud no vivida, la de Pablo se vivió con plenitud, de forma intensa y reflexiva. Y el poema, que da el título a esta parte, se resuelve como una vivencia en la que se compaginan el vitalismo de la juventud con la reflexión íntima.

  • Nos imponíamos metas
  • cuanto más difíciles más hermosas.
  • Colectar pasiones
  • conquistar nuevos campos.
  • Y por encima de todas las cosas.
  • Las chicas que yo vi
  • las chicas que yo besé.
  1. Muerte de la poesía

  • ¿Cuál mano osó
  • tal matricidio?

A esta segunda parte, yo la llamaría una defensa de la razón poética.

  • Romanticismo (que se nos va, que se nos ha ido…)
  • Clasicismo (del cual evoluciona el Romanticismo…)

Es bastante corriente oír en muchos foros que el nuevo utilitarismo no nos deja tiempo para la lectura de la lírica y que está cerca la muerte de la poesía. Pero Pablo desmonta el tópico y le da un nuevo sentido.

Como Luis García Montero, otros poetas jóvenes nos plantea que, si muere la poesía, con ella desaparecerá algo más que un género literario. Se perderá la expresión de los valores esenciales de la condición humana.

  1. El club

  • Cada noche recordarás la casa de paneles de madera
  • en la que, en nuestras veladas, solíamos
  • escuchar las palabras de los autores muertos.

El título de esta parte nos trae a la memoria la película El club de los poetas muertos. ¡Pero,j no! Estos poemas van más allá. En estas poesías descubrimos que Pablo siempre estuvo alerta y dispuesto a aprender de todo. Especialmente de las lecturas y de los poetas del pasado. Aprendió a hablar con ellos en la biblioteca familiar. Y así lo confiesa en uno de los poemas más bellos del libro.

  • Sobre el solar de la estirpe familiar.
  • en la casa donde no faltó el afecto,
  • huérfano de allí a poco,
  • ejercieron mi tutela los libros.

Relacionado con la muerte de la poesía, está el empobrecimiento del lenguaje, que nos llega de la mano de la pérdida de las ilusiones colectivas. Si sabemos leer entre líneas, veremos que hay constantes guiños escondidos entre la oralidad.

Precisamente, de esa necesidad de entendimiento nace el espacio de la poesía. Y con él el enriquecimiento del lenguaje. Y las palabras cultas, cultísimas, que asoman entre la cotidianidad, que nos remiten a la profundidad del poema. Así, Parvos, con el significado de pequeños, escasos. Esculcar, examinar con detenimiento el interior de alguna cosa para descubrir lo que hay. O lidohelada, un neologismo descriptivo.

Debajo de la reivindicación ecologista del poema dedicado al avetoro, nuestra garza más esquiva y discreta, late aquella otra garza de amor, hoy también extinta, que tantos poemas inspiró a los poetas lásicos, especialmente a San Juan de la Cruz.

Con esta renovación del lenguaje y con la reescritura de los mitos clásicos, nos lleva a un nuevo entendimiento entre los hombres y nos ayuda a descubrir que somos dueños de nuestro mundo interior.

  • El río de la muerte,
  • cuyas aguas verde oscuro,
  • trasparentes, estremecen (…)
  • Bebí en él,
  • no me mató,
  • por ser el flujo de la vida.

Renovación de los metros y del lenguaje poético

A su deseo de renovación del lenguaje poético contribuye una métrica nueva. Los versos blancos amparan su ritmo en las estructuras sintácticas y en los elementos léxicos. Y amparan también a la estructura misma de muchos poemas que, siguiendo los patrones de la retórica clásica, están concebidos en partes binarias o ternarias.

Los versos blancos y la ausencia de rima se ven compensados por procedimientos rítmicos, más potentes y más modernos.

  • Dichosos sean los tiempos
  • en los que buscamos tiempos felices,

En esa misma línea utiliza abundantes encabalgamientos al servicio del significado y del ritmo. Y la sintaxis se rompe para conformar nuevas líneas poéticas. Como en el siguiente ejemplo, donde el encabalgamiento viene reforzado por una enumeración ternaria.

  • Tal vez el vino,
  • el pan y la carne

Todo esto viene acompañado con una acertada selección del vocabulario. En medio de un decir casi cotidiano, porque Pablo valora la belleza de las cosas simples, saltan los neologismos y las palabras cultas que dan sentido a todo el poema. Esas palabras repartidas como al azar por las distintas páginas del libro se quedan como pegadas en la mente del lector. Entre todas forman un coro que es la seña de identidad de la poesía de Pablo Gómez.

Y llega a una comunicación profunda con una poesía dialógica, en el más puro sentido bajtiniano. En sus versos oímos los ecos de los griegos, los clásicos y los modernos. Catulo dialoga con Kafafis, Walt Whitman, Juan Ramón Jiménez, Aleixandre, Cernuda, Gil de Biedma. Y no sigo porque su cultura es tan amplia que nos haría la lista interminable.

Para terminar

Haciendo míos los consejos de Walt Whitman, Pablo, te digo que no te detengas. ¡Sigue! Aprende de los poetas que nos precedieron, pero no olvides que la sociedad de hoy la formáis los poetas actuales. Aunque el viento sople en contra, tu poderoso navío tiene que continuar. No dejes nunca de soñar y de compartir tus sueños con nosotros. No dejes de creer que las palabras y las poesías sí que pueden cambiar el mundo.

Fin del texto de Carmen Romeo Pemán

En la presentación me acompañó mi amiga Gloria Cartagena Sánchez, cuyas palabras os dejo a continuación.

2, Gloria hablando

Nos reunimos aquí con motivo de la publicación del segundo poemario  de Pablo Gómez Soria.

Pablo nació el 14 de noviembre de 1974 en Zaragoza. En esta Universidad cursó la carrera de Derecho y la completó en la Universidad de Saarbrücken (Alemania). En el año 2000 terminó el Master de Derecho de Comercio Internacional en la Universidad de Essex (Reino Unido). Desempeñó durante seis años en Inglaterra su labor profesional. En 2006 regresó a España, donde ha seguido desarrollando tareas ejecutivas en el mundo del comercio internacional. Pablo es un hombre muy culto, políglota, gran lector y  poeta. Publicó sus primeros poemas en la revista Eclipse de la Facultad de Filosofía y Letras.

En el año 2010 tuve la satisfacción de presentar su primer libro Antiguo sol naciente, un conjunto de dieciséis poemas de diferente extensión, con un tono hondamente lírico. De ritmo cadencioso y solemne, con un léxico elaborado y culto, con ecos del español clásico. Los aspectos temáticos eran el tiempo, el sentimiento amoroso y, como fondo, la Naturaleza, gozosamente vivida y percibida con la nota dominante de la belleza y la luz del sol en la línea del mejor Juan Ramón Jiménez.

Hoy traemos aquí Navío en aguas turbias, segundo libro de poemas de Pablo. Ha sido editado por la editorial Dauro que apuesta por escritores noveles, en una edición muy cuidada, con ilustración de Manuel Francisco Sánchez, pintor granadino que ha sabido llevar a la imagen de la cubierta el título del poemario.

La cubierta ilustra el título formando un todo muy inquietante. Las aguas son más que turbias, siniestras. Y el navío es un barco insólito y funerario, negro con toques sanguinolentos. El extraño velamen verde con tonos rojos no se explica por el cielo que es casi tan gris y cerrado como el agua. Solo asoma un atisbo de luz, blanco y frio de macabro tono óseo. Recuerda el lúgubre verde del  estribillo del “Romance sonámbulo” de Federico García Lorca, Verde que te quiero verde/ Verde viento. Verdes ramas, autor granadino como la editorial y el ilustrador. En este poema, como en otros de García Lorca,  el verde deja de estar asociado con la esperanza para ofrecer sugerencias dramáticas.

Va a presentar el poemario mi buena amiga Carmen Romeo Pemán, catedrática de Lengua y Literatura y escritora, que ha vivido con pasión la literatura y el deseo de enseñarla. Carmen, hija de maestros, es autora del libro De las escuelas de El Frago, publicado en 2014. Es una gran defensora de los derechos de las mujeres y pertenece a la Liga Internacional de Mujeres  por la Paz y la Libertad. Como estudiosa, ha analizado la obra de Ángeles de Irisarri, la de Sor Juana Inés de la Cruz y la de María Zambrano. Es autora de La Zaragoza de las mujeres (2010), libro sobre las ausencias y las presencias de las mujeres en el callejero de esta ciudad. Como se puede apreciar el libro de Pablo no puede tener mejor madrina.

Gloria Cartagena Sánchez

3. Pablo hablando. 1

Pablo Gómez cerró el acto leyendo el poema MUERTE DE LA POESÍA.

  • Zarpé, como cada año
  • por el mar fui,
  • a la tierra donde tenía lugar
  • mi anual homenaje.
  • No hallé restos del altar producido por mis manos,
  • pareciera
  • que alguien había destruido mi construcción,
  • continuación de fructuosos legados.
  • Deberé escuchar
  • ver qué ha ocurrido,
  • no acierto a entender…
  • Siendo yo muchacho,
  • inocente e inquieto,
  • me guiaba el corazón.
  • Ella me sopló en los oídos,
  • la Poesía me tocó.
  • De repente múdase el aire
  • algo rompe el día
  • las aves escapan
  • los animales huyen.
  • Aparece corriente
  • la Poesía,
  • sus cabellos adquieren la tonalidad de la estación,
  • los ojos siguen el mismo curso,
  • en su túnica liviana
  • van embrocadas las flores,
  • saliente corro a su encuentro.
  • Falla,
  • la sustento, advierto
  • la sangre del costado fluir,
  • daga o puñal clavados.
  • ¿Cuál mano osó
  • tal matricidio?

4. Entrando al acto. 1

A continuación, os dejo unas fotografías de los numerosos amigos que acudieron a la presentación. Entre ellos reconoceréis caras de profesores y alumnos del Instituto Goya de Zaragoza.

5. Público. 16. Público. 2

7. Publico3

Pablo Gómez Soria, Navío en aguas turbias. Editorial Dauro, Granada, 2017.

Invitación a la presentación

Carmen Romeo Pemán

Aquel día parecía una novia

De la serie, las fragolinas de mis ayeres.

Antonia y yo pasamos juntas nuestra juventud, de pastoras en las Guarnabas de Monte Agüero. Una tarde, mientras estábamos sentadas en una peña haciendo peduque, le dije que había oído que sus padres la pensaban prometer al viudo de casa Fontabanas.

A partir de entonces, nos afanamos en coser un ajuar que yo le guardaba escondido en un arca de mi casa. Y todo porque eran muchas hermanas y su padre no pensaba mermar la hacienda con eso de las dotes. Que eso era sabido en todo el lugar.

—A las hembras ya les basta con la honra de un apellido hidalgo —gritaba el padre de Antonia por las noches en la cantina.

Ella se las apañaba para que yo le comprara las agujas, las telas y los hilos en los vendedores ambulantes que llegaban, de vez en cuando, con grandes carromatos llenos de ultramarinos. Después me las pagaba con algún cordero que vendía a los pastores de Agüero o de San Felices. Y es que, a Antonia le resultaba más fácil decir que había malparido una oveja que comprar telas en la plaza.

El día que supo que se tenía que casar con el viudo de Fontabanas, me confesó que no quería que le vieran el ajuar las dos hijas casaderas que vivían con él.

—Nicolasa, sigue guardándome el ajuar. Si algún día lo necesito, te lo pediré —me dijo. Pero nunca más me lo volvió a nombrar.

En el pueblo se corrió que, desde que la casaron, todos los santos días iba a casa de su madre a echarle en cara que la había hecho una desgraciada con ese matrimonio.

—Es un verdadero jabalí. Sus gruñidos no me dejan pegar ojo en toda la noche. En los carasoles saben que no necesita navaja para ir al monte y que con su único colmillo sangra hasta las talegas de trigo —gritaba delante de la ventana para que la oyeran los que pasaban por la calle.

Antonia se murió de un mal aire a los sesenta años, cuando llevaba casi treinta de viuda, que esa cuenta siempre la llevó bien. Que su marido falleció el día que le dijo que estaba preñada.

Cuando se murió le puse la camisa que habíamos bordado para su noche de bodas y la envolví en una de sus mejores sábanas de lino. Después la miré varias veces y la encontré muy guapa. No tenía canas ni arrugas. Parecía una novia.

La plaza desde casa Sorolla

Plaza de El Frago

Con este nuevo relato de las fragolinas de mis ayeres, quiero dar voz a todas nuestras abuelas, Antonias, Valeras, Petras,  Dominicas, Nicolasas…, que sufrieron en silencio unos matrimonios impuestos. Nosotros no lo entendemos, pero fue la historia de muchas de nuestras familias hasta hace menos de un siglo.

En especial se lo dedico a mi abuela Antonia, que la enterraron el Día de la Candelaria y la amortajaron con su traje de novia.

Recordatorio Antonia_2-Recortado

Carmen Romeo Pemán

 

 

 

La artillera. La lucha de España por la libertad

Homenaje a las heroínas de los Sitios de Zaragoza

De mi baúl de lecturas

Hoy os traigo mi primera entrega sobre una novela de Ángeles de Irisarri (Zaragoza, 1947), mi amiga y compañera de pupitre. En un futuro vendrán más.

Sus novelas históricas cuentan los orígenes de varios reinos: del de Aragón, en El estrellero de San Juan de la Peña, del de Navarra en Toda reina de Navarra, y del Condado de Cataluña en Ermessenda condesa de Barcelona. Su gusto por el arte de contar y el rigor de su documentación, muy propio de una buena medievalista, son la clave de sus éxitos. Y los lectores nos regocijamos con su mirada irónica, que nos ayuda  a reinterpretar la historia en clave de humor. Nunca olvidaremos la huelga de hambre de la Condesa de Barcelona metida en un baúl ni a la reina Toda viajando hasta Andalucía con su nieto Sancho el Gordo para que los médicos árabes lo sometieran a una purga de adelgazamiento.

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La primera vez que leí La artillera lo hice de un tirón. No podía dejarla. Y cuando la acabé dije: “¡Impresionante!”

¿De qué trata la novela?

De los días previos al Primer Asedio de Zaragoza, del Primer Sitio, de los meses siguientes y del Segundo Sitio. De la vida zaragozana bajo el mando francés, de la salida de los franceses y de la visita del rey. Y, para terminar, de las últimas noticias de la vida de Agustina de Aragón, hasta su muerte en Ceuta a los 71 años. Trata, pues, de unos hechos históricos muy conocidos. Así que, desde el punto de vista del contenido, el lector espera pocas sorpresas. Por ese motivo, me acerqué a esta novela con cierto recelo. Pero, al comenzar a leer, al romper el silencio narrativo, me di cuenta de que estaba equivocada. Que el asunto es conocido, pero el enfoque resulta muy novedoso.

Los sucesos históricos se cuentan a través de las vidas cotidianas y de las vivencias de diez mujeres, las diez protagonistas: siete históricas y tres inventadas.

Las históricas son cinco mujeres del pueblo: Agustina Zaragoza, conocida como Agustina de Aragón y como la Artillera, María Agustín, María Lostal, Casta Álvarez y Manuela Sancho. Una dama, la condesa de Bureta y una monja, la madre Rafols.

Las inventadas son Matilda López y Marica, dos prostitutas del Rabal, y Quimeta, una hermana que la autora le ha regalado Agustina. Quimeta y Agustina viven juntas, porque sus maridos están luchando en Cataluña. Y así, a través de su estrecha convivencia y de sus permanentes diálogos, llegamos a conocer mejor la vida cotidiana, las estrecheces y los pensamientos de Agustina de Aragón.

En el primer capítulo se juntan estas diez mujeres en la plaza del Mercado. Agustina, Quimeta, las dos Marías, Casta, Manuela y las dos prostitutas están tomando un refresco en el puesto de la tía Paca, justo debajo del balcón de la condesa de Bureta. Y arriba, en el balcón, están la condesa de Bureta y la madre Rafols. Y las diez oyen el bando de declaración de guerra contra los franceses.

Desde las primeras líneas el lector se queda sorprendido cuando ve que Agustina se dirige con prisa al mercado a comprar una mata de borraja para añadirla a la olla que había dejado hirviendo. O cuando Casta Álvarez recorre los tenderetes en busca del mejor precio para el tocino y dos morcillas de arroz con piñones.

La sorpresa procede del enfoque, del nuevo punto de vista y de los detalles cotidianos, que disuelven el sentimiento heroico. En los momentos previos a un gran bombardeo, Casta Álvarez, que cunde por todos los lados, se sube a las murallas y a continuación se va a poner el puchero para la cena y a dar un limpión a la casa.

Y todo sucede así porque no es un libro de historia, porque es una novela en la que se crea, y se recrea, un mundo de ficción a partir de datos de la realidad.

Una novela realista de corte decimonónico

El género histórico se mezcla con las características de las novelas realistas del siglo XIX. Y la clave para esta interpretación la tenemos al final. Porque la novela de Ángeles de Irisarri es una continuación de la que ha escrito Carlota Cobo, la hija de Agustina de Aragón.

La autora, para recrearse y para recrear el siglo XIX, elige un género de la época. Y sigue el modelo de Cecilia Böhl de Faber, conocida como “Fernán Caballero”, una escritora que escribe sobre mujeres.

De la novela del XIX hereda el método de observación, la rigurosa documentación, la tesis, la estructura general, el cierre de los capítulos, los elementos de suspense y una narradora omnisciente que conoce y opina sobre la historia que está escribiendo. Antes de comenzar la novela, cuando leemos el título completo, “La artillera. La lucha de España por la libertad”, ya adivinamos que la segunda parte del título es la tesis.

Al final, el coro de mujeres de la fuente del Portillo va recapitulando y atando todos los cabos que han ido quedando sueltos. Y todo se cierra, menos la vida de Agustina, porque ha sido la heroína por antonomasia y ella, la Artillera, la primera mujer que entró en el ejército, va a ser el símbolo de la lucha de los aragoneses por la libertad.

El mensaje central de la novela está en el último capítulo, en un vivo y entrecortado diálogo entre Agustina y su hija. Así, al poner el mensaje central, la tesis, en boca de una Agustina cansada y enferma, de una Agustina a la que le falla la memoria, pierde el tono asertivo de las tesis de las novelas del siglo XIX.  “La palabra rendición no entraba en nuestro vocabulario. Allí fue vencer o morir…Para no ser esclavos, para ser libres”.

Una novela moderna de protagonista colectivo

Poco a poco se van incorporando grupos de mujeres que funcionan como los coros de las tragedias griegas. Las costureras de la fuente del Portillo se enteran de todo, porque se pasan el día parloteando y escuchando a las mujeres que se acercan al corro a decirles tal o a contarles cual.

Las comadres lenguaraces del ropero de San Miguel salen a coser a la puerta Quemada para enterarse de los sucesos y comentarios que circulan por la ciudad. Y hacen lo mismo las del lavadero de la acequia del Portillo, las del salón de la condesa de Bureta y las de la tertulia de Josefa Amar y Borbón.

Así, la verdad colectiva se va formando con la suma de las verdades individuales. Por eso son tan importantes los personajes secundarios que pueblan la novela.

Un discurso testimonial

En sus páginas oímos hablar a las protagonistas, y así tiene que ser, porque eran analfabetas. A Agustina de Aragón le enseña a leer doña Josefa Amar, y cuando la viuda María Lostal quiere volver a abrir la tienda de vinos tiene que ir a que la condesa de Bureta le lea las facturas, porque no sabe quiénes eran los suministradores de su marido.

El humor y la comicidad

En esta obra, como en todas las de la autora, se hace  una afirmación del valor y del sentido práctico de las mujeres. Una afirmación que brota de una pluma que es capaz de ironizar y de reírse hasta de su sombra. El lector, entre las pilas de muertos y el olor a cadaverina, se ríe cuando Casta Álvarez, cocinera del Hospital, descubre que las lentejas están agusanadas. “Que no se trataba de un gusano ni de dos, que había más gusanos que lentejas, que los bichos no flotaban en el guiso y que las cocineras no podían quitarlos con la rasera. Entonces, la madre Rafols decide hervirlas hasta convertirlas en una pasta.

Sonreímos complacidos cuando la condesa de Bureta saca los tomos de la Enciclopedia Francesa para construir barricadas. O cuando María Agustín no puede hacer los encargos de costurera ni salir a recibir a Palafox porque le ha venido la regla y se tiene que quedar siete días en casa.

Y cuando Casta Álvarez le dice a María Lostal que su hijo se llama Pablos, y no Pablo, porque cunde por tres, nos damos cuenta de que ese Pablos es un personaje con resonancias del Buscón de Quevedo.

Otras veces, el efecto cómico brota de las exageraciones que disuelven la tragedia. En medio de una ciudad destruida y llena de cadáveres, un grupo de mujeres se lía a navajazos por beberse las lágrimas que la Virgen derramaba. Y el día que se firmó la capitulación de Zaragoza, hubo colas de soldados en el burdel del Rabal porque se temían lo peor.

Para terminar

Está muy bien conseguida la personalidad de las diez protagonistas. Cuando cerramos el libro, sigue resonando en nuestros oídos el susurro de la condesa de Bureta, porque la habían educado para que nunca hablara alto. La voz de mando de la madre Rafols. Las risas y los jolgorios de las dos prostitutas del Rabal. Las alucinaciones de Manuela Sancho, que escucha las voces de los muertos en su interior. Los gritos de Casta Álvarez, cuando distribuye la comida a los soldados y cuando llama a una nueva insurrección porque no acepta la capitulación de la ciudad. La voz lastimera de María Lostal, siempre rodeada de sus tres hijos. Y el tono bondadoso y tierno de María Agustín.

En el fondo, estas heroínas tan bien caracterizadas son el trasunto de la importancia que tuvieron las mujeres zaragozanas en la defensa de la ciudad cuando la sitiaron las tropas francesas.

Carmen Romeo Pemán

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María Ángeles de Irisarre, La artillera. La lucha de España por la libertad. Editorial Suma de Letras, Madrid.

Artillera. Presentación-3

Esteban y Orosia

De la tradición oral de las Altas Cinco Villas.

Las corrientes de los ríos están llenas de historias. Un día que estaba jugando con los ruejos del Arba, me encontré esta que bajaba de Biel.

Aquella mañana, llegué a la escuela antes que la maestra. Había venido corriendo, y eso que nuestra casa estaba lejos, detrás del cerro. Sentía como si el corazón se me fuera a salir de su sitio.

—Buenos días, Orosia. —Doña Pascuala me acarició la cabeza–. Toma, guárdame estos libros un momento.

—Bue… buenos días, tenga usted. —No sabía si me había oído. No me salían las palabras por culpa del nudo de la garganta.

Me senté en una mesa, justo detrás de donde se solía poner Esteban. Desde allí podría hablarle al oído cuando entrara, antes de que doña Pascuala comenzara a pedir los deberes.

Esteban llegó tarde. Iba un poco desgreñado, como si no le hubiera dado tiempo a lavarse. Me pareció que tenía cara de haber dormido mal.

—Mis padres se han enterado de lo nuestro y se han puesto como dos basiliscos —le dije de corrido, a la vez que me echaba la melena por la cara para que nadie me viera hablar.

—¡Chist!; ¡chiss!; ¡chsss! Hablaremos en el recreo. —Me apretó la mano por debajo del pupitre—.Y no te preocupes, que ya los convenceremos.

—Pues me parece que no vas a tener razón. Mira que he tenido que saltar por la ventana. Me habían cerrado la puerta para que no viniera a la escuela —y continué con un susurro casi inaudible—. Verás como en cualquier momento se presenta mi padre.

—Pues esta vez no será como las otras. Si hace falta, diré delante de todos que estás preñada.

En ese momento se abrió la puerta. Sólo vi los ojos de mi padre y cómo doña Pascuala lo cogía del brazo y lo sacaba al pasillo. Al poco rato entró ella sola, se acercó a mi mesa y me dijo:

—Recoge tus libros. Te voy a poner deberes para que los hagas en casa. ¡Ojala puedas volver pronto! Te esperaremos.

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—Antonio, no me ha hecho ninguna gracia que hayas ido a buscar a Orosia a la escuela —gritó mi madre cuando nos vio aparecer por el recodo del camino—. Los trapos sucios se lavan en casa. No quiero ir en lenguas de la gente.

—¡Cuántas veces te lo tengo que decir, Josefa! —Mi padre, ceñudo, levantó la horca de recoger la paja y miró a mi madre—. ¡Que eres muy corta de entendederas! ¿Aún no te has dado cuenta del peligro que es ese chico, todo el día dando vueltas por aquí? Que se nos quiere llevar a la niña. Y la Orosia es nuestra. ¡La Orosia es mía! Al hombre que le ponga una mano encima lo ensartaré con esta horca.

En estas andábamos, cuando llegó Esteban con sus padres. Y, dando un paso al frente, se encaró a mi padre:

—Señor Antonio, aunque no haya cumplido los catorce años y usted crea que soy un crío, sepa que me voy a portar como un hombre con su hija y con ustedes. Estoy dispuesto a esperar la boda el tiempo que digan. Mejor dicho, hasta que yo cumpla los dieciocho y tenga un trabajo para mantener a Orosia y al niño. Que el niño es mío y lo reconoceré.

Mi padre empezó a dar vueltas por la era cagándose en todos los santos del cielo y soltando copones y hostias a mansalva. Esteban y sus padres retrocedían poco a poco. Oí su voz, por última vez, al otro lado de la cerca.

—¡Orosiaaaa, te quieeeeroooo! Volveré cuando haya nacido el niño. Te lo prometo. Nos iremos a vivir a la capital.

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Después de cenar, mis padres se enzarzaron en una de sus discusiones. Pero esa noche, mi madre, que no solía hablar, tomó la palabra.

—Mira, Antonio, que tengo clavada la fecha. Dos años tenía Orosia cuando decidimos venir a vivir al monte, que en todos los sitios veías fantasmas.

Mi padre intentó protestar, pero no había quién hiciera callar a mi madre.

–Antonio, para mí fue un golpe muy duro.

Mientras tanto, ella seguía con su monserga, secaba las sartenes, barría la cocina y metía brasas en un calentador. Y venga a repetir aquello de que estábamos acostumbradas a otra vida y que en aquel chamizo nos habían salido sabañones hasta en las orejas.

Desde que llegamos, yo dormía con mis padres. Decían que así no me acatarraría. Mi padre en la parte de afuera, mi madre contra la pared y yo en medio, bien calentita. Aunque a veces, casi me asfixiaban cuando se daban la vuelta.

No sé cómo empezó aquello. Una noche me despertó mi padre con sus toqueteos. Noté cómo me acariciaba los pezones. De repente se me echó encima. Recuerdo los gritos de mi madre como si fuera ahora. Pero él siguió con su martingala.

Como ya estaba acostumbrada, no me asusté el día que Esteban me llevó a un pajar al otro lado del cerro. Me acariciaba con suavidad y me decía que tendríamos un niño y que abandonaríamos el monte. Pero yo no me lo creía, porque no podría saber cuál de los dos sería el padre. Como mi madre, yo también sabía que nadie podría sacarnos de aquel agujero.

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Ilustraciones de Inmaculada Martín Catalán.

Inmaculada Marín Çatalán (Teruel, 1949). Conocí a Inmaculada cuando llegó al Instituto Goya de Zaragoza. Venía con un buen currículo y con una excelente fama como profesora.

Su dedicación al arte comenzó cuando se preparó con Alejandro Cañada, en Zaragoza, para el Ingreso en Bellas Artes de Barcelona. Comenzó los estudios en la Universidad de Barcelona, pero pronto se trasladó a la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, donde se licenció en Bellas Artes, especialidad de Escultura, en 1975.

Su carrera artística ha sido muy reconocida. Ha participado en numerosas exposiciones colectivas de escultura y pintura. Es una experta en carteles y miembro de varios grupos de dibujo: Urban Sketchers, Flickr, Group Portraits in your art, Group with Experience.

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En su muro de Facebook nos deleita con dibujos de escenas cotidianas de Zaragoza.

Carmen Romeo Pemán

Los Mayos de la Sierra de Albarracín

A Carlos Ballester, Dolores Blasco, Lourdes Felipe, María Flores, Elvira García, Vicenta Gómez, Miguel Ángel Muñoz, Javier Picazo y Pilar Rizo (q. e. p. d.), mis alumnos del Colegio Universitario de Teruel, con quienes recorrí la Sierra de Albarracín buscando Canciones de mayo, allá por los años setenta.

¿Qué son las Canciones de mayo?

Son cantos dedicados a las damas en los que se exaltan su belleza y los atributos que ponen en relación la fecundidad de la tierra y la de las mujeres. En Aragón se llaman Mayos y comienzan con la siguiente estrofa:

  • Ya estamos a treinta,
  • del abril cumplido,
  • alégrate, dama,
  • que mayo ha venido.

El término Mayo también hace referencia a las fiestas de la entrada de la primavera y al árbol que plantan los mozos en el lugar más céntrico del pueblo. Todos estos ritos, encaminados a desarrollar la fertilidad de la tierra y de la mujer, son celebraciones del renacer de la naturaleza a la salida del invierno. Y forman parte de un mito que viene desde épocas arcaicas y que se cristianizó en la Edad Media.

El mes de mayo se convirtió en el mes de María y se entronizó a la Virgen como dama por excelencia. En la Sierra se cantan Mayos a la Virgen y, en toda España, los piropos de los mayos se cambiaron por piropos que se echan a la Virgen en los Gozos. Estos cantos litúrgicos, en realidad una nueva versión de los Mayos, estaban dedicados a muchas advocaciones marianas que proliferaron en el siglo XIII y en el siglo XVIII. En el siglo XIX, los costumbristas románticos reescribieron muchos Mayos y Gozos. Esas letras nos han llegado hasta hoy, con algunas variaciones propias del paso del tiempo.

Los Mayos de Albarracín en 1976

En la segunda mitad de los años setenta me planteé una investigación sobre los Mayos. Y, para llevarla a cabo, elegí un grupo de alumnos con los que recorrí la Sierra de Albarracín en busca de estos cantos.

Y todo eso surgió porque habíamos ido a varios pueblos a escucharlos y a participar de la fiesta. A partir de esas experiencias, también nos interesamos por las costumbres con las que se celebraba la llegada de la primavera: cantos a la mujer, comidas campestres, bailes, plantar el árbol de mayo, colocar las enramadas la víspera de san Juan.

Nuestro trabajo se centró en la Comunidad de Santa María de Albarracín, un distrito jurisdiccional del antiguo Reino de Aragón. La base de la Comunidad es un patrimonio de montes que han sido explotados en común por todos los pueblos que la forman. En realidad, los de la Sierra de Albarracín.

Mapa de los Mayos.jpg

Encuestamos a muchas personas en los siguientes pueblos: Albarracín, Bezas, Bronchales, Calomarde, Frías de Albarracín, Griegos, Guadalaviar, Monterde, Moscardón, Noguera de Albarracín, Orihuela del Tremedal, Royuela, Saldón, Terriente, Toril, Torres de Albarracín, Tramacastilla, Valdecuenca, Villar del Cobo, Villarejo. Y Alba del Campo, fuera de la Comunidad, porque ya la habíamos encuestado antes de delimitarnos el territorio. Llegamos tarde a Masegoso, completamente despoblado, y a Pozondón, donde ya nadie los recordaba.

Con las letras completas de los mayos de todos los pueblos que acabo de citar, redactamos un trabajo que en 1977 recibió el premio “Bernardo Zapater Marconell”, de ámbito nacional, y en 1980 se vio materializado en el libro Los Mayos de la Sierra de Albarracín.

Índice

  • Si mayo ha venido,
  • bienvenido sea,
  • regando cañadas,
  • casando doncellas.

En nuestro libro recogimos muchos aspectos entrañables de las fiestas de los Mayos, como algunos de los que voy a exponer a continuación.

Desarrollo de las fiestas

Las fiestas se inician con los preparativos del día “treinta del abril cumplido”, la noche de los Mayos, y acaban el veinticuatro de junio con la enramada que el Mayo coloca en el balcón de su Maya. Con la noche de san Juan, la del nuevo solsticio, se cierra un ciclo mítico. Si mayo está en relación con la fecundidad y el nacimiento, san Juan lo está con la recolección de los primeros frutos y del amor.

Sobre las nueve o las diez de la noche, los jóvenes del pueblo se reúnen a elegir las parejas de Mayos y Mayas. Se suelen juntar en casa de uno de ellos o en un lugar concreto: un muro, una peña o la iglesia. Y la Maya quedará obligada a bailar con el Mayo que le haya tocado, por lo menos un baile, todos los domingos del año. La forma de elección cambia en los distintos pueblos. En unos es por sorteo y en otros por subasta.

Para el sorteo, se introducen los boletos en dos pucheros. En uno los nombres de las mozas, aspirantes a Mayas, y el de la Virgen. Y en el otro los de los mozos, aspirantes a Mayos. En algunos pueblos también se sortea el niño Jesús o algún santo. Por ejemplo, en Tramacastilla sorteaban a san Roque.

En la subasta, si el pretendiente de una moza quiere hacerla su Maya, llega a pujar grandes cantidades de dinero. Y, en caso contrario, hay mozas por las que no puja nadie. Cuando se revelan las parejas, las nuevas Mayas intentan averiguar cuánto dinero han apostado por ellas. Con el dinero se compran velas para la Virgen y se paga una merienda para los mozos.

La noche del treinta de abril, los nuevos Mayos van a cantar a la puerta de las nuevas Mayas. Al final, en unos pueblos se da a conocer el nombre de las parejas. En otros no se revela hasta el día siguiente.

  • El Mayo me ha dicho
  • que vendrá mañana
  • a darte los días
  • de mayo a la entrada.
  • Si quieres saber…
  • el Mayo que te ha caído,
  • se llama… por nombre
  • y… por apellido.

Si la dama no está de acuerdo con su nuevo Mayo, puede manifestar su desacuerdo al día siguiente.

  • Ya te hemos cantado el Mayo,
  • si de tu gusto no es
  • mañana si vas a misa,
  • ponte el mantón del revés.

Los cantos

Los rasgos comunes de la región conviven con matices propios de cada pueblo, como si cada comunidad quisiera sentir más suyo este fenómeno folklórico. De esta forma, los aspectos tradicionales se van renovando cada vez que se cantan las letras, porque le gente va introduciendo sus variantes.

Para hablar de letras de mayos nos tenemos que remontar a los orígenes de nuestra lírica y al cruce permanente de lo popular y lo culto, las dos corrientes conforman la historia de la literatura.

Todos los estudios coinciden en señalar un origen precristiano, incluso neolítico, de estas fiestas. Tenemos noticias de su abundancia en la Edad Media. Y también de que, en fechas tempranas, estas canciones paganas se “volvieron a lo divino”. Alfonso X, el Sabio, en sus Cantigas, canta a María, “la nueva y celeste Maya”. Como ya hemos señalado, en muchos pueblos se conservan Gozos a la Virgen que son “vueltas a lo divino” de las antiguas canciones de mayo. Y, en las épocas en las que la literatura popular sirvió de fuente de inspiración a los poetas cultos, se renovaron sus letras y aumentó su popularidad.

Los trovadores adaptaron las antiguas Canciones de mayo y les dieron un sello provenzal que todavía perdura. Lo notamos, por ejemplo, en la actitud del Mayo que, antes de comenzar a cantar, espera la licencia de la dama.

  • El Mayo me ha dicho
  • que pida licencia
  • para dibujarte
  • de pies a cabeza.
  • Como no contestas,
  • ni nos dices nada,
  • señal que tendremos,
  • la licencia dada.

Como en Provenza, el amor se concibe como una prisión.

  • Esos tus diez dedos,
  • cargados de anillos,
  • son de mis prisiones,
  • cadenas y grillos.

También es trovadoresco el canon de belleza con el que se retrata a la dama.

  • Esa es tu cabeza
  • tan rechiquitita
  • que en ella se forma
  • una margarita.

Y así va siguiendo con todas las partes del cuerpo femenino: el pelo, la frente, las cejas, los ojos, las mejillas, la nariz, las orejas, los labios, la boca, la garganta, los hombros, los brazos, las manos, los dedos, los pechos, la cintura, la tripa, las partes secretas, los muslos, las piernas, los pies, los zapatos. Para acabar:

  • Ya te hemos cantado,
  • todas tus facciones,
  • solo falta el Mayo,
  • que te las adorne.

Y el año 2017 todavía sigo a vueltas con los Mayos

Estas Navidades recibí por Messenger un mensaje de Fernanda Martínez Reyes, profesora del Instituto Cervantes de Hamburgo: “Estimada profesora Romeo: Acabo de terminar mi tesis doctoral en el ámbito de la narrativa oral. Ahora estoy interesada en investigar sobre los Mayos de la Sierra de Albarracín y la colección de Alan Lomax, que se encuentra en la biblioteca del Congreso de Washington. Buscando información para armar mi anteproyecto he encontrado unos trabajos suyos muy interesantes: Fiestas de Mayo en la Comunidad de Albarracín, Los Mayos de la Sierra de Albarracín. Le agradecería que me orientara y aconsejara sobre el tema”.

La propuesta de Fernanda coincide con un nuevo interés general por los Mayos. En estos momentos se están empezando a publicar las grabaciones del etnomusicólogo Alan Lomax (1915-2002), que estuvo en España entre 1952 y 1954. En 1955 grabó los Mayos de la Sierra de Albarracín con la compañía discográfica Columbia bajo el título «Spanish Folk Music: Columbia World Library of Folk & Primitive Music». Y allí, en la biblioteca del Congreso de Washington, junto a las grabaciones de Lomax, está nuestro libro: Los Mayos de la Sierra de Albarracín.

Ahora que van a salir estas grabaciones, es una buena oportunidad para recordar que solo hay dos fuentes antiguas con las que se pueden reconstruir los cantos de los Mayos de la Sierra de Albarracín: las grabaciones de Lomax y nuestras letras.

Sería injusto olvidar que, en 1882, Manuel Polo y Peyrolón, un escritor costumbrista valenciano, profesor del instituto de Teruel, escribió la novela Los Mayos, con conciencia de ser el primero que recogía por escrito las letras y las costumbres de Albarracín. Y que en 1922, Miguel Arnaudas, presbítero y profesor de música de la Escuela Normal de Maestros de Zaragoza, en su Colección de cantos populares de la provincia de Teruel reproducía la letra de Polo y Peyrolón y recogía las melodías de algunos pueblos. “A las doce de la noche del día treinta de abril se reúne casi todo el vecindario de Libros en la llamada Peña de los Mayos, y los mozos acompañados por la rondalla cantan los Mayos, como en muchos pueblos de la Sierra”.

Con nuestro trabajo de 1976 y nuestra publicación de 1981, intentábamos conservar por escrito las letras de una tradición oral que se estaba perdiendo: “Solo pretendemos cubrir una laguna y sacar a la luz un material para que en el futuro otros puedan investigar sobre él”, decíamos entonces. Pero no podíamos imaginar que en el año 2017 iba a llamar a nuestra puerta Fernanda Reyes, una profesora del Instituto Cervantes de Hamburgo para seguir investigando sobre los Mayos de la Sierra de Albarracín en la Biblioteca del Congreso de Washington.

 

1

  • Ya estamos a treinta
  • del abril cumplio
  • alégrate, dama,
  • que mayo ha venido.

2

  • Si mayo ha venido,
  • bienvenido, sea,
  • regando cañadas,
  • casando doncellas.

3

  • El mayo me ha dicho
  • que pida licencia
  • para dibujarte,
  • de pies a cabeza.

4

  • Como no contestas,
  • ni nos dices nada,
  • señal que tendremos
  • la licencia dada.

5

  • Esa es tu cabeza,
  • tan rechiquitita
  • que en ella se forma
  • y una margarita.

6

  • Ese es tu pelo,
  • madejita de oro,
  • que cuando lo peinas
  • se te enreda todo.

7

  • Esa es tu frente,
  • frente de batalla,
  • donde el rey Cupido,
  • presentó sus armas.

8

  • Esas son tus cejas,
  • un poquito arquiadas,
  • son arcos del cielo
  • y el cielo es tu cara.

9

  • Esos son tus ojos,
  • luceros del alba,
  • que cuando los abres,
  • la noche se aclara.

10

  • Esas tus mejillas
  • tan recoloradas,
  • que parecen rosas,
  • en abril criadas.

 

11

  • Esa es tu nariz,
  • puntita de espada,
  • que a los corazones
  • sin sentir los pasa.

12

  • Y esas tus orejas
  • que cuelgan pendientes,
  • parecen campanas
  • «pa» llamar la gente.

13

  • Esos son tus labios,
  • son dos picaportes,
  • que cuando los abres,
  • no se oye ni un golpe.

14

  • Esa es tu boca,
  • tan recolorada,
  • de dientes menudos
  • y lengua encarnada.

15

  • Esa es tu garganta,
  • tan pura y tan bella,
  • que el agua que bebes
  • toda se clarea.

16

  • Esos son tus hombros,
  • son dos escaleras,
  • «pa» subir al cielo
  • y bajar por ellas.

17

  • Esos son tus brazos,
  • parecen dos remos,
  • que con ellos guías
  • a los marineros.

18

  • Esas son tus manos,
  • tan maravillosas,
  • que todo que tocas
  • se convierte en rosas.

19

  • Esos son tus dedos,
  • con esos anillos,
  • para mí son perlas,
  • para mí son grillos.

20

  • Esos son tus pechos,
  • son dos fuentes claras,
  • donde yo bebiera,
  • si tú me dejaras.

 

21

  • Tu cintura un junco,
  • es un junco al río,
  • todos van a verlo,
  • cuando está florido.

22

  • Esa es tu tripa
  • que parece un bombo
  • que cuando la tocas
  • se retumba todo

23

  • Ya  vamos llegando
  • y a partes secretas
  • donde yo no puedo
  • dar razones ciertas.

24

  • Esos son tus muslos
  • de oro macizo,
  • donde se sostiene
  • todo el edificio.

25

  • Esas son tus piernas,
  • tan bien accionadas,
  • por arriba gordas,
  • por abajo delgadas.

26

  • Esos son tus pies,
  • de paso menudo,
  • con ese pasito,
  • encantas al mundo.

27

  • Zapatito blanco
  • y media encarnada
  • pequeña es la niña,
  • pero muy salada.

28

  • Ya te hemos cantado
  • todas tus facciones
  • sólo falta el Mayo
  • que te las adorna

29

  • El mayo me ha dicho
  • que vendrá mañana
  • a darte los días
  • de mayo a la entrada.

30

  • Si quieres saber …
  • el mayo que te ha caído
  • se llama… por nombre
  • y…por apellido.

 

Mayos de Albarracín. Versión cantada por Celia Sáez en 1976.

 

Sin leña para la escuela

De las fragolinas de mis ayeres

Faltaban diez minutos para las nueve de la mañana. Angelita estaba atizando el fuego de la cocina, que se había apagado mientras había bajado al corral a limpiar el orinal y la jofaina en la que se había lavado un poco la cara.

¡Qué diferencia con su casa de Zaragoza! Allí corría el agua por los grifos y no tenía que soportar ese tufo de los animales que le llegaba hasta las entrañas. ¿Quién le mandaría meterse en ese berenjenal de enseñar a las niñas? Si hubiera seguido con su trabajo de dependienta, seguro que ya se habría casado y llevaría una vida tranquila, como sus amigas. Ellas no tenían un sueldo, pero total, para lo que le servía en ese pueblo, igual le daba.

La señora María del Socarrao, su patrona, había madrugado para ir a soltar el rebaño y ella se había quedado sola. En ese momento acababa de desayunar y estaba alisando las pieles de cabra que cubrían las dos cadieras del hogar, antes de que llegaran las niñas. Bien pensado, no estaba mal dar las clases allí. Los días que habían estado en la herrería o en los patios de las casas se habían quedado heladas. Aquí lo malo era la señora María. Se había empeñado en que cada niña trajera un tizón. Decía que ya era muy vieja para traer la leña del monte encima de la cabeza.

En esas estaba cuando la sobresaltaron unos golpes en la puerta. Sin darle tiempo a responder, el padre de Nicolasa se presentó en medio de la cocina. Llevaba las botas de sacar fiemo y una horca oxidada en la mano.

—¡Buenos días, señora maestra! Ya era hora de que diera señales de vida. Llevaba un rato plantado en medio de la calle esperando a que abriera la ventana. No he querido llamar antes porque he visto salir a la señora María y no era caso de pillarla en la cama —A Angelita le pareció un saludo picarón. Intentó tomárselo a broma.

—Y, ¿qué se le ha perdido tan temprano por esta casa? —le respondió en el mismo tono.

—No se haga la tonta ni la melindrosa, que no tengo tiempo que perder. ¡Y menos con usted! —le contestó, a la vez que golpeaba el suelo con la horca.

—¡Bueno, pues usted me dirá a qué ha venido! —le replicó. Y cruzó los brazos, como si le doliera el estómago.

—Pues, verá. Nicolasa me ha dicho que tiene que traer un tronco para avivar este fuego tan mortecino —mientras hablaba revolvía las brasas del hogar con la punta de la horca.

—¡Nicolasa y todas las niñas! Yo no tengo leña y no le podemos hacer tanto gasto a la señora María. Como usted ya sabe, es viuda y no tiene ningún hombre que gane un jornal.

—¡Escuche bien! Vengo a decirle que Nicolasa se ha quedado llorando en casa, porque le he dicho que no traerá ningún tizón para que se caliente la maestra.

—Pues, con este frío, no podremos dar clase sin fuego.

—¿Qué se ha creído usted? ¡Postinera! Mire, si hoy no da clase con buen fuego, mañana vendré con esta horca y la ensartaré por los riñones.

El padre de Nicolasa hizo ademán de marcharse, pero se paró en la puerta juntando el entrecejo y mirando a la maestra. Ente tanto pensaba para sus adentros que Angelita era la culpable de todo el mal que había llegado al pueblo. Que las mujeres modernas que querían poner todo patas arriba eran peor que la peste. Que con eso de enseñar a las niñas no iban a ganar nada, sino al revés. Que hasta esa mañana nunca le habían levantado la voz las mujeres. Que él no lo permitiría y que estaba dispuesto a cualquier cosa.

Angelita le dio la espalda y se asomó a la ventana a ver si llegaban sus alumnas. No sabía cómo iba a arreglar el problema de la leña, pero ya se le ocurría algo.

Carmen Romeo Pemán

Imagen destacada: Cocina antigua. Foto colgada por Miguel Manuel Bravo Mata en el grupo de Facebook, «Fotos antiguas de Aragón».

A JAVIER PLAZA POR SU URRACA EN LA NIEVE

De mi baúl de lecturas

—Hola, Carmen, ¿te acuerdas de mí? —me preguntaba Javier Plaza en Messenger.

—Pues, ¡claro! Estuviste muchos años en el Instituto Goya. Conservo tu imagen de adolescente entre el tumulto de aquel pasillo de la planta baja. ¿Cuánto hace de eso?

—¡Muchos años! Estuve desde 1988 hasta 1993.

—Y, por lo que veo, guardas buenos recuerdos, ¿no?

—Sí, sobre todo de mis profesores de Lengua y literatura. Allí nació mi pasión por la escritura.

—Esto sí que es un regalo para una profesora de literatura, Javier.

—Pues ahora te traigo otro. Te voy a enviar por email La urraca en la nieve, mi primera novela. Va por la cuarta edición en Ediciones Hades: noviembre de 2014, febrero de 2015, mayo de 2015 y noviembre de 2016. En marzo de 2017, ha salido una nueva en Fomento, la editorial de la Universidad de la Puebla de Zaragoza, México.

—Esta noche sin falta empiezo a leerla.

En menos de una semana me la había terminado. El resultado de esa apasionada lectura, acompañada por abundantes libros de arte sobre el Impresionismo, son las notas que os traigo.

La urraca en Fomento

La edición de Editorial Fomento

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Camille, el narrador protagonista, como esa urraca del cuadro de Monet que ilustra la portada, es un imán que nos atrapa y, a través de las historias y escenas que va contando, nos deja ver los ambientes parisinos de forma fragmentada.

La urraca, Monet

La urraca, Claude Monet

Al final, cuando hemos dado la vuelta a la última página y nos alejamos, como sucede con los cuadros impresionistas, podemos ver la totalidad y el significado general de la obra. Si hacemos una segunda lectura con más calma, desde el principio sabremos que vamos a acompañar a Camille durante una semana por el París impresionista. Y, con él, a Yves y a Víctor, sus dos amigos. En ese paseo sabremos que ha vivido allí ocho meses y que es un señorito de alta cuna, procedente del sur de Francia.

Todo esto, y mucho más, lo va contando con pinceladas sueltas, como los Impresionistas, que debían su nombre a otro cuadro de Monet: Impression, soleil levant.

Monet, Soleil levant

Impression, soleil levant, Claude Monet

Detrás de un mundo lleno de cuadros, bailarinas de cabarets y alcohol, se esconde una búsqueda incansable por la fama: “El cuerpo pasa y la gloria queda” (p. 193). Esa búsqueda nos ha provocado, a él y a nosotros, una cierta desazón y una gran nostalgia.

La mente frágil de Camille lo lleva a frecuentes ausencias. En varias ocasiones le oímos frases como esta: “Había extraviado, una vez más, el hilo de la conversación” (p. 82).

Este narrador, un poco deficiente, introduce continuos flashbacks de forma natural y salta de un tema a otro con gran agilidad. “Puse que tardó diecisiete años en regresar a París para dejar claro que allí terminó su sueño de pintor impresionista, que no regresó a París en marzo, como había prometido a sus amigos. Que allí se terminó la vida bohemia. Porque Camille es débil y la aventura termina cuando regresa a la influencia familiar”. (Conversación con Javier Plaza)

Camille no está inspirado en un personaje concreto, pero su nombre es un guiño a Camille Pisarro, a Camille Corot y a Camille, la mujer de Monet.

Cuando comencé la lectura pensé que se trataba de una biografía novelada de Camille Pisarro. Y no salí de mis dudas hasta que leí una frase de Yves ante un lienzo de Pisarro: “Este hombre es tonto perdido, mira que cambiarme esta joya por una de mis basuras” (p. 128)

Una novela de ambiente

“Trataba de hacer una novela de ambiente, un paseo por el París impresionista, con una trama mínima. En la novela apenas pasa nada. Las pequeñas inquietudes de Camille sirven de unión a la historia”. (Conversación con Javier Plaza)

El autor consigue reconstruir el contexto de forma verosímil gracias a las visuales descripciones y a las escenas que las llenan de vida.

De forma constante, las escenas pasan a ser cuadros y los cuadros, escenas. Se mezclan los cuadros reales, como La urraca de Monet, con los inventados. Los reales no son muchos, pero sí suficientes para crear un contexto verosímil y que el lector crea que todos lo son.

Tiegre en la jungla

¡Sorprendido!, Henri Rousseau

Como muestra, he elegido la descripción del cuadro de Henri Rousseau, ¡Sorprendido! (Tigre en una tormenta tropical): “Un tigre huye con gesto despavorido, casi humano, mientras en la selva ha estallado la violenta tempestad; la fuerza de los elementos, el viento y la lluvia se reflejan en cada uno de los detalles del lienzo. El cielo gris oscuro con tres ramificaciones de un rayo y líneas de lluvia que inundan toda la superficie, las hojas y arbustos curvados hacia la derecha, impulsados por el viento hacia el lado donde huye el animal, los árboles, oscuros, también se doblan en esa misma dirección, la irascible tormenta lo envuelve todo” (p. 209).

Camille pierde el hilo de la conversación porque está poco atento a lo que sucede a su alrededor. Entonces o está recordando hechos de su vida pasada o está convirtiendo las escenas presentes en posibles lienzos. Cuando Camille está pensando en el lienzo que va a pintar para una exposición no sabe si decidirse por Guibert en su tejado, por ´El combate de los hermanos Lafaille´, por el cochero que reparaba la rueda en Capucines o por la camarera del Moulin. Y el lector duda con él, porque son escenas que ya han aparecido antes en la novela.

Elementos de composición

La trama, las subtramas y la estructura novelesca

Si partimos de la concepción clásica de introducción, nudo y desenlace, nos encontramos con una trama invertida de las del tipo: desenlace, planteamiento, nudo, desenlace ampliado y cierre. Una estructura que me ha recordado a la de Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez.

Comienza por el desenlace. Camille recibe una carta de su padre que lo reclama para que atienda unos asuntos familiares en Pau, en el sur de Francia. El planteamiento y el nudo abarcan los seis días que se pasea por París despidiéndose de sus amigos y de su familia. El desenlace ampliado ocupa el último capítulo, mientras espera el tren de Pau, en la estación de Austerlitz. En el cierre cuenta que tarda diecisiete años en volver a París y que, por lo tanto, no cumple la promesa hecha en el nudo y en el desenlace inicial.

El adelgazamiento de la trama

Parece una novela de personaje, pero en realidad, como ya he señalado, es una novela de ambiente. El protagonista, Camille, señor de Jurançon, y los personajes secundarios, Yves Grenier, Víctor Pelletier, su tío Henry y la ausente Thérèse, están al servicio de unos acontecimientos externos que hacen avanzar la narración a través del delgado hilo que los une.

Una novela con poca trama siempre es un gran reto, porque tiene que despertar el interés con las anécdotas y con la riqueza de la prosa. Y, si las historias y las escenas no están bien elegidas y dosificadas, pueden saturar al lector.

En este caso, los episodios narrativos y las descripciones sueltas sirven para profundizar en el tema. “Me esfuerzo mucho en que los personajes sean congruentes. Pero son un instrumento para mostrar diferentes aspectos del París impresionista. En realidad, trataba de hacer una novela de ambiente, un paseo por ese París impresionista, y por eso reduje la trama al mínimo”. (Conversación con Javier Plaza)

Las tramas secundarias

La materia narrativa se expande con abundantes subtramas que nos introducen en los entresijos de la sociedad de la época.

La expectativa amorosa de Thérèse se complica con el amor pasional por Eloise y con el romántico de Berthe: “Haciendo memoria creo que Eloise fue mi primer amor real, al menos el primero que superó la etapa platónica, a diferencia del que sentí por Berthe o el que sentía por Thérèse” (p. 351).

Otras tramas amorosas son las relaciones de Yves con Eleonore, la de Victor con Kheira, la de Clotilde y Luca. También son tramas bien tejidas las vidas de otros pintores, las de los galeristas y las de las bailarinas de El Dorado, el Folies Bergère y el Moulin Rouge.

Yvette por Toulouse Lautrec

Yvette Guilbert, cantante, por Toulouse-Lautrec

El estraperlo, los negocios sucios en las colonias, la corrupción política y la compra de votos son subtramas sólidas que nos atrapan con tanta fuerza como la principal.

Una novela difícil de encasillar en un género

La novela está ordenada en siete capítulos, uno por cada día de la semana. “Lo establecí así porque quería que durara un ciclo y escogí una semana. El orden me vino determinado por los días en los que había tren de París a Pau”. (Conversación con Javier Plaza).

En efecto, la primera estructura que se nos impone es la de un diario, muy apropiado para contar hechos cotidianos. Pero, a medida que vamos leyendo, percibimos que los capítulos tienen demasiadas páginas para estar escritos en un día. Y que los datos son excesivos y demasiado lejanos como para que el narrador los recuerde de modo tan preciso.

El diario funciona como una forma de organizar el discurso. Pero, detrás de esa apariencia, hay otras estructuras y géneros que enriquecen la obra.

En el momento en que el lector se da cuenta de que Camille está recordando, de que no está escribiendo desde París, el susodicho diario se convierte en un libro de memorias.

La urraca en la nieve es, además, un drama romántico, una novela costumbrista, una crónica periodística y una novela histórica, géneros que reclaman una amplia y profunda documentación. En una entrevista en el Diario de Córdoba, en marzo de 2015, Javier Plaza confesaba que había investigado mucho sobre el Impresionismo.

La ambientación histórica cobra vida con los personajes que cuentan sus inquietudes cotidianas. Por estas páginas se pasean pintores, políticos, escritores, artistas y fotógrafos. Y algunos como Zola, Sadi Carnot, Rubén Darío, o Pablo Sarasate, que ya eran muy famosos en su época.

Al corte de drama romántico responden las relaciones de Camille con Thérèse, marcadas por la diferente clase social de las familias. Utiliza rasgos y técnicas costumbristas para pintar el mundo rural de los Pirineos.

Para terminar

La novela se limita a contar algunos episodios de la última semana de Camille en París. Solo un ojo entrenado en el puntillismo verá las anécdotas, las digresiones, las descripciones y las escenas, aparentemente inconexas, como elementos necesarios para comprender la totalidad. Una totalidad en la que todo está unido, y progresa, por oposición.

El presente narrativo se ve asaltado por continuos flashbacks al pasado inmediato y al pasado lejano; el mundo impresionista y la bohemia contrastan con la exquisita familia de Camille; la vida urbana de París con la provinciana de los Pirineos; el amor de Eloise con el de Thérèse.  Todo se desdobla y se descompone en mil matices.El lector obtiene la versión global cuando termina la suma de todos los contrastes

La urraca en la nieve es una novela de respiración pausada, que exige una lectura lenta. Sus páginas nos invitan a disfrutar del Arte, con mayúsculas, porque en ella, como en el Arte poética de Horacio, se aúnan la pasión por la literatura y por la pintura: Como la pintura así es la poesía.

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Francisco Javier Plaza Beiztegui (Pamplona, 1974) estudió bachillerato en el Instituto Goya de Zaragoza. Se licenció en Derecho y se diplomó en Ciencias Empresariales en la Universidad de Zaragoza.

Este apasionado de la literatura, que creció leyendo a los clásicos, es un devorador de novela histórica y autor de varios relatos cortos: La otra noche, Ya me olvidé de ti y El germen. Con este último, ganó el III concurso de relatos cortos en contra de la violencia machista del Ayuntamiento de Terrassa.

El año 2014 publicó La urraca en la nieve, su primera novela. Y creo que ya está cercana la publicación de su segunda novela, Canción de otoño.

Es colaborador habitual de dos webs literarias, La boca del libro y Lecturas Sumergidas.

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Imagen principal: del Facebook de Javier Plaza

Las citas de la novela son de la tercera edición de Ediciones Hades.

Carmen Romeo Pemán

Montmartre al atarceder

Boulevard de Montmartre al atardecer, Camille Pisarro

Clases en el carasol de Vicenta

A doña Simona Paúles, maestra de nuestras abuelas

Simona aprovechó que era un jueves muy soleado para pasar la tarde con sus alumnas en el carasol del Huerto de Vicenta. Sabía que, a esa hora, estarían allí las mujeres, unas hilando y otras remendando los pantalones de pana de los hombres. Con la luz del sol les salían mejor los zurcidos que por la noche a la luz de la vela.

Creyó que se le había ocurrido una buena idea. Así las madres verían cómo les enseñaba a sus hijas a coserse la ropa interior, mientras les leía unos cuentos que ella misma había escrito. Y, como en las casas se comentaban los pormenores del carasol, pronto se correría por el pueblo con qué maña manejaban los bolillos y bordaban sus iniciales, como habían hecho sus madres y sus abuelas en las sábanas de sus ajuares.

Los jueves por la tarde no había clase y el maestro echaba una larga partida de «subastao» con el cura y el secretario. Mientras jugaban, les decía que tenía pruebas de que la nueva maestra era una hereje.

Les relató, con pelos y señales, que el día que le llevó el Año Cristiano y la Flos sanctorum, los libros que las maestras anteriores leían en la escuela, se los había tirado a la cara. Y que, como pensó que era un arrebato por tener que dar las clases en la herrería, volvió otro día con La perfecta casada de Fray Luis de León. Y lo mismo.

Encima, desde que había llegado esta maestra, los chicos no querían rezar por las mañanas. Es más, le venían a él con que doña Simona no obligaba a las chicas, que las que no querían podían salir a la calle mientras ella rezaba. Y no era un embuste de zagales, que las había visto desde la ventana de su escuela  en corro delante de la puerta de la herrería. Cualquiera que pasara por allí, a la hora de entrar, podría oír cómo se desgañitaba la maestra con los padrenuestros y las avemarías, haciéndose la buena. Pero que a él no se la pegaba. Que, cuando le preguntó por el crucifijo, le dijo que lo no colgaba para que no se manchara con el hollín de las paredes. Y él sabía que eso era lo que hacían los masones, que arramblaban con las vírgenes y santos. Y vaya usted a saber si no habrá estado implicada en el robo del Niño Jesús de Praga que desapareció la de la iglesia la semana pasada.

Siempre que se caldeaba el ambiente, Rosendo salía del mostrador limpiándose las manos en el guardapolvo gris y se acercaba a ver cómo iba la partida. Después de indicarle al cura que echara el as de bastos se sentó en una esquina de la mesa y comenzó con sus habituales retahílas:

—¡Dónde se ha visto que unas alumnas manden más que la maestra! —Miró de frente al cura y al maestro, y continúo con su perorata— Si no tercian en el asunto, pronto se nos habrán subido a las barbas las crías, la maestra y las mujeres. Después de comer las he visto bajar a todas al carasol. Aún no han vuelto y ya se está haciendo de noche. Estoy seguro de que les va a sorber los sesos, mientras ustedes se encenegan con las cartas. A mí me va bien que sigan bebiendo coñac. Pero, si algún día me las tengo que ver con mi mujer y con mis  hijas y ustedes no han hecho nada, me cagaré en sus muertos.

Rosendo se calló cuando vio entrar al médico. Se levantó, volvió al mostrador para servirle un carajillo bien cargado de ron y, entre tanto, pensaba: “Con este no sé a qué carta quedarme. Unas veces critica a doña Simona y otras dice que con ella ha llegado un aire fresco a este pueblo. No sé, no sé. Este don Valero me tiene un poco mosca”.

Aún no se lo había servido, cuando oyó una algarabía que llegaba desde la calle. Asomó la cabeza por el ventanuco que había detrás del mostrador y pudo ver las caras de las chicas y las mujeres que se quitaban la palabra. La maestra las seguía en silencio, muy sonriente. Y a Rosendo aquello no le gustó.

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Simona Paúles Bescós (Aísa, Huesca, 1843-Petilla de Aragón, Navarra, ca. 1935) fue maestra de El Frago desde 1884 hasta que se jubiló en 1913. Esta hija de Romualdo y Jacinta, naturales y vecinos de Aísa, obtuvo el título de Magisterio en la Escuela Normal de Huesca en 1870. Se casó con Pedro Uhalte Alegre (Villarreal de la Canal, Huesca, 1852–Petilla de Aragón, Navarra, 1917), que también fue maestro de El Frago, y se instalaron en la Escuela de Niños. Tuvieron tres hijos, María Teresa,  Pedro y Esperanza. María Teresa estudio Magisterio, se casó con Bonifacio Guillén de El Frago y se instalaron en Sádaba. Pedro fue practicante de Petilla de Aragón y Esperanza murió a la edad de seis meses de una gastroenteritis.

Como en esa época no había un local para dar clase a las niñas, doña Simona ocupo cocinas y desvanes . Les enseñó primorosas labores y se las arregló para que casi todas sus alumnas asistieran a clase y aprendieran a leer, a escribir y a hacer cuentas. Mi abuela, Antonia Berges (1885-1950), solo recibía clases en su casa algún atardecer. Pero, aun así, tenía una letra primorosa y llevaba las cuentas de su casa. En el monte, cuidando cabras, se bordó un ajuar como pocas novias de El Frago. Doña Simona consiguió que su hija María Teresa, y las hijas del médico, Fermina y Cipriana Llanas, estudiaran Magisterio. Así me lo contaba Presentación Guillén (El Frago, 1902-1989), una de sus discípulas, que se había pasado la vida por los montes con mi abuela y guardaba honda memoria de su maestra.

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Pabla Presentación Guillén Guillén (El Frago, 1902-1989)

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Imagen destacada. Ricardo Compairé Escartín, Un carasol a comienzos del siglo XX. Publicada en «Fotos antiguas de Aragón» por Javier Redrado Marín.

La fotografía de Presentación Guillén me la ha cedido su nieto Chesus Asín. Es propiedad de la familia.

Carmen Romeo Pemán

La voz de las mujeres en la lírica tradicional

A Gloria Álvarez, Ana de Echave, Concha Gaudó, Pilar Laura Mateo e Inocencia Torres, mis amigas y compañeras de CD-ROM.

A medida que me iba acercando por el pasillo de la Escuela de Ingenieros al despacho de Ana de Echave, oía la voz de María Luisa Villarroya cantando a capela esta jarcha:

  • Moriré de amores
  • moriré
  • D’este mal moriré, madre,
  • d’este mal moriré yo.

No lo pude evitar. Llamé a la puerta de donde venía el sonido. Me abrió un joven del equipo que estaba montando nuestro CD-ROM: Un viaje hacia la voz, el trabajo y el voto de las mujeres. Al verme dijo:

–Perdona, pero es que estas canciones son muy pegadizas. Desde que hemos comenzado con este trabajo no podemos dejar de cantar.

–¡La voz de nuestras mujeres en labios de unos estudiantes de Ingenieros! ¡Esto es un milagro! –contesté.

–¡Pues no sé por qué! ¡Qué más da quién las cante! A mí me gustan mucho.

En aquel lejano 1998 pensé que nuestro CD había rescatado una parte importante de la literatura escrita por mujeres, de los momentos importantes de la historia de las mujeres y de su participación en la política. Es decir, creí que ya había cumplido un objetivo importante.

El CD-ROM lo hicimos posible un grupo de amigas profesoras que creíamos en el valor educativo de las nuevas tecnologías y que queríamos visibilizar a las mujeres, completamente veladas en los manuales escolares. Una visión de conjunto de nuestro trabajo está recogida en un folleto orientativo que publicamos en 2001, con motivo de la segunda edición. Todavía puede consultarse en la web.

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Ahora que ha caído en el olvido, me he propuesto darle una nueva oportunidad.

En un principio había pensado recuperar el proceso de creación de un material educativo e interactivo, hablar de su contenido global y del mensaje esencial. Sin olvidar a las autoras. Pero, como no puedo abarcarlo todo en un artículo, me limitaré a algunas cancioncillas de la poesía tradicional. He seleccionado unos cuantos poemillas de letras elocuentes para compensar la falta de la música y las animaciones del trabajo original.

La literatura española nació en los labios de una muchacha enamorada

  • De los sos ojos tan fuertemientre llorando,
  • tornava la cabeça y estávalos catando

¡Cuántas generaciones de lectores se han emocionado con estos versos, que marcaban el nacimiento de la literatura en España! El admirable Poema del Cid estaba ahí, imponente, en el principio de todo. Imposible parecía que algo pudiera llegar a arrebatarle esa gloria.

Y, sin embargo, la literatura española comenzaba un siglo antes y de qué distinta manera: no con el grandioso poema épico, sino con un pequeño corpus de minúsculas estrofas líricas; no con el solemne paso de las huestes del Cid, sino con la queja de una muchacha enamorada; no en Castilla, sino en tierra de moros. (Margit Frenk Alatorre, Estudios sobre lírica antigua, Castalia, 1978)

El amor en las jarchas mozárabes

Hoy, en nuestras voces y en nuestros escritos, siguen resonando los suspiros de aquellas muchachas andaluzas enamoradas de las que hablaba la profesora Frenk Alatorre.

  • ¡Oh madre, mi amigo
  • se va y no vuelve!
  • Dime qué haré, madre,
  • si mi pena no afloja.

El amor en la poesía trovadoresca

Y nos seguimos lamentando como aquellas mujeres medievales encerradas en sus castillos. El amor cortés no les permitía dirigirse a su madre o a un amigo como habían hecho las andaluzas, pero estas damas necesitaban contar sus penas a alguien que les guardara el secreto y que no las traicionara. Y ¿a quién mejor que al mar y a los elementos cósmicos?

  • Alcé los ojos,
  • miré a la mar,
  • vi a mis amores
  • a la vela andar.
  • Irme quiero, madre,
  • a la galera nueva,
  • con el marinero a ser marinera.
  • Dejadme llorar
  • orillas del mar.

El amor en el Renacimiento: rebeldía, alegría, picardía, y disimulo

Los aires renacentistas nos trajeron nuevos temas y nuevos tonos. Nos permitieron cantar la picardía, la travesura y la alegría, en un tono festivo.

  • ¡Ay que no puedo
  • deciros lo que quiero!

Hasta el siglo XVI, hubieran sido impensables estos versos:

  • Dejad que me alegre, madre,
  • antes de que me case.

La voz de estas rebeldes antepasadas ya no prometía la fidelidad al marido ni al amante.

  • Ya florecen los árboles, Juan,
  • mala seré de guardar.
  • Ya florecen los almendros
  • y los amores con ellos, Juan;
  • mala seré de guardar.
  • Ya florecen los árboles, Juan,
  • mala seré de guardar.

O el siguiente zéjel, más propio de una tradición goliardesca que de un canto de damas, en el que la voz femenina se recrea de forma pícara en el beso prohibido del amante.

  • ¿Por qué me besó Perico
  • por qué me besó el traidor?
  • Dijo que en Francia se usaba
  • y por eso me besaba;
  • y también porque sanaba
  • con el beso su dolor.
  • ¿Por qué me besó Perico,
  • por qué me besó el traidor?

Las mujeres se divertían invirtiendo los recursos de la lírica culta. Las damas ponían en sus labios temas y situaciones que hasta entonces solo habían cantado los caballeros, pero lo hacían con nuevos recursos y agudizando el ingenio. Y así lo podemos ver en los ejemplos siguientes.

Unas veces, rechazando la cortesía.

  • No paséis, el caballero,
  • tantas veces por aquí;
  • si no, bajaré mis ojos,
  • juraré que nunca os vi.
  • No me sirváis, caballero,
  • íos con Dios,
  • que no me parió mi madre
  • para vos.

Otras veces, invitando al amante, con un descaro sin precedentes.

  • De tu cama a la mía
  • pasa un barquillo;
  • aventúrate y pasa
  • moreno mío.

Y otras, burlándose de los propios amores cortesanos. Estas burlas son frecuentes en las seguidillas con eco, como la que recojo a continuación. En esta, unas jóvenes ridiculizan los amores ardorosos de sus damas.

  • Como somos niñas,
  • somos traviesas,
  • y por eso nos guardan, ardan,
  • todas las dueñas.

Era un atrevimiento elegir amante sin permiso de los padres. Precisamente por eso, el siguiente romancillo era una verdadera provocación. Y, como los romancillos se adaptan bien a las canciones de corro, este ha sobrevivido gracias a los juegos de las niñas.

  • Madre, un caballero
  • de casa del rey,
  • siendo yo muy niña
  • pidióme la fe;
  • dísela yo, madre,
  • no lo negaré.

Con los nuevos tiempos, las mujeres aprendieron a protestar y a expresar su descontento.

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  • Dicen que me case yo;
  • no quiero marido, no.

A las que elegían amante por su cuenta, los padres las castigaban con el convento. Otras lo elegían para rebelarse contra los matrimonios que les habían concertado sus padres. Así nacieron los tópicos de la malmonjada, malmaridada y malcasada, que poblaron gran parte de los cancioneros renacentistas y que han perdurado en la tradición popular hasta nuestros días.

  • No quiero ser monja, no,
  • que niña namoradica so.
  • Dejadme con mi placer,
  • con mi placer y alegría;
  • dejadme con mi porfía,
  • que niña malpenadica so.
  • Dejadme con mi placer,
  • con mi placer y alegría;
  • dejadme con mi porfía,
  • que niña malpenadica so.

Como la rebeldía solía traer malas consecuencias, las mujeres aprendieron a ser discretas. Y fueron muy populares las albadas en las que la dama despachaba al amante de su cama, para no tener consecuencias fatales, como sucedía en el romance de Gerineldo.

  • El alba nos mira
  • y el día amanece:
  • antes que te sientan
  • levántate y vete.

Y cuando se dieron cuenta de que no bastaba la discreción, dieron paso al disimulo.

  • Caballero, andad con Dios,
  • que como vean que os miro,
  • no me sientan dar suspiro
  • que no piensen que es por vos.

Y para terminar

Esas voces de la lírica antigua lograron sobrevivir buscando nuevos cauces y contextos. Unas, aunque un poco cambiadas, las recogieron los cancioneros. Otras, las reescribieron los poetas cultos. Como hizo Góngora con abundantes cancioncillas populares en sus Letrillas. En el siglo XX, los poetas de la Generación del 27, grandes admiradores de Góngora, volvieron a inspirarse en estos poemillas anónimos.

Se trasmitieron de forma natural y espontánea en los juegos infantiles. Cuando yo era niña, solíamos comenzar las sesiones de corro con esta inversión de un piropo.

  • ¿Qué haces ahí, mozo viejo,
  • que no te casas
  • que te estas arrugando
  • como las pasas?

Las mujeres, desde el nacimiento de nuestras letras, hemos estado presentes en la literatura a través de las canciones, porque la lírica es un excelente vehículo para la expresión de sentimientos profundos.

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De reinas y princesas

A mis compañeros de la escuela de El Frago

Acabábamos de salir de la escuela cuando nos llamó el alguacil para que fuéramos al Ayuntamiento. Allí nos esperaban nuestros padres y todas las autoridades. Al verlos reunidos nos asustamos. No sabíamos qué nos iba a pasar y no entendíamos cómo había llegado tan lejos el susto de Lucía. En esa aventura nos habíamos juntado todos: los mayores y los pequeños, los chicos y las chicas.

–¿De quién fue la idea? –preguntó uno de los dos guardias civiles, a la vez que recorría nuestros rostros con su mirada.

Ninguno de nosotros contestó. Cuando el otro guardia civil repitió la pregunta, se le mojaron los pantalones a Nicolás, el más pequeño de todos. El maestro, que presidía el interrogatorio, se levantó, le hizo una caricia en el hombro y le dijo: “Vete a orinar a la calle, pero luego vuelve”. Tuvo que salir a empellones porque la puerta estaba abarrotada. La gente del pueblo se había apiñado intentando escuchar lo que pasaba dentro. También estaban fuera los mayores y todas las madres. No los habían dejado entrar por miedo a que se montara demasiado guirigay. Al ver a Nicolás, todos se le echaron encima. Él rompió a llorar, orinó y, sin decir nada, volvió al salón de plenos como le había ordenado el maestro.

–Bueno, pues si no nos vais a contar a quién se le ocurrió, por lo menos decidnos cómo pasó –intervino el secretario.

Formábamos un semicírculo alrededor de una mesa en la que estaban sentados el maestro, la maestra, el cura, el secretario, el alcalde y la pareja de la guardia civil. Detrás de nosotros, de pie y apoyados contra la pared, los concejales con algunos de nuestros padres, porque los que trabajaban no habían podido venir.

En ese momento la maestra se levantó, se acercó hasta mí y me dijo al oído:

–Estoy segura que tú has estado en el ajo. Va a ser mejor que nos lo contéis todo. Si no habláis, este lío tan gordo se os va a complicar más.

Antes de contestar vi cómo mis amigas bajaban la cabeza y se miraban las zapatillas. No sé de dónde me salió aquel hilillo de voz: «Hemos sido todos. No queremos que castiguen al que lo cuente”. Y de pronto, se me desató la lengua.

–Es que Lucía siempre quería ser la reina, y si no la dejábamos se iba llorando a su casa y decía que le pegábamos. Y, como no queríamos que su madre nos persiguiera otra vez con la escoba por toda la calle, pensamos que si la coronábamos reina ya no volvería con más cuentos a su casa. Y, como no podíamos hacerlo solas, pedimos ayuda a los chicos. Pero los mayores no nos escucharon y pasaron de nosotras.

–¿Y vosotros cómo os dejasteis convencer? –preguntó el maestro a los chicos.

De nuevo un silencio absoluto. Nosotras sabíamos que no los habíamos convencido. Que los habíamos forzado, porque les dijimos que, si no nos ayudaban en lo del castillo, le íbamos a contar a la maestra que ellos habían volcado por un terraplén el isocarro del hombre que venía a vender sardinas. Sabíamos eso porque aquel día los habíamos espiado desde el mirador de El Terrao.

Los chicos decidieron ayudarnos y lo planearon todo. Ellos se encargaron de hacer un castillo con la paja que recogieron en las eras. Nosotras buscamos un vestido de princesa, largo, bien largo, hasta los pies, para que no se notara que la reina no llevaba chapines. También recogimos espigas de centeno y trenzamos una corona. Lo de la corona nos resultó fácil porque estábamos aprendiendo a hacer trenzas y cestas de paja de centeno en la escuela.

–Pues yo sé que algunas le pedisteis el vestido de novia a Jacinta -terció el cura-. Hace unos días, cuando pasé por la puerta de su casa, estaba barriendo la calle y me dijo que erais unos demonios. Que estabais erre que erre con que os dejara el vestido de novia para hacer comedias. Y le contesté que no fuera tan mal pensada. Que os lo dejara, que hacer comedias no era malo y que se lo cuidaríais bien porque sabíais que lo tenía en mucho aprecio.

Pero no había sido tan fácil como lo contaba el cura. Tuvimos que darle mucha lata para que nos lo dejara. Queríamos el vestido de Jacinta porque era la primera novia que se había casado de blanco y con un velo de tul que acababa en una cola muy larga. Ese sí que era el vestido de una princesa de verdad, y no los de los cuentos de hadas. Hasta entonces todas las novias del pueblo se habían casado de negro.

En menos de una semana lo tuvimos todo dispuesto: la paja para el castillo, el vestido para la novia y las espigas para la corona. Pero nos faltaba lo más difícil: un lugar un poco alejado para que nadie nos viera ni sospechara nada.

–¿Quién os dio permiso para ir a la era del Cura? –dijo un abuelo que tenía muy malas pulgas y era el mandamás del pueblo.

–No necesitábamos permiso porque esa era está abandonada –contestó una voz que salía del grupo de los chicos.

Como nos estábamos poniendo cada vez más nerviosos y los chicos no hacían más que pedir permiso para salir a mear, me armé de valor, me puse enfrente de la mesa y de un tirón lo conté todo de pe a pa.

–¡Pero si la culpa ha sido de Lucía! Ya les he dicho que estábamos hartas de que siempre se empeñara en ser la reina. Solo queríamos que nos dejara en paz. Y les pedimos ayuda a los chicos porque nosotras no sabíamos hacer un castillo tan grande.

Me paré un momento para coger aire y sentí las miradas de los chicos clavadas en mi nuca. Pero ya no podía dar marcha atrás.

–Le pusimos el vestido blanco con la corona y gritamos: “¡Viva nuestra reina!” Y, de pronto, se nos ocurrió lo de prenderle fuego al castillo. De verdad que no lo habíamos pensado antes. Además creíamos que no iba a arder porque había llovido y la paja estaba mojada. Solo queríamos hacer mucho humo para que Lucía tuviera que salir tosiendo en medio de una nube negra. Cuando estábamos encendiendo las cerillas volvimos a gritar: “¡A ver si escarmientas de una vez!”

En ese momento, un frío de metal en la garganta me cortó la respiración. Pero enseguida continué entre hipidos.

–Esperamos un poco y en lugar de humo comenzaron a salir llamas por la puerta. Tuvimos suerte porque los chicos cogieron unas palas y las apagaron en seguida. Pero, como no salía, entraron corriendo y la encontraron en el fondo, acurrucada y tosiendo. Tenía el pelo y el vestido chamuscados.

Cuando acabé de hablar se armó tanto jaleo que no pude oír lo que dijeron. Sólo sé que después estuvimos castigados muchos días sin recreo.

Unos años más tarde, oí a Jacinta que, mientras barría la calle, le decía a una vecina:

–Yo fui la primera novia que se casó de blanco en este pueblo pero ninguno me cree, porque entonces no había máquinas de fotos y las chicas de la escuela me quemaron el vestido jugando a reinas y princesas.

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Este relato está basado en uno episodios que sucedieron en la Escuela de El Frago en los años 60. Los personajes son inventadosseparador2

Los dibujos son inéditos de Inmaculada Martín.

Inmaculada Marín Çatalán (Teruel, 1949). Conocí a Inmaculada cuando llegó al Instituto Goya de Zaragoza. Venía con un buen currículo y con una excelente fama como profesora.

Su dedicación al arte comenzó cuando se preparó con Alejandro Cañada, en Zaragoza, para el Ingreso en Bellas Artes de Barcelona. Comenzó los estudios en la Universidad de Barcelona, pero pronto se trasladó a la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, donde se licenció en Bellas Artes, especialidad de Escultura, en 1975.

Su carrera artística ha sido muy reconocida. Ha participado en numerosas exposiciones colectivas de escultura y pintura. Es una experta en carteles y miembro de varios grupos de dibujo: Urban Sketchers, Flickr, Group Portraits in your art, Group with Experience.

Carmen Romeo Pemán